Los partidos abusan de la televisión

Los partidos abusan de la televisión

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

Publicado en el Periódico Mediterráneo el 28.01.2018

 

Con deseo constructivo y didáctico, aunque sólo sea por mi edad, os ruego que atendáis mis pensamientos, especialmente a los políticos, y a todos que os toméis a bien mis quejas, pues aunque hace tiempo que no se ven tantas manifestaciones promovidas por los sindicatos (están un poco “missing”) contra los recortes en gastos sociales como sanidad o educación, o contra…, lo que sea, porque si baja el paro es por contratación de baja calidad y si sube es porque el gobierno no está haciendo lo necesario…, ciertamente hemos quedado saturados con todo lo que ha pasado y está pasando en Madrid y en Catalunya, especialmente.

Afirmaciones en comparecencias de los partidos todos compitiendo por ‘chupar’ cámara, por saturarnos de mensajes que suponen creeremos porque llevan implícitas seriedad y convicción (bien ensayadas) en los actos de lectura de comunicados en las sedes de partidos, a los que asisten cuatro “gatos”, noveles; actos que se desautorizan si acaso en las imágenes aparecen los pocos asistentes, pero que se llevan a cabo para salir en la tele. Obviamente el mensaje tendrá más o menos fuerza dependiendo de la edición, el tiempo que dure y de escoger adecuadamente el primer plano del corte.

Así que lucha y lucha por nuestra atención, por poner los mensajes y algunas ideas en competencia o, mejor, en competición.

Yo estoy saturado de siempre escuchar de cada uno lo mismo. Me gustaría escuchar cosas como las que escucho de Alemania, que se ponen de acuerdo, que hay una mayoría que coincide en lo que es bueno para el país, para su estabilidad, para su economía.

Aquí en España no. Aquí, todos en competencia, porque cada uno es más “sabio” que el otro, cuando, en realidad, la mayoría de los intérpretes del sainete político no han hecho otra cosa en su vida que corear y apoyar a quien tenía la posibilidad de ponerlo en un buen lugar en la lista de candidatos; pocos, si acaso ninguno, han tenido experiencias laborales o empresariales y han mostrado su éxito en la gestión de su economía personal (salvo el intentar vivir de la política).

El ciudadano común está saturado. Se desacreditan los políticos y partidos que pontifican en las manifestaciones y en congresos (que llenan con partidarios de toda España), así como en seminarios semanales en diversas capitales, para repetir la “chuleta” de cabecera, en unos platós debidamente estudiados para mejorar la imagen, dando frescura, juventud, afirmaciones que intentan que transmitan convicción y seguridad.

Ignoran, no, sino pasan por alto, que no estamos en campaña. Aunque, quizás me equivoco al decirlo, pues parece que están en campaña continua. Pero olvidan que lo que esperamos como ciudadanos comunes y del montón es que ahora toca gobernar, decidir, legislar, debatir, razonar, hacer propuestas, cambiar y mejorar propuestas, en fin, ponerse de acuerdo. Pero parece que les es más de provecho tenernos en vilo, en campaña permanente.

Y digo y afirmo, que ya está bien de manifestaciones procesionales, congresuales, asamblearias o en seminarios. Parecen organizaciones religiosas tratando de salir de sus lugares de culto para que se note que no son minoritarias, porque, de hecho, lo son; tanto sindicatos como partidos políticos son asombrosamente minoritarios y no representan a la sociedad más que en la medida y a causa de la legitimidad que les dan los votos; y los primeros no tienen ninguno.

Dejemos pues que sean los votos los que permitan lo que tengamos que oír. Y los votos se oyen en los dos templos de la democracia, en España eso se hace en el Congreso y en el Senado. El Gobierno llevando la iniciativa en gobernar, la oposición tratando de mejorar las decisiones del mismo, con su control, para el bien de los ciudadanos. Ahí es donde hay que hablar, debatir, hacer propuestas y contrapropuestas, críticas constructivas y aportaciones que mejoren ambas: de ahí sí que queremos noticias. Ahí, donde el plató es el mismo para todos los intervinientes, es donde se tiene que escenificar, ahí es desde donde se tienen que comunicar a la ciudadanía los mensajes y las noticias de la gestión política, buena o mala. Ahí es donde se tienen que dar RAZONES, no afirmaciones.

Por el contrario, que no se engañen, las noticias que de los sindicatos y partidos llegan de la calle, de sus sedes, o de cualquier otro lugar, fuera de los dos templos de la democracia, tienen la mínima credibilidad: la misma que la del pataleo, la algarada, la bocina y la pancarta. Alguien creerá que, apoyados por los asistentes al acto, los mensajes cobran credibilidad y proyectan convicción; piensan, probablemente, que un estrado de jóvenes especialmente guapos (sobre todo de bellezas escogidas) que corea con una sonrisa las ocurrencias o el ‘mensaje fuerza’ del discursante, en auditorios coloridos, o en azul, o rojo, o más rojo todavía; con rosas o palomas, o manos, o puños, es más creíble. No. Además, pienso que esos símbolos hay que guardarlos para las capillas privadas.

Al ciudadano hay que respetarlo. Lo que está pasando es abusivo o, al menos, así me lo parece a mí. Aunque la responsabilidad es compartida con los medios que lo permiten o son cómplices de hacerlo más abusivo (estarán haciendo méritos para no los echen al “paro de no tener publicidad”).

No quiero adoctrinamiento ni de palabra ni de imagen; quiero información y pido que se me den explicaciones de las razones para las decisiones políticas y económicas que se toman: y eso lo pido del partido en el gobierno y del propio gobierno. No me gusta escuchar trifulcas ni, repito, adoctrinamiento político (y se quejan del adoctrinamiento que se pueda dar en las aulas).

De los otros, de la oposición, rechazo también lo mismo y pido información, ciencia, razones y NO afirmaciones. Todo ello dicho en los templos que, como ciudadanos, y respecto de la “polis”, más deberíamos respetar, los de las Cortes: Congreso de los Diputados y Senado.

El “cuarto” poder que no lo es tanto

EL “CUARTO” PODER que no lo es tanto

20171015

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

 Publicado en el Periódico Mediterráneo del 15 de octubre de 2017

 

El título de este escrito, a pesar de las comillas, puede oscurecer el sentido que quiero comunicar. Lo que quiero decir no es que no tenga poder, sino que no es el cuarto, porque depende del “primero”. Por eso la denominación de “cuarto poder” para los medios de comunicación creo que está en entredicho. Esa es mi opinión y también mi preocupación.

 

Esta expresión para designar a los medios, en alusión a la influencia que tienen en la sociedad y la opinión pública, y en los gobiernos y sus representantes, colocándolos junto al (1º) poder ejecutivo, (2º) el poder legislativo y (3º) el poder judicial, se hizo popular cuando Thomas Carlyle atribuyó dicha expresión a Edmund Burke quien la pronunció en el debate de apertura de la Cámara de los Comunes del UK en 1787.

 

Lamentablemente, en estos tiempos, los medios no se limitan a dar información y a reflejar la opinión pública, sino que la crean por medio de proporcionar la casi totalidad de la información con la que se cuenta en cualquier momento, filtrándola, enfatizándola o, incluso, tergiversándola para dirigir esa opinión pública.

 

Es obvio que los derechos a la libertad de expresión, de información y de comunicación son fundamentales para una democracia. Se convierten en el contrapoder o el contrapeso que permite a los que no están en la carrera política (el ciudadano común) tomar verdadera conciencia de la situación y generar en ellos estado de opinión para cambiar la misma.

 

El problema viene cuando los medios son tributarios de alguien, porque no se sostienen económicamente por sí mismos y dependen de aquellos que les financian sus pérdidas o les compran sus espacios publicitarios.

 

Estoy escribiendo en un medio. Tengo un director del medio. ¿Acaso no podré hablar claro? Lo voy a intentar, porque no voy a hablar de este Periódico Mediterráneo que es muy nuestro y el que más lectores tiene en la provincia de Castellón.

 

Ciertamente habremos observado que, durante estos días de crisis catalana, si queríamos enterarnos desde varios puntos de vista, teníamos que leer varios diarios y ver varias cadenas de TV. La pública, a pesar de que se paga con el dinero de todos y, por lo tanto, no debería ser tributaria de ningún poder externo, resulta que era la voz de su amo, el gobierno del estado, dejando de dar importancia y no cubriendo eventos que sí la tenían, o dando opiniones como si fueran noticia, incluso comentarios de lo que iba a suceder, es decir futuribles. Esto cabe dentro de la opinión que formule una persona que se juega el crédito personal y profesional, pero no cabe dentro de un telediario que debe dar información. Así que teníamos que ir a la Sexta, la de sensibilidad absolutamente clara de izquierda y contra sistema. Teníamos que ponernos el filtro mental para llegar a nuestras propias conclusiones, pero, al menos teníamos la información de lo que estaba sucediendo.

 

Triste la situación de los medios que no pueden vivir de su propia actividad, triste la falta imparcialidad de algunos de los que hablan y escriben en ellos, y más triste todavía el que los medios públicos informen sesgados, filtrados y parciales, completa y absolutamente.

 

Triste también el lenguaje tan pobre de los periodistas, muletillas por doquier “como no podía ser de otra forma”, malos títulos, titulillos y encabezamientos en la prensa, que resumen lo contrario del contenido.

 

Es hora de que para evitar los problemas que he indicado, los ciudadanos nos pongamos al lado de los medios de comunicación, especialmente de los escritos sobre papel o digitalmente, nos hagamos suscriptores y paguemos por una información fidedigna, veraz, clara y escrita con calidad. Medios en los que también cabe la opinión, pero firmada por personas que se jueguen el tipo, es decir, su crédito profesional y personal. En los que no se debe consentir que la información se filtre, se exagere o se tergiverse para crear opinión. La opinión la deben dar los opinadores, no los informadores. Esa será la mejor labor que puedan hacer los directores y los jefes de redacción.

Por unos medios autosuficientes que de verdad puedan servir de contrapeso y descubrir y denunciar la basura de las redes digitales, la tergiversación, los fakes o las falsedades. Esos son los medios que se merecen ser sostenidos económicamente por nosotros, por el buen trabajo que hacen y porque sí pueden ser el CUARTO PODER

Exceso de visibilidad

EXCESO DE VISIBILIDAD

2017.08.20

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Publicado en el Periódico Mediterráneo de esta fecha 

Sin ánimo ni deseo de ser impertinente y, al revés, con el máximo respeto hacia las minorías que son usadas por los “caballeros andantes” que “chupan” cámara, que dirigen las ONGs o las asociaciones que los representan o lo políticos que los usan, me pregunto si, como yo, la mayor parte de la gente no está saciada de la visibilidad de toda una tropa de gente, circunstancias, emociones, dolores, reclamaciones, exigencias, justas o excesivas, que en los medios de comunicación y en las actividades, “de cara a la galería”, de los partidos políticos, aparecen constantemente.

Inmigrantes y demandantes de refugio político, violencia de género que se ejerce, especialmente contra mujeres a las que se maltrata, minutos de silencio o manifestaciones de condena, sufrientes pacientes de enfermedades raras, niños con uno u otro síndrome, mujeres musulmanas que orgullosa y voluntariamente desean manifestar su fe mediante el uso de prendas que para ellas son una manifestación exterior de la misma.

Todo ello “carnaza” que se tira en el mar del día a día, en el que los medios y los políticos pescan noticias; estrategias egoístas de mayores ventas para unos, o de que les permita estar más en el “candelero” a otros.

Todavía recuerdo lo peyorativo que significaba tildar a un medio de comunicación como que era parecido a “El Caso” (antiguo periódico especializado en la información sobre delitos y desastres o accidentes). Pero es que ahora cualquier Noticiario de televisión es un “Caso” corregido y aumentado, y casi tanto sucede con los medios impresos o escritos.

Las noticias positivas o proactivas no merecen suficiente atención, sólo es llamativo lo negativo o reactivo y los medios están sometidos a lo que creen que es la ley de conseguir el mayor “share” posible, la mayor difusión.

No sé si somos muchos los que, como yo, ya no se interesan tanto como antaño por los noticiarios y suelen dejar de verlos. Es verdad que la noticia inmediata llega por las redes sociales y ya no necesitas esperar a ver el telediario o a leer el periódico para estar informado. Pero lo cierto es que estos se regodean más y más en ello, en el morbo (perdón, la noticia). Y curiosamente, la mayor parte de la información gráfica y escrita que se da no representa a la mayoría de los ciudadanos, porque son caucásicos y no son ni magrebíes, ni negros, ni hispanoamericanos; porque no tienen enfermedades raras, ni son LGTBs; no tienen disforia de género, no tienen necesidad de cambio legal ni quirúrgico de sexo, ni tampoco son mujeres maltratadas, o miembros de alguna minoría. Pero ahí va la noticia, por el… no me atrevo a repetirlo, pero sí, por el morbo.

Las estrategias políticas se convierten en cuestión de hablar de justicia, de maniobrar para que no se pueda olvidar, o no se pueda perdonar o no tener vivamente presentes, las acciones de los asesinos terroristas. Se trata de continuar con la ley del talión o, al menos, de evitar el perdón, de mantener viva la herida, porque así se tienen armas, legítimas y justas armas, lógicas y morales, para continuar las propias estrategias.

Esto no es correcto ni moralmente justo.

Esas minorías, victimas, están siendo usadas para beneficio de los que desacreditan el oficio de “caballero andante” que desface entuertos y venga agravios que tan bien describió Cervantes. Y lo hizo bien, muy bien, porque Don Quijote no se aprovechaba de aquellos a quienes ayudaba.

Ya sé y lo reconozco que el problema propio, aunque sólo sea mío, de una sola persona, es lo más importante para uno. Por eso, respeto las acciones que el gobierno haga, no las manifestaciones verbales o posturales. Respeto lo que cualquiera haga para conseguir la solución del problema que cada uno tenga, para resolver los problemas vitales y facilitar las cosas a esas minorías a las que me he referido y a otras que he preterido. Pero son una minoría.

Por el contrario, la mayoría de los ciudadanos son personas caucásicas, nominalmente cristianos, culturalmente occidentales, con los problemas de cada día, del trabajo, de las relaciones personales, de amistad o familiares, de llegar a fin de mes y de cubrir las necesidades. Y son nacidos en España.

Esos son los que representan la mayoría y esos, tienen poca visibilidad. En resumen, sólo me quejo de la poca visibilidad de unos y del exceso de la de otros.

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. VII. El reparto del capital y las riquezas

 

VII.- El reparto del capital y las riquezas

04.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Recientemente se ha publicado en castellano el libro que estoy glosando en la sección desde “Mi punto de vista” todos los domingos del Diario LEVANTE EMV de Castellón, España. Pues bien, ahora que el libro El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty ya está en español y está al alcance de cualquier lector, será interesante volver sobre nuestros pasos y hacer una recapitulación de lo dicho en los artículos anteriores sobre las fuerzas de convergencia, divergencia y los conceptos que usamos, así como la primera y segunda leyes fundamentales del capitalismo. En el futuro resumiremos y aclararemos el problema del reparto mundial de los ingresos que es todavía más desigual que la producción, así como lo dicho sobre el crecimiento.

Comenzamos diciendo que Piketty considera, en cuanto a las fuerzas de convergencia y divergencia en economía, que la principal fuerza de CONVERGENCIA es el proceso de difusión de los conocimiento y de inversión en cualificación y formación, señalando que el juego de la oferta y la demanda, así como la movilidad del capital y del trabajo, pueden igualmente actuar de algún modo en este sentido. Se trata de un proceso de difusión de los conocimientos y de participar en el saber –público por excelencia-, y no de un mecanismo de mercado, por lo tanto es muy necesaria la inversión adecuada en la formación, porque de otro modo se puede impedir a grupos sociales enteros beneficiarse del crecimiento económico.

Por el contrario, la principal fuerza de DIVERGENCIA es la desigualdad fundamental entre los tipos de interés, o renta, percibidos por el capital, y el crecimiento económico. En notación matemática r > g, en donde r = tasa de rendimiento del capital y g = tasa de crecimiento de los ingresos y la producción. De ello se colige que de acuerdo con las estadísticas estudiadas que en la sociedades de crecimiento débil, los patrimonios que vienen del pasado toman, naturalmente, una importancia desproporcionada, pues necesidad de un débil flujo de ahorro nuevo para incrementarse continua y sustancialmente.

En su línea argumental Piketty pasa a explicar que el ingreso nacional = producción interior + ingresos netos recibidos del extranjero. El ingreso nacional está compuesto  de los ingresos del capital y de los ingresos del trabajo por lo tanto ingreso nacional = ingresos del capital + ingresos del trabajo.

Llegados aquí plantea la igualdad  patrimonio nacional = capital nacional en el sentido práctico, intercambiables, pues aunque el término capital se puede considerar que son las formas de patrimonio acumulado por el hombre (edificios, máquinas, equipos y otros) y el término patrimonio excluiría esos conceptos y quedaría para la tierra y los recursos naturales, los cuales la especie humana ha heredado sin haber tenido necesidad de acumularlos. Y define el patrimonio o capital nacional como el valor total estimado a precios de mercado de todo lo que poseen los residentes y el gobierno de un país dado en un momento concreto y que potencialmente puede ser intercambiado en el mercado.

Pues bien ese patrimonio nacional = capital nacional mirado desde un punto de vista está compuesto de patrimonio privado + patrimonio público y mirado desde otro punto de vista está compuesto de capital interior + capital extranjero neto

Con estos conceptos claros Piketty explica la primera ley fundamental del capitalismo que relaciona las nociones de capital/ingresos, es decir el importe acumulado que corresponde a las riquezas poseídas en un momento dado del tiempo, o capital, dividido entre el flujo anual de los ingresos. A este ratio capital/ingresos le denominamos B.

De los datos estudiados por Piketty se deduce que el promedio de este ratio para los países desarrollados es B=6, o lo que es lo mismo B=600%, es decir, el capital acumulado, de promedio, vale lo mismo que los ingresos de 6 años. Y nos lleva a explicar con la primera ley fundamental del capitalismo que los ingresos de capital dentro de los ingresos nacionales α, es igual a la tasa de rendimiento medio del capital r, multiplicada por el ratio capital/ingresos, es decir, B. Simplificándolo, escribiéndolo en notación matemática a=r x B. Lo que significa que si B=600% y la tasa de rendimiento r fuera 5%, los ingresos del capital, a, serían 30%.

Hemos visto que esta primera ley fundamental del capitalismo no nos da la determinación concreta de los tres términos de la igualdad a=r x B, lo que nos lleva a la segunda ley fundamental del capitalismo, según la cual la relación B=capital/ingresos es tanto más elevada cuanto más elevada es su tasa de ahorro y cuanto más débil es su tasa de crecimiento.

Esto nos lleva a la afirmación de que aunque hay tres términos en la ecuación, sólo hay dos grados de libertad: crecimiento  y ahorro.

Probablemente a estas alturas los lectores hayan comprendido la preocupación, tanto de la Cancillería alemana con Angela Merkel, el BCE (Banco Central Europeo) con Mario Draghi y la FED (Reserva Federal americana) con Janet Yellen, así como de todos nosotros con respecto a los estímulos al crecimiento, mediante créditos de dinero fácil que podrían estimular también la inflación, y con respecto a preservar y estimular el ahorro mediante evitar la inflación.

 

 

Sobre la vacuidad de las redes sociales

!Tonto de mí¡. Lo digo porque, aunque ya entrado en años, me considero una persona que está a la ‘última’, o casi, en el tema de las últimas tecnologías y, por tanto, también en el tema de la comunicación mediante ellas.

De modo que decido darme de alta en Facebook, no sin antes haber hecho algunos escarceos para ver lo que era posible ver al común de los mortales, aunque no a los ‘amigos’ o a los ‘amigos de los amigos’. Bueno, en principio me encanta, me parece que es un medio de llegar a aquellos con los que deseando estar en contacto, las circunstancias personales, familiares, geográficas, de trabajo, o simplemente de horarios, no te lo permitían.

Así que… adelante. Y poco después empiezo a recibir y a ofrecer ese tipo de “amistad” especial que se denomina “ser amigo de Facebook” de/a los conocidos. No crean, no soy como los políticos o los personajes públicos que tienen miles de “amigos”; de momento sólo tengo 45. Pero aún estos me parecen muchos, porque casi estoy cansado de conocer el devenir de la vida, casi minuto a minuto como en un diario personal, de alguno de ellos (políticos o periodistas) y de los demás, los cumpleaños y felicitaciones; las fotos tomadas con el móvil, los álbumes de fotos, los enlaces a Youtube, las frases sabias o los pensamientos famosos. No se trata de que esto sobre, se trata de que faltan otras cosas: ideas, reflexiones, aportaciones propias útiles.

Sinceramente me he quedado muy desilusionado, no con la red social Facebook en sí, ni con la tecnología, sino por lo que esperaba que hubiera en ella. Yo, aquí estoy, aportando pensamientos mediante artículos que me cuesta redactar, corregir, subir y vuelta a corregir, por aquello de aportar al pensamiento humano la capacidad de reflexión, de crítica y de debate.

Pero los demás, nada. “De forment ni un gra”. Los políticos, porque si dicen algo (y de humanos es errar) se les contesta, como yo hice a uno de ellos. Los únicos (algunos) que se salvan, son los periodistas que aprovechan para poner artículos o enlaces a ellos, lo que es una ayuda a la reflexión, pero, claro, es lo suyo, su profesión, y buscan publicidad gratuita para lo suyo.

Lo que digo es que los demás, los comunes, los que tenemos otras profesiones, los que queremos hacer y mantener amigos a través del pensamiento, de la reflexión, del debate; y que queremos aprender, añadir y que se nos añada conocimiento e información; no hacemos casi ningún trabajo por aportar nada digno. Me incluyo para no ofender a nadie, aunque me esfuerzo por no estar entre ellos.

En definitiva, la red social parece otro tipo de televisor o caja tonta, respecto de la que no hacemos ningún esfuerzo por convertir verdaderamente en una Red (entrelazada de sentimientos, pensamientos, conocimientos, ideas y debates) Social (de personas relacionadas por algún tipo de nexo).

¿Seguiremos dejando que así sea, o podemos hacer algo? Ya sé que soy un “plasta” al decir esto, pero yo intento aportar algo que sea útil a otros o, al menos, me gustaría que me lo criticaran para que fuera otro el que aporta lo más útil.

¿Animará mi ejemplo a otros, a hacerlo también, a mejorar en el uso de Facebook mediante la aportación de ideas?

Espero alguna contestación en mi Blog que se enlaza en mi “muro”.

Lo que no se atreven a decir los medios de comunicación sobre la EDAR de Castellón

22.11.2007 La EDAR de Castellón contamina. Los olores a causa de la contaminación del aire por la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Castellón gestionada por FACSA. Los medios no informan y ni el Ayuntamiento de Castellón ni la EPSAR toman cartas en el asunto y los vecinos de los alrededores, especialmente del Grao, quedan condenados a respirar gas metano, generando problemas de salud en los ciudadanos como consecuencia de alergias y otras enfermedades. 

El complejo de inferioridad de España que los medios de comunicación acentúan

  05.05.2007 Quisiera comentar sobre el sentimiento “mi primo Zumosol” de España respecto de Francia, haciendo los telediarios de TVE desde Francia con motivo de las elecciones a Presidente de la República Francesa, cuando en Francia ignoran olímpicamente todo o casi todo lo relacionado con España. Lo digo de Francia porque yo soy testigo por haber visto los telediarios internos del país vecino, aunque probablemente pase lo mismo con el Reino Unido, Alemania y USA.

  ¿Significa eso que tenemos un complejo de inferioridad pensando que lo que ocurre fuera, en otros países es muy importante, incluso más que lo que ocurre dentro?.