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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXV. Las desigualdades mundiales en el siglo XXI

XXV.- Las desigualdades mundiales en el siglo XXI

17.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

¿Hay alguien en las instituciones europeas o americanas que hable de ellas, de las desigualdades? Si los hay, su voz no se oye suficientemente fuerte porque se ahoga entre otros murmullos militares, políticos o económicos. Sólo en las Universidades se oyen algunas voces.

Desigualdades en los rendimientos del capital a causa de la mejor colocación en términos de tipos de rendimiento de las grandes fortunas (del orden del 6 – 7 % anual) frente a los capitales de los pequeños ahorradores (del orden del 4 % anual y hoy, mucho menos). No obstante en tanto que el crecimiento económico (que envuelve tanto el crecimiento del PIB como de la población) sea elevado, la desigualdad r > g (tipo de rendimiento mayor que crecimiento) se verá controlada y el crecimiento de los grandes patrimonios permanecerá relativamente moderado en términos relativos.

Desde los años 1980 los patrimonios a nivel mundial han progresado de media un poco más rápido que los ingresos y los patrimonios más elevados han progresado mucho más rápido que la media de los patrimonios como se ve en la tabla siguiente 12.1. En efecto los patrimonios de los más ricos han progresado del 6 al 7 % anual, contra el 2,1 % anual para el patrimonio medio mundial y el 1,4 % anual para los ingresos medios mundiales (datos netos de inflación calculada al 2,3 % anual de 1987 a 2013).

2015.05.17 Piketty T12.1

 

Traducción:

Tabla 12.1. La tasa de crecimiento de los patrimonios mundiales más elevados, 1987-2013

Tasa de crecimiento real medio anual (después de la deducción de la inflación). Período 1987-2013

Los cien millonésimos más ricos (alrededor de 30 personas adultas sobre 3 millardos en los años 1980, 45 personas sobre 4,5 millardos en los años 2010)

Los veinte millonésimos más ricos (alrededor de 150 personas adultas sobre 3 millardos en los años 1980, 225 personas sobre 4,5 millardos en los años 2010)

Patrimonio medio mundial por habitante adulto

Ingresos medios mundiales por habitante adulto

Población adulta mundial

PIB mundial

 

Nada hay que discutir del argumento en favor de una sociedad de emprendedores con sus innovaciones e invenciones que hacen fortuna. El problema es que la desigualdad r > g incrementada con la desigualdad de los rendimientos en función de la talla del capital inicial y las economías de escala, conduce a menudo a una concentración excesiva y perenne del patrimonio: aunque las fortunas estén justificadas al inicio, se multiplican y se perpetúan, quizás, más allá de todo límite y de toda justificación racional posible en términos de utilidad social y puede conducir, potencialmente, a una dinámica mundial de acumulación y reparto de los patrimonios hacia trayectorias explosivas y espirales desigualitarias fuera de todo control.

Y de esto hablamos en relación al rendimiento de los fondos soberanos en los que se mezcla el capital y la política, que nos hacen formularnos la pregunta si acaso los fondos del petróleo, o los fondos soberanos como el de la China, van a llegar a poseer el mundo. Piketty afirma que la renta petrolera puede, efectivamente, en cierta medida, permitir comprar el resto del planeta y vivir seguidamente de las rentas del capital correspondiente; lo mismo que si la China continúa su tasa de ahorro del 20 % de sus ingresos nacionales hasta 2100 mientras que Europa y América sólo ahorran el 10 %, una parte importante del Viejo Continente y del Nuevo mundo será poseída por los fondos chinos.

Las desigualdades sobre las que estamos reflexionando quedan, en parte, suavizadas por el Estado social o el Estado del Bienestar. La crisis de 2008 cuya causa, en parte, está en la desregulación, en la falta de Estado, está siendo controlada gracias a políticas pragmáticas que, no obstante, no proveen una respuesta duradera a los problemas estructurales que la han causado.

El retorno del Estado que se predica es proceder a la modernización y evitar el desmantelamiento del Estado del Bienestar. La redistribución moderna no consiste, según Piketty, en transferir riquezas de los ricos hacia los pobres o, al menos, no hacerlo de modo tan explícito; más bien consiste en financiar los servicios públicos y conseguir fuentes de ingresos más o menos iguales para todos, especialmente en las áreas de la educación, la sanidad y las pensiones de jubilación. En este último caso, el principio de igualdad se expresa por una casi proporcionalidad al salario obtenido durante la vida activa. En los otros casos se expresa en un verdadero igualitario acceso.

De modo que Piketty señala que hay que modernizar el Estado social, y no desmantelarlo. Si el acceso a las instituciones educativas, por el costo para los padres, es dificultoso, no se permite la movilidad social. De hecho la correlación intergeneracional de los diplomas y de los ingresos del trabajo no va a la baja, sino que se mantiene. La desigualdad de acceso también parece que se repite con relación a la cumbre de la jerarquía económica, especialmente en Estados Unidos y con respecto de las afamadas universidades privadas.

En cuanto al futuro de las pensiones de jubilación hay que tener presente que actualmente se basan sobre el principio de reparto: las cotizaciones sobre los salarios son inmediatamente utilizadas para pagar las pensiones de los jubilados. Ninguna suma es invertida, sino que todo es inmediatamente utilizado, a diferencia de los sistemas de capitalización. En estos sistemas de reparto que se fundan sobre el principio de solidaridad entre las generaciones la tasa de rendimiento es, por definición, igual a la tasa de crecimiento de la economía. Así todas las generaciones están atadas las unas a las otras, la presente a la próxima.

Cuando se pensó en este sistema, las circunstancias eran las ideales, crecimiento demográfico, crecimiento económico, pero la reducción de la tasa de crecimiento en torno al 1,5 % nos hace pensar que este sistema debe ser reemplazado lo más rápidamente posible por sistemas fundados sobre el principio de capitalización, de modo que las cotizaciones deben invertirse y no revertirse hasta la jubilación del que las ha originado.

Pero ¿cómo hacer el cambio? ¿Cómo financiar entre tanto las necesidades sociales que son la razón de ser del Estado?

Finalizaremos esta serie de artículos económicos con el próximo en el que vamos a dejar que Piketty plantee sus propuestas sobre el impuesto progresivo sobre los ingresos repensando el tipo marginal superior así como sobre un impuesto mundial sobre el capital y una posible solución al exagerado nivel de la deuda pública.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXIV. Herencia y mérito visto a largo plazo

XXIV.- Herencia y mérito vistos a largo plazo

10.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

Aunque como hemos visto en artículos anteriores la importancia global del capital actualmente no es muy diferente de lo que lo fue en el siglo XVIII y solamente ha cambiado su forma, pues el capital en terreno rústico ha cambiado a capital inmobiliario, industrial y financiero; aunque sabemos, igualmente, que la concentración de los patrimonios es sensiblemente menos extrema que hace un siglo y que en el curso de siglos pasados, ciertamente permanece muy fuerte, pues la mitad más pobre no posee nada, aunque haya una clase media patrimonial que posee entre un cuarto y un tercio del total de los patrimonios.

Por otra parte los movimientos comparados del rendimiento del capital (r) y de la tasa de crecimiento (g), según Piketty, así como el distanciamiento entre “r” y “g”, permiten entender una parte importante de las evoluciones y, en particular, la lógica acumulativa que explica las muy fuertes concentraciones patrimoniales observadas en la historia.

Pero lo que mejor explica esta lógica acumulativa es el estudio de la evolución a largo plazo de la importancia relativa de la herencia y del ahorro en la formación de los patrimonios, que nos lleva a la conclusión de que, dado que la tasa de rendimiento del capital es fuertemente y durablemente más elevada que la tasa de crecimiento de la economía, es casi inevitable que la herencia, es decir los patrimonios que vienen del pasado, dominen el ahorro, es decir, sean los que más ahorro generan y se conviertan también en los mayores patrimonios que salen del presente. La desigualdad r > g significa, de algún modo, que el pasado tiende a devorar el futuro; las riquezas que vienen del pasado progresan mecánicamente más rápidas, sin trabajar, que las riquezas producidas por el trabajo (a partir de las cuales es posible el ahorro).

¿A dónde lleva la evolución del flujo sucesorio a largo plazo? Piketty señala que dicho flujo representó para Francia en el siglo XIX del 20 al 25 % de los ingresos nacionales hasta que a partir de 1914 fue bajando y llegó al 5 % en 1950, remontando al 15 % en 2010. ¿Cómo evolucionará el flujo sucesorio en el siglo XXI? Piketty contesta que el punto esencial es que, para una estructura dada de comportamientos de ahorro, este proceso acumulativo es tanto más rápido y desigualitario como la tasa de rendimiento del capital es elevada y la tasa de crecimiento es débil.

De hecho, el crecimiento tan fuerte de los años 1950-1970 explica la relativa lentitud de la remontada de la relación M (= valor de la riqueza media a la muerte (partido entre) / valor de la riqueza media de los vivos). Al contrario la reducción del crecimiento explica el envejecimiento de los patrimonios y el retorno de la importancia de la herencia observados desde los años 1980. Intuitivamente, dice Piketty, cuando el crecimiento es fuerte, por ejemplo cuando los salarios aumentan un 5 % anual es más fácil a las generaciones jóvenes acumular patrimonios y competir con los más mayores, pero cuando el crecimiento salarial se reduce hasta un 1 – 2 % anual, los jóvenes activos están casi que inevitablemente dominados por los de más edad cuyo patrimonio progresa al ritmo del rendimiento del capital.

El problema es siempre la tasa de crecimiento, pues para cualquier tipo de comportamiento de ahorro, con un crecimiento económico débil (comparado con el rendimiento del capital), la elevación de la relación M equilibra casi exactamente la baja tendencial de la tasa de mortalidad “m”, tanto que el producto M x m, no depende de la esperanza de vida, sino, más bien, está determinado por la duración de una generación. El resultado es que en una sociedad que envejece, se hereda más tarde, pero se heredan montantes más elevados (al menos para los que heredan), tanto, que la importancia global de la herencia permanece sin cambio.

Es necesario hablar también del hecho de que las creencias meritocráticas más vivas son las que a menudo se ponen delante para justificar las muy fuertes desigualdades salariales, y tanto más fuertes sean, aparecen tanto más justificadas que las desigualdades que se originan de la herencia. Pero la justificación de las desigualdades se fundamenta, según Piketty, en varios malentendidos.

Aunque es evidente que un título académico juega un papel más importante hoy que en el siglo XVIII, eso no implica, necesariamente, que la sociedad haya devenido más meritocrática. En particular esto no implica que la parte de los ingresos nacionales que va al trabajo haya aumentado verdaderamente y, evidentemente, tampoco que cada uno haya tenido acceso a las mismas oportunidades para alcanzar los diferentes niveles de cualificación. De hecho Piketty afirma que la transmisión de un capital humano es siempre menos automática y mecánica que la de un capital inmobiliario o financiero, a pesar de que se pensaba que con el capital humano (la cualificación, la educación académica) se hubiese llegado al fin de la herencia y a la emergencia de una sociedad un poco más justa.

La gráfica 11.11 nos muestra qué proporción de una generación recibe en herencia el equivalente de una vida de trabajo. En los próximos años casi un sexto de la población, cada año, recibirá en herencia un valor mayor que lo que la mitad de la población gana con su trabajo a lo largo de toda una vida, lo que no impedirá a esa sexta parte de la población estudiar, adquirir diplomas y títulos y trabajar para ganar todavía más con su trabajo que será mejor pagado que lo es el de la mitad de la población.

Es perturbador, porque esta forma de desigualdad tiene y va a tener una amplitud inédita en la historia y es difícil de explicar con palabras y más difícil todavía de corregir políticamente, pues se trata de una desigualdad ordinaria, que opondrá a grandes segmentos de la población y a  una élite, con el resto de la población.

 

2015.05.10 Piketty G11.11

Traducción

Título: ¿Qué proporción de una generación recibe en herencia el equivalente de una vida de trabajo?

Eje vertical: Fracción de cada generación implicada

Cuadro: Parte de cada generación que recibe en herencia, al menos, el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de una vida por los 50 % de los empleos peor pagados (en función del año de nacimiento)

Lectura: En el seno de las generaciones nacidas hacia 1970-1980, 12 – 14% de las personas reciben en herencia el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de toda su vida por los 50 % menos bien pagados. Fuentes y series: ver Piketty.

 

A la vista de la tabla entendemos que en el seno de las generaciones nacidas hacia 1970-1980, 12 – 14% de las personas reciben en herencia el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de toda su vida por los 50 % peor pagados, y afirmamos, que lo cierto es, que el fin de la herencia no ha tenido lugar, aunque, eso sí, el reparto del capital heredado ha cambiado. Esto es lo que ha llegado a ser diferente. Hemos pasado, según los datos que Piketty aporta, de una sociedad con un pequeño número de grandes rentistas a una sociedad con un número mucho más grande de rentistas más pequeños: una sociedad de pequeños rentistas.

Pero Piketty afirma que el rentista es enemigo de la democracia cuando señala que nada garantiza que el modo en que van a continuar estando repartidas las herencias, es decir el reparto del capital heredado, no alcanzará los niveles desigualitarios del pasado y razona que nuestras sociedades democráticas se apoyan sobre un visión meritocrática del mundo, una creencia en una sociedad en la que las desigualdades estarían más fundadas sobre el mérito y el trabajo que sobre la filiación y la herencia, creencia y esperanza que juegan un papel central en la sociedad moderna.

Las desigualdades deberían ser justas y útiles a todos, según el artículo primero de la Declaración de 1789. La igualdad proclamada de los derechos del ciudadano contrasta con la desigualdad bien real de las condiciones de vida y para salir de esta contradicción es vital hacer de modo que las desigualdades sociales  se deriven de principios racionales y universales y no de contingencias arbitrarias.

Sin duda, el retorno de la importancia de la herencia va a ser un fenómeno europeo y después mundial. ¿Cómo nos enfrentaremos a lo que significa? Veremos qué sugiere Piketty, la semana que viene.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XX. El capital humano y Marx con su apocalipsis

XX.- El capital humano y Marx con su apocalipsis

12.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Según una visión relativamente extendida, el proceso de desarrollo y crecimiento económico se caracterizaría por el hecho de que las cualificaciones, el know-how y el trabajo humano, llegarían a ser cada vez más importantes en el curso del tiempo en el seno del proceso de producción. Y aunque esta hipótesis no sea totalmente exacta, una explicación razonable de ella es que la tecnología se ha transformado de tal modo que el factor trabajo cada vez juega un papel más importante.

De hecho, con esta hipótesis se puede interpretar la disminución de la parte del capital según el cuadro:

 

Factores de producción Años 1800-1810 Años 2000-2010
Parte del capital               35-40 %            25-30%
Parte del trabajo               60-65 %            70-75 %

 

La parte del trabajo ha aumentado porque el trabajo ha llegado a ser más importante en el proceso de producción y ha sido el aumento del trabajo lo que ha permitido reducir la parte del capital rústico, inmobiliario y financiero.

Si la interpretación es correcta, es un cambio verdaderamente significativo. No obstante esto ha sucedido con idas y venidas y sin estar seguros de lo que nos deparará el futuro. Piketty indica que la enseñanza más importante, en estos momentos, es que la tecnología moderna utiliza siempre mucho capital y dado que la elasticidad de sustitución capital-trabajo parece ser superior a uno a largo plazo, no existe razón natural alguna para que la parte del capital disminuya a muy largo plazo, incluso si la tecnología se transforma en un sentido más favorable al trabajo. Ha aumentado los niveles de cualificación, pero el stock de capital inmobiliario, industrial y financiero ha progresado igualmente, y no parece que de una civilización fundamentada en el capital, la herencia y la filiación, vayamos a pasar a otra fundada sobre el capital humano y el mérito.

Para Marx los capitalistas acumulan cantidades de capital cada vez más importantes, lo que finalmente conduce a una baja inexorable y tendencial de la tasa de rendimiento del capital. Pero Marx, se lo imagina. No utiliza ningún modelo matemático, por lo que no sabemos, salvo la interpretación de cada uno, lo que quería decir. A este respecto Piketty señala que una forma lógica y coherente de interpretar el propósito de las palabras de Marx, es considerar la ley dinámica B = s/g, (es decir, B = ahorro / crecimiento, en término de % de los ingresos nacionales), y considerar que él quería decir que la tasa de crecimiento llegaría a ser = 0 o próxima a cero. Pues bien, si la tasa de crecimiento es cero o próxima a cero, la relación capital/ingresos tiende a infinito y si esto es así, el rendimiento del capital “r” debe necesariamente reducirse, cada vez más, de modo que el rendimiento del capital “r” debe acercarse próxima e infinitamente a cero, de lo contrario la parte del capital a = r x B acabaría con devorar la totalidad de los ingresos nacionales.

La contradicción dinámica señalada por Marx corresponde a una verdadera dificultad, de la que la única salida lógica es la del crecimiento estructural,  la cual permite equilibrar hasta cierto grado el proceso de acumulación del capital. En efecto, es el crecimiento permanente de la productividad y de la población lo que permite equilibrar la adición permanente de nuevas unidades de capital, como lo expresa la ley B = s/g, de lo contrario los capitalistas están cavando su propia tumba.

Parece, pues, que Marx tenía estas ideas, pero el problema es que Marx sólo se basaba en lo que leía de los informes parlamentarios británicos de los años 1820-1860 y algunas estadísticas que mostraban el muy rápido crecimiento de los beneficios industriales en el Reino Unido y a pesar de todas sus importantes intuiciones, Marx no usa y sólo se aproxima, relativa y poco sistemáticamente, a las estadísticas disponibles; Marx pasa totalmente de la contabilidad nacional, no profundiza en datos más contrastados o más fiables que su intuición, que en realidad fue una imaginación interpretativa de los hechos que veía en su época, que explicaba, a su manera, pero que no llegó a estudiar profundamente ni científicamente.

Dada la situación actual parece que vamos directos al retorno del capital en régimen de crecimiento débil. Así es, puesto que el retorno a un régimen histórico de crecimiento débil, y en particular de crecimiento demográfico nulo, conduce lógicamente al retorno del capital. Esta tendencia hacia la reconstitución de stocks de capital muy elevados en las sociedades de crecimiento débil está expresada por la ley B = s/g y se puede resumir así: en las sociedades estancadas, los patrimonios que vienen del pasado toman naturalmente una importancia considerable.

Si la tasa de ahorro se mantiene en torno al 10% y si la tasa de crecimiento se estabiliza en torno al 1,5% a muy largo plazo, en ese caso el stock mundial de capital alcanzará lógicamente el equivalente de seis-siete años de ingresos. Y si el crecimiento se reduce a 1%, entonces el stock de capital podría alcanzar el equivalente a diez años de ingresos.

Todo esto nos hace pensar en que la marcha adelante, hacia la racionalidad económica y tecnológica, no implica, necesariamente, una marcha adelante hacia la racionalidad democrática y meritocrática. La razón es pura y simplemente que: la tecnología, lo mismo que el mercado, no conoce ni límite ni moral. Ciertamente la evolución tecnológica ha envuelto necesidades cada vez más importantes en cualificaciones y competencias humanas (de trabajo humano), pero también ha aumentado las necesidades de edificios, viviendas, oficinas, equipos de todo tipo, patentes –todo lo cual es capital no humano- que ha progresado casi tan rápido como la producción y los ingresos nacionales. Además la masa de ingresos que remunera estas diferentes formas de capital ha progresado casi tan rápido como la masa de los ingresos del trabajo.

El crecimiento moderno, resume Piketty, que se ha fundado sobre el crecimiento de la productividad y la difusión de los conocimientos ha permitido evitar el apocalipsis marxista y equilibrar el proceso de acumulación de capital. Pero este crecimiento no ha modificado, en modo alguno, las estructuras profundas del capital y, todavía menos, no ha podido reducir su importancia macroeconómica comparada relativamente con el trabajo.

Hace falta ahora estudiar si respecto de las desigualdades en el reparto de los ingresos y de los patrimonios ocurrirá de igual modo. Es decir, ¿en qué medida las estructuras de las desigualdades respecto del trabajo y del capital se han transformado verdaderamente desde el siglo XIX?

Es cosa que veremos en próximos artículos.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XVIII. ¿Cuál será la ratio capital/ingresos en el siglo XXI?

XVIII.- ¿Cuál será la ratio capital/ingresos en el siglo XXI?

29.03.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En cuanto al reparto del capital y las riquezas nos interesa mucho conocer cuál será la relación entre éste y los ingresos, pues el conocimiento del mismo será como conocer cómo de desigual económicamente será el mundo. ¿Mejorará, no conseguiremos un justo reparto del capital y las riquezas, o empeorará?

Lo primero que tenemos que hacer es recordar que a la ratio (o división) capital/ingresos la denominamos B; es decir, B es el % que representa el capital acumulado sobre los ingresos anuales. Una ayuda para para reflexionar sobre el nivel que podría alcanzar dicha relación, es decir dicha B, es la ley dinámica o segunda ley fundamental del capitalismo B = s/g en donde, recordamos que “s” es el ahorro y “g” el crecimiento; de modo que B es igual al % de ahorro anual dividido entre el % de crecimiento, de modo que si un país ahorra un 12 % de su PIB y crece un 2 % (crecimiento económico y demográfico sumados), B será igual al 600 %.

Piketty explica: la fórmula B = s/g que se lee “B igual a s dividida entre g”. Por otra parte, cuando decimos que B = 600 %, es equivalente a decir que B = 6; lo mismo que s = 12 % es equivalente a decir “s = 0,12”; y que g = 2 % es equivalente a decir g = 0,02.

De nuevo repetimos que cuando en un país se ahorra un 12 % anual, y el crecimiento económico-demográfico del mismo es un 2 % anual, se acumula un capital del 600 %, es decir, 6 veces, los ingresos anuales de dicho país.

Para centrarnos más, también dijimos en artículos anteriores que a = r x B (o lo que es lo mismo, B =  a / r), fórmula que indica que “a” representa la parte correspondiente al capital en los ingresos nacionales, el cual es igual al rendimiento medio del capital, al que denominamos “r”, multiplicado por “B” o capital acumulado que, como venimos de decir, es igual a la relación que hay entre ahorro y crecimiento.

Pero vayamos a lo que íbamos. Y si la tasa de rendimiento medio del capital, denominada “r” alcanza el 5 %, eso quiere decir que (5 % x 600 % = 30 %, es decir r x B = a) la retribución del capital (recordemos, no sólo financiero, sino de los elementos del inmovilizado [locales, tierras, máquinas, viviendas]) alcanzará el 30 % de los ingresos anuales cada año, acumulándose de modo significativo.

Hemos dicho que B = s / g, es decir B, o capital acumulado, es igual a la relación entre ahorro y crecimiento; de modo que si el ahorro es del 12 % anual y el crecimiento (económico y demográfico acumulados) alcanza el 2 % anual, invariablemente B, el capital acumulado alcanzará el 600 % de los ingresos anuales.

Pero también se ha indicado que B = a / r, es decir que el capital acumulado es igual a la parte de los ingresos anuales correspondientes al capital dividido entre la tasa de rendimiento medio. Esto si la tasa de rendimiento medio es el 5 %, de nuevo, invariablemente nos lleva a un capital acumulado del 600 % de los ingresos nacionales anuales y a que la parte que lleva como renta anual, el capital, es el 30 % de dichos ingresos anuales.

Teniendo, pues, presente la ley dinámica B = s / g nos preguntamos cuál será la distribución capital – trabajo, lo que corresponderá a cada uno de los ingresos nacionales en el siglo XXI.

Piketty dice que la relación capital / ingresos a largo plazo depende especialmente de la tasa de ahorro “s” y de la tasa de crecimiento “g”. Estos dos parámetro macro sociales dependen, ellos mismos, de millones de decisiones individuales influenciadas por múltiples consideraciones sociales, económicas, culturales, psicológicas, demográficas, y pueden variar fuertemente en el tiempo y entre un país y otro. Además, son grandemente independientes la una de la otra.

Piketty viene aquí en nuestro auxilio para que podamos pasar del análisis de la relación capital / ingresos al de la participación o distribución de los ingresos nacionales entre el trabajo y el capital. Recuerda que la fórmula a = r x B, bautizada primera ley fundamental del capitalismo, permite pasar de modo transparente de la una a la otra.

En efecto, usando un ejemplo, si el valor del stock de capital es igual a seis años de ingresos nacionales (B = 6) y si la tasa de rendimiento medio del capital es del 5 % por año (r = 5 %), entonces la parte de los ingresos del capital “a” dentro de los ingresos nacionales es igual al 30 %, como párrafos antes hemos explicado, y la correspondiente al trabajo, entonces, es igual al 70 %.

La cuestión central para Piketty es cómo se establece la tasa de rendimiento del capital y para ver de sacar alguna conclusión Piketty comienza por examinar las evoluciones observadas durante un largo período y lo hace mediante las gráficas 6.1 y 6.2 correspondientes a los datos de participación del capital-trabajo del Reino Unido y de Francia, en las que, para el Reino Unido, desde 1970 y hasta 2000 la participación del trabajo baja 10 puntos porcentuales desde el 80 % hasta casi el 70 % con un incremento hasta 2010 de hasta el 74 % aproximadamente. Por el contrario en Francia los ingresos del trabajo no llegan a bajar tanto, quedándose en 2000 en 75 % y en 2010 en el mismo 74 % aproximadamente que en el Reino Unido.

 

2015.03.29 XVIII. Gráficas 6.1 y 6.2

Traducción:

Gráfica 6.1. El reparto capital – trabajo en el Reino Unido, 1770-2010

Cuadro: Ingresos del trabajo, ingresos del capital

Eje vertical: Ingresos del trabajo y del capital (en % de los ingresos nacionales)

Lectura: En el siglo XIX, los ingresos del capital (alquileres, beneficios, dividendos, intereses) representan alrededor del 40 % de los ingresos nacionales, contra el 60 % para los ingresos del trabajo (asalariado o no asalariado)

Traducción:

Gráficas 6.1. El reparto del capital – trabajo en Francia, 1820-2010

Cuadro: Ingresos del trabajo; ingresos del capital

Eje vertical: Ingresos del trabajo y del capital (en % de los ingresos nacionales)

Lectura: En el siglo XXI, los ingresos del capital (alquileres, beneficios, dividendos, intereses) representan alrededor del 30 % de los ingresos nacionales, contra el 70 % para los ingresos del trabajo (asalariado y no asalariado)

Piketty precisa cómo ha calculado estos datos e indica que lo ha hecho adicionando el conjunto de ingresos del capital que se encuentran  reunidos en las cuentas nacionales (independientemente de su título jurídico: alquileres, beneficios, dividendos, intereses, royalties, etc., con la excepción de los intereses de la deuda pública, y todo ello antes de toda forma de imposición fiscal), y posteriormente dividiendo este agregado por los ingresos nacionales (se obtienen entonces, la parte del capital en los ingresos nacionales, que hemos denominado “a”) y por el capital nacional (se obtiene así la tasa de rendimiento medio del capital, con notación “r”). A este rendimiento medio Piketty le deduce el costo del tiempo que el hombre de negocios medio le dedicará para conseguir dicho rendimiento y con ello halla el rendimiento puro del capital.

La principal conclusión que sobresale de las estimaciones de Piketty según él mismo indica es que tanto en Francia como en el Reino Unido, desde el siglo XVIII al XXI, el rendimiento puro del capital ha oscilado entorno de un valor central del orden del 4 % – 5 % por año, o más generalmente, en un intervalo comprendido entre 3 % y 6 % anual. No existe tendencia masiva, a largo plazo, ni al alza ni a la baja. Aunque el rendimiento puro ha sobrepasado claramente el 6 % después de las fuertes destrucciones y de los múltiple choques sufridos por el capital en el curso de las guerras del siglo XX, ha vuelto, no obstante, muy rápidamente hacia los niveles más débiles observados en el pasado.

Adelantándose a las objeciones de algunos lectores que, quizás, encuentren que esta tasa de rendimiento medio del 3 – 4 % en vigor al principio de los años 2010 es, más bien, optimista, por comparación al rendimiento que, desgraciadamente, ellos obtienen para sus pobres economías, Piketty dice que deben ser precisados varios puntos. Aunque dichos datos están libres de impuestos, hay que tener presente, en efecto, muchos puntos, situaciones y conceptos, cosa que haremos en el futuro mediante una reflexión sobre los activos reales o nominales, sobre la capacidad de negociación de las grandes fortunas en comparación con los pequeños importes de ahorros. Entraremos también a tratar la noción de la productividad marginal del capital.

Os esperamos.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XVI. El retorno del capital privado desde los años 1970

 

XVI.- El retorno del capital privado desde los años 1970

08.03.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

Piketty dice que si consideramos datos quinquenales, en lugar de decenales, en las series estadísticas de valor del capital en términos de % de los ingresos nacionales, vemos incesantes variaciones, pues son datos a corto plazo. Estas evoluciones erráticas son debidas a que los precios de los activos, sea que se trate de activos inmobiliarios (viviendas o inmuebles profesionales o empresariales) o activos financieros (en particular, acciones), son muy volátiles, pues esos precios dependen de factores complejos: la previsión de la demanda futura por los bienes y servicios generados por una empresa o un activo inmobiliario dado, es decir, flujos futuros de beneficios, alquileres, dividendos, royalties (elementos fundamentales de un análisis) y; del precio al que se puede esperar volver a vender los bienes, en caso de necesidad, dicho de otro modo, de la anticipación de la plusvalía o minusvalía. Este elemento, mucho más subjetivo, puede engendrar fenómenos de creencias que se “auto-realizan” hasta tal grado que uno, creyendo que va a vender el elemento a mayor precio que lo va a comprar, decide comprar pagando un mayor precio que el que le da el valor fundamental y cede al entusiasmo colectivo, por muy excesivo que sea. Este es el caso de las burbujas.

Pero, más allá de las burbujas y sin lugar a dudas, se puede afirmar que estamos asistiendo a un gran retorno del capital privado en los países ricos o, más bien, al nacimiento de un nuevo capitalismo patrimonial, evolución estructural que se explica, según Piketty, por tres series de factores que se acumulan y se complementan para dar a este fenómeno una gran amplitud.

El factor más importante a largo plazo es la ralentización del crecimiento, especialmente demográfico que, junto con un ahorro elevado conduce mecánicamente a una elevación estructural y tendencial de la relación capital/ingresos, a través de la ley B = s/g.

(Recordemos que B la denominamos “relación, o ratio, entre capital dividido entre los ingresos anuales” todo ello en términos de %. También se puede decir que es el valor del capital que un país posee valorado en términos de % ahorro dividido entre el crecimiento. Si s= ahorro = 12 % y g = crecimiento = 2 %, entonces B = s/g = 600 %, es decir el valor del capital es el importe de 600 % de los ingresos nacionales, o dicho de otro modo, es el importe de 6 años de dichos ingresos nacionales)

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, éste es un mecanismo que constituye la fuerza dominante a largo plazo. Pero Piketty recuerda que otros dos factores han reforzado sustancialmente los efectos a los largo de los últimos decenios: de una parte, un movimiento de privatización y de transferencia gradual de la riqueza pública hacia la riqueza privada desde los años 1970-1980; y de otra parte, un fenómeno de alcance de largo plazo de los precios de los activos inmobiliarios y de bolsa, que se aceleró en los años 1980-1990, en un contexto político muy favorable para los patrimonios privados, en comparación con los decenios de después de la guerra.

La dinámica que se desprende de la Tabla 5.1 intitulada “Tasa de crecimiento y tasa de ahorro en los países ricos, 1970-2010”, es que, más allá de las burbujas, ha habido un crecimiento débil y un ahorro muy fuerte.

2015.03.08 Piketty T5.1

Traducción:

Título: Tabla 5.1. Tasa de crecimiento y tasa de ahorro en los países ricos, 1970-2010

Títulos de columnas de izquierda a derecha: Tasa de crecimiento de los ingresos nacionales, Tasa de crecimiento de la población, Tasa de crecimiento de los ingresos nacionales por habitante, Ahorro privado (neto de la depreciación) en % de los ingresos nacionales.

Columna de países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, Australia.

Lectura: Las tasas de ahorro y de crecimiento demográfico varían fuertemente en el seno de los países ricos; las tasas de crecimiento de los ingresos nacionales por habitante varían mucho menos. Fuentes: Ver Piketty

En cuanto al ahorro privado hay que tener en cuenta las dos componentes; de una parte el ahorro realizado directamente por los individuos privados (es decir, la parte de los ingresos disponibles de los hogares que no se consume inmediatamente; y de otra parte, el ahorro realizado por las empresas, por cuenta de los individuos privados que las poseen, directamente, en el caso de empresas individuales, o indirectamente, a través de sus inversiones financieras. Esta segunda componente corresponde a los beneficios reinvertidos por las empresas, también llamados beneficios no distribuidos.

Si no se tuviera en cuenta esta segunda componente concluiríamos que en todos los países el flujo de ahorro es insuficiente para explicar el crecimiento de los patrimonios privados y también que esta última se explica, en una gran parte por un alza estructural de los precios relativos de los activos y, especialmente, del precio de las acciones.

Nos interesa conocer más datos para entender mejor el porqué del retorno del capital privado. Para ello deberíamos hacer una distinción suficiente entre ahorro bruto y neto, tanto privado como público, y cómo se interrelacionan. Es lo que veremos el próximo día.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. IX. Las etapas del crecimiento económico

Las etapas del crecimiento económico

18.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

La progresión económica sobre el conjunto del período 1700-2012 es exactamente del mismo orden que el crecimiento de la población: 0,8 % anual, de media, es decir, multiplicada por 10 en tres siglos. Los ingresos medios a nivel mundial son actualmente de 760 euros por mes y por habitante; en 1700, eran inferiores a los 70 euros por mes, es decir, al mismo nivel que en los países más pobres del África subsahariana de 2012.

En Europa occidental, en América del Norte o en el Japón, los ingresos medios han pasado de apenas más de 100 euros por mes y habitante en 1700 a más de 2500 euros por mes en 2012, es decir una multiplicación por más de 20. Aunque en realidad la progresión de la productividad, de la producción por hora trabajada, ha sido más elevada aún, pues la duración media del trabajo por habitante ha disminuido mucho, dado que todas las sociedades desarrolladas han dedicado, a medida que se enriquecían, menos tiempo al trabajo y más al tiempo libre (menos jornada de trabajo, más vacaciones, etc.) y, concretamente, esta evolución se ha realizado casi toda ella en el siglo XX.

Aunque, para entender el significado de este incremento es necesario compararlo con los niveles de precios de los diferentes bienes y servicios en vigor en cada momento.

El esquema general es el que distingue los bienes industriales (la industria), para los cuales el incremento de la productividad ha sido mucho más rápida que la media de la economía, tanto que sus precios han disminuido en relación con la media de los precios; los bienes para alimentación (la agricultura y ganadería), para los cuales la progresión de la productividad ha sido continua y determinante durante un muy largo período, pero menos rápida que la de los bienes industriales, tanto que sus precios han evolucionado casi como la media de los precios; y finalmente los servicios, para los cuales el crecimiento de la productividad, generalmente, ha sido relativamente débil, o incluso nula, y para los cuales los precios han aumentado más rápido que la media de los precios.

Pero hay que notar que en todo esto hay una gran diversidad de situaciones en el interior de cada sector económico. Además los modos de vida y las estructuras de los presupuestos familiares se han ido modificando radicalmente, y la progresión del poder de compra varía tanto, siguiendo la de los bienes considerados, que la cuestión de establecer una cifra media no tiene mucho sentido, pues el resultado depende de las ponderaciones escogidas y de las medidas de la calidad, difícil de establecer puesto que la comparación se hace a través de varios siglos.

Ello no obstante, no pone en duda la realidad del crecimiento, pues está claro que las condiciones materiales de la existencia se han mejorado de modo espectacular desde la revolución industrial, permitiendo a los habitantes del planeta alimentarse, vestirse, desplazarse, informarse, cuidarse, y otras cosas más, mucho mejor.

El caso de los servicios merece mención especial, pues en este sector la productividad ha aumentado muchísimo menos, dicho de otro modo, en el que el poder adquisitivo, expresado en servicios, es en el que menos ha aumentado. El ejemplo que pone Piketty es el de un corte pelo que necesita casi igual tiempo de trabajo que al principio del siglo XX, tanto es así que el precio de un peluquero ha sido multiplicado por el mismo coeficiente que el salarios de los peluqueros, el cual ha progresado al mismo ritmo que el salario medio y que los ingresos medios (en una primera aproximación).

Las etapas o cambios en el reparto de la fuerza de trabajo en los tres sectores de la actividad económica, en que se divide tradicionalmente, ha sido la que se indica en la tabla 2.4 en la que se dan los datos para el empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, para el período 1800-2012

2015.01.18 Piketty T2.4

Traducción: El empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, 1800-2012, (en % del empleo total), Agricultura, Industria, Servicios. Lectura: en 2012, la agricultura representó 3 % del empleo total en Francia, contra el 21 % para la industria y el 76 % para los servicios. La construcción -7% del empleo en Francia en 2012, así como en los Estados Unidos- ha sido incluida en la industria. Fuentes: ver Piketty.

Hay que darse cuenta de que la división tradicional de los tres sectores, primario (agricultura, ganadería), secundario (industria) y terciario (servicios) con el actual reparto del nivel de empleo en cada uno de sus senos, no tiene sentido, puesto que, precisamente, el enorme agregado servicios, en el cual radica la mayor parte de la mejora de las condiciones de vida, representa el 80 % de la fuerza laboral. Por lo tanto será interesante conocer cómo se subdivide este bloque, y Piketty informa que los servicios de sanidad y educación representan el 20 % del empleo en los países desarrollados, y que todo le hace pensar que esta proporción va a continuar incrementándose, dada cuenta del continuo progreso de la medicina y del desarrollo de la enseñanza superior. Los empleos del sector comercio, hostelería, restauración, ocio y turismo, en típica progresión, también representan un 20 % de la fuerza laboral, incluso en algunos países el 25 %. Por otra parte, los servicios a las empresas (consejo, contabilidad, diseño, informática) junto con los servicios financieros e inmobiliarios (APIs, seguros y bancos), junto con los transportes, se acercan a otro 20 % del empleo total. Si, además, tenemos en cuenta los servicios estatales (administración general, justicia, fuerzas y cuerpos de seguridad, fuerzas armadas, etc.) que están cerca del 10 % del empleo total en la mayor parte de los países, se llega a los 70-80 % anunciados en las estadísticas oficiales.

Si además vemos la gráfica 2.5 a continuación

2015.01.18 Piketty G2.5

Traducción: Gráfico 2.5. La tasa de crecimiento de la producción mundial total desde la Antigüedad hasta 2100. Vertical: Tasa de crecimiento de la producción total. Globos: Tasas de crecimiento observadas, Previsiones (escenario central). Pie de gráfica, Lectura: la tasa de crecimiento de la producción mundial ha sobrepasado el 4 % de 1950ª 1990. Si el proceso de convergencia continúa pasará a estar por debajo del 2 % de aquí a 2050. Fuentes y series: ver Piketty.

Nos podemos preguntar, ¿es esto el fin del crecimiento? La cuestión es que aunque diversos países y continentes han tenido crecimientos muy importantes, lo cierto es que en cuanto a crecimiento económico no proveniente del demográfico, en la historia no se halla ningún caso, de ningún país, que estando en la frontera tecnológica mundial, haya superado el 1,5 % de crecimiento duradero.

No cree Piketty que el crecimiento en el futuro supere el 1,5 % anual en los países ricos, más bien estará entre el 0,5 y el 1,2 %, aunque ello dependerá del ritmo de innovaciones a venir, así como de la fecundidad de las mujeres y el crecimiento poblacional.

¿Acaso un crecimiento, por ejemplo, del 1 % anual, sostenido en los años, no tiene su importancia? Esto es algo que veremos en artículos posteriores.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS IV.- Segunda ley fundamental del capitalismo

IV.- Segunda ley fundamental del capitalismo

22.11.2014

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Conviene especificar que la primera ley fundamental del capitalismo no nos da la determinación concreta de los tres términos[1]. Es por ello que hace falta introducir otros mecanismos y nociones, en particular la tasa de ahorro y de inversión, así como la tasa de crecimiento.

Esto nos lleva a la segunda ley fundamental del capitalismo, según la cual la relación b = capital / ingresos es tanto más elevada cuanto lo más elevada es su tasa de ahorro y cuanto más débil es su tasa de crecimiento. Lo que quiere decir que aunque hay tres términos en la ecuación, sólo hay dos grados de libertad: crecimiento y ahorro.

Dediquemos atención, inicialmente, al crecimiento.

Para hacer un estudio adecuado es preciso que estos conceptos abstractos se puedan utilizar y medir lo que se lleva a cabo mediante los datos, algunos extraídos de la contabilidad nacional de cada país, aunque ésta, en realidad, sea una construcción social en proceso que refleja la preocupación de cada época, que es la conclusión que saca Piketty.

De dicho estudio se desprende que la repartición mundial de producción ha ido cambiando a lo largo del siglo XX, pues, de hecho, Europa y América han concentrado entre el 70 y el 80 % de la producción mundial de 1900 a 1980, pero ha caído al 50 % al principio de los años 2010, y probablemente bajará hasta del 20 al 30 % en este siglo XXI, nivel que ya estuvo en vigor hasta principios del siglo XIX, mucho más conforme, además, con el peso de Europa y América en la población mundial.

Dicho de otro modo el adelanto de Europa y América en el curso de la revolución industrial les ha permitido durante largo tiempo pesar entre dos y tres veces más, en su producción, que su propio peso en la población.

La primera visión de divergencia parece fue de bloques continentales respecto de otros bloques continentales, pero ahora el fenómeno aparece entre bloques regionales.

Según datos del reparto del PIB mundial en 2012 Europa, poblada por 740 millones de habitantes, de los cuales alrededor de 540 son de la Unión Europea el PIB por habitantes de los cuales sobrepasa los 27.000 euros, y 200 millones del bloque Rusia / Ucrania cuyo PIB es de alrededor de 15.000 euros, apenas un 50 % sobre la media mundial.

América está igualmente dividida en dos conjuntos bien diferenciados, de una parte USA con Canadá y de otra el resto de países Latinoamericanos.

Piketty

 

 

Como se ve y por resumir, la desigualdad mundial va de un PIB per cápita (PIB = gross domestic product = GDP) de 150 euros por mes a 3.000 euros por mes y aunque las cifras que da Piketty reconoce que podrían ser corregidas por la variación en la paridad de las monedas, lo que conlleva grandes de diferencias en el poder de adquisición, no quita el hecho de la desigualdad regional en el reparto del capital ni el otro claramente visto, al verlo, actualmente, regionalmente, en lugar de continentalmente, que la parte de los países ricos disminuye regularmente desde los años 1970-1980.

Afirma que sea cual sea la medida utilizada, el mundo parece que ha entrado claramente en una fase de convergencia entre los países ricos y pobres.

¿Quiere decir esto que los problemas se van a resolver solos? ¿Quizás con la globalización? Ciertamente parece que algunos de los problemas se han acentuado, por lo que será conveniente continuar haciendo una reflexión siguiendo a Piketty.

[1] Primera ley fundamental del capitalismo: en notación matemática a = r x b, en donde a son los ingresos de capital dentro de los ingresos nacionales, r  es la tasa de rendimiento medio del capital, y recordemos que b = capital / ingresos 

 

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