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Examen de conciencia

Examen de conciencia

20190523

Federico Rivas. Doctor en Derecho

 

Después de los resultados de las elecciones generales no sé si alguien habrá dudado del por qué de los resultados en cuanto al partido principal derrotado, como tampoco sé si dudó del por qué respecto del principal partido derrotado en las últimas elecciones andaluzas. Por si acaso, me atrevo a decir, que la gente estamos hartos de que gobiernen partidos que han hecho de la falta de escrúpulos, la corrupción, el enchufismo, las puertas giratorias, el amiguismo o nepotismo, la financiación ilegal, el uso irregular o fraudulento de caudales públicos, el enriquecimiento de algunos de los capitostes, los sobres y la falta de ética, cuando no la expresa comisión de delitos, su forma de comportamiento.

Pero, aunque lo dicho se refiere a los políticos y a los partidos, es necesario tener presente que nuestra propia forma de vida como ciudadanos y de conseguir el sustento también debe estar bajo el escrutinio cuidadoso de la conciencia y ética de todos los ciudadanos. Aunque los que se dedican a la actividad política deberían ser dechados, ejemplos de honestidad y de servicio a la comunidad, no se puede esperar que los políticos no reflejen lo que la propia sociedad es, deficiente.

Me refiero a las muchas cosas en las que como ciudadanos tenemos que mejorar: la honestidad en la declaración y pago de nuestros impuestos, el trabajo sincero y el buen rendimiento que le debemos a quien nos contrata y paga, el conseguir nuestros ingresos mediante el trabajo duro y no el engaño y la trampa.

Y todo esto lo digo por lo que se ha dicho en los medios de comunicación del gran negocio que era para algunos el difundir el secesionismo. Aunque yo añado el gran negocio que ha sido para otros el difundir lo contrario. Unos y otros creando estado de opinión con informaciones sesgadas, exageradas, manipuladas y faltas de veracidad. Algún día estas prácticas podrían llegar a los tribunales. Son gastos necesarios sólo para quienes defienden la idea de quienes los pagan con dinero público.

También lo digo por el hecho de que he conocido por los datos del CIS que los valencianos somos los que mejor aguantamos, aceptamos o digerimos la corrupción, pues señalamos los casos de fraude o corrupción con un índice de los más bajos de España (Navarra 44,9 %, Comunidad Valenciana 28,7%).

Esta idea que desarrollo de la imperiosa necesidad de mejorar y acertar que tenemos, se manifiesta incluso en las más altas instancias, porque según Tom Burns, Isabel II nunca habría abroncado a los escoceses como el Rey a los independentistas. Burns es algo pesimista respecto a la realidad actual española.

Por otra parte, también da que pensar y acaso ¿no es de vergüenza la brecha salarial entre los mejor y los peor pagados? Según datos de los últimos años que manejo es de 10 veces, es decir un 1000 % en la Comunidad Valenciana, es un síntoma el que los ricos valencianos se hayan disparado un 30 % mientras los pobres han aumentado un 11,6 %.

Después del examen de conciencia debería venir la purificación, es decir, la catarsis. Pero ¿se ha hecho lo uno y lo otro, o al menos lo primero? Mis lectores pueden responderse.

Ese mismo examen de conciencia lo debe hacer la parte más débil de la sociedad, la que casi sólo cuenta con su trabajo, porque no es adecuado que vuelvan a dispararse las incapacidades temporales (IT) por enfermedad. La reducción de las mismas durante el tiempo duro de crisis manifestó que, hasta cierto grado, determinadas IT lo eran para conseguir mayor comodidad y se estuvo dispuesto a no tenerla a fin de evitar que las empresas no contaran con los trabajadores con los que ya no podían contar por su IT. Vuelve a darse la práctica de entrar a trabajar para a los pocos días darse de baja por IT. Eso daña a la colectividad entera de trabajadores, a los diligentes y a los negligentes y vagos, a los competentes y los no tan competentes.

Veremos si ahora después de la drástica reducción de ingresos legales que tendrá algún partido por los resultados electorales o de los gastos excesivos que pudieran haber tenido (ilegalmente) algunos partidos sin alcanzar la meta esperada de escaños en el Congreso que los cubriese llegan a alguna quiebra técnica como en el 2011 terminaron 17 partidos tras las elecciones. Y ni que decir tiene la importancia de que las entidades financieras que no están dando, o no está llegando, financiación suficiente para la economía real tengan que dotar deteriorando créditos, en su caso, que difícilmente van a cobrar. Y todo ello por la falta de iniciativa de todos los partidos de llegar a legislar una adecuada financiación para los mismos, como en otra ocasión me he extendido en explicar.

Sí, por todo esto y por mucho más que no cabe aquí, es preciso hacer un examen, un escrutinio cuidadoso que nos anime a detectar los fallos, las corruptelas, la corrupción y los delitos, para conseguir mejorar mediante una catarsis, en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra sociedad. He dicho catarsis política porque vivimos en la ‘polis’, en la ciudad, en sociedad.

Que los nuevos legisladores revisen sus metas y se dediquen en cuerpo y alma a tomar iniciativas que deben someter a los más sabios en cada rama, de la sociedad, para que, finalmente, las conclusiones se debatan y se legisle más sabiamente. No se debe gobernar por Decreto ni plantear iniciativas legislativas con urgencia. La legislación se debe, previamente, someter a escrutinio público, no sólo del parlamento; dando tiempo suficiente para aportaciones, ideas, mejores redacciones pues un país con leyes sencillas y claras mejora su capacidad de desarrollo y crecimiento consiguiendo mayor competitividad en el mundo actual globalizado.

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La ejecución de los presupuestos

LA EJECUCIÓN DE LOS PRESUPUESTOS

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

20170626

 

 

La importancia que se da a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado viene dada por el hecho de que son la hoja de ruta para la gestión de la economía del país.

Si se aumenta el presupuesto, este es expansivo con lo que conlleva mayor actividad económica, quizás también mayor redistribución de rentas lo que beneficia a los menos poderosos económicamente. Este presupuesto expansivo, además puede conllevar un déficit con lo que el estímulo económico, para el caso de no tener problemas en la consecución de la financiación de la deuda que se emitirá, es doble.

Lo contrario, un presupuesto menor y también un superávit, si se puede conseguir, lleva, obviamente a una contracción de la actividad económica que, en algunos momentos puede ser necesaria al objeto de evitar una burbuja y para y reduciendo la deuda soberana.

Creo que hasta aquí todo esto es entendible, pero lo que no lo es para mí es el engaño en el que los gestores económicos de los Gobiernos (del Estado y de las CCAA o de otros entes provinciales o municipales) nos quieren hacer caer: me refiero a la falta de ejecución presupuestaria.

Me admiro que este tema escape a la crítica, que debiera ser furibunda, aunque, en efecto, he leído recientemente en diversos medios de comunicación las quejas de nuestro territorio por la falta de ejecución presupuestaria de parte del Estado. Lo mismo leí hace algo más de tiempo respecto de la Generalitat Valenciana. El asunto es que no se presupuesta con justicia para nuestra Comunitat y, para colmo, lo poco que se presupuesta no se ejecuta en su totalidad.

 

Montoro y Rajoy han usado de engaño, una vez más, con el incumplimiento presupuestario

Esta es una estrategia absolutamente deleznable que consiste en no llevar a cabo en su totalidad la ejecución el presupuesto, o hacerlo tarde, es decir, no licitar diligentemente o no llevar a cabo el gasto que debe servir para la activación económica y del mercado laboral. El gobernante queda bien poniendo partidas en los presupuestos que, luego, nunca se ejecutan. En una palabra, miente.

Siempre se pueden encontrar y dar excusas para no cumplir los presupuestos:

  • que los ingresos no han sido los esperados, o en el tiempo esperado
  • que ha habido problemas técnicos con proyectos, con plazos de exposición pública u otros requisitos legales
  • que ha habido necesidad de llevar a cabo modificaciones presupuestarias y dedicar las partidas a otros menesteres

Se callan bocas incluyendo en los presupuestos partidas para actuaciones que se sabe no se van a llevar a cabo porque no se tiene la voluntad de hacerlo o porque no hay tiempo material para cumplir los requisitos técnicos o jurídicos necesarios, o para la efectiva ejecución material.

En efecto, hay partidas en los presupuestos que se repiten para el mismo objeto durante años, pero nunca se ejecutan. O partidas cuyos importes nunca se alcanzan. Son promesas que no se cumplen y que van a servir para que se dediquen a otros menesteres, o haya, en su caso, superávit que después sirve como un aval de buena gestión, cuando, en realidad, es todo lo contrario. Superávits ficticios que mediante el buen trato que el ente da a los medios de comunicación sirven para cualificar de buenos gestores a los políticos que hacen estas trampas.

 

Consentimiento culpable de los órganos supervisores

Estas no prácticas de buenos gestores, sino al contrario, corruptelas que los organismos supervisores permiten, consienten, no atajan, aunque estén más o menos conscientes de ellas (incluyo también a los organismos de la UE). Me atrevería a decir que son prácticas, incluso, corruptas, porque sin transparencia, ni debate, ni veracidad, no se puede decir que se esté gobernando democrática y correctamente.

 

Lo importante no es el presupuesto sino los datos de su ejecución

¿Dónde estarían las empresas que inventaran (uso ex profeso la palabra inventar) presupuestos voluntariosos de vender mucho, de conseguir costos muy bajos y, con ello, conseguir buenos resultados, pero todo fuera un ejercicio de presuponer que las cosas iban a ser así? Pre (antes de), suponer (imaginación). Eso es un pre-supuesto, un supuesto, una imaginación puesta por escrito.

No, al contrario, las empresas se guían por las Cuentas Anuales, es decir por lo resultados efectivamente conseguidos. Y se felicita y se premia a directivos (y en pocos casos a otros trabajadores) por los buenos resultados, NO por las buenas IMAGINACIONES = presupuestos.

De ahí la extrañeza que no alcance a la opinión pública el debate del cierre de cuentas, que es lo importante.

Por otra parte, ya sabemos que la mayor parte del presupuesto se va en gasto corriente que difícilmente se puede evitar (pensiones, sanidad, educación, intereses de la deuda y algo más), mientras que las partidas que pueden representar un acicate o estímulo económico, una inversión sostenible y rentable, son las menores en los presupuestos. De ahí las quejas de los científicos españoles (y de otros sectores) a los que no se les dedican suficientes esfuerzos en fondos presupuestarios, a pesar de que son (casi siempre) muy rentables para el futuro.

 

Consecuencias de estas estrategias

Estas prácticas conllevan un engaño, en toda regla, al ciudadano. Pero, además, como quiera que la práctica de los analistas (sobre todos políticos, de los diversos partidos) es estudiar, comparar y hacer previsiones de los efectos del presupuesto, pero no conoce la verdadera intención de los que van a ejecutar los presupuestos, pierden completamente su tiempo, pues los estudios que han formulado, en base a datos irreales, dan resultados y efectos que se caen como castillos en el aire. Y además de todo ello están también los vaivenes económicos que se escapan al control de todos.

Debemos presionar a los gestores económicos en todos los ámbitos territoriales para que den cuentas de su gestión en base a la Contabilidad real, no a la presupuestaria. Y que el debate se centre en cómo distribuir entre los territorios de forma justa en el importe y en el tiempo, la parte de los presupuestos que corresponde a inversiones, así como al mismo nivel de servicios.

Si se hiciera así, aquí, en la Comunitat Valenciana estaríamos mucho mejor, tanto a nivel autonómico, como provincial y local.

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Los españoles somos caraduras

Los españoles somos caraduras

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Artículo publicado en el Periódico Mediterráneo el 04.06.2017

Según Javier Elzo, reputado sociólogo, uno de cada cinco españoles es “un caradura de toda la vida”. En su día se señaló que según una encuesta del canal Fox:

  • El 83,1 % miente al decir que están enfermo para saltarse el trabajo.
  • El 67,5 % se ha ido alguna vez de un bar sin pagar.
  • El 26,3 % consume productos en los supermercados sin abonarlos.

Si estos datos son exactos estamos ante una dura realidad. Me avergüenzo de que así sea. Me parece increíble que los españoles tengamos tanta “jeta”.

¿Nos hemos planteado alguna vez la fuerza y el valor de la honestidad; o la maldad y el daño que produce la corrupción? ¿Queremos ser dignos de confianza o ser desleales y mentirosos?

España cayó a su peor clasificación de la historia en el “índice de percepción de la corrupción” que realiza Transparencia Internacional (TI) cuando se colocó en el puesto 41 de 176 países con una nota de 58 puntos sobre 100 posibles (100 sin corrupción, 0 totalmente corruptos), puntos que ya alcanzó en 2015 y repitió en 2016.

Los autores del informe también dijeron que “hemos alcanzado el récord histórico de corrupción comparativamente”, donde España también se hunde en la comparación con el resto de países que componen la UE. “Estamos entrando en un pelotón de países que se han acercado peligrosamente a la corrupción sistémica muy recientemente, como Georgia o la República Checa”, apostillaron, advirtiendo que “es el momento de reaccionar”.

Pero no es ese el caso, pues de entre una lista de 176 países estudiados, en 2004 estuvimos en el puesto 23, posteriormente España en 2008 estuvo en el puesto 28 y ha pasado por cada año posterior hasta 2016 rebajando su posición en el ránking. Estuvo en el 32 en 2009, 30 en 2010, 31 en 2011, 30 en 2012, 40 en 2013, 37 en 2014, 36 en 2015 y 41 en 2016.

En cambio, Nueva Zelanda está en el puesto nº 1 casi desde tiempo inmemorial, aunque el puesto más abajo que ha estado ha sido en el 4º.

Verdaderamente no nos podemos comparar con los “buenos”, estamos demasiado abajo, pero ciertamente a algún tonto, a mí no, le quedará el consuelo de que no somos el pelotón de los “torpes” malísimos, que le parecerá estupendo.

Yo, por mi parte, veo que la única reacción que hemos tenido ha sido la de nuestro asombro más y más desanimador cuando semana tras semana observamos nuevas noticias de corrupción, de engaños, de trampas, de defraudación de personas y organizaciones que debieran ser nuestro modelo y dechado, nuestra reserva moral. Organizaciones quasi “criminales” que se excusan unas a otras (en una sesión del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, de donde ha salido un vídeo editado por el PP) indicando y lanzando contra el contrario la lista de cuántos de sus políticos han sido condenados por unos u otros delitos.

No estoy tratando de moralizar, ni de hablar de las bondades de la religión. Lo que digo es que en nuestra cultura judeo-cristiana el valor de la verdad, la honestidad y el esfuerzo ha llevado a occidente al estado del bienestar, a un lugar elevado de desarrollo y de justicia. Otras culturas que priman la trampa, el engaño, el regateo, el timo, ya veis dónde están.

No quiero decir que aquí no haya tramposos como el Lazarillo de Tormes.

Lo que digo es que aquí está mal visto: uno no debe mentir, cometer delitos, ni engañar ni estafar, pues si lo haces y te descubren has perdido toda la credibilidad, además de la sanción, penal en su caso, o de retirarte la amistad y el extrañamiento (nadie quiere estar, ni hacer negocios con un tramposo), nadie quiere jugar el juego de la vida con los deshonestos.

Y lo que digo también, es que, allá: la mentira, el engaño, la trampa y la estafa, les parece un signo que identifica al despierto, al listo; de modo que se valora.

¿Queremos ser un país tercermundista? ¡Pues evitémoslo! y quitemos todas las manzanas podridas de nuestras organizaciones, aunque nos quedemos sin manzanas ni organizaciones que siempre podremos sustituir por nuevas y compuestas por mejores personas, porque peor será que el “allá” se convierta en “aquí” y también nos parezca que es de listos, engañar, mentir, estafar y toda clase de abusos contra otros.

De modo que apliquemos el ejemplo y tengamos en alta estima los valores de la honestidad, la veracidad, el esfuerzo; e inculquémoslos en nuestros hijos y nietos. Con ello nos iremos elevando, como nación, en la lista de Transparencia Internacional mundial.

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