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EN LA PRIMA DE RIESGO SE ESCONDEN ABUSOS

En la prima de riesgo se esconden abusos

Federico M. Rivas García

Doctor en Derecho

28.06.2015

 

“La prima de riesgo se relaja”, “la prima de riesgo sube por el efecto contagio” de Grecia, son titulares afirmaciones  de actualidad. Ciertamente, de unos años a esta parte ¿a quién no le interesa o, incluso, le preocupa la prima de riesgo?, pero ¿por qué preocupa, qué es, por qué es tan importante?

 

Hay que saber que el mercado de deuda primario consiste en las subastas de bonos o instrumentos de deuda soberana por parte de los Estados, por unos importes nominales y a unos vencimientos o plazos de devolución. A estas subastas acuden entidades y particulares a comprar dichos instrumentos pujando por subir los tipos de interés mientras que el Estado se esfuerza por no subirlos mediante no querer vender más instrumentos, es decir, no cubrir el importe previsto o hacerlo a menor ritmo, puesto que cuanta más demanda de dinero por parte del Estado mayor precio (interés) pedirá el prestamista.

Hay que aclarar, adicionalmente, que el mercado secundario es el mercado en el que entidades y particulares se desprenden de los bonos anticipadamente a su vencimiento, por cualquier razón estratégica, financiera o económica que tengan. El mercado secundario es muy importante porque permite tener la posibilidad de tener  liquidez al tenedor de los títulos. Sin dicha posibilidad los títulos serían más difíciles de colocar en las subastas, puesto que las circunstancias de las entidades y personas inversoras cambian con el paso del tiempo y puede llegar el caso de que no puedan esperar al vencimiento para recobrar la liquidez del dinero en efectivo.

 

Iniciemos este tema diciendo que la prima de riesgo es la diferencia de tipo de interés que se exige en el mercado secundario a los bonos o instrumentos de deuda de un país, en este caso de la zona euro, respecto del país que menos interés se le exige. Pero, claro, si el bono ya ha sido emitido a un tipo nominal el cual no va a cambiar, la forma de conseguir un tipo de interés adicional, una prima, es mediante comprar con descuento respecto del nominal. Hechos los cálculos, esto nos lleva a la prima de riesgo.

 

Lo segundo que hay que decir es que incluso en el mismo país se exige un prima por recomprar los instrumentos de deuda antes de su vencimiento, porque ¿qué beneficio tiene el que da liquidez mediante la compra de deuda cuyo tenedor es otro, si lo hace por el mismo precio (de lo que resulta el mismo tipo de interés)?, le sería menos complejo comprar directamente deuda en el mercado primario, es decir, directamente al Estado que la emite, salvo que el plazo para el vencimiento no se le acomode y el interés no esté al mayor tipo posible.

 

La idea de un índice que mostrara el diferencial entre los Estados, en sí, es buena, pero el problema de la prima de riesgo es que se convierte en un índice de referencia y, al igual que otros índices, su ponderación no es adecuada.

 

¿Qué quiero decir con ponderación?, muy sencillo. Supongamos que una entidad se deshace por necesidad imperiosa de Letras del Tesoro que vencen de aquí a un año, reduciendo 2 puntos porcentuales el nominal, lo que llevará a que el comprador tenga como retribución el tipo de interés, pongamos el 5 % anual, más los 2 puntos indicados, en total un 7 %; mientras que para los números del vendedor tendrá que restar los 2 puntos indicados de descuento y repartirlos entre la duración de la vida de la inversión. Digo que no es lo mismo que el importe total de dichas Letras del Tesoro sea 100 millones de euros que si fueran 5.000 o 15.000 millones de euros. Pues bien, esta ponderación, no se efectúa adecuadamente; el efecto que tiene aun siendo el mismo diferencial de 2 puntos porcentuales, no es el mismo como se ve a continuación:

Importe                                   Prima adicional pagada         Liquidez obtenida

2 puntos porcentuales

100.000.000                                    2.000.000                         98.000.000

5.000.000.000                                100.000.000                     4.900.000.000

15.000.000.000                                300.000.000                   14.700.000.000

Aquí, como se ha visto, entra el volumen de deuda que ha cambiado de manos y no puede ser que un pequeño movimiento relativo, de deuda, afecte tanto las nuevas operaciones a cruzar como, incluso, el listón o meta para las subastas en el primer mercado.

 

Bloomberg planteó un índice que podría ser utilizado mediante la manipulación por volumen para cambiar el precio de los capitales, es decir los intereses que tenían que pagar, de las deudas soberanas. Aun dando por supuesto que no exista dicha manipulación por volumen, la situación de prevalencia de las agencias de rating, de las agencias de información económica y de las propias entidades financieras permite especular sobre información insuficiente y no fiable contra las deudas soberanas, contra inversores y contra terceros.

 

¿Acaso es digno de confianza un índice de un, M día o una semana en particular, el de la prima de riesgo española, que se basa en un volumen diario de operaciones de unos 300 millones de euros? Evidentemente NO, y ello teniendo presente que la deuda total española en circulación es de más de 800.000 millones de euros, y la posibilidad, ganas o deseos de cruce de operaciones semanales está entre 10.000 y 15.000 millones.

 

A pesar de la falta de exactitud y de ciencia tanto en el cálculo como en el enfoque del índice de la prima de riesgo, que nos ocupa, el mercado financiero en el que incluyo las agencias de rating, las de información económica (medios de comunicación) y las entidades financieras actúan insensatamente fuera de ecuanimidad porque tienen intereses creados y tratan, en todo momento, de perjudicar los intereses de terceros (incluidos los Estados) manipulando el mercado.

 

Los intereses creados de los Fondos soberanos de países de la zona euro y de otras zonas monetarias impiden que se haya iniciado tanto un movimiento claro de solución para el problema de las agencias de rating como para la financiación de las deudas soberanas teniendo en cuenta los parámetros fundamentales de los países y no los ataques especulativos basados en datos, sesgados, manipulados y difundidos por quienes ganan con hacerlo.

 

Habría que ir pensando en cambiar las cosas. Esto no debe seguir así. Es abusivo. No es de recibo que la actividad financiera, fundamentalmente, sea una actividad estafatoria, sin ofender, quiero decir de engaño.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXV. Las desigualdades mundiales en el siglo XXI

XXV.- Las desigualdades mundiales en el siglo XXI

17.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

¿Hay alguien en las instituciones europeas o americanas que hable de ellas, de las desigualdades? Si los hay, su voz no se oye suficientemente fuerte porque se ahoga entre otros murmullos militares, políticos o económicos. Sólo en las Universidades se oyen algunas voces.

Desigualdades en los rendimientos del capital a causa de la mejor colocación en términos de tipos de rendimiento de las grandes fortunas (del orden del 6 – 7 % anual) frente a los capitales de los pequeños ahorradores (del orden del 4 % anual y hoy, mucho menos). No obstante en tanto que el crecimiento económico (que envuelve tanto el crecimiento del PIB como de la población) sea elevado, la desigualdad r > g (tipo de rendimiento mayor que crecimiento) se verá controlada y el crecimiento de los grandes patrimonios permanecerá relativamente moderado en términos relativos.

Desde los años 1980 los patrimonios a nivel mundial han progresado de media un poco más rápido que los ingresos y los patrimonios más elevados han progresado mucho más rápido que la media de los patrimonios como se ve en la tabla siguiente 12.1. En efecto los patrimonios de los más ricos han progresado del 6 al 7 % anual, contra el 2,1 % anual para el patrimonio medio mundial y el 1,4 % anual para los ingresos medios mundiales (datos netos de inflación calculada al 2,3 % anual de 1987 a 2013).

2015.05.17 Piketty T12.1

 

Traducción:

Tabla 12.1. La tasa de crecimiento de los patrimonios mundiales más elevados, 1987-2013

Tasa de crecimiento real medio anual (después de la deducción de la inflación). Período 1987-2013

Los cien millonésimos más ricos (alrededor de 30 personas adultas sobre 3 millardos en los años 1980, 45 personas sobre 4,5 millardos en los años 2010)

Los veinte millonésimos más ricos (alrededor de 150 personas adultas sobre 3 millardos en los años 1980, 225 personas sobre 4,5 millardos en los años 2010)

Patrimonio medio mundial por habitante adulto

Ingresos medios mundiales por habitante adulto

Población adulta mundial

PIB mundial

 

Nada hay que discutir del argumento en favor de una sociedad de emprendedores con sus innovaciones e invenciones que hacen fortuna. El problema es que la desigualdad r > g incrementada con la desigualdad de los rendimientos en función de la talla del capital inicial y las economías de escala, conduce a menudo a una concentración excesiva y perenne del patrimonio: aunque las fortunas estén justificadas al inicio, se multiplican y se perpetúan, quizás, más allá de todo límite y de toda justificación racional posible en términos de utilidad social y puede conducir, potencialmente, a una dinámica mundial de acumulación y reparto de los patrimonios hacia trayectorias explosivas y espirales desigualitarias fuera de todo control.

Y de esto hablamos en relación al rendimiento de los fondos soberanos en los que se mezcla el capital y la política, que nos hacen formularnos la pregunta si acaso los fondos del petróleo, o los fondos soberanos como el de la China, van a llegar a poseer el mundo. Piketty afirma que la renta petrolera puede, efectivamente, en cierta medida, permitir comprar el resto del planeta y vivir seguidamente de las rentas del capital correspondiente; lo mismo que si la China continúa su tasa de ahorro del 20 % de sus ingresos nacionales hasta 2100 mientras que Europa y América sólo ahorran el 10 %, una parte importante del Viejo Continente y del Nuevo mundo será poseída por los fondos chinos.

Las desigualdades sobre las que estamos reflexionando quedan, en parte, suavizadas por el Estado social o el Estado del Bienestar. La crisis de 2008 cuya causa, en parte, está en la desregulación, en la falta de Estado, está siendo controlada gracias a políticas pragmáticas que, no obstante, no proveen una respuesta duradera a los problemas estructurales que la han causado.

El retorno del Estado que se predica es proceder a la modernización y evitar el desmantelamiento del Estado del Bienestar. La redistribución moderna no consiste, según Piketty, en transferir riquezas de los ricos hacia los pobres o, al menos, no hacerlo de modo tan explícito; más bien consiste en financiar los servicios públicos y conseguir fuentes de ingresos más o menos iguales para todos, especialmente en las áreas de la educación, la sanidad y las pensiones de jubilación. En este último caso, el principio de igualdad se expresa por una casi proporcionalidad al salario obtenido durante la vida activa. En los otros casos se expresa en un verdadero igualitario acceso.

De modo que Piketty señala que hay que modernizar el Estado social, y no desmantelarlo. Si el acceso a las instituciones educativas, por el costo para los padres, es dificultoso, no se permite la movilidad social. De hecho la correlación intergeneracional de los diplomas y de los ingresos del trabajo no va a la baja, sino que se mantiene. La desigualdad de acceso también parece que se repite con relación a la cumbre de la jerarquía económica, especialmente en Estados Unidos y con respecto de las afamadas universidades privadas.

En cuanto al futuro de las pensiones de jubilación hay que tener presente que actualmente se basan sobre el principio de reparto: las cotizaciones sobre los salarios son inmediatamente utilizadas para pagar las pensiones de los jubilados. Ninguna suma es invertida, sino que todo es inmediatamente utilizado, a diferencia de los sistemas de capitalización. En estos sistemas de reparto que se fundan sobre el principio de solidaridad entre las generaciones la tasa de rendimiento es, por definición, igual a la tasa de crecimiento de la economía. Así todas las generaciones están atadas las unas a las otras, la presente a la próxima.

Cuando se pensó en este sistema, las circunstancias eran las ideales, crecimiento demográfico, crecimiento económico, pero la reducción de la tasa de crecimiento en torno al 1,5 % nos hace pensar que este sistema debe ser reemplazado lo más rápidamente posible por sistemas fundados sobre el principio de capitalización, de modo que las cotizaciones deben invertirse y no revertirse hasta la jubilación del que las ha originado.

Pero ¿cómo hacer el cambio? ¿Cómo financiar entre tanto las necesidades sociales que son la razón de ser del Estado?

Finalizaremos esta serie de artículos económicos con el próximo en el que vamos a dejar que Piketty plantee sus propuestas sobre el impuesto progresivo sobre los ingresos repensando el tipo marginal superior así como sobre un impuesto mundial sobre el capital y una posible solución al exagerado nivel de la deuda pública.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XVIII. ¿Cuál será la ratio capital/ingresos en el siglo XXI?

XVIII.- ¿Cuál será la ratio capital/ingresos en el siglo XXI?

29.03.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En cuanto al reparto del capital y las riquezas nos interesa mucho conocer cuál será la relación entre éste y los ingresos, pues el conocimiento del mismo será como conocer cómo de desigual económicamente será el mundo. ¿Mejorará, no conseguiremos un justo reparto del capital y las riquezas, o empeorará?

Lo primero que tenemos que hacer es recordar que a la ratio (o división) capital/ingresos la denominamos B; es decir, B es el % que representa el capital acumulado sobre los ingresos anuales. Una ayuda para para reflexionar sobre el nivel que podría alcanzar dicha relación, es decir dicha B, es la ley dinámica o segunda ley fundamental del capitalismo B = s/g en donde, recordamos que “s” es el ahorro y “g” el crecimiento; de modo que B es igual al % de ahorro anual dividido entre el % de crecimiento, de modo que si un país ahorra un 12 % de su PIB y crece un 2 % (crecimiento económico y demográfico sumados), B será igual al 600 %.

Piketty explica: la fórmula B = s/g que se lee “B igual a s dividida entre g”. Por otra parte, cuando decimos que B = 600 %, es equivalente a decir que B = 6; lo mismo que s = 12 % es equivalente a decir “s = 0,12”; y que g = 2 % es equivalente a decir g = 0,02.

De nuevo repetimos que cuando en un país se ahorra un 12 % anual, y el crecimiento económico-demográfico del mismo es un 2 % anual, se acumula un capital del 600 %, es decir, 6 veces, los ingresos anuales de dicho país.

Para centrarnos más, también dijimos en artículos anteriores que a = r x B (o lo que es lo mismo, B =  a / r), fórmula que indica que “a” representa la parte correspondiente al capital en los ingresos nacionales, el cual es igual al rendimiento medio del capital, al que denominamos “r”, multiplicado por “B” o capital acumulado que, como venimos de decir, es igual a la relación que hay entre ahorro y crecimiento.

Pero vayamos a lo que íbamos. Y si la tasa de rendimiento medio del capital, denominada “r” alcanza el 5 %, eso quiere decir que (5 % x 600 % = 30 %, es decir r x B = a) la retribución del capital (recordemos, no sólo financiero, sino de los elementos del inmovilizado [locales, tierras, máquinas, viviendas]) alcanzará el 30 % de los ingresos anuales cada año, acumulándose de modo significativo.

Hemos dicho que B = s / g, es decir B, o capital acumulado, es igual a la relación entre ahorro y crecimiento; de modo que si el ahorro es del 12 % anual y el crecimiento (económico y demográfico acumulados) alcanza el 2 % anual, invariablemente B, el capital acumulado alcanzará el 600 % de los ingresos anuales.

Pero también se ha indicado que B = a / r, es decir que el capital acumulado es igual a la parte de los ingresos anuales correspondientes al capital dividido entre la tasa de rendimiento medio. Esto si la tasa de rendimiento medio es el 5 %, de nuevo, invariablemente nos lleva a un capital acumulado del 600 % de los ingresos nacionales anuales y a que la parte que lleva como renta anual, el capital, es el 30 % de dichos ingresos anuales.

Teniendo, pues, presente la ley dinámica B = s / g nos preguntamos cuál será la distribución capital – trabajo, lo que corresponderá a cada uno de los ingresos nacionales en el siglo XXI.

Piketty dice que la relación capital / ingresos a largo plazo depende especialmente de la tasa de ahorro “s” y de la tasa de crecimiento “g”. Estos dos parámetro macro sociales dependen, ellos mismos, de millones de decisiones individuales influenciadas por múltiples consideraciones sociales, económicas, culturales, psicológicas, demográficas, y pueden variar fuertemente en el tiempo y entre un país y otro. Además, son grandemente independientes la una de la otra.

Piketty viene aquí en nuestro auxilio para que podamos pasar del análisis de la relación capital / ingresos al de la participación o distribución de los ingresos nacionales entre el trabajo y el capital. Recuerda que la fórmula a = r x B, bautizada primera ley fundamental del capitalismo, permite pasar de modo transparente de la una a la otra.

En efecto, usando un ejemplo, si el valor del stock de capital es igual a seis años de ingresos nacionales (B = 6) y si la tasa de rendimiento medio del capital es del 5 % por año (r = 5 %), entonces la parte de los ingresos del capital “a” dentro de los ingresos nacionales es igual al 30 %, como párrafos antes hemos explicado, y la correspondiente al trabajo, entonces, es igual al 70 %.

La cuestión central para Piketty es cómo se establece la tasa de rendimiento del capital y para ver de sacar alguna conclusión Piketty comienza por examinar las evoluciones observadas durante un largo período y lo hace mediante las gráficas 6.1 y 6.2 correspondientes a los datos de participación del capital-trabajo del Reino Unido y de Francia, en las que, para el Reino Unido, desde 1970 y hasta 2000 la participación del trabajo baja 10 puntos porcentuales desde el 80 % hasta casi el 70 % con un incremento hasta 2010 de hasta el 74 % aproximadamente. Por el contrario en Francia los ingresos del trabajo no llegan a bajar tanto, quedándose en 2000 en 75 % y en 2010 en el mismo 74 % aproximadamente que en el Reino Unido.

 

2015.03.29 XVIII. Gráficas 6.1 y 6.2

Traducción:

Gráfica 6.1. El reparto capital – trabajo en el Reino Unido, 1770-2010

Cuadro: Ingresos del trabajo, ingresos del capital

Eje vertical: Ingresos del trabajo y del capital (en % de los ingresos nacionales)

Lectura: En el siglo XIX, los ingresos del capital (alquileres, beneficios, dividendos, intereses) representan alrededor del 40 % de los ingresos nacionales, contra el 60 % para los ingresos del trabajo (asalariado o no asalariado)

Traducción:

Gráficas 6.1. El reparto del capital – trabajo en Francia, 1820-2010

Cuadro: Ingresos del trabajo; ingresos del capital

Eje vertical: Ingresos del trabajo y del capital (en % de los ingresos nacionales)

Lectura: En el siglo XXI, los ingresos del capital (alquileres, beneficios, dividendos, intereses) representan alrededor del 30 % de los ingresos nacionales, contra el 70 % para los ingresos del trabajo (asalariado y no asalariado)

Piketty precisa cómo ha calculado estos datos e indica que lo ha hecho adicionando el conjunto de ingresos del capital que se encuentran  reunidos en las cuentas nacionales (independientemente de su título jurídico: alquileres, beneficios, dividendos, intereses, royalties, etc., con la excepción de los intereses de la deuda pública, y todo ello antes de toda forma de imposición fiscal), y posteriormente dividiendo este agregado por los ingresos nacionales (se obtienen entonces, la parte del capital en los ingresos nacionales, que hemos denominado “a”) y por el capital nacional (se obtiene así la tasa de rendimiento medio del capital, con notación “r”). A este rendimiento medio Piketty le deduce el costo del tiempo que el hombre de negocios medio le dedicará para conseguir dicho rendimiento y con ello halla el rendimiento puro del capital.

La principal conclusión que sobresale de las estimaciones de Piketty según él mismo indica es que tanto en Francia como en el Reino Unido, desde el siglo XVIII al XXI, el rendimiento puro del capital ha oscilado entorno de un valor central del orden del 4 % – 5 % por año, o más generalmente, en un intervalo comprendido entre 3 % y 6 % anual. No existe tendencia masiva, a largo plazo, ni al alza ni a la baja. Aunque el rendimiento puro ha sobrepasado claramente el 6 % después de las fuertes destrucciones y de los múltiple choques sufridos por el capital en el curso de las guerras del siglo XX, ha vuelto, no obstante, muy rápidamente hacia los niveles más débiles observados en el pasado.

Adelantándose a las objeciones de algunos lectores que, quizás, encuentren que esta tasa de rendimiento medio del 3 – 4 % en vigor al principio de los años 2010 es, más bien, optimista, por comparación al rendimiento que, desgraciadamente, ellos obtienen para sus pobres economías, Piketty dice que deben ser precisados varios puntos. Aunque dichos datos están libres de impuestos, hay que tener presente, en efecto, muchos puntos, situaciones y conceptos, cosa que haremos en el futuro mediante una reflexión sobre los activos reales o nominales, sobre la capacidad de negociación de las grandes fortunas en comparación con los pequeños importes de ahorros. Entraremos también a tratar la noción de la productividad marginal del capital.

Os esperamos.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XI. La inflación y la forma del capital

XI.- La inflación y la forma del capital

1.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Se podría pensar que la inflación es un fenómeno puramente monetario, respecto del cual no deberíamos preocuparnos, en la lectura de la investigación hecha por Piketty y su equipo, plasmada en su libro El Capital en el siglo XXI. De hecho toda la información, tablas, gráficas, que Piketty incluye como datos en su libro, dice, está libre de la tasa de inflación, es decir, que corresponde al crecimiento “real”.

Pero, en realidad, la cuestión de la inflación juega un papel central en su investigación, porque el crecimiento se caracteriza siempre por la aparición de nuevos bienes y servicios y por enormes movimientos de los precios relativos, tantos que es muy difícil de resumir por una cifra única. En efecto, para un mismo crecimiento nominal de un 3% anual, se puede considerar que el crecimiento real es del 1%, si se estima que el incremento de los precios es del 2%.

Los movimientos de los precios relativos pueden jugar un papel más decisivo aun, en el marco de la teoría de Ricardo y de su principio de rareza: si ciertos precios, tales como los de la tierra, los inmuebles o, incluso, el petróleo, toman valores extremos durante periodos prolongados, esto puede afectar durablemente el reparto de las riquezas en beneficio de los detentadores iniciales de estos recursos raros.

Dejaremos para el futuro hablar más profundamente de la inflación, es decir, del alza generalizada de todos los precios, pues puede igualmente jugar un papel fundamental en la dinámica del reparto de las riquezas. En particular, ha sido la inflación la que, esencialmente, ha permitido a los países ricos desembarazarse de su deuda pública después de la II Guerra mundial. La inflación ha engendrado, igualmente, toda suerte de redistribuciones entre los grupos sociales en el curso del siglo XX, de forma caótica y poco controlada.

Por el contrario la sociedad patrimonial que se desvaneció en los siglos XVIII y XIX es indisociable de la más grande estabilidad monetaria que caracterizó este largo período. En efecto, Piketty indica que el primer hecho central que conviene recordar es que la inflación es, en su mayor parte, una invención del siglo XX, pues a lo largo de los siglos precedentes y hasta la Primera Guerra mundial, la inflación era nula o casi nula.

Ciertamente los precios podían subir, o quizás bajar, con motivo de determinadas circunstancias, buenas o malas cosechas, modas u otras causas, pero estos movimientos al alza o a la baja, acaban por compensarse. Esto es lo que demuestran las series estadísticas de precios sobre largos periodos de las que dispone Piketty. Las inflaciones que se observan son del orden del 0,2 al 0,3% anual e incluso en algunos periodos negativas del orden -0,2 % anual. Y ello es cierto en el Reino Unido, en Estados Unidos, así como en Francia. Todo esto cambia a partir de 1914, como se ve en la gráfica 2.6

2015.02.01 Piketty G2.6

Traducción:

Gráfica 2.6. La inflación desde la Revolución industrial

Eje vertical: Tasa de inflación (índice de los precios al consumo)

Cuadro: Francia, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido

Pie de gráfica: Lectura: La inflación en los países ricos fue nula en los siglos XVIII-XIX, elevada en el siglo XX, y es desde 1990 del orden del 2% anual. Fuentes y series: Ver Piketty

Aunque una inflación media entorno al 2 % anual, para esta época, se caracteriza por un movimiento de retorno a la inflación cero, igual a la de antes de la Primera Guerra mundial, no hay que olvidar que una inflación del 2% anual es muy diferente de una inflación cero. De hecho si se le suma a la inflación del 2% un crecimiento real del 1-2% anual, significa que todos los importes –producción, ingresos, salarios- tienden a progresar del orden del 3-4% anual en números nominales.

La inflación como ha quedado dicho tiene su efecto en la deuda, tanto en la deuda privada como en la deuda pública. Esto es algo en lo que incidiremos más adelante.

Ahora, será interesante ver cómo ha ido cambiando la forma del capital, porque a lo largo de estos dos siglos ha habido una importante metamorfosis del mismo. Veamos cómo ha cambiado, por ejemplo, en el Reino Unido en la gráfica 3.1.

2015.02.01 Piketty G3.1

 

Traducción:

Gráfica 3.1. El capital en el Reino Unido, 1700-2010

Eje vertical: Valor del capital nacional, en % de los ingresos nacionales.

Cuadro: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Pie de gráfica: Lectura: el capital nacional vale alrededor de 7 años de ingresos nacionales en el Reino Unido en 1700 / de los que 4 son en tierras agrícolas.

Por no añadir la misma gráfica para Francia se ha de decir que la relación capital/ingresos ha seguido evoluciones extremadamente próximas en los dos países, con una relativa estabilidad en el siglo XVIII y en el XIX, un enorme shock en el inicio del siglo XX y, de nuevo, un importante incremento, desde la mitad del siglo XX hasta el día de hoy.

Queda muy clara, no obstante, la disminución de la importancia de las tierras agrícolas y el incremento de otro capital interior, categoría ésta que comprende los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, equipos, máquinas, ordenadores, marcas, etc., valorados a precios de mercado). Se observa la importancia hasta el año 1910 de los capitales extranjeros (es decir, el valor de los poseído por los ciudadanos del Reino Unido en el extranjero) y su caída hasta el punto que el valor neto es negativo en 2010.

Se ha citado en la gráfica el “capital “nacional” como un orden de magnitud que lo medimos en porcentaje de los ingresos anuales. En la gráfica anterior se muestra que el capital nacional del Reino Unido es del orden del 550% de los ingresos anuales, es decir, 5,5 años de ingresos anuales. Esto es muy semejante a los datos de Francia y también a los de España.

Pero, para seguir adelante con nuestro análisis en base a las investigaciones de Piketty, tenemos que poner sobre la mesa la cuestión de la deuda pública y, más generalmente, la cuestión de la distribución del capital nacional entre capital público y capital privado. Cosa que haremos en el futuro.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. X. Reflexiones sobre crecimiento

X.- Reflexiones sobre crecimiento

25.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Aunque resumir el crecimiento de una sociedad a largo plazo por una cifra única es en gran parte una ilusión estadística el punto que para Piketty le parece más importante y sobre el que quiere incidir es que un ritmo de crecimiento de la producción por habitante del orden de 1 % por año, es en realidad, extremadamente rápido, mucho más rápido de lo que uno se pueda imaginar.

Pongámonos a hacer números contando a partir de la magnitud de una generación. Sobre 30 años, un crecimiento de un 1% por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 35%. Un crecimiento del 1,5 % por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 50 %. Lo que, en la práctica, implica transformaciones considerables de los modos de vida y de los empleos.

Concretamente el crecimiento de la producción por habitante ha sido de apenas 1%-1,5% anual en el curso de los 30 últimos años en Europa, en América del Norte y en el Japón, y nuestras vidas han sido plenamente transformadas. En efecto al principio de los años 1980 no existía ni internet ni teléfonos móviles, los transportes aéreos eran inaccesibles para la mayor parte, la mayor parte de las tecnologías médicas punta que están disponibles hoy no existían y los estudios superiores no los podían cursar más que una minoría de la población. En el dominio de las comunicaciones, de los transportes, de la salud y de la educación, los cambios han sido profundos. Estos cambios han afectado profundamente también a la estructura del empleo. Sí, el que la producción por habitante haya progresado alrededor del 35%-50% en el período de 30 años, significa que una fracción muy grande de la producción que se realiza hoy, entre un cuarto y un tercio de los oficios y de las tareas realizadas hoy no existía hace treinta años.

Si comparamos la situación actual con la de las sociedades del paso cuando el crecimiento era casi nulo, o bien de apenas 0,1% anual, como en el siglo XVIII, es una diferencia considerable. Estas sociedades se reproducían idénticamente cada generación, la estructura de los oficios era la misma, la de la propiedad igual. En cambio una sociedad en la cual el crecimiento es de un 1% anual, como es el caso en los países más avanzados desde el principio del siglo XIX, es una sociedad que se renueva profundamente y permanentemente. Esto entraña consecuencias importantes para la estructura de las desigualdades sociales y para la dinámica del reparto de las riquezas. En efecto, el crecimiento puede crear nuevas formas de desigualdades, por ejemplo grandes fortunas se puede construir muy rápidamente en los nuevos sectores de actividad, aunque ello hace que las desigualdades venidas del pasado consecuentemente lleguen a ser menos importantes y la herencia, menos determinante.

Quizás algún lector le parezca que un crecimiento del 1 o del 1,5% es poco importante si miramos lo que los países emergentes han estado consiguiendo en algunos momentos, incluso lo que la propia España ha conseguido durante los últimos dieciocho años según el INE, pero no hay que olvidar que la transformación de España ha sido alucinante. También hay que poner sobre la mesa de estudio el que con un crecimiento débil se pueda provocar una desilusión respecto a conseguir un orden social más justo. Pero el crecimiento, según Piketty, no es lo único en lo que hay que basar la confianza para satisfacer esta esperanza democrática y meritocrática, sino que ésta también se debe apoyar sobre instituciones específicas y no solamente sobre las fuerzas del progreso técnico y del mercado.

Crecimiento en volumen
(Base 2010)
Año Tasa anual (en %)
2013 (A) -1,2
2012 (P) -2,1
2011 (P) -0,6
2010 (P) 0,0
2009 -3,6
2008 1,1
2007 3,8
2006 4,2
2005 3,7
2004 3,2
2003 3,2
2002 2,9
2001 4,0
2000 5,3
1999 4,5
1998 4,3
1997 3,7
1996 2,7

(A) Avance

(P) Provisional

(PE) Primera Estimación

En el curso de los últimos tres siglos el crecimiento mundial habrá atravesado una curva en campana de una amplitud considerable. Sea que se trate del crecimiento de la población, o de la producción por habitante, el ritmo de crecimiento se ha acelerado progresivamente durante los últimos tres siglos y que parece que va a volver a niveles mucho más débiles durante el curso de este siglo XXI.

Si comparamos las dos curvas en campana   (crecimiento de la población y crecimiento de la producción) observamos que en el crecimiento de la población el alza comenzó más pronto y la bajada ha comenzado también más pronto. El ritmo de progresión de la población mundial consiguió su zénit durante los años 1950-1970, con más de un 2% anual y no ha cesado de descender desde entonces.

En cuanto al crecimiento de la producción por habitante ha tardado mucho más despegar pues no ha llegado a ser una realidad hasta el siglo XX. El crecimiento de la producción mundial por habitante ha sobrepasado el 2% anual entre 1950 y 1990, gracias, especialmente, a haber alcanzado Europa al frente económico mundial, y de nuevo entre 1990 y 2012, en este caso al alcance de Asia, especialmente de China en donde el crecimiento ha sobrepasado el 9% anual entre 1990 y 2012 (un nivel jamás observado en la historia.

¿Qué pasará después de 2012? En la gráfica siguiente Piketty da su perspectiva.

2015.01.25 Piketty G2.4

 

Según Piketty en el gráfico 2.4 se muestra una previsión “mediana” pero optimista, pues ha supuesto para los países más ricos (Europa occidental, América del Norte y Japón) un crecimiento del 1,2% anual desde 2012 a 2100 (es decir, un nivel sensiblemente más elevado que el que prevén un gran número de economistas) y por los países pobres y emergentes una continuación suave del proceso de convergencia, con un crecimiento del 5% anual desde 2012 a 2030 y del 4% de 2030 a 2050. Si esto se llega a conseguir quiere decir que el nivel de producción por habitante habrá alcanzado desde 2050, casi en todo lugar, el nivel de los países más ricos, sea en China, en Europa del Este, en América del Sur, en África del Norte o en el Oriente Medio. A partir de este momento el reparto de la producción mundial se aproximaría a la de la población.

En este escenario medio optimista el crecimiento mundial de la producción por habitante sobrepasaría ligeramente el 2,5% anual entre 2012 y 2030, así como entre 2030 y 2050, para caer por debajo del 1,5% después de 2050 dirigiéndose al 1,2% durante el último tercio del siglo.

Pero vamos a tener que hablar de la cuestión de la inflación. Es lo que haremos en el próximo artículo.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS IV.- Segunda ley fundamental del capitalismo

IV.- Segunda ley fundamental del capitalismo

22.11.2014

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Conviene especificar que la primera ley fundamental del capitalismo no nos da la determinación concreta de los tres términos[1]. Es por ello que hace falta introducir otros mecanismos y nociones, en particular la tasa de ahorro y de inversión, así como la tasa de crecimiento.

Esto nos lleva a la segunda ley fundamental del capitalismo, según la cual la relación b = capital / ingresos es tanto más elevada cuanto lo más elevada es su tasa de ahorro y cuanto más débil es su tasa de crecimiento. Lo que quiere decir que aunque hay tres términos en la ecuación, sólo hay dos grados de libertad: crecimiento y ahorro.

Dediquemos atención, inicialmente, al crecimiento.

Para hacer un estudio adecuado es preciso que estos conceptos abstractos se puedan utilizar y medir lo que se lleva a cabo mediante los datos, algunos extraídos de la contabilidad nacional de cada país, aunque ésta, en realidad, sea una construcción social en proceso que refleja la preocupación de cada época, que es la conclusión que saca Piketty.

De dicho estudio se desprende que la repartición mundial de producción ha ido cambiando a lo largo del siglo XX, pues, de hecho, Europa y América han concentrado entre el 70 y el 80 % de la producción mundial de 1900 a 1980, pero ha caído al 50 % al principio de los años 2010, y probablemente bajará hasta del 20 al 30 % en este siglo XXI, nivel que ya estuvo en vigor hasta principios del siglo XIX, mucho más conforme, además, con el peso de Europa y América en la población mundial.

Dicho de otro modo el adelanto de Europa y América en el curso de la revolución industrial les ha permitido durante largo tiempo pesar entre dos y tres veces más, en su producción, que su propio peso en la población.

La primera visión de divergencia parece fue de bloques continentales respecto de otros bloques continentales, pero ahora el fenómeno aparece entre bloques regionales.

Según datos del reparto del PIB mundial en 2012 Europa, poblada por 740 millones de habitantes, de los cuales alrededor de 540 son de la Unión Europea el PIB por habitantes de los cuales sobrepasa los 27.000 euros, y 200 millones del bloque Rusia / Ucrania cuyo PIB es de alrededor de 15.000 euros, apenas un 50 % sobre la media mundial.

América está igualmente dividida en dos conjuntos bien diferenciados, de una parte USA con Canadá y de otra el resto de países Latinoamericanos.

Piketty

 

 

Como se ve y por resumir, la desigualdad mundial va de un PIB per cápita (PIB = gross domestic product = GDP) de 150 euros por mes a 3.000 euros por mes y aunque las cifras que da Piketty reconoce que podrían ser corregidas por la variación en la paridad de las monedas, lo que conlleva grandes de diferencias en el poder de adquisición, no quita el hecho de la desigualdad regional en el reparto del capital ni el otro claramente visto, al verlo, actualmente, regionalmente, en lugar de continentalmente, que la parte de los países ricos disminuye regularmente desde los años 1970-1980.

Afirma que sea cual sea la medida utilizada, el mundo parece que ha entrado claramente en una fase de convergencia entre los países ricos y pobres.

¿Quiere decir esto que los problemas se van a resolver solos? ¿Quizás con la globalización? Ciertamente parece que algunos de los problemas se han acentuado, por lo que será conveniente continuar haciendo una reflexión siguiendo a Piketty.

[1] Primera ley fundamental del capitalismo: en notación matemática a = r x b, en donde a son los ingresos de capital dentro de los ingresos nacionales, r  es la tasa de rendimiento medio del capital, y recordemos que b = capital / ingresos 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS III.- Primera ley fundamental del capitalismo

III.- Primera ley fundamental del capitalismo

15.11.2014

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En artículos anteriores he tratado de que los conceptos quedaran claramente definidos, lo que me permite pasar a presentar la primera ley elemental que relaciona las nociones capital / ingresos.

Está claro que los ingresos son un flujo y, por lo tanto, corresponde a la cantidad de riquezas producidas y distribuidas durante un periodo dado. Por su parte, el capital es un stock, un importe acumulado que corresponde a las riquezas poseídas en un momento dado del tiempo y proviene de las riquezas apropiadas y acumuladas en el curso de todos los años pasados.

La manera más natural y fecunda, dice Piketty, de medir la importancia del capital en una sociedad dada consiste en dividir el importe del stock de capital entre el flujo anual de los ingresos. A este ratio capital / ingresos le daremos la notación b.

Si el capital de un país representa el equivalente de seis años de ingresos nacionales, entonces notaremos b = 6 (o b = 600%), índice que corresponde a la mayoría de los países desarrollados que se sitúa entre 5 y 6, y que proviene casi únicamente del capital privado.

Según los datos que da Piketty en Francia como en el Reino Unido, en Alemania como en Italia, en los Estados Unidos como en el Japón, el ingreso nacional así calculado alcanza alrededor de 30.000 – 35.000 euros por habitante, mientras que el total de los patrimonios privados (netos de deudas) es típicamente del orden de 150.000 – 200.000 euros por habitante, es decir, entre 5 y 6 años de ingreso nacional. Hay diferencias entre países, pues la relación b es superior a 6 tanto en Japón como en Italia, e inferior a 5 en los Estados Unidos y Alemania.

El hecho de que los ingresos nacionales sean del orden de 30.000 euros por habitante y año, es decir unos 2.500 euros al mes, en los países ricos de los años 2010, no significa, evidentemente, que cada uno dispone de este importe, y como todas las medias disimula enormes disparidades: en la práctica muchísimas personas disponen de mucho menos dinero al mes, mientras que algunas pocas tienen ingresos muchas decenas de veces superiores. Estas disparidades de ingresos provienen de una parte: de la desigualdad de los ingresos del trabajo; y de otra parte de la desigualdad, aún más fuerte, de los ingresos del capital, que proviene de la extrema concentración de patrimonios.

Lo mismo, el hecho de que un patrimonio privado sea del orden de 180.000 euros por habitante, es decir 6 años de ingresos medios, no implica que cada uno posea tal capital. Muchos poseen claramente muchísimo menos, incluso nada, pero otros poseen varios millones o varias decenas de millones de euros.

A fin de visualizar la forma concreta que toman los patrimonios en el mundo, hoy en día, Piketty precisa que el stock de capital en los países desarrollados se distribuye en dos mitades aproximadamente iguales: capital vivienda de una parte y capital productivo utilizado por las empresas y las Administraciones. Pues bien, para simplificar, en los países ricos de los años 2010, cada habitante gana de media del orden de 30.000 euros anuales, y posee alrededor de 180.000 euros de patrimonio, de los cuales 90.000 euros lo son en forma inmobiliaria, es decir, vivienda, y los otros 90.000 euros en forma de acciones, obligaciones y otras participaciones sociales en empresas, planes de ahorro e inversiones a plazo en empresas y administraciones. Aunque hay variaciones entre países este dato es interesante para visualizar, más o menos, la realidad.

Ha llegado el momento ya de presentar la primera ley fundamental del capitalismo en notación matemática

a = r x b, en donde

a son los ingresos de capital dentro de los ingresos nacionales

r  es la tasa de rendimiento medio del capital, y recordemos que

b = capital / ingresos

Por ejemplo, si  b = 600 % y r = 5 %, entonces a = r x b = 30 %.

Dicho de otro modo si el patrimonio representa el equivalente de 6 años de ingreso nacional, y si la tasa de rendimiento medio del capital es de 5 % anual, entonces la parte del capital en el ingreso nacional es del 30 %.

La tasa de rendimiento del capital es un concepto central de numerosas teorías económicas, en particular en el análisis marxista, con la tesis de la baja tendencial de la tasa de beneficio (predicción histórica completamente errónea). La tasa de rendimiento del capital mide lo que aporta un capital en el curso de un año, sea cual sea la forma jurídica que tomen esos ingresos (beneficios, alquileres, dividendos, intereses, royalties, plus valías, etc.), en forma de porcentaje del valor del capital invertido. Es una noción mucho más amplia que la de tasa de beneficio o la de tasa de interés, y engloba a estas dos.

Ciertas empresas pueden generar tasas de rendimiento superiores al 10 % anual, aunque otras tienen pérdidas. La tasa de rendimiento medio de las acciones alcanza el 7 u 8 % si se considera un largo periodo. Las inversiones inmobiliarias o en obligaciones no pasan del 3 o el 4 % y las tasas de interés real de la deuda pública, es quizás, más débil todavía. La fórmula que estudiamos no nos da esta información sutil, pero nos indica tres nociones fuertemente relacionadas.

Por ejemplo en los países ricos de los años 2010 se constata que los ingresos del capital (beneficios, intereses, dividendos, alquileres, etc.) alcanzan generalmente alrededor del 30 % del ingreso nacional. Con una relación patrimonio / ingreso del orden del 600 %; esto significa que la tasa de rendimiento medio del capital es del 5 % anual. Lo que nos lleva a descomponer los 30.000 euros de ingreso nacional por habitante, actualmente en vigor en los países ricos, en 21.000 euros de ingreso del trabajo (70 %) y 9.000 euros (30 %) de ingreso del capital. Es decir que cada habitante que posee un patrimonio medio de 180.000 euros, y el ingreso del capital es de 9.000 euros, se corresponde pues al 5 % medio por año.

Hasta aquí quedaría que b = 600 % ; a = 30 %r = 5 %.

Estos datos están de acuerdo con las estadísticas y datos que maneja Piketty desde el siglo XIX hasta el XXI. Además señala que la fórmula a = r x b, permite analizar la importancia del capital al nivel de un país en su totalidad, o incluso del planeta entero. Pero también puede utilizarse para estudiar las cuentas de una empresa particular. Por ejemplo, señala que una empresa que utiliza un capital (oficina o edificios industrial, equipamiento, máquinas) de un valor de 5 millones de euros, y que realiza una producción anual de 1 millón de euros, la cual se distribuye entre 600.000 euros de masa salarial y 400.000 euros de beneficios, la relación capital/producción = 5 = b, es decir, su capital representa 5 años de producción, y la parte del capital en esa producción es a = 40 %  y la tasa de rendimiento es r = 8 %. Imaginemos ahora otra compañía que utiliza menos capital (3 millones de euros), pero realiza la misma producción (1 millón de euros) utilizando más trabajo (700.000 euros de salarios) y tiene un beneficio de 300.000 euros. Para esta sociedad los resultados serían b = 3; a = 30 %r = 10 %, es decir, esta empresa es menos intensiva en capital que la primera, pero es más rentable (la tasa de rendimiento de su capital es sensiblemente superior).

El lector que haya llegado hasta aquí se preguntará a dónde quiere ir Piketty y nosotros con él. Se sobreentiende que queremos llegar a saber la razón de las desigualdades en el reparto de las riquezas, cosa que tiene mucho que ver la relación capital acumulado / ingresos. Nos falta ver cómo se produce la acumulación de capital para sacar alguna conclusión. Cosa que trataré de explicar en el futuro.

 

 

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