Las oenegés, la aventura y la corrupción

Las ONGs, la aventura y la corrupción

20180909

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

El Aquarius que viene, y el Open Arms que se apunta; el trato a los migrantes del primero y el distinto trato a los migrantes del segundo. Y muchos vistiendo un chaleco rojo con un logo, con mascarilla o sin ella. ¡Qué aventura, dar de nosotros mismos en favor de los que sufren y están en riesgo! Gran satisfacción interna de cada uno de los participantes por hacer una gran labor. Los sitios web de uno y de otro. El apelar a la bondad, a la compasión, a la cooperación humanas, en definitiva, a las emociones.

Ya hace tiempo (ejemplo: 2012) que supimos (1ª persona plural del pretérito perfecto del verbo saber) la desagradable noticia de la detención de 14 personas por corrupción. Algunos responsables de ONGs, otros, asesores de éstas y una gran parte funcionarios o personas de confianza del Gobierno Valenciano que otorgaban las subvenciones en connivencia. Dinero que tendría que haber ido a cooperación internacional con países en desarrollo se quedó en el patrimonio personal de desaprensivos, más bien, ladrones. Es el caso Blasco del que hemos tenido cumplida información a lo largo de este tiempo.

Ya hace mucho tiempo que sabemos (1ª persona plural del presente de indicativo) de este tipo de problemas. Ahora con las ONGs “salvavidas” en el Mediterráneo, organizaciones que se constituyen para la actividad concreta de ir a navegar cerca de las costas de salida de las pateras, u otro tipo de embarcaciones, en las que las mafias suben a los que quieren un futuro económico mejor (también a los que huyen de guerras), a cambio de dinero o de deudas que las mafias les obligan a cumplir mediante coacción y fuerza; a las que los mafiosos comunican, o dejan que sepan, haber enviado o avistado la endeble embarcación para que vayan a salvarla. Esto es, absoluta y completa connivencia de los responsables de las ONGs o de los capitanes de los barcos, y de muchos más que, de ese modo, tienen actividad (económica) muy emotiva, con buena prensa entre los que practican el “buenismo”, porque están llevando a cabo bondad amorosa, obras de misericordia, salvando vidas.

Si lo vemos como “buenismo” erramos, pues el gobierno, o los gobiernos, o la UE, son los que tienen la competencia y responsabilidad de acudir y de realizar las acciones para impedir masacres, abusos, delitos, situaciones de riesgo, y lo deben hacer mediante Agencias oficiales. El dejar esas competencias, o parte de ellas, a la iniciativa privada da pie a la actividad económica privada con lucro o sin él, pero a vivir de ella.

¿Cómo es posible que los servicios de inteligencia del Estado no hayan alertado (si lo han hecho, peor todavía) del abuso que representa la sincronización entre esos que practican el “buenismo ONG” y las mafias que trafican con seres humanos?

Por eso, el que sí que yerra es el Estado, el Gobierno de Sánchez, apuntándose al buenismo, y la Comunidad Autónoma, el Gobierno del bi(tri)-partito, que también quiere estar en el evento, y el Gobierno de las instituciones de Europa; pues son los que tienen responsabilidad por el posible uso incorrecto o fraudulento de fondos por parte de las ONGs y de quienes los asignan, sean públicos o privados, porque la tutela de las Fundaciones y Asociaciones con fines no lucrativos compete al Estado y a las Comunidades Autónomas. A la vista está que son imprescindibles auditorías profesionales bajo este punto de vista para las ONGs, pues hay muchas posibilidades y oportunidades para los corruptos que asignan o administran fondos, de que los usen para generar, simple y llanamente, actividad económica.

Es una lástima, pero, demasiados nos engañan con las ONGs, haciéndonos creer que son altruistas, cuando lo que hacen es aprovecharse para vivir, tener un trabajo, más bien una aventura, pues eso de viajar y quedar como bueno y fotografiarse con niños o mayores en estado de necesidad, desahuciados de la vida, da mucho caché. Demasiados nos engañan también con retribuciones que perciben de las organizaciones sin ánimo de lucro para ellas, pero sí para quienes las dirigen, para quienes trabajan en ellas (porque de algo tienen que vivir), o, incluso, como el caso Blasco, directamente robando fondos.

¿En qué deja a las personas verdaderamente altruistas y a las organizaciones que de verdad se preocupan por mejorar el mundo? En muy mala situación para poder discernir, pues injusta e incorrectamente, los donantes sinceros piensan que son todos iguales.

Otra cosa, ¿quiénes son los que pedían el 0,7 % para ayuda al desarrollo? Afirmo y contesto que eran y son: los que se apuntan al carro de la publicidad del altruismo, los que quieren tener dinero para administrarlo de mejor o peor manera, los que con eso consiguen trabajo retribuido, incapaces de conseguirlo de otro modo, o, incluso, consiguen poder. Y, obviamente, también algunos honestos que se desvelan por otros, a quienes hay que agradecer su buenísima disposición.

Pero dada la situación si alguien me habla del 0,7 % para ayuda al desarrollo, lamentablemente, pensaré que quiere aprovecharse mediante la corrupción, porque las prácticas que he descrito son corrupción. ¿Entonces es que quiero decir que no hay que ayudar a los desfavorecidos? Ciertamente no, sino que hay que hacerlo asegurándonos de que nadie se aproveche incorrectamente. Por eso la ayuda al desarrollo de países extranjeros hay que hacerla de un modo que asegure el buen uso de los fondos: intergubernamentalmente o a través de la ONU. Aun así, esto no es suficiente porque hay gobiernos corruptos o estados fracasados, cuyos ciudadanos precisan ayuda, pero parece que se puede conseguir más control, especialmente destacando a profesionales de Agencias gubernamentales a dichos lugares, en lugar de personas y organizaciones privadas.

Por otra parte, como he dicho, el Estado tiene responsabilidad por el uso fraudulento de fondos por parte de las ONGs. No debe dejar de asumir su responsabilidad. No podemos ser cómplices de las mafias, no podemos generar actividad económica y puestos de trabajo retribuido a causa de la actividad de trata o tráfico de seres humanos y en connivencia con delincuentes.

La corrupción al asignar o administrar fondos a, o en las ONGs, es como la pederastia en las confesiones religiosas. Nos desanima y desmoraliza profundamente. Habrá que hacer un esfuerzo para investigar, controlar y perseguir a los corruptos.

 

DE LA INMIGRACIÓN A LA FILOSOFÍA

De la inmigración a la filosofía

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

21.06.2015

 

Un lector de “Mi punto de vista” me ha planteado dudas respecto a mi artículo reciente sobre “Inmigración e integración” en forma de preguntas, con la petición de que ayude a resolverlas:

Me dicen:

  • ¿no puede haber principios “superiores”, ínsitos en el hombre, no creados por él, que informen constantemente esa justicia humana impidiendo que se desvíe del fin último?
  • ¿no es contradictorio exigir la adaptación del extranjero a lo local (principio cada vez más extendido y aceptado socialmente), cuando esa pretensión puede suponer un principio de no aceptación del otro, del diferente, lo que a su vez tampoco está aceptado por nuestra justicia actual?”

Pues me encanta aceptar el reto de responder, de modo que me pongo a ello.

Negando la mayor, en forma de pregunta prudente y respetuosa se me habla de…

Principios superiores, ínsitos en el hombre, no creados por él.

A esta primera cuestión digo que poder haber unos principios ‘superiores’, ínsitos en el hombre, efectivamente, los puede haber. Porque no es contrario a la lógica que los hubiera. Pero de lo que se trata no es de fantasear, de imaginar todas las posibilidades que no repugnen a nuestra lógica o razón, pues se pudieran imaginar muchas más y nos perderíamos en la dialéctica.

Lo que se trata es ver si hay algún hecho, alguna prueba, o algún elemento, que nos induzca, al menos, a pensar, finalmente a creer que los hay. Eso sólo sería una creencia, como efectivamente profesan miles de millones de personas, pero a las creencias (y todos tenemos, y nos las formamos; yo también) no llegamos a través del método científico.

Pero de la psicología evolutiva, de la neurociencia, del conocimiento actual del hombre, no se deduce que haya nada intraconstruido en el propio hombre proveniente de “arriba” (supongo que por eso los llama superiores), hablando claro, proveniente de Dios, que informe constantemente la justicia humana y que impida que ésta se desvíe del fin último. Fin último (en el sentido, supongo, de cumplimiento del designio de Dios) que también rechazo. El fin último y único fin del hombre, científicamente hablando, es mantener la vida, sobrevivir y dejar descendientes aptos que también tengan éxito en sobrevivir y en dejar, a su vez, descendientes aptos, y así sucesivamente. Y esto se puede conseguir con la bondad, con el altruismo, con la cooperación y no con la confrontación (véase mi libro La génesis de la Justicia: Entre la naturaleza y la cultura, Tirant Lo Blanc. Valencia 2009).

 

Ahora ya más directamente, se aduce contradicción cuando se pide..

La adaptación del extranjero a lo local, podría suponer un principio de no aceptación del otro, del diferente.

 No. Si la justicia, como sostengo en mi tesis, es la adaptación con justeza, con exactitud a las costumbres del grupo en el que estoy y el no hacerlo no es justicia, y por lo tanto comporta estar contra las normas del grupo, está claro que es justo no aceptar las costumbre del otro que viene a nuestro grupo, que chirríen y sean causa de fricciones dentro del grupo.

Por el contrario es injusto que el que viene no se adapte, tan injusto como si uno de nosotros dentro del grupo nos apartamos de la costumbre, de la moral y no practicamos lo que justamente se espera de nosotros.

Si como se me pregunta eso podría suponer un principio de no aceptación del otro, digo que no es tanto del otro, como de todos, incluidos los del grupo que se apartan de la recta senda.

 

Y cuál es la recta senda: nuestras costumbres (nuestra cultura occidental, judeo cristiana), que han funcionado, que nos han permitido sobrevivir y tener éxito en dejar descendientes aptos, que forman un grupo que tiene éxito, y que se convierten en costumbres inveteradas por el tiempo transcurrido, y la costumbre es la moral, y de ambas el derecho y la justicia.

 

 

INMIGRACIÓN E INTEGRACIÓN

Inmigración e integración

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

31.05.2015

 

 

Aunque como consecuencia de la crisis económica la inmigración a nuestro país ha descendido, ciertamente, a causa de las crisis humanitarias producto de las guerras en oriente medio, la inmigración, el asilo y el salvamento marítimo están en primera línea de actualidad.

Las islas italianas se ven “invadidas” literalmente por miles y miles de inmigrantes. Les toca el corazón a los italianos y también a todo el mundo, especialmente al sur de Europa, pero también toca y afecta a la forma de vida de los receptores, la cual cambia en esos lugares.

Este es un tema grave. Hay que ayudar a las pobres gentes emigrantes. Hay que ayudar a Italia, pero parece que a las instituciones europeas, con mayor peso específico hacia el norte del continente, el problema les parece lejano. Hay que despertar a las instituciones. Hay que hacer políticas más dirigidas a los ciudadanos y sus problemas, tanto como a la economía y su crisis.

Las migraciones son el resultado de problemas pero, a su vez, también los provocan y los que provocan suelen ser más graves cuando se ven desde el punto de vista del país receptor en lugar del país emisor.

La emigración es una solución para la problemática de los países de origen. Estados fallidos, gobiernos incompetentes o corruptos, economías empobrecidas, países subdesarrollados, injusticias inveteradas y políticos que lo único que quieren es asegurarse sus privilegios, conseguir limpiezas étnicas mediante expulsión o genocidios, resuelven sus problemas permitiendo o forzando que sus conciudadanos marchen a otros lugares. De ese modo los gobiernos no tienen que preocuparse de que las políticas sean las adecuadas para generar una economía que permitiendo trabajo para todos, consiga la justa redistribución de la renta y la prestación de los servicios estatales necesarios.

Pero si la inmigración es lo suficiente importante en cantidad, ésta se ve por los habitantes autóctonos del país receptor como una invasión, asalto, conquista o colonización. Los autóctonos tienen miedo de que su país cambie, pues lo que forma el país, en realidad, es la geografía humana. Tienen miedo de que el cambio en el país resulte en pérdida para ellos, pues la economía estaba previamente ajustada, quizás, con éxito; las costumbres eran homogéneas, había una personalidad de país, una cultura, una lengua que identificaba, que daba carta de naturaleza a la pertenencia al mismo.

Y está claro que con una inmigración masiva la economía cambia. Aumenta la fuerza laboral, la oferta de solicitantes de empleo, que si es cubierta llevará a una economía más activa, pues, consiguiendo trabajo los inmigrantes se convertirán, casi de inmediato, en un mercado para todo producto que se produzca en el país. De ahí la pujanza de las economías en crecimiento. Pero al mismo tiempo hay que ajustar la prestación de servicios por parte del Estado. Se disparan las necesidades sanitarias, de educación, transporte así como de seguridad.

Es una obviedad decir que en los países que son o han sido dictaduras comunistas los valores del esfuerzo, la honestidad u honradez difícilmente se han practicado allí como tales. El robar a las empresas del estado, la vagancia en el trabajo es el único estímulo posible. ¿Para qué trabajar más si el que trabaja menos gana lo mismo que yo? La igualación que tenía como meta su ideología se produce hacia abajo, y cuanto más abajo mejor se consigue. Se distribuye la pobreza, eso sí, con mucha justicia.

Muchas de las personas que han crecido y han sido educadas en esas culturas han venido a países como el nuestro. Hay choque, por tanto, de valores, entre mano floja y esfuerzo, entre pagar los impuestos y la economía sumergida o defraudadora, entre cumplir las normas o evadirlas e incumplirlas.

Otros proceden de países con culturas que no han avanzado, en los últimos mil años, desde lo que nosotros conocemos como “edad media”, que les hace muy difícil la adaptación a los países de destino. Los valores de cohesión familiar y social difieren, las vestimentas extrañas, el consumo reducido, las normas de limpieza y la alimentación son diferentes. Es razonable que la solución para ellos, en lugar de mezclarse y adoptar las costumbres, cultura, lengua y formas del grupo humano anfitrión, sean los guetos, juntarse con otros iguales: es la forma de asirse de algo firme.

No hace mucho subimos mi esposa y yo a un taxi en Barcelona y el conductor, muy amable, nos escuchó hablar en “valencià” y, aunque me parecía magrebí (no le veía bien la cara), nos dijo que él sabía “parlar una miqueta en català”. Le pregunté de dónde era y me dijo que era de Pakistán. Se me quejó amargamente de que los gobernantes de su país no consiguen generar un nivel de vida adecuado; que aunque alguna vez va a su tierra, cuando vuelve y oye hablar y ve la tierra de acogida ya se siente como en su casa. Me dijo que su esfuerzo es el integrarse con la sociedad de acogida. Todo lo dijo él, yo sólo escuchaba, aunque sí que le añadí que estaba muy bien lo que decía, pero que, de todos modos, no debería perder u olvidar sus raíces.

Probablemente sería musulmán, no se lo pregunté, pero él, como el apóstol Pablo, se hacía “judío con los judíos y gentil con los gentiles”, es decir se integraba en la sociedad de acogida.

Sí, esa es la solución. Cuantos más idiomas mejor, no hay que perder su propio idioma. Está muy bien volver con la mente a su tierra, a sus raíces. Pero la integración en la sociedad de acogida, con su idioma, sus valores y costumbres es la solución.

Los grupos humanos cambian con el tiempo. Aun sin inmigrantes cambiamos como país y como sociedad. Pero el que los inmigrantes formen guetos no funciona y la multiculturalidad tampoco, pues ambas cosas son falta de integración. Que hay que respetar la diferencia y a otros, no hay duda; pero no hay que incentivar ni apoyar la invasión cultural; dicho desde el punto de vista del ciudadano del país de acogida. Y desde el punto de vista del inmigrante, en lugar de intentar obviar, olvidar o negar la cultura de acogida, lo que hay que hacer es integrarse en ella y esperar a que se vayan asimilando las aportaciones propias, de los inmigrantes, en dicha cultura de acogida.

 

El Estado del Bienestar y los recortes de derechos. La Seguridad Social

EL ESTADO DEL BIENESTAR Y LOS RECORTES DE DERECHOS

LA SEGURIDAD SOCIAL

Federico Rivas García. Doctor en Derecho.

22.04.12

 

 

Cada viernes, es decir cada semana (si no, cada día) vienen informaciones de decisiones del gobierno en torno a la reestructuración fiscal y financiera como consecuencia de la crisis económica, así como reformas que se postulan para hacer sostenible el Estado del Bienestar.

Unos se quejan amargamente y se preparan para combatir todo recorte de derechos (así lo creen) conseguidos con la lucha (¿de clases?) de los últimos 50 años, que consideran inalienables.

Otros consideran que hemos estado gastando por encima de nuestras posibilidades y, algunos, malgastando en sostener un Estado complejo, caro y, sobre todo, que ni sabe gastar eficientemente ni exige productividad a sus empleados; también que los ciudadanos que se beneficiaban de servicios públicos, en algunos casos, abusan por el mero hecho de nos costarles nada el servicio (medicinas, servicios de urgencias); y lo más sensato es apretarnos el cinturón, adelgazar el gasto, repensar lo que verdaderamente es necesario, para poder hacer sostenible un Estado que preste unos servicios públicos adecuados.

Ciertamente da una sensación de humanismo y beatitud pensar que gracias a nuestro Estado del Bienestar, muchos, muchísimos inmigrantes, con o sin papeles, han podido ser atendidos de sus enfermedades e intervenidos, mejorando su salud o, incluso, salvándoles la vida. No tanto humanismo destila el pensamiento de que muchísimos europeos han estado haciendo turismo sanitario y conozco el caso de venir a dar a luz a España con dos ventajas: la atención sanitaria y la inscripción en el Registro Civil del nacido.

Es evidente que la consecución de una situación de amparo para todos los ciudadanos de un país es un logro grandioso. Recuerdo respecto de mis padres el antiguo SOVI (Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez).

Pero eso, Seguro Obligatorio, es decir, era un “seguro”. Y un seguro, por mucho que pretenda cuidar del desamparo futuro, se basa en repartir el riesgo (matemática, estadística y actuarialmente) entre los que pagan el seguro y, además, conseguir beneficios para el asegurador. Y cuando la indemnización por los siniestros tiende a alcanzar el importe de las primas el asegurador está condenado a la quiebra. El éxito depende de unos cálculos bien hechos, basados en buenas estadísticas, y de un comportamiento sostenido en el tiempo por el asegurado (de manera que no incremente el riesgo), así como de un comportamiento honesto, no abusivo ni tramposo del mismo.

Lo que fue el SOVI se convirtió a través del tiempo y de varios cambios legislativos en la actual Seguridad Social, que funciona, nutriéndose de primas pagadas por el asegurado y/o por el tomador del seguro (trabajador y empresario), como un seguro cualquiera, y también de que el asegurador, en este caso, el Estado, pague los siniestros. Efectivamente así es, pero si no los consigue pagar con las primas que se acumulan, tiene necesidad de tomar dinero de los Presupuestos Generales del Estado para compensar el déficit que se produzca. Es lo que se llama ser el Estado Asistencial, porque todas las pensiones o servicios que se pudieran pagar con las contribuciones o primas satisfechas por los trabajadores y empresarios, serían prestaciones contributivas, es decir que se había contribuido por ellas, mientras que cuando esas prestaciones superan las primas cobradas, el Estado Asegurador, Asistencial, se convierte en una compañía de seguros que tiene pérdidas anuales y si estas se mantienen, puede quebrar.

Aquí cabe la reflexión al decir que ya está en la propia idea de la Seguridad Social que el Estado la sostenga, que es una forma de redistribución de la renta. De acuerdo, pero el asegurador, el Estado en este caso, debe ser diligente en cuanto a los abusos, debe ser profesional en cuanto a la gestión, consiguiendo la máxima eficiencia y productividad del gasto. De otro modo se va a la quiebra del sistema.

No quiero basar mis argumentos en los EREs falsos, en los trapicheos de los que cobran la prestación por desempleo y hacen chapuzas en la economía sumergida, ni en el abuso o, mejor, en el exceso de medicación consumida por los jubilados. Pero los gestores deben ser diligentes para evitar abusos como estos que comprometen el sistema.

 

Después de todo esto me pregunto si racionalizar el sistema (bueno, verdaderamente racionalizar), evitar el abuso y hacer eficiente el gasto es recortar derechos, como algunos dicen. Es un tema al que le dedicaré otra reflexión.

 

Cristóbal Montoro no ha prestado suficiente atención a Martin Varsavsky

Cristóbal Montoro no ha prestado suficiente atención a Martin Varsavsky.

6.04.2012. Federico Rivas. Doctor en Derecho

 

Ayer 5 de abril de 2012 Martin Varsavsky dijo en Twitter que De Guindos debería haber abaratado el empleo no el despido, me encantó la afirmación y yo añadí “que se moje y diga cosas más concretas” y él me respondió con el artículo que analizo a continuación, que, por supuesto me ha encantado y que deseo compartir en mi Blog.

Disculpadme tanto el autor como los lectores que introduzca aquí lo que dice Varsavsky, al que, de momento, no han hecho suficiente caso. Lo que sigue es completamente literal salvo haber  hecho correcciones ortográficas como añadir tildes.

Miércoles, 30 de noviembre de 2011

Reunión con Cristóbal Montoro sobre plan para hacer del año 2012 el año del empleo

Acabo de estar reunido con Cristóbal Montoro en la sede del PP en Madrid.  Durante la reunión  le presenté este plan para hacer del 2012 el año del empleo en España.  El plan es sencillo y consiste en que durante el año 2012 y sólo durante el 2012, las empresas que aumenten plantilla y sobre el número que tenían en diciembre del 2011, van a poder contratar empleados y no tener que contribuir con las cargas sociales de los mismos.  En el año 2013 contribuirán con el 25% de las mismas, en el año 2014 con el 50%, 2015 con el 75% y en el año 2016 esa cohorte de empleados del 2012 serán igual que todos los demás empleados.  Lo mismo con las indemnizaciones. Para los nuevos  empleados contratados durante el 2012 la empresa no pagará indemnización el primer año, pagará el 25% el segundo, el 50% el tercero, el 75% el cuarto y en el 2016 los empleados del 2012 serán iguales a los demás en términos de indemnizaciones.  La idea es que como tenemos 5 millones de personas en el paro, este aumento de plantilla vendrá en gran parte de esta gente que cobra el paro, en vez de que se produzca un beneficio inmediato cuando una persona que sale del paro se emplea, ese beneficio para el gobierno se producirá de forma escalonada.  Este es un plan que no le costaría nada al gobierno porque primero se beneficiaría de dejar de pagar el paro, más el efecto multiplicador de estos empleados y luego de las cargas sociales que le llegarían en los años siguientes.  Y los empleados serían iguales a todos los otros empleados salvo en el tema de las indemnizaciones en las que igualarían a los demás empleados en 4 años.

Al comentar el plan también hablamos de detalles para que las empresas no hagan trampas, es decir no despidan para contratar.  En esto lo importante  es que las empresas que quieran poder emplear con este plan establezcan el piso del 2011 como el número de empleados sobre el que tienen que aumentar su plantilla y a partir de ahí crecer.  Desde mi punto de vista expliqué que para que un empleado gaste 1200 euros por mes, la empresa gasta 2500 en esta persona (sumando cargas sociales, IRPF, IVA y todos los impuestos con los que se encuentra un español normal en su vida) y aunque estos gastos son en parte fundamentales para que el gobierno se pueda mantener, ahora mismo quitándose del medio por un año, puede ser el estímulo que el empleador necesita para arriesgarse a crecer. Además si se produce una migración del paro al empleo el país se beneficia, así también si se produce una migración de empresas enfermas a empresas sanas.  Hoy en día hay muchas empresas que necesitan poder despedir, con este sistema va a ocurrir incluso que algunos empleados se vayan voluntariamente a empresas en crecimiento.

En mi reunión le dije a Cristóbal Montoro que en mi opinión el único parámetro que el español medio y los organismos internacionales de cuya merced ahora dependemos (si el BCE no comprara nuestra deuda ahora seríamos insolventes) es la evolución del paro.  Que si en su primer año de gobierno  del PP logra sacar a un millón de personas del paro, la tendencia será muy positiva y España entraría en el ansiado proceso de recuperación.  Pero los únicos que podemos fichar somos los emprendedores y empresarios, las empresas.  El gobierno tiene un deficit tan grande que no puede crear empleo.  Es más, ahora mismo la desconfianza de España y del mundo está en el gobierno español, no en las empresas españolas, especialmente las más grandes que pueden endeudarse ahora mismo a tipos más bajos que el mismo gobierno, algo que nunca ocurrió.

También en mi reunión comenté a Cristóbal Montoro que creo que hay que cambiar la ley de hipotecas para que la gente pueda devolverle a los bancos las casas en las que su deuda es mayor que el valor de la casa, como ocurre en USA.  La gran irresponsabilidad de los bancos españoles fue prestar demasiado por viviendas a sabiendas de que tendrían al hipotecado endeudado de por vida.  Esto no es justo para el ciudadano medio y en el caso de las empresas no solo tenemos bancos que no nos prestan nada sino que además tienen esclavizados a nuestros posibles empleados.  A veces cuando hacemos ofertas de trabajo a gente que está en otras ciudades nos dicen que no pueden mudarse por su hipoteca.  Por último, también comenté el rol nefasto de la banca española que no presta a las empresas y cómo hacer para obligar a los bancos, a los que el gobierno ayuda, a prestar a empresas a tipos altos, digamos al 12% o más pero prestar porque ahora las empresas están ahogadas por la falta de crédito.

Era la primera vez que me reunía con Cristóbal Montoro.  Una de las cosas que me contó que me ayudó a poner el panorama en perspectiva es que en el 96, cuando el PP asumió el gobierno, las cosas estaban mucho peor que ahora, según él.  Lo que argumenta es que la renta española media era la mitad que la actual y que aunque hay ahora más personas en términos absolutos en el paro, en términos de porcentaje de ocupados y desempleados en el 96 las cosas estaban aún peor.  Y por último, los tipos de interés eran más altos en el 1996 que ahora.  Me gustó su tranquilidad.  Puede ser que en medio de esta crisis nos estemos olvidando que antes estábamos peor y mejoramos.  Mi crítica es que mucha de esta mejoría era falsa, era endeudamiento.

Ahora vamos a tener que encontrar una manera de reinventarnos para desapalancarnos y crecer al mismo tiempo.

Los estados fallidos

Ya sé que no es el momento de hablar de ello. La crisis económica, el no tener para uno mismo, hace que uno se olvide de los demás.

Y si no, mirad lo del 0,7 % del PIB para Ayuda oficial al desarrollo (AOD). Ni se habla de ello. Los responsables de Cooperación y Desarrollo de la Unión Europea, se comprometieron en mayo del 2005 a elevar la Ayuda Oficial al Desarrollo hasta el 0,56% del PIB comunitario en el año 2010 con el objetivo de alcanzar la cifra del 0,7% en el año 2015. Esto hubiese supuesto destinar al desarrollo 20.000 millones de euros más al año a partir de 2010. Sin embargo el objetivo del 0,7 que fijó la ONU hace 35 años, sólo lo están cumpliendo cuatro países: Dinamarca, Luxemburgo, Holanda y Suecia.

Por eso, hablar de los Estados fallidos quizá no sea el momento. Pero como consecuencia de las revueltas populares de Túnez, Egipto, Libia, Siria y … las que probablemente vendrán, me interesa sacar a colación el tema de los Estados fallidos.

Son Estados fallidos, no hay duda, estados como Somalia, por ejemplo, u otros lugares en donde el monopolio del uso legítimo de la fuerza dentro de sus fronteras no está en manos del Estado, sino en las de los señores de la guerra o los grupos paramilitares.

Aunque el término también se emplea para referirse a otro tipo de Estados en donde hay altas tasas o registros de criminalidad, corrupción política, mercado informal, ineficiencia judicial, interferencia en la política de poderes fácticos con presupuesto y poder político, muy superiores al del Gobierno.

Por otra parte algunos consideran que el concepto no es del todo claro y es manipulable políticamente.

No obstante el centro de estudios estadounidense Fund for Peace emite anualmente el Índice de Estados Fallidos (Failed States Index) que se publica en la revista Foreign Policy. Clasifica a los países basándose en doce factores, como la presión demográfica creciente, movimientos masivos de refugiados y desplazados internos; descontento grupal y búsqueda de venganza, huida crónica y constante de población; desarrollo desigual entre grupos; crisis económica aguda o grave; criminalización y deslegitimación del Estado; deterioro progresivo de los servicios públicos; violación extendida de los Derechos Humanos; aparato de seguridad que supone un ‘Estado dentro del Estado’; ascenso de élites faccionalizadas e intervención, de otros Estados o factores externos.

En el año 2010 fueron incluidos 177 Estados, de estos 37 fueron catalogados como “en alerta”, 92 “en peligro”, 35 como “moderados”, 13 como “sustentable”. Los peores 10 son lo que alisto a continuación:

1. Somalia
2. Chad
3. Sudán
4. Zimbabue
5. Rep. Dem. del Congo
6. Afganistán
7. Irak
8. República Centroafricana
9. Guinea
10. Pakistán

¿A dónde me lleva esto? A lanzar lo que, incluso para mí, parece una peregrina idea, pues imaginad lo que se podría hacer con los 22,47 millones de parados de Europa, la mayoría de los cuales han tenido algún tipo de prestación contributiva y ahora, quizás, tienen ayudas a cargo de los Presupuestos generales de su Estado.

En lugar de incentivar el venir al primer mundo, habría que incentivar el ir al tercer mundo a ayudar bajo el paraguas de la ONU a organizar el Estado para que dejara de ser fallido, incluyendo fuerzas del orden, funcionarios de todo tipo, pero sobre todo, ayudar a la prestación de los servicios básicos, entre ellos los de sanidad y educación.

No todos valdríamos, lo sé. Pero muchos estarían encantados de hacerlo, de hecho lo están y van altruistamente mediante colaborar o trabajar con alguna ONG.

Pero lo que digo es algo mucho mayor. Lo que sugiero es que hay que enviar Altos dirigentes para organizar y planificar el país, su economía, su vertebración social y territorial; Altos funcionarios para aconsejar a esos Altos dirigentes; Empleados de a pie que hagan el trabajo; y Fuerzas de seguridad que tengan a su cargo el mantenimiento del orden para que los demás trabajen. Algo así como una Administración temporal bajo el paraguas de la ONU. Incorporando, poco a poco, a los autóctonos que hayan aprendido (no a robar sino a gestionar bien la cosa pública) y posteriormente, en un acto trascendente, de legítima satisfacción moral mundial, ceder el control total.

Esto es un sueño, pero dejadme soñar. No parece serio lo que he dicho. Pero ¿por qué no?

Estamos manteniendo a gente que no tiene otra cosa para comer que lo que compran con las ayudas gubernamentales que reciben después de haber agotado la prestación por desempleo. Muchos de esos y otros, especialmente los jóvenes, estarían dispuestos a poderse ganar la vida en una país extraño, durante un tiempo, aprendiendo bien uno o dos idiomas, el inglés como idioma franco y el del propio país, aprovechando el que son JASPs, es decir, jóvenes aunque suficientemente preparados, poniéndose como reto histórico haber contribuido al éxito de un Estado previamente fallido.

Desde la reflexión sobre la inmigración a la filosofía, a la metafísica o a la teología

Javier Company  dice en un comentario a temas de inmigración de este Blog que “Luego me planteo un problema que necesito me ayudes a resolver: ¿no puede haber principios “superiores”, ínsitos en el hombre, no creados por él, que informen constantemente esa justicia humana impidiendo que se desvíe del fin último? ¿no es contradictorio exigir la adaptación del extranjero a lo local (principio cada vez más extendido y aceptado socialmente), cuando esa pretensión puede suponer un principio de no aceptación del otro, del diferente, lo que a su vez tampoco está aceptado por nuestra justicia actual?”

Pues me encanta aceptar el reto de responder, aunque esto nos podría llevar desde la inmigración a la filosofía, a la metafísica o incluso a la teología, pero me pongo a ello.

Principios superiores, ínsitos en el hombre, no creados por él. A esta primera cuestión digo que poder haber unos principios ‘superiores’, ínsitos en el hombre, efectivamente, los puede haber. Porque no es contrario a la lógica que los hubiera. Pero de lo que se trata no es de fantasear, de imaginar todas las posibilidades que no repugnen a nuestra lógica o razón, pues se pudieran imaginar muchas más y nos perderíamos en la dialéctica. Lo que se trata es ver si hay algún hecho, alguna prueba, o algún elemento, que nos induzca, al menos, a pensar, finalmente a creer que los hay. Eso sólo sería una creencia, como efectivamente profesan miles de millones de personas, pero a las creencias (y todos tenemos, y nos las formamos; yo también) no llegamos a través del método científico. Pero de la psicología evolutiva, de la neurociencia, del conocimiento actual del hombre, no se deduce que haya nada intraconstruido en el propio hombre proveniente de “arriba” (supongo que por eso los llama superiores), hablando claro, proveniente de Dios, que informe constantemente la justicia humana y que impida que ésta se desvíe del fin último. Fin último (en el sentido, supongo, de cumplimiento del designio de Dios) que también rechazo. El fin último y único fin del hombre es mantener la vida, sobrevivir y dejar descendientes aptos que también tengan éxito en sobrevivir y en dejar, a su vez, descendientes aptos, y así sucesivamente. Y esto se puede conseguir con la bondad, con el altruismo, con la cooperación y no con la confrontación (véase mi libro).

La adaptación del extranjero a lo local, podría suponer un principio de no aceptación del otro, del diferente. No. Si la justicia, como sostengo en mi tesis, es la adaptación con justeza, con exactitud a las costumbres del grupo en el que estoy y el no hacerlo no es justicia, y por lo tanto comporta estar contra las normas del grupo, está claro que es justo no aceptar las costumbre del otro que viene a nuestro grupo, que chirríen y sean causa de fricciones dentro del grupo. Es injusto que el que viene no se adapte, tan injusto como si uno de nosotros dentro del grupo nos apartamos de la costumbre, de la moral y no practicamos lo que justamente se espera de nosotros. Si como pregunta Javier Company eso podría suponer un principio de no aceptación del otro, digo que no es tanto del otro, como de todos, incluidos los del grupo que se apartan de la recta senda: nuestras costumbres, que han funcionado, que nos han permitido sobrevivir y tener éxito en dejar descendientes aptos, que forman un grupo que tiene éxito, y que se convierten en costumbres inveteradas por el tiempo transcurrido, y la costumbre es la moral, y de ambas el derecho y la justicia.

 

El problema de la inmigración es la integración

Me sorprende agradablemente el interés en este tema, es el más leído del Blog, entre los que navegan por la red, por lo que una reflexión adicional añadirá información.

Las migraciones son el resultado de problemas, pero a su vez los provocan y los que provocan suelen ser más graves cuando se ven desde el punto de vista del país receptor que del país emisor.

La emigración es una solución para la problemática de los países de origen. Estados fallidos, gobiernos incompetentes o corruptos, economías empobrecidas, países subdesarrollados, injusticias inveteradas y políticos que lo único que quieren es asegurarse sus privilegios, resuelven sus problemas permitiendo que los mismos vayan a otros lugares. Los gobiernos no tienen que preocuparse de que las políticas sean las adecuadas para generar una economía que permitiendo trabajo para todos permita la justa redistribución de la renta y la prestación de los servicios estatales necesarios.

Pero si la inmigración es lo suficiente importante en cantidad, se ve por los habitantes autóctonos del país receptor como una invasión, asalto, conquista o colonización. Los autóctonos tienen miedo de que el país cambie, pues lo que forma el país, en realidad, es la geografía humana. Tienen miedo de que el cambio en el país resulte en pérdida para ellos, pues la economía estaba previamente ajustada, quizás, con éxito; las costumbres eran homogéneas, había una personalidad de país, una cultura, una lengua que identificaba, que daba carta de naturaleza a la pertenencia al mismo.

Y está claro que con una inmigración masiva la economía cambia. Aumenta la fuerza laboral, la oferta de solicitantes de empleo, que si es cubierta llevará a una economía más activa, pues, consiguiendo trabajo los inmigrantes se convertirán, casi de inmediato, en un mercado para todo producto que se produzca en el país. De ahí la pujanza de las economías en crecimiento. Pero al mismo tiempo hay que ajustar la prestación de servicios por parte del Estado. Se disparan las necesidades sanitarias, de educación, transporte así como de seguridad.

Es una obviedad decir que en los países que son o han sido dictaduras comunistas los valores del esfuerzo, la honestidad u honradez difícilmente se han practicado allí como tales. El robar a las empresas del estado, la vagancia en el trabajo es el único estímulo posible. ¿Para qué trabajar más si el que trabaja menos gana lo mismo que yo? La igualación que tenía como meta su ideología se produce hacia abajo, y cuanto más abajo mejor se consigue. Se distribuye muy justamente la pobreza.

Muchas de las personas que han crecido y han sido educadas en esas culturas han venido a países como el nuestro. Hay choque, por tanto, de valores, entre mano floja y esfuerzo, entre pagar los impuestos y la economía sumergida o defraudadora, entre cumplir las normas o evadirlas e incumplirlas.

Otros proceden de países con culturas que no han avanzado, en los últimos mil años, desde lo que nosotros conocemos como “edad media”, que les hace muy difícil la adaptación a los países de destino. Los valores de cohesión familiar y social difieren, las vestimentas extrañas, el consumo reducido, las normas de limpieza y la alimentación son diferentes. Es razonable que la solución para ellos, en lugar de mezclarse y adoptar las costumbres, cultura, lengua y formas del grupo humano anfitrión, sean los guetos, juntarse con otros iguales: es la forma de asirse de algo firme.

El viernes de la semana pasada subimos mi esposa y yo a un taxi en Barcelona y el conductor, muy amable, nos escuchó hablar en catalán y, aunque me parecía magrebí (no le veía bien la cara), nos dijo que él sabía “parlar una miqueta en català”. Le pregunté de dónde era y me dijo que era de Pakistán. Se me quejó amargamente de que los gobernantes de su país no consiguen generar un nivel de vida adecuado; que aunque alguna vez va a su tierra, cuando vuelve y oye hablar y ve la tierra de acogida ya se siente como en su casa. Me dijo que su esfuerzo es el integrarse con la sociedad de acogida. Todo lo dijo él, yo sólo escuchaba, aunque sí que le añadí que estaba muy bien lo que decía, pero que, de todos modos, no debería perder u olvidar sus raíces.

Probablemente sería musulmán, no se lo pregunté, pero él, como el apóstol Pablo, se hacía “judío con los judíos y gentil con los gentiles”, es decir se integraba en la sociedad de acogida.

Sí, esa es la solución. Cuantos más idiomas mejor, no hay que perder su propio idioma. Está muy bien volver a su tierra, a sus raíces. Pero la integración en la sociedad de acogida, con su idioma, sus valores y costumbres es la solución.

Los grupos humanos cambian con el tiempo. Aun sin inmigrantes cambiamos como país y como sociedad. Pero el que los inmigrantes formen guetos no funciona y la multiculturalidad tampoco, pues ambas cosas son falta de integración. Que hay que respetar la diferencia y a otros, no hay duda; pero no hay que incentivar ni apoyar la invasión cultural; dicho desde el punto de vista del ciudadano del país de acogida. Y desde el punto de vista del inmigrante, en lugar de intentar obviar, olvidar o negar la cultura de acogida, lo que hay que hacer es integrarse en ella y esperar a que se vayan asimilando las aportaciones propias, de los inmigrantes, en dicha cultura de acogida.