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Un gobierno formado por los mejores

UN GOBIERNO FORMADO POR LOS MEJORES

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

20180716

“Sólo la sabiduría radicada en la comprensión de nosotros mismos, y no la piedad, nos salvará. No habrá ninguna redención ni tampoco se nos concederá una segunda oportunidad. Este es el único planeta que tenemos para vivir; y éste el único enigma que debemos descifrar.”

Así de taxativo se expresa Edward O. Wilson en su libro “El sentido de la existencia humana” y ese sentido es al que alude como único enigma a resolver.

Las especies eusociales, dice, aparecieron en una etapa muy tardía de la historia de la vida, en cambio, han tenido un gran éxito ecológico, aunque hayan sido pocas las especies que han llegado a la eusociabilidad y especialmente la humana ha sobresalido por su capacidad cerebral, mental, que ha llevado al grandísimo avance de las capacidades sociales.

De hecho, la gente, estamos muy interesados en el comportamiento de los demás, somos cotillas desde el nacimiento y con el tiempo esa capacidad se desarrolla; eso nos hace humanos, nos permite identificarnos con un grupo u otro y construimos nuestra identidad personal como integrantes de ese grupo. Además, somos una especie muy esclarecida; la ciencia y las humanidades nos han hecho llegar muy lejos, y todavía llegaremos más. Pero el orgullo podría hacernos pensar que somos los reyes de la “creación”, como las religiones nos han tratado de hacer pensar, a la imagen de dios, de un dios que, más bien, ha sido una entelequia creada por los humanos a la imagen de nosotros mismos, como nos indicó Yuval Harari en “Homo Deus”.

“Por eso es un disparate pensar que este planeta podría ser una estación de paso hacia un mundo mejor” afirma Wilson, porque en realidad somos parte de la flora y fauna de la tierra, a la que estamos sujetos por nuestra emoción, nuestra psicología y nuestra historia.

Wilson señala que “no estamos predestinados a nada, y la vida no es un misterio indescifrable” y no es cierto que dioses y demonios luchen por nuestra lealtad, sino que somos artífices de nuestro propio éxito o fracaso, aunque hay que reconocer que somos una especie frágil y estamos solos para comprendernos a nosotros mismos. Nuestra supervivencia a largo plazo radica en ello y en que logremos una independencia de pensamiento más significativa de la que se tolera hoy en día, incluso, en las sociedades democráticas más avanzadas.

Si todo lo anterior es cierto y los científicos dicen que lo es, parece que estamos solos y, además, estamos perdiendo el tiempo. Es perentorio que hagamos de nuestro planeta un lugar en donde todos vivamos con todas nuestras necesidades cubiertas y todos podamos desarrollar nuestras capacidades; que cuidemos el entorno en el que vivimos con la intención de legarlo a nuestros descendientes en condiciones, para que ellos, a su vez, también puedan vivir una vida plena.

Somos eusociales y a pesar del éxito que representa haber llegado a esta capacidad, nuestras sociedades actuales no están dirigidas por los mejores individuos, sino por algunos que están pensando en sí mismos en lugar de pensar en el grupo, en la sociedad, en la especie humana; que, además, son incompetentes, algunos disléxicos a pesar de ser presidentes. Llegan al poder haciendo trampas y se perpetúan lo máximo posible en él haciendo también trampas. No me refiero sólo a los casos de España, que… también (partidos que se financian ilegalmente; miembros, la casi mayoría, que entran y se mantienen en la política para “forrarse” o para vivir de ella), sino a casos tan conspicuos como el de la presidencia de los EEUU o de las potencias que sueñan y trabajan para hacer sombra a EEUU. Países y gobiernos en donde se niega el cambio climático, científicamente demostrado (da risa, pero eso hace la administración Trump); o simplemente se ignora el daño que hacen, pensando que, si otros han contaminado, ellos también tienen derecho a hacerlo hasta que hayan alcanzado un desarrollo muchísimo mayor (China y otros grandes contaminadores).

Tenemos que repensar el funcionamiento de la actividad política y de la gobernanza de las naciones. Los humanos no somos malvados por naturaleza; somos lo suficientemente inteligentes, generosos y bondadosos para hacer de la Tierra y de la biosfera que nos dio a luz un lugar semejante a un paraíso. El problema es que el homo sapiens es un producto, es una especie disfuncional, a la que se llegó después de adaptaciones genéticas producidas durante millones de años para producir una especie cazadora recolectora, como máximo aldeana; adaptaciones que cada vez estorban más en una sociedad organizada globalmente, mayormente urbana y claramente técnica y científica, que es incapaz de estabilizar las políticas económicas y cualquier forma de gobernación que esté por encima del nivel de una aldea. Eso dice Wilson.

La idea que traigo en la mente para proponer es la de que a la docencia y a la política tienen que ir los mejores. Que la retribución que deben recibir debe ser suficientemente alta como para que no tengan necesidad de corromperse o de salirse de la actividad.

¿Tendrán nuestros legisladores la valentía de afrontar con sinceridad el problema de la financiación de los partidos políticos y de la retribución de los que ocupan cargos públicos? ¿Tendrán la sensatez de plantearse el control estricto, como en el caso de una empresa privada, del uso de fondos y la asignación de estos de modo no clientelar o corrupto?

Además, en el caso de la política, deberían estar aquellos que han demostrado sus capacidades de gestión, sus conocimientos y que nadie va a poder corromperlos ya, por haber alcanzado reconocimiento social entre sus pares, por haber conseguido estabilidad económica, y tener experiencia vital por su madurez y por haber alcanzado tres cuartas partes de la esperanza promedio de vida.

Sí, estoy sugiriendo que a la política tienen que ir personas que tengan más de 50 años de edad. No es bueno para nuestras sociedades que individuos que lo único que han hecho durante años es ser coristas del “sí” en el partido, por suerte, nepotismo, artimañas, o por llegarles el turno, vayan escalando posiciones para después llegar a gestionar lo público, incapaces de haber gestionado lo privado por falta de capacidad, o por el débil esfuerzo que ponen en su profesión o en su trabajo en la empresa privada.

Es disfuncional que en los partidos no haya democracia interna y que se prime el seguidismo. Es disfuncional que los votantes no puedan elegir sus representantes de entre listas abiertas. Es disfuncional que los votos no valgan lo mismo en todas las circunscripciones y que minorías bloqueen o sean la clave para tomar decisiones (salvando la necesaria utilidad de la inclusión de las indicadas minorías, para que tengan la capacidad de hacer oír su voz y defender sus propios intereses). También es disfuncional que la solidaridad interterritorial no tenga más límites que la voluntad de los gobernantes, que la usan para generar voto cautivo, que es una trampa, un populismo, una compra, para llegar al poder, y que produce injusticias que descohesionan la población y los territorios. Se nos puede llenar la boca de pronunciar la sacrosanta palabra de la “unidad” de España, pero se hace poco para mantenerla.

Es perentorio que hagamos algo, que cambiemos las cosas presentes, que no tengamos miedo de tomar decisiones, pues si no lo hacemos perderemos la oportunidad de hacer de nuestro planeta, de nuestra querida España, de nuestra queridas Comunidades Autónomas, en nuestro caso Comunitat Valenciana, un lugar en donde vivamos con necesidades cubiertas y podamos desarrollar nuestras capacidades en beneficio de la “res pública”; y de cuidar del entorno en el que vivimos con la intención de legarlo a nuestros descendientes en condiciones adecuadas, para que ellos, a su vez, también puedan vivir una vida plena.

¿Haréis algo, formularéis propuestas? Si no lo hacéis, no obstante, yo no me cansaré de denunciarlo.

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Dejémosle repirar

Dejémosle respirar

20180624

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

 

Quizás os pase a vosotros también y no sé si se merece que sufra por él, pero sí, estoy sufriendo por Pedro Sánchez.

Inmediatamente después de que ganara la moción de censura, la cual un catedrático de Derecho Constitucional etiquetó como “conmoción de censura” (porque eso, una conmoción, es lo que han tenido tanto el Partido Popular como Ciudadanos) en un excelente artículo en el que se aclaraba la legitimidad y, por supuesto, la legalidad del acceso al gobierno de Pedro Sánchez, muchos se pusieron en su contra, incluyendo la opinión de algunos que en las redes sociales hablaban de un escrito de un periodista famoso por su posición política diestra que renegaban y lo hacen todavía de dicha legitimidad.

Ciertamente a todos les ha pillado con el pie cambiado. Sánchez ha hecho una jugada política maestra.

Y sí, nada más se vio su éxito, ya estaban las redes sociales y los medios de comunicación echando pestes, humo y criticando lo que suponían haría, tanto el presidente Sánchez como su equipo de gobierno: “estos se dedican a gastar”; “éstos no creen en la unidad de España”; llamando a Torra para dialogar, dicen que “ya está pagando el apoyo de los independentistas”; “¿dónde están ahora los pensionistas?, ya no se quejan de que no llegan a final de mes, ni salen en los medios”; “éste gastará, como siempre, lo que no hay…le dejen o no lo hará y gastará, porque el gasto son votos”; “sería una novedad que no acrecentara el problema catalán”; “los socialistas necesitan una fábrica de moneda detrás”.

Y ¿qué pensar de que los presupuestos para 2018 cuya aprobación consiguió el Partido Popular, ahora se anuncie que van a ser enmendados en el Senado (para sancionar “traiciones”) por el propio Partido Popular? ¿es esto serio? Son unos presupuestos aceptados por la Unión Europea que el PSOE se ha comprometido a ejecutar. Y vemos a muchos burlándose de que el PSOE vaya a defender dichos presupuestos ahora.

Dejadle respirar he contestado yo cuando he podido, de modo que tengamos paciencia y démosle un respiro de, al menos, tres meses.

Ojalá el egoísmo propio del líder de Ciudadanos no le impida esperar, porque ese partido político es el que más tiene que perder o ganar con la espera o no, y es el que, probablemente, inicie la estrategia del ataque político. Alguien me ha dicho: espera a este fin de semana y verás. Esto lo escribo el miércoles, veremos el domingo (hoy) qué novedades hay.

¿Pero es eso lo que nos merecemos los ciudadanos de España, que sean los intereses egoístas de los líderes políticos o de los partidos políticos, pensando en las inmediatas o próximas elecciones, los que primen?

Un amigo me reconocía que yo llevaba razón cuando digo que el egoísmo impedirá la espera: “no se va a esperar” y me añadió “la única solución que tenemos es que aprendamos a gobernar en coalición” porque España será ingobernable y tras la ingobernabilidad viene el caos. Efectivamente tiene razón mi amigo cuando me asegura que no hay posibilidad de gobernar España sin coaliciones serias, porque no se puede gobernar a medio y largo plazo con apoyos puntuales. Un gobierno en minoría que sólo pueda contar con algún apoyo puntual no va a ser un gobierno para beneficio de los ciudadanos, va a ser un gobierno que se preocupará de sus propios intereses como partido y como líderes que quieren asegurar su continuidad en el cargo y posición.

Por otra parte, aunque la totalidad de los miembros del actual gobierno de España tiene formación académica y la mayoría son mujeres, lo que le da un plus, estos hechos no aseguran nada.  Lo mismo que su juventud tampoco, más bien al contrario. Porque, lo cierto es que, experiencia, que significa años, cuantos más mejor, cosa que no tienen, en lo poco, la tienen en la función pública, en gestionar lo que no es propio; y eso no es bueno, pues no podemos olvidar el dicho de “que lo que es de todos, no es de nadie”; y si no, que se lo digan a Urdangarín y a su socio Torres que, en lugar de tratar de vender “humo” a los empresarios, lo vendió a los políticos que gestionaban la “cosa” pública, y éstos, como el dinero no era propio, pues, se dejaron fácilmente convencer y se pasaron por alto normas de contratación de la legislación vigente, porque les “molaba” mucho tener a un chico guapo, yerno del rey, que distribuía humo, en actos públicos que salían en la tele y que les daban fama.

Vergüenza, señores vergüenza. Cosa que no han tenido muchos, en el caso Noos o en la Gürtel o en la… y todo porque gestionan lo que no siendo propio es de todos y, no lo han respetado.

Aunque he iniciado con “dejémosle respirar” ya he manifestado mi disgusto con el hecho de que casi todos los miembros del gobierno sean funcionarios y de que ninguno tenga años suficientes.

Pero una cosa es cierta, Huerta ha dimitido. Cosa que le honra a él y a Sánchez, pues es una práctica extraña por estos lares españoles.

Así que dejemos a Sánchez que respire un tiempo y a ver si se rodea de gente con experiencia y buena voluntad, se dedica de verdad a dialogar y consigue un acuerdo de legislatura, aunque su gobierno esté en minoría y sea monocolor. Todo sea para beneficio nuestro, como ciudadanos, como españoles.

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La urraca ladrona

La urraca ladrona

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

20180527

 

Publicado en el Periódico Mediterráneo del 27 de mayo de 2018

Aunque la filosofía en general o la jurídica en particular, así como la filosofía política, es lo que me encanta, hoy voy a cambiar de timbre, y voy a hacerles partícipes de la expresión de mis preocupaciones que actualmente se centran sobre un asunto que pilla muy de cerca a todos los castellonenses, especialmente de la capital y todavía más del Grau de Castelló.

A la urraca común (pica pica melanotos, subespecie de España), en el alto Aragón se la denomina garza, en italiano gazza, de ahí “La gazza ladra” o urraca ladrona, ópera de Rossini, partes de la cual oí desde muy pequeño en los conciertos de la Banda Municipal de Castelló, en la que durante muchos años fue oboe solista mi querido padre; de modo que, para mí, las urracas siempre han tenido la connotación de animales que se aprovechan de otros, roban y esconden cosas.

En efecto, en valenciano a la urraca se la llama “blanca” o “garsa”, de ahí los dichos “pareixes una blanca que tot ho amagues” o “donar garsa per perdiu”, o respecto a lo parlanchinas que son con su matraqueo áspero o canto desgarrado y desagradable “xarrar com una blanca”.

Parece que esta ave es una de las más inteligentes, astutas y con gran poder de comunicación entre ellas. Son omnívoras, es decir comen de todo, se aprovechan de todo, y últimamente parece que, en el Grau de Castelló, especialmente en el Pinar y en la zona del campo de golf, se están saciando de ardillas, de tórtolas y de otras aves y animales, los cuales ves agujereados sus cuerpos y comidas sus entrañas. Veo nidos destruidos y huevos comidos. Probablemente, muchos de ustedes pasearán por el Pinar del Grau, o correrán por sus alrededores, o jugarán con sus hijos allí, o jugarán al golf en el campo y se hayan dado cuenta del problema.

Sí, algunas personas preocupadas, me han hablado del tema. Yo no soy ni especialista, ni siquiera aprendiz, pero si eso está pasando, y lo veo con mis propios ojos, pues la urraca es un animal que en el último lustro se ha hecho abundantísimo en la zona, no comprendo cómo no he visto noticias o iniciativas en cuanto al asunto, de los especialistas.

Puede que yo esté equivocado en mi apreciación, pero hay grupos ecologistas en Castellón (Ecologistas en acción, Gecen etc.),  y existen también especialistas, técnicos y funcionarios, en medio ambiente, que parece que se dedican más a hablar de urbanismo y a poner dificultades a proyectos, lo que les da la mayor visibilidad en los medios de comunicación, que a la investigación científica y cuidado del equilibrio medioambiental, haciendo los estudios pertinentes, así como sugiriendo y llevando a cabo, ellos mismos, iniciativas que eviten los desequilibrios que se van produciendo con el devenir del tiempo y la vida, cualquiera que sea la causa. Pero lo dicho, poner trampas, construir nidos, suministrar alimento, para unos u otros, o intentar la introducción del azor, su peor enemigo y predador, que cada día es más escaso, no es una cosa que estén preparando. O sí. Aunque si, en efecto, se están llevando a cabo iniciativas científicas al respecto, los que estamos preocupados agradeceríamos información medioambiental y científica en los medios de comunicación, proporcionada por dichos especialistas, en lugar de entrar en el debate político que es lo que mejor se les da.

De modo que explícitamente estoy pidiendo de las autoridades y especialistas en la materia y de las organizaciones medioambientalistas no gubernamentales, que den información sobre lo que está pasando y sobre lo que van a hacer, y por qué lo van a hacer de la manera que indiquen, y no de otra manera. Queremos saber la razón de ciencia, el por qué de las cosas. Nos tranquilizaría mucho, porque si fuera cierto lo que se dice de las urracas en algún país europeo, que traen mala suerte o anuncian una muerte próxima, estamos de “mala pata”, ya que aquí abundan cada vez más.

Y es el caso que, la actividad política de los grupos ambientalistas que no cuidan del exceso de “urracas ladronas”, parece que tenga un paralelismo con la de los partidos políticos que, tampoco hasta ahora, han podido cuidar del exceso de “ladrones” que se aprovechan de su posición y de las arcas públicas. No digo nada de los funcionarios ni científicos medioambientales, porque espero que sean ellos los que lo digan.

Nos estamos quedando sin especies tales como gorriones, (els nostres “vileros”); tórtolas, (les nostres “tórtores”); palomas, (els nostres coloms); abubillas (Upupa epop), (les nostres putputs); y ardillas, (els nostres esquirols); a todas las cuales vemos, con nuestros propios ojos ser atacadas por las urracas.

Y nos preguntamos ¿dónde están los ecologistas? ¿dónde están los especialistas y científicos? ¿dónde están los funcionarios estatales y autonómicos, en su caso, competentes en la materia? Y ¿dónde está, si acaso hubiera la comisión de algún delito, el SEPRONA?

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Vergüenza ajena por el comportamiento político

Vergüenza ajena por el comportamiento político

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

20180513

Publicado en el Periódico Mediterraneo de 13.05.2018

 

Sí, tengo vergüenza ajena. Es la vergüenza que siento por todo lo que han hecho los ubicuos corruptos de los partidos políticos; por no haber sido capaces de hablar, al menos, si no negociar, los políticos independentistas catalanes y los miembros del gobierno de España; por las declaraciones de los representantes de los partidos que me hacen sonrojar respecto de lo que les atañe y que no pueden esconder o disimular por más tiempo a causa de las sentencias firmes y de los juicios que se están celebrando; estoy apurado por el daño que están haciendo, todos ellos y algunos más, a la imagen del proyecto común que se llama España, y a los proyectos que ésta incluye, que se pueden llamar comunidades autónomas, partidos políticos y sociedad o ciudadanía.

De la vergüenza ajena se dice que es un concepto muy corriente en la lengua castellana: es lo que se siente cuando vemos que alguien hace algo mal y no podemos evitar que lo haga; y sentimos dentro de nosotros lo que creemos que sentiría la persona que lo hace, si se pudiera ver a sí misma. En realidad, dicen los neurocientíficos que la vergüenza ajena es una de las formas dolorosas de empatía.

Parece que estamos derrotando el camino evolutivo en el que los animales de ambiente terrestre fueron dominados por especies con los sistemas sociales más complejos, especies que han aparecido rara vez en la evolución. La eusocialidad se ha dado en poquísimas ocasiones, en algunos insectos y en los homininos de los que somos la especie reina.

Si, como dice E.O. Wilson la selección natural es multinivel, es decir actúa sobre los genes que prescriben objetivos a más de un nivel de organización biológica, como la célula y el organismo, o el organismo y la colonia, deberemos tenerlo presente para actuar como comunidad (como organismo social) contra los elementos cancerosos que nos dañan.

Los tramposos están ganando en el seno de nuestra colonia social porque ganan una fracción mayor de los recursos, evitan cumplir las normas gravosas que nos hemos impuesto por medio de las leyes o claramente las quebrantan. Si el número de tramposos es elevado, como colonia (como sociedad en la que abundan los tramposos) perderemos ante las colonias de cooperadores. En efecto no alcanzaremos los niveles de riqueza, organización y bienestar de otras sociedades en donde los tramposos no abundan.

Los rasgos objetivos sobre los que se actúa por selección entre grupos son la comunicación, la división del trabajo, la dominancia y la cooperación en la realización de tareas comunales (mediante el honrado pago de impuestos, cumplimiento de normas y evitación de llevar a cabo engaños o trampas).

La selección individual frente a la selección de grupo produce una mezcla de altruismo y de egoísmo, de virtud y de pecado, entre los miembros de una sociedad.

Los que se creen listos (sean personas, partidos, empresas u otro tipo de organizaciones) pensando que haciendo trampas salen ganando derrotan al grupo (la nación, el país, el partido político o la empresa) y el propósito unificador del mismo que sirve a la mayoría. Y este grupo de tramposos, el nuestro, no puede competir con éxito con otros grupos más altruistas y honestos.

Por el camino que vamos, me hace dudar de nuestra capacidad de tener éxito como nación en comparación con otras, aunque los políticos de turno digan que somos “un gran país, una gran nación” (al presidente del Gobierno de España se le llena la boca de decirlo en muchas ocasiones). Si fuera cierto lo que me enseñaron (o adoctrinaron, dirían ahora) en mi juventud, que “España es una unidad de destino en lo universal”, el destino al que nos llevan los políticos de turno de los últimos tiempos es al abismo.

¿Estaré deprimido o sólo será a causa de la vergüenza ajena? Pero aquellos, de los que siento (o sentimos) la vergüenza, no se dan por aludidos.

Es necesaria una regeneración moral. Es necesario un recambio de líderes e, incluso, de partidos. Sí, por qué no decirlo: como en Francia u otros países.

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La carrera a la civilización y la acción política

La carrera a la civilización y la acción política

20180429

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Publicado en el Periódico Mediterráneo del 29.04.2018

 

Las explicaciones de Edward O. Wilson en su “Conquista social de la tierra” nos han servido para afianzar nuestro conocimiento y dar, prácticamente, por hecho probado que la civilización que hemos alcanzado se debe a que las sociedades humanas se han ido haciendo más y más complejas. Se inició con cuadrillas de cazadores-recolectores y/o aldeas agrícolas, en las que se actúa de una manera generalmente igualitaria, en las que el liderazgo se concede a los individuos sobre la base la inteligencia y el valor; y cuando envejecen y mueren se transmite a otros, ya sean parientes próximos o no, pero en las cuales las decisiones importantes se toman durante fiestas comunales. Al menos eso es lo que ocurre con la práctica social de las pocas cuadrillas de cazadores-recolectores que sobreviven dispersas por regiones remotas, principalmente de Sudamérica, África y Australia y que son, probablemente, las más próximas en organización a las que existieron a lo largo de miles de años antes de la era Neolítica.

El siguiente grado de complejidad se da en los cacicazgos o sociedades jerárquicas, en las que un estrato élite, ante la debilidad o muerte, es sustituido por miembros de la familia o por los de rango hereditario equivalente. Esta era la forma dominante de las sociedades en todo el mundo al principio de la historia registrada: jefes, “grandes hombres”, que gobiernan por el prestigio, la generosidad, el respaldo de miembros de la élite situada debajo de ellos y también por el justo castigo de los que se oponen a ellos. Viven a expensas del excedente acumulado por la tribu, que usan para estrechar el control de la tribu, para regular el comercio y para emprender la guerra con los vecinos. Pero los jefes sólo ejercen autoridad sobre los individuos que se hallan en su entorno inmediato o en las aldeas cercanas, con los que interactúan a menudo según necesitan. Eso en la práctica significa súbditos que se pueden alcanzar en menos de un día de marcha, pero no a lo largo y ancho de grandes territorios.

La fase final en la evolución cultural de las sociedades es la de los “estados” que poseen una autoridad centralizada, en los que los gobernantes ejercen su autoridad en la capital y en su entorno pero también sobre aldeas, provincias y otros territorios subordinados lejanos para los que, por la amplitud del campo de acción, el orden social y el sistema de comunicaciones que se posee es necesario nombrar y delegar el poder local en virreyes, príncipes, gobernadores, delegados y otros jefes que lo son, pero de segunda categoría. Entramos en la “jerarquía”, en el control jerárquico. Y ello nos lleva a su “descomponibilidad”, porque un sistema verdadero es “descomponible” en subsistemas. El principio de Herbert A. Simon (brillante matemático teórico) por el que se afirma que las jerarquías tienen la propiedad de la cuasi descomponibilidad, lo que simplifica mucho su comportamiento, así como la descripción del sistema de modo que permite comprender con más facilidad cómo la información necesaria para el desarrollo o la reproducción del sistema alcanza a los que la precisan. Traducido a la evolución cultural significa que no se puede esperar el éxito, si los obreros de una cadena de montaje votan en las reuniones de los ejecutivos o si los reclutas son los que planean las campañas militares.

Confío haberlo explicado entendiblemente. Pero ¿por qué traigo todo esto a colación? Por la forma de organizarse los partidos políticos.

Piense el lector en las ideologías o en las iniciativas que finalmente se transforman en partidos políticos. Los pasos citados se dan en el mismo orden que lo que se ha establecido para las sociedades humanas: por ejemplo, los indignados o el movimiento 15 M, los círculos en los que se organizaron, y también por barrios. Cuando, posteriormente, fue muy difícil integrar un partido, pues había “corrientes”, “mareas”, “confluencias” y no sé cuántas cosas más; bajo una marca se arremolinó un conglomerado de personas con su propia idiosincrasia si no ideología; a pesar de sus posibles buenas intenciones les es difícil evitar los muchos arribistas que han intentado y algunos conseguido vivir del “pesebre” político.

Para intentar evitarlo ahí estuvieron los cacicazgos, más o menos visibles, de algunos “grandes hombres/mujeres” (militar, juez, profesores universitarios) que todavía perduran, jerarquizados o más o menos asamblearios. Y el paso siguiente que en algunos lugares se ha dado y en otros todavía está gestándose.

Hablemos, pues, de ese paso. Por ejemplo, en los presidentes de los partidos o en los secretarios generales de los mismos, la estructura jerarquizada, los “barones” territoriales y el vivir a “expensas” del “excedente” acumulado (la financiación irregular delictiva a los partidos de algunas empresas, las ayudas de gobiernos extranjeros mejor o peor disimuladas, los préstamos perdonados por algunas entidades financieras a las que “a lo peor” se las ha rescatado).

Hagamos una comparación con la jerarquía partidista que controla a todos los afiliados, porque “el que se mueve no sale en la foto”, no se le incluye en las listas electorales; postulantes que quieren vivir de la política, mintiendo con su vocación de servicio público, si no con su currículo (como recientemente se ha visto), todos engrandeciéndose, queriendo ser lo que no son, tener la formación y la experiencia que no tienen: ¡cómo van a servir a la res pública con su falta de experiencia o su falta de formación! ¡cómo van a administrar lo público, con la responsabilidad que conlleva por los efectos sobre la ciudadanía y por los importes tan enormes de dinero que administran, cuando no han administrado lo privado, lo propio, lo suyo, porque no han sido capaces de generarlo!

La única esperanza que queda es que, como los descubrimientos científicos prueban y nos informa Wilson, no hay diferencias genéticas estadísticas entre poblaciones enteras que afecten a la amígdala y a otros centros del circuito de control de la respuesta emocional. Tampoco se conoce ningún cambio genético que prescriba diferencias promedio entre poblaciones, en el procesamiento cognitivo profundo del lenguaje y del razonamiento matemático. El promedio entre poblaciones de estos rasgos de personalidad resulta enormemente superado por su variación en el seno de cada población. Así que cada grupo, cada nación, cada estado, es más diferente entre sí mismo que lo es en comparación con el otro grupo de la misma categoría. Se supera el “nacionalismo” divisivo por orgullo de raza o genético.

Lo único que queda claro es que la personalidad de los humanos puede dividirse, casi únicamente, en extroversión frente a la introversión, antagonismo frente a afabilidad, escrupulosidad, carácter neurótico y disposición abierta a la experiencia.  Y se ha probado que en estos aspectos la heredabilidad es sustancial y se sitúa entre 1/3 y 2/3.  Entonces ¿es que tiene que haber pueblos, naciones o estados de un tipo o de otro, mayormente? Pues no, más bien, eso son estereotipos, pues, también el grado de variación en los valores de personalidad indicados, según un estudio realizado por un equipo de ochenta y siete investigadores y publicado en 2005, es similar en las cuarenta y nueve culturas evaluadas.

En una palabra, somos todos muy iguales. Nuestros conflictos internos, nuestro egoísmo a nivel individual, y nuestra bondad, generosidad y altruismo a nivel del grupo, nos hacen más o menos exitosos. El conflicto individual bien manejado y el conflicto entre grupos bien gestionado hace que unos ganen y otros pierdan en esa carrera a conseguir la civilización más adelantada y próspera. El problema es que, en esa carrera, en la política no están los mejores, y eso nos daña individualmente y como grupo, como nación y como estado.

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Redes sociales, políticos y uso de emociones

REDES SOCIALES, POLÍTICOS Y USO DE EMOCIONES

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

20180318

Publicado en el Periódico Mediterráneo el 18.03.2018

La mayor parte de la gente hoy tiene acceso a las redes sociales, especialmente los más jóvenes. Me supongo que el que me lee tiene abierto algún perfil en alguna de las redes sociales más extendidas y, o bien porque lo solicita uno mismo, o porque se lo solicitan, uno se hace “amigo” de algún político. Pero no os equivoquéis, ni él es vuestro amigo, ni vosotros lo sois de él.

Los perfiles de los políticos de los partidos mayoritarios presentan pocas ideas, algunos dicen alguna cosa, pegan algún link o vínculo, fotos de actos de partido o de instituciones de las que forman parte, hacen referencia a elementos culturales (libros, cine, ciencia), y dan noticia de decisiones que han adoptado ellos, en el caso de tener algún cargo, u otros que lo tienen de su propio partido; pero la mayoría sólo tratan de hacer “amigos”, los cuales no les sirven de nada puesto que no les dicen absolutamente nada. Por supuesto para el amigo tampoco le sirve de nada, salvo el autoengaño de considerar que un político es su amigo.

¿Por qué presentan los políticos pocas ideas en sus perfiles y muros, pocos debates y nunca informan de su propio punto de vista sobre asuntos controvertidos? Bueno, ya sabéis que “por la boca muere el pez” y tienen miedo de que no expresándose de forma absolutamente exacta se malinterpreten sus palabras y sus electores en potencia puedan quedar desengañados y no les voten ni a ellos ni a sus partidos a quienes se deben (así me lo han reconocido algunos de ellos), o temen la famosa advertencia amenaza de que “el que se mueve no sale en la foto” de las próximas listas electorales o listas de asesores en instituciones de donde sacar “pesebre”.

Además, es que, sometidos al escrutinio público, las palabras de los políticos siempre son imperfectas (lo sean o no intrínsecamente, como las de cualquiera otra persona) y siempre serán criticadas por unos o por otros. Ese es el caso, ocurrido a pocos, cuando aparecen mensajes que parecen personales, escritos por ellos mismos, pegados al muro, que quedan a la vista de todos, como públicos, y poco después, arrepentidos del error de haberlos colgado, se hacen desaparecer, o se tienen que retractar.

Así que la única utilidad de las redes sociales para el político de a pie de un partido mayoritario, es poder decir que tiene “tantos” miles de “amigos” a los que les llegará un mensaje si algún día el partido les indica que hay que emitirlo.

Por otra parte, en realidad, más que estar en contacto con un político, los que sois sus “amigos” estáis conectados a un falso avatar gestionado, en la mayor parte de los casos, por un gestor de redes sociales, de las que el político se ha desentendido.

Evidentemente, lo dicho no es cierto del caso de los políticos de los partidos minoritarios que, en un exceso de darse a conocer, de dar a conocer cómo son y piensan (porque tienen mucha más ideología para alimentar a las minorías más fundamentalistas, y porque tienen menos que perder) abanderan ideas una y otra vez, repetitivas hasta la saciedad o plantean críticas (incluso con razón) que les pueden hacer ganar puntos ante la opinión pública.

Otra cosa que me hace gracia es ver cómo, en lugar de hacerlo del modo tradicional, presencialmente, en entrevista, en rueda de prensa o en nota de prensa, ahora las redes sociales se han convertido en la plataforma para que en 280 dígitos se hagan manifestaciones de dolor, de apoyo, de rechazo, o declaraciones de intenciones. A veces palabras que suenan muy bien, otras altisonantes.

¿Ha mejorado el uso exagerado que se hace de las redes sociales la percepción que los ciudadanos tenemos de nuestros políticos? Lo dudo.

Desastres naturales, actos ignominiosos y delictivos son el mar en el que se puede “chupar” cámara, tener visibilidad, estar en el candelero, aprovecharse de las emociones, de los sentimientos. Todos pescan en ese río o mar grande, revuelto: los políticos nacionales, los de la comunidad autónoma, los de las administraciones locales, los cuerpos de seguridad, las ONGs participantes, las organizaciones religiosas (por no decir la Iglesia). Las banderas a media asta. Las declaraciones de luto oficial. Los agradecimientos a los cuerpos de seguridad que “hacen su trabajo”. Los equipos de psicólogos, las organizaciones de apoyo. Todos participan. Los medios lo engrandecen, lo magnifican: toda España derramando o tragando lágrimas. Y los que quieren pescar, quieren estar presentes.

Señores: están abusando de nosotros. Y todo, por la visibilidad.

Es vergonzoso, es una falta de respeto.

 

 

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Los partidos abusan de la televisión

Los partidos abusan de la televisión

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

Publicado en el Periódico Mediterráneo el 28.01.2018

 

Con deseo constructivo y didáctico, aunque sólo sea por mi edad, os ruego que atendáis mis pensamientos, especialmente a los políticos, y a todos que os toméis a bien mis quejas, pues aunque hace tiempo que no se ven tantas manifestaciones promovidas por los sindicatos (están un poco “missing”) contra los recortes en gastos sociales como sanidad o educación, o contra…, lo que sea, porque si baja el paro es por contratación de baja calidad y si sube es porque el gobierno no está haciendo lo necesario…, ciertamente hemos quedado saturados con todo lo que ha pasado y está pasando en Madrid y en Catalunya, especialmente.

Afirmaciones en comparecencias de los partidos todos compitiendo por ‘chupar’ cámara, por saturarnos de mensajes que suponen creeremos porque llevan implícitas seriedad y convicción (bien ensayadas) en los actos de lectura de comunicados en las sedes de partidos, a los que asisten cuatro “gatos”, noveles; actos que se desautorizan si acaso en las imágenes aparecen los pocos asistentes, pero que se llevan a cabo para salir en la tele. Obviamente el mensaje tendrá más o menos fuerza dependiendo de la edición, el tiempo que dure y de escoger adecuadamente el primer plano del corte.

Así que lucha y lucha por nuestra atención, por poner los mensajes y algunas ideas en competencia o, mejor, en competición.

Yo estoy saturado de siempre escuchar de cada uno lo mismo. Me gustaría escuchar cosas como las que escucho de Alemania, que se ponen de acuerdo, que hay una mayoría que coincide en lo que es bueno para el país, para su estabilidad, para su economía.

Aquí en España no. Aquí, todos en competencia, porque cada uno es más “sabio” que el otro, cuando, en realidad, la mayoría de los intérpretes del sainete político no han hecho otra cosa en su vida que corear y apoyar a quien tenía la posibilidad de ponerlo en un buen lugar en la lista de candidatos; pocos, si acaso ninguno, han tenido experiencias laborales o empresariales y han mostrado su éxito en la gestión de su economía personal (salvo el intentar vivir de la política).

El ciudadano común está saturado. Se desacreditan los políticos y partidos que pontifican en las manifestaciones y en congresos (que llenan con partidarios de toda España), así como en seminarios semanales en diversas capitales, para repetir la “chuleta” de cabecera, en unos platós debidamente estudiados para mejorar la imagen, dando frescura, juventud, afirmaciones que intentan que transmitan convicción y seguridad.

Ignoran, no, sino pasan por alto, que no estamos en campaña. Aunque, quizás me equivoco al decirlo, pues parece que están en campaña continua. Pero olvidan que lo que esperamos como ciudadanos comunes y del montón es que ahora toca gobernar, decidir, legislar, debatir, razonar, hacer propuestas, cambiar y mejorar propuestas, en fin, ponerse de acuerdo. Pero parece que les es más de provecho tenernos en vilo, en campaña permanente.

Y digo y afirmo, que ya está bien de manifestaciones procesionales, congresuales, asamblearias o en seminarios. Parecen organizaciones religiosas tratando de salir de sus lugares de culto para que se note que no son minoritarias, porque, de hecho, lo son; tanto sindicatos como partidos políticos son asombrosamente minoritarios y no representan a la sociedad más que en la medida y a causa de la legitimidad que les dan los votos; y los primeros no tienen ninguno.

Dejemos pues que sean los votos los que permitan lo que tengamos que oír. Y los votos se oyen en los dos templos de la democracia, en España eso se hace en el Congreso y en el Senado. El Gobierno llevando la iniciativa en gobernar, la oposición tratando de mejorar las decisiones del mismo, con su control, para el bien de los ciudadanos. Ahí es donde hay que hablar, debatir, hacer propuestas y contrapropuestas, críticas constructivas y aportaciones que mejoren ambas: de ahí sí que queremos noticias. Ahí, donde el plató es el mismo para todos los intervinientes, es donde se tiene que escenificar, ahí es desde donde se tienen que comunicar a la ciudadanía los mensajes y las noticias de la gestión política, buena o mala. Ahí es donde se tienen que dar RAZONES, no afirmaciones.

Por el contrario, que no se engañen, las noticias que de los sindicatos y partidos llegan de la calle, de sus sedes, o de cualquier otro lugar, fuera de los dos templos de la democracia, tienen la mínima credibilidad: la misma que la del pataleo, la algarada, la bocina y la pancarta. Alguien creerá que, apoyados por los asistentes al acto, los mensajes cobran credibilidad y proyectan convicción; piensan, probablemente, que un estrado de jóvenes especialmente guapos (sobre todo de bellezas escogidas) que corea con una sonrisa las ocurrencias o el ‘mensaje fuerza’ del discursante, en auditorios coloridos, o en azul, o rojo, o más rojo todavía; con rosas o palomas, o manos, o puños, es más creíble. No. Además, pienso que esos símbolos hay que guardarlos para las capillas privadas.

Al ciudadano hay que respetarlo. Lo que está pasando es abusivo o, al menos, así me lo parece a mí. Aunque la responsabilidad es compartida con los medios que lo permiten o son cómplices de hacerlo más abusivo (estarán haciendo méritos para no los echen al “paro de no tener publicidad”).

No quiero adoctrinamiento ni de palabra ni de imagen; quiero información y pido que se me den explicaciones de las razones para las decisiones políticas y económicas que se toman: y eso lo pido del partido en el gobierno y del propio gobierno. No me gusta escuchar trifulcas ni, repito, adoctrinamiento político (y se quejan del adoctrinamiento que se pueda dar en las aulas).

De los otros, de la oposición, rechazo también lo mismo y pido información, ciencia, razones y NO afirmaciones. Todo ello dicho en los templos que, como ciudadanos, y respecto de la “polis”, más deberíamos respetar, los de las Cortes: Congreso de los Diputados y Senado.

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