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El artículo 1 de la Constitución española de 1978

El artículo 1 de la Constitución.

Publicado en el Periódico Mediterráneo de 20181028

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

 

El artículo 1 de nuestra Constitución de 1978 dice:

España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

La soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado.

La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

Esto es la constitución de un régimen político del que se afirma es un Estado social, también un Estado democrático de Derecho. ¿Qué significa esto? No lo sé, porque es sólo a partir de la 5ª acepción y hasta la 8ª que el Diccionario de la RAE (DRAE) da definiciones de Estado que nos pueden interesar. Dando por supuesto que la 8ª no aplica a nuestro país, entiendo que aquí Estado significa país soberano, o forma de organización política, o el conjunto de los poderes y órganos de gobierno de un país soberano.

Pero ¿qué significa el adjetivo calificativo “social”, es decir al Estado se le califica como social, que según el DRAE tienes tres acepciones. Descartando las acepciones 2 y 3, nos queda que el Estado es social cuando pertenece o está relacionado con la sociedad. ¿Qué sociedad, la humana en general o la que forma la gente que vive en el territorio que se constituye como Estado social? Parece que esto último. Así que no sacamos como conclusión, de esa acción de constituirse, ningún “buenismo” hacia la sociedad, en el sentido de que el Estado esté principalmente enfocado a beneficiar a la sociedad (el estado benéfico), sino que interpretamos que es un Estado de personas que viven aquí. ¡Menuda afirmación filosófica!

La cosa no queda ahí porque la siguiente afirmación también se las trae. “… y democrático de Derecho”. Democrático tiene una sola acepción que dice “perteneciente a la democracia”, y todos tenemos claro que democracia significa “1. f. Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos,” o “3. f. Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes.” Pero “derecho” tiene 25 acepciones en el diccionario que usamos; podéis consultarlo. Dejando las que claramente no aplican, me quedo con la “2. adj. Justo, legítimo.”, la “12. m. Justicia, razón.”, y la “13. m. Conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva.”

Pero ¿puede haber un Estado democrático que no sea de Derecho, es decir que no sea justo y legítimo, que no ponga en vigor la justicia, el conjunto de normas o leyes? Parece, más bien, que lo que se quiere decir es que en el territorio en que vivimos sus habitantes nos hemos constituido en un Estado en el que las decisiones se toman por el pueblo, que ejerce el poder por medio de sus representantes, los cuales tienen que redactar principios y normas mediante leyes, que se pueden imponer coactivamente a los ciudadanos. Obvio. Pero notad que aquí la calidad de ese Estado democrático de Derecho radicará en la calidad de sus representantes, que se extenderá al trabajo que realizan de aprobar leyes, y a la calidad de los que pueden imponer coactivamente las normas emitidas, sean jueces o el poder ejecutivo.

De modo que, una vez más, el peso no recae en la letra o en el espíritu de la Constitución, sino en los ciudadanos que tienen que cumplirla y hacerla cumplir; recae en nosotros como votantes electores, elegibles o elegidos. Sí, de nuevo bonitas afirmaciones que no llevarán a nada si no escogemos a competentes gobernantes y a imparciales y justos jueces. La responsabilidad está en nosotros, en nuestra selección de candidatos. Si este Estado democrático de Derecho no funciona, tenemos nosotros la culpa, por llevar al poder a personas incompetentes, parciales o injustas.

La parte final del primer párrafo del artículo 1 aporta la idea de que el Estado “propugna” (presente), más bien, debería decir, que propugnará (futuro) o, quizás, sea este un presente continuo, es decir continuamente “propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”, lo que entendemos como una afirmación de que el principio que debe informar la actuación de todos los poderes, es permitir el mayor grado de libertad a sus ciudadanos, asegurar el funcionamiento adecuado, profesional e imparcial de los órganos jurisdiccionales para que la justicia sea una realidad en igualdad de condiciones para todos; y también la defensa del pluralismo, del funcionamiento de, y participación plural en, los órganos, para lo que se precisa debate, crítica, respeto, escuchar las propuestas y hacer contrapropuestas,  según creo, cosa que reduzco a parlamento, a parlamentarismo.

El segundo párrafo, que está siendo tan utilizado en la crisis catalana, afirma que la “soberanía nacional” (¿de la Nación española?) obviamente, “reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado”. Pero dichos poderes, emanan indirectamente, pues son los ciudadanos democráticamente elegidos los que los ejercen. Así que los ciudadanos de a pie, pintamos, pero poco. Sólo cada cuatro años, o menos, se nos consulta, en cada ámbito, y durante el resto del tiempo los elegidos campan por sus respetos, es decir, obran a su antojo o al de su partido, sin miramientos a la obediencia o a la consideración debida a sus electores.

En cuanto a que la soberanía reside en el pueblo español, me viene a la mente la Ley para la Reforma política del final de la dictadura con la que, formalmente, pasando de la ley a la ley, el antiguo régimen franquista se hizo el harakiri. Lo hizo porque quiso, pensando que haciéndolo hacía un servicio a España, y así fue. Por lo tanto, habría que pensar qué hubiese pasado si el diálogo entre los enviados del gobierno y los líderes del Partido Comunista y otros partidos ilegales, fuera de la ley, no se hubiera permitido, porque no estaba dentro de la ley. Si alguien me contesta que el régimen anterior no era democrático, le recuerdo las votaciones, los referéndums, la democracia orgánica y la parafernalia que la acompañaba. No lo estoy defendiendo. Lo que tampoco defiendo es que no haya manera de resolver el problema catalán porque se piense que es el pueblo español quien tiene que decidir. ¿Por qué no preguntamos a todos los españoles si quieren más impuestos o menos? Ningún gobierno responsable lo haría, porque el resultado sería desastroso, como el lector se imagina.

De modo que tenemos que reconocer que la soberanía está mediatizada, y el que no lo acepte, en realidad, no entiende las reglas del juego. No puede ser, no es lógico ni razonable que tengan que decidir los que son mayoría, que son los que se benefician del statu quo. Sí, me refiero a las balanzas fiscales. De modo que sólo hay una solución: diálogo, sincero, honesto, constructivo, respetuoso para con las posiciones del otro, con ganas de mejorar, de reconducir una relación entre iguales que se merecen mutuo respeto y, sobre todo, de acuerdo con lo que indica el último párrafo del artículo que estamos comentando, dado que “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”, hay que hacerlo con el debate, hablando, parlamentando, haciéndolo responsablemente en la sede, en el altar de la democracia, en el Parlamento.

Que el cumpleaños de nuestra querida Constitución de 1978 sea un periodo que nos ayude a reflexionar y a concitar todo lo mejor de nuestro pluralismo, para encontrar el modo de que, siendo plurales y manteniendo la unidad de la Nación española, consigamos respetar, valorar y amar las diferencias de nuestras diversas nacionalidades y regiones como una riqueza a cuidar y mantener.

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Bondad y corrupción humanas

BONDAD Y CORRUPCIÓN HUMANAS

20180817

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

 

Me refiero a la vida pública, y en cuanto a ella, algunos, si no muchos, nos sentimos desanimados de ver las mentiras, las estrategias dialécticas verbales de unos contra otros, la corrupción, el egoísmo, el oportunismo, el abuso del momento mediático, el uso y el abuso de la justicia con intención de sustituir a la política, el que se entienda o se cacaree que unas mayorías no tienen legitimidad por ser unión de varios partidos o ideologías y un sinfín de cosas más que sería prolijo enumerar.

Estoy harto de ver la falta de colaboración de unos con otros, cada uno arrimando el ascua a su sardina. Criticando destempladamente lo que hacen otros o lo que hicieron, cuando los que ahora critican, han estado haciendo, o lo hacen, igual o casi igual de mal, o de bien.

La política no debería ser una riña constante de palabras. Y digo riña de palabras, porque casi siempre sólo se usan argumentos, pocos datos, menos ciencia y nada de espíritu de colaboración. Y eso ¿por qué? En realidad, sois servidores públicos o al menos, tenéis ese nombre, pero, probablemente, demasiados pensáis como aquel, que dijo que estaba en la política para forrarse. ¿Es esa la razón? ¡Qué desgracia si estoy en lo cierto!

El momento es desaforado. Se necesita espíritu de concordia, espíritu de, poner a disposición de los demás nuestras capacidades y talentos para que las cosas, en la política, se hagan de la mejor manera posible. Y sí, voy a recuperar la palabra, se necesita espíritu de consenso.

¿Acaso alguno cree que los demás son mucho peor que nosotros? En realidad, son poco más o menos igual de malos; y lo he enfocado por lo negativo, porque no quería preguntar si alguien se cree superior a nosotros, porque todos somos buenos y malos, altruistas y egoístas, colaboradores y antagonistas.

Y todo esto es así porque, de acuerdo con las pruebas científicas obtenidas los últimos treinta años, somos fundamentalmente buenos, pero estamos sujetos a la corrupción de las fuerzas del mal, o lo que es lo mismo, somos esencialmente malos, pecadores, pero susceptibles de ser redimidos por las fuerzas del bien. Estamos hechos para dar la vida en favor de un grupo o al contrario, anteponernos a nosotros y a nuestras familias por encima de todo. Y de nuevo, esto es así porque la selección multinivel, en este caso la conducta social hereditaria, mejora la capacidad competitiva, no sólo de los individuos dentro del grupo, sino además de los grupos en su conjunto.

Un rasgo que nos identifica a los humanos es que somos obsesivamente curiosos, queremos saber lo que hacen otros. Somos genios o nos lo creemos a la hora de interpretar las acciones de los otros, y así, evaluamos, difundimos, intimamos, cooperamos, cotilleamos y controlamos, en lo posible a los demás. Y de ahí los comportamientos de los que me he quejado en párrafos anteriores.

Otro rasgo, es el abrumador deseo instintivo de pertenecer a un grupo, que define nuestra identidad y que nos concede a todos un complejo de superioridad (no solo a los criticados por ser nacionalistas).

Es un hecho probado científicamente que deseamos y preferimos, estar con gente de aspecto parecido al nuestro, que hable el mismo idioma o incluso, el mismo dialecto; con quien compartamos creencias (no me refiero a religiosas sólo). Y la amplificación de esta tendencia, desemboca fácilmente en racismo o en intolerancia religiosa: es decir, los buenos, pueden actuar con maldad.

Y además, está el problema del conflicto dentro del grupo. Los egoístas, los tramposos, si no se les pilla y excluye, se imponen a los altruistas, a los colaboradores y a los que reciprocan. Pero los grupos formados por altruistas se imponen a los compuestos por egoístas; dicho de otro modo, la selección individual fomenta el pecado, la selección grupal fomenta la virtud. Es el eterno conflicto, que no es una prueba de Dios ni una maquinación de Satanás, sino que es así como se resolvieron las cosas en nuestra evolución como especie. De modo que pudiera ser, lo mismo que es en la ciencia, que el conflicto sea la única manera a través de la cual pueda evolucionar la organización y la inteligencia humana. Tendremos que vivir con este caos congénito que, en realidad, como dice Wilson es la principal fuente de nuestra creatividad.

Entonces ¿por qué me quejo?, porque no estoy seguro de que estemos aprovechando bien a nivel de grupo la cooperación, la reciprocidad, el altruismo; mientras que sí estoy seguro de que, a nivel de individuos, muchos, casi todos ellos políticos, están aprovechando muy bien su egoísmo contra el grupo, sus trampas y sus mentiras. Por eso es necesario expulsarlos de la vida pública, extrañarlos, que se ganen la vida trabajando, no en la política.

Es necesario que las instituciones docentes estén más allá de la política y por encima de ella. La universidad no debería estar tan politizada, no deberían crearse universidades, como se ha hecho, para compensar la politización de otras; la docencia, y no me refiero sólo a la reglada, debería ser la tutora de las nuevas generaciones hacia el interés civil por la polis, por la política; debería ser el germen de las preguntas, del conflicto, de las ofertas de diálogo, de las tesis contrapuestas, de las síntesis a las que se llegara, quedándose este debate, de momento, en el ámbito estudiantil y docente universitario para que, posteriormente, trascendiendo más allá de este ámbito, las ideas se asienten en la sociedad civil, que es la que debería estar más politizada.

Y mi discurso ¿para qué sirve? Para poner en valor la importancia de nuestras decisiones a nivel individual y grupal. Hay que aprovechar el conflicto para cambiar las cosas: los políticos, los partidos, la universidad, la política. Se acercan momentos en los que disfrutaremos de derechos que permitirán conformar tanto el marco de decisiones grupales como las propias políticas comunitarias, estatales, autonómicas o locales. ¿Tenemos claros los conflictos de intereses? ¿Tenemos claros los pasos para resolverlos? El marco en el que debatir ideas y aclarar esos pasos, esas propuestas, debería empezar ya, entre la sociedad civil, y debería estar también más allá de las instituciones y partidos, en la propia calle, en los medios de comunicación, en las redes sociales. Ahora todos tenemos la oportunidad de hacernos oír, no es necesario otros 15 Ms; el debate debería empezar ya. Eso de “no nos representan”, no es para decirlo, sino para evitarlo; echémosles fuera, quitémosles la oportunidad.

No permitamos que los viajes para dejarse fotografiar, los seminarios de fin de semana, los congresos de los partidos, en los que se pontifican sus propuestas e ideologías para salir en los medios de comunicación, donde no hay ni debate ni ciencia, sustituyan a la sociedad civil. No consintamos nuestro servilismo.

No hay superioridad moral de nadie sobre otros. Todos somos, o debemos ser, igualmente actores de nuestro presente para mejorar nuestro futuro y el de nuestro grupo y de las nuevas generaciones, que no debe consistir en una lucha de todos contra todos, sino de todos para favorecer el grupo o grupos concéntricos en los que convivimos: local, y hacia arriba, autonómico, estatal y europeo.

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El empecinamiento ha dañado la “res publica”

EL EMPECINAMIENTO HA DAÑADO LA “RES PUBLICA”

04.11.2016

Federico M. Rivas Garcia – Doctor en Derecho

 

Referido a España, tiempo después del 20D, como ciudadano, me “mojé” y dije en las redes sociales que la única solución viable era la de un gobierno del PP en minoría.

A pesar de lo que dije y habiendo vivido lo que ha ocurrido, tengo que confesar que no creía yo que el entonces Presidente del Gobierno en funciones fuera tan empecinado. Tampoco creía que lo fuera también el entonces Secretario General del PSOE. Pero lo cierto es que o por uno o por el otro, o mejor, en plural, por unos o por otros, hemos visto que se ha perdido casi UN AÑO, tiempo que no volverá, poniéndonos los ciudadanos nerviosos y produciéndose un daño, veremos cuándo es reparable, a nuestra estimación de la actividad política, de los partidos y a nuestra valoración de las personas que se dedican a ella.

Si no había otra solución que aceptar que uno u otro cediera, para cualquier acuerdo de gobernanza, ¿dónde está el patriotismo de los que se les llena la boca cuando lo pronuncian? O ¿dónde está el poner por encima de todo el bien de los ciudadanos de los otros? O ¿dónde está la humildad, el deseo de trabajar en el gobierno o en la oposición para mejorar la patria, nuestra querida tierra?

Ciertamente los ciudadanos estamos muy dolidos. El curar estas heridas morales va a dilatarse en el tiempo. La “res publica” ha sufrido.

Sólo si, como consecuencia de ese gobierno en minoría, todos, el PP (cuyo presidente no quiso apartarse a un lado), el PSOE (cuyo Secretario General ha tenido que ser apartado), los aprendices de políticos (que no se conforman con que las cosas se queden como están y dicen que “pueden” cambiarlas saliendo a la calle) y los partidos más cercanos, en los territorios con algún sentimiento identitario, se ponen a trabajar y a colaborar, tomando decisiones sobre asuntos que previamente han sido debidamente estudiados por expertos (no por aprendices no competentes [que es lo que son la mayoría de los diputados]), debatidos en profundidad y consensuados, transformando en disposiciones legales ese trabajo, podremos perdonar tamaña vergüenza que hemos tenido que pasar.

Si son nuestros servidores ¿por qué no han servido al país y a sus ciudadanos? Más bien, se han servido a sí mismos en beneficio de los partidos que representan, o a sus propias personas, pensando en su poltrona o en las ventajas que dentro de su partido o en el gobierno de España podrían llegar a obtener.

Si sabemos en esta época de luces que nunca nadie tiene la verdad objetiva y que sólo existen aproximaciones a la verdad, a la expresión de la realidad. ¿Por qué todos han actuado “ex catedra” arrogándose infalibilidad? Por egoísmo. Porque pensaban que para sus intereses partidistas o personales les iba mejor.

¿A estos tenemos que dejar la gobernanza pública?

El privilegio de gobernar un país se debe dejar para los mejores y porque uno tenga las iniciales MRB no asegura que lo haga ni Muy, ni Requetebién, ni Bien.

Y los mejores no son los que “la” ven venir y esperan a que “escampe”, o a que se “pudra”, o a que se cure por sí sola la herida. Los mejores tampoco son los que no quieren pactar con los que más votos han obtenido, porque con ello han permitido una situación insostenible que iba a peor. Ni tampoco son los mejores los que “cuanto peor mejor “, porque así habrá excusa para la revolución de la nueva política y vendrá el cambio; habrá excusa para incitar a salir a la calle a hacer democracia de pancarta y manifestación, tratando hacer ver un poder que las urnas no les confirieron.

Después de la investidura todos debemos estar atentos a cómo se desarrollan las cosas pues la oposición, toda la oposición, tiene el deber de hacerla de modo responsable y razonable.

La solución a los problemas de España no tiene 17, ni 50 o 52 alternativas, sino pocas, pues vivimos en la UE con normas y Directivas que cumplir, en un mundo de libre mercado, con acento social, y para gobernarlo debemos preocuparnos por la economía del bien común y no por la que acentúa las diferencias. Evitando los grandes errores que todos conocemos y que llevan a una desigual distribución de la riqueza y que se resuelven con una acertada política fiscal que la redistribuye, la cual se tiene que desarrollar a nivel de la UE para que sea efectiva, al resto de cosas, de problemas, estoy seguro que todos darán una solución semejante.

Así que lo que hace falta es que no se enzarcen en discusiones peregrinas y se pongan a trabajar como si estuviéramos en una emergencia, colaborando todos, aportando ideas todos, respetando todos, las ideas de los demás. El tiempo perdido se tiene que recuperar. Se tiene que estimular el crecimiento mediante el consumo por medio de poner a disposición financiación adecuada y suficiente.

Hace falta tener confianza en el futuro. Si la hay también hay actividad, hay puestos de trabajo; si hay trabajo la recaudación fiscal crece y se puede dedicar mucha parte del presupuesto a otras cosas necesarias que no sean las prestaciones o ayudas por desempleo. Aunque el gasto público siempre tiene que ser eficiente. Los que lo deciden no pueden ser derrochadores manirrotos como lo han sido unos y otros.

Todos debemos ponernos las pilas, confiar en un cambio de actitud, en que tanto los sinvergüenzas, como los estafermos, así como los egoístas que piensan en su propio partido y sillón; los que mienten al pueblo ofreciendo cosas irrealizables (muchos son), los populistas, y todo el pueblo, nos vamos a poner a trabajar duro confiando en el futuro.

Sólo si los políticos hacen trabajo bien hecho, podremos perdonarles el daño que han hecho a la cosa pública.

Somos buenos, tenemos iniciativa, estamos preparados, somos trabajadores y hemos aprendido la lección y no vamos a consentir que la clase política eche a perder nuestro futuro. Nosotros pondremos todo nuestro corazón en ello, pero si fuera necesario, para eso están una moción de censura, los votos o los tribunales.

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ESTRATEGIAS PRESUPUESTARIAS Y ENGAÑOS

ESTRATEGIAS PRESUPUESTARIAS Y ENGAÑOS

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

2015.09.20

 

La estrategia de Rajoy

En España el gobierno de Rajoy acaba de utilizar una “estrategia” presupuestaria: formular con suficiente anticipación los presupuestos que otro gobierno que tiene que salir de las urnas tiene que ejecutar, con lo que ata de pies y manos a los nuevos gobernantes que, en su caso, perderán un año para cambiar las cosas, o tendrán que estar haciendo modificaciones presupuestarias constantemente.

Lo lógico hubiese sido esperar a que el nuevo gobierno formulase los presupuestos generales, incluso aunque no hubiese tenido tiempo para ello, porque con prorrogar los actuales se hubiese conseguido ese tiempo adicional necesario para la recopilación de datos, los estudios pertinentes y la formulación de los mismos de acuerdo con sus líneas políticas. Pero no, como tenía la posibilidad legal, ha querido o “fastidiar” a los que salgan de las urnas, atándoles las manos durante un ejercicio, o “asegurar” que su política económica (la de Rajoy) perdura algún tiempo más, aunque no gane las elecciones. Si es Rajoy quien las gana todo está bien. Ha dado un mensaje con suficiente nitidez y anticipación de cuál va a ser la política económica, pero si no gana las elecciones, ya veis, lo repito, continuará gobernando por un año más, al menos en cuanto a la política presupuestaria se refiere, con lo que habrá manifestado, más allá de toda duda, la convicción de que su política económica es la acertada, es “la verdad”, que es una manifestación del pecado de presunción.

Las políticas económicas que en la práctica se están llevando a cabo en la UE son, si más no, un remedo de las americanas. La diferencia es que allí se dice a las claras. Aquí los gobernantes, con una actuación paternalista nos engañan y nos asustan diciendo que no hay que gastar más que lo que se tiene (y tienen razón) pero por otra parte, a escondidas, el BCE compra toda la deuda estatal posible monetizándola, que es lo que ha hecho USA, para evitar la quiebra del estado y para estímulo de la economía.

 

El incumplimiento presupuestario

Otra estrategia, absolutamente deleznable, es la de no llevar a cabo en su totalidad la ejecución el presupuesto, o hacerlo tarde, es decir, no licitar diligentemente o no llevar a cabo el gasto que debe servir para la activación económica y del mercado laboral. El gobernante queda bien poniendo partidas en los presupuestos que, luego, nunca se ejecutan. En una palabra, miente.

Pero no es sólo el gobierno del Estado el que practica estrategias presupuestarias, también las corporaciones locales, provinciales y autonómicas lo hacen. Lo que hacen unos también lo hacen los otros, por eso, aunque hablemos de unos nos referimos a todos.

En efecto, algunos municipios acostumbran a presupuestar partidas, que se repiten para el mismo objeto durante años, pero nunca se ejecutan. O partidas cuyos importes nunca se alcanzan. Son promesas que no se cumplen y que van a servir para que haya superávit que después, aprobado el remanente y si no hay deuda, el gobierno municipal gasta, gota a gota, mediante modificaciones presupuestarias a su antojo, sin políticas de inversión o de gasto, a medio o largo plazo, que se puedan debatir.

Superávits ficticios que mediante el buen trato que el ente da a los medios de comunicación sirven para cualificar de buenos gestores a los políticos que hacen estas trampas.

 

Consentimiento culpable de los órganos supervisores

Estas no son buenas prácticas. Son corruptelas que los organismos supervisores consienten, no atajan, aunque estén conscientes de ellas. Me atrevería a decir que son prácticas, incluso, corruptas, porque sin transparencia, ni debate ni veracidad, no se puede decir que se esté gobernando democrática y correctamente.

 

Los incrementos de plantilla o contrataciones temporales

Otra estrategia inadecuada ha sido incrementar la plantilla de personal (aunque hayan normas que tratan de impedirlo, pero siempre se encuentra algún recoveco, “apoyo” “de temporada” para poder hacerlo y repetirlo para casi ser personal indefinido.

Aunque yo opino que no es el empleo público (ruego me disculpe la parte más extrema de la izquierda política) el que va a resolver el problema del paro. Pero rodearse de gente a quien mandar es para algunos una necesidad, una manifestación de, y un medio para ejercitar su poder, sin olvidar el voto cautivo que se consigue.

Al contrario, el gasto, todo el gasto y con él también el de las plantillas de personal, debe ser sostenible y eficiente; con la menor carga impositiva para el ciudadanos.

 

Consecuencias de estas estrategias

A la vista de todas estas prácticas, además de poderse equivocar en gastar y hacerlo inadecuadamente, se está engañando al ciudadano, pues los analistas que estudian, comparan, y hacen previsiones de los efectos del presupuesto, pero que no conocen la verdadera intención de los que van a ejecutar los presupuestos, pierden completamente su tiempo, pues los estudios que han formulado, en base a datos irreales, dan resultados y efectos que se caen como castillos en el aire.

 

Y todavía peor

Todavía hay otros tipos de estrategias: la negligencia de los gobernantes que hace perder partidas de la UE por no haber solicitado a tiempo o documentado la petición de uso del importe correspondiente; o la intencionada persecución al administrado cuando éste tiene que justificar documentalmente el cumplimiento de las condiciones que le hacen acreedor del importe presupuestado para la subvención o ayuda que ha solicitado, con lo que el importe, puede, en su caso, destinarse a otros menesteres o partidas.

Es cierto que ha habido abusos y actos delictivos en la distribución de fondos europeos que se justificaban incorrecta o falsamente, pero para sacar conclusiones sería interesante conocer las estadísticas de ayudas solicitadas y finalmente pagadas.

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POLÍTICOS ENCHUFADOS

POLÍTICOS “ENCHUFADOS”

2015.07.12

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En España nuevos políticos han entrado en gobiernos autonómicos y municipales, a los cuales hay que recordar que en el pasado se ha hablado mucho de “puertas giratorias” o de colocar de asesores a amigos y parientes, o en organismos públicos, nacionales o internacionales, y en grandes empresas a políticos que después de unas elecciones han quedado descolgados (no elegidos), dado que no hay sitio para ellos en el “aparato” o son molestos en puestos de primera línea y se les coloca en sitios tales como compañías eléctricas que dependen de las decisiones políticas, o como sucedía algunos años atrás en la Cajas de Ahorros, a las cuales llevaron a sus más altas cotas de eficiencia y de buenos resultados; lo digo por la confianza que han generado en que se las rescatara a todas ellas.

Eran personas que jamás han trabajado en la economía real ni financiera y, no obstante decidían dónde invertir los dineros de los millones de pequeños ahorradores, a los cuáles así les fue, y ahora se encuentran unos y otros en los tribunales: unos por sus pingües indemnizaciones que recibieron y otros porque no han podido disponer de sus ahorros.

Es comprensible que un Miquel Roca Junyent, abogado con un bufete de prestigio; que un Pedro Solbes, excelente economista; y otros muchos que tiene oficio, lo repito, oficio, no título, y que lo han ejercido antes y después de pasar por la política, puedan aportar su experiencia, sus conocimientos y su buen criterio a las compañías que los contratan.

Pero cosas distintas son, que sean los partidos los que pidan directa o indirectamente su “aparcamiento” en un consejo de administración, para tenerlos en el “pesebre”, contentos y callados, evitando los problemas de liderazgo internos de partido; y también cosa distinta es que, con mucha o poca complicidad partidista se “coloque” a gente no suficientemente competente, profesionalmente hablando, que no han ejercido oficio alguno distinto del militar en un partido (si a eso se le puede llamar oficio). En ambos casos, parece que las empresas están dispuestas, y muy a gusto, a pagar dicho “impuesto revolucionario”, a pesar de que sus “colocados” saben hacer poco más que hablar de sus experiencias políticas que los “negros” escriben como memorias para ellos.

Estas no son, en ningún caso, claramente, prácticas apropiadas de gobernanza de las compañías, y, quizás, en alguno de los casos, sí sean prácticas corruptas perseguibles penalmente. Habría que verlo.

Pero lo que sí es cierto es que al ciudadano común le repugnan estas prácticas y esa es una más, además de otras muchas, de las razones del desencanto respecto de la “casta” o “clase política”. Y esto tiene que cambiar.

Por otra parte también, los partidos políticos suelen “colocar” a sus “ex” en sus propias fundaciones, no financiadas de forma suficientemente transparente (otra ‘chinita’ más), pero que tienen como objeto debatir internamente sobre ideas, filosofía y praxis política. Estas instituciones y los que allí trabajan son los que debieran plantear un cambio radical para una regeneración política. Si no se hace rápida y diligentemente nos vamos a encontrar que el desencanto que arraiga más y más en la juventud lleve a ésta a posiciones anti sistema, revolucionarias, asamblearias, ácratas e incluso anarquistas. Nos lo jugamos todo. ¡Ya, ya está bien! señores. Si el cambio no viene ordenadamente, quizás venga desordenadamente para perjuicio de todos.

Y digo todo esto, porque ahora, después de las elecciones municipales y autonómicas y en el futuro casi inmediato de fin de año, con las elecciones generales que, probablemente, también cambiarán bastante las cosas, muchos que no han ido en las listas o no irán, o han quedado sin cargos políticos y otros que probablemente quedarán, se están afanando para que les “arreglen” lo suyo, lo de su ‘puchero’.

La solución se sugirió en el artículo publicado el 7 de junio ppdo. en este mismo medio titulado “El oficio de político” y a lo allí indicado, añado ahora la idea de que los políticos, todos los que no tienen oficio, o habiéndolo estudiado no lo han ejercido, deberían resolverse, como en el caso de la formación continua de los profesionales, a actualizarse y a hacer prácticas en las correspondientes escuelas o universidades para, que llegado el caso, que llegará, puedan ganarse la vida decentemente, no como asesores de lo que desconocen, o personal de confianza que para lo único que sirven es para hacer de “clac”, y no a costa de “impuestos revolucionaros” o “aparcamientos” que tienen muchos visos de convertirse en objeto de revisión por los tribunales.

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Cómo deberían financiarse los partidos políticos

Cómo deberían financiarse los partidos políticos

20.01.2013

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho

 

 

El 17.11.2006 colgué aquí bajo el título ‘La financiación de los partidos políticos’ una frase larga y suficiente descriptiva. Era la siguiente:

¡Qué miedo tratarlo! nadie dice nada, y mientras tanto cada uno de los partidos se la monta como puede y, al cabo de los años, antes de prescribir, se descubren sus delitos y trampas, no sólo para financiar ilegalmente partidos sino porque algunos de los administradores del dinero de los mismos han “untado” también su personal y particular tostada.

Ciertamente dichas palabras continúan siendo actuales, pues con el descubrimiento de que un ex tesorero del Partido Popular tuvo una cuenta en un Banco Suiza en la que llegó a acumular 22 millones de euros hay mucho en qué pensar, y es necesario que se planteen de una vez por todas las alternativas a una correcta financiación de los partidos políticos, en lugar de aprovechar la ocasión (que no digo que no haya que hacerlo) sólo para lanzar dardos envenenados al contrincante político.

Bien, pues vamos a meternos en harina.

En ABC del 18.01.2013, un editorial en página 4 señala que es “Una oportunidad para el PP” y que “una investigación interna exhaustiva y con resultados públicos, además de la colaboración que requieran los jueces, sería la respuesta adecuada del PP en el caso Bárcenas”. Indica que “en una democracia mínimamente exigente, con una opinión pública justificadamente sensible a la corrupción (que además de un delito es un insulto a la sociedad con un 26 % de pago), el PP tiene que tomar iniciativas y no quedarse en la negación de los hechos”.

En El Mundo del 18.01.2013, en primera página se titula “Bárcenas pagó sobresueldos en negro durante años a parte de la cúpula del PP”, pues “distribuía cada mes sobres con cantidades entre 5000 y 15000 euros a secretarios ejecutivos, cargos públicos y otros miembros del aparato”, “con el dinero B procedente de constructoras, empresas de seguridad y donaciones, se daba también protección a amenazados por ETA” y “el ex tesorero amenazó con revelar estos pagos si el partido no le ayudaba a eludir las consecuencias penales del ‘caso Gürtel’”. En la página 3 de Opinión, en la zona de editoriales, también señala que “El PP no tiene más remedio que hacer su propia catarsis interna”, “está obligado a investigar los sobresueldos que Bárcenas repartía”, “todas las personas que hayan incurrido en estas prácticas deberían ser apartadas del partido, que, llegados a este punto, no tiene más remedio que llevar a cabo su propia catarsis”. Y dentro de una serie denominada “Políticos bajo sospecha, corrupción en Génova 13” desgrana material, incluso con fotocopias de documentos, hasta la página 13.

Allí mismo se dice que Rubalcaba del PSOE exige explicaciones a Rajoy, que IU (Izquierda Unida) y UPyD (Unión Progreso y Democracia) piden responsabilidades al PP; se añaden los casos de la familia Pujol, de CiU (Convergència i Unió) y el caso Pokémon de Galicia.

En El Mundo del 20.01.2013 se continúa la serie y se titula que a Rajoy: “No me temblará la mano” y que “el presidente del PP deja en manos de los jueces la investigación sobre Bárcenas”, “Cospedal anuncia que se ‘revisará’ toda la gestión”, Valenciano, del PSOE, dice que “es insoportable”.

Bien, estupendo, mucho material, buenas intenciones, exigencias y bastante más. Veremos cómo sigue, y si como siempre, el intercambio entre el PP y el PSOE será algo así como: ‘eso lo serás tú’, o ‘tú más que yo’, y ‘en tu partido pasó aquello’ y ‘en el tuyo lo otro’; o ‘quién esté libre de culpa que tire la primera piedra’; o ‘además de la civil o penal hay que exigir responsabilidades políticas’.

No puedo pensar que todos sean deshonestos, pero no comprendo cómo ningún partido entra a fondo en el meollo del problema: la financiación de los partidos políticos. No lo hacen el PP ni el PSOE, pero tampoco IU, UPyD ni los nacionalistas en sus diversas sensibilidades de izquierda o derecha. Todos quieren que las cosas continúen como hasta ahora, no quieren, creo, hacer nada porque, quizás los ciudadanos corrientes nos enteraríamos de cosas que, de momento, les parece que son sólo para iniciados. Oscurantismo, falta de transparencia que lleva a falta de honestidad, incluso a delincuencia. Pero son ellos los que lo quieren así, porque no se atreven a abrir la “caja de Pandora” que representa promulgar una legislación clara y transparente.

Si se cambiara la legislación y se permitiera la financiación casi libre de los partidos, me digo a mí mismo: ¿y qué si las empresas, algunas, o individuos poderosamente ricos, financian a los partidos?, ¿acaso no financia el Estado también a los mismos, y a los sindicatos, y a la Iglesia Católica? El problema no es la financiación, el problema es la falta de transparencia en cuanto al origen o a las cantidades, el no conocer quién les apoya, para poder estar ojo avizor para evitar el abuso, porque si el ejercicio que hacen los “grupos de presión” o “lobbies” en muchos países está perfectamente aceptado y es parte del funcionamiento de la democracia, el ejercicio de apoyar económicamente en las campañas electorales y en otro momento a los partidos también. Y está claro que tiene que ser así porque no hay institución de participación ciudadana que se financie con las cuotas de sus asociados; ni sindicatos, ni partidos políticos, ni asociaciones patronales, ni mucho menos la Iglesia Católica.

La cuestión es cómo ejercer el control financiero de esas aportaciones transparentes que sugiero.

Una vía sencilla es la de permitir la deducción como gasto del importe donado en la Base Imponible del Impuesto sobre Sociedades o del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, además de otorgar algún tipo de desgravación, como cuando se aporta a Fundaciones. Sería una forma de controlar los ingresos de los partidos, y el incentivo de considerarlo gasto y además base de una desgravación, es tan poderoso que, probablemente, todos lo declararían. Pero, por si acaso, algún partido todavía aceptara donaciones no transparentes, legislar que cuando se probara que el mismo lo había hecho, el partido debería quedar suspendido o incluso disuelto, además de la inhabilitación, las penas o responsabilidades civiles, penales o fiscales, tanto para el propio partido como para los individuos. Con esto se arreglaría para siempre y de raíz el problema.

Esto también evitaría que pasara lo que ha estado pasando hasta ahora, que los importes que se entregan a los partidos los recojan personas, que, a menudo, recaudan para sí mismas total o parcialmente, en lugar de hacerlo para el partido que representan.

Claro está que, esto evitaría el enriquecimiento de los arribistas, que saben poco de la cosa pública, pero mucho de beneficiarse de militar en un partido, por las prebendas y oportunidades que les ofrece. Evitaría también que personas sin escrúpulos se dediquen a la política porque no tienen otra cosa mejor a la que dedicarse, puesto que en ella no se precisan dura ‘oposición técnica’, test de inteligencia, capacitación, experiencia ni ninguna otra cualidad de eficiencia, sino simplemente obediencia, para esperar con paciencia el momento de cada una de aprovechar las circunstancias para beneficiarse personalmente, legal o ilegalmente.

Otra cosa a la que llevaría, probablemente, sería a la plena desafección del ciudadano respecto de la clase política que, desembocaría, por necesidad, en una catarsis o limpieza: ni incompetentes, ni sólo obedientes, sino personas de probada experiencia, capacitación y reconocido prestigio, serían el material del que se nutrieran los partidos y, en ese caso, sus retribuciones deberían estar a la altura adecuada, pero no más, como dicen los empresarios ‘a precio de mercado’.

Esa catarsis debiera venir también por el cambio de la legislación electoral de modo que fueran los ciudadanos los que eligieran a las personas, aunque estas militaran en partidos. Las personas elegidas en cada circunscripción deberían ser las que debieran responder ante sus electores y no ante sus partidos. Es decir, listas abiertas. Lo que no quita aplicación de algún tipo de ponderación para añadir estabilidad y no una disgregación que impidiera la gobernanza, pero sin dejar de atender a las minorías. Y también por un cambio legislativo, en su caso, para que el Senado fuera un lugar excelente y mejorado. Un lugar para tratar de que los territorios resulten representados, que sean personas y no siglas de un partido las que primen, y permitir el acceso de minorías, así como la ponderación de la decisión de aprobación o rechazo de la Cámara de segunda lectura mediante el estudio de en lo que resultaría el voto de minorías mayoritarias.

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Llegó la hora de la verdad

Llegó la hora de la verdad

Félix del Pozo López. Abogado.

14.10.2012


Desde hace ya más de 30 años, unos y otros han ido manteniendo el equilibrio, todas las tendencias han ido cediendo en busca de la convivencia, sin resultado.

No obstante, los que desde un inicio hemos seguido los avatares de las relaciones políticas entre los partidos nacionalistas y los dos grandes partidos nacionales PSOE y PP, nos dábamos cuenta que estos últimos, siempre han sido muy partidistas y poco estadistas, y legislatura tras legislatura, iban perdiendo, con sus constantes cesiones, la partida, con los nacionalistas.

Durante la primera de las tres décadas, sentirse español, enarbolar la bandera de España era ser “un facha”, había que comprender a dos pueblos oprimidos, así vivíamos y así se daba explicación hasta a la desdicha terrorista, a la que se le encontraba causa.

El sistema electoral, en un momento dado, por el efecto de la matemática electoral y el interés por gobernar de la mayoría minoritaria, hace que las minorías impongan sus condiciones, asegurándose así los nacionalistas, una cesión continúa  de parte de los que ganando la elecciones sin mayoría absoluta desean gobernar. Por otro lado, las Comunidades independentistas siempre han estado gobernadas por nacionalistas, durante más de 30 años, la educación, la cultura, los medios de difusión han ido haciendo su trabajo, hasta conseguir el fin. Lo han logrado con el adoctrinamiento de tres décadas. Al mismo tiempo en el Estado se practicaba una política de corruptela política, de amiguismo, de camarillas, de gasto desenfrenado y de políticas equivocadas que nos ha llevado a esta situación, en la que una crisis galopante, una pérdida de valores en la sociedad y una pérdida de confianza, nos deja al borde del precipicio.

Pensar y decir lo contrario es no ver la cruda realidad, seguir haciendo la política del avestruz.

Al PP y al PSOE y a sus dirigentes, la Historia, la que redactarán los historiadores de dentro de unas décadas, los juzgará y nos dirá de sus despropósitos.

La debilidad, social, política y económica, hace que los nacionalistas, o mejor ya, llamémosles por su nombre, independentistas, habiendo conseguido su fin, el adoctrinamiento del pueblo, la transferencia de todos los poderes y el dejar sin sentido ni contenido estatal estas regiones, piensen, que llegó el momento, su hora, después de hablar de tú a tú al Estado los últimos años, al fin, el fin, la panacea, el independizarse de España, ahora que es un país desvalido a punto de ser rescatado por Europa , con disputas internas de todo tipo, con una sociedad dividida y descontenta. Sí, llegó el momento, su momento, ya no basta con  sentirte catalán dentro de España, ya no es suficiente; basta ya, de mantener una sanguijuela, esa llamada España a la que alimentamos (véanse las balanzas fiscales de las Comunidades Autónomas), que nos oprime y nos chupa la sangre, seamos independientes.

Enhorabuena pues, dirigentes del PP y del PSOE, por vuestros logros, habéis demostrado tener una gran visión de Estado, una buena visión del futuro y de España; habéis siempre antepuesto los intereses generales de España, a los intereses propios del futuro inmediato, sí; la verdad, es que inspiráis, seguridad y confianza y buscaréis, alguna formula de Estado asociado, de federalismo y saldréis como siempre del paso. Todo, menos solucionar de verdad. Lo que sea, pero siempre paños calientes.

Pero os digo, no sirven ya paños calientes, al día siguiente el País Vasco, irá detrás, después otra Comunidad y el problema, los conflictos se multiplicarán, en diferentes frentes. Como siempre, calculáis mal, os equivocáis una vez más, con la gravedad de que os equivocáis y hundís, entre unos y otros, a España.

Si fuerais “socialistas” y “populares”, políticos de verdad, estadistas de verdad, os unirías, formarías un gobierno de salvación nacional, como se hizo hace una década en Alemania, hablaríais a la ciudadanía y el 80 % os seguiría, volvería la confianza y saldríamos del callejón sin salida en el que nos habéis metido.

La debilidad, llama a los que están expectantes a actuar y cuando la mecha se enciende, el fuego corre sin control y estáis dando lugar, con tanto frente abierto a que la mecha encendida por “simpatía” [las explosiones se transmiten en muchas ocasiones por simpatía] prenda y explote todo: la economía, el estado, nuestra identidad, nuestra propia persona y España.

Estáis siguiendo la política de siempre en educación, dando bandazos, nunca os habéis puesto de acuerdo en una reforma educativa que lleve a los jóvenes a sacar partido de la educación. Queréis después de 30 años, españolizar. Otros están catalanizando desde hace más de 30 años. ¿A dónde vais?, y, además, tarde y mal.

Ahora esperáis como “tontos” el resultado de las elecciones del 25 de Noviembre. Los jóvenes, la opinión pública, es noticia, domina en los medios de difusión; y si alguno tiene dudas solo tiene que observar, ver el espejo donde tenéis que miraros. ¿Quién puede elegiros a vosotros, PP y PSOE, que sois los causantes de la crisis y opresores y sanguijuelas del pueblo, tanto catalán como español? Sí, así os ven, ¡estáis ciegos!, el varapalo, en las urnas, está servido.

Entonces, el día 26 de Noviembre, si actuáis, será opresión, las urnas habrán hablado, estáis maniatados, nadie permitirá ir contra la voluntad de un pueblo, ¿donde vais entonces?, estrategas de pacotilla.

La verdad, solo servís para épocas de bonanza y rodeados de lealtades.

El gobernar, requiere de políticos competentes, de verdaderos gobernantes imbuidos del servicio a los ciudadanos y no, de títeres sin cabeza, de profesionales de partido desde la juventud. El resultado de no tener a servidores públicos competentes lo paga el pueblo, que se desintegra y extingue y se queda sin trabajo, sin futuro, por un desgobierno.

Suena todo a fatalismo y exagerado pesimismo, mejor me hubiera equivocado en mis presagios, lamento, y mucho, decir que no me he equivocado hasta ahora y quizás todos lo veáis, seguro, que lo veis; pero el ser humano, sus razones, su defensa, crea una barrera, un caparazón de autoprotección, que nos nubla la razón, para autoprotegerse, confiar y soñar, pero tristemente nos engañamos, casi siempre.

Hay que tomar medidas en pro del interés general, con justa medida y en el momento oportuno, sensatez, equilibrio, gobernar, sí gobernar, con todos sus pros y contras. La política del avestruz y de hechos consumados es un error, de más de 30 años, que va a continuar, seguro. Tremendo error. Esperan que el viento escampe la tormenta, pero éste no sopla cuando uno quiere.

La medicina preventiva y las curas a tiempo nos hacen tener calidad de vida y salud. Si no nos cuidamos y tomamos remedios a tiempo, la enfermedad  sigue su curso, se acrecienta  y cuando queremos curarnos, tenemos que recurrir a amputaciones dolorosas o medicamentos, que  perjudican a otros órganos vitales, y lo que era y hubiera sido, una enfermedad curable fácilmente en una semana, se nos complica a veces por dejadez, hasta limites insospechados.

Los paños calientes no curan, ya no sirven. Habrá que sacar la cabeza de debajo del ala aunque no os guste.

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