SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXIV. Herencia y mérito visto a largo plazo

XXIV.- Herencia y mérito vistos a largo plazo

10.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

Aunque como hemos visto en artículos anteriores la importancia global del capital actualmente no es muy diferente de lo que lo fue en el siglo XVIII y solamente ha cambiado su forma, pues el capital en terreno rústico ha cambiado a capital inmobiliario, industrial y financiero; aunque sabemos, igualmente, que la concentración de los patrimonios es sensiblemente menos extrema que hace un siglo y que en el curso de siglos pasados, ciertamente permanece muy fuerte, pues la mitad más pobre no posee nada, aunque haya una clase media patrimonial que posee entre un cuarto y un tercio del total de los patrimonios.

Por otra parte los movimientos comparados del rendimiento del capital (r) y de la tasa de crecimiento (g), según Piketty, así como el distanciamiento entre “r” y “g”, permiten entender una parte importante de las evoluciones y, en particular, la lógica acumulativa que explica las muy fuertes concentraciones patrimoniales observadas en la historia.

Pero lo que mejor explica esta lógica acumulativa es el estudio de la evolución a largo plazo de la importancia relativa de la herencia y del ahorro en la formación de los patrimonios, que nos lleva a la conclusión de que, dado que la tasa de rendimiento del capital es fuertemente y durablemente más elevada que la tasa de crecimiento de la economía, es casi inevitable que la herencia, es decir los patrimonios que vienen del pasado, dominen el ahorro, es decir, sean los que más ahorro generan y se conviertan también en los mayores patrimonios que salen del presente. La desigualdad r > g significa, de algún modo, que el pasado tiende a devorar el futuro; las riquezas que vienen del pasado progresan mecánicamente más rápidas, sin trabajar, que las riquezas producidas por el trabajo (a partir de las cuales es posible el ahorro).

¿A dónde lleva la evolución del flujo sucesorio a largo plazo? Piketty señala que dicho flujo representó para Francia en el siglo XIX del 20 al 25 % de los ingresos nacionales hasta que a partir de 1914 fue bajando y llegó al 5 % en 1950, remontando al 15 % en 2010. ¿Cómo evolucionará el flujo sucesorio en el siglo XXI? Piketty contesta que el punto esencial es que, para una estructura dada de comportamientos de ahorro, este proceso acumulativo es tanto más rápido y desigualitario como la tasa de rendimiento del capital es elevada y la tasa de crecimiento es débil.

De hecho, el crecimiento tan fuerte de los años 1950-1970 explica la relativa lentitud de la remontada de la relación M (= valor de la riqueza media a la muerte (partido entre) / valor de la riqueza media de los vivos). Al contrario la reducción del crecimiento explica el envejecimiento de los patrimonios y el retorno de la importancia de la herencia observados desde los años 1980. Intuitivamente, dice Piketty, cuando el crecimiento es fuerte, por ejemplo cuando los salarios aumentan un 5 % anual es más fácil a las generaciones jóvenes acumular patrimonios y competir con los más mayores, pero cuando el crecimiento salarial se reduce hasta un 1 – 2 % anual, los jóvenes activos están casi que inevitablemente dominados por los de más edad cuyo patrimonio progresa al ritmo del rendimiento del capital.

El problema es siempre la tasa de crecimiento, pues para cualquier tipo de comportamiento de ahorro, con un crecimiento económico débil (comparado con el rendimiento del capital), la elevación de la relación M equilibra casi exactamente la baja tendencial de la tasa de mortalidad “m”, tanto que el producto M x m, no depende de la esperanza de vida, sino, más bien, está determinado por la duración de una generación. El resultado es que en una sociedad que envejece, se hereda más tarde, pero se heredan montantes más elevados (al menos para los que heredan), tanto, que la importancia global de la herencia permanece sin cambio.

Es necesario hablar también del hecho de que las creencias meritocráticas más vivas son las que a menudo se ponen delante para justificar las muy fuertes desigualdades salariales, y tanto más fuertes sean, aparecen tanto más justificadas que las desigualdades que se originan de la herencia. Pero la justificación de las desigualdades se fundamenta, según Piketty, en varios malentendidos.

Aunque es evidente que un título académico juega un papel más importante hoy que en el siglo XVIII, eso no implica, necesariamente, que la sociedad haya devenido más meritocrática. En particular esto no implica que la parte de los ingresos nacionales que va al trabajo haya aumentado verdaderamente y, evidentemente, tampoco que cada uno haya tenido acceso a las mismas oportunidades para alcanzar los diferentes niveles de cualificación. De hecho Piketty afirma que la transmisión de un capital humano es siempre menos automática y mecánica que la de un capital inmobiliario o financiero, a pesar de que se pensaba que con el capital humano (la cualificación, la educación académica) se hubiese llegado al fin de la herencia y a la emergencia de una sociedad un poco más justa.

La gráfica 11.11 nos muestra qué proporción de una generación recibe en herencia el equivalente de una vida de trabajo. En los próximos años casi un sexto de la población, cada año, recibirá en herencia un valor mayor que lo que la mitad de la población gana con su trabajo a lo largo de toda una vida, lo que no impedirá a esa sexta parte de la población estudiar, adquirir diplomas y títulos y trabajar para ganar todavía más con su trabajo que será mejor pagado que lo es el de la mitad de la población.

Es perturbador, porque esta forma de desigualdad tiene y va a tener una amplitud inédita en la historia y es difícil de explicar con palabras y más difícil todavía de corregir políticamente, pues se trata de una desigualdad ordinaria, que opondrá a grandes segmentos de la población y a  una élite, con el resto de la población.

 

2015.05.10 Piketty G11.11

Traducción

Título: ¿Qué proporción de una generación recibe en herencia el equivalente de una vida de trabajo?

Eje vertical: Fracción de cada generación implicada

Cuadro: Parte de cada generación que recibe en herencia, al menos, el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de una vida por los 50 % de los empleos peor pagados (en función del año de nacimiento)

Lectura: En el seno de las generaciones nacidas hacia 1970-1980, 12 – 14% de las personas reciben en herencia el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de toda su vida por los 50 % menos bien pagados. Fuentes y series: ver Piketty.

 

A la vista de la tabla entendemos que en el seno de las generaciones nacidas hacia 1970-1980, 12 – 14% de las personas reciben en herencia el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de toda su vida por los 50 % peor pagados, y afirmamos, que lo cierto es, que el fin de la herencia no ha tenido lugar, aunque, eso sí, el reparto del capital heredado ha cambiado. Esto es lo que ha llegado a ser diferente. Hemos pasado, según los datos que Piketty aporta, de una sociedad con un pequeño número de grandes rentistas a una sociedad con un número mucho más grande de rentistas más pequeños: una sociedad de pequeños rentistas.

Pero Piketty afirma que el rentista es enemigo de la democracia cuando señala que nada garantiza que el modo en que van a continuar estando repartidas las herencias, es decir el reparto del capital heredado, no alcanzará los niveles desigualitarios del pasado y razona que nuestras sociedades democráticas se apoyan sobre un visión meritocrática del mundo, una creencia en una sociedad en la que las desigualdades estarían más fundadas sobre el mérito y el trabajo que sobre la filiación y la herencia, creencia y esperanza que juegan un papel central en la sociedad moderna.

Las desigualdades deberían ser justas y útiles a todos, según el artículo primero de la Declaración de 1789. La igualdad proclamada de los derechos del ciudadano contrasta con la desigualdad bien real de las condiciones de vida y para salir de esta contradicción es vital hacer de modo que las desigualdades sociales  se deriven de principios racionales y universales y no de contingencias arbitrarias.

Sin duda, el retorno de la importancia de la herencia va a ser un fenómeno europeo y después mundial. ¿Cómo nos enfrentaremos a lo que significa? Veremos qué sugiere Piketty, la semana que viene.

 

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XX. El capital humano y Marx con su apocalipsis

XX.- El capital humano y Marx con su apocalipsis

12.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Según una visión relativamente extendida, el proceso de desarrollo y crecimiento económico se caracterizaría por el hecho de que las cualificaciones, el know-how y el trabajo humano, llegarían a ser cada vez más importantes en el curso del tiempo en el seno del proceso de producción. Y aunque esta hipótesis no sea totalmente exacta, una explicación razonable de ella es que la tecnología se ha transformado de tal modo que el factor trabajo cada vez juega un papel más importante.

De hecho, con esta hipótesis se puede interpretar la disminución de la parte del capital según el cuadro:

 

Factores de producción Años 1800-1810 Años 2000-2010
Parte del capital               35-40 %            25-30%
Parte del trabajo               60-65 %            70-75 %

 

La parte del trabajo ha aumentado porque el trabajo ha llegado a ser más importante en el proceso de producción y ha sido el aumento del trabajo lo que ha permitido reducir la parte del capital rústico, inmobiliario y financiero.

Si la interpretación es correcta, es un cambio verdaderamente significativo. No obstante esto ha sucedido con idas y venidas y sin estar seguros de lo que nos deparará el futuro. Piketty indica que la enseñanza más importante, en estos momentos, es que la tecnología moderna utiliza siempre mucho capital y dado que la elasticidad de sustitución capital-trabajo parece ser superior a uno a largo plazo, no existe razón natural alguna para que la parte del capital disminuya a muy largo plazo, incluso si la tecnología se transforma en un sentido más favorable al trabajo. Ha aumentado los niveles de cualificación, pero el stock de capital inmobiliario, industrial y financiero ha progresado igualmente, y no parece que de una civilización fundamentada en el capital, la herencia y la filiación, vayamos a pasar a otra fundada sobre el capital humano y el mérito.

Para Marx los capitalistas acumulan cantidades de capital cada vez más importantes, lo que finalmente conduce a una baja inexorable y tendencial de la tasa de rendimiento del capital. Pero Marx, se lo imagina. No utiliza ningún modelo matemático, por lo que no sabemos, salvo la interpretación de cada uno, lo que quería decir. A este respecto Piketty señala que una forma lógica y coherente de interpretar el propósito de las palabras de Marx, es considerar la ley dinámica B = s/g, (es decir, B = ahorro / crecimiento, en término de % de los ingresos nacionales), y considerar que él quería decir que la tasa de crecimiento llegaría a ser = 0 o próxima a cero. Pues bien, si la tasa de crecimiento es cero o próxima a cero, la relación capital/ingresos tiende a infinito y si esto es así, el rendimiento del capital “r” debe necesariamente reducirse, cada vez más, de modo que el rendimiento del capital “r” debe acercarse próxima e infinitamente a cero, de lo contrario la parte del capital a = r x B acabaría con devorar la totalidad de los ingresos nacionales.

La contradicción dinámica señalada por Marx corresponde a una verdadera dificultad, de la que la única salida lógica es la del crecimiento estructural,  la cual permite equilibrar hasta cierto grado el proceso de acumulación del capital. En efecto, es el crecimiento permanente de la productividad y de la población lo que permite equilibrar la adición permanente de nuevas unidades de capital, como lo expresa la ley B = s/g, de lo contrario los capitalistas están cavando su propia tumba.

Parece, pues, que Marx tenía estas ideas, pero el problema es que Marx sólo se basaba en lo que leía de los informes parlamentarios británicos de los años 1820-1860 y algunas estadísticas que mostraban el muy rápido crecimiento de los beneficios industriales en el Reino Unido y a pesar de todas sus importantes intuiciones, Marx no usa y sólo se aproxima, relativa y poco sistemáticamente, a las estadísticas disponibles; Marx pasa totalmente de la contabilidad nacional, no profundiza en datos más contrastados o más fiables que su intuición, que en realidad fue una imaginación interpretativa de los hechos que veía en su época, que explicaba, a su manera, pero que no llegó a estudiar profundamente ni científicamente.

Dada la situación actual parece que vamos directos al retorno del capital en régimen de crecimiento débil. Así es, puesto que el retorno a un régimen histórico de crecimiento débil, y en particular de crecimiento demográfico nulo, conduce lógicamente al retorno del capital. Esta tendencia hacia la reconstitución de stocks de capital muy elevados en las sociedades de crecimiento débil está expresada por la ley B = s/g y se puede resumir así: en las sociedades estancadas, los patrimonios que vienen del pasado toman naturalmente una importancia considerable.

Si la tasa de ahorro se mantiene en torno al 10% y si la tasa de crecimiento se estabiliza en torno al 1,5% a muy largo plazo, en ese caso el stock mundial de capital alcanzará lógicamente el equivalente de seis-siete años de ingresos. Y si el crecimiento se reduce a 1%, entonces el stock de capital podría alcanzar el equivalente a diez años de ingresos.

Todo esto nos hace pensar en que la marcha adelante, hacia la racionalidad económica y tecnológica, no implica, necesariamente, una marcha adelante hacia la racionalidad democrática y meritocrática. La razón es pura y simplemente que: la tecnología, lo mismo que el mercado, no conoce ni límite ni moral. Ciertamente la evolución tecnológica ha envuelto necesidades cada vez más importantes en cualificaciones y competencias humanas (de trabajo humano), pero también ha aumentado las necesidades de edificios, viviendas, oficinas, equipos de todo tipo, patentes –todo lo cual es capital no humano- que ha progresado casi tan rápido como la producción y los ingresos nacionales. Además la masa de ingresos que remunera estas diferentes formas de capital ha progresado casi tan rápido como la masa de los ingresos del trabajo.

El crecimiento moderno, resume Piketty, que se ha fundado sobre el crecimiento de la productividad y la difusión de los conocimientos ha permitido evitar el apocalipsis marxista y equilibrar el proceso de acumulación de capital. Pero este crecimiento no ha modificado, en modo alguno, las estructuras profundas del capital y, todavía menos, no ha podido reducir su importancia macroeconómica comparada relativamente con el trabajo.

Hace falta ahora estudiar si respecto de las desigualdades en el reparto de los ingresos y de los patrimonios ocurrirá de igual modo. Es decir, ¿en qué medida las estructuras de las desigualdades respecto del trabajo y del capital se han transformado verdaderamente desde el siglo XIX?

Es cosa que veremos en próximos artículos.