SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XIV. Nuestras experiencias afectan la visión de la deuda pública

XIV.- Nuestras experiencias afectan la visión de la deuda pública

22.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

El largo y tumultuoso período de la historia de la deuda pública, de apacibles rentistas de los siglos XVIII y XIX, a la expropiación por la inflación en el siglo XX, ha marcado profundamente las memorias y las representaciones colectivas, hasta tal grado que las teorías económicas son dependientes de las experiencias históricas vividas por sus formuladores. Todos tenemos en mente el rechazo actual del pueblo alemán y de sus dirigentes a políticas que no controlen de modo férreo la inflación, por la marca que dejó en ellos la inflación desbocada que vivieron hace un siglo.

En efecto, David Ricardo formuló en 1817 la hipótesis conocida hoy bajo el nombre de “equivalencia ricardiana”, según la cual se sugiere que el déficit fiscal no afecta a la demanda agregada. La argumentación en que se basa la teoría es que, en su caso, el gobierno puede financiar su gasto mediante los impuestos cobrados a los contribuyentes hoy, o lo puede hacer mediante la emisión de deuda pública. Si elige la segunda opción, llegará un momento en el futuro en el que tendrá que pagar la deuda subiendo los impuestos por encima de lo que estos se ubicarían en ese futuro. La elección, por lo tanto, es entre pagar impuestos hoy o pagar impuestos mañana. La Wikipedia pone un ejemplo en el que el gobierno decide financiar un gasto adicional a través de déficit, esto es, mediante cobrar impuestos mañana. Pues bien, para este caso, Ricardo argumentaba que aunque los ciudadanos tienen más dinero hoy, ellos se darían cuenta que tendrían que pagar impuestos mayores en el futuro y, por lo tanto, ahorrarán un dinero adicional para poder pagar los impuestos futuros. Este mayor ahorro por parte de los consumidores compensaría exactamente el gasto adicional del gobierno, de modo tal que la demanda agregada permanecerá sin modificar. Según mi opinión esto es pura imaginación: las decisiones de la mayoría de los individuos dependen mucho más de la situación real actual que de sus propias formulaciones y presupuestos para el futuro.

En el momento en el que Ricardo escribía, la deuda pública británica se acercaba al 200 % del PIB, aunque esto no parece que hubiera disminuido la inversión privada ni la acumulación de capital, el fenómeno de crowding out (o desplazamiento) no se había producido y el incremento del endeudamiento público parece que fue financiado por un aumento del ahorro privado. Piketty dice que esto no significa que esta sea una ley universal que se cumpla en todo tiempo y en todo lugar, pues todo depende de la prosperidad del grupo social del que se trate (en este caso de una minoría de británicos que tenían suficientes medios para generar el ahorro suplementario requerido).

Por otra parte, cuando Keynes escribía en 1936 respecto de la “eutanasia de los rentistas” estaba, él mismo, profundamente marcado por lo que observaba a su alrededor (la crisis de 1929 y sus consecuencias): el mundo de los rentistas de antes de la Primera Guerra mundial estaba a punto de hundirse y no existía ninguna otra solución políticamente aceptable que permitiera superar la crisis económica y presupuestaria en curso. Keynes sabía bien que la inflación, que el Reino Unido no aceptó sino a contra corriente, era la manera más simple de reducir el peso del endeudamiento público y de los patrimonios que venían del pasado, aunque no fuera la más justa. Era, en realidad, una redistribución de la riqueza, tanto como lo es una reforma agraria o una revolución.

Pero el capitalismo no ha sido ni lo es en todas partes igual. Por ejemplo, en Francia, por su historia, se aceptado durante la mitad del siglo pasado el capitalismo, pero sin capitalistas, élites económicas sobre las que pesaban sospechas fundadas de colaboracionismo con los ocupantes alemanes. Durante los Treinta Gloriosos (años después de la Segunda Guerra mundial) de crecimiento, Francia vivió un capitalismo de Estado en el cual los propietarios privados cesaron de controlar las empresas más grandes, pero a partir de los años 1980-1990 de nuevo la propiedad pública cae a niveles mucho más débiles, hasta tal grado que al principio de los años 2010, la propiedad privada está cerca de los seis años de ingresos nacionales, es decir, veinte veces más que el patrimonio público.

Y en Francia, como en, casi, todo el mundo, el movimiento de privatización, desregulación y liberalización de la economía y de los mercados financieros con sus flujos de capitales, comienza después de las revoluciones conservadoras en los Estados Unidos y en el Reino Unido a partir de los años 1980, que casi coinciden con la caída de los modelos estatistas soviético y chino, cada vez más evidente, lo que lleva a estos gigantes a poner en marcha a principio de los 1980 una liberalización gradual de su sistema económico, con la introducción de nuevas formas de propiedad privada de las empresas.

De modo que, finalmente, el patrimonio público neto ha caído a niveles muy bajos. Tanto es así que la mayor parte de los países, han transformado en el siglo XX, en dos ocasiones, en direcciones opuestas, sin haber comprendido muy bien por qué, la estructura de su patrimonio nacional.

Aunque el capital ha sido más estable en Estados Unidos que en Europa, lo dicho ha sido cierto, tanto de nuestra vieja Europa como del Nuevo Mundo, con algunas particularidades en este último, por el capital negrero (esclavos). De modo que queda volver sobre nuestros pasos para entender mejor la relación capital/ingresos, y su estructura, en el largo plazo, cosa que haremos en sucesivos escritos.

 

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XII. Las metamorfosis del capital

XII.- Las metamorfosis del capital

8.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Para estudiar las transformaciones de la estructura del capital, Piketty hace referencia a los datos del Reino Unido y de Francia, encontrando que ambos países han seguido evoluciones muy semejantes. Tanto en el Reino Unido como en Francia el valor total del capital nacional se sitúa en torno a los seis-siete años de ingresos nacionales durante los siglos XVIII y XIX hasta 1914. Inmediatamente después de esta fecha se hunde brutalmente a causa de la Primera Guerra mundial, hasta, tal punto, que el capital nacional no alcanza más de dos-tres años de ingresos nacionales durante los años 1950. Desde esta última fecha no ha parado de aumentar y en los años 2010 ha alcanzado la cifra de antes de la Primera Guerra mundial.

Pero el que se haya alcanzado una relación capital/ingresos semejantes a la que se observara para los siglos XVIII y XIX no debe hacernos olvidar las profundas transformaciones en la composición de dicho capital, de modo que los activos implicados en el capital en el siglo XXI no tienen mucho que ver con los del siglo XVIII. Efectivamente las tierras agrícolas han sido reemplazadas progresivamente por  los activos inmobiliarios, y por el capital profesional y financiero invertido en las empresas y las administraciones, aunque el valor global del mismo, medido en años de ingresos nacionales, sea el mismo que el de aquella época.

Recordemos que el capital nacional se puede descomponer en capital interior y capital extranjero neto. El capital interior mide el valor de las existencias de capital (inmuebles, empresas, etc.) implantado sobre el territorio del país considerado. Por su parte el capital extranjero neto, o activos extranjeros netos, mide la posición patrimonial del país considerado respecto del resto del mundo, es decir, es la diferencia entre los activos poseídos por los residente del país en el resto del mundo y los activos poseídos por el resto del mundo en el país considerado, incluidos, en su caso, bajo forma de títulos de deuda pública.

Por otra parte, el capital interior se puede descomponer en tres categorías: tierras agrícolas, viviendas (casas e inmuebles de apartamentos, incluido el valor de los terrenos que ocupan), y otro capital interior, que incluye los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, incluidos los terrenos que ocupan, equipos, máquinas ordenadores, marcas, etc.) valorados como todos los otros activos a valor de mercado. Es quiere decir que:

Capital nacional = tierras agrícolas + alojamientos + otro capital interior + capital extranjero neto.

Pues bien, se constata según la gráfica 3.2 para Francia que las tierras agrícolas representaban al principio del siglo XVIII entre 4 y 5 años de ingresos nacionales, es decir, cerca de 2/3 del capital nacional. Pero tres siglos más tarde las tierras agrícolas valen menos del 10 % de los ingresos nacionales en Francia, así como también en el Reino Unido.

2015.02.08 Piketty G3.2

 

 

Traducción: Gráfica 3.2. El capital en Francia, 1700-2010

Cuadro interior: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Eje vertical: Valor del capital nacional en % de los ingresos nacionales

Pie: Lectura: el capital nacional vale cerca de 7 años de ingresos nacionales en Francia en 1910 (incluida la parte colocada en el extranjero)

Se observa, por otra parte, que la zona oscura correspondiente al valor de las tierras agrícolas se ha hundido completamente, aunque dicho hundimiento ha sido compensado por el incremento del valor de las viviendas que era de apenas un año en el siglo XVIII y en el XXI pasa de tres años.

Como se observa también el valor de los capitales netos poseídos en el extranjero se ha quedado en un valor, incluso negativo.

Todo esto significa que dado que los ingresos nacionales promedios son del orden de 30.000 euros por año y por habitante, tanto en Francia como en el Reino Unido, el capital nacional se establece entorno a los seis años, es decir, 6 veces 30.000, o sea en torno a 180.000 euros por habitante; capital que se distribuye casi en dos partes iguales, de media, cada habitante posee unos 90.000 euros de capital vivienda (que utiliza para sí o para arrendar) y otros 90.000 euros en otras formas de capital interior (principalmente inversiones en empresas). Aquí y ahora el valor de las tierras es casi imperceptible, unos pocos miles de euros por habitante, como máximo.

La metamorfosis ha llevado a la riqueza a la siguiente estructura que muestra la Tabla 3.1.

Traducción: Tabla 3.1: Riqueza pública y riqueza privada en Francia en 2012

2015.02.08 Piketty T3.1.

Títulos en cuadros superiores: Valor del capital, en % de los ingresos nacionales, Valor del capital en % del capital nacional

Títulos columna de la izquierda: Capital nacional (Capital pública + capital privado); Capital público (patrimonio público neto: diferencia entre activos y deudas detentados por el Estado y las otras administraciones públicas); Capital privado (patrimonio privado neto: diferencia entre activos y deudas detentados por los individuos privados [hogares])

Descripción de los % Actifs = Activos; Dettes = Deudas

Pie:

Lectura: en 2012, el valor total del capital nacional en Francia era igual a 605 % de los ingresos nacionales (6,05 años de ingresos nacionales), de los cuales 31 % para el capital público (5% del total)y 574 % para el capital privado (95 % del total). Fuentes: ver Piketty

Recordatorio: los ingresos nacionales son igual al producto interior bruto (PIB), disminuidos por la depreciación del capital y aumentado por los ingresos netos recibidos del extranjero; al final, los ingresos nacionales son igual a casi el 90% del PIB en Francia.

Como se ve en el cuadro anterior el valor del capital público es mínimo, no porque no tenga valor absoluto (aunque también pequeño en relación al capital privado) sino porque se compensa por la deuda pública. Esto nos lleva a plantear el caso del Reino Unido que es a la vez el país que ha conocido los más altos niveles de deuda público y que jamás ha entrado en banca rota, es decir, nunca ha impagado su deuda. Esto explica por otra parte que si no se incumple de una forma o de otra, sea directamente por la repudiación pura y simple, el impago, sea indirectamente por una inflación masiva, el desendeudamiento puede tomar un largo tiempo para reembolsar una deuda pública importante, lo que permite a los prestamistas tomar como rendimiento una parte importante del PIB, impidiendo las inversiones en el país, pues sencillamente una parte del presupuesto va a pagar los intereses de la deuda.

Es por eso que Karl Marx y sus seguidores consideraron que la deuda pública era un instrumento al servicio de la acumulación de capital privado. Pero en el siglo XX la visión fue totalmente diferente, fundada sobre la convicción que el endeudamiento podría, al contrario, ser un instrumento al servicio de una política de gasto público y de redistribución social en favor de los más modestos.

La diferencia entre las dos visiones es muy simple, dice Piketty: en el siglo XIX la deuda se pagaba a un tipo alto, lo que era en beneficio de los prestamistas y actuaba en refuerzo de los patrimonios privados; pero en el siglo XX la deuda ha estado ahogada en la inflación y repagada en moneda “falsa” por la alta inflación, lo que ha permitido de facto financiar los déficits por aquellos que habían prestado sus patrimonio a Estado, sin tener que aumentar los impuestos. Esta es la visión “progresista” de la deuda pública que continúa impregnando los espíritus en este principio del siglo XXI.

Entonces ¿qué?, la deuda pública ¿es nociva o virtuosa? No contestaremos con afirmación clara en uno u otro sentido pero la semana que viene consideraremos lo que David Ricardo, Keynes y otros estudiaron y manifestaron al respecto.

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XI. La inflación y la forma del capital

XI.- La inflación y la forma del capital

1.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Se podría pensar que la inflación es un fenómeno puramente monetario, respecto del cual no deberíamos preocuparnos, en la lectura de la investigación hecha por Piketty y su equipo, plasmada en su libro El Capital en el siglo XXI. De hecho toda la información, tablas, gráficas, que Piketty incluye como datos en su libro, dice, está libre de la tasa de inflación, es decir, que corresponde al crecimiento “real”.

Pero, en realidad, la cuestión de la inflación juega un papel central en su investigación, porque el crecimiento se caracteriza siempre por la aparición de nuevos bienes y servicios y por enormes movimientos de los precios relativos, tantos que es muy difícil de resumir por una cifra única. En efecto, para un mismo crecimiento nominal de un 3% anual, se puede considerar que el crecimiento real es del 1%, si se estima que el incremento de los precios es del 2%.

Los movimientos de los precios relativos pueden jugar un papel más decisivo aun, en el marco de la teoría de Ricardo y de su principio de rareza: si ciertos precios, tales como los de la tierra, los inmuebles o, incluso, el petróleo, toman valores extremos durante periodos prolongados, esto puede afectar durablemente el reparto de las riquezas en beneficio de los detentadores iniciales de estos recursos raros.

Dejaremos para el futuro hablar más profundamente de la inflación, es decir, del alza generalizada de todos los precios, pues puede igualmente jugar un papel fundamental en la dinámica del reparto de las riquezas. En particular, ha sido la inflación la que, esencialmente, ha permitido a los países ricos desembarazarse de su deuda pública después de la II Guerra mundial. La inflación ha engendrado, igualmente, toda suerte de redistribuciones entre los grupos sociales en el curso del siglo XX, de forma caótica y poco controlada.

Por el contrario la sociedad patrimonial que se desvaneció en los siglos XVIII y XIX es indisociable de la más grande estabilidad monetaria que caracterizó este largo período. En efecto, Piketty indica que el primer hecho central que conviene recordar es que la inflación es, en su mayor parte, una invención del siglo XX, pues a lo largo de los siglos precedentes y hasta la Primera Guerra mundial, la inflación era nula o casi nula.

Ciertamente los precios podían subir, o quizás bajar, con motivo de determinadas circunstancias, buenas o malas cosechas, modas u otras causas, pero estos movimientos al alza o a la baja, acaban por compensarse. Esto es lo que demuestran las series estadísticas de precios sobre largos periodos de las que dispone Piketty. Las inflaciones que se observan son del orden del 0,2 al 0,3% anual e incluso en algunos periodos negativas del orden -0,2 % anual. Y ello es cierto en el Reino Unido, en Estados Unidos, así como en Francia. Todo esto cambia a partir de 1914, como se ve en la gráfica 2.6

2015.02.01 Piketty G2.6

Traducción:

Gráfica 2.6. La inflación desde la Revolución industrial

Eje vertical: Tasa de inflación (índice de los precios al consumo)

Cuadro: Francia, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido

Pie de gráfica: Lectura: La inflación en los países ricos fue nula en los siglos XVIII-XIX, elevada en el siglo XX, y es desde 1990 del orden del 2% anual. Fuentes y series: Ver Piketty

Aunque una inflación media entorno al 2 % anual, para esta época, se caracteriza por un movimiento de retorno a la inflación cero, igual a la de antes de la Primera Guerra mundial, no hay que olvidar que una inflación del 2% anual es muy diferente de una inflación cero. De hecho si se le suma a la inflación del 2% un crecimiento real del 1-2% anual, significa que todos los importes –producción, ingresos, salarios- tienden a progresar del orden del 3-4% anual en números nominales.

La inflación como ha quedado dicho tiene su efecto en la deuda, tanto en la deuda privada como en la deuda pública. Esto es algo en lo que incidiremos más adelante.

Ahora, será interesante ver cómo ha ido cambiando la forma del capital, porque a lo largo de estos dos siglos ha habido una importante metamorfosis del mismo. Veamos cómo ha cambiado, por ejemplo, en el Reino Unido en la gráfica 3.1.

2015.02.01 Piketty G3.1

 

Traducción:

Gráfica 3.1. El capital en el Reino Unido, 1700-2010

Eje vertical: Valor del capital nacional, en % de los ingresos nacionales.

Cuadro: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Pie de gráfica: Lectura: el capital nacional vale alrededor de 7 años de ingresos nacionales en el Reino Unido en 1700 / de los que 4 son en tierras agrícolas.

Por no añadir la misma gráfica para Francia se ha de decir que la relación capital/ingresos ha seguido evoluciones extremadamente próximas en los dos países, con una relativa estabilidad en el siglo XVIII y en el XIX, un enorme shock en el inicio del siglo XX y, de nuevo, un importante incremento, desde la mitad del siglo XX hasta el día de hoy.

Queda muy clara, no obstante, la disminución de la importancia de las tierras agrícolas y el incremento de otro capital interior, categoría ésta que comprende los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, equipos, máquinas, ordenadores, marcas, etc., valorados a precios de mercado). Se observa la importancia hasta el año 1910 de los capitales extranjeros (es decir, el valor de los poseído por los ciudadanos del Reino Unido en el extranjero) y su caída hasta el punto que el valor neto es negativo en 2010.

Se ha citado en la gráfica el “capital “nacional” como un orden de magnitud que lo medimos en porcentaje de los ingresos anuales. En la gráfica anterior se muestra que el capital nacional del Reino Unido es del orden del 550% de los ingresos anuales, es decir, 5,5 años de ingresos anuales. Esto es muy semejante a los datos de Francia y también a los de España.

Pero, para seguir adelante con nuestro análisis en base a las investigaciones de Piketty, tenemos que poner sobre la mesa la cuestión de la deuda pública y, más generalmente, la cuestión de la distribución del capital nacional entre capital público y capital privado. Cosa que haremos en el futuro.

 

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. X. Reflexiones sobre crecimiento

X.- Reflexiones sobre crecimiento

25.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Aunque resumir el crecimiento de una sociedad a largo plazo por una cifra única es en gran parte una ilusión estadística el punto que para Piketty le parece más importante y sobre el que quiere incidir es que un ritmo de crecimiento de la producción por habitante del orden de 1 % por año, es en realidad, extremadamente rápido, mucho más rápido de lo que uno se pueda imaginar.

Pongámonos a hacer números contando a partir de la magnitud de una generación. Sobre 30 años, un crecimiento de un 1% por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 35%. Un crecimiento del 1,5 % por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 50 %. Lo que, en la práctica, implica transformaciones considerables de los modos de vida y de los empleos.

Concretamente el crecimiento de la producción por habitante ha sido de apenas 1%-1,5% anual en el curso de los 30 últimos años en Europa, en América del Norte y en el Japón, y nuestras vidas han sido plenamente transformadas. En efecto al principio de los años 1980 no existía ni internet ni teléfonos móviles, los transportes aéreos eran inaccesibles para la mayor parte, la mayor parte de las tecnologías médicas punta que están disponibles hoy no existían y los estudios superiores no los podían cursar más que una minoría de la población. En el dominio de las comunicaciones, de los transportes, de la salud y de la educación, los cambios han sido profundos. Estos cambios han afectado profundamente también a la estructura del empleo. Sí, el que la producción por habitante haya progresado alrededor del 35%-50% en el período de 30 años, significa que una fracción muy grande de la producción que se realiza hoy, entre un cuarto y un tercio de los oficios y de las tareas realizadas hoy no existía hace treinta años.

Si comparamos la situación actual con la de las sociedades del paso cuando el crecimiento era casi nulo, o bien de apenas 0,1% anual, como en el siglo XVIII, es una diferencia considerable. Estas sociedades se reproducían idénticamente cada generación, la estructura de los oficios era la misma, la de la propiedad igual. En cambio una sociedad en la cual el crecimiento es de un 1% anual, como es el caso en los países más avanzados desde el principio del siglo XIX, es una sociedad que se renueva profundamente y permanentemente. Esto entraña consecuencias importantes para la estructura de las desigualdades sociales y para la dinámica del reparto de las riquezas. En efecto, el crecimiento puede crear nuevas formas de desigualdades, por ejemplo grandes fortunas se puede construir muy rápidamente en los nuevos sectores de actividad, aunque ello hace que las desigualdades venidas del pasado consecuentemente lleguen a ser menos importantes y la herencia, menos determinante.

Quizás algún lector le parezca que un crecimiento del 1 o del 1,5% es poco importante si miramos lo que los países emergentes han estado consiguiendo en algunos momentos, incluso lo que la propia España ha conseguido durante los últimos dieciocho años según el INE, pero no hay que olvidar que la transformación de España ha sido alucinante. También hay que poner sobre la mesa de estudio el que con un crecimiento débil se pueda provocar una desilusión respecto a conseguir un orden social más justo. Pero el crecimiento, según Piketty, no es lo único en lo que hay que basar la confianza para satisfacer esta esperanza democrática y meritocrática, sino que ésta también se debe apoyar sobre instituciones específicas y no solamente sobre las fuerzas del progreso técnico y del mercado.

Crecimiento en volumen
(Base 2010)
Año Tasa anual (en %)
2013 (A) -1,2
2012 (P) -2,1
2011 (P) -0,6
2010 (P) 0,0
2009 -3,6
2008 1,1
2007 3,8
2006 4,2
2005 3,7
2004 3,2
2003 3,2
2002 2,9
2001 4,0
2000 5,3
1999 4,5
1998 4,3
1997 3,7
1996 2,7

(A) Avance

(P) Provisional

(PE) Primera Estimación

En el curso de los últimos tres siglos el crecimiento mundial habrá atravesado una curva en campana de una amplitud considerable. Sea que se trate del crecimiento de la población, o de la producción por habitante, el ritmo de crecimiento se ha acelerado progresivamente durante los últimos tres siglos y que parece que va a volver a niveles mucho más débiles durante el curso de este siglo XXI.

Si comparamos las dos curvas en campana   (crecimiento de la población y crecimiento de la producción) observamos que en el crecimiento de la población el alza comenzó más pronto y la bajada ha comenzado también más pronto. El ritmo de progresión de la población mundial consiguió su zénit durante los años 1950-1970, con más de un 2% anual y no ha cesado de descender desde entonces.

En cuanto al crecimiento de la producción por habitante ha tardado mucho más despegar pues no ha llegado a ser una realidad hasta el siglo XX. El crecimiento de la producción mundial por habitante ha sobrepasado el 2% anual entre 1950 y 1990, gracias, especialmente, a haber alcanzado Europa al frente económico mundial, y de nuevo entre 1990 y 2012, en este caso al alcance de Asia, especialmente de China en donde el crecimiento ha sobrepasado el 9% anual entre 1990 y 2012 (un nivel jamás observado en la historia.

¿Qué pasará después de 2012? En la gráfica siguiente Piketty da su perspectiva.

2015.01.25 Piketty G2.4

 

Según Piketty en el gráfico 2.4 se muestra una previsión “mediana” pero optimista, pues ha supuesto para los países más ricos (Europa occidental, América del Norte y Japón) un crecimiento del 1,2% anual desde 2012 a 2100 (es decir, un nivel sensiblemente más elevado que el que prevén un gran número de economistas) y por los países pobres y emergentes una continuación suave del proceso de convergencia, con un crecimiento del 5% anual desde 2012 a 2030 y del 4% de 2030 a 2050. Si esto se llega a conseguir quiere decir que el nivel de producción por habitante habrá alcanzado desde 2050, casi en todo lugar, el nivel de los países más ricos, sea en China, en Europa del Este, en América del Sur, en África del Norte o en el Oriente Medio. A partir de este momento el reparto de la producción mundial se aproximaría a la de la población.

En este escenario medio optimista el crecimiento mundial de la producción por habitante sobrepasaría ligeramente el 2,5% anual entre 2012 y 2030, así como entre 2030 y 2050, para caer por debajo del 1,5% después de 2050 dirigiéndose al 1,2% durante el último tercio del siglo.

Pero vamos a tener que hablar de la cuestión de la inflación. Es lo que haremos en el próximo artículo.

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. IX. Las etapas del crecimiento económico

Las etapas del crecimiento económico

18.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

La progresión económica sobre el conjunto del período 1700-2012 es exactamente del mismo orden que el crecimiento de la población: 0,8 % anual, de media, es decir, multiplicada por 10 en tres siglos. Los ingresos medios a nivel mundial son actualmente de 760 euros por mes y por habitante; en 1700, eran inferiores a los 70 euros por mes, es decir, al mismo nivel que en los países más pobres del África subsahariana de 2012.

En Europa occidental, en América del Norte o en el Japón, los ingresos medios han pasado de apenas más de 100 euros por mes y habitante en 1700 a más de 2500 euros por mes en 2012, es decir una multiplicación por más de 20. Aunque en realidad la progresión de la productividad, de la producción por hora trabajada, ha sido más elevada aún, pues la duración media del trabajo por habitante ha disminuido mucho, dado que todas las sociedades desarrolladas han dedicado, a medida que se enriquecían, menos tiempo al trabajo y más al tiempo libre (menos jornada de trabajo, más vacaciones, etc.) y, concretamente, esta evolución se ha realizado casi toda ella en el siglo XX.

Aunque, para entender el significado de este incremento es necesario compararlo con los niveles de precios de los diferentes bienes y servicios en vigor en cada momento.

El esquema general es el que distingue los bienes industriales (la industria), para los cuales el incremento de la productividad ha sido mucho más rápida que la media de la economía, tanto que sus precios han disminuido en relación con la media de los precios; los bienes para alimentación (la agricultura y ganadería), para los cuales la progresión de la productividad ha sido continua y determinante durante un muy largo período, pero menos rápida que la de los bienes industriales, tanto que sus precios han evolucionado casi como la media de los precios; y finalmente los servicios, para los cuales el crecimiento de la productividad, generalmente, ha sido relativamente débil, o incluso nula, y para los cuales los precios han aumentado más rápido que la media de los precios.

Pero hay que notar que en todo esto hay una gran diversidad de situaciones en el interior de cada sector económico. Además los modos de vida y las estructuras de los presupuestos familiares se han ido modificando radicalmente, y la progresión del poder de compra varía tanto, siguiendo la de los bienes considerados, que la cuestión de establecer una cifra media no tiene mucho sentido, pues el resultado depende de las ponderaciones escogidas y de las medidas de la calidad, difícil de establecer puesto que la comparación se hace a través de varios siglos.

Ello no obstante, no pone en duda la realidad del crecimiento, pues está claro que las condiciones materiales de la existencia se han mejorado de modo espectacular desde la revolución industrial, permitiendo a los habitantes del planeta alimentarse, vestirse, desplazarse, informarse, cuidarse, y otras cosas más, mucho mejor.

El caso de los servicios merece mención especial, pues en este sector la productividad ha aumentado muchísimo menos, dicho de otro modo, en el que el poder adquisitivo, expresado en servicios, es en el que menos ha aumentado. El ejemplo que pone Piketty es el de un corte pelo que necesita casi igual tiempo de trabajo que al principio del siglo XX, tanto es así que el precio de un peluquero ha sido multiplicado por el mismo coeficiente que el salarios de los peluqueros, el cual ha progresado al mismo ritmo que el salario medio y que los ingresos medios (en una primera aproximación).

Las etapas o cambios en el reparto de la fuerza de trabajo en los tres sectores de la actividad económica, en que se divide tradicionalmente, ha sido la que se indica en la tabla 2.4 en la que se dan los datos para el empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, para el período 1800-2012

2015.01.18 Piketty T2.4

Traducción: El empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, 1800-2012, (en % del empleo total), Agricultura, Industria, Servicios. Lectura: en 2012, la agricultura representó 3 % del empleo total en Francia, contra el 21 % para la industria y el 76 % para los servicios. La construcción -7% del empleo en Francia en 2012, así como en los Estados Unidos- ha sido incluida en la industria. Fuentes: ver Piketty.

Hay que darse cuenta de que la división tradicional de los tres sectores, primario (agricultura, ganadería), secundario (industria) y terciario (servicios) con el actual reparto del nivel de empleo en cada uno de sus senos, no tiene sentido, puesto que, precisamente, el enorme agregado servicios, en el cual radica la mayor parte de la mejora de las condiciones de vida, representa el 80 % de la fuerza laboral. Por lo tanto será interesante conocer cómo se subdivide este bloque, y Piketty informa que los servicios de sanidad y educación representan el 20 % del empleo en los países desarrollados, y que todo le hace pensar que esta proporción va a continuar incrementándose, dada cuenta del continuo progreso de la medicina y del desarrollo de la enseñanza superior. Los empleos del sector comercio, hostelería, restauración, ocio y turismo, en típica progresión, también representan un 20 % de la fuerza laboral, incluso en algunos países el 25 %. Por otra parte, los servicios a las empresas (consejo, contabilidad, diseño, informática) junto con los servicios financieros e inmobiliarios (APIs, seguros y bancos), junto con los transportes, se acercan a otro 20 % del empleo total. Si, además, tenemos en cuenta los servicios estatales (administración general, justicia, fuerzas y cuerpos de seguridad, fuerzas armadas, etc.) que están cerca del 10 % del empleo total en la mayor parte de los países, se llega a los 70-80 % anunciados en las estadísticas oficiales.

Si además vemos la gráfica 2.5 a continuación

2015.01.18 Piketty G2.5

Traducción: Gráfico 2.5. La tasa de crecimiento de la producción mundial total desde la Antigüedad hasta 2100. Vertical: Tasa de crecimiento de la producción total. Globos: Tasas de crecimiento observadas, Previsiones (escenario central). Pie de gráfica, Lectura: la tasa de crecimiento de la producción mundial ha sobrepasado el 4 % de 1950ª 1990. Si el proceso de convergencia continúa pasará a estar por debajo del 2 % de aquí a 2050. Fuentes y series: ver Piketty.

Nos podemos preguntar, ¿es esto el fin del crecimiento? La cuestión es que aunque diversos países y continentes han tenido crecimientos muy importantes, lo cierto es que en cuanto a crecimiento económico no proveniente del demográfico, en la historia no se halla ningún caso, de ningún país, que estando en la frontera tecnológica mundial, haya superado el 1,5 % de crecimiento duradero.

No cree Piketty que el crecimiento en el futuro supere el 1,5 % anual en los países ricos, más bien estará entre el 0,5 y el 1,2 %, aunque ello dependerá del ritmo de innovaciones a venir, así como de la fecundidad de las mujeres y el crecimiento poblacional.

¿Acaso un crecimiento, por ejemplo, del 1 % anual, sostenido en los años, no tiene su importancia? Esto es algo que veremos en artículos posteriores.

 

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. VIII. El crecimiento demográfico (¿o no?)

VIII.- El crecimiento demográfico (¿o no?)

11.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

A la vista del devenir histórico y sin que ello presuponga una interpretación materialista de la historia, sino la constatación de unos hechos, en la economía capitalista, sólo hay dos grados de libertad: estos son el crecimiento y el ahorro.

Puesto que, como ha quedado dicho en artículos anteriores, la experiencia histórica sugiere que el principal mecanismo que permite la convergencia es la difusión de los conocimientos, tanto a nivel internacional como doméstico, ya tenemos claro que los países pobres han alcanzado y están alcanzando a los ricos, en la medida en que llegan a alcanzar el mismo nivel de saber tecnológico, de cualificaciones, de educación (véase China, India, Corea y otros) y no, en modo alguno, mediante la inversión de los ricos en los países pobres; dicho de otro modo, y no siendo los países pobres propiedad de los más ricos.

Ante esto, tenemos que pararnos a investigar profundamente el papel de crecimiento para conseguir la convergencia.

Pero cuando hablamos de crecimiento está envuelto tanto el crecimiento de la producción como el demográfico, siendo éste último más importante, incluso, que el primero.

En cuanto al crecimiento demográfico, según los datos disponibles, tanto históricos como la proyección hasta el año 2100, el escenario que se presenta, después de haber vivido el que suscribe el período de mayor incremento de la población en el mundo, no está claro.

El gráfico 2.2., nos muestra, tanto los datos históricos, como las previsiones de la ONU para el presente siglo XXI.

 

2015.01.11 Piketty G2.2

 

Traducción

Título: Gráfica 2.2. La tasa de crecimiento de la población mundial desde la Antigüedad hasta 2100

Eje vertical: Tasa de crecimiento de la población mundial

Globos: Tasas de crecimientos observadas. Previsiones ONU (escenario central)

Pie de gráfica: Lectura: La tasa de crecimiento de la población mundial ha sobrepasado el 1 % por año desde 1950 a 2012 y debería volver hacia el 0 % de aquí al fin del siglo XXI. Fuentes y series: Ver Piketty

De este gráfico se desprende que acabamos de salir de un proceso de aceleración indefinida  del ritmo de crecimiento demográfico. Entre los años 70 y 90 del siglo pasado, la población mundial se incrementó a más de 1,8 % anual, casi tanto como el récord histórico absoluto observado entre los años 50 y 70 del mismo siglo, al 1,9 %.

También se desprende que el crecimiento demográfico del planeta ha discurrido a través de una curva en forma de campana durante el periodo que va desde el año 1700 hasta hoy y, según la previsión, hasta el año 2100. Es necesario precisar que el débil crecimiento demográfico previsto para la segunda mitad del siglo XXI (0,2 % entre 2050 y 2100) se debe completamente al continente africano con un incremento del 1 % anual, mientras que América se estanca al 0,0 % y disminuye al -0,1 % en Europa y, todavía más al -0,2 % en Asia.

¿Vamos, pues, a llegar a un crecimiento demográfico negativo? Aunque estas previsiones de la ONU son relativamente inciertas, francamente hay que reconocer que pequeñísimas variaciones en el número de hijos que unos y otros deciden tener, pueden entrañar considerables efectos a nivel de una sociedad entera. Y la historia demuestra que la elección de la tasa de fecundidad depende, a la vez, de consideraciones culturales, económicas, psicológicas e íntimas, dependientes de los objetivos de vida que los individuos se fijan para sí mismos; pero también pueden depender de las condiciones materiales que los diferentes países decidan poner en marcha, o no, para conciliar la vida familiar y la profesional (escuelas, parvularios, igualdad de sexos, etc.) cuestión que según Piketty será una parte importante de los debates políticos públicos durante el siglo XXI.

Piketty hace una reflexión sobre la situación de Europa y América en los años 1780, cuando los países de Europa occidental alcanzaban ya más de 100 millones de habitantes, mientras que América del Norte apenas alcanzaba los 3 millones. ¿Quién iba a pensar que se iba a alcanzar un equilibrio?

En efecto al principio de los años 2010 Europa occidental sobrepasa escasamente los 410 millones, contra 350 millones de América del Norte. Casi nos han alcanzado, proceso que según las previsiones de las Naciones Unidas finalizará de aquí a los años 2050, cuando Europa occidental alcanzará difícilmente los 430 millones contra más de 450 millones que alcanzará, sobradamente, América del Norte.

Y este alcance desde los años 1780 no se explica solamente por la tasa de inmigración, sino por unas tasas de fecundidad que han sido mucho más altas en América del Norte a pesar de la inexistencia de políticas familiares.

¿Acaso lo puede explicar una mayor fe en el futuro, un optimismo propio del Nuevo Mundo, una más fuerte propensión a proyectarse uno mismo y sus hijos, en un mundo en crecimiento perpetuo? Tratándose de cuestiones complejas no hay que excluir a priori ninguna explicación psicológica.

Pero, atención, nada está escrito por anticipado, dice Piketty, pues el crecimiento demográfico americano no cesa de declinar y si los flujos migratorios en dirección a la Unión Europea continúan aumentando, y la tasa de fecundidad aumenta, o si la diferencia de esperanza de vida entre Europa y América se torna en la otra dirección, todo puede cambiar. Las previsiones de la ONU no son certezas.

La complejidad de las selecciones individuales, de las estrategias de desarrollo y de las psicologías nacionales, tanto como de los resortes íntimos y de las voluntades de poder, hacen que nadie pueda prever lo que serán los desenvolvimientos demográficos en el siglo XXI.

La tasa de fecundidad alemana, italiana, española y polaca ha bajado de 1,5 hijos por mujer durante los años 2000 y, solamente, el aumento de la esperanza de vida, junto con los fuertes flujos migratorios ha permitido evitar una rápida caída de la población.

Piketty indica que la hipótesis más probable para la tasa de progresión de la población mundial durante los próximos siglos será muy por debajo del 0,8 % actual; de hecho, la previsión oficial está entre 0,1 % y 0,2 % anual, cosa que a Piketty le parece plausible; y en cuanto al crecimiento demográfico de cada país que tiene consecuencias para el desarrollo y la potencia comparada con otras naciones, no solamente tiene estos efectos sino que tiene también implicaciones muy importantes para la estructura de las desigualdades, pues un crecimiento demográfico fuerte tiende a desarrollar un rol igualador, pues disminuye la importancia de los patrimonios que vienen del pasado, es decir de la herencia, y cada generación debe, de algún modo, construirse por ella misma. En efecto, pone Piketty, un ejemplo extremo: si cada pareja tuviera 10 hijos no habría que tener en cuenta la herencia, pues todo sería dividido por 10 a cada generación; en una sociedad así el peso de la herencia queda totalmente reducido y para cada uno, en la mayor parte de los casos, es mejor y más realista confiar en su propio trabajo y en su propio ahorro. Y lo mismo aplica en países donde la población se renueve constantemente por la inmigración, donde la mayor parte de los inmigrantes llegan sin patrimonio importante; aunque este fenómeno implica otras consecuencias pues no se puede comparar totalmente a cuando el dinamismo proviene principalmente del incremento natural de la población, es decir, de la natalidad.

La conclusión sería que en la situación actual, el crecimiento de la población, que aunque es débil, tiene a largo plazo su importancia, y el crecimiento económico, son la fuente de la igualación de los destinos de los pueblos.

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. VI. EL CRECIMIENTO

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS.

VI.- El crecimiento

29.12.2014

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Parece que hoy está bien establecido un proceso de convergencia a nivel mundial que permite que los países desarrollados sean alcanzados por los países emergentes, aunque hay que reconocer que las desigualdades continúan siendo extremadamente fuertes entre los países ricos y los países pobres. Por otra parte, nada indica que este proceso se base en las inversiones de los primeros en los segundos, al contrario.

Para Piketty la cuestión central de la convergencia, en la que hace falta insistir para resolver el problema, es el probable retorno a un régimen de crecimiento débil. Afirma que se puede ver, con los datos que aporta, que el crecimiento, más allá de períodos excepcionales o de fenómenos de atrapar económicamente algunos países a otros, el crecimiento ha sido, siempre, relativamente débil, y que todo indica que será todavía más débil en el futuro, especialmente en lo que toca a su componente demográfica.

Aquí está envuelto tanto el crecimiento económico como el de la población. Pues bien, de acuerdo con los datos que maneja Piketty, el crecimiento mundial desde la Revolución industrial ha sido el que se indica en la tabla siguiente, en donde los títulos de las columnas se pueden traducir por: Tasa de crecimiento anual medio, Producción mundial, Población mundial, Producción por habitante.

2014.11.23 Piketty T2.1.

 

 

Cuando vemos las tasas de crecimiento del periodo 1913-2012 nos parecen tasas que están por debajo de algunas que las han sobrepasado, especialmente de países emergentes, y nos parecen pequeñas.

Pero para entender bien el tema del crecimiento tenemos que pararnos a pensar en la “ley del crecimiento acumulado” que explica que una tasa de crecimiento débil acumulado durante un largo periodo lleva a una progresión considerable. En efecto, a pesar del 0,8 % del crecimiento anual de la población mundial entre los años 1700 y 2012, que se ve en la tabla anterior, ha permitido, acumuladamente multiplicar la población mundial en tres siglos por diez, pues en 1700 la población mundial era de unos 600 millones de habitantes y en 2012 de más de 7 mil millones.

Otra tabla de Piketty nos explicará la ley del crecimiento acumulado

2014.11.25 Piketty T2.2

Cuyas columnas podrían traducirse: Una tasa de crecimiento anual igual a… / equivale a una tasa de crecimiento generacional (30 años) de… / es decir, una multiplicación al final de 30 años por un coeficiente de… / una multiplicación al final de 100 años por un coeficiente de… / y una multiplicación al final de 1000 años por un coeficiente de…

A la vista de estos números uno puede hacerse una idea de las percepciones contradictorias del proceso de crecimiento. Así es. Piketty insiste que en el horizonte de un año, un crecimiento de un 1 % para muy débil, casi imperceptible, y las personas afectadas pueden tener la impresión de un completo estancamiento; pero con el horizonte de una generación, es decir a un plazo de 30 años, que constituye para nosotros la escala de tiempo más perceptible para evaluar los cambios puestos en marcha en una sociedad dada, este crecimiento corresponde a una progresión de más de un tercio (35 % en la tabla), lo que representa una transformación muy sustancial.

Para resumir la idea hay que decir que la ley del crecimiento acumulado es idéntica, en el fondo a la ley denominada de los rendimientos acumulados, según la cual una tasa de rendimientos anual de unos pocos puntos básicos (un % bajo), acumulada a lo largo de varios decenios, conduce mecánicamente a una progresión, incremento, muy fuerte del capital inicial, a condición de que el rendimiento sea constantemente reinvertido, o al menos que la parte consumida por el titular del capital no sea muy fuerte en relación a la tasa de crecimiento de la sociedad considerada.

La tesis central de Piketty es que una brecha, aunque en apariencia limitada, entre la tasa de rendimiento del capital y la tasa de crecimiento, puede producir a largo término efectos extremadamente potentes y desestabilizantes sobre la estructura dinámica de las desigualdades en una sociedad dada.

Vamos a tener que familiarizarnos, pues, con la ley del crecimiento y del rendimiento acumulados.