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El trabajo en el futuro y el trasfondo económico de los derechos

El trabajo en el futuro y el trasfondo económico de los derechos

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho.

Publicado en el Periódico Mediterráneo el 20171217

Cuando hablamos del Estado del Bienestar, en general, nos referimos a una serie de derechos que permiten a los ciudadanos obtener algún tipo de educación gratuita, de atención médica sanitaria y del disfrute de unos suministros adecuados de agua potable, energía y comunicaciones, así como de redes de transporte de personas y mercancías, seguridad personal y jurídica, etc. Para ello los gobiernos han tenido que invertir en las infraestructuras básicas que permiten todas estas cosas.

Por su parte los activistas y partidos políticos, sindicatos y pensadores, conceptualizan ideológicamente dichos derechos como consecuciones históricas a las que no se puede renunciar. Pero lo cierto es que las cosas están cambiando, las circunstancias, los hechos van a forzar cambios que ni siquiera imaginamos.

Sea por el envejecimiento de la población, el crecimiento vegetativo (más bien negativo), la inmigración o por la sexta revolución industrial tecnológica digital, el trabajo y los servicios (derechos) económicos incluidos en el Estado del Bienestar van a tener que cambiar, pues este “estado” no se puede continuar sosteniendo.

Alguien recordará lo que se dice de que la Economía es la ciencia de la gestión de los bienes escasos. Bienes que en algún momento se consideraban abundantes (agua, aire, incluso suelo) llega el momento en que, por su acaparamiento, contaminación o consunción ya no abundan: por lo tanto, se regulan derechos entorno a ellos, como un modo de evitar confrontaciones y una justa distribución.

Por otra parte, inicialmente podemos confundirnos pensando que los “derechos” son una cuestión de principios, de filosofía de vida en común, que no tienen nada que ver con la economía; pero rápidamente nos damos cuenta de nuestro error.

Aunque efectivamente los mismos se fueran estableciendo, a lo largo de la historia, mediante el reconocimiento por parte del grupo (tribu, sociedad), como unas costumbres que permitían el éxito como grupos y como individuos, especialmente en cuanto a continuar con vida y dejar descendientes aptos para la vida, no hay duda de que algo costaba a ese grupo, su mantenimiento y el conseguir que se respetaran.

Ciertamente los sistemas de imposición de la voluntad colectiva frente a la singular, minoritaria o privada, cuestan un esfuerzo a la sociedad: bien sea a través de la institución de tribunales o de la fuerza coercitiva exclusiva en manos del Estado; ambas instituciones precisan de personas que temporal o completamente dediquen sus servicios para que no se impida a ningún individuo el ejercicio de sus derechos. Lo fue también así en el principio, bien cuando los tribunales de ancianos se sentaban en las puertas de las ciudades para dictar justicia, o cuando el líder del grupo decidía respecto de las controversias entre los miembros del mismo, imponiendo su autoridad basada en su mayor fortaleza y edad (recuérdese que los ancianos, en los primeros tiempos, eran personas que estaban en su apogeo físico, alrededor de los 30 años, pues vivían poco más, dado que la esperanza de vida era de unos 35 años).

¿Podemos decir, entonces, que las cuestiones respecto de los derechos se pueden tratar completamente separadas de su coste económico?

Puedo aceptar que la conceptualización de los derechos se ha llevado a cabo no teniendo presente el trasfondo económico de la misma. Pero quiero indicar que los derechos se han venido conceptualizando, aceptando, instituyendo y poniendo los medios para su respecto, a medida que las sociedades han tenido los medios económicos para ello.

Cuando el hombre se planteó la distribución o reparto de la caza de piezas grandes, que no podía consumir él solo sin que antes se corrompiera la carne, comenzó la carrera para conseguir mayor éxito en dejar descendientes y permitir el pasaje evolutivo de la especie y de los grupos. La carne que le sobraba al cazador se repartía a la hembra o hembras a las que podía mantener (también a otros miembros del grupo con la consiguiente deuda del favor), las cuales, a su vez, contribuían con la recolección de frutos y raíces, haciendo la dieta más exitosa y, sobre todo, con el cuidado de los hijos, a los que les tenían que dedicar mucho tiempo hasta tanto eran autosuficientes.

La justicia respecto de la distribución, de por sí, tiene un único y exclusivo componente económico: el reparto de bienes económicos, inicialmente de alimento.

El conseguir que lo distribuido se mantenga en poder de los receptores (hembras e hijos), comporta mantener un sistema de control de las conductas de terceros para evitar que roben a la hembra, menos fuerte y muy ocupada con los hijos. Es una cuestión de propiedad: la justicia respecto de la propiedad es absolutamente económica.

Los derechos se comenzaron a poner por escrito en códigos, más o menos mitológicos o religiosos, cuando la sociedad tuvo los medios de mantener a individuos que inventaron la escritura y a escribas que la conocían, en lugar de que éstos tuvieran que conseguirse por sí mismos los medios para la subsistencia.

Aunque los conceptos fueran, poco a poco, surgiendo en las mentes y consciencias, esto no se pudo haber iniciado antes de la distribución del alimento, obtenido mayormente con la caza. Llegó el momento de la eclosión de esta conceptualización con la revolución de la agricultura. El superávit de alimentos, el almacenamiento y el sedentarismo fueron los motores. En ese momento comienza una revolución cultural.

No es el momento, aquí, para hablar de los Derechos Humanos, pero ha sido en siglos recientes cuando las sociedades culturalmente maduras (no todas ellas lo están todavía), se han planteado poner por escrito un Código o listado de derechos que se consideran consustanciales con denominarse los individuos para quienes se postulan, humanos. Otras sociedades están reacias a aceptarlos porque consideran que se han redactado desde un punto de vista judeo cristiano y occidental que no tiene en cuenta sus componentes culturales; no obstante culturas orientales no tienen ningún problema en identificarse con ellos.

Hay que decir también que, aunque haya derechos respecto de los cuales no aparece fácilmente el trasfondo económico (derecho a la vida, por ejemplo), sólo es cuestión de ponerse a pensar un poco más profundamente para detectar que sí hubo y hay un trasfondo económico en todos los derechos, incluido ese (costo del sostenimiento de ancianos que no se pueden valer, etc.).

Pero en el título de este artículo he indicado que hablaría del trabajo en el futuro que, en efecto, está íntimamente unido a los derechos, como hemos visto. El trabajo es actividad económica que nos permite subsistir o, incluso, ahorrar. Pues bien, ese trabajo, el modo de hacer las cosas, está hoy siendo completamente transformado por la tecnología digital, alterando las formas de hacer, quién las hace y cuánto se obtiene por hacerlas.

El trabajo actualmente es menos regular, menos seguro, los trabajadores se ven obligados a aprender, a continuar desarrollando nuevas habilidades y mantenerse al día con los progresos del desarrollo profesional; cada 3 o 4 años el panorama profesional ha cambiado radicalmente. Cada vez habrá menos cosas que hacer dado que las harán las máquinas, los robots que previa la inversión, son mucho más exactos, eficaces, rápidos y con costos infinitamente menores que los humanos. Parece que grandes cantidades de humanos quedarán desplazados del mercado laboral o tendrán que aceptar salarios ínfimos (en competencia con las máquinas) que nos los van a permitir sostenerse económicamente. Si esto es así habrá que replantearse lo que debe ser una economía y a este respecto aconsejo la lectura de “La riqueza de los humanos. El trabajo en el siglo XXI” de Ryan Avent.

Habrá que pensar seriamente que la grandísima brecha en la distribución de la riqueza debe ser reducida mediante la redistribución de la renta y de la riqueza, a través de políticas de rentas, no sólo inclusivas, sino básicas completas, que permitan la vida con suficiente comodidad de los que queriendo trabajar no pueden porque la nueva economía, que no precisa tanta mano de obra, no lo permite.

Las empresas que ganan desorbitadas cantidades porque han tenido la suerte (sí la suerte, no el conocimiento, que es una cosa social, compartida por todo el equipo de empleados y trabajadores) de tomar la iniciativa descubriendo nuevas formas de hacer cosas, que tienen éxito en la economía de la globalización, y los individuos que tienen el control de las mismas, deberán estar dispuestas a sostener mediante la redistribución de las rentas (a través de políticas fiscales de proporciones actualmente desconocidas) a esa masa de ciudadanos y todo, porque no habrá trabajo para todos y el derecho primordial de poder vivir con dignidad debemos forzar, si es el caso, que esté disponible para todos.

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Los estados fallidos

Los estados fallidos.

Artículo publicado en el Periódico Mediterráneo

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

2017.04.29

Ya sé que no es el momento de hablar de ello. La crisis económica, que todavía perdura, el no tener para uno mismo, hace que uno se olvide de los demás, pero estamos en una época del año en que se habla mucho del amor fraterno, absolutamente necesario para cooperar y tener éxito como humanos.

Sí, nos olvidamos de los demás, y si no, mirad lo del 0,7 % del PIB para Ayuda oficial al desarrollo (AOD). Ni se habla de ello. Los responsables de Cooperación y Desarrollo de la Unión Europea, se comprometieron en mayo del 2005 a elevar la Ayuda Oficial al Desarrollo hasta el 0,56% del PIB comunitario en el año 2010 con el objetivo de alcanzar la cifra del 0,7% en el año 2015. Esto hubiese supuesto destinar al desarrollo 20.000 millones de euros más al año a partir de 2010. Sin embargo, el objetivo del 0,7 que fijó la ONU hace 35 años, sólo lo han cumplido en algún momento cuatro países: Dinamarca, Luxemburgo, Holanda y Suecia.

Por eso, hablar de los Estados fallidos quizá no sea el momento. Pero como consecuencia de las revueltas populares de Túnez, Egipto, Libia, Siria y … las que probablemente podrían llegar a venir, me interesa sacar a colación el tema de los Estados fallidos.

Son Estados fallidos, no hay duda, estados como Somalia, por ejemplo, u otros lugares en donde el monopolio del uso legítimo de la fuerza dentro de sus fronteras no está en manos del Estado, sino en las de los señores de la guerra o los grupos paramilitares.

Aunque el término también se emplea para referirse a otro tipo de Estados en donde hay altas tasas o registros de criminalidad, corrupción política, mercado informal, ineficiencia judicial, interferencia en la política de poderes fácticos con presupuesto y poder político, muy superiores al del Gobierno.

Por otra parte algunos consideran que el concepto no es del todo claro y es manipulable políticamente.

No obstante el centro de estudios estadounidense Fund for Peace emite anualmente el Índice de Estados Fallidos (Failed States Index) que se publica en la revista Foreign Policy. Clasifica a los países basándose en doce factores, como la presión demográfica creciente, movimientos masivos de refugiados y desplazados internos; descontento grupal y búsqueda de venganza, huida crónica y constante de población; desarrollo desigual entre grupos; crisis económica aguda o grave; criminalización y deslegitimación del Estado; deterioro progresivo de los servicios públicos; violación extendida de los Derechos Humanos; aparato de seguridad que supone un ‘Estado dentro del Estado’; ascenso de élites faccionalizadas e intervención, de otros Estados o factores externos.

En el año 2010 fueron incluidos 177 Estados, de estos 37 fueron catalogados como “en alerta”, 92 “en peligro”, 35 como “moderados”, 13 como “sustentable”. Los peores 10 son lo que alisto a continuación:

  1. Somalia
    2. Chad
    3. Sudán
    4. Zimbabue
    5. Rep. Dem. del Congo
    6. Afganistán
    7. Irak
    8. República Centroafricana
    9. Guinea
    10. Pakistán

¿A dónde me lleva esto? A lanzar lo que, incluso para mí, parece una peregrina idea, pues imaginad lo que se podría hacer con los 20,90 millones de parados de la Europa de los 28 estados a finales de 2016, la mayoría de los cuales han tenido algún tipo de prestación contributiva y ahora, quizás, tienen ayudas a cargo de los Presupuestos generales de su Estado.

En lugar de incentivar el venir al primer mundo, habría que incentivar el ir al tercer mundo a ayudar bajo el paraguas de la ONU a organizar el Estado para que dejara de ser fallido, incluyendo fuerzas del orden, funcionarios de todo tipo, pero sobre todo, ayudar a la prestación de los servicios básicos, entre ellos los de sanidad y educación.

No todos valdríamos, lo sé. Pero muchos estarían encantados de hacerlo, de hecho lo están y van altruistamente mediante colaborar o trabajar con alguna ONG.

Pero lo que digo es algo mucho mayor. Lo que sugiero es que hay que enviar Altos dirigentes para organizar y planificar el país, su economía, su vertebración social y territorial; Altos funcionarios para aconsejar a esos Altos dirigentes; Empleados de a pie que hagan el trabajo; y Fuerzas de seguridad que tengan a su cargo el mantenimiento del orden para que los demás trabajen. Algo así como una Administración temporal bajo el paraguas de la ONU. Incorporando, poco a poco, a los autóctonos que hayan aprendido (no a robar sino a gestionar bien la cosa pública) y posteriormente, en un acto trascendente, de legítima satisfacción moral mundial, ceder el control total.

Esto es un sueño, pero dejadme soñar. No parece serio lo que he dicho. Pero ¿por qué no?

Estamos manteniendo a gente que no tiene otra cosa para comer que lo que compran con las ayudas gubernamentales que reciben después de haber agotado la prestación por desempleo. Muchos de esos y otros, especialmente los jóvenes, estarían dispuestos a poderse ganar la vida en un país extraño, durante un tiempo, aprendiendo bien uno o dos idiomas, el inglés como idioma franco y el del propio país, aprovechando el que son JASPs, es decir, jóvenes aunque suficientemente preparados, poniéndose como reto histórico haber contribuido al éxito de un Estado previamente fallido.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. IX. Las etapas del crecimiento económico

Las etapas del crecimiento económico

18.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

La progresión económica sobre el conjunto del período 1700-2012 es exactamente del mismo orden que el crecimiento de la población: 0,8 % anual, de media, es decir, multiplicada por 10 en tres siglos. Los ingresos medios a nivel mundial son actualmente de 760 euros por mes y por habitante; en 1700, eran inferiores a los 70 euros por mes, es decir, al mismo nivel que en los países más pobres del África subsahariana de 2012.

En Europa occidental, en América del Norte o en el Japón, los ingresos medios han pasado de apenas más de 100 euros por mes y habitante en 1700 a más de 2500 euros por mes en 2012, es decir una multiplicación por más de 20. Aunque en realidad la progresión de la productividad, de la producción por hora trabajada, ha sido más elevada aún, pues la duración media del trabajo por habitante ha disminuido mucho, dado que todas las sociedades desarrolladas han dedicado, a medida que se enriquecían, menos tiempo al trabajo y más al tiempo libre (menos jornada de trabajo, más vacaciones, etc.) y, concretamente, esta evolución se ha realizado casi toda ella en el siglo XX.

Aunque, para entender el significado de este incremento es necesario compararlo con los niveles de precios de los diferentes bienes y servicios en vigor en cada momento.

El esquema general es el que distingue los bienes industriales (la industria), para los cuales el incremento de la productividad ha sido mucho más rápida que la media de la economía, tanto que sus precios han disminuido en relación con la media de los precios; los bienes para alimentación (la agricultura y ganadería), para los cuales la progresión de la productividad ha sido continua y determinante durante un muy largo período, pero menos rápida que la de los bienes industriales, tanto que sus precios han evolucionado casi como la media de los precios; y finalmente los servicios, para los cuales el crecimiento de la productividad, generalmente, ha sido relativamente débil, o incluso nula, y para los cuales los precios han aumentado más rápido que la media de los precios.

Pero hay que notar que en todo esto hay una gran diversidad de situaciones en el interior de cada sector económico. Además los modos de vida y las estructuras de los presupuestos familiares se han ido modificando radicalmente, y la progresión del poder de compra varía tanto, siguiendo la de los bienes considerados, que la cuestión de establecer una cifra media no tiene mucho sentido, pues el resultado depende de las ponderaciones escogidas y de las medidas de la calidad, difícil de establecer puesto que la comparación se hace a través de varios siglos.

Ello no obstante, no pone en duda la realidad del crecimiento, pues está claro que las condiciones materiales de la existencia se han mejorado de modo espectacular desde la revolución industrial, permitiendo a los habitantes del planeta alimentarse, vestirse, desplazarse, informarse, cuidarse, y otras cosas más, mucho mejor.

El caso de los servicios merece mención especial, pues en este sector la productividad ha aumentado muchísimo menos, dicho de otro modo, en el que el poder adquisitivo, expresado en servicios, es en el que menos ha aumentado. El ejemplo que pone Piketty es el de un corte pelo que necesita casi igual tiempo de trabajo que al principio del siglo XX, tanto es así que el precio de un peluquero ha sido multiplicado por el mismo coeficiente que el salarios de los peluqueros, el cual ha progresado al mismo ritmo que el salario medio y que los ingresos medios (en una primera aproximación).

Las etapas o cambios en el reparto de la fuerza de trabajo en los tres sectores de la actividad económica, en que se divide tradicionalmente, ha sido la que se indica en la tabla 2.4 en la que se dan los datos para el empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, para el período 1800-2012

2015.01.18 Piketty T2.4

Traducción: El empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, 1800-2012, (en % del empleo total), Agricultura, Industria, Servicios. Lectura: en 2012, la agricultura representó 3 % del empleo total en Francia, contra el 21 % para la industria y el 76 % para los servicios. La construcción -7% del empleo en Francia en 2012, así como en los Estados Unidos- ha sido incluida en la industria. Fuentes: ver Piketty.

Hay que darse cuenta de que la división tradicional de los tres sectores, primario (agricultura, ganadería), secundario (industria) y terciario (servicios) con el actual reparto del nivel de empleo en cada uno de sus senos, no tiene sentido, puesto que, precisamente, el enorme agregado servicios, en el cual radica la mayor parte de la mejora de las condiciones de vida, representa el 80 % de la fuerza laboral. Por lo tanto será interesante conocer cómo se subdivide este bloque, y Piketty informa que los servicios de sanidad y educación representan el 20 % del empleo en los países desarrollados, y que todo le hace pensar que esta proporción va a continuar incrementándose, dada cuenta del continuo progreso de la medicina y del desarrollo de la enseñanza superior. Los empleos del sector comercio, hostelería, restauración, ocio y turismo, en típica progresión, también representan un 20 % de la fuerza laboral, incluso en algunos países el 25 %. Por otra parte, los servicios a las empresas (consejo, contabilidad, diseño, informática) junto con los servicios financieros e inmobiliarios (APIs, seguros y bancos), junto con los transportes, se acercan a otro 20 % del empleo total. Si, además, tenemos en cuenta los servicios estatales (administración general, justicia, fuerzas y cuerpos de seguridad, fuerzas armadas, etc.) que están cerca del 10 % del empleo total en la mayor parte de los países, se llega a los 70-80 % anunciados en las estadísticas oficiales.

Si además vemos la gráfica 2.5 a continuación

2015.01.18 Piketty G2.5

Traducción: Gráfico 2.5. La tasa de crecimiento de la producción mundial total desde la Antigüedad hasta 2100. Vertical: Tasa de crecimiento de la producción total. Globos: Tasas de crecimiento observadas, Previsiones (escenario central). Pie de gráfica, Lectura: la tasa de crecimiento de la producción mundial ha sobrepasado el 4 % de 1950ª 1990. Si el proceso de convergencia continúa pasará a estar por debajo del 2 % de aquí a 2050. Fuentes y series: ver Piketty.

Nos podemos preguntar, ¿es esto el fin del crecimiento? La cuestión es que aunque diversos países y continentes han tenido crecimientos muy importantes, lo cierto es que en cuanto a crecimiento económico no proveniente del demográfico, en la historia no se halla ningún caso, de ningún país, que estando en la frontera tecnológica mundial, haya superado el 1,5 % de crecimiento duradero.

No cree Piketty que el crecimiento en el futuro supere el 1,5 % anual en los países ricos, más bien estará entre el 0,5 y el 1,2 %, aunque ello dependerá del ritmo de innovaciones a venir, así como de la fecundidad de las mujeres y el crecimiento poblacional.

¿Acaso un crecimiento, por ejemplo, del 1 % anual, sostenido en los años, no tiene su importancia? Esto es algo que veremos en artículos posteriores.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. VIII. El crecimiento demográfico (¿o no?)

VIII.- El crecimiento demográfico (¿o no?)

11.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

A la vista del devenir histórico y sin que ello presuponga una interpretación materialista de la historia, sino la constatación de unos hechos, en la economía capitalista, sólo hay dos grados de libertad: estos son el crecimiento y el ahorro.

Puesto que, como ha quedado dicho en artículos anteriores, la experiencia histórica sugiere que el principal mecanismo que permite la convergencia es la difusión de los conocimientos, tanto a nivel internacional como doméstico, ya tenemos claro que los países pobres han alcanzado y están alcanzando a los ricos, en la medida en que llegan a alcanzar el mismo nivel de saber tecnológico, de cualificaciones, de educación (véase China, India, Corea y otros) y no, en modo alguno, mediante la inversión de los ricos en los países pobres; dicho de otro modo, y no siendo los países pobres propiedad de los más ricos.

Ante esto, tenemos que pararnos a investigar profundamente el papel de crecimiento para conseguir la convergencia.

Pero cuando hablamos de crecimiento está envuelto tanto el crecimiento de la producción como el demográfico, siendo éste último más importante, incluso, que el primero.

En cuanto al crecimiento demográfico, según los datos disponibles, tanto históricos como la proyección hasta el año 2100, el escenario que se presenta, después de haber vivido el que suscribe el período de mayor incremento de la población en el mundo, no está claro.

El gráfico 2.2., nos muestra, tanto los datos históricos, como las previsiones de la ONU para el presente siglo XXI.

 

2015.01.11 Piketty G2.2

 

Traducción

Título: Gráfica 2.2. La tasa de crecimiento de la población mundial desde la Antigüedad hasta 2100

Eje vertical: Tasa de crecimiento de la población mundial

Globos: Tasas de crecimientos observadas. Previsiones ONU (escenario central)

Pie de gráfica: Lectura: La tasa de crecimiento de la población mundial ha sobrepasado el 1 % por año desde 1950 a 2012 y debería volver hacia el 0 % de aquí al fin del siglo XXI. Fuentes y series: Ver Piketty

De este gráfico se desprende que acabamos de salir de un proceso de aceleración indefinida  del ritmo de crecimiento demográfico. Entre los años 70 y 90 del siglo pasado, la población mundial se incrementó a más de 1,8 % anual, casi tanto como el récord histórico absoluto observado entre los años 50 y 70 del mismo siglo, al 1,9 %.

También se desprende que el crecimiento demográfico del planeta ha discurrido a través de una curva en forma de campana durante el periodo que va desde el año 1700 hasta hoy y, según la previsión, hasta el año 2100. Es necesario precisar que el débil crecimiento demográfico previsto para la segunda mitad del siglo XXI (0,2 % entre 2050 y 2100) se debe completamente al continente africano con un incremento del 1 % anual, mientras que América se estanca al 0,0 % y disminuye al -0,1 % en Europa y, todavía más al -0,2 % en Asia.

¿Vamos, pues, a llegar a un crecimiento demográfico negativo? Aunque estas previsiones de la ONU son relativamente inciertas, francamente hay que reconocer que pequeñísimas variaciones en el número de hijos que unos y otros deciden tener, pueden entrañar considerables efectos a nivel de una sociedad entera. Y la historia demuestra que la elección de la tasa de fecundidad depende, a la vez, de consideraciones culturales, económicas, psicológicas e íntimas, dependientes de los objetivos de vida que los individuos se fijan para sí mismos; pero también pueden depender de las condiciones materiales que los diferentes países decidan poner en marcha, o no, para conciliar la vida familiar y la profesional (escuelas, parvularios, igualdad de sexos, etc.) cuestión que según Piketty será una parte importante de los debates políticos públicos durante el siglo XXI.

Piketty hace una reflexión sobre la situación de Europa y América en los años 1780, cuando los países de Europa occidental alcanzaban ya más de 100 millones de habitantes, mientras que América del Norte apenas alcanzaba los 3 millones. ¿Quién iba a pensar que se iba a alcanzar un equilibrio?

En efecto al principio de los años 2010 Europa occidental sobrepasa escasamente los 410 millones, contra 350 millones de América del Norte. Casi nos han alcanzado, proceso que según las previsiones de las Naciones Unidas finalizará de aquí a los años 2050, cuando Europa occidental alcanzará difícilmente los 430 millones contra más de 450 millones que alcanzará, sobradamente, América del Norte.

Y este alcance desde los años 1780 no se explica solamente por la tasa de inmigración, sino por unas tasas de fecundidad que han sido mucho más altas en América del Norte a pesar de la inexistencia de políticas familiares.

¿Acaso lo puede explicar una mayor fe en el futuro, un optimismo propio del Nuevo Mundo, una más fuerte propensión a proyectarse uno mismo y sus hijos, en un mundo en crecimiento perpetuo? Tratándose de cuestiones complejas no hay que excluir a priori ninguna explicación psicológica.

Pero, atención, nada está escrito por anticipado, dice Piketty, pues el crecimiento demográfico americano no cesa de declinar y si los flujos migratorios en dirección a la Unión Europea continúan aumentando, y la tasa de fecundidad aumenta, o si la diferencia de esperanza de vida entre Europa y América se torna en la otra dirección, todo puede cambiar. Las previsiones de la ONU no son certezas.

La complejidad de las selecciones individuales, de las estrategias de desarrollo y de las psicologías nacionales, tanto como de los resortes íntimos y de las voluntades de poder, hacen que nadie pueda prever lo que serán los desenvolvimientos demográficos en el siglo XXI.

La tasa de fecundidad alemana, italiana, española y polaca ha bajado de 1,5 hijos por mujer durante los años 2000 y, solamente, el aumento de la esperanza de vida, junto con los fuertes flujos migratorios ha permitido evitar una rápida caída de la población.

Piketty indica que la hipótesis más probable para la tasa de progresión de la población mundial durante los próximos siglos será muy por debajo del 0,8 % actual; de hecho, la previsión oficial está entre 0,1 % y 0,2 % anual, cosa que a Piketty le parece plausible; y en cuanto al crecimiento demográfico de cada país que tiene consecuencias para el desarrollo y la potencia comparada con otras naciones, no solamente tiene estos efectos sino que tiene también implicaciones muy importantes para la estructura de las desigualdades, pues un crecimiento demográfico fuerte tiende a desarrollar un rol igualador, pues disminuye la importancia de los patrimonios que vienen del pasado, es decir de la herencia, y cada generación debe, de algún modo, construirse por ella misma. En efecto, pone Piketty, un ejemplo extremo: si cada pareja tuviera 10 hijos no habría que tener en cuenta la herencia, pues todo sería dividido por 10 a cada generación; en una sociedad así el peso de la herencia queda totalmente reducido y para cada uno, en la mayor parte de los casos, es mejor y más realista confiar en su propio trabajo y en su propio ahorro. Y lo mismo aplica en países donde la población se renueve constantemente por la inmigración, donde la mayor parte de los inmigrantes llegan sin patrimonio importante; aunque este fenómeno implica otras consecuencias pues no se puede comparar totalmente a cuando el dinamismo proviene principalmente del incremento natural de la población, es decir, de la natalidad.

La conclusión sería que en la situación actual, el crecimiento de la población, que aunque es débil, tiene a largo plazo su importancia, y el crecimiento económico, son la fuente de la igualación de los destinos de los pueblos.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS IV.- Segunda ley fundamental del capitalismo

IV.- Segunda ley fundamental del capitalismo

22.11.2014

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Conviene especificar que la primera ley fundamental del capitalismo no nos da la determinación concreta de los tres términos[1]. Es por ello que hace falta introducir otros mecanismos y nociones, en particular la tasa de ahorro y de inversión, así como la tasa de crecimiento.

Esto nos lleva a la segunda ley fundamental del capitalismo, según la cual la relación b = capital / ingresos es tanto más elevada cuanto lo más elevada es su tasa de ahorro y cuanto más débil es su tasa de crecimiento. Lo que quiere decir que aunque hay tres términos en la ecuación, sólo hay dos grados de libertad: crecimiento y ahorro.

Dediquemos atención, inicialmente, al crecimiento.

Para hacer un estudio adecuado es preciso que estos conceptos abstractos se puedan utilizar y medir lo que se lleva a cabo mediante los datos, algunos extraídos de la contabilidad nacional de cada país, aunque ésta, en realidad, sea una construcción social en proceso que refleja la preocupación de cada época, que es la conclusión que saca Piketty.

De dicho estudio se desprende que la repartición mundial de producción ha ido cambiando a lo largo del siglo XX, pues, de hecho, Europa y América han concentrado entre el 70 y el 80 % de la producción mundial de 1900 a 1980, pero ha caído al 50 % al principio de los años 2010, y probablemente bajará hasta del 20 al 30 % en este siglo XXI, nivel que ya estuvo en vigor hasta principios del siglo XIX, mucho más conforme, además, con el peso de Europa y América en la población mundial.

Dicho de otro modo el adelanto de Europa y América en el curso de la revolución industrial les ha permitido durante largo tiempo pesar entre dos y tres veces más, en su producción, que su propio peso en la población.

La primera visión de divergencia parece fue de bloques continentales respecto de otros bloques continentales, pero ahora el fenómeno aparece entre bloques regionales.

Según datos del reparto del PIB mundial en 2012 Europa, poblada por 740 millones de habitantes, de los cuales alrededor de 540 son de la Unión Europea el PIB por habitantes de los cuales sobrepasa los 27.000 euros, y 200 millones del bloque Rusia / Ucrania cuyo PIB es de alrededor de 15.000 euros, apenas un 50 % sobre la media mundial.

América está igualmente dividida en dos conjuntos bien diferenciados, de una parte USA con Canadá y de otra el resto de países Latinoamericanos.

Piketty

 

 

Como se ve y por resumir, la desigualdad mundial va de un PIB per cápita (PIB = gross domestic product = GDP) de 150 euros por mes a 3.000 euros por mes y aunque las cifras que da Piketty reconoce que podrían ser corregidas por la variación en la paridad de las monedas, lo que conlleva grandes de diferencias en el poder de adquisición, no quita el hecho de la desigualdad regional en el reparto del capital ni el otro claramente visto, al verlo, actualmente, regionalmente, en lugar de continentalmente, que la parte de los países ricos disminuye regularmente desde los años 1970-1980.

Afirma que sea cual sea la medida utilizada, el mundo parece que ha entrado claramente en una fase de convergencia entre los países ricos y pobres.

¿Quiere decir esto que los problemas se van a resolver solos? ¿Quizás con la globalización? Ciertamente parece que algunos de los problemas se han acentuado, por lo que será conveniente continuar haciendo una reflexión siguiendo a Piketty.

[1] Primera ley fundamental del capitalismo: en notación matemática a = r x b, en donde a son los ingresos de capital dentro de los ingresos nacionales, r  es la tasa de rendimiento medio del capital, y recordemos que b = capital / ingresos 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS III.- Primera ley fundamental del capitalismo

III.- Primera ley fundamental del capitalismo

15.11.2014

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En artículos anteriores he tratado de que los conceptos quedaran claramente definidos, lo que me permite pasar a presentar la primera ley elemental que relaciona las nociones capital / ingresos.

Está claro que los ingresos son un flujo y, por lo tanto, corresponde a la cantidad de riquezas producidas y distribuidas durante un periodo dado. Por su parte, el capital es un stock, un importe acumulado que corresponde a las riquezas poseídas en un momento dado del tiempo y proviene de las riquezas apropiadas y acumuladas en el curso de todos los años pasados.

La manera más natural y fecunda, dice Piketty, de medir la importancia del capital en una sociedad dada consiste en dividir el importe del stock de capital entre el flujo anual de los ingresos. A este ratio capital / ingresos le daremos la notación b.

Si el capital de un país representa el equivalente de seis años de ingresos nacionales, entonces notaremos b = 6 (o b = 600%), índice que corresponde a la mayoría de los países desarrollados que se sitúa entre 5 y 6, y que proviene casi únicamente del capital privado.

Según los datos que da Piketty en Francia como en el Reino Unido, en Alemania como en Italia, en los Estados Unidos como en el Japón, el ingreso nacional así calculado alcanza alrededor de 30.000 – 35.000 euros por habitante, mientras que el total de los patrimonios privados (netos de deudas) es típicamente del orden de 150.000 – 200.000 euros por habitante, es decir, entre 5 y 6 años de ingreso nacional. Hay diferencias entre países, pues la relación b es superior a 6 tanto en Japón como en Italia, e inferior a 5 en los Estados Unidos y Alemania.

El hecho de que los ingresos nacionales sean del orden de 30.000 euros por habitante y año, es decir unos 2.500 euros al mes, en los países ricos de los años 2010, no significa, evidentemente, que cada uno dispone de este importe, y como todas las medias disimula enormes disparidades: en la práctica muchísimas personas disponen de mucho menos dinero al mes, mientras que algunas pocas tienen ingresos muchas decenas de veces superiores. Estas disparidades de ingresos provienen de una parte: de la desigualdad de los ingresos del trabajo; y de otra parte de la desigualdad, aún más fuerte, de los ingresos del capital, que proviene de la extrema concentración de patrimonios.

Lo mismo, el hecho de que un patrimonio privado sea del orden de 180.000 euros por habitante, es decir 6 años de ingresos medios, no implica que cada uno posea tal capital. Muchos poseen claramente muchísimo menos, incluso nada, pero otros poseen varios millones o varias decenas de millones de euros.

A fin de visualizar la forma concreta que toman los patrimonios en el mundo, hoy en día, Piketty precisa que el stock de capital en los países desarrollados se distribuye en dos mitades aproximadamente iguales: capital vivienda de una parte y capital productivo utilizado por las empresas y las Administraciones. Pues bien, para simplificar, en los países ricos de los años 2010, cada habitante gana de media del orden de 30.000 euros anuales, y posee alrededor de 180.000 euros de patrimonio, de los cuales 90.000 euros lo son en forma inmobiliaria, es decir, vivienda, y los otros 90.000 euros en forma de acciones, obligaciones y otras participaciones sociales en empresas, planes de ahorro e inversiones a plazo en empresas y administraciones. Aunque hay variaciones entre países este dato es interesante para visualizar, más o menos, la realidad.

Ha llegado el momento ya de presentar la primera ley fundamental del capitalismo en notación matemática

a = r x b, en donde

a son los ingresos de capital dentro de los ingresos nacionales

r  es la tasa de rendimiento medio del capital, y recordemos que

b = capital / ingresos

Por ejemplo, si  b = 600 % y r = 5 %, entonces a = r x b = 30 %.

Dicho de otro modo si el patrimonio representa el equivalente de 6 años de ingreso nacional, y si la tasa de rendimiento medio del capital es de 5 % anual, entonces la parte del capital en el ingreso nacional es del 30 %.

La tasa de rendimiento del capital es un concepto central de numerosas teorías económicas, en particular en el análisis marxista, con la tesis de la baja tendencial de la tasa de beneficio (predicción histórica completamente errónea). La tasa de rendimiento del capital mide lo que aporta un capital en el curso de un año, sea cual sea la forma jurídica que tomen esos ingresos (beneficios, alquileres, dividendos, intereses, royalties, plus valías, etc.), en forma de porcentaje del valor del capital invertido. Es una noción mucho más amplia que la de tasa de beneficio o la de tasa de interés, y engloba a estas dos.

Ciertas empresas pueden generar tasas de rendimiento superiores al 10 % anual, aunque otras tienen pérdidas. La tasa de rendimiento medio de las acciones alcanza el 7 u 8 % si se considera un largo periodo. Las inversiones inmobiliarias o en obligaciones no pasan del 3 o el 4 % y las tasas de interés real de la deuda pública, es quizás, más débil todavía. La fórmula que estudiamos no nos da esta información sutil, pero nos indica tres nociones fuertemente relacionadas.

Por ejemplo en los países ricos de los años 2010 se constata que los ingresos del capital (beneficios, intereses, dividendos, alquileres, etc.) alcanzan generalmente alrededor del 30 % del ingreso nacional. Con una relación patrimonio / ingreso del orden del 600 %; esto significa que la tasa de rendimiento medio del capital es del 5 % anual. Lo que nos lleva a descomponer los 30.000 euros de ingreso nacional por habitante, actualmente en vigor en los países ricos, en 21.000 euros de ingreso del trabajo (70 %) y 9.000 euros (30 %) de ingreso del capital. Es decir que cada habitante que posee un patrimonio medio de 180.000 euros, y el ingreso del capital es de 9.000 euros, se corresponde pues al 5 % medio por año.

Hasta aquí quedaría que b = 600 % ; a = 30 %r = 5 %.

Estos datos están de acuerdo con las estadísticas y datos que maneja Piketty desde el siglo XIX hasta el XXI. Además señala que la fórmula a = r x b, permite analizar la importancia del capital al nivel de un país en su totalidad, o incluso del planeta entero. Pero también puede utilizarse para estudiar las cuentas de una empresa particular. Por ejemplo, señala que una empresa que utiliza un capital (oficina o edificios industrial, equipamiento, máquinas) de un valor de 5 millones de euros, y que realiza una producción anual de 1 millón de euros, la cual se distribuye entre 600.000 euros de masa salarial y 400.000 euros de beneficios, la relación capital/producción = 5 = b, es decir, su capital representa 5 años de producción, y la parte del capital en esa producción es a = 40 %  y la tasa de rendimiento es r = 8 %. Imaginemos ahora otra compañía que utiliza menos capital (3 millones de euros), pero realiza la misma producción (1 millón de euros) utilizando más trabajo (700.000 euros de salarios) y tiene un beneficio de 300.000 euros. Para esta sociedad los resultados serían b = 3; a = 30 %r = 10 %, es decir, esta empresa es menos intensiva en capital que la primera, pero es más rentable (la tasa de rendimiento de su capital es sensiblemente superior).

El lector que haya llegado hasta aquí se preguntará a dónde quiere ir Piketty y nosotros con él. Se sobreentiende que queremos llegar a saber la razón de las desigualdades en el reparto de las riquezas, cosa que tiene mucho que ver la relación capital acumulado / ingresos. Nos falta ver cómo se produce la acumulación de capital para sacar alguna conclusión. Cosa que trataré de explicar en el futuro.

 

 

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La especulación financiera (II)

La especulación financiera (II)

23.09.12

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Hablando de la especulación dije que no trae riqueza, sino engaño, para aquel de quien se beneficia, y alimenta burbujas mentirosas. Eso es lo que ha estado pasando desde el inicio de la crisis de 2007 y aun antes.

Respecto de la especulación a lo grande

Algunos expertos han criticado la instauración de la moneda única como proyecto político que devino en realidad sin haber sido tomadas otras decisiones necesarias para que esa unión económica y monetaria funcionara. Hacen referencia a la integración fiscal, financiera y bancaria.

Dicen que el área de la moneda es adecuada, tan adecuada como lo es el área del USD, en espacio geográfico político y humano. El problema es que, a diferencia de USA no hay integración fiscal, es decir, no todos los estados tienen un sistema fiscal homogéneo como lo es en USA; tampoco hay integración financiera como sí la hay en USA: en efecto, las Reservas Federales de cada Estado que conforman la FED y que se integran en política congruentes, si no idénticas.

De modo que al euro le falta que los países de la zona euro apliquen estructuras con leyes impositivas semejantes y, también, que la coordinación de la actividad financiera (bancaria y de otro tipo de entidades financieras) se lleve a cabo por un organismo de control, supervisión y dirección, integrado en la UE. Esto es un lío, porque en la UE hay dos tipos de países, los que se han integrado en el euro y los que no (ejemplo UK con su GBP, es decir libra esterlina) que tienen intereses monetarios contrapuestos, del mismo modo que lo tiene USA con la UE. En efecto, al UK le interesa poder continuar gobernando con sus propias normas la City londinense (el centro financiero europeo más importante); también le interesa poder continuar jugando con la tasa de cambio entre GBP y € (lo mismo le sucede a USA con su USD). Y lo dicho del UK también es cierto de los otros países de la UE no integrados en el euro.

Si un George Soros pudo en el año 1992, derribar la libra esterlina, apostando contra la divisa británica unos 10.000 millones de dólares, hoy también cualquier especulador, Fondo o Fondo Soberano puede derribar no sólo a los gobiernos de España e Italia juntos, sino al euro en su conjunto. Como él señaló, “si tuviera que invertir”, apostaría contra la moneda comunitaria. Para el financiero, “la introducción del euro, en lugar de crear convergencia, ha supuesto divergencias”.[1]

La divisa europea ya está suficientemente extendida para que se la incite en una espiral devaluatoria, lo que incrementaría el tipo de interés sustancialmente, aunque ello permitiera una actividad exportadora como nunca antes. Esa actuación contra el euro vendría de la venta masiva de masa monetaria en esta denominación y beneficiaría grandemente al USD por la demanda que se generaría y que llevaría a la FED a imprimir más y más billetes como siempre ha hecho.

Alguien se preguntará por qué no hace lo mismo el BCE. No lo hace porque dentro de las normas no puede ni debe hacerlo. Entre los objetivos de dicha entidad no está la de hacer del euro la divisa internacional de referencia, como lo ha venido siendo el dólar de USA.

Especulación y crisis de gobernanza económica

¿Por qué no afecta de igual modo la crisis de los tipos de interés de la deuda a todos los países de la zona euro, si es la misma moneda? Porque el análisis fundamental de los parámetros de los deudores no es el mismo. En efecto, como no todos los países de la zona euro aplican las mismas políticas impositivas ni las mismas políticas de gasto, algunos de esos países son menos dignos de confianza en cuanto a devolver el dinero que toman a préstamo que otros. Cuando un país, igual que una familia, no tiene seguros los ingresos porque no es seguro que tenga trabajo que hacer (estar o no en el paro) y además gasta más que lo que tiene se pone en manos de los acreedores que le prestan, cada vez a mayor tipo de interés porque consideran que es más arriesgado el llegar a cobrar el préstamo que hacer. Lo mismo que no todas las familias o individuos tienen la misma solvencia y capacidad de devolución, ni una entidad bancaria está igualmente determinada a conceder préstamos en las mismas condiciones de tipo de interés, suelo o techo al tipo, asimismo, no todos los países dan la misma imagen de confianza y por eso no se les presta a todos a los mismos tipos.

Por lo dicho, España no tiene una buena imagen ante los inversores financieros, al menos, en comparación con Alemania a la que se le presta a tipos cercanos a 0 (cero) e incluso negativos, es decir, pagando el prestamista al Estado alemán.

¿Será lo que le pasa a España especulación o desconfianza? Creo que esto último aporta una mayor parte del componente prima de riesgo.

Y la desconfianza puede venir porque las estructuras del estado no sean eficientes, porque los que gobiernan la economía nacional, estado, comunidades autónomas y entes locales, gastan de forma ineficiente y más que lo que debieran; porque la mayor parte del gasto, en estos momentos, no sostiene estructuras productivas; porque hay muchos funcionarios y personal laboral a cargo de las administraciones[2] a quienes no se les exige productividad alguna; porque los responsables técnicos y políticos de tanto empleado público producen gastos innecesarios (vehículos, chóferes, oficinas, secretarías a su servicio); verdaderamente la estructura del empleo en España no es la adecuada.[3]

Los inversores pueden pensar que la estructura del sector público en España no es la adecuada y que los políticos que la gobiernan son unos manirrotos. Sólo recordar los sindicatos subvencionados, los liberados sindicales, los consejeros de las Cajas de Ahorro, los políticos aparcados en empresas públicas, los asesores en cada nivel de la administración, los canales de televisión mastodónticos.

Es preciso reformar estructuras y leyes

Pues bien, hemos llegado aquí. ¿Queréis decir que hay especulación contra España? Podría ser, porque ¿quién es tonto para no aprovecharse de la situación, si puede?, pero también nosotros tenemos la culpa (o, más exactamente, la tiene la aplicación en la práctica del sistema político de partidos  cuyos miembros elegidos por la ciudadanía no responden ante ella).

Otro gallo cantaría si fueran directamente responsables ante los electores. Nos engañarían una vez, pero los individuos no se perpetuarían legislatura tras legislatura, esos obedientes incompetentes corresponsables de los problemas que hoy nos acucian.

Hay que hacer cambios sustanciales en la ley electoral. Eso sí que sería ser reformista y no sólo hacer recortes en sanidad y educación, que también son necesarios, quizás, pero más necesario es reformar las prácticas de los que trabajan en la sanidad y en la docencia.

Veamos cuánto de reformista tiene este gobierno y hasta dónde quiere llegar para, de verdad, resolver los problemas de los ciudadanos, en lugar de preocuparse qué va a pasar en las próximas elecciones generales.

 

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