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La cultura occidental y la racionalidad práctica de los principios del judeocristianismo

La cultura occidental y la racionalidad práctica de los principios del judeocristianismo

Federico Rivas García. Doctor en Derecho.

Artículo publicado en el Diario LEVANTE EMV

08.11.2015

A las puertas de unas elecciones generales en España, cuando unos u otros, incluso nuevos partidos, todavía no parlamentarios, plantean el debate de sacar de las aulas la religión; cuando la crisis de los refugiados pone delante de nosotros un crudo panorama de guerra y destrucción de vida y haciendas, que hace que los sufrientes se esfuercen, a costa si es necesario de perder su propia vida durante el viaje, en llegar a lugares donde puedan seguir viviendo (sólo eso, vivir)… Digo que cuando eso sucede, hoy, nuestra conciencia se ve sacudida: temores que imprudentemente salen a la luz, como los del Arzobispo Cañizares, o dudas respecto de si con la llegada masiva de refugiados Europa va a dejar de ser lo que es (por no decir, cristiana), nos asustan. Unos reaccionan, como la derecha alemana o húngara; otros nos quedamos pensativos y preocupados (pensamos que los gobiernos de Europa no tienen claro qué quieren); pero menos mal que otros más, la Cruz Roja, las ONGs actúan y nos despiertan.

Aunque unos sean musulmanes y otros seamos cristianos, somos humanos, hermanos en la lucha por la supervivencia que no tiene que ser contra nosotros, sino con todos conjuntamente contra los elementos tales como el hambre, la enfermedad y el odio homicida de las guerras y del terrorismo. Por eso una reflexión sobre lo que somos, pues como seres sociales somos cultura, nos vendrá bien para poner las cosas en su sitio y permitirnos actuar con justicia.

Si somos creyentes, deberíamos entender la justicia como las Sagradas Escrituras la presentan, como la conformidad de nuestro comportamiento a las normas y juicios de Dios; y eso debería afectar a nuestra forma de vivir la vida, a nuestro comportamiento cotidiano, porque no es sincero relegar a la vida interna, al pensamiento, a la conciencia, las cuestiones religiosas o espirituales, excusándose con que son muy íntimas y personales. La alternativa está entre creer en su realidad, es decir, que las normas de Dios son la expresión de su voluntad, hechos reales, o bien que son suposiciones o creencias.

Pero lo cierto es que, en la calle, no se practica ni se ve la justicia del modo que acabamos de expresar, ni siquiera por parte de los creyentes en “el libro”, católicos, protestantes o judíos. Y no se ve así porque no se está seguro (es una forma suave de decirlo) de que, en efecto, haya habido verdaderamente una revelación, y que, en su caso, detrás de ella esté Dios, algo así como Dios interviniendo en la historia; o, más bien, que todo sea una creación cultural humana, como se esboza por otros.

Pero lo que es completamente cierto es que nos movemos en un entorno cultural que ha tenido y tiene en cuenta los principios, las costumbres, las normas y la cultura que se deriva de las Sagradas Escrituras y de la tradición sobre las mismas.

Actualmente, pensamos como lo hacemos, porque hemos nacido en Europa o América, y nos hemos embebido de la cultura judeocristiana occidental. Creencias basadas en suposiciones erróneas (para los creyentes son hechos reales) han programado nuestro pensamiento a través de las costumbres, aunque estas se hayan secularizado. No tenemos más remedio que admitir que la costumbre bíblica es lo que es justicia para nosotros o, dicho más exactamente, algunas de las costumbres y normas bíblicas han conformado nuestra actual forma de ver la justicia.

Pero nos ha ido bien. La cultura occidental ha triunfado sobre otras culturas; nuestros países, por las armas, por los genes o por los gérmenes han invadido, conquistado y dominado a otros países[1]. ¿Es eso justo? ¿Qué justicia superior podría consentir una historia humana en la que sólo el poder, la dominación y la fuerza han tenido acción directa sobre la historia? Todo ello a costa de la muerte de millones y millones de otros seres, los dominados. Pero esos dominados, algunos, tuvieron tiempo de reproducirse y puede llegar la venganza como alguien señala[2] mediante el choque de culturas y civilizaciones[3] aunque Zapatero haya inventado, digo yo, la alianza de civilizaciones.

 

A nivel individual la sabiduría que destilan las Sagradas Escrituras nos beneficia, especialmente, cuando ponemos en vigor en la práctica las normas y las costumbres que se derivan de ellas. Las leyes y los códigos rezuman conceptos, normas e instituciones bíblicas. Una de las 600 normas de La Ley (la Torá) dice “y tendrán que vivir por ellas”[4] como en efecto así sucede cuando se ponen en práctica, porque parece que hacerlo da buenos resultados para el individuo, para su propio éxito individual así como para la vida familiar y para las relaciones con otros. Las normas de justicia, bondad y misericordia retribuyen: Aunque quizás alguien señale que habrá que tener presente la idea de Maimónides que expresó al traducir “que si el hombre los practica vivirá por ellos”, el versículo citado, en su Epístola sobre la conversión forzosa, en el sentido de que deben ser una ayuda para la vida, no la causa que haga que uno muera, lo que permite el renegar de la creencia para salvar la vida.

 

Pero, por otra parte, si no fuera cierto que el concepto de justicia es algo dado desde arriba ¿por qué estamos interesados en mantener la religión?, ¿por qué, por interés o sin él, la religión organizada perdura? Porque la religión es cultura. La religión ha sido el almacén de la cultura y de las costumbres y, además, la práctica de los principios religiosos está de acuerdo a los últimos descubrimientos de la ciencia.

De una profunda investigación (Véase “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura”  Federico M. Rivas García, Editorial Tirant Lo Blanch, 2009) se deduce que la cooperación retribuye; que el buen comportamiento produce resultados; que el altruismo nos ayuda a tener éxito; que el compartir nuestros bienes nos proporciona un seguro para cuando no tengamos; que la reciprocidad nos mantiene en el grupo; de modo que la costumbre y la moral de los pueblos puede ser derivada de todo ello, el concepto de justicia se materializa en hacer, dar y comportarse de acuerdo con lo acostumbrado.

Los que vivimos actualmente y nos hemos reproducido tenemos claro que hemos tenido éxito evolutivo, pues aquí estamos, pero ¿cuál ha sido el factor clave? La cultura, que comenzó con las costumbres que practicamos basadas en los principios del judeocristianismo, cuya racionalidad práctica está fuera de toda duda.

Atendiendo pues a esos principios, deberíamos enfrentarnos a los retos que tenemos delante (envejecimiento de la población por la baja tasa de natalidad; inmigración casi descontrolada que entra en Europa por necesidad; terrorismo que somete y destruye culturas con su historia, así como conciencias, vida y haciendas individuales) con la convicción de que gracias a nuestra cultura occidental asimilaremos y saldremos con éxito de este problemático período[5].

Sintámonos contentos, seguros y orgullosos, pues somos los que constituimos la vieja Europa, la que ha dado a luz la cultura que más éxito ha tenido.

[1] Diamond, J. Armas, gérmenes y acero. Primera edición, Debate, Madrid 1998.; Cavalli-Sforza, L. L. Genes, pueblos y lenguas. Crítica, Barcelona, 1997.

[2] Huntington, Samuel. El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, primera edición, Paidós, Barcelona, 1997.

[3] Cosa que hoy después de un 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. y un 11 de marzo de 2004 en Madrid, o de lo ocurrido en Londres en 7 de junio de 2005, todavía parece más probable que cuando Huntington escribió su obra, no hace mucho tiempo.

[4] Levítico 18:5.

 

[5] “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura”  Federico M. Rivas García, Editorial Tirant Lo Blanch, 2009

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ESTRATEGIAS PRESUPUESTARIAS Y ENGAÑOS

ESTRATEGIAS PRESUPUESTARIAS Y ENGAÑOS

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

2015.09.20

 

La estrategia de Rajoy

En España el gobierno de Rajoy acaba de utilizar una “estrategia” presupuestaria: formular con suficiente anticipación los presupuestos que otro gobierno que tiene que salir de las urnas tiene que ejecutar, con lo que ata de pies y manos a los nuevos gobernantes que, en su caso, perderán un año para cambiar las cosas, o tendrán que estar haciendo modificaciones presupuestarias constantemente.

Lo lógico hubiese sido esperar a que el nuevo gobierno formulase los presupuestos generales, incluso aunque no hubiese tenido tiempo para ello, porque con prorrogar los actuales se hubiese conseguido ese tiempo adicional necesario para la recopilación de datos, los estudios pertinentes y la formulación de los mismos de acuerdo con sus líneas políticas. Pero no, como tenía la posibilidad legal, ha querido o “fastidiar” a los que salgan de las urnas, atándoles las manos durante un ejercicio, o “asegurar” que su política económica (la de Rajoy) perdura algún tiempo más, aunque no gane las elecciones. Si es Rajoy quien las gana todo está bien. Ha dado un mensaje con suficiente nitidez y anticipación de cuál va a ser la política económica, pero si no gana las elecciones, ya veis, lo repito, continuará gobernando por un año más, al menos en cuanto a la política presupuestaria se refiere, con lo que habrá manifestado, más allá de toda duda, la convicción de que su política económica es la acertada, es “la verdad”, que es una manifestación del pecado de presunción.

Las políticas económicas que en la práctica se están llevando a cabo en la UE son, si más no, un remedo de las americanas. La diferencia es que allí se dice a las claras. Aquí los gobernantes, con una actuación paternalista nos engañan y nos asustan diciendo que no hay que gastar más que lo que se tiene (y tienen razón) pero por otra parte, a escondidas, el BCE compra toda la deuda estatal posible monetizándola, que es lo que ha hecho USA, para evitar la quiebra del estado y para estímulo de la economía.

 

El incumplimiento presupuestario

Otra estrategia, absolutamente deleznable, es la de no llevar a cabo en su totalidad la ejecución el presupuesto, o hacerlo tarde, es decir, no licitar diligentemente o no llevar a cabo el gasto que debe servir para la activación económica y del mercado laboral. El gobernante queda bien poniendo partidas en los presupuestos que, luego, nunca se ejecutan. En una palabra, miente.

Pero no es sólo el gobierno del Estado el que practica estrategias presupuestarias, también las corporaciones locales, provinciales y autonómicas lo hacen. Lo que hacen unos también lo hacen los otros, por eso, aunque hablemos de unos nos referimos a todos.

En efecto, algunos municipios acostumbran a presupuestar partidas, que se repiten para el mismo objeto durante años, pero nunca se ejecutan. O partidas cuyos importes nunca se alcanzan. Son promesas que no se cumplen y que van a servir para que haya superávit que después, aprobado el remanente y si no hay deuda, el gobierno municipal gasta, gota a gota, mediante modificaciones presupuestarias a su antojo, sin políticas de inversión o de gasto, a medio o largo plazo, que se puedan debatir.

Superávits ficticios que mediante el buen trato que el ente da a los medios de comunicación sirven para cualificar de buenos gestores a los políticos que hacen estas trampas.

 

Consentimiento culpable de los órganos supervisores

Estas no son buenas prácticas. Son corruptelas que los organismos supervisores consienten, no atajan, aunque estén conscientes de ellas. Me atrevería a decir que son prácticas, incluso, corruptas, porque sin transparencia, ni debate ni veracidad, no se puede decir que se esté gobernando democrática y correctamente.

 

Los incrementos de plantilla o contrataciones temporales

Otra estrategia inadecuada ha sido incrementar la plantilla de personal (aunque hayan normas que tratan de impedirlo, pero siempre se encuentra algún recoveco, “apoyo” “de temporada” para poder hacerlo y repetirlo para casi ser personal indefinido.

Aunque yo opino que no es el empleo público (ruego me disculpe la parte más extrema de la izquierda política) el que va a resolver el problema del paro. Pero rodearse de gente a quien mandar es para algunos una necesidad, una manifestación de, y un medio para ejercitar su poder, sin olvidar el voto cautivo que se consigue.

Al contrario, el gasto, todo el gasto y con él también el de las plantillas de personal, debe ser sostenible y eficiente; con la menor carga impositiva para el ciudadanos.

 

Consecuencias de estas estrategias

A la vista de todas estas prácticas, además de poderse equivocar en gastar y hacerlo inadecuadamente, se está engañando al ciudadano, pues los analistas que estudian, comparan, y hacen previsiones de los efectos del presupuesto, pero que no conocen la verdadera intención de los que van a ejecutar los presupuestos, pierden completamente su tiempo, pues los estudios que han formulado, en base a datos irreales, dan resultados y efectos que se caen como castillos en el aire.

 

Y todavía peor

Todavía hay otros tipos de estrategias: la negligencia de los gobernantes que hace perder partidas de la UE por no haber solicitado a tiempo o documentado la petición de uso del importe correspondiente; o la intencionada persecución al administrado cuando éste tiene que justificar documentalmente el cumplimiento de las condiciones que le hacen acreedor del importe presupuestado para la subvención o ayuda que ha solicitado, con lo que el importe, puede, en su caso, destinarse a otros menesteres o partidas.

Es cierto que ha habido abusos y actos delictivos en la distribución de fondos europeos que se justificaban incorrecta o falsamente, pero para sacar conclusiones sería interesante conocer las estadísticas de ayudas solicitadas y finalmente pagadas.

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EL DERECHO DE ASISTENCIA MÉDICA, FARMACÉUTICA Y HOSPITALARIA

El derecho de asistencia médica, farmacéutica y hospitalaria

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

23.08.2015

 

Argumentaba recientemente que la Seguridad Social funciona porque se nutre de primas pagadas por el asegurado y/o por el tomador del seguro (trabajador y empresario), como un seguro cualquiera y porque también el asegurador, en este caso, el Estado, paga los siniestros.

Entre los siniestros, hoy vamos a ocuparnos de la asistencia hospitalaria, médica y farmacéutica; y uso esta terminología para que nos entendamos, porque alguien ha hecho estrategia desglosando de la cobertura “sanitaria” a la “farmacéutica”, como si no estuviera incluida, cosa que creo errónea, pero es la que utilizan políticos y periodistas.

La asistencia hospitalaria es un área muy concreta en la que difícilmente el enfermo incide con su voluntad de posible abuso; si acaso en los servicios de Urgencias, de los que hablaremos enseguida. La vocación de los involucrados, la buena gestión y el control, lo hacen todo para evitar hurtos, abusos o mala utilización de medios y material, al objeto de conseguir la eficiencia en el gasto. Por otra parte, hoy, nadie duda de la necesidad de que el Estado facilite el acceso a dicha asistencia hospitalaria (gestionada de una manera u otra, de la que se puede probar su mejor eficiencia) y no hago referencia a total o parcial, porque, aquí en España, damos por asumido el estado del bienestar y, por tanto, se exige total. La responsabilidad está totalmente en una gestión adecuada del centro hospitalario, por lo tanto en los gestores y nada, o casi nada, recae en el ámbito del paciente.

Respecto de la asistencia médica, es decir, los actos médicos de consulta al paciente, de primeras pruebas (auscultación, revisión etc.) y evaluación, hay que decir cosas tanto de los pacientes como de los profesionales médicos y sanitarios. Ciertamente el médico de cabecera es el consejero tranquilizador y el que puede parar, con la primera actuación médica, la pérdida de tiempo, en su caso, de una actuación especialista u hospitalaria, que son mucho más gravosas económicamente; también es el que añade calidad profesional y humana en el acto médico, pues conoce al paciente de mucho tiempo y, por tanto, tiene una visión de conjunto, del mismo. Hay que traer a colación el hecho de que las mujeres van mucho más al médico que los hombres, habrá por tanto que animar a evitar los excesos, en su caso, de las mujeres y también el defecto de no ir al médico de los hombres, pues retrasar la atención médica es hacer que la enfermedad progrese y sea de más difícil, o no exista ya, solución. Creo, por tanto, que también aquí la responsabilidad principal para evitar el abuso y ser eficientes en el gasto, está en el médico de cabecera.

Con relación a los servicios de Urgencias hay varios problemas totalmente distintos: acudir a Urgencias porque no hay servicios de cabecera; acudir porque se precisen de servicios especializados y pruebas de las que no se pueden disponer con urgencia en el centro de salud de cabecera; o acudir porque haya una urgencia vital. La detección de usos inadecuados del servicio que hacen los pacientes, es responsabilidad de los profesionales médicos y otros profesionales sanitarios. El dar solución para tener servicios adecuados de diversos tipos a fin de evitar que se usen los que no corresponden, es responsabilidad de los gestores de la Sanidad pública. Verdaderamente hay asegurados y pacientes que abusan: habrá que evitarlo no prestándoles el servicio que no es necesario y que puede esperar; con eso se correrá la voz y se corregirá el abuso. Como queda dicho, salvo una concienciación como pacientes de que no tenemos que abusar, la responsabilidad principal está, en este caso de los servicios de Urgencias, en los profesionales médicos que atienden el servicio y en los gestores y responsables del mismo.

Hablemos de la asistencia farmacéutica. Los pacientes, especialmente los mayores, por falta de conocimiento, de formación o por la propia pérdida de criterio a causa de la edad, piensan que lo caro es lo mejor, que (tener) más es mejor, que “es mejor que sobre que falte” y tienen la tendencia a abusar. Pero ahí están los médicos, especialmente de cabecera, que debieran evitarlo preguntando al paciente cuántas cajas tiene en casa, pensando que lo que se prescribe de más (tanto en el hecho de prescribir lo no necesario, como en la cantidad prescrita) lo pagamos todos y no le sacamos utilidad; debemos desechar el pensamiento de que “lo que es de todos (la Sanidad, el Estado) no es de nadie” para cuidar de evitar el abuso en la asistencia farmacéutica. De modo que más allá de la formación a la ciudadanía y de su concienciación respecto que no se puede malgastar en medicamentos que después se tiran a la basura o que, en exceso son dañinos, la responsabilidad está en la clase médica, de nuevo.

Quizás a los médicos no les parezcan adecuadas estas conclusiones, pero son las que se sacan desde el punto de vista de la gestión eficiente y de los pacientes, que reconocemos que precisamos se nos vaya, no sólo informando sino también formando. Sobre todo los gestores de la Sanidad, pública y privada (estos últimos lo saben bien porque afecta directamente a los resultados de su compañía) deben estar muy al tanto de la eficiencia en el gasto, de la corrección de excesos y de la calidad del servicio.

Dicho esto, queda claro que la responsabilidad es de los gestores de la Sanidad como controladores de los profesionales sanitarios y de la gestión eficiente con calidad; de los Protocolos de funcionamiento de los Centros Hospitalarios o Médicos, y de los Directores Médicos y de Gestión que los gobiernan, los cuales deberían ser cambiados si no tienen éxito.

¿Es la corrección de abusos, la evitación de excesos, el perseguir la meta de la eficiencia en el gasto, un recorte de derechos? No.

Con el enfoque del que inicialmente venimos, si los gestores de la Sanidad no consiguen pagar los costos con las primas que se pagan por el seguro, hay necesidad de tomar dinero de otras partes: del capital de las compañías privadas (eso son las pérdidas en el caso de la Sanidad privada), abocándolas a la quiebra, o de los Presupuestos Generales del Estado (en el caso de la Sanidad pública) para compensar el déficit que se produzca.

 

Continúa quedando pendiente de reflexión el enfoque de Estado Asistencial por la idea de que si la Seguridad Social la sostiene el Estado es una forma de redistribución de la renta. También tratar la prestación por desempleo, las subvenciones fraudulentas en temas de empleo, y la defraudación que cometen los que hacen chapuzas en la economía sumergida al mismo tiempo que cobrar la prestación.

Pero, estamos viendo hasta ahora que, en todo caso, son los gestores los que deben ser diligentes para evitar abusos que comprometen el sistema. Son los gestores lo que pueden probar otros sistemas de gestión (por ejemplo, el privado que aunque denostado por algunos partidos de izquierdas, es obvio que los servicio públicos no funcionan tan eficientemente en cuanto a gasto como las empresas privadas, en términos generales) para evitar los problemas de gestión en los que estamos inmersos, aunque en alguna parte también dependa, como hemos dicho, de los asegurados y pacientes.

 

De nuevo me pregunto si racionalizar el sistema, evitar el abuso y hacer eficiente el gasto es recortar derechos, como algunos dicen. Lo que es un derecho de todos es que el gasto sea eficiente, que los gestores respondan ante la ciudadanía evitando el abuso.

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POLÍTICOS ENCHUFADOS

POLÍTICOS “ENCHUFADOS”

2015.07.12

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En España nuevos políticos han entrado en gobiernos autonómicos y municipales, a los cuales hay que recordar que en el pasado se ha hablado mucho de “puertas giratorias” o de colocar de asesores a amigos y parientes, o en organismos públicos, nacionales o internacionales, y en grandes empresas a políticos que después de unas elecciones han quedado descolgados (no elegidos), dado que no hay sitio para ellos en el “aparato” o son molestos en puestos de primera línea y se les coloca en sitios tales como compañías eléctricas que dependen de las decisiones políticas, o como sucedía algunos años atrás en la Cajas de Ahorros, a las cuales llevaron a sus más altas cotas de eficiencia y de buenos resultados; lo digo por la confianza que han generado en que se las rescatara a todas ellas.

Eran personas que jamás han trabajado en la economía real ni financiera y, no obstante decidían dónde invertir los dineros de los millones de pequeños ahorradores, a los cuáles así les fue, y ahora se encuentran unos y otros en los tribunales: unos por sus pingües indemnizaciones que recibieron y otros porque no han podido disponer de sus ahorros.

Es comprensible que un Miquel Roca Junyent, abogado con un bufete de prestigio; que un Pedro Solbes, excelente economista; y otros muchos que tiene oficio, lo repito, oficio, no título, y que lo han ejercido antes y después de pasar por la política, puedan aportar su experiencia, sus conocimientos y su buen criterio a las compañías que los contratan.

Pero cosas distintas son, que sean los partidos los que pidan directa o indirectamente su “aparcamiento” en un consejo de administración, para tenerlos en el “pesebre”, contentos y callados, evitando los problemas de liderazgo internos de partido; y también cosa distinta es que, con mucha o poca complicidad partidista se “coloque” a gente no suficientemente competente, profesionalmente hablando, que no han ejercido oficio alguno distinto del militar en un partido (si a eso se le puede llamar oficio). En ambos casos, parece que las empresas están dispuestas, y muy a gusto, a pagar dicho “impuesto revolucionario”, a pesar de que sus “colocados” saben hacer poco más que hablar de sus experiencias políticas que los “negros” escriben como memorias para ellos.

Estas no son, en ningún caso, claramente, prácticas apropiadas de gobernanza de las compañías, y, quizás, en alguno de los casos, sí sean prácticas corruptas perseguibles penalmente. Habría que verlo.

Pero lo que sí es cierto es que al ciudadano común le repugnan estas prácticas y esa es una más, además de otras muchas, de las razones del desencanto respecto de la “casta” o “clase política”. Y esto tiene que cambiar.

Por otra parte también, los partidos políticos suelen “colocar” a sus “ex” en sus propias fundaciones, no financiadas de forma suficientemente transparente (otra ‘chinita’ más), pero que tienen como objeto debatir internamente sobre ideas, filosofía y praxis política. Estas instituciones y los que allí trabajan son los que debieran plantear un cambio radical para una regeneración política. Si no se hace rápida y diligentemente nos vamos a encontrar que el desencanto que arraiga más y más en la juventud lleve a ésta a posiciones anti sistema, revolucionarias, asamblearias, ácratas e incluso anarquistas. Nos lo jugamos todo. ¡Ya, ya está bien! señores. Si el cambio no viene ordenadamente, quizás venga desordenadamente para perjuicio de todos.

Y digo todo esto, porque ahora, después de las elecciones municipales y autonómicas y en el futuro casi inmediato de fin de año, con las elecciones generales que, probablemente, también cambiarán bastante las cosas, muchos que no han ido en las listas o no irán, o han quedado sin cargos políticos y otros que probablemente quedarán, se están afanando para que les “arreglen” lo suyo, lo de su ‘puchero’.

La solución se sugirió en el artículo publicado el 7 de junio ppdo. en este mismo medio titulado “El oficio de político” y a lo allí indicado, añado ahora la idea de que los políticos, todos los que no tienen oficio, o habiéndolo estudiado no lo han ejercido, deberían resolverse, como en el caso de la formación continua de los profesionales, a actualizarse y a hacer prácticas en las correspondientes escuelas o universidades para, que llegado el caso, que llegará, puedan ganarse la vida decentemente, no como asesores de lo que desconocen, o personal de confianza que para lo único que sirven es para hacer de “clac”, y no a costa de “impuestos revolucionaros” o “aparcamientos” que tienen muchos visos de convertirse en objeto de revisión por los tribunales.

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EL CONCEPTO DE LO APROPIADO EN EL PENSAMIENTO ÉTICO

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

El concepto de lo apropiado en el pensamiento ético (Actualización para publicar en prensa Diario Levante EMV del 14.06.2015)

 

En un mundo en el que se piensa que todo está corrompido y que en un movimiento de respuesta compensatoria casi todo se judicializa, contando con que los magistrados y jueces están sumamente sensibles a comportamientos que en otros tiempos se hubiesen pasado por alto, es oportuno repasar unas cuantas reflexiones que nos ayudan a cada uno a hacer lo apropiado.

Se dice que cuando se toman decisiones más allá del contexto usual del pensamiento ético, el mejor criterio para decidir si algo es éticamente apropiado es tener un profundo entendimiento de la tradición a la que uno pertenece y donde uno vive; porque no hay aquí ningún derecho absoluto, según Nancy Holland[1], basado en Dios o en la Razón Universal, ningún relativismo nihilístico, sino, más bien, la esperanza de mejorar las acciones, de hacerlas más apropiadas, porque estén basadas en un profundo conocimiento de la existencia humana en los contextos sociales e históricos particulares. Nada más ni nada menos.

Hacer lo apropiado es hacer lo justo, ser un acto apropiado es ser un acto justo, actuar apropiadamente es actuar justamente.

Hurgando en la etimología de lo “propio”, en castellano, vemos que apropiado es aquello que se hace propio, que se apropia, que pasa a ser propiedad de uno. El concepto latino, “proprias” significaría… para el primero, para el antiguo o por antaño. Uno acepta y hace propios los comportamientos y las costumbres de los antiguos, de antaño. Y de la relación entre nuestro comportamiento y el acostumbrado, concluimos lo apropiado o inapropiado del nuestro.

Si vamos a la etimología de algunas palabras de la lengua inglesa o francesa con raíces latinas, vemos que “proper” significa justo, correcto, decente; y “propre” limpio; porque lo de antaño, es lo justo y lo correcto, y seguir las costumbres es lo decente, incluso lo limpio. “Appropriateness” es “rightness’ que es justicia.

 

Y lo propio, lo que es de uno, lo es por apropiación, por expropiación de otros, o por regalo. Aquí ha entrado en juego incluso la economía. Por su parte Derrida está, indudablemente, en lo correcto cuando[2] indica que desde un tiempo no anterior a la época de la filosofía latina hay un encadenamiento que sigue del concepto latino “proprius”, a través de “propre”[3] hasta lo apropiado, que es lo decente, lo que está conforme con lo antiguo, con lo primero[4].

Las costumbres, que son lo apropiado, lo correcto[5], se han impuesto a individuos y pueblos mediante la conquista y la colonización, mediante la expropiación económica y lo peor del universalismo colonial pudiera haber sido evitado por los europeos si no hubiésemos tomado nuestras propias costumbres[6]para forzarlas en otros, no sólo como tales costumbres, sino como verdades morales[7] vitales.

 

Tanto Platón como Stuart Mill pueden conducirnos a la vida buena y nos pueden aclarar las normas respecto cómo conseguirla, pues ambos tienen una idea clara (la suya) de lo que es la vida buena. Esta idea, para Platón, es que lo esencial de nuestra existencia es ser almas capaces de aspirar a Dios, lo cual limita severamente el papel del placer en la vida humana, propiamente vivida como humanos; para Mill, somos principalmente motivados por placeres como animales que somos, sin acceso a ninguna realidad trascendente externa, la cual pueda examinar, críticamente, si nuestro placer es bueno. La certeza de Mill no es tal certeza puesto que no solamente hay déficit de certezas metafísicas sino también de cualquier clase, incluso, biológicas, científicas o materiales, lo que nos deja sin poder determinar el fin último de la vida humana, y finalmente sólo podemos asirnos, de acuerdo con Holland[9] de un concepto racionalizado más o menos de lo que es una acción apropiada por los límites de nuestras creencias o ideologías, que conforman nuestra moral[10] colectiva o personal.

 

Podemos, no obstante, argüir que el placer[11] ha quedado condicionado en el caso de los humanos por la consciencia. Queremos placer, pero nos retenemos de él, en el presente, para disfrutar de él, en el futuro, en mayor medida o para beneficiar nuestros intereses personales o genéticos. Pero, si podemos preguntarnos en cuanto a si la racionalidad es la naturaleza esencial del hombre o más bien el fin último de la vida humana, ¿por qué no preguntarnos si lo es el placer?

O, quizá, el fin último del hombre, como ser vivo, es seguir manteniendo la vida, seguir viviendo y reproduciéndose. Parece que lo apropiado gira entorno a esto; es tributario de estos fines. Es, además, lo lógico. En un estado de enfermedad y ante el desánimo que produce un futuro oscuro en cuanto a salud[12]nos dicen y nos decimos “hay que seguir adelante y tratar de vivir más tiempo y del mejor modo posible”.

Por otra parte, si el concepto de lo apropiado parece que sea, también, aquello que lleva a la solidaridad y a la reducción de la crueldad entre los humanos, no estamos diciendo más que el egoísmo triunfa mediante el altruismo y cómo haciendo el bien a otro me estoy haciendo el bien a mí mismo. Si lo ético es aquello que decido mediante un proceso centrado en el deber, ese deber ha sido puesto por la comunidad mediante las prácticas repetitivas que llevan a costumbres.

De modo que lo justo, lo apropiado, es aquello que hacemos cuando estamos persuadidos que precisamente en este momento, en este lugar[13], para esta clase de gente[14], nuestra acción aparece como moralmente correcta, incluso como moralmente necesaria, aunque no podamos dar ninguna otra justificación. Así, lo justo aparece como éticamente apropiado en un momento dado, para una gente dada y en un lugar dado; y no tiene por qué ser así para otros, en otros lugares o en otros tiempos. Es como decir que tenemos normas morales, aplicables en presente, pero no principios morales, bases, aplicables en todo tiempo para la generación de normas, pues estamos aquí y ahora.

 

Puede adquirir el libro “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura” en el que el autor basa este artículo en http://www.tirant.com/editorial/libro/9788498766639

 

[1] Holland, Nancy J., The Madwoman’s Reason, The Concept of the Appropriate in Ethical Thought, The Pennsylvania State University Press, University Park, Pennsylvania, 1998, xxxi.

[2] Derrida, Jacques. Writing and Difference, translation Alan Bass, Chicago University Press, p. 183.

[3] Limpio, propio, justo, decente.

[4] Holland, Nancy J.,  The Madwoman’s Reason, The Concept of the Appropriate in Ethical Thought, The Pennsylvania State University Press, University Park, Pennsylvania, 1998, p 19.

[5] Lo recto junto con otros, lo co – recto.

[6] Que en el siglo XV estaban evidentemente condicionadas por la religión cristiana.

[7] Verdades morales, verdades reveladas, absolutas, indicadas por Dios.

[8] Mill, John Stuart. Utilitarianism, p 34, según la cita en Holland, Nancy J., The Madwoman’s Reason, The Concept of the Appropriate in Ethical Thought, The Pennsylvania State University Press, University Park, Pennsylvania, 1998, p 31.

Mill, John Stuart. Utilitarianism, chapter  five, last paragraf, http://www.utilitarianism.com/mill1.htm

[9] Holland, Nancy J., The Madwoman’s Reason, The Concept of the Appropriate in Ethical Thought, The Pennsylvania State University Press, University Park, Pennsylvania, 1998, p 33.

[10] Llámese, aquí también, costumbre.

[11] El sentirse bien, disfrutar, gozar.

[12] Cuando, por ejemplo, nos comunican que padecemos una enfermedad grave o incurable.

[13] Coordenadas espacio-temporales, momento y lugar en donde unas determinadas costumbres se practican.

[14] Gente con un lastre histórico, con una cultura, dentro de una determinada civilización, con unas costumbres.

 

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EL OFICIO DE POLÍTICO

EL OFICIO DE POLÍTICO

                                                    Federico Rivas García. Doctor en Derecho.

14.06.2015

Después de estas elecciones municipales y de comunidades autónomas parece oportuno hacer una reflexión sobre “el político”, sobre todo, después de que María Dolores de Cospedal hiciera elogio “del noble oficio” de político (que es el único que ella conoce), y a este respecto, en su día, leí el artículo “Cuando en el currículum sólo pone ‘político’” de David Lema, en donde se hacía referencia a algunos políticos y se daba la información de su edad y de los años que llevaba en la política, los ocuales he actualizado aproximadamente.

 

Nombre Estudios finalizados Edad actual Años en la política Edad en primer cargo político Partido
Rosa Díez  —  63 36 27 UPyD
J. A. Durán Lleida  Lic. Derecho  63 36 27 CiU
Mariano Rajoy  Lic. Derecho  60 34 26 PP
A. Pérez R.  Dr. Química  64 33 31 PSOE
Cayo Lara  —  63 28 35 IU
Artur Mas  Lic. Economicas  59 28 31 CiU
Mª D. Cospedal  Lic. Derecho  49 22 27 PP
Óscar López  Lic. CC Políticas  42 19 23 PSOE
Susana Díez  Lic. Derecho  40 16 24 PSOE
C. Floriano  Lic. Derecho  48 22 26 PP
E. Valenciano  —  55 35 20 PSOE
R. Hernando  Lic. Derecho  54 32 22 PP
J. I. Zoido    L. Derecho  58 15  43  PP

 

Estos son dirigentes de una diversidad de partidos que desde la cuna han mamado del biberón ideológico o de la teta del oficio de político y de buscarse el pesebre en las sedes de los partidos y más allá.

De entre los que se citan (notad que entre ellos está Rajoy), sólo se salva Juan I. Zoido, pues cuando entra en política, independientemente de que tuviera bien arraigada o no su ideología o sensibilidad política, lo hace a los 43 años; un hombre hecho y derecho, con experiencia previa profesional suficiente, 20 años de ejercicio de la función jurisdiccional como juez. Probablemente haya muchos otros que se encuentren en una situación semejante a la de él.

Pero, independientemente de lo indicado anteriormente, la conclusión a la que se llega es que, hemos estado siendo gobernados y siendo dirigidos los partidos, por gente sin experiencia profesional, ni económica; gente, que no se ha enfrentado en la vida, a tener que conseguir éxito llevando adelante empresas, despachos profesionales, ni siquiera su propia familia, pues el promedio de edad (quitando a Zoido) a la entrada en política es de 27,18 años, acabados los estudios quienes los acabaron y pocos, probablemente, casados, aunque algunos asegurada la “teta” con la correspondiente oposición.

Ciertamente, a lo largo de los años de su propia vida, todo el mundo aprende; pero la experiencia (la edad) en la política es imprescindible, pues, aunque hayan aprendido, manejan cosas, problemas y se enfrentan a decisiones que nunca tomaron para sí mismos, ni sufrieron la carga de la responsabilidad de equivocarse y, por tanto, sufrir las consecuencias de sus actos y decisiones en sus propias carnes y patrimonios. La mala praxis en cualquier profesión se asegura, incluso legalmente,  con el correspondiente seguro de responsabilidad profesional. La mala praxis de los políticos no se asegura con nada, no responden ni con su patrimonio ni con sus personas, salvo de delitos.

Esto no es adecuado. Los políticos no deben salir de los cachorros que se acercan a la política mientras estudian, organizados en lo que denominan Círculos, Nuevas Generaciones o Juventudes. No debería existir el oficio de político. En las tablas del IAE o IAP no existe epígrafe para el ejercicio de tal profesión u oficio.

Quiero comentar también, la obediencia ciega y el seguidismo de quien quiere medrar y que le pongan en la lista; la manipulación que hacen los partidos, los “aparatos” con las listas electorales, por no ser abiertas: todo esto daña a los ciudadanos, que votan a obedientes, estirachaquetas o amigos de quienes deciden sobre quién entra en las mismas. ¿Quién puede creer que un nombre metido en la lista, un amigo, un compañero de quien decide y al que le debe completa lealtad, va a ser el mejor representante del votante?

El político debería ser alguien con edad (piénsese en los muchos jubilados que a los 65 años están plenamente formados, con carreras y títulos universitarias que han ejercido a lo largo de su vida, con sus éxitos, fracasos o luchas profesionales y empresariales, con la familia plenamente emancipada (hijos y nietos) y con la vocación de servir a su país. Éstos no necesitan medrar, éstos no necesitan competir entre sí, sino que disfrutan de dar lo mejor de sí antes de que su vida se acabe. Con éstos la corrupción no tendría el camino fácil, precisan de poco y lo poco que precisan lo necesitan muy poco, (como Teresa de Jesús).

En lugar de ser una profesión u oficio, la política, mejor dicho, la dedicación a la política de cualquier ciudadano, debe ser una vocación en el pleno sentido de la etimología de la palabra. Vocatio, vocationis, acción de llamar; sólo la 3ª acepción del DRAE indica que, coloquialmente, se refiere a la inclinación a un estado, profesión o carrera (pero sólo coloquialmente, es decir, sin hablar con propiedad); las demás acepciones tienen que ver con un llamamiento. Pues bien si hay llamamiento es que antes no estabas allí, y se te llama, para que aportes lo mejor de ti, algo cuasi religioso, para el bien de otros.

En modo alguno estas ideas van en contra de las capacidades de las generaciones jóvenes, bien preparadas, diligentes y trabajadoras; pero servir a la comunidad es una cosa más seria que conseguir el propio sustento. Así que, practique el joven tener éxito en su oficio, profesión o empresa, y entonces estará preparado para hacerse disponible al llamamiento que en el futuro le pueda hacer la comunidad civil para aportar su conocimiento, ciencia y experiencia en beneficio de todos, administrando, gestionando y decidiendo sobre asuntos de grave importancia que afectarán a sus congéneres.

Pero, para que estas ideas se puedan poner en práctica, es preciso que las listas sean abiertas y que, dentro o fuera de los partidos, se puedan presentar quienes, teniendo la experiencia de toda su vida y de su profesión y gestión, tengan la vocación o llamamiento a servir a sus conciudadanos.

Si se hace así ganaremos muchos buenos políticos que se dedicarán a servirnos, no a servirse a sí mismos o a servirse de la política, como demostrado está, por lo que consta en las hemerotecas, hacen casi todos y se descubre casi todos los días.

Perdónenme los políticos honestos, los trabajadores (no los que hacen seguidismo), los versos sueltos que, a veces, molestan a los “aparatos”, los verdaderamente capacitados, con experiencia en la vida y habiendo asumido riesgos personales propios económicos y profesionales en sus decisiones, que no haya hecho elogio de ellos hasta ahora, y que con estas palabras lo hago. Y aunque de esos no haya hablado hasta ahora, son los verdaderamente ejemplares.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XII. Las metamorfosis del capital

XII.- Las metamorfosis del capital

8.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Para estudiar las transformaciones de la estructura del capital, Piketty hace referencia a los datos del Reino Unido y de Francia, encontrando que ambos países han seguido evoluciones muy semejantes. Tanto en el Reino Unido como en Francia el valor total del capital nacional se sitúa en torno a los seis-siete años de ingresos nacionales durante los siglos XVIII y XIX hasta 1914. Inmediatamente después de esta fecha se hunde brutalmente a causa de la Primera Guerra mundial, hasta, tal punto, que el capital nacional no alcanza más de dos-tres años de ingresos nacionales durante los años 1950. Desde esta última fecha no ha parado de aumentar y en los años 2010 ha alcanzado la cifra de antes de la Primera Guerra mundial.

Pero el que se haya alcanzado una relación capital/ingresos semejantes a la que se observara para los siglos XVIII y XIX no debe hacernos olvidar las profundas transformaciones en la composición de dicho capital, de modo que los activos implicados en el capital en el siglo XXI no tienen mucho que ver con los del siglo XVIII. Efectivamente las tierras agrícolas han sido reemplazadas progresivamente por  los activos inmobiliarios, y por el capital profesional y financiero invertido en las empresas y las administraciones, aunque el valor global del mismo, medido en años de ingresos nacionales, sea el mismo que el de aquella época.

Recordemos que el capital nacional se puede descomponer en capital interior y capital extranjero neto. El capital interior mide el valor de las existencias de capital (inmuebles, empresas, etc.) implantado sobre el territorio del país considerado. Por su parte el capital extranjero neto, o activos extranjeros netos, mide la posición patrimonial del país considerado respecto del resto del mundo, es decir, es la diferencia entre los activos poseídos por los residente del país en el resto del mundo y los activos poseídos por el resto del mundo en el país considerado, incluidos, en su caso, bajo forma de títulos de deuda pública.

Por otra parte, el capital interior se puede descomponer en tres categorías: tierras agrícolas, viviendas (casas e inmuebles de apartamentos, incluido el valor de los terrenos que ocupan), y otro capital interior, que incluye los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, incluidos los terrenos que ocupan, equipos, máquinas ordenadores, marcas, etc.) valorados como todos los otros activos a valor de mercado. Es quiere decir que:

Capital nacional = tierras agrícolas + alojamientos + otro capital interior + capital extranjero neto.

Pues bien, se constata según la gráfica 3.2 para Francia que las tierras agrícolas representaban al principio del siglo XVIII entre 4 y 5 años de ingresos nacionales, es decir, cerca de 2/3 del capital nacional. Pero tres siglos más tarde las tierras agrícolas valen menos del 10 % de los ingresos nacionales en Francia, así como también en el Reino Unido.

2015.02.08 Piketty G3.2

 

 

Traducción: Gráfica 3.2. El capital en Francia, 1700-2010

Cuadro interior: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Eje vertical: Valor del capital nacional en % de los ingresos nacionales

Pie: Lectura: el capital nacional vale cerca de 7 años de ingresos nacionales en Francia en 1910 (incluida la parte colocada en el extranjero)

Se observa, por otra parte, que la zona oscura correspondiente al valor de las tierras agrícolas se ha hundido completamente, aunque dicho hundimiento ha sido compensado por el incremento del valor de las viviendas que era de apenas un año en el siglo XVIII y en el XXI pasa de tres años.

Como se observa también el valor de los capitales netos poseídos en el extranjero se ha quedado en un valor, incluso negativo.

Todo esto significa que dado que los ingresos nacionales promedios son del orden de 30.000 euros por año y por habitante, tanto en Francia como en el Reino Unido, el capital nacional se establece entorno a los seis años, es decir, 6 veces 30.000, o sea en torno a 180.000 euros por habitante; capital que se distribuye casi en dos partes iguales, de media, cada habitante posee unos 90.000 euros de capital vivienda (que utiliza para sí o para arrendar) y otros 90.000 euros en otras formas de capital interior (principalmente inversiones en empresas). Aquí y ahora el valor de las tierras es casi imperceptible, unos pocos miles de euros por habitante, como máximo.

La metamorfosis ha llevado a la riqueza a la siguiente estructura que muestra la Tabla 3.1.

Traducción: Tabla 3.1: Riqueza pública y riqueza privada en Francia en 2012

2015.02.08 Piketty T3.1.

Títulos en cuadros superiores: Valor del capital, en % de los ingresos nacionales, Valor del capital en % del capital nacional

Títulos columna de la izquierda: Capital nacional (Capital pública + capital privado); Capital público (patrimonio público neto: diferencia entre activos y deudas detentados por el Estado y las otras administraciones públicas); Capital privado (patrimonio privado neto: diferencia entre activos y deudas detentados por los individuos privados [hogares])

Descripción de los % Actifs = Activos; Dettes = Deudas

Pie:

Lectura: en 2012, el valor total del capital nacional en Francia era igual a 605 % de los ingresos nacionales (6,05 años de ingresos nacionales), de los cuales 31 % para el capital público (5% del total)y 574 % para el capital privado (95 % del total). Fuentes: ver Piketty

Recordatorio: los ingresos nacionales son igual al producto interior bruto (PIB), disminuidos por la depreciación del capital y aumentado por los ingresos netos recibidos del extranjero; al final, los ingresos nacionales son igual a casi el 90% del PIB en Francia.

Como se ve en el cuadro anterior el valor del capital público es mínimo, no porque no tenga valor absoluto (aunque también pequeño en relación al capital privado) sino porque se compensa por la deuda pública. Esto nos lleva a plantear el caso del Reino Unido que es a la vez el país que ha conocido los más altos niveles de deuda público y que jamás ha entrado en banca rota, es decir, nunca ha impagado su deuda. Esto explica por otra parte que si no se incumple de una forma o de otra, sea directamente por la repudiación pura y simple, el impago, sea indirectamente por una inflación masiva, el desendeudamiento puede tomar un largo tiempo para reembolsar una deuda pública importante, lo que permite a los prestamistas tomar como rendimiento una parte importante del PIB, impidiendo las inversiones en el país, pues sencillamente una parte del presupuesto va a pagar los intereses de la deuda.

Es por eso que Karl Marx y sus seguidores consideraron que la deuda pública era un instrumento al servicio de la acumulación de capital privado. Pero en el siglo XX la visión fue totalmente diferente, fundada sobre la convicción que el endeudamiento podría, al contrario, ser un instrumento al servicio de una política de gasto público y de redistribución social en favor de los más modestos.

La diferencia entre las dos visiones es muy simple, dice Piketty: en el siglo XIX la deuda se pagaba a un tipo alto, lo que era en beneficio de los prestamistas y actuaba en refuerzo de los patrimonios privados; pero en el siglo XX la deuda ha estado ahogada en la inflación y repagada en moneda “falsa” por la alta inflación, lo que ha permitido de facto financiar los déficits por aquellos que habían prestado sus patrimonio a Estado, sin tener que aumentar los impuestos. Esta es la visión “progresista” de la deuda pública que continúa impregnando los espíritus en este principio del siglo XXI.

Entonces ¿qué?, la deuda pública ¿es nociva o virtuosa? No contestaremos con afirmación clara en uno u otro sentido pero la semana que viene consideraremos lo que David Ricardo, Keynes y otros estudiaron y manifestaron al respecto.

 

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