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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXI. El incremento constante de la gran brecha entre ricos y pobres

XXI.- El incremento constante de la gran brecha entre ricos y pobres

19.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Contestando la pregunta final del artículo anterior hay que decir que las estructuras de las desigualdades respecto del trabajo y del capital no se han transformado mucho, y entiendo que Piketty con su obra trata de concienciarnos de las grandes diferencias que hay en el reparto del capital y las riquezas, de la gran brecha entre ricos y pobres, la cual se va a ensanchar si no se remedia.

Su propuesta no es que venga “la repartidora”, es decir un comunismo que ya ha quedado demostrado que es incapaz de estimular a los ciudadanos a la cultura del esfuerzo con su correspondiente recompensa; más bien al contrario, estimulaba al mínimo trabajo, puesto que todos iban a tener, supuestamente, cubiertas las necesidades.

Es obvio que el estímulo que viene de ganar lo mismo que otro que trabaja menos, no lleva a exigir que el que trabaje menos cambie y haga trabajo duro (salvo un estado dictatorial, policial y delator, y aun en estados de este tipo, tampoco tuvieron éxito), sino al contrario a trabajar igual que el peor. En un estado comunista el dechado está, no en el que más trabaja, sino en el espabilado que tiene sus necesidades cubiertas con el mínimo esfuerzo, o en conseguir pertenecer a la élite política que domina a los demás, los cuales sí llegan a tener algunos privilegios.

Dando por entendido el fracaso estrepitoso del experimento comunista, ciertamente tampoco podemos pensar que el sistema capitalista ha resuelto toda la problemática de una justa distribución de los medios económicos que permitan asegurar poder llevar una vida digna y cubrir los propósitos y proyectos de la misma. ¡Cuántos y cuántos derechos se hallan en las Constituciones de los Estados, los cuales no pueden exigirse ante los tribunales! Esos derechos, más bien, son ideas programáticas que inspiran la acción política, pero que pasan los años y no se convierten en realidades para todos: ni el trabajo para todo el que quiera trabajar, ni la vivienda digna. Alguien se preguntará por qué llamamos derecho a algo que no puede exigirse ante los Tribunales: yo también, pero nadie me discutirá que queda bien en la Constitución.

Pero queríamos llegar a comentar cuál es la idea de Piketty para resolver los problemas del injusto reparto (más bien, acumulación) del capital y las riquezas.

Piketty entiende que algo que llevaría en dirección a una solución del problema sería una tributación suficientemente importante sobre las rentas del capital y sobre la acumulación del mismo. Esto no quitaría el estímulo a generar actividad económica que permita acumulación del capital excedentario, pero rebajaría la rentabilidad final del mismo, por los impuestos sobre el capital que se redistribuirían en los presupuestos del Estado.

Por supuesto, estas ideas, si no se llevaran a la práctica por la mayoría de los estados conduciría a movimientos de capitales y deslocalización de inversiones hacia lugares donde la tributación fuera más leve, como ya sucede en la actualidad.

Habría que empezar a probar la idea. Lo que sí es cierto y nos lo demuestra Piketty con un estudio concienzudo de las estadísticas, cuentas de los estados, datos de las declaraciones y de la recaudación de los impuestos sobre la renta de las personas físicas y de las jurídicas (entidades mercantiles), es que el capital, si no se adoptan medidas oportunas, tiende y continuará tendiendo de modo imparable a su acumulación, haciendo del mundo un lugar en dónde un porcentaje de población cada vez más pequeño poseerá un porcentaje de capital y riquezas cada vez grande, y donde, al revés, un porcentaje cada vez más grande población poseerá un porcentaje de capital y riquezas cada vez más pequeño.

En el artículo anterior dijimos que el crecimiento moderno, según resume Piketty, que se ha fundamentado sobre el crecimiento de la productividad y la difusión de los conocimientos, ha permitido evitar el apocalipsis marxista y equilibrar el proceso de acumulación de capital. Pero este crecimiento no ha modificado, en modo alguno, las estructuras profundas del capital y, todavía menos, no ha podido reducir su importancia macroeconómica comparada relativamente con el trabajo.

Hace falta ahora estudiar si respecto de las desigualdades en el reparto de los ingresos y de los patrimonios ocurrirá de igual modo. Es decir, ¿en qué medida las estructuras de las desigualdades respecto del trabajo y del capital se han transformado verdaderamente desde el siglo XIX? Vamos a ello.

Hemos dicho en alguna ocasión anterior que cada vez, la rentabilidad marginal del capital se reducirá. Afirmación que es una cosa lógica, pero lo importante de la misma es que se basa en el hecho de que Piketty no habla intuitivamente sino en base a las evoluciones estadísticas históricas observadas. Y dice que esto es así, que la elasticidad de la sustitución capital-trabajo es superior a uno, porque parece que todavía es posible encontrar cosas útiles y nuevas que hacer con el capital, nuevas formas de construir o equipar las viviendas, por ejemplo, o equipos robóticos, electrónicos, cada vez más sofisticados que interesarán al consumidor.

Reconoce que es muy difícil de prever hasta qué punto la elasticidad de sustitución capital-trabajo será superior a uno, pero sobre la base de datos históricos, estima Piketty que se alcanzará una elasticidad comprendida entre 1,3 y 1,6.

Si esto es así continuará habiendo y ensanchándose la brecha y las desigualdades. Por lo tanto habría que revisar algunos datos que pudieran mostrarnos la estructura de las desigualdades, es decir las desigualdades y la concentración. Y hay desigualdades en el reparto de los ingresos por el trabajo, así como también las hay respecto tanto de la posesión de riquezas y capital como de los rendimientos que se obtienen por las unidades de capital. De hecho, según Piketty, el capital está más desigualmente repartido que el trabajo (o que la retribución del trabajo).

La tabla 7.3 nos da una idea global de las desigualdades en las que podemos meditar y con la reflexión de la lectura de la tabla dejamos vagar nuestra mente en las consecuencias sociales  que estas desigualdades tienen, en las que profundizaremos en una próxima ocasión.

La desigualdad total de los ingresos (trabajo y capital) en el tiempo y el espacio

2015.04.19 Piketty T7.3

Lectura: en las sociedades en las que la desigualdad total de los ingresos y del trabajo es relativamente débil (como los países escandinavos en los años 1970-1980), los 10 % más ricos, detentan en torno al 20 % de los ingresos totales, y los 50 % más pobres entorno el 30 %. El coeficiente de Gini que le corresponde (indicador sintético de desigualdad) es el 0,26.

Traducción:

Parte de los diferente grupos en el total de los ingresos; Desigualdad débil (=países escandinavos, años 1970-1980); Desigualdad media (=Europa 2010); Desigualdad fuerte (=Estados Unidos 2010, Europa 1910); Desigualdad muy fuerte (=Estados Unidos 2030?)

Los 10 % más ricos “clases superiores”

De los que: el 1 % más ricos (“Clases dominantes”)

De los que: el 9 % siguientes (“clases altas”)

Los 40 % de en medio “clases medias”

Los 50 % más pobres “clases populares”

Coeficiente de Gini correspondiente (indicador sintético de desigualdad)

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XX. El capital humano y Marx con su apocalipsis

XX.- El capital humano y Marx con su apocalipsis

12.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Según una visión relativamente extendida, el proceso de desarrollo y crecimiento económico se caracterizaría por el hecho de que las cualificaciones, el know-how y el trabajo humano, llegarían a ser cada vez más importantes en el curso del tiempo en el seno del proceso de producción. Y aunque esta hipótesis no sea totalmente exacta, una explicación razonable de ella es que la tecnología se ha transformado de tal modo que el factor trabajo cada vez juega un papel más importante.

De hecho, con esta hipótesis se puede interpretar la disminución de la parte del capital según el cuadro:

 

Factores de producción Años 1800-1810 Años 2000-2010
Parte del capital               35-40 %            25-30%
Parte del trabajo               60-65 %            70-75 %

 

La parte del trabajo ha aumentado porque el trabajo ha llegado a ser más importante en el proceso de producción y ha sido el aumento del trabajo lo que ha permitido reducir la parte del capital rústico, inmobiliario y financiero.

Si la interpretación es correcta, es un cambio verdaderamente significativo. No obstante esto ha sucedido con idas y venidas y sin estar seguros de lo que nos deparará el futuro. Piketty indica que la enseñanza más importante, en estos momentos, es que la tecnología moderna utiliza siempre mucho capital y dado que la elasticidad de sustitución capital-trabajo parece ser superior a uno a largo plazo, no existe razón natural alguna para que la parte del capital disminuya a muy largo plazo, incluso si la tecnología se transforma en un sentido más favorable al trabajo. Ha aumentado los niveles de cualificación, pero el stock de capital inmobiliario, industrial y financiero ha progresado igualmente, y no parece que de una civilización fundamentada en el capital, la herencia y la filiación, vayamos a pasar a otra fundada sobre el capital humano y el mérito.

Para Marx los capitalistas acumulan cantidades de capital cada vez más importantes, lo que finalmente conduce a una baja inexorable y tendencial de la tasa de rendimiento del capital. Pero Marx, se lo imagina. No utiliza ningún modelo matemático, por lo que no sabemos, salvo la interpretación de cada uno, lo que quería decir. A este respecto Piketty señala que una forma lógica y coherente de interpretar el propósito de las palabras de Marx, es considerar la ley dinámica B = s/g, (es decir, B = ahorro / crecimiento, en término de % de los ingresos nacionales), y considerar que él quería decir que la tasa de crecimiento llegaría a ser = 0 o próxima a cero. Pues bien, si la tasa de crecimiento es cero o próxima a cero, la relación capital/ingresos tiende a infinito y si esto es así, el rendimiento del capital “r” debe necesariamente reducirse, cada vez más, de modo que el rendimiento del capital “r” debe acercarse próxima e infinitamente a cero, de lo contrario la parte del capital a = r x B acabaría con devorar la totalidad de los ingresos nacionales.

La contradicción dinámica señalada por Marx corresponde a una verdadera dificultad, de la que la única salida lógica es la del crecimiento estructural,  la cual permite equilibrar hasta cierto grado el proceso de acumulación del capital. En efecto, es el crecimiento permanente de la productividad y de la población lo que permite equilibrar la adición permanente de nuevas unidades de capital, como lo expresa la ley B = s/g, de lo contrario los capitalistas están cavando su propia tumba.

Parece, pues, que Marx tenía estas ideas, pero el problema es que Marx sólo se basaba en lo que leía de los informes parlamentarios británicos de los años 1820-1860 y algunas estadísticas que mostraban el muy rápido crecimiento de los beneficios industriales en el Reino Unido y a pesar de todas sus importantes intuiciones, Marx no usa y sólo se aproxima, relativa y poco sistemáticamente, a las estadísticas disponibles; Marx pasa totalmente de la contabilidad nacional, no profundiza en datos más contrastados o más fiables que su intuición, que en realidad fue una imaginación interpretativa de los hechos que veía en su época, que explicaba, a su manera, pero que no llegó a estudiar profundamente ni científicamente.

Dada la situación actual parece que vamos directos al retorno del capital en régimen de crecimiento débil. Así es, puesto que el retorno a un régimen histórico de crecimiento débil, y en particular de crecimiento demográfico nulo, conduce lógicamente al retorno del capital. Esta tendencia hacia la reconstitución de stocks de capital muy elevados en las sociedades de crecimiento débil está expresada por la ley B = s/g y se puede resumir así: en las sociedades estancadas, los patrimonios que vienen del pasado toman naturalmente una importancia considerable.

Si la tasa de ahorro se mantiene en torno al 10% y si la tasa de crecimiento se estabiliza en torno al 1,5% a muy largo plazo, en ese caso el stock mundial de capital alcanzará lógicamente el equivalente de seis-siete años de ingresos. Y si el crecimiento se reduce a 1%, entonces el stock de capital podría alcanzar el equivalente a diez años de ingresos.

Todo esto nos hace pensar en que la marcha adelante, hacia la racionalidad económica y tecnológica, no implica, necesariamente, una marcha adelante hacia la racionalidad democrática y meritocrática. La razón es pura y simplemente que: la tecnología, lo mismo que el mercado, no conoce ni límite ni moral. Ciertamente la evolución tecnológica ha envuelto necesidades cada vez más importantes en cualificaciones y competencias humanas (de trabajo humano), pero también ha aumentado las necesidades de edificios, viviendas, oficinas, equipos de todo tipo, patentes –todo lo cual es capital no humano- que ha progresado casi tan rápido como la producción y los ingresos nacionales. Además la masa de ingresos que remunera estas diferentes formas de capital ha progresado casi tan rápido como la masa de los ingresos del trabajo.

El crecimiento moderno, resume Piketty, que se ha fundado sobre el crecimiento de la productividad y la difusión de los conocimientos ha permitido evitar el apocalipsis marxista y equilibrar el proceso de acumulación de capital. Pero este crecimiento no ha modificado, en modo alguno, las estructuras profundas del capital y, todavía menos, no ha podido reducir su importancia macroeconómica comparada relativamente con el trabajo.

Hace falta ahora estudiar si respecto de las desigualdades en el reparto de los ingresos y de los patrimonios ocurrirá de igual modo. Es decir, ¿en qué medida las estructuras de las desigualdades respecto del trabajo y del capital se han transformado verdaderamente desde el siglo XIX?

Es cosa que veremos en próximos artículos.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XIX. La sustitución capital-trabajo

XIX.- La sustitución capital-trabajo

05.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En nuestro discurso mental es necesario que precisemos algunos puntos, pues no es lo mismo hablar del rendimiento del capital inmobiliario que de otro tipo de capital nominal, hablamos de activos reales y de activos nominales. El capital en dinero, es un capital cuyo valor (nominal) no varía por la inflación, pues cuando uno ingresa 10.000 euros en una cuenta corriente, una libreta de ahorros u otra inversión a plazo, por ejemplo, los 10.000 euros no valen lo mismo 10 años después; su valor depende de la tasa de inflación. Quizás uno pueda comprar la mitad de cosas diez años después, por lo que el valor de los 10.000 euros hay que dividirlo entre 2, lo que conlleva un rendimiento negativo de – 50 % en diez años, que puede o no ser compensado por los intereses obtenidos en el curso de dicho periodo.

Obviamente esto es totalmente diferente para los activos reales, pues el precio de los bienes inmobiliarios, lo mismo que los precios de las acciones o participaciones de las empresas o de las inversiones en productos financieros y fondos de inversión cuyo objeto es invertir en los mercados en la Bolsa, progresan generalmente, al menos, tan rápido como el índice de precios al consumo.

Esto no significa negar los efectos reales de la inflación sobre los patrimonios, sus rendimientos y su reparto, pues aunque hemos visto que la inflación jugó un papel central para reducir las deudas de los países ricos poco después de las guerras del siglo XX, no debemos olvidar que si la inflación se prolonga en el tiempo a niveles elevados, los unos y los otros buscan protegerse invirtiendo en activos reales. No obstante todo deja pensar que los patrimonios más importantes son los que se han indexado mejor y los más diversificados a largo plazo, y que los patrimonios modestos que se concentran en cuentas corrientes y en libretas de ahorro, son los más perjudicados siempre.

En una situación ideal de concurrencia pura y perfecta (lo que nunca se da) del mercado de capital y del mercado del trabajo, la tasa del rendimiento del capital debería ser exactamente igual a la “productividad marginal” del capital, es decir, a la contribución de una unidad de capital suplementaria al proceso de producción considerado. En modelos de cálculo más realistas, aunque mucho más complejos, la tasa de rendimiento del capital depende igualmente del poder de negociación y de las relaciones de fuerza entre los unos y los otros, y puede ser más elevada o más baja que la productividad marginal del capital.

Pero no hay que olvidar que la tasa de rendimiento del capital queda determinada, especialmente, por las fuerzas de la tecnología (pues, como pregunta Piketty, ¿a quién sirve el capital, si no?) y por la abundancia del stock de capital (ya sabéis, demasiado capital, mata el capital).

Aunque teóricamente se puede imaginar una sociedad en la que la relación B = capital/ingresos sea nula y dónde, en su caso, la parte del capital en los ingresos nacionales a = r x B sería también nula, ciertamente en todas las civilizaciones han desarrollado un estado de cosas totalmente distinto, pues el capital ha tenido su función importante. Esto ha sido ha sido porque el capital ha cumplido dos papeles económicos muy importante: de una parte para alojarse, es decir, para producir servicios para alojarse, cuyo valor se ha calculado por el valor del arrendamiento de las viviendas; y de otra parte como factor de producción para producir otros bienes y servicios, como tierras agrícolas, útiles, edificios, máquinas e, incluso, para comprar (invertir en) las semillas a utilizar para sembrar y conseguir la próxima cosecha.

Un mercado de capitales al que se le puede denominar “perfecto” sería el que permitiera a cada unidad de capital ir a invertirse en el mejor uso posible y obtener la productividad marginal máxima disponible en la economía y, en lo posible, en el marco de una cartera de inversión perfectamente diversificada (de modo que se beneficie sin ningún riesgo del rendimiento medio de la economía) y, todo ello, con los costes de intermediación mínimos. Pero, en la práctica, las instituciones financieras y los mercados de las Bolsas, están generalmente muy alejados de este ideal de perfección y se caracterizan por una inestabilidad crónica, olas especulativas y burbujas que se repiten.

Pero a pesar de ello tenemos que reconocer que las instituciones y sistemas de intermediación financiera han jugado un papel central e irremplazable en la historia del desarrollo económico.

La noción de productividad marginal está ligada íntimamente a la cuestión de saber si está justificado y es útil para la sociedad que los poseedores del capital reciban esta productividad marginal como remuneración de su título de propiedad (y de sus ahorros pasados, o bien de los de sus ancestros) sin que ningún nuevo trabajo sea aportado. Esta es una cuestión central sobre la que habría que insistir, pero que ahora, en nuestra economía libre de mercado no se discute.

Independientemente de cuales sean las instituciones o las reglas que organicen la participación capital-trabajo, es lógico y fácil, entender que la productividad marginal del capital disminuye a medida que el stock de capital aumenta. En particular la cuestión central es determinar con qué amplitud el rendimiento medio del capital “r” (suponiendo que sea igual a la productividad marginal del capital) disminuye cuando la relación Capital/Ingresos, es decir B, aumenta.

Se pueden producir dos casos. Si el rendimiento del capital “r” baja más que proporcionalmente cuando la relación capital/ingresos B aumenta, esto significa que la parte de los ingresos del capital en los ingresos nacionales a=r x B disminuye cuando B aumenta. Dicho de otro modo, la disminución del rendimiento del capital hace más que compensar el aumento de la relación capital/ingresos. A la inversa, si el rendimiento “r” cae menos que proporcionalmente cuando la relación aumenta, esto significa que la parte del capital a = r x B aumenta cuando B aumenta. En este caso el movimiento del rendimiento tiene simplemente por efecto amortiguar y moderar la evolución de la parte del capital por comparación a la de la relación capital/ingresos. De los datos que usa Piketty parece ser que es este segundo caso el que ha ocurrido: la parte del capital “a” ha seguido la misma evolución general en forma de curva de “u” que la relación capital/ingresos B.

El título de este articulo habla de la sustitución capital-trabajo que es una “función de producción”, es decir, una formulación matemática que permite resumir de modo sintético el estado de las tecnologías posibles en una sociedad dada, y una función de producción se caracteriza especialmente por una elasticidad de sustitución entre capital y trabajo, concepto que mide la facilidad con la cual es posible sustituir o reemplazar el trabajo por el capital, para producir bienes y servicios solicitados.

Cuando la elasticidad de sustitución es nula, corresponde a una función de producción a coeficientes totalmente fijos. Pero por lo que nos interesa a nosotros es si la elasticidad de sustitución entre trabajo y capital es inferior o superior a uno, porque si la elasticidad está comprendida entre cero y uno, un aumento de la relación capital/ingresos B conduce a una baja tan fuerte de la productividad marginal del capital que la parte del capital en los ingresos disminuye, es decir a = r x B (suponiendo que el tipo de rendimiento del capital sea determinada por su productividad marginal). Si, por el contrario, la elasticidad es superior a uno, un aumento de la relación capital/ingresos B conduce, al contrario, a una baja limitada de la productividad marginal del capital, tanto que si la parte del capital a= r x B aumenta (suponiendo siempre una igualdad entre rendimiento del capital y productividad marginal). En el caso de una elasticidad exactamente igual a uno, los dos efectos se compensan perfectamente: el rendimiento del capital “r” baja en las mismas proporciones que la relación capital/ingresos B, tan bien, que el producto a= r x B queda sin cambio alguno.

Entonces ¿cuál será la sustitución capital-trabajo en el siglo XXI? Piketty indica que dicha elasticidad será superior a uno y aunque reconoce que es muy difícil de prever hasta qué punto la elasticidad de sustitución capital-trabajo será superior a uno, sobre la base de datos históricos, se puede estimar una elasticidad comprendida entre 1,3 y 1,6.

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