EL OFICIO DE POLÍTICO

EL OFICIO DE POLÍTICO

                                                    Federico Rivas García. Doctor en Derecho.

14.06.2015

Después de estas elecciones municipales y de comunidades autónomas parece oportuno hacer una reflexión sobre “el político”, sobre todo, después de que María Dolores de Cospedal hiciera elogio “del noble oficio” de político (que es el único que ella conoce), y a este respecto, en su día, leí el artículo “Cuando en el currículum sólo pone ‘político’” de David Lema, en donde se hacía referencia a algunos políticos y se daba la información de su edad y de los años que llevaba en la política, los ocuales he actualizado aproximadamente.

 

Nombre Estudios finalizados Edad actual Años en la política Edad en primer cargo político Partido
Rosa Díez  —  63 36 27 UPyD
J. A. Durán Lleida  Lic. Derecho  63 36 27 CiU
Mariano Rajoy  Lic. Derecho  60 34 26 PP
A. Pérez R.  Dr. Química  64 33 31 PSOE
Cayo Lara  —  63 28 35 IU
Artur Mas  Lic. Economicas  59 28 31 CiU
Mª D. Cospedal  Lic. Derecho  49 22 27 PP
Óscar López  Lic. CC Políticas  42 19 23 PSOE
Susana Díez  Lic. Derecho  40 16 24 PSOE
C. Floriano  Lic. Derecho  48 22 26 PP
E. Valenciano  —  55 35 20 PSOE
R. Hernando  Lic. Derecho  54 32 22 PP
J. I. Zoido    L. Derecho  58 15  43  PP

 

Estos son dirigentes de una diversidad de partidos que desde la cuna han mamado del biberón ideológico o de la teta del oficio de político y de buscarse el pesebre en las sedes de los partidos y más allá.

De entre los que se citan (notad que entre ellos está Rajoy), sólo se salva Juan I. Zoido, pues cuando entra en política, independientemente de que tuviera bien arraigada o no su ideología o sensibilidad política, lo hace a los 43 años; un hombre hecho y derecho, con experiencia previa profesional suficiente, 20 años de ejercicio de la función jurisdiccional como juez. Probablemente haya muchos otros que se encuentren en una situación semejante a la de él.

Pero, independientemente de lo indicado anteriormente, la conclusión a la que se llega es que, hemos estado siendo gobernados y siendo dirigidos los partidos, por gente sin experiencia profesional, ni económica; gente, que no se ha enfrentado en la vida, a tener que conseguir éxito llevando adelante empresas, despachos profesionales, ni siquiera su propia familia, pues el promedio de edad (quitando a Zoido) a la entrada en política es de 27,18 años, acabados los estudios quienes los acabaron y pocos, probablemente, casados, aunque algunos asegurada la “teta” con la correspondiente oposición.

Ciertamente, a lo largo de los años de su propia vida, todo el mundo aprende; pero la experiencia (la edad) en la política es imprescindible, pues, aunque hayan aprendido, manejan cosas, problemas y se enfrentan a decisiones que nunca tomaron para sí mismos, ni sufrieron la carga de la responsabilidad de equivocarse y, por tanto, sufrir las consecuencias de sus actos y decisiones en sus propias carnes y patrimonios. La mala praxis en cualquier profesión se asegura, incluso legalmente,  con el correspondiente seguro de responsabilidad profesional. La mala praxis de los políticos no se asegura con nada, no responden ni con su patrimonio ni con sus personas, salvo de delitos.

Esto no es adecuado. Los políticos no deben salir de los cachorros que se acercan a la política mientras estudian, organizados en lo que denominan Círculos, Nuevas Generaciones o Juventudes. No debería existir el oficio de político. En las tablas del IAE o IAP no existe epígrafe para el ejercicio de tal profesión u oficio.

Quiero comentar también, la obediencia ciega y el seguidismo de quien quiere medrar y que le pongan en la lista; la manipulación que hacen los partidos, los “aparatos” con las listas electorales, por no ser abiertas: todo esto daña a los ciudadanos, que votan a obedientes, estirachaquetas o amigos de quienes deciden sobre quién entra en las mismas. ¿Quién puede creer que un nombre metido en la lista, un amigo, un compañero de quien decide y al que le debe completa lealtad, va a ser el mejor representante del votante?

El político debería ser alguien con edad (piénsese en los muchos jubilados que a los 65 años están plenamente formados, con carreras y títulos universitarias que han ejercido a lo largo de su vida, con sus éxitos, fracasos o luchas profesionales y empresariales, con la familia plenamente emancipada (hijos y nietos) y con la vocación de servir a su país. Éstos no necesitan medrar, éstos no necesitan competir entre sí, sino que disfrutan de dar lo mejor de sí antes de que su vida se acabe. Con éstos la corrupción no tendría el camino fácil, precisan de poco y lo poco que precisan lo necesitan muy poco, (como Teresa de Jesús).

En lugar de ser una profesión u oficio, la política, mejor dicho, la dedicación a la política de cualquier ciudadano, debe ser una vocación en el pleno sentido de la etimología de la palabra. Vocatio, vocationis, acción de llamar; sólo la 3ª acepción del DRAE indica que, coloquialmente, se refiere a la inclinación a un estado, profesión o carrera (pero sólo coloquialmente, es decir, sin hablar con propiedad); las demás acepciones tienen que ver con un llamamiento. Pues bien si hay llamamiento es que antes no estabas allí, y se te llama, para que aportes lo mejor de ti, algo cuasi religioso, para el bien de otros.

En modo alguno estas ideas van en contra de las capacidades de las generaciones jóvenes, bien preparadas, diligentes y trabajadoras; pero servir a la comunidad es una cosa más seria que conseguir el propio sustento. Así que, practique el joven tener éxito en su oficio, profesión o empresa, y entonces estará preparado para hacerse disponible al llamamiento que en el futuro le pueda hacer la comunidad civil para aportar su conocimiento, ciencia y experiencia en beneficio de todos, administrando, gestionando y decidiendo sobre asuntos de grave importancia que afectarán a sus congéneres.

Pero, para que estas ideas se puedan poner en práctica, es preciso que las listas sean abiertas y que, dentro o fuera de los partidos, se puedan presentar quienes, teniendo la experiencia de toda su vida y de su profesión y gestión, tengan la vocación o llamamiento a servir a sus conciudadanos.

Si se hace así ganaremos muchos buenos políticos que se dedicarán a servirnos, no a servirse a sí mismos o a servirse de la política, como demostrado está, por lo que consta en las hemerotecas, hacen casi todos y se descubre casi todos los días.

Perdónenme los políticos honestos, los trabajadores (no los que hacen seguidismo), los versos sueltos que, a veces, molestan a los “aparatos”, los verdaderamente capacitados, con experiencia en la vida y habiendo asumido riesgos personales propios económicos y profesionales en sus decisiones, que no haya hecho elogio de ellos hasta ahora, y que con estas palabras lo hago. Y aunque de esos no haya hablado hasta ahora, son los verdaderamente ejemplares.

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