Rebus sic stantibus

REBUS SIC STANTIBUS

Federico Rivas García

Doctor en Derecho

20200120

No me las doy de conocer el latín, pero me viene bien la locución que significa “estando las cosas así” para hacer la reflexión que comparto, y es que yo soy usuario del transporte público y recuerdo cuando, hace unos cinco años, en el TRAM mientras hacía el trayecto desde el Grau al centro de la ciudad, veía y oía personas con sus dramas, con sus “papeles” para ser presentados en la correspondiente oficina del “paro”.

Con el desempleo, los proyectos de vida se vienen abajo. Los gastos más nimios y corrientes se resienten, el mantenimiento de la vida de uno, tal cual era hasta hoy, queda modificado y los compromisos se incumplen, pues no se pagan los plazos como estaban acordados, las entidades financieras se resienten, el índice de morosidad de sus clientes aumenta y les es más difícil conseguir resultados y nuevas fuentes de financiación para continuar sustentando el flujo de efectivo y crédito que precisa la actividad económica. De modo que se ha entrado en recorrer un camino en espiral hacia adentro, hacia la contracción, hacia la IMPLOSIÓN del sistema.

Si nos quedáramos sin trabajo, estimado lector, cosa que sucedió a casi 5 millones de personas en España (muchos de los cuales todavía lo están), nuestra vida se vendría abajo. Y si esos parados representan el 20 % de la población activa quiere decir que, o 1/5 parte de toda la población (pues de los parados dependían personas no activas) vive a costa de las otras 4/5 partes, o la estamos echando a la calle literal, a la mendicidad.

Me diréis que algo tendrán para ir tirando hasta que de nuevo encuentren empleo. En algunos casos así será. Lo que no es seguro es que les llegue hasta que se les incluya de nuevo en alguna plantilla.

También me diréis que en muchos casos hay picaresca, que muchos parados continúan trabajando haciendo “chapuzas”, en un mundo de economía sumergida, compatibilizándolas con las prestaciones sociales que reciben.

Que es un drama, todo el mundo lo sabemos. Lo que no sabe todo el mundo, y si lo supieron no lo recuerdan, es que:

  • No se puede gastar largo tiempo más que lo que se gana.
  • La mejor política social es el pleno empleo.
  • Para el pleno empleo se necesita tener una actitud de responsabilidad, de esfuerzo, de ahorro, especialmente de ahorro de gasto por parte del Estado,  pero también de CONSUMO.
  • No son ni han sido los gobiernos los que han tirado de la economía, sino los consumidores, y estos lo han hecho cuando han tenido un mínimo de CONFIANZA en el futuro.
  • Los gobiernos, incluso los supranacionales, lo único que pueden hacer es afinar y suavizar las relaciones de los intervinientes en la economía real mediante políticas fiscales, de gasto e inversión, así como financieras y de tipos de interés.
  • Pero los verdaderos ACTORES de la ECONOMÍA somos los consumidores.
  • Y añado que la crispación nos hace dudar del futuro.

Esto es pertinente decirlo ahora, según están las cosas, en que, unos se rasgan las vestiduras por el pacto de gobierno entre PSOE y UNIDAS PODEMOS, otros entienden que una ministra dice (aunque no lo dijo) que los hijos son del Estado y contestan que sus hijos son de los padres, y como cualquier persona racional entiende, los hijos ni son propiedad de los padres ni del Estado, sino que son objeto de sus propios derechos que se formulan, en un Estado de Derecho, mediante leyes que aplican a padres y a gobiernos.

Es una lástima, estando las cosas así, que el Reino Unido se marche de la Unión Europea, pero, sus gobiernos, nunca creyeron mucho en ella y siempre se creyeron especiales, y así se mantuvieron con su cheque británico. Pues bien, que les vaya “bonito” y mejor a nosotros que nos quedamos, porque la cooperación funciona mejor que cualquier otra cosa, y Europa, no es más que eso, la cooperación entre países que creen en la democracia y quieren caminar juntos.

Y al hilo de esto por lo mucho que he leído de vascos ilustres parece que los habitantes de ese territorio tienen claro que caminar juntos en España les va bien, mejor que separados, porque, en efecto, tienen mayor financiación que la que tendrían si se independizaran.

¿Y por qué esto no lo ven en Catalunya? Por lo que he dicho en este medio, porque es la economía, la “pela”. No están (y yo tampoco lo estoy) de acuerdo en que de modo indefinido se nos haga pagar para otros.

Ya di recetas que no sé si alguien se pondrá a estudiar. Copiemos de Alemania, un país federal y bien, pero que muy bien, unido.

No nos desanimemos, continuemos trabajando duro, aunque haya expertos “trepas” que quieren “vivir” de la política, en lugar de “servir” a los ciudadanos. Aunque haya grupos, partidos, gente que tenga otra opinión, otra ideología, distinta de la nuestra, sigamos cooperando. Como los españoles de siempre están teniendo pocos hijos, tendremos que acostumbrarnos a que los nuevos españoles, morenos, café con leche o negros, estén a nuestro lado, convivan con nosotros y tengan los mismos sueños de futuro que nosotros. Los debemos aceptar con sus ropas, sus olores y sus costumbres.

Como actores, pongámonos a caminar en sentido de mejorar la cooperación entre todos. Con confianza mantengámonos en el camino de una espiral en dirección hacia afuera, hacia la EXPANSIÓN, lo cual producirá incremento del consumo, por tanto, de la demanda, por tanto, de la producción, por tanto, de la ocupación, por tanto, de la riqueza, por tanto, de los sueldos de los trabajadores, por tanto, de nuevo, mayor incremento del consumo, de la demanda, de la producción, de la ocupación y de la riqueza, y así sucesivamente.

Que esto son recetas keynesianas, estoy de acuerdo, pero ¿acaso es malo que lo sean? La prescripción de recetas varía con el tiempo y con la enfermedad. Así también las recetas económicas. Keynes fue bueno desde 1945 a 1973 y ¿después malo? No, lo que pasó es que después ocurrieron cosas como las diversas crisis de la energía que sin que, verdaderamente, interviniera el mercado libremente, se cambiaron las reglas del juego mediante acciones geopolíticas y militares que incrementaron los precios de la energía. No está mal aplicar otras recetas para otras enfermedades, así que Keynes, Hayek, Friedman o Samuelson hay que aplicarlos cuando toca.

La cuestión es, si estamos en un círculo estancados o estamos en una espiral (se ha demostrado que sólo la espiral funciona en economía). El problema es confundir la dirección de la espiral, si vamos hacia adentro, hacia la contracción, o si vamos hacia afuera, hacia la expansión. Otro problema distinto, cuando ya estás en la espiral expansiva, es que las autoridades económicas permitan que el índice de separación en que se aparta del círculo la espiral, yendo hacia la expansión, sea exagerado: si hacia adentro vamos a la contracción y hacia la implosión; si hacia afuera vamos a la expansión, que si nos descuidamos, nos lleva a la explosión.

Este es el caso de la crisis que parece estamos dejando atrás. Las autoridades financieras no quisieron mirar al futuro y no vieron en la expansión exagerada y sin fin del crédito la explosión en el horizonte, a pesar de saber de los inventos y de las mentiras que se vendían como “productos” por parte de las entidades financieras, con tal de cobrar suculentas comisiones y conseguir rendimientos.

Si como dice Nassim Nicholas Taleb en su libro “El cisne negro”, “lo que determina el sino de una teoría en la ciencia social es el contagio, no su validez”, contagiémonos de las ganas de gastar, de consumir, para que aumentando la demanda aumente el trabajo para todos. El ‘sino’ de esta teoría además del contagio es su validez universal. No hay crecimiento en el conformismo, en la autosuficiencia, en la autarquía, en la independencia; sólo hay crecimiento económico con la confianza en el futuro que alimenta el consumo, y con la confianza de que se continuará consumiendo; y esto es una cuestión de voluntad.

Rebus sic stantibus, dejemos de emponzoñar la vida pública, la vida política, con la confrontación, crispación y desautorización del contrario y aprendamos a dialogar y a llegar a soluciones comunes. Sí, hablemos.


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