El futuro de la economía

EL FUTURO DE LA ECONOMÍA

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

27.09.2015

 

En España, el año 2013 los ingresos medios anuales declarados por los asalariados fueron de 9.012 euros, por los autónomos de 18.787€ y hubo 533.083 contribuyentes que declararon entre 60.000 y 150.000€; por su parte 58.571 contribuyentes declararon entre 150.000 y 600.000 euros anuales y finalmente 4.553 declararon que percibían rentas superiores a 600.000 euros anuales.

 

Efectivamente el IRPF se ha quedado sin ricos, o mejor dicho, sin que los que, siéndolo, ya no se declaran como ricos, debido a que usan ingeniería fiscal que les permite una mejor eficiencia en la disminución de la tributación. A mayor crisis y pobreza, a mayor necesidad de ingresos tributarios, más pocos tributan más. ¿Acaso será que también la crisis les ha afectado? Aunque según los datos parece que es lo contrario, que los ricos cada vez son más ricos y la brecha con los pobres y con la clase media se hace, cada vez, más amplia. Un menor porcentaje de población cada vez posee un mayor porcentaje de la riqueza total.

 

Ciertamente que corrupción, guerras y crisis migratoria no dejan tranquilos a gobernantes y a instituciones tener tiempo para dedicarlo a la resolución de la absolutamente injusta distribución de la riqueza. Pero, ¿creen ustedes que habrá algún momento adecuado para estudiar, debatir y consensuar una política de mejor distribución de la riqueza?

 

Parece que pocos han leído a Piketty y los que lo han hecho se han olvidado de sus propuestas que recordemos que son:

 

Un impuesto sobre los ingresos mucho más progresivo, más tramos altos y con tipos más elevados, especialmente los marginales.

Ello implica más redistribución y más progresividad fiscal, y no es una cuestión técnica sino eminentemente política y filosófica, sin duda, la primera entre todas. El objetivo es repensar la tasa marginal superior del impuesto progresivo sobre los ingresos, de modo que sea más progresivo, tasa o tipo marginal, que según Piketty debería ser superior al 80 % en los países desarrollados, para ser aplicado a las rentas observadas a nivel del 1 % o del 0,5 % de las personas con ingresos más elevados. Es decir, aplicado a niveles de 500.000 dólares o 1 millón de dólares de remuneración anual. Aunque con poca recaudación, cumpliría su objetivo de limitar drásticamente las remuneraciones tan elevadas. También habría que aplicar, según Piketty, tipos del orden del 50 – 60 % en remuneración por encima de 200.000 dólares anuales.

 

Un impuesto progresivo mundial sobre el capital.

Para que la democracia pueda retomar el control del capitalismo financiero globalizado de este nuevo siglo, hace falta inventar una herramienta: ésta. Y aun reconociendo que hoy todavía es una utopía, es bueno tenerla  en mente a fin de evaluar mejor lo que permiten o no otras soluciones alternativas, por lo que es necesario profundizar a nivel mundial en la transparencia financiera, y la transmisión de información es inseparable de la reflexión sobre el impuesto ideal sobre el capital.

Para fijar ideas sobre las que debatir, Piketty sugiere varios baremos:

  • Una tasa del 0% para patrimonios inferiores a 1 millón de euros; 1% entre 1 y 5 millones; y el 2% para patrimonios superiores a 5 millones de euros.
  • O mucho más progresivo, con el 5 o del 10 % para fortunas más allá de 1.000 millones de euros.
  • O se pueden encontrar ventajas de tener una tasa mínima sobre los patrimonios modestos y medios, por ejemplo del 0,1 % por debajo de 200.000 euros y el 0,5 % entre 200.000 y 1.000.000 de euros.

 

La deuda pública.

Algunos países desarrollados tienen deudas públicas muy elevadas, las cuales es conveniente reducir, y no hay modo de hacerlo más allá de implementar políticas que combinen sabiamente la inflación, la austeridad y el impuesto sobre el capital. En efecto un impuesto excepcional sobre el capital junto con la inflación pueden jugar un papel útil; de hecho, ha sido de este último modo como se han reabsorbido la mayor parte de las deudas públicas más importantes. En cambio, una cura prolongada de austeridad es para Piketty, tanto en términos de justicia como de eficacia la peor solución. Entonces, ¿qué hacer para reducir la deuda pública a cero? El impuesto extraordinario sobre el capital privado es la solución más justa y más eficaz, según Piketty. Un impuesto proporcional del 15 % sobre todos los patrimonios privados aportaría casi un año de ingresos nacionales (o PIB) y permitiría el reembolso inmediato de todas las deudas públicas, y el Estado quedaría con todos sus activos pero con una deuda cero. Cada uno contribuye al esfuerzo solicitado y se evitan las quiebras bancarias. Además no es necesario reducir la deuda pública totalmente de golpe, sino en sucesivas ocasiones.

Pero también la inflación podría tener su papel. Una inflación del 5 % anual (en lugar del 2 % de meta actual) en 5 años reduciría el valor de la deuda pública en un 15 % del PIB. Esta es una solución tentadora que ha sido usada a lo largo de la historia. No obstante, la inflación no es más que un sustitutivo muy imperfecto del impuesto progresivo sobre el capital y puede comportar un cierto número de efectos secundarioz poco atractivos, entre ellos, el descontrol de la tasa, es decir que la inflación se “embale”.

 

Es necesario debate supranacional.

No parece que a las instituciones financieras supranacionales les hayan hecho mucho efecto las conclusiones de Piketty, ni han planteado debate alguno sobre ello. Esto de dar la callada por respuesta, no es ni científico, ni profesional, ni transparente. Hace falta debate.

No se ha debatido ni sobre las ideas de Piketty ni sobre las ideas de Jeremy Rifkin con sus estudios sobre la sociedad de coste marginal cero, el Internet de las cosas (IdC), el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo tal como lo conocemos. De nuevo hace falta debate. Pero los políticos, probablemente, ni se enteran de las nuevas ideas de la ciencia económica, o no son competentes para debatirlas. No se trata de escoger entre Keynes y Hayek, sino de usar de los medios que las nuevas tecnologías nos permiten con su mercado mundial y con los actuales prosumidores.

 

He usado dos términos procomún y prosumidores que quizás no tengan un uso demasiado extendido, por lo que hace falta aclararlos. Rifkin nos explica que la convergencia del Internet de las comunicaciones, el Internet de la energía y el Internet de la logística ha dado lugar al Internet de las cosas, el IdC, un espacio en el que la productividad se incrementa hasta tal punto que el coste marginal de producción de muchos bienes y servicios es prácticamente nulo, permitiendo que se puedan ofrecer de manera casi gratuita y que dejen de estar sometidos a las fuerzas del mercado. Esto está dando lugar a una economía híbrida, casi de intercambio, en la que millones de prosumidores producen y consumen conectados a Internet compartiendo su información, su esparcimiento, su energía limpia y sus productos impresos en 3D con un coste marginal casi nulo. Casi todo es para todos a un mínimo coste, como con en el sistema económico de procomún de la antigüedad. Pero tenemos que hablar más de estas cosas.

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXII. Desigualdades y concentración

XXII.- Desigualdades y concentración

26.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

En nuestro artículo anterior finalizamos con una tabla que daba la desigualdad total (conjunta) de los ingresos (trabajo y capital) en el tiempo y el espacio que, probablemente sorprendería a muchos. Más sorprenderá conocer la distribución de dichas desigualdades entre cada una de sus componentes: la desigualdad de los ingresos del trabajo y la desigualdad de la propiedad del capital.

Para que entendamos la comparación, si se tratara de una igualdad perfecta, cada grupo percentil tendría que recibir el equivalente a su parte en la población, es decir, en cuanto a la retribución del trabajo, los 10 % que ahora son los mejor pagados, deberían recibir exactamente el 10 % de los ingresos, cuando según la columna de la tabla 7.1 “desigualdad media” correspondiente a Europa de los años 2010 perciben el 25 %; y los 50 % que ahora son los peor pagados, deberían recibir el 50 %, cuando en la realidad perciben el 30 %. Lo mismo se podría decir de la tabla 7.2 respecto a la propiedad del capital, aunque aquí el 10 % más rico, en la Europa del año 2010 posee el 60 % y el 50 % más pobre sólo posee el 5 % del capital.

A la vista de esto podemos imaginar en qué dirección va a ir la acumulación. Pero veamos las tablas y reflexionemos sobre ellas pensando en términos de lucha entre percentiles, en lugar de lucha de clases, y en la extrema desigualdad que existe en la propiedad del capital; hechos éstos que el velo púdico de las publicaciones oficiales, como las de la OCDE no puede evitar que descubramos. Piketty dice que las relaciones inter-deciles o ratios, como el ratio P90/P10, que usa la OCDE, es la relación de suelo de ingresos correspondiente al 90º percentil de la distribución y el suelo correspondiente al 10º percentil, de modo que si hace falta pasar de 5000 euros mensuales para formar parte del grupo de los 10 % más ricos y estar debajo del suelo de 1000 euros mensuales para entrar en el grupo del 10 % más pobre, entonces se dirá que la relación inter-decil P90/P10 es igual a 5 que, aunque pueda ser útil, olvida totalmente tener en cuenta la parte del total que se lleva cada uno de los deciles.

2015.04.26 Piketty T 7.1

Traducción: Tabla 7.1 La desigualdad total de los ingresos del trabajo en el tiempo y el espacio

Parte de los diferentes grupos en el total de los ingresos del trabajo; Desigualdad débil (=países escandinavos, años 1970-180); Desigualdad media (=Europa 2010); desigualdad fuerte (=Estados Unidos 2010); desigualdad muy fuerte (=Estados Unidos 2030?)

Los 10 % más ricos “clases superiores”

De los cuales: el 1 % más rico (“clases dominantes”)

De los cuales: el 9 % siguiente (“clases acomodadas”)

El 40 % del medio “clases medias”

El 50 % más pobre “clases populares”

Coeficiente de Gini correspondiente (indicador sintético de desigualdad)

Lectura: en las sociedades en las que la desigualdad de los ingresos del trabajo es relativamente débil (como los países escandinavos en los años 1970-1980), el 10 % mejor pagado reciben en torno al 20 % de los ingresos del trabajo, el 50 % menos bien pagado entorno al 35 %, y el 40 % del medio en torno al 45 %: El coeficiente de Gini correspondiente (indicador sintético de desigualdad que va del 0 a 1) es de 0,19. Ver anexo técnico.

2015.04.26 Piketty T 7.2

Traducción: Tabla 7.2 La desigualdad de la propiedad del capital en el tiempo y el espacio

Parte de los diferentes grupos en el total de los ingresos del trabajo; Desigualdad débil (jamás observada; sociedad ideal?); Desigualdad media (=países escandinavos años 1970-1980); Desigualdad media-fuerte Europa 2010); desigualdad fuerte (=Estados Unidos 2010); desigualdad muy fuerte (=Europa 1910?)

Los 10 % más ricos “clases superiores”

De los cuales: el 1 % más rico (“clases dominantes”)

De los cuales: el 9 % siguiente (“clases acomodadas”)

El 40 % del medio “clases medias”

El 50 % más pobre “clases populares”

Coeficiente de Gini correspondiente (indicador sintético de desigualdad)

Lectura:

En las sociedades caracterizadas por una desigualdad “media” de la propiedad del capital (como los países escandinavos en los años 1970-1980), el 10 % más rico en patrimonio detentan en torno al 50 % de los patrimonios, el 50 % menos ricos en torno al 10 % y el 40 % del medio en torno al 40 %. El coeficiente de Gini correspondiente es de 0,58. Ver anexo técnico.

A la vista de estos datos se ve que las desigualdades frente al trabajo son desigualdades muy importantes, pero las desigualdades respecto al capital son desigualdades extremas. En efecto hay dos mundos, en estas dos tablas.

La cuestión central aquí está en la justificación de las desigualdades, más bien que en la amplitud de las mismas: Un mundo de rentistas no separado y cada vez más mezclado con el de los cuadros dirigentes, y el resto de la humanidad.

¿Acaso el alza de las desigualdades, la explosión de las desigualdades, especialmente americanas, desde los años 1970-1980 es una parte de las causas de la crisis financiera y económica presente todavía? Piketty contesta que no tiene ninguna duda que el alza de las desigualdades ha tenido como consecuencia fragilizar el sistema financiero mediante la casi estagnación del poder adquisitivo de las clases populares y medias, lo que no hizo más que incrementar la tendencia a un endeudamiento creciente de las familias modestas.

Apoya su punto de vista en la amplitud de las transferencias de ingresos nacionales (en el caso americano) del orden de 15 puntos de ingresos nacionales, que ha tenido lugar entre el 90 % más pobre y el 10 % más rico desde los años 1970.

Además la subida de los súper salarios, especialmente para los cuadros dirigentes, en forma de bonus, primas y el ejercicio de las stock-options ha jugado un papel muy importante en el incremento de las desigualdades salariales.

Volveremos de nuevo a las desigualdades de los ingresos del trabajo pero adelantaremos en el conocimiento de las desigualdades de la propiedad del capital, lo que, en definitiva, es como hablar del mérito y de la herencia, que tiene efecto a largo plazo. Son éstos principios básicos de la democracia y de la economía, en el entorno en que nos movemos.

 

 

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXI. El incremento constante de la gran brecha entre ricos y pobres

XXI.- El incremento constante de la gran brecha entre ricos y pobres

19.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Contestando la pregunta final del artículo anterior hay que decir que las estructuras de las desigualdades respecto del trabajo y del capital no se han transformado mucho, y entiendo que Piketty con su obra trata de concienciarnos de las grandes diferencias que hay en el reparto del capital y las riquezas, de la gran brecha entre ricos y pobres, la cual se va a ensanchar si no se remedia.

Su propuesta no es que venga “la repartidora”, es decir un comunismo que ya ha quedado demostrado que es incapaz de estimular a los ciudadanos a la cultura del esfuerzo con su correspondiente recompensa; más bien al contrario, estimulaba al mínimo trabajo, puesto que todos iban a tener, supuestamente, cubiertas las necesidades.

Es obvio que el estímulo que viene de ganar lo mismo que otro que trabaja menos, no lleva a exigir que el que trabaje menos cambie y haga trabajo duro (salvo un estado dictatorial, policial y delator, y aun en estados de este tipo, tampoco tuvieron éxito), sino al contrario a trabajar igual que el peor. En un estado comunista el dechado está, no en el que más trabaja, sino en el espabilado que tiene sus necesidades cubiertas con el mínimo esfuerzo, o en conseguir pertenecer a la élite política que domina a los demás, los cuales sí llegan a tener algunos privilegios.

Dando por entendido el fracaso estrepitoso del experimento comunista, ciertamente tampoco podemos pensar que el sistema capitalista ha resuelto toda la problemática de una justa distribución de los medios económicos que permitan asegurar poder llevar una vida digna y cubrir los propósitos y proyectos de la misma. ¡Cuántos y cuántos derechos se hallan en las Constituciones de los Estados, los cuales no pueden exigirse ante los tribunales! Esos derechos, más bien, son ideas programáticas que inspiran la acción política, pero que pasan los años y no se convierten en realidades para todos: ni el trabajo para todo el que quiera trabajar, ni la vivienda digna. Alguien se preguntará por qué llamamos derecho a algo que no puede exigirse ante los Tribunales: yo también, pero nadie me discutirá que queda bien en la Constitución.

Pero queríamos llegar a comentar cuál es la idea de Piketty para resolver los problemas del injusto reparto (más bien, acumulación) del capital y las riquezas.

Piketty entiende que algo que llevaría en dirección a una solución del problema sería una tributación suficientemente importante sobre las rentas del capital y sobre la acumulación del mismo. Esto no quitaría el estímulo a generar actividad económica que permita acumulación del capital excedentario, pero rebajaría la rentabilidad final del mismo, por los impuestos sobre el capital que se redistribuirían en los presupuestos del Estado.

Por supuesto, estas ideas, si no se llevaran a la práctica por la mayoría de los estados conduciría a movimientos de capitales y deslocalización de inversiones hacia lugares donde la tributación fuera más leve, como ya sucede en la actualidad.

Habría que empezar a probar la idea. Lo que sí es cierto y nos lo demuestra Piketty con un estudio concienzudo de las estadísticas, cuentas de los estados, datos de las declaraciones y de la recaudación de los impuestos sobre la renta de las personas físicas y de las jurídicas (entidades mercantiles), es que el capital, si no se adoptan medidas oportunas, tiende y continuará tendiendo de modo imparable a su acumulación, haciendo del mundo un lugar en dónde un porcentaje de población cada vez más pequeño poseerá un porcentaje de capital y riquezas cada vez grande, y donde, al revés, un porcentaje cada vez más grande población poseerá un porcentaje de capital y riquezas cada vez más pequeño.

En el artículo anterior dijimos que el crecimiento moderno, según resume Piketty, que se ha fundamentado sobre el crecimiento de la productividad y la difusión de los conocimientos, ha permitido evitar el apocalipsis marxista y equilibrar el proceso de acumulación de capital. Pero este crecimiento no ha modificado, en modo alguno, las estructuras profundas del capital y, todavía menos, no ha podido reducir su importancia macroeconómica comparada relativamente con el trabajo.

Hace falta ahora estudiar si respecto de las desigualdades en el reparto de los ingresos y de los patrimonios ocurrirá de igual modo. Es decir, ¿en qué medida las estructuras de las desigualdades respecto del trabajo y del capital se han transformado verdaderamente desde el siglo XIX? Vamos a ello.

Hemos dicho en alguna ocasión anterior que cada vez, la rentabilidad marginal del capital se reducirá. Afirmación que es una cosa lógica, pero lo importante de la misma es que se basa en el hecho de que Piketty no habla intuitivamente sino en base a las evoluciones estadísticas históricas observadas. Y dice que esto es así, que la elasticidad de la sustitución capital-trabajo es superior a uno, porque parece que todavía es posible encontrar cosas útiles y nuevas que hacer con el capital, nuevas formas de construir o equipar las viviendas, por ejemplo, o equipos robóticos, electrónicos, cada vez más sofisticados que interesarán al consumidor.

Reconoce que es muy difícil de prever hasta qué punto la elasticidad de sustitución capital-trabajo será superior a uno, pero sobre la base de datos históricos, estima Piketty que se alcanzará una elasticidad comprendida entre 1,3 y 1,6.

Si esto es así continuará habiendo y ensanchándose la brecha y las desigualdades. Por lo tanto habría que revisar algunos datos que pudieran mostrarnos la estructura de las desigualdades, es decir las desigualdades y la concentración. Y hay desigualdades en el reparto de los ingresos por el trabajo, así como también las hay respecto tanto de la posesión de riquezas y capital como de los rendimientos que se obtienen por las unidades de capital. De hecho, según Piketty, el capital está más desigualmente repartido que el trabajo (o que la retribución del trabajo).

La tabla 7.3 nos da una idea global de las desigualdades en las que podemos meditar y con la reflexión de la lectura de la tabla dejamos vagar nuestra mente en las consecuencias sociales  que estas desigualdades tienen, en las que profundizaremos en una próxima ocasión.

La desigualdad total de los ingresos (trabajo y capital) en el tiempo y el espacio

2015.04.19 Piketty T7.3

Lectura: en las sociedades en las que la desigualdad total de los ingresos y del trabajo es relativamente débil (como los países escandinavos en los años 1970-1980), los 10 % más ricos, detentan en torno al 20 % de los ingresos totales, y los 50 % más pobres entorno el 30 %. El coeficiente de Gini que le corresponde (indicador sintético de desigualdad) es el 0,26.

Traducción:

Parte de los diferente grupos en el total de los ingresos; Desigualdad débil (=países escandinavos, años 1970-1980); Desigualdad media (=Europa 2010); Desigualdad fuerte (=Estados Unidos 2010, Europa 1910); Desigualdad muy fuerte (=Estados Unidos 2030?)

Los 10 % más ricos “clases superiores”

De los que: el 1 % más ricos (“Clases dominantes”)

De los que: el 9 % siguientes (“clases altas”)

Los 40 % de en medio “clases medias”

Los 50 % más pobres “clases populares”

Coeficiente de Gini correspondiente (indicador sintético de desigualdad)