Las humanidades

LAS HUMANIDADES

20190623

Federico Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Publicado en el Periódico Mediterráneo

Es obvio para todos nosotros que la mayor parte de la creatividad humana se produce en el natural conflicto entre el ámbito individual y el ámbito grupal, que afortunadamente ayuda a la selección natural; conflicto inevitable y necesario, como dice Edward O. Wilson.

En este sentido lo que se quiere indicar es la unidad de la misma base en que se asientan las ciencias y las humanidades y, en particular, al hecho de que las leyes físicas de causa y efecto son capaces de justificar ambas. Cuando la cultura occidental abrazó esta proposición hace 3 o 4 siglos la denominó Ilustración y se resumía en la idea de que los seres humanos podemos conocer por sí solos todo lo que hace falta conocer y que podemos comprender, y a partir de aquí, esa comprensión nos ayuda a gozar de la capacidad de decidir más sabiamente que nunca.

Pero, curiosamente, en cuanto a pensamiento creativo, las fases tempranas del mismo no surgen de la especialización, pues los científicos más competentes, como dice Wilson son los que piensan como poetas, a veces con sus fantasías, y trabajan como contables. Esto lleva a que los científicos, en realidad, usan escasas palabras de doble o más sentidos, tanto en la introducción como en la discusión subsiguiente de una proposición con datos, y lo hacen para aclarar algún concepto técnico, pero nunca para despertar emociones. Se trata de dar datos demostrables, una lógica estricta que contrasta con lo que sucede en la poesía u otras artes creativas que son, exactamente, lo contrario.

Los estudios humanísticos y estas artes, a veces estremecedoras, por lo inquisitivas, se fijan una y otra vez en los mismos temas, arquetipos y emociones. Pero a los lectores nos da igual pues somos adictos al antropocentrismo y víctimas de una fascinación hacia nosotros mismos sin cura. Novelas, películas, conciertos, obras de teatro, eventos deportivos o cotilleos, que se piensan para que se despierte en nosotros una o todas las emociones posibles del espectro pequeño del que gozamos como homo sapiens.

Y eso es muy distinto de la noción del continuo, o de los exoplanetas de la galaxia que forman un continuo. U otro continuo, la diversidad de la vida en la biosfera terrestre. O el continuo que la ciencia ha cartografiado más relevante para las humanidades: los sentidos.

En el homo sapiens la vista se fija en una porción de energía infinitesimal pues está entre cuatrocientos y setecientos nanómetros del espectro electromagnético; el resto del espectro que completa el universo comprende desde los rayos gamma (un trillón de veces más cortos que el segmento visual humano) hasta las ondas de radio (un trillón de veces más largas). Otros animales cuentas con sus propias porciones de continuo.

Aunque creemos instintivamente que podemos oír casi todos los sonidos (bueno, yo no tanto, ya estoy un poco sordo), en realidad nuestra especie está programada para detectar solamente entre 20.000 y 25.000 Hz, que son ciclos de aire comprimido por segundo. Pero por encima de esa gama los murciélagos lanzan pulsaciones al aire nocturnos y se sirven de los ecos para esquivar obstáculos y cazar insectos en vuelo; por debajo de la gama humana los elefantes murmullan mensajes complejos. En realidad, estamos de paseo por la naturaleza como un sordo por las calles de Barcelona, percibimos poquísimas vibraciones y somos incompetentes para interpretar casi nada.

En cuanto al olfato nuestro, es de los más pobres entre toda la población de organismos vivos de la tierra; menos mal que tenemos perros adiestrados que siguen pistas de personas individuales, detectan leves rastros de explosivos, drogas u otros productos peligrosos.

Cierto es que hemos inventado herramientas, aparatos que nos permiten detectar lo que nuestro cuerpo no detectaría en modo alguno. El empuje científico indica dónde buscar fenómenos previamente inesperados y cómo “percibir la totalidad de la realidad mediante una red mensurable de explicaciones de causa-efecto” en palabras de Wilson. Después de conocer la ubicación de cada fenómeno en los continuos relevantes, que son la variable de cada sistema, hemos descubierto la composición química de la superficie de Marte, podemos predecir condiciones en lo infinitesimal y lo casi infinito gracias a la teoría de la gran unificación, podemos ver cómo fluye la sangre y cómo se iluminan las neuronas y otras células del cerebro cuando piensa conscientemente. Probablemente en breve podremos explicar completamente la materia oscura del universo, el origen de la vida en la Tierra, la base física de la conciencia humana en los cambios de humor u opinión y muchas más cosas, porque lo invisible se ve, y lo extremadamente pequeño se pesa.

Entonces ¿desde dónde entran las humanidades en la visión? En todas partes, pues la ciencia y la tecnología ponen a las claras la condición humana con más precisión, tanto en la tierra como en la inmensidad del cosmos. Nuestra especie ha sido la ganadora en la lotería genética que nos permitió avanzar a trompicones a través del laberinto evolutivo, y no sabemos por qué, pues los pequeños fragmentos de continuos que conocemos, aunque los festejemos, tienen infinidad de combinaciones y por sí solos no indagan en los orígenes de nuestras características fundamentales: nuestros instintos autoritarios, nuestra inteligencia moderada, nuestra sabiduría peligrosamente limitada e, incluso, el orgullo de nuestra ciencia. Y personajes que no han podido, por su edad, o su falta de formación, o su falta de experiencia, gestionar, gobernar y enfocar su propia vida con éxito, ahora, tras unas elecciones tratan de gobernarnos y hacer lo mejor que pueden para la sociedad, aunque ese no sea el caso de todos.

Concluyo que, en este sentido, sólo vamos a tener éxito si copiamos lo que ha tenido éxito para otros, es decir lo que han hecho otros países. ¿Será tan grande el orgullo, el sentido supremacista o la ideología que no les deje hacerlo?

Bondad y corrupción humanas

BONDAD Y CORRUPCIÓN HUMANAS

20180817

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

 

Me refiero a la vida pública, y en cuanto a ella, algunos, si no muchos, nos sentimos desanimados de ver las mentiras, las estrategias dialécticas verbales de unos contra otros, la corrupción, el egoísmo, el oportunismo, el abuso del momento mediático, el uso y el abuso de la justicia con intención de sustituir a la política, el que se entienda o se cacaree que unas mayorías no tienen legitimidad por ser unión de varios partidos o ideologías y un sinfín de cosas más que sería prolijo enumerar.

Estoy harto de ver la falta de colaboración de unos con otros, cada uno arrimando el ascua a su sardina. Criticando destempladamente lo que hacen otros o lo que hicieron, cuando los que ahora critican, han estado haciendo, o lo hacen, igual o casi igual de mal, o de bien.

La política no debería ser una riña constante de palabras. Y digo riña de palabras, porque casi siempre sólo se usan argumentos, pocos datos, menos ciencia y nada de espíritu de colaboración. Y eso ¿por qué? En realidad, sois servidores públicos o al menos, tenéis ese nombre, pero, probablemente, demasiados pensáis como aquel, que dijo que estaba en la política para forrarse. ¿Es esa la razón? ¡Qué desgracia si estoy en lo cierto!

El momento es desaforado. Se necesita espíritu de concordia, espíritu de, poner a disposición de los demás nuestras capacidades y talentos para que las cosas, en la política, se hagan de la mejor manera posible. Y sí, voy a recuperar la palabra, se necesita espíritu de consenso.

¿Acaso alguno cree que los demás son mucho peor que nosotros? En realidad, son poco más o menos igual de malos; y lo he enfocado por lo negativo, porque no quería preguntar si alguien se cree superior a nosotros, porque todos somos buenos y malos, altruistas y egoístas, colaboradores y antagonistas.

Y todo esto es así porque, de acuerdo con las pruebas científicas obtenidas los últimos treinta años, somos fundamentalmente buenos, pero estamos sujetos a la corrupción de las fuerzas del mal, o lo que es lo mismo, somos esencialmente malos, pecadores, pero susceptibles de ser redimidos por las fuerzas del bien. Estamos hechos para dar la vida en favor de un grupo o al contrario, anteponernos a nosotros y a nuestras familias por encima de todo. Y de nuevo, esto es así porque la selección multinivel, en este caso la conducta social hereditaria, mejora la capacidad competitiva, no sólo de los individuos dentro del grupo, sino además de los grupos en su conjunto.

Un rasgo que nos identifica a los humanos es que somos obsesivamente curiosos, queremos saber lo que hacen otros. Somos genios o nos lo creemos a la hora de interpretar las acciones de los otros, y así, evaluamos, difundimos, intimamos, cooperamos, cotilleamos y controlamos, en lo posible a los demás. Y de ahí los comportamientos de los que me he quejado en párrafos anteriores.

Otro rasgo, es el abrumador deseo instintivo de pertenecer a un grupo, que define nuestra identidad y que nos concede a todos un complejo de superioridad (no solo a los criticados por ser nacionalistas).

Es un hecho probado científicamente que deseamos y preferimos, estar con gente de aspecto parecido al nuestro, que hable el mismo idioma o incluso, el mismo dialecto; con quien compartamos creencias (no me refiero a religiosas sólo). Y la amplificación de esta tendencia, desemboca fácilmente en racismo o en intolerancia religiosa: es decir, los buenos, pueden actuar con maldad.

Y además, está el problema del conflicto dentro del grupo. Los egoístas, los tramposos, si no se les pilla y excluye, se imponen a los altruistas, a los colaboradores y a los que reciprocan. Pero los grupos formados por altruistas se imponen a los compuestos por egoístas; dicho de otro modo, la selección individual fomenta el pecado, la selección grupal fomenta la virtud. Es el eterno conflicto, que no es una prueba de Dios ni una maquinación de Satanás, sino que es así como se resolvieron las cosas en nuestra evolución como especie. De modo que pudiera ser, lo mismo que es en la ciencia, que el conflicto sea la única manera a través de la cual pueda evolucionar la organización y la inteligencia humana. Tendremos que vivir con este caos congénito que, en realidad, como dice Wilson es la principal fuente de nuestra creatividad.

Entonces ¿por qué me quejo?, porque no estoy seguro de que estemos aprovechando bien a nivel de grupo la cooperación, la reciprocidad, el altruismo; mientras que sí estoy seguro de que, a nivel de individuos, muchos, casi todos ellos políticos, están aprovechando muy bien su egoísmo contra el grupo, sus trampas y sus mentiras. Por eso es necesario expulsarlos de la vida pública, extrañarlos, que se ganen la vida trabajando, no en la política.

Es necesario que las instituciones docentes estén más allá de la política y por encima de ella. La universidad no debería estar tan politizada, no deberían crearse universidades, como se ha hecho, para compensar la politización de otras; la docencia, y no me refiero sólo a la reglada, debería ser la tutora de las nuevas generaciones hacia el interés civil por la polis, por la política; debería ser el germen de las preguntas, del conflicto, de las ofertas de diálogo, de las tesis contrapuestas, de las síntesis a las que se llegara, quedándose este debate, de momento, en el ámbito estudiantil y docente universitario para que, posteriormente, trascendiendo más allá de este ámbito, las ideas se asienten en la sociedad civil, que es la que debería estar más politizada.

Y mi discurso ¿para qué sirve? Para poner en valor la importancia de nuestras decisiones a nivel individual y grupal. Hay que aprovechar el conflicto para cambiar las cosas: los políticos, los partidos, la universidad, la política. Se acercan momentos en los que disfrutaremos de derechos que permitirán conformar tanto el marco de decisiones grupales como las propias políticas comunitarias, estatales, autonómicas o locales. ¿Tenemos claros los conflictos de intereses? ¿Tenemos claros los pasos para resolverlos? El marco en el que debatir ideas y aclarar esos pasos, esas propuestas, debería empezar ya, entre la sociedad civil, y debería estar también más allá de las instituciones y partidos, en la propia calle, en los medios de comunicación, en las redes sociales. Ahora todos tenemos la oportunidad de hacernos oír, no es necesario otros 15 Ms; el debate debería empezar ya. Eso de “no nos representan”, no es para decirlo, sino para evitarlo; echémosles fuera, quitémosles la oportunidad.

No permitamos que los viajes para dejarse fotografiar, los seminarios de fin de semana, los congresos de los partidos, en los que se pontifican sus propuestas e ideologías para salir en los medios de comunicación, donde no hay ni debate ni ciencia, sustituyan a la sociedad civil. No consintamos nuestro servilismo.

No hay superioridad moral de nadie sobre otros. Todos somos, o debemos ser, igualmente actores de nuestro presente para mejorar nuestro futuro y el de nuestro grupo y de las nuevas generaciones, que no debe consistir en una lucha de todos contra todos, sino de todos para favorecer el grupo o grupos concéntricos en los que convivimos: local, y hacia arriba, autonómico, estatal y europeo.

Un gobierno formado por los mejores

UN GOBIERNO FORMADO POR LOS MEJORES

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

20180716

“Sólo la sabiduría radicada en la comprensión de nosotros mismos, y no la piedad, nos salvará. No habrá ninguna redención ni tampoco se nos concederá una segunda oportunidad. Este es el único planeta que tenemos para vivir; y éste el único enigma que debemos descifrar.”

Así de taxativo se expresa Edward O. Wilson en su libro “El sentido de la existencia humana” y ese sentido es al que alude como único enigma a resolver.

Las especies eusociales, dice, aparecieron en una etapa muy tardía de la historia de la vida, en cambio, han tenido un gran éxito ecológico, aunque hayan sido pocas las especies que han llegado a la eusociabilidad y especialmente la humana ha sobresalido por su capacidad cerebral, mental, que ha llevado al grandísimo avance de las capacidades sociales.

De hecho, la gente, estamos muy interesados en el comportamiento de los demás, somos cotillas desde el nacimiento y con el tiempo esa capacidad se desarrolla; eso nos hace humanos, nos permite identificarnos con un grupo u otro y construimos nuestra identidad personal como integrantes de ese grupo. Además, somos una especie muy esclarecida; la ciencia y las humanidades nos han hecho llegar muy lejos, y todavía llegaremos más. Pero el orgullo podría hacernos pensar que somos los reyes de la “creación”, como las religiones nos han tratado de hacer pensar, a la imagen de dios, de un dios que, más bien, ha sido una entelequia creada por los humanos a la imagen de nosotros mismos, como nos indicó Yuval Harari en “Homo Deus”.

“Por eso es un disparate pensar que este planeta podría ser una estación de paso hacia un mundo mejor” afirma Wilson, porque en realidad somos parte de la flora y fauna de la tierra, a la que estamos sujetos por nuestra emoción, nuestra psicología y nuestra historia.

Wilson señala que “no estamos predestinados a nada, y la vida no es un misterio indescifrable” y no es cierto que dioses y demonios luchen por nuestra lealtad, sino que somos artífices de nuestro propio éxito o fracaso, aunque hay que reconocer que somos una especie frágil y estamos solos para comprendernos a nosotros mismos. Nuestra supervivencia a largo plazo radica en ello y en que logremos una independencia de pensamiento más significativa de la que se tolera hoy en día, incluso, en las sociedades democráticas más avanzadas.

Si todo lo anterior es cierto y los científicos dicen que lo es, parece que estamos solos y, además, estamos perdiendo el tiempo. Es perentorio que hagamos de nuestro planeta un lugar en donde todos vivamos con todas nuestras necesidades cubiertas y todos podamos desarrollar nuestras capacidades; que cuidemos el entorno en el que vivimos con la intención de legarlo a nuestros descendientes en condiciones, para que ellos, a su vez, también puedan vivir una vida plena.

Somos eusociales y a pesar del éxito que representa haber llegado a esta capacidad, nuestras sociedades actuales no están dirigidas por los mejores individuos, sino por algunos que están pensando en sí mismos en lugar de pensar en el grupo, en la sociedad, en la especie humana; que, además, son incompetentes, algunos disléxicos a pesar de ser presidentes. Llegan al poder haciendo trampas y se perpetúan lo máximo posible en él haciendo también trampas. No me refiero sólo a los casos de España, que… también (partidos que se financian ilegalmente; miembros, la casi mayoría, que entran y se mantienen en la política para “forrarse” o para vivir de ella), sino a casos tan conspicuos como el de la presidencia de los EEUU o de las potencias que sueñan y trabajan para hacer sombra a EEUU. Países y gobiernos en donde se niega el cambio climático, científicamente demostrado (da risa, pero eso hace la administración Trump); o simplemente se ignora el daño que hacen, pensando que, si otros han contaminado, ellos también tienen derecho a hacerlo hasta que hayan alcanzado un desarrollo muchísimo mayor (China y otros grandes contaminadores).

Tenemos que repensar el funcionamiento de la actividad política y de la gobernanza de las naciones. Los humanos no somos malvados por naturaleza; somos lo suficientemente inteligentes, generosos y bondadosos para hacer de la Tierra y de la biosfera que nos dio a luz un lugar semejante a un paraíso. El problema es que el homo sapiens es un producto, es una especie disfuncional, a la que se llegó después de adaptaciones genéticas producidas durante millones de años para producir una especie cazadora recolectora, como máximo aldeana; adaptaciones que cada vez estorban más en una sociedad organizada globalmente, mayormente urbana y claramente técnica y científica, que es incapaz de estabilizar las políticas económicas y cualquier forma de gobernación que esté por encima del nivel de una aldea. Eso dice Wilson.

La idea que traigo en la mente para proponer es la de que a la docencia y a la política tienen que ir los mejores. Que la retribución que deben recibir debe ser suficientemente alta como para que no tengan necesidad de corromperse o de salirse de la actividad.

¿Tendrán nuestros legisladores la valentía de afrontar con sinceridad el problema de la financiación de los partidos políticos y de la retribución de los que ocupan cargos públicos? ¿Tendrán la sensatez de plantearse el control estricto, como en el caso de una empresa privada, del uso de fondos y la asignación de estos de modo no clientelar o corrupto?

Además, en el caso de la política, deberían estar aquellos que han demostrado sus capacidades de gestión, sus conocimientos y que nadie va a poder corromperlos ya, por haber alcanzado reconocimiento social entre sus pares, por haber conseguido estabilidad económica, y tener experiencia vital por su madurez y por haber alcanzado tres cuartas partes de la esperanza promedio de vida.

Sí, estoy sugiriendo que a la política tienen que ir personas que tengan más de 50 años de edad. No es bueno para nuestras sociedades que individuos que lo único que han hecho durante años es ser coristas del “sí” en el partido, por suerte, nepotismo, artimañas, o por llegarles el turno, vayan escalando posiciones para después llegar a gestionar lo público, incapaces de haber gestionado lo privado por falta de capacidad, o por el débil esfuerzo que ponen en su profesión o en su trabajo en la empresa privada.

Es disfuncional que en los partidos no haya democracia interna y que se prime el seguidismo. Es disfuncional que los votantes no puedan elegir sus representantes de entre listas abiertas. Es disfuncional que los votos no valgan lo mismo en todas las circunscripciones y que minorías bloqueen o sean la clave para tomar decisiones (salvando la necesaria utilidad de la inclusión de las indicadas minorías, para que tengan la capacidad de hacer oír su voz y defender sus propios intereses). También es disfuncional que la solidaridad interterritorial no tenga más límites que la voluntad de los gobernantes, que la usan para generar voto cautivo, que es una trampa, un populismo, una compra, para llegar al poder, y que produce injusticias que descohesionan la población y los territorios. Se nos puede llenar la boca de pronunciar la sacrosanta palabra de la “unidad” de España, pero se hace poco para mantenerla.

Es perentorio que hagamos algo, que cambiemos las cosas presentes, que no tengamos miedo de tomar decisiones, pues si no lo hacemos perderemos la oportunidad de hacer de nuestro planeta, de nuestra querida España, de nuestra queridas Comunidades Autónomas, en nuestro caso Comunitat Valenciana, un lugar en donde vivamos con necesidades cubiertas y podamos desarrollar nuestras capacidades en beneficio de la “res pública”; y de cuidar del entorno en el que vivimos con la intención de legarlo a nuestros descendientes en condiciones adecuadas, para que ellos, a su vez, también puedan vivir una vida plena.

¿Haréis algo, formularéis propuestas? Si no lo hacéis, no obstante, yo no me cansaré de denunciarlo.

Vergüenza ajena por el comportamiento político

Vergüenza ajena por el comportamiento político

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

20180513

Publicado en el Periódico Mediterraneo de 13.05.2018

 

Sí, tengo vergüenza ajena. Es la vergüenza que siento por todo lo que han hecho los ubicuos corruptos de los partidos políticos; por no haber sido capaces de hablar, al menos, si no negociar, los políticos independentistas catalanes y los miembros del gobierno de España; por las declaraciones de los representantes de los partidos que me hacen sonrojar respecto de lo que les atañe y que no pueden esconder o disimular por más tiempo a causa de las sentencias firmes y de los juicios que se están celebrando; estoy apurado por el daño que están haciendo, todos ellos y algunos más, a la imagen del proyecto común que se llama España, y a los proyectos que ésta incluye, que se pueden llamar comunidades autónomas, partidos políticos y sociedad o ciudadanía.

De la vergüenza ajena se dice que es un concepto muy corriente en la lengua castellana: es lo que se siente cuando vemos que alguien hace algo mal y no podemos evitar que lo haga; y sentimos dentro de nosotros lo que creemos que sentiría la persona que lo hace, si se pudiera ver a sí misma. En realidad, dicen los neurocientíficos que la vergüenza ajena es una de las formas dolorosas de empatía.

Parece que estamos derrotando el camino evolutivo en el que los animales de ambiente terrestre fueron dominados por especies con los sistemas sociales más complejos, especies que han aparecido rara vez en la evolución. La eusocialidad se ha dado en poquísimas ocasiones, en algunos insectos y en los homininos de los que somos la especie reina.

Si, como dice E.O. Wilson la selección natural es multinivel, es decir actúa sobre los genes que prescriben objetivos a más de un nivel de organización biológica, como la célula y el organismo, o el organismo y la colonia, deberemos tenerlo presente para actuar como comunidad (como organismo social) contra los elementos cancerosos que nos dañan.

Los tramposos están ganando en el seno de nuestra colonia social porque ganan una fracción mayor de los recursos, evitan cumplir las normas gravosas que nos hemos impuesto por medio de las leyes o claramente las quebrantan. Si el número de tramposos es elevado, como colonia (como sociedad en la que abundan los tramposos) perderemos ante las colonias de cooperadores. En efecto no alcanzaremos los niveles de riqueza, organización y bienestar de otras sociedades en donde los tramposos no abundan.

Los rasgos objetivos sobre los que se actúa por selección entre grupos son la comunicación, la división del trabajo, la dominancia y la cooperación en la realización de tareas comunales (mediante el honrado pago de impuestos, cumplimiento de normas y evitación de llevar a cabo engaños o trampas).

La selección individual frente a la selección de grupo produce una mezcla de altruismo y de egoísmo, de virtud y de pecado, entre los miembros de una sociedad.

Los que se creen listos (sean personas, partidos, empresas u otro tipo de organizaciones) pensando que haciendo trampas salen ganando derrotan al grupo (la nación, el país, el partido político o la empresa) y el propósito unificador del mismo que sirve a la mayoría. Y este grupo de tramposos, el nuestro, no puede competir con éxito con otros grupos más altruistas y honestos.

Por el camino que vamos, me hace dudar de nuestra capacidad de tener éxito como nación en comparación con otras, aunque los políticos de turno digan que somos “un gran país, una gran nación” (al presidente del Gobierno de España se le llena la boca de decirlo en muchas ocasiones). Si fuera cierto lo que me enseñaron (o adoctrinaron, dirían ahora) en mi juventud, que “España es una unidad de destino en lo universal”, el destino al que nos llevan los políticos de turno de los últimos tiempos es al abismo.

¿Estaré deprimido o sólo será a causa de la vergüenza ajena? Pero aquellos, de los que siento (o sentimos) la vergüenza, no se dan por aludidos.

Es necesaria una regeneración moral. Es necesario un recambio de líderes e, incluso, de partidos. Sí, por qué no decirlo: como en Francia u otros países.

El tribalismo es un rasgo humano fundamental

EL TRIBALISMO ES UN RASGO HUMANO FUNDAMENTAL

20180408

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Publicado en el Periódico Mediterráneo de 08.04.2018

 

“La llamada de la tribu” es el nuevo libro de Mario Vargas Llosa el cual no he leído todavía pero que probablemente lo haré. El que sí he leído es “La conquista social de la tierra” de E. O. Wilson, premio Pulitzer y muchos otros más.

Edward Osborne Wilson es un entomólogo y biólogo estadounidense conocido por su trabajo en evolución biológica y sociobiología, inventor del término biodiversidad, que sostiene que la capacidad humana de consciencia se asienta y desarrolla a través de la sociobiología, y que una identidad social ayuda al desarrollo de las identidades personales.

En efecto, la tendencia a formar grupos y después a favorecer a los miembros del grupo del que formas parte es una característica muy nuestra, de los humanos, que según Wilson tiene el distintivo del instinto.

Dice que la afiliación al grupo está condicionada por un adiestramiento temprano que se inicia, obviamente, con la afiliación con los miembros de la familia y con los juegos con los niños del vecindario o de la escuela. Dice que es un aprendizaje preparado, en el sentido de que se viene al mundo con el cableado mental preparado para desarrollarlo, es decir para tender a formar grupos, tribus.

Otros ejemplos de aprendizaje preparado en el caso de los humanos incluyen el lenguaje, la evitación del incesto y la adquisición de fobias.

Así es pues los niños en edad preescolar tienden a seleccionar como amigos a hablantes en su lengua nativa, cosa que parece lógica (aunque no tanto) y necesaria. Esas preferencias empiezan antes de la comprensión del significado del habla, pero de la que ya, supuestamente, captan su tono o música y, según Wilson se muestra la preferencia, incluso cuando se comprende perfectamente el habla, por acentos diferentes.

Wilson afirma que las personas propenden al etnocentrismo. Y dice que “es un hecho incómodo que, incluso cuando se les ofrece una elección sin remordimientos, los individuos prefieren la compañía de otros de la misma raza, nación, clan y religión. Confían más en ellos, se relajan mejor con ellos en los acontecimientos comerciales y sociales, y los prefieren con más frecuencia como pareja con la que casarse. Son más rápidos a la hora de indignarse ante la evidencia de que alguien de fuera del grupo se comporta injustamente o recibe recompensas inmerecidas. Y se comportan de manera hostil ante cualquier miembro de otro grupo que se introduzca en el territorio de su grupo o utilice sus recursos.”

Aduce ejemplos de la literatura y la historia que dice que abundan como el del pasaje de la Biblia del libro de Jueces 12:5-6 respecto de los galaaditas que se apoderaron de los vados del Jordán enfrente de la tribu de Efraím, que fueron degollados al ser identificados por su acento.

Menciona que en experimentos, en los que se observaba la amígdala cerebral, cuando a americanos negros y blancos se les proyectaban imágenes de personas de la otra raza, su amígdala, que es el centro cerebral del miedo y la cólera, se activaba tan rápida y sutilmente que los centros conscientes del cerebro no se daban cuenta de la respuesta y el sujeto, efectivamente, no podía evitarlos. Por el contrario, cuando se añadían contextos tales como cuando el que se acercaba era un médico negro y el blanco su paciente, la corteza cingulada y la corteza dorsolateral preferente (lugares cerebrales integrados con los centros de aprendizaje superior), se activaban y silenciaban la entrada procedente de la amígdala (de miedo y cólera).

Lo que quiere decir que partes diferentes del cerebro han evolucionada mediante selección de grupo para crear la propensión a formar grupos.

La pregunta es ¿alguien lo ha tenido en cuenta con relación a la realidad de nuestra querida España? Cosa que era y es especialmente necesaria en estos tiempos difíciles.

¿Se ha llegado tarde para que, aunque adultos, seamos capaces de aprender a ser muchísimo más inclusivos? El ser inclusivo no significa dejar, o forzar, que los otros sean como uno, sino aceptar que otros sean algo diferentes, pero, a pesar de ello, considerarlos iguales, y que nuestra amígdala cerebral no delate la diferencia de grupo o de tribu.

No parece que expresiones como “a por ellos” o “Espanya ens roba” puedan ayudar a ese fin.

Puesto que tenemos que convivir con nuestro propio tribalismo es imprescindible que cooperemos y nos esforcemos para que sea un tribalismo incluyente, adoptando mutuamente rasgos del que nos parece fuera del grupo.

Y está claro, probado científicamente, que la cooperación paga mucho más que la competición, que, aunque seamos egoístas a nivel individual no lo somos a nivel de grupo. A nivel de grupo somos altruistas y mejor será que los seamos en un grupo más amplio y lo suficientemente inclusivo para aceptar como propias, de todos, las lenguas españolas y las diversas formas de ser de cada territorio que en conjunto forman España, pues esa cooperación nos llevará a mayores tasas de bienestar material, social y mental.

Esa es la dirección que marca la flecha del tiempo, la inclusión. La formación del grupo, de la tribu, permitió tener éxito a la especie humana, la sociabilidad permitió el desarrollo mental, intelectual. Somos una especie social. La meta, pues, debe ser formar una tribu más grande, grupos grandes como España, o como Europa. Hay que luchar contra el tribalismo innato excluyente que nos llevaría a quedarnos solos con nuestra propia familia, si acaso.

Lo dicho queda bien. Pero los que gobiernan el estado y sus territorios autónomos ¿reconsiderarán su tribalismo uniformista y excluyente, así como el de los otros? ¿lo tendrán en cuenta para tomar decisiones que no perjudiquen la convivencia, tanto en la distribución de la riqueza, las inversiones, como para autoidentificarse con las lenguas, los territorios, la diversidad de idiosincrasias, que en realidad son una riqueza?

No son los demás los que lo hacen mal, somos todos los que lo hacemos mal porque el tribalismo es un rasgo humano fundamental: hagamos el esfuerzo de integrarnos en una tribu lo más grande posible, para nuestro beneficio.

Hablaremos de otros rasgos en el futuro.

 

Pensamientos entorno al 1 de octubre catalán

 

PENSAMIENTOS ENTORNO AL 1 DE OCTUBRE CATALÁN

10092017

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Artículo publicado en el Periódico Mediterráneo del 10/09/2017

 

Los sufridos ciudadanos que nos sentimos lo que somos por nuestro origen o adopción y, además, españoles, tenemos el corazón en un puño. ¿De qué hablo? Del 1 de octubre próximo en Cataluña.

Catedráticos de Derecho Constitucional o Administrativo comentan en los medios sobre las alternativas y la complejidad de aplicación de diversas medidas basadas en:

  • Constitución. Aplicación del artículo 155 aprobada por la mayoría del Senado con la que cuenta el PP, aunque no parece lo más adecuado salvo que se cuente con la cooperación de otros partidos que amplíen claramente dicha mayoría.
  • Constitución. Declaración de estado de excepción, sitio o alarma, que podría aprobar el Congreso de los Diputados.
  • Ley 39/2015 de Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas. Medidas administrativas que corrijan de inmediato las decisiones contra ley. Todos los servidores públicos, funcionarios y demás, están sujetos directa o indirectamente a llevar a cabo o impedir actividades concretas, con la sanción, en su caso, previo apercibimiento, de apremio sobre el patrimonio, ejecución subsidiaria, multa y compulsión sobre las personas.
  • Código Penal. Delitos de rebelión, sedición, prevaricación, usurpación de atribuciones, que los pueden cometer los funcionarios contra lo establecido en las leyes y en la Constitución; o de resistencia a la autoridad, desobediencia a resoluciones judiciales.
  • Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, el cual, actualmente, cuenta con la posibilidad de ordenar: hacer efectivas sus decisiones, con sanciones coercitivas económicas en forma de multas; suspender cautelarmente a autoridades de incumplan sus decisiones; requerir al Gobierno de España la ejecución sustitutoria de sus resoluciones.
  • Alguien también ha hablado de la aplicación de la Ley de Seguridad Nacional (36/2015) por la que todas las autoridades y los particulares quedan sujetos a las medidas que puedan adoptarse por el Presidente del Gobierno mediante declaración previa de situación de interés para la seguridad nacional, con lo que puede tener el control completo y directo en cualquier situación que se catalogue de crisis, sin necesidad de hacer intervenir a otros órganos o llevar a cabo declaraciones de estados excepcionales.

Pero, además de lo dicho, generales de la reserva, publican artículos que advierten de graves consecuencias; las redes sociales se llenan de vídeos históricos de tiempos pasados de los que casi nadie queda para poderlos recordar en primera persona; o vídeos burlones tanto contra los que quieren llevar a cabo un referéndum como contra los que, especialmente el Presidente del Gobierno de España, dejan pudrir el problema y, de momento, no llevan a cabo acciones proactivas algunas para su resolución.

Ciertamente, después de haber dejado pasar el tiempo, ahora, esto, tiene difícil solución. Pero quien gobierna y quienes han sido elegidos para tener un papel en Las Cortes españolas, tienen la obligación de actuar y de explicar lo que se va a hacer. Ya basta de jugar al escondite: si lo hacen los gobernantes de Cataluña, que no lo hagan los gobernantes de España. Queremos saber cómo se va a arreglar el problema. No queremos ni que se piense que vaya a haber enfrentamientos violentos, de los que algunos catastrofistas nos advierten.

No quiero enfatizar, pero sí recordar, lo que ya he dicho otras veces: que la solidaridad debe tener un límite; que la unidad no está reñida con la diversidad y no tiene que ver con la uniformidad; que los sentimientos a veces no se pueden controlar con la razón; que la cooperación tiene recompensa; que uno no puede jugar el juego de la vida (en este caso, los territorios no pueden jugar ese juego) con los que siempre quieren ganar de un modo u otro (véase mi artículo acerca de la solidaridad entre los territorios de una nación en https://federicorivas.wordpress.com/2016/09/07/la-solidaridad-entre-los-territorios-de-una-nacion/) ; que reciprocando todos tenemos más; que siendo egoístas y estando solos todos tenemos menos porque el pastel a repartir es menor.

Por lo tanto, no abusemos unos de otros.

Y una cosa hay que decirla clara: queremos que nuestros hermanos catalanes queden dentro de una España amplia, respetuosa de las diferencias y acogedora para con sus hijos.

Creo que un mensaje de ilusión hacia España, desde esta orilla del mar y pidiendo amor por la diferencia en la que estamos algunos, nos tranquilizará. Son las palabras del poema Iberia de Joan Maragall, que dicen:

 

Sola, sola enmig dels camps,
terra endins, ampla és Castella.
I està trista, que sols ella
no pot veure els mars llunyans.
Parleu-li del mar, germans!

El mar és gran i es mou i brilla i canta,
dessota els vents bramant en fort combat,
és una immensa lluita ressonanta,
és un etern deler de llibertat.

Guaitant al mar els ulls més llum demanen,
bevent sos vents els pits se tornen braus;
anant al mar els homes s’agermanen,
venint del mar mai més seran esclaus.

Terra entre mars, Ibèria, mare aimada,
tots els teus fills te fem la gran cançó.
En cada platja fa son cant l’onada,
mes terra endins se sent un sol ressò,
que de l’un cap a l’altre a amor convida
i es va tornant un cant de germanor;


Ibèria! Ibèria! et ve dels mars la vida,
Ibèria! Ibèria! dóna als mars l’amor.

Leer, escribir y no lamentarse

LEER, ESCRIBIR Y NO LAMENTARSE

Publicado en el Periódico Mediterráneo el 2017.08.27

Frederic Rivas. Doctor en Derecho

Disfruto mucho de leer. He leído SAPIENS, y en estos momentos estoy terminando con HOMO DEUS. También leo de la web, leo en Blinkist, cada día durante el trayecto en el TRAM, en un parpadeo de 15 minutos leo un libro condensado y tengo la esencia de todo un libro no de ficción, así he conseguido leer centenares de ellos (en inglés). Leo diversos blogs de autores cuyos escritos me son interesantes. Pero también escribo. Ya lo veis.

Razonando que los pensamientos y conceptos que otros comparten, a menudo, forman parte de nuestro propio bagaje mental me gustaría reflexionar con vosotros sobre “el leer”, “el escribir” y sobre “el lamentar” o arrepentirse de no haber tomado acción en ciertas circunstancias y respecto a asuntos que son importantes para uno individualmente considerado.

La lectura es la mejor forma de recibir la información que otros han procesado, porque con la lectura se obtienen conceptos, algoritmos y conclusiones para todos los aspectos de la vida. No son pensamientos que han salido como eructos mentales, sino ideas repensadas, que han sido puestas por escrito, probablemente, varias veces en un proceso de mejora para que queden del mejor modo expuestas y puedan ser captadas más fácilmente.

¿A dónde voy? A animar, a estimular, a la lectura, pero sobre todo a que de la lectura aprovechemos lo que hemos captado. Aunque hayamos disfrutado por el mero hecho de que las ideas fluyan y la imaginación saque a la luz las imágenes del relato, lo importante es llegar a captar lo que eso, esa idea, esa situación, significa para mí; cómo me ayuda; qué he aprendido. Esto es reflexionar, que puede proceder de la lectura, de la meditación propia o de escuchar a otros. Pues bien, es muy bueno que todo esto lo resumamos por escrito, que lo hagamos nuestro, que se convierta en pensamientos propios.

La vida es corta y la juventud finita. Las opciones que hoy tenemos determinarán el número de veces que tendremos que arrepentirnos en el futuro, en el próximo lustro. ¿De qué? De oportunidades perdidas, de malgastar el tiempo, de no haber logrado más, de no hacer trabajo significativo, de haber procrastinado una y otra vez acciones o decisiones, de no haber mejorado adquiriendo hábitos saludables, de no dominar otro idioma, de…

El tiempo es fugaz y aunque hayamos llegado a conclusiones en nuestros pensamientos, el llevar a cabo las decisiones y los actos que comportan dichas conclusiones se nos hace difícil. El procrastinar, algo así como postergar, es un poderoso enemigo.

No es sabio esperar al futuro para actuar, dejándolo para cuando tengamos más experiencia, o más dinero, o más tiempo; no es inteligente esperar a que se den todas las condiciones idóneas para llevar a cabo la decisión. Eso nunca ocurrirá. Hay que empezar ya, porque con cada paso que damos nos hacemos más y más fuertes y definimos mejor nuestro camino. Basta de excusas.

Las excusas nos mantienen en nuestra zona de confort, con consuelan de la situación actual, pero nunca nos animan a cambiarla.

Vosotros diréis y este qué está haciendo, ¿escribiendo sobre autoayuda?

Os contesto, NO. Más bien estoy haciendo un ejercicio, que os aconsejo, de poner por escrito mis propios fantasmas y de plasmar mis propias conclusiones, porque hacerlo así, me pone delante, negro sobre blanco, un documento, un compromiso, que me ayuda a avanzar, a actuar.

Así que, a leer, a escribir y a no lamentarse.

Exceso de visibilidad

EXCESO DE VISIBILIDAD

2017.08.20

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Publicado en el Periódico Mediterráneo de esta fecha 

Sin ánimo ni deseo de ser impertinente y, al revés, con el máximo respeto hacia las minorías que son usadas por los “caballeros andantes” que “chupan” cámara, que dirigen las ONGs o las asociaciones que los representan o lo políticos que los usan, me pregunto si, como yo, la mayor parte de la gente no está saciada de la visibilidad de toda una tropa de gente, circunstancias, emociones, dolores, reclamaciones, exigencias, justas o excesivas, que en los medios de comunicación y en las actividades, “de cara a la galería”, de los partidos políticos, aparecen constantemente.

Inmigrantes y demandantes de refugio político, violencia de género que se ejerce, especialmente contra mujeres a las que se maltrata, minutos de silencio o manifestaciones de condena, sufrientes pacientes de enfermedades raras, niños con uno u otro síndrome, mujeres musulmanas que orgullosa y voluntariamente desean manifestar su fe mediante el uso de prendas que para ellas son una manifestación exterior de la misma.

Todo ello “carnaza” que se tira en el mar del día a día, en el que los medios y los políticos pescan noticias; estrategias egoístas de mayores ventas para unos, o de que les permita estar más en el “candelero” a otros.

Todavía recuerdo lo peyorativo que significaba tildar a un medio de comunicación como que era parecido a “El Caso” (antiguo periódico especializado en la información sobre delitos y desastres o accidentes). Pero es que ahora cualquier Noticiario de televisión es un “Caso” corregido y aumentado, y casi tanto sucede con los medios impresos o escritos.

Las noticias positivas o proactivas no merecen suficiente atención, sólo es llamativo lo negativo o reactivo y los medios están sometidos a lo que creen que es la ley de conseguir el mayor “share” posible, la mayor difusión.

No sé si somos muchos los que, como yo, ya no se interesan tanto como antaño por los noticiarios y suelen dejar de verlos. Es verdad que la noticia inmediata llega por las redes sociales y ya no necesitas esperar a ver el telediario o a leer el periódico para estar informado. Pero lo cierto es que estos se regodean más y más en ello, en el morbo (perdón, la noticia). Y curiosamente, la mayor parte de la información gráfica y escrita que se da no representa a la mayoría de los ciudadanos, porque son caucásicos y no son ni magrebíes, ni negros, ni hispanoamericanos; porque no tienen enfermedades raras, ni son LGTBs; no tienen disforia de género, no tienen necesidad de cambio legal ni quirúrgico de sexo, ni tampoco son mujeres maltratadas, o miembros de alguna minoría. Pero ahí va la noticia, por el… no me atrevo a repetirlo, pero sí, por el morbo.

Las estrategias políticas se convierten en cuestión de hablar de justicia, de maniobrar para que no se pueda olvidar, o no se pueda perdonar o no tener vivamente presentes, las acciones de los asesinos terroristas. Se trata de continuar con la ley del talión o, al menos, de evitar el perdón, de mantener viva la herida, porque así se tienen armas, legítimas y justas armas, lógicas y morales, para continuar las propias estrategias.

Esto no es correcto ni moralmente justo.

Esas minorías, victimas, están siendo usadas para beneficio de los que desacreditan el oficio de “caballero andante” que desface entuertos y venga agravios que tan bien describió Cervantes. Y lo hizo bien, muy bien, porque Don Quijote no se aprovechaba de aquellos a quienes ayudaba.

Ya sé y lo reconozco que el problema propio, aunque sólo sea mío, de una sola persona, es lo más importante para uno. Por eso, respeto las acciones que el gobierno haga, no las manifestaciones verbales o posturales. Respeto lo que cualquiera haga para conseguir la solución del problema que cada uno tenga, para resolver los problemas vitales y facilitar las cosas a esas minorías a las que me he referido y a otras que he preterido. Pero son una minoría.

Por el contrario, la mayoría de los ciudadanos son personas caucásicas, nominalmente cristianos, culturalmente occidentales, con los problemas de cada día, del trabajo, de las relaciones personales, de amistad o familiares, de llegar a fin de mes y de cubrir las necesidades. Y son nacidos en España.

Esos son los que representan la mayoría y esos, tienen poca visibilidad. En resumen, sólo me quejo de la poca visibilidad de unos y del exceso de la de otros.

Los españoles somos caraduras

Los españoles somos caraduras

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Artículo publicado en el Periódico Mediterráneo el 04.06.2017

Según Javier Elzo, reputado sociólogo, uno de cada cinco españoles es “un caradura de toda la vida”. En su día se señaló que según una encuesta del canal Fox:

  • El 83,1 % miente al decir que están enfermo para saltarse el trabajo.
  • El 67,5 % se ha ido alguna vez de un bar sin pagar.
  • El 26,3 % consume productos en los supermercados sin abonarlos.

Si estos datos son exactos estamos ante una dura realidad. Me avergüenzo de que así sea. Me parece increíble que los españoles tengamos tanta “jeta”.

¿Nos hemos planteado alguna vez la fuerza y el valor de la honestidad; o la maldad y el daño que produce la corrupción? ¿Queremos ser dignos de confianza o ser desleales y mentirosos?

España cayó a su peor clasificación de la historia en el “índice de percepción de la corrupción” que realiza Transparencia Internacional (TI) cuando se colocó en el puesto 41 de 176 países con una nota de 58 puntos sobre 100 posibles (100 sin corrupción, 0 totalmente corruptos), puntos que ya alcanzó en 2015 y repitió en 2016.

Los autores del informe también dijeron que “hemos alcanzado el récord histórico de corrupción comparativamente”, donde España también se hunde en la comparación con el resto de países que componen la UE. “Estamos entrando en un pelotón de países que se han acercado peligrosamente a la corrupción sistémica muy recientemente, como Georgia o la República Checa”, apostillaron, advirtiendo que “es el momento de reaccionar”.

Pero no es ese el caso, pues de entre una lista de 176 países estudiados, en 2004 estuvimos en el puesto 23, posteriormente España en 2008 estuvo en el puesto 28 y ha pasado por cada año posterior hasta 2016 rebajando su posición en el ránking. Estuvo en el 32 en 2009, 30 en 2010, 31 en 2011, 30 en 2012, 40 en 2013, 37 en 2014, 36 en 2015 y 41 en 2016.

En cambio, Nueva Zelanda está en el puesto nº 1 casi desde tiempo inmemorial, aunque el puesto más abajo que ha estado ha sido en el 4º.

Verdaderamente no nos podemos comparar con los “buenos”, estamos demasiado abajo, pero ciertamente a algún tonto, a mí no, le quedará el consuelo de que no somos el pelotón de los “torpes” malísimos, que le parecerá estupendo.

Yo, por mi parte, veo que la única reacción que hemos tenido ha sido la de nuestro asombro más y más desanimador cuando semana tras semana observamos nuevas noticias de corrupción, de engaños, de trampas, de defraudación de personas y organizaciones que debieran ser nuestro modelo y dechado, nuestra reserva moral. Organizaciones quasi “criminales” que se excusan unas a otras (en una sesión del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, de donde ha salido un vídeo editado por el PP) indicando y lanzando contra el contrario la lista de cuántos de sus políticos han sido condenados por unos u otros delitos.

No estoy tratando de moralizar, ni de hablar de las bondades de la religión. Lo que digo es que en nuestra cultura judeo-cristiana el valor de la verdad, la honestidad y el esfuerzo ha llevado a occidente al estado del bienestar, a un lugar elevado de desarrollo y de justicia. Otras culturas que priman la trampa, el engaño, el regateo, el timo, ya veis dónde están.

No quiero decir que aquí no haya tramposos como el Lazarillo de Tormes.

Lo que digo es que aquí está mal visto: uno no debe mentir, cometer delitos, ni engañar ni estafar, pues si lo haces y te descubren has perdido toda la credibilidad, además de la sanción, penal en su caso, o de retirarte la amistad y el extrañamiento (nadie quiere estar, ni hacer negocios con un tramposo), nadie quiere jugar el juego de la vida con los deshonestos.

Y lo que digo también, es que, allá: la mentira, el engaño, la trampa y la estafa, les parece un signo que identifica al despierto, al listo; de modo que se valora.

¿Queremos ser un país tercermundista? ¡Pues evitémoslo! y quitemos todas las manzanas podridas de nuestras organizaciones, aunque nos quedemos sin manzanas ni organizaciones que siempre podremos sustituir por nuevas y compuestas por mejores personas, porque peor será que el “allá” se convierta en “aquí” y también nos parezca que es de listos, engañar, mentir, estafar y toda clase de abusos contra otros.

De modo que apliquemos el ejemplo y tengamos en alta estima los valores de la honestidad, la veracidad, el esfuerzo; e inculquémoslos en nuestros hijos y nietos. Con ello nos iremos elevando, como nación, en la lista de Transparencia Internacional mundial.

La cultura occidental y la racionalidad práctica de los principios del judeocristianismo

La cultura occidental y la racionalidad práctica de los principios del judeocristianismo

Federico Rivas García. Doctor en Derecho.

Artículo publicado en el Diario LEVANTE EMV

08.11.2015

A las puertas de unas elecciones generales en España, cuando unos u otros, incluso nuevos partidos, todavía no parlamentarios, plantean el debate de sacar de las aulas la religión; cuando la crisis de los refugiados pone delante de nosotros un crudo panorama de guerra y destrucción de vida y haciendas, que hace que los sufrientes se esfuercen, a costa si es necesario de perder su propia vida durante el viaje, en llegar a lugares donde puedan seguir viviendo (sólo eso, vivir)… Digo que cuando eso sucede, hoy, nuestra conciencia se ve sacudida: temores que imprudentemente salen a la luz, como los del Arzobispo Cañizares, o dudas respecto de si con la llegada masiva de refugiados Europa va a dejar de ser lo que es (por no decir, cristiana), nos asustan. Unos reaccionan, como la derecha alemana o húngara; otros nos quedamos pensativos y preocupados (pensamos que los gobiernos de Europa no tienen claro qué quieren); pero menos mal que otros más, la Cruz Roja, las ONGs actúan y nos despiertan.

Aunque unos sean musulmanes y otros seamos cristianos, somos humanos, hermanos en la lucha por la supervivencia que no tiene que ser contra nosotros, sino con todos conjuntamente contra los elementos tales como el hambre, la enfermedad y el odio homicida de las guerras y del terrorismo. Por eso una reflexión sobre lo que somos, pues como seres sociales somos cultura, nos vendrá bien para poner las cosas en su sitio y permitirnos actuar con justicia.

Si somos creyentes, deberíamos entender la justicia como las Sagradas Escrituras la presentan, como la conformidad de nuestro comportamiento a las normas y juicios de Dios; y eso debería afectar a nuestra forma de vivir la vida, a nuestro comportamiento cotidiano, porque no es sincero relegar a la vida interna, al pensamiento, a la conciencia, las cuestiones religiosas o espirituales, excusándose con que son muy íntimas y personales. La alternativa está entre creer en su realidad, es decir, que las normas de Dios son la expresión de su voluntad, hechos reales, o bien que son suposiciones o creencias.

Pero lo cierto es que, en la calle, no se practica ni se ve la justicia del modo que acabamos de expresar, ni siquiera por parte de los creyentes en “el libro”, católicos, protestantes o judíos. Y no se ve así porque no se está seguro (es una forma suave de decirlo) de que, en efecto, haya habido verdaderamente una revelación, y que, en su caso, detrás de ella esté Dios, algo así como Dios interviniendo en la historia; o, más bien, que todo sea una creación cultural humana, como se esboza por otros.

Pero lo que es completamente cierto es que nos movemos en un entorno cultural que ha tenido y tiene en cuenta los principios, las costumbres, las normas y la cultura que se deriva de las Sagradas Escrituras y de la tradición sobre las mismas.

Actualmente, pensamos como lo hacemos, porque hemos nacido en Europa o América, y nos hemos embebido de la cultura judeocristiana occidental. Creencias basadas en suposiciones erróneas (para los creyentes son hechos reales) han programado nuestro pensamiento a través de las costumbres, aunque estas se hayan secularizado. No tenemos más remedio que admitir que la costumbre bíblica es lo que es justicia para nosotros o, dicho más exactamente, algunas de las costumbres y normas bíblicas han conformado nuestra actual forma de ver la justicia.

Pero nos ha ido bien. La cultura occidental ha triunfado sobre otras culturas; nuestros países, por las armas, por los genes o por los gérmenes han invadido, conquistado y dominado a otros países[1]. ¿Es eso justo? ¿Qué justicia superior podría consentir una historia humana en la que sólo el poder, la dominación y la fuerza han tenido acción directa sobre la historia? Todo ello a costa de la muerte de millones y millones de otros seres, los dominados. Pero esos dominados, algunos, tuvieron tiempo de reproducirse y puede llegar la venganza como alguien señala[2] mediante el choque de culturas y civilizaciones[3] aunque Zapatero haya inventado, digo yo, la alianza de civilizaciones.

 

A nivel individual la sabiduría que destilan las Sagradas Escrituras nos beneficia, especialmente, cuando ponemos en vigor en la práctica las normas y las costumbres que se derivan de ellas. Las leyes y los códigos rezuman conceptos, normas e instituciones bíblicas. Una de las 600 normas de La Ley (la Torá) dice “y tendrán que vivir por ellas”[4] como en efecto así sucede cuando se ponen en práctica, porque parece que hacerlo da buenos resultados para el individuo, para su propio éxito individual así como para la vida familiar y para las relaciones con otros. Las normas de justicia, bondad y misericordia retribuyen: Aunque quizás alguien señale que habrá que tener presente la idea de Maimónides que expresó al traducir “que si el hombre los practica vivirá por ellos”, el versículo citado, en su Epístola sobre la conversión forzosa, en el sentido de que deben ser una ayuda para la vida, no la causa que haga que uno muera, lo que permite el renegar de la creencia para salvar la vida.

 

Pero, por otra parte, si no fuera cierto que el concepto de justicia es algo dado desde arriba ¿por qué estamos interesados en mantener la religión?, ¿por qué, por interés o sin él, la religión organizada perdura? Porque la religión es cultura. La religión ha sido el almacén de la cultura y de las costumbres y, además, la práctica de los principios religiosos está de acuerdo a los últimos descubrimientos de la ciencia.

De una profunda investigación (Véase “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura”  Federico M. Rivas García, Editorial Tirant Lo Blanch, 2009) se deduce que la cooperación retribuye; que el buen comportamiento produce resultados; que el altruismo nos ayuda a tener éxito; que el compartir nuestros bienes nos proporciona un seguro para cuando no tengamos; que la reciprocidad nos mantiene en el grupo; de modo que la costumbre y la moral de los pueblos puede ser derivada de todo ello, el concepto de justicia se materializa en hacer, dar y comportarse de acuerdo con lo acostumbrado.

Los que vivimos actualmente y nos hemos reproducido tenemos claro que hemos tenido éxito evolutivo, pues aquí estamos, pero ¿cuál ha sido el factor clave? La cultura, que comenzó con las costumbres que practicamos basadas en los principios del judeocristianismo, cuya racionalidad práctica está fuera de toda duda.

Atendiendo pues a esos principios, deberíamos enfrentarnos a los retos que tenemos delante (envejecimiento de la población por la baja tasa de natalidad; inmigración casi descontrolada que entra en Europa por necesidad; terrorismo que somete y destruye culturas con su historia, así como conciencias, vida y haciendas individuales) con la convicción de que gracias a nuestra cultura occidental asimilaremos y saldremos con éxito de este problemático período[5].

Sintámonos contentos, seguros y orgullosos, pues somos los que constituimos la vieja Europa, la que ha dado a luz la cultura que más éxito ha tenido.

[1] Diamond, J. Armas, gérmenes y acero. Primera edición, Debate, Madrid 1998.; Cavalli-Sforza, L. L. Genes, pueblos y lenguas. Crítica, Barcelona, 1997.

[2] Huntington, Samuel. El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, primera edición, Paidós, Barcelona, 1997.

[3] Cosa que hoy después de un 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. y un 11 de marzo de 2004 en Madrid, o de lo ocurrido en Londres en 7 de junio de 2005, todavía parece más probable que cuando Huntington escribió su obra, no hace mucho tiempo.

[4] Levítico 18:5.

 

[5] “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura”  Federico M. Rivas García, Editorial Tirant Lo Blanch, 2009