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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XVIII. ¿Cuál será la ratio capital/ingresos en el siglo XXI?

XVIII.- ¿Cuál será la ratio capital/ingresos en el siglo XXI?

29.03.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En cuanto al reparto del capital y las riquezas nos interesa mucho conocer cuál será la relación entre éste y los ingresos, pues el conocimiento del mismo será como conocer cómo de desigual económicamente será el mundo. ¿Mejorará, no conseguiremos un justo reparto del capital y las riquezas, o empeorará?

Lo primero que tenemos que hacer es recordar que a la ratio (o división) capital/ingresos la denominamos B; es decir, B es el % que representa el capital acumulado sobre los ingresos anuales. Una ayuda para para reflexionar sobre el nivel que podría alcanzar dicha relación, es decir dicha B, es la ley dinámica o segunda ley fundamental del capitalismo B = s/g en donde, recordamos que “s” es el ahorro y “g” el crecimiento; de modo que B es igual al % de ahorro anual dividido entre el % de crecimiento, de modo que si un país ahorra un 12 % de su PIB y crece un 2 % (crecimiento económico y demográfico sumados), B será igual al 600 %.

Piketty explica: la fórmula B = s/g que se lee “B igual a s dividida entre g”. Por otra parte, cuando decimos que B = 600 %, es equivalente a decir que B = 6; lo mismo que s = 12 % es equivalente a decir “s = 0,12”; y que g = 2 % es equivalente a decir g = 0,02.

De nuevo repetimos que cuando en un país se ahorra un 12 % anual, y el crecimiento económico-demográfico del mismo es un 2 % anual, se acumula un capital del 600 %, es decir, 6 veces, los ingresos anuales de dicho país.

Para centrarnos más, también dijimos en artículos anteriores que a = r x B (o lo que es lo mismo, B =  a / r), fórmula que indica que “a” representa la parte correspondiente al capital en los ingresos nacionales, el cual es igual al rendimiento medio del capital, al que denominamos “r”, multiplicado por “B” o capital acumulado que, como venimos de decir, es igual a la relación que hay entre ahorro y crecimiento.

Pero vayamos a lo que íbamos. Y si la tasa de rendimiento medio del capital, denominada “r” alcanza el 5 %, eso quiere decir que (5 % x 600 % = 30 %, es decir r x B = a) la retribución del capital (recordemos, no sólo financiero, sino de los elementos del inmovilizado [locales, tierras, máquinas, viviendas]) alcanzará el 30 % de los ingresos anuales cada año, acumulándose de modo significativo.

Hemos dicho que B = s / g, es decir B, o capital acumulado, es igual a la relación entre ahorro y crecimiento; de modo que si el ahorro es del 12 % anual y el crecimiento (económico y demográfico acumulados) alcanza el 2 % anual, invariablemente B, el capital acumulado alcanzará el 600 % de los ingresos anuales.

Pero también se ha indicado que B = a / r, es decir que el capital acumulado es igual a la parte de los ingresos anuales correspondientes al capital dividido entre la tasa de rendimiento medio. Esto si la tasa de rendimiento medio es el 5 %, de nuevo, invariablemente nos lleva a un capital acumulado del 600 % de los ingresos nacionales anuales y a que la parte que lleva como renta anual, el capital, es el 30 % de dichos ingresos anuales.

Teniendo, pues, presente la ley dinámica B = s / g nos preguntamos cuál será la distribución capital – trabajo, lo que corresponderá a cada uno de los ingresos nacionales en el siglo XXI.

Piketty dice que la relación capital / ingresos a largo plazo depende especialmente de la tasa de ahorro “s” y de la tasa de crecimiento “g”. Estos dos parámetro macro sociales dependen, ellos mismos, de millones de decisiones individuales influenciadas por múltiples consideraciones sociales, económicas, culturales, psicológicas, demográficas, y pueden variar fuertemente en el tiempo y entre un país y otro. Además, son grandemente independientes la una de la otra.

Piketty viene aquí en nuestro auxilio para que podamos pasar del análisis de la relación capital / ingresos al de la participación o distribución de los ingresos nacionales entre el trabajo y el capital. Recuerda que la fórmula a = r x B, bautizada primera ley fundamental del capitalismo, permite pasar de modo transparente de la una a la otra.

En efecto, usando un ejemplo, si el valor del stock de capital es igual a seis años de ingresos nacionales (B = 6) y si la tasa de rendimiento medio del capital es del 5 % por año (r = 5 %), entonces la parte de los ingresos del capital “a” dentro de los ingresos nacionales es igual al 30 %, como párrafos antes hemos explicado, y la correspondiente al trabajo, entonces, es igual al 70 %.

La cuestión central para Piketty es cómo se establece la tasa de rendimiento del capital y para ver de sacar alguna conclusión Piketty comienza por examinar las evoluciones observadas durante un largo período y lo hace mediante las gráficas 6.1 y 6.2 correspondientes a los datos de participación del capital-trabajo del Reino Unido y de Francia, en las que, para el Reino Unido, desde 1970 y hasta 2000 la participación del trabajo baja 10 puntos porcentuales desde el 80 % hasta casi el 70 % con un incremento hasta 2010 de hasta el 74 % aproximadamente. Por el contrario en Francia los ingresos del trabajo no llegan a bajar tanto, quedándose en 2000 en 75 % y en 2010 en el mismo 74 % aproximadamente que en el Reino Unido.

 

2015.03.29 XVIII. Gráficas 6.1 y 6.2

Traducción:

Gráfica 6.1. El reparto capital – trabajo en el Reino Unido, 1770-2010

Cuadro: Ingresos del trabajo, ingresos del capital

Eje vertical: Ingresos del trabajo y del capital (en % de los ingresos nacionales)

Lectura: En el siglo XIX, los ingresos del capital (alquileres, beneficios, dividendos, intereses) representan alrededor del 40 % de los ingresos nacionales, contra el 60 % para los ingresos del trabajo (asalariado o no asalariado)

Traducción:

Gráficas 6.1. El reparto del capital – trabajo en Francia, 1820-2010

Cuadro: Ingresos del trabajo; ingresos del capital

Eje vertical: Ingresos del trabajo y del capital (en % de los ingresos nacionales)

Lectura: En el siglo XXI, los ingresos del capital (alquileres, beneficios, dividendos, intereses) representan alrededor del 30 % de los ingresos nacionales, contra el 70 % para los ingresos del trabajo (asalariado y no asalariado)

Piketty precisa cómo ha calculado estos datos e indica que lo ha hecho adicionando el conjunto de ingresos del capital que se encuentran  reunidos en las cuentas nacionales (independientemente de su título jurídico: alquileres, beneficios, dividendos, intereses, royalties, etc., con la excepción de los intereses de la deuda pública, y todo ello antes de toda forma de imposición fiscal), y posteriormente dividiendo este agregado por los ingresos nacionales (se obtienen entonces, la parte del capital en los ingresos nacionales, que hemos denominado “a”) y por el capital nacional (se obtiene así la tasa de rendimiento medio del capital, con notación “r”). A este rendimiento medio Piketty le deduce el costo del tiempo que el hombre de negocios medio le dedicará para conseguir dicho rendimiento y con ello halla el rendimiento puro del capital.

La principal conclusión que sobresale de las estimaciones de Piketty según él mismo indica es que tanto en Francia como en el Reino Unido, desde el siglo XVIII al XXI, el rendimiento puro del capital ha oscilado entorno de un valor central del orden del 4 % – 5 % por año, o más generalmente, en un intervalo comprendido entre 3 % y 6 % anual. No existe tendencia masiva, a largo plazo, ni al alza ni a la baja. Aunque el rendimiento puro ha sobrepasado claramente el 6 % después de las fuertes destrucciones y de los múltiple choques sufridos por el capital en el curso de las guerras del siglo XX, ha vuelto, no obstante, muy rápidamente hacia los niveles más débiles observados en el pasado.

Adelantándose a las objeciones de algunos lectores que, quizás, encuentren que esta tasa de rendimiento medio del 3 – 4 % en vigor al principio de los años 2010 es, más bien, optimista, por comparación al rendimiento que, desgraciadamente, ellos obtienen para sus pobres economías, Piketty dice que deben ser precisados varios puntos. Aunque dichos datos están libres de impuestos, hay que tener presente, en efecto, muchos puntos, situaciones y conceptos, cosa que haremos en el futuro mediante una reflexión sobre los activos reales o nominales, sobre la capacidad de negociación de las grandes fortunas en comparación con los pequeños importes de ahorros. Entraremos también a tratar la noción de la productividad marginal del capital.

Os esperamos.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XVII. Ahorro privado y público en los países ricos

XVII.- Ahorro privado y público en los países ricos

22.03.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

 

Para seguir con la idea del retorno del capital privado (la vuelta de la importancia del capital privado en la economía) y entenderla mejor, dijimos que era necesario hacer una distinción entre los componentes del ahorro, especialmente del privado y del público, el primero de los cuales tiene la máxima importancia.

Los datos del ahorro privado son los siguientes:

2015.03.22 Piketty T5.2

Traducción:

Título: Tabla 5.2. El ahorro privado en los países ricos, 1970-2010

Títulos de columnas de izquierda a derecha: Ahorro privado (neto de la depreciación) en % de ingresos nacionales, del cual ahorro neto de los hogares, del cual ahorro neto de las empresas (beneficios reinvertidos netos).

Columna de países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, Australia.

Lectura: Una parte importante (y variable según los países) del ahorro privado proviene de los beneficios no distribuidos de las empresas. Fuentes: Ver Piketty

 

También hay que precisar, según Piketty, que la noción de ahorro a tener en cuenta en la ley dinámica B = s/g es el ahorro neto de la depreciación del capital, es decir, el ahorro verdaderamente nuevo, una vez deducida del ahorro bruto la parte que sirve para compensar la depreciación por el uso o envejecimiento de la inversión (inmuebles o equipos); que en los países desarrollados alcanza cada año alrededor de 10-15% de los ingresos nacionales y absorbe cerca de la mitad del ahorro bruto. La siguiente tabla 5.3 lo explica

2015.03.22 Piketty T5.3

 

Traducción:

Título: Tabla 5.3. Ahorro bruto y neto en los países ricos, 1970-2010

Título de columnas de izquierda a derecha: Ahorro privado bruto (% ingresos nacionales), Menos: Depreciación del capital, Igual: Ahorro privado neto.

Columna de países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, Australia.

Lectura: Una parte importante del ahorro bruto (generalmente entorno a la mitad) corresponde a la depreciación del capital y sirve, pues, simplemente, para reparar o reemplazar el capital usado. Fuentes: Ver Piketty

 

Seguidamente es interesante notar la relación del ahorro público con el ahorro privado, hasta tal grado que el ahorro público negativo, es decir, el déficit, o des-ahorro público y la bajada del patrimonio público que se desprende, representan una parte significativa del incremento de los patrimonios privados (entre un décimo y un cuarto, según el país, de acuerdo con lo que indica Piketty). Todo ello se ve en la siguiente tabla.

2015.03.22 Piketty T5.4

 

 

Traducción:

Título: Tabla 5.4. Ahorro privado y público en los países ricos, 1970-2010

Título de columnas de izquierda a derecha: Ahorro nacional (privado + público) neto de depreciación (en % de ingresos nacionales), del cual: Ahorro privado, del cual Ahorro público.

Columna de países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, Australia.

Lectura: Una parte significativa (y variable según los países) del ahorro privado es absorbida por los déficits públicos, de donde viene un ahorro nacional (privado + público) más débil que el ahorro privado. Fuentes: Ver Piketty

Para tener una idea completa del cuadro macroeconómico hay que tener presente que el crecimiento de los patrimonios privados que según sabemos ha ocurrido en los países del este europeo y especialmente en Rusia, ocurrido entre el fin de los años 1980 y los años 1990-2000, que en ciertos casos individuales ha tomado la forma de enriquecimientos espectacularmente rápidos, no tiene nada que ver, evidentemente, con el ahorro ni con las ley dinámica B= s/g. Se trata llana y simplemente de una transferencia pura y simple de la propiedad del capital de los poderes públicos hacia los individuos privados. Esto es semejante aunque de una forma muy atenuada con los movimientos de privatización del patrimonio nacional observado en los países desarrollados desde los años 1970-1980.

Por otra parte el incremento de la relación capital/ingresos en el curso de los últimos decenios queda, adicionalmente, condicionado por la subida histórica de los precios de los activos. Es por ello que es conveniente tomar en cuenta series de datos de períodos más amplios. En efecto, para Piketty, más allá de los sobresaltos y las evoluciones erráticas a corto plazo, el alza del periodo 1950-2010 parece que, aproximadamente, ha compensado la bajada del período 1910-1950, con lo que parece que el proceso de alcance histórico de los precios de los activos, hoy ha finalizado.

Insiste Piketty sobre el hecho de que el precio del capital, más allá de las burbujas a corto y medio plazo, que le caracterizan siempre, y las divergencias estructurales a largo plazo, es, en realidad, una construcción social y política y refleja la noción de propiedad que prevalece en una sociedad dada, y depende de múltiples políticas e instituciones que regulan las relaciones entre los diferentes grupos sociales interesados –en particular entre aquellos que poseen capital y aquellos que no lo poseen. Y esto se hace evidente, por ejemplo, en el precio de los inmuebles, que dependen de reglamentaciones y leyes que regulan las relaciones en propietarios y arrendatarios, así como la revalorización de los alquileres.

Hemos estado viendo y trabajando con los datos hasta casi el presente, pero nos interesa conocer las previsiones que se dan para el futuro, a qué nivel se situará la relación capital/ingresos anuales, a nivel mundial, en el siglo XXI. De ello va a depender la estructura de nuestras sociedades nacionales y supranacionales, el éxito de los regímenes democráticos liberales, el estado del bienestar y la estabilidad. Intentaremos comentar sobre ello en el próximo artículo.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XV. La relación a largo plazo entre capital e ingresos

XV.- La relación a largo plazo entre capital e ingresos

01.03.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

 

En un artículo anterior comentamos la metamorfosis del capital en Europa y América desde el siglo XVIII. En efecto, a través de un largo periodo, la naturaleza de la fortuna se transformó totalmente, pues el capital en suelo (agrícola) fue progresivamente reemplazado por el capital inmobiliario, industrial y financiero.

Pero lo que es más chocante para Piketty es que después de todas esas transformaciones, el valor total del stock de capital, medido en años de ingresos nacionales, relación que mide la importancia global del capital en la economía y la sociedad, no parece que haya cambiado, casi nada, durante un largo período.

De acuerdo con los datos de los que se dispone, especialmente del Reino Unido y de Francia, países de los cuales se tienen las series históricas de datos más completas, el capital nacional, representa entre cinco y seis años de ingresos nacionales a principios de los años 2010, es decir un nivel a penas inferior al observado durante los siglos XVII y XIX y hasta la Primera Guerra mundial (alrededor de seis-siete años de ingresos).

Ciertamente, después de la Segunda Guerra mundial, ha habido una fuerte progresión de recuperación de la relación capital/ingresos, por lo que, dicho esto, Piketty se formula la pregunta de si esta progresión va a conseguir que la relación capital/ingresos no sólo alcance sino sobrepase el nivel de los siglos pasados.

Otro asunto importante que Piketty llama a nuestra atención es la comparación entre Europa y América, especialmente cómo afectaron a ambos continentes los choques armados del período 1914-1945, por supuesto, más fuertemente a Europa. Pero si exceptuamos este largo período de guerras y entre las guerras, la relación capital/ingresos siempre ha sido más elevada en Europa, antes de dicho período, y después de dicho período se ha alcanzado y sobrepasado a Estados Unidos.

La relación capital/ingresos de Europa, que se indica en las gráficas 5.1  y  5.2 ha sido estimada calculando la media de las series disponibles para las cuatro principales economías del continente (Alemania, Francia, Reino Unido e Italia), ponderadas por los ingresos nacionales de cada país. En total, estos cuatro países representan más de tres cuartos del PIB europeo occidental y cerca de dos tercios del PIB europeo. Si se tomara en cuenta otros países, en particular España, conduciría a una progresión, todavía más fuerte, de la relación capital/ingresos en el curso de los últimos decenios.

2015.03.01 Piketty G5.1

La gráfica 5.1 se refiere al “Capital privado y público de Europa y América, 1870-2010”.

Traducción:

En el eje vertical: Valor del capital público y privado (en % de los ingresos nacionales)

En el eje horizontal: Años a los que se refieren los datos.

Globos: Capital privado; Capital público

Cuadro: Estados Unidos; Europa

Lectura: los movimientos del capital nacional en Europa así como en América corresponden, sobre todo, a movimientos de capital privado.

Fuentes y series: ver Piketty

 

2015.03.01 Piketty G5.2

La gráfica 5.2 se refiere a “El capital nacional en Europa y América 1870-2010”.

Traducción:

En el eje vertical: Valor del capital nacional y extranjero (en % de los ingresos nacionales)

En el eje horizontal: Años a los que se refieren los datos.

Globos: Capital nacional; Capital extranjero neto

Cuadro: Estados Unidos; Europa

 

Lectura: el capital nacional (público y privado) vale 6,5 años de ingresos nacionales en Europa en 1910, contra 4,5 años en América.

 

Volvamos a la segunda ley fundamental del capitalismo: B = s/g

Donde B es la relación, o ratio, capital/ingresos %; s es la tasa de ahorro; y g es la tasa de crecimiento de los ingresos nacionales.

Si s = 12% y g= 2%, entonces B = s/g = 600%

Dicho de otro modo, si un país ahorra cada año el 12% de sus ingresos nacionales y la tasa de crecimiento es del 2% anual, entonces a largo plazo, la relación entre capital/ingresos será igual a 600%: es decir, el país en cuestión habrá acumulado el equivalente de seis años de ingresos nacionales en capital.

Esto explica una realidad evidente e importante; que un país que ahorra mucho aunque crezca poco, acumula a largo plazo un enorme stock de capital, lo que puede tener enormes consecuencias sobre la estructura social y el reparto de las riquezas en dicho país.

Piketty, además, lo dice de otro modo: en una sociedad casi en estagnación los patrimonios salidos del pasado toman de modo natural una importancia desmesurada. La vuelta a una relación capital/ingresos anuales a un nivel estructural elevado, próximo al observado durante los siglos XVIII y XIX, se explica de modo natural por un retorno a un régimen de crecimiento débil, de modo que el la bajada de crecimiento, especialmente, del demográfico, la que conduce a un retorno de la importancia del capital.

Y el punto principal es que aunque sean pequeñas, las variaciones en la tasa de crecimiento, pueden tener efectos inexorables, muy importantes, a largo plazo, como quedó dicho.

Esto pone en el tapete las políticas fiscales para evitar que se acumulen las consecuencias que llevan a diferencias desmesuradas. Y relacionada con esto, una idea que no se nos tiene que olvidar es que respecto a una fiscalidad progresiva, es decir, que pague no sólo proporcional sino progresivamente mucho más quien más rico sea o ingresos tenga. A este respecto, los Estados Unidos, después de la Segunda Guerra mundial, van mucho más lejos que Europa, prueba, sin duda, de que su preocupación va más a reducir las desigualdades que a erradicar la propiedad privada.

Una cosa interesante para los de mi generación es ver, con datos, qué ha pasado durante los últimos 45 años, cosa que intentaremos hacer en el próximo episodio de nuestra reflexión sobre el reparto del capital y las riquezas. Como meta intentaremos llegar a comprender las sugerencias que hace Piketty para conjurar el claro peligro de que las riquezas, en mayor cuantía, estén en manos de un % cada vez menor de población, y que un % mayor de población sólo tengan su capacidad de trabajo como riqueza: en definitiva, la extinción de la clase media.

 

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XIV. Nuestras experiencias afectan la visión de la deuda pública

XIV.- Nuestras experiencias afectan la visión de la deuda pública

22.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

El largo y tumultuoso período de la historia de la deuda pública, de apacibles rentistas de los siglos XVIII y XIX, a la expropiación por la inflación en el siglo XX, ha marcado profundamente las memorias y las representaciones colectivas, hasta tal grado que las teorías económicas son dependientes de las experiencias históricas vividas por sus formuladores. Todos tenemos en mente el rechazo actual del pueblo alemán y de sus dirigentes a políticas que no controlen de modo férreo la inflación, por la marca que dejó en ellos la inflación desbocada que vivieron hace un siglo.

En efecto, David Ricardo formuló en 1817 la hipótesis conocida hoy bajo el nombre de “equivalencia ricardiana”, según la cual se sugiere que el déficit fiscal no afecta a la demanda agregada. La argumentación en que se basa la teoría es que, en su caso, el gobierno puede financiar su gasto mediante los impuestos cobrados a los contribuyentes hoy, o lo puede hacer mediante la emisión de deuda pública. Si elige la segunda opción, llegará un momento en el futuro en el que tendrá que pagar la deuda subiendo los impuestos por encima de lo que estos se ubicarían en ese futuro. La elección, por lo tanto, es entre pagar impuestos hoy o pagar impuestos mañana. La Wikipedia pone un ejemplo en el que el gobierno decide financiar un gasto adicional a través de déficit, esto es, mediante cobrar impuestos mañana. Pues bien, para este caso, Ricardo argumentaba que aunque los ciudadanos tienen más dinero hoy, ellos se darían cuenta que tendrían que pagar impuestos mayores en el futuro y, por lo tanto, ahorrarán un dinero adicional para poder pagar los impuestos futuros. Este mayor ahorro por parte de los consumidores compensaría exactamente el gasto adicional del gobierno, de modo tal que la demanda agregada permanecerá sin modificar. Según mi opinión esto es pura imaginación: las decisiones de la mayoría de los individuos dependen mucho más de la situación real actual que de sus propias formulaciones y presupuestos para el futuro.

En el momento en el que Ricardo escribía, la deuda pública británica se acercaba al 200 % del PIB, aunque esto no parece que hubiera disminuido la inversión privada ni la acumulación de capital, el fenómeno de crowding out (o desplazamiento) no se había producido y el incremento del endeudamiento público parece que fue financiado por un aumento del ahorro privado. Piketty dice que esto no significa que esta sea una ley universal que se cumpla en todo tiempo y en todo lugar, pues todo depende de la prosperidad del grupo social del que se trate (en este caso de una minoría de británicos que tenían suficientes medios para generar el ahorro suplementario requerido).

Por otra parte, cuando Keynes escribía en 1936 respecto de la “eutanasia de los rentistas” estaba, él mismo, profundamente marcado por lo que observaba a su alrededor (la crisis de 1929 y sus consecuencias): el mundo de los rentistas de antes de la Primera Guerra mundial estaba a punto de hundirse y no existía ninguna otra solución políticamente aceptable que permitiera superar la crisis económica y presupuestaria en curso. Keynes sabía bien que la inflación, que el Reino Unido no aceptó sino a contra corriente, era la manera más simple de reducir el peso del endeudamiento público y de los patrimonios que venían del pasado, aunque no fuera la más justa. Era, en realidad, una redistribución de la riqueza, tanto como lo es una reforma agraria o una revolución.

Pero el capitalismo no ha sido ni lo es en todas partes igual. Por ejemplo, en Francia, por su historia, se aceptado durante la mitad del siglo pasado el capitalismo, pero sin capitalistas, élites económicas sobre las que pesaban sospechas fundadas de colaboracionismo con los ocupantes alemanes. Durante los Treinta Gloriosos (años después de la Segunda Guerra mundial) de crecimiento, Francia vivió un capitalismo de Estado en el cual los propietarios privados cesaron de controlar las empresas más grandes, pero a partir de los años 1980-1990 de nuevo la propiedad pública cae a niveles mucho más débiles, hasta tal grado que al principio de los años 2010, la propiedad privada está cerca de los seis años de ingresos nacionales, es decir, veinte veces más que el patrimonio público.

Y en Francia, como en, casi, todo el mundo, el movimiento de privatización, desregulación y liberalización de la economía y de los mercados financieros con sus flujos de capitales, comienza después de las revoluciones conservadoras en los Estados Unidos y en el Reino Unido a partir de los años 1980, que casi coinciden con la caída de los modelos estatistas soviético y chino, cada vez más evidente, lo que lleva a estos gigantes a poner en marcha a principio de los 1980 una liberalización gradual de su sistema económico, con la introducción de nuevas formas de propiedad privada de las empresas.

De modo que, finalmente, el patrimonio público neto ha caído a niveles muy bajos. Tanto es así que la mayor parte de los países, han transformado en el siglo XX, en dos ocasiones, en direcciones opuestas, sin haber comprendido muy bien por qué, la estructura de su patrimonio nacional.

Aunque el capital ha sido más estable en Estados Unidos que en Europa, lo dicho ha sido cierto, tanto de nuestra vieja Europa como del Nuevo Mundo, con algunas particularidades en este último, por el capital negrero (esclavos). De modo que queda volver sobre nuestros pasos para entender mejor la relación capital/ingresos, y su estructura, en el largo plazo, cosa que haremos en sucesivos escritos.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XII. Las metamorfosis del capital

XII.- Las metamorfosis del capital

8.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Para estudiar las transformaciones de la estructura del capital, Piketty hace referencia a los datos del Reino Unido y de Francia, encontrando que ambos países han seguido evoluciones muy semejantes. Tanto en el Reino Unido como en Francia el valor total del capital nacional se sitúa en torno a los seis-siete años de ingresos nacionales durante los siglos XVIII y XIX hasta 1914. Inmediatamente después de esta fecha se hunde brutalmente a causa de la Primera Guerra mundial, hasta, tal punto, que el capital nacional no alcanza más de dos-tres años de ingresos nacionales durante los años 1950. Desde esta última fecha no ha parado de aumentar y en los años 2010 ha alcanzado la cifra de antes de la Primera Guerra mundial.

Pero el que se haya alcanzado una relación capital/ingresos semejantes a la que se observara para los siglos XVIII y XIX no debe hacernos olvidar las profundas transformaciones en la composición de dicho capital, de modo que los activos implicados en el capital en el siglo XXI no tienen mucho que ver con los del siglo XVIII. Efectivamente las tierras agrícolas han sido reemplazadas progresivamente por  los activos inmobiliarios, y por el capital profesional y financiero invertido en las empresas y las administraciones, aunque el valor global del mismo, medido en años de ingresos nacionales, sea el mismo que el de aquella época.

Recordemos que el capital nacional se puede descomponer en capital interior y capital extranjero neto. El capital interior mide el valor de las existencias de capital (inmuebles, empresas, etc.) implantado sobre el territorio del país considerado. Por su parte el capital extranjero neto, o activos extranjeros netos, mide la posición patrimonial del país considerado respecto del resto del mundo, es decir, es la diferencia entre los activos poseídos por los residente del país en el resto del mundo y los activos poseídos por el resto del mundo en el país considerado, incluidos, en su caso, bajo forma de títulos de deuda pública.

Por otra parte, el capital interior se puede descomponer en tres categorías: tierras agrícolas, viviendas (casas e inmuebles de apartamentos, incluido el valor de los terrenos que ocupan), y otro capital interior, que incluye los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, incluidos los terrenos que ocupan, equipos, máquinas ordenadores, marcas, etc.) valorados como todos los otros activos a valor de mercado. Es quiere decir que:

Capital nacional = tierras agrícolas + alojamientos + otro capital interior + capital extranjero neto.

Pues bien, se constata según la gráfica 3.2 para Francia que las tierras agrícolas representaban al principio del siglo XVIII entre 4 y 5 años de ingresos nacionales, es decir, cerca de 2/3 del capital nacional. Pero tres siglos más tarde las tierras agrícolas valen menos del 10 % de los ingresos nacionales en Francia, así como también en el Reino Unido.

2015.02.08 Piketty G3.2

 

 

Traducción: Gráfica 3.2. El capital en Francia, 1700-2010

Cuadro interior: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Eje vertical: Valor del capital nacional en % de los ingresos nacionales

Pie: Lectura: el capital nacional vale cerca de 7 años de ingresos nacionales en Francia en 1910 (incluida la parte colocada en el extranjero)

Se observa, por otra parte, que la zona oscura correspondiente al valor de las tierras agrícolas se ha hundido completamente, aunque dicho hundimiento ha sido compensado por el incremento del valor de las viviendas que era de apenas un año en el siglo XVIII y en el XXI pasa de tres años.

Como se observa también el valor de los capitales netos poseídos en el extranjero se ha quedado en un valor, incluso negativo.

Todo esto significa que dado que los ingresos nacionales promedios son del orden de 30.000 euros por año y por habitante, tanto en Francia como en el Reino Unido, el capital nacional se establece entorno a los seis años, es decir, 6 veces 30.000, o sea en torno a 180.000 euros por habitante; capital que se distribuye casi en dos partes iguales, de media, cada habitante posee unos 90.000 euros de capital vivienda (que utiliza para sí o para arrendar) y otros 90.000 euros en otras formas de capital interior (principalmente inversiones en empresas). Aquí y ahora el valor de las tierras es casi imperceptible, unos pocos miles de euros por habitante, como máximo.

La metamorfosis ha llevado a la riqueza a la siguiente estructura que muestra la Tabla 3.1.

Traducción: Tabla 3.1: Riqueza pública y riqueza privada en Francia en 2012

2015.02.08 Piketty T3.1.

Títulos en cuadros superiores: Valor del capital, en % de los ingresos nacionales, Valor del capital en % del capital nacional

Títulos columna de la izquierda: Capital nacional (Capital pública + capital privado); Capital público (patrimonio público neto: diferencia entre activos y deudas detentados por el Estado y las otras administraciones públicas); Capital privado (patrimonio privado neto: diferencia entre activos y deudas detentados por los individuos privados [hogares])

Descripción de los % Actifs = Activos; Dettes = Deudas

Pie:

Lectura: en 2012, el valor total del capital nacional en Francia era igual a 605 % de los ingresos nacionales (6,05 años de ingresos nacionales), de los cuales 31 % para el capital público (5% del total)y 574 % para el capital privado (95 % del total). Fuentes: ver Piketty

Recordatorio: los ingresos nacionales son igual al producto interior bruto (PIB), disminuidos por la depreciación del capital y aumentado por los ingresos netos recibidos del extranjero; al final, los ingresos nacionales son igual a casi el 90% del PIB en Francia.

Como se ve en el cuadro anterior el valor del capital público es mínimo, no porque no tenga valor absoluto (aunque también pequeño en relación al capital privado) sino porque se compensa por la deuda pública. Esto nos lleva a plantear el caso del Reino Unido que es a la vez el país que ha conocido los más altos niveles de deuda público y que jamás ha entrado en banca rota, es decir, nunca ha impagado su deuda. Esto explica por otra parte que si no se incumple de una forma o de otra, sea directamente por la repudiación pura y simple, el impago, sea indirectamente por una inflación masiva, el desendeudamiento puede tomar un largo tiempo para reembolsar una deuda pública importante, lo que permite a los prestamistas tomar como rendimiento una parte importante del PIB, impidiendo las inversiones en el país, pues sencillamente una parte del presupuesto va a pagar los intereses de la deuda.

Es por eso que Karl Marx y sus seguidores consideraron que la deuda pública era un instrumento al servicio de la acumulación de capital privado. Pero en el siglo XX la visión fue totalmente diferente, fundada sobre la convicción que el endeudamiento podría, al contrario, ser un instrumento al servicio de una política de gasto público y de redistribución social en favor de los más modestos.

La diferencia entre las dos visiones es muy simple, dice Piketty: en el siglo XIX la deuda se pagaba a un tipo alto, lo que era en beneficio de los prestamistas y actuaba en refuerzo de los patrimonios privados; pero en el siglo XX la deuda ha estado ahogada en la inflación y repagada en moneda “falsa” por la alta inflación, lo que ha permitido de facto financiar los déficits por aquellos que habían prestado sus patrimonio a Estado, sin tener que aumentar los impuestos. Esta es la visión “progresista” de la deuda pública que continúa impregnando los espíritus en este principio del siglo XXI.

Entonces ¿qué?, la deuda pública ¿es nociva o virtuosa? No contestaremos con afirmación clara en uno u otro sentido pero la semana que viene consideraremos lo que David Ricardo, Keynes y otros estudiaron y manifestaron al respecto.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XI. La inflación y la forma del capital

XI.- La inflación y la forma del capital

1.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Se podría pensar que la inflación es un fenómeno puramente monetario, respecto del cual no deberíamos preocuparnos, en la lectura de la investigación hecha por Piketty y su equipo, plasmada en su libro El Capital en el siglo XXI. De hecho toda la información, tablas, gráficas, que Piketty incluye como datos en su libro, dice, está libre de la tasa de inflación, es decir, que corresponde al crecimiento “real”.

Pero, en realidad, la cuestión de la inflación juega un papel central en su investigación, porque el crecimiento se caracteriza siempre por la aparición de nuevos bienes y servicios y por enormes movimientos de los precios relativos, tantos que es muy difícil de resumir por una cifra única. En efecto, para un mismo crecimiento nominal de un 3% anual, se puede considerar que el crecimiento real es del 1%, si se estima que el incremento de los precios es del 2%.

Los movimientos de los precios relativos pueden jugar un papel más decisivo aun, en el marco de la teoría de Ricardo y de su principio de rareza: si ciertos precios, tales como los de la tierra, los inmuebles o, incluso, el petróleo, toman valores extremos durante periodos prolongados, esto puede afectar durablemente el reparto de las riquezas en beneficio de los detentadores iniciales de estos recursos raros.

Dejaremos para el futuro hablar más profundamente de la inflación, es decir, del alza generalizada de todos los precios, pues puede igualmente jugar un papel fundamental en la dinámica del reparto de las riquezas. En particular, ha sido la inflación la que, esencialmente, ha permitido a los países ricos desembarazarse de su deuda pública después de la II Guerra mundial. La inflación ha engendrado, igualmente, toda suerte de redistribuciones entre los grupos sociales en el curso del siglo XX, de forma caótica y poco controlada.

Por el contrario la sociedad patrimonial que se desvaneció en los siglos XVIII y XIX es indisociable de la más grande estabilidad monetaria que caracterizó este largo período. En efecto, Piketty indica que el primer hecho central que conviene recordar es que la inflación es, en su mayor parte, una invención del siglo XX, pues a lo largo de los siglos precedentes y hasta la Primera Guerra mundial, la inflación era nula o casi nula.

Ciertamente los precios podían subir, o quizás bajar, con motivo de determinadas circunstancias, buenas o malas cosechas, modas u otras causas, pero estos movimientos al alza o a la baja, acaban por compensarse. Esto es lo que demuestran las series estadísticas de precios sobre largos periodos de las que dispone Piketty. Las inflaciones que se observan son del orden del 0,2 al 0,3% anual e incluso en algunos periodos negativas del orden -0,2 % anual. Y ello es cierto en el Reino Unido, en Estados Unidos, así como en Francia. Todo esto cambia a partir de 1914, como se ve en la gráfica 2.6

2015.02.01 Piketty G2.6

Traducción:

Gráfica 2.6. La inflación desde la Revolución industrial

Eje vertical: Tasa de inflación (índice de los precios al consumo)

Cuadro: Francia, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido

Pie de gráfica: Lectura: La inflación en los países ricos fue nula en los siglos XVIII-XIX, elevada en el siglo XX, y es desde 1990 del orden del 2% anual. Fuentes y series: Ver Piketty

Aunque una inflación media entorno al 2 % anual, para esta época, se caracteriza por un movimiento de retorno a la inflación cero, igual a la de antes de la Primera Guerra mundial, no hay que olvidar que una inflación del 2% anual es muy diferente de una inflación cero. De hecho si se le suma a la inflación del 2% un crecimiento real del 1-2% anual, significa que todos los importes –producción, ingresos, salarios- tienden a progresar del orden del 3-4% anual en números nominales.

La inflación como ha quedado dicho tiene su efecto en la deuda, tanto en la deuda privada como en la deuda pública. Esto es algo en lo que incidiremos más adelante.

Ahora, será interesante ver cómo ha ido cambiando la forma del capital, porque a lo largo de estos dos siglos ha habido una importante metamorfosis del mismo. Veamos cómo ha cambiado, por ejemplo, en el Reino Unido en la gráfica 3.1.

2015.02.01 Piketty G3.1

 

Traducción:

Gráfica 3.1. El capital en el Reino Unido, 1700-2010

Eje vertical: Valor del capital nacional, en % de los ingresos nacionales.

Cuadro: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Pie de gráfica: Lectura: el capital nacional vale alrededor de 7 años de ingresos nacionales en el Reino Unido en 1700 / de los que 4 son en tierras agrícolas.

Por no añadir la misma gráfica para Francia se ha de decir que la relación capital/ingresos ha seguido evoluciones extremadamente próximas en los dos países, con una relativa estabilidad en el siglo XVIII y en el XIX, un enorme shock en el inicio del siglo XX y, de nuevo, un importante incremento, desde la mitad del siglo XX hasta el día de hoy.

Queda muy clara, no obstante, la disminución de la importancia de las tierras agrícolas y el incremento de otro capital interior, categoría ésta que comprende los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, equipos, máquinas, ordenadores, marcas, etc., valorados a precios de mercado). Se observa la importancia hasta el año 1910 de los capitales extranjeros (es decir, el valor de los poseído por los ciudadanos del Reino Unido en el extranjero) y su caída hasta el punto que el valor neto es negativo en 2010.

Se ha citado en la gráfica el “capital “nacional” como un orden de magnitud que lo medimos en porcentaje de los ingresos anuales. En la gráfica anterior se muestra que el capital nacional del Reino Unido es del orden del 550% de los ingresos anuales, es decir, 5,5 años de ingresos anuales. Esto es muy semejante a los datos de Francia y también a los de España.

Pero, para seguir adelante con nuestro análisis en base a las investigaciones de Piketty, tenemos que poner sobre la mesa la cuestión de la deuda pública y, más generalmente, la cuestión de la distribución del capital nacional entre capital público y capital privado. Cosa que haremos en el futuro.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. X. Reflexiones sobre crecimiento

X.- Reflexiones sobre crecimiento

25.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Aunque resumir el crecimiento de una sociedad a largo plazo por una cifra única es en gran parte una ilusión estadística el punto que para Piketty le parece más importante y sobre el que quiere incidir es que un ritmo de crecimiento de la producción por habitante del orden de 1 % por año, es en realidad, extremadamente rápido, mucho más rápido de lo que uno se pueda imaginar.

Pongámonos a hacer números contando a partir de la magnitud de una generación. Sobre 30 años, un crecimiento de un 1% por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 35%. Un crecimiento del 1,5 % por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 50 %. Lo que, en la práctica, implica transformaciones considerables de los modos de vida y de los empleos.

Concretamente el crecimiento de la producción por habitante ha sido de apenas 1%-1,5% anual en el curso de los 30 últimos años en Europa, en América del Norte y en el Japón, y nuestras vidas han sido plenamente transformadas. En efecto al principio de los años 1980 no existía ni internet ni teléfonos móviles, los transportes aéreos eran inaccesibles para la mayor parte, la mayor parte de las tecnologías médicas punta que están disponibles hoy no existían y los estudios superiores no los podían cursar más que una minoría de la población. En el dominio de las comunicaciones, de los transportes, de la salud y de la educación, los cambios han sido profundos. Estos cambios han afectado profundamente también a la estructura del empleo. Sí, el que la producción por habitante haya progresado alrededor del 35%-50% en el período de 30 años, significa que una fracción muy grande de la producción que se realiza hoy, entre un cuarto y un tercio de los oficios y de las tareas realizadas hoy no existía hace treinta años.

Si comparamos la situación actual con la de las sociedades del paso cuando el crecimiento era casi nulo, o bien de apenas 0,1% anual, como en el siglo XVIII, es una diferencia considerable. Estas sociedades se reproducían idénticamente cada generación, la estructura de los oficios era la misma, la de la propiedad igual. En cambio una sociedad en la cual el crecimiento es de un 1% anual, como es el caso en los países más avanzados desde el principio del siglo XIX, es una sociedad que se renueva profundamente y permanentemente. Esto entraña consecuencias importantes para la estructura de las desigualdades sociales y para la dinámica del reparto de las riquezas. En efecto, el crecimiento puede crear nuevas formas de desigualdades, por ejemplo grandes fortunas se puede construir muy rápidamente en los nuevos sectores de actividad, aunque ello hace que las desigualdades venidas del pasado consecuentemente lleguen a ser menos importantes y la herencia, menos determinante.

Quizás algún lector le parezca que un crecimiento del 1 o del 1,5% es poco importante si miramos lo que los países emergentes han estado consiguiendo en algunos momentos, incluso lo que la propia España ha conseguido durante los últimos dieciocho años según el INE, pero no hay que olvidar que la transformación de España ha sido alucinante. También hay que poner sobre la mesa de estudio el que con un crecimiento débil se pueda provocar una desilusión respecto a conseguir un orden social más justo. Pero el crecimiento, según Piketty, no es lo único en lo que hay que basar la confianza para satisfacer esta esperanza democrática y meritocrática, sino que ésta también se debe apoyar sobre instituciones específicas y no solamente sobre las fuerzas del progreso técnico y del mercado.

Crecimiento en volumen
(Base 2010)
Año Tasa anual (en %)
2013 (A) -1,2
2012 (P) -2,1
2011 (P) -0,6
2010 (P) 0,0
2009 -3,6
2008 1,1
2007 3,8
2006 4,2
2005 3,7
2004 3,2
2003 3,2
2002 2,9
2001 4,0
2000 5,3
1999 4,5
1998 4,3
1997 3,7
1996 2,7

(A) Avance

(P) Provisional

(PE) Primera Estimación

En el curso de los últimos tres siglos el crecimiento mundial habrá atravesado una curva en campana de una amplitud considerable. Sea que se trate del crecimiento de la población, o de la producción por habitante, el ritmo de crecimiento se ha acelerado progresivamente durante los últimos tres siglos y que parece que va a volver a niveles mucho más débiles durante el curso de este siglo XXI.

Si comparamos las dos curvas en campana   (crecimiento de la población y crecimiento de la producción) observamos que en el crecimiento de la población el alza comenzó más pronto y la bajada ha comenzado también más pronto. El ritmo de progresión de la población mundial consiguió su zénit durante los años 1950-1970, con más de un 2% anual y no ha cesado de descender desde entonces.

En cuanto al crecimiento de la producción por habitante ha tardado mucho más despegar pues no ha llegado a ser una realidad hasta el siglo XX. El crecimiento de la producción mundial por habitante ha sobrepasado el 2% anual entre 1950 y 1990, gracias, especialmente, a haber alcanzado Europa al frente económico mundial, y de nuevo entre 1990 y 2012, en este caso al alcance de Asia, especialmente de China en donde el crecimiento ha sobrepasado el 9% anual entre 1990 y 2012 (un nivel jamás observado en la historia.

¿Qué pasará después de 2012? En la gráfica siguiente Piketty da su perspectiva.

2015.01.25 Piketty G2.4

 

Según Piketty en el gráfico 2.4 se muestra una previsión “mediana” pero optimista, pues ha supuesto para los países más ricos (Europa occidental, América del Norte y Japón) un crecimiento del 1,2% anual desde 2012 a 2100 (es decir, un nivel sensiblemente más elevado que el que prevén un gran número de economistas) y por los países pobres y emergentes una continuación suave del proceso de convergencia, con un crecimiento del 5% anual desde 2012 a 2030 y del 4% de 2030 a 2050. Si esto se llega a conseguir quiere decir que el nivel de producción por habitante habrá alcanzado desde 2050, casi en todo lugar, el nivel de los países más ricos, sea en China, en Europa del Este, en América del Sur, en África del Norte o en el Oriente Medio. A partir de este momento el reparto de la producción mundial se aproximaría a la de la población.

En este escenario medio optimista el crecimiento mundial de la producción por habitante sobrepasaría ligeramente el 2,5% anual entre 2012 y 2030, así como entre 2030 y 2050, para caer por debajo del 1,5% después de 2050 dirigiéndose al 1,2% durante el último tercio del siglo.

Pero vamos a tener que hablar de la cuestión de la inflación. Es lo que haremos en el próximo artículo.

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