INMIGRACIÓN E INTEGRACIÓN

Inmigración e integración

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

31.05.2015

 

 

Aunque como consecuencia de la crisis económica la inmigración a nuestro país ha descendido, ciertamente, a causa de las crisis humanitarias producto de las guerras en oriente medio, la inmigración, el asilo y el salvamento marítimo están en primera línea de actualidad.

Las islas italianas se ven “invadidas” literalmente por miles y miles de inmigrantes. Les toca el corazón a los italianos y también a todo el mundo, especialmente al sur de Europa, pero también toca y afecta a la forma de vida de los receptores, la cual cambia en esos lugares.

Este es un tema grave. Hay que ayudar a las pobres gentes emigrantes. Hay que ayudar a Italia, pero parece que a las instituciones europeas, con mayor peso específico hacia el norte del continente, el problema les parece lejano. Hay que despertar a las instituciones. Hay que hacer políticas más dirigidas a los ciudadanos y sus problemas, tanto como a la economía y su crisis.

Las migraciones son el resultado de problemas pero, a su vez, también los provocan y los que provocan suelen ser más graves cuando se ven desde el punto de vista del país receptor en lugar del país emisor.

La emigración es una solución para la problemática de los países de origen. Estados fallidos, gobiernos incompetentes o corruptos, economías empobrecidas, países subdesarrollados, injusticias inveteradas y políticos que lo único que quieren es asegurarse sus privilegios, conseguir limpiezas étnicas mediante expulsión o genocidios, resuelven sus problemas permitiendo o forzando que sus conciudadanos marchen a otros lugares. De ese modo los gobiernos no tienen que preocuparse de que las políticas sean las adecuadas para generar una economía que permitiendo trabajo para todos, consiga la justa redistribución de la renta y la prestación de los servicios estatales necesarios.

Pero si la inmigración es lo suficiente importante en cantidad, ésta se ve por los habitantes autóctonos del país receptor como una invasión, asalto, conquista o colonización. Los autóctonos tienen miedo de que su país cambie, pues lo que forma el país, en realidad, es la geografía humana. Tienen miedo de que el cambio en el país resulte en pérdida para ellos, pues la economía estaba previamente ajustada, quizás, con éxito; las costumbres eran homogéneas, había una personalidad de país, una cultura, una lengua que identificaba, que daba carta de naturaleza a la pertenencia al mismo.

Y está claro que con una inmigración masiva la economía cambia. Aumenta la fuerza laboral, la oferta de solicitantes de empleo, que si es cubierta llevará a una economía más activa, pues, consiguiendo trabajo los inmigrantes se convertirán, casi de inmediato, en un mercado para todo producto que se produzca en el país. De ahí la pujanza de las economías en crecimiento. Pero al mismo tiempo hay que ajustar la prestación de servicios por parte del Estado. Se disparan las necesidades sanitarias, de educación, transporte así como de seguridad.

Es una obviedad decir que en los países que son o han sido dictaduras comunistas los valores del esfuerzo, la honestidad u honradez difícilmente se han practicado allí como tales. El robar a las empresas del estado, la vagancia en el trabajo es el único estímulo posible. ¿Para qué trabajar más si el que trabaja menos gana lo mismo que yo? La igualación que tenía como meta su ideología se produce hacia abajo, y cuanto más abajo mejor se consigue. Se distribuye la pobreza, eso sí, con mucha justicia.

Muchas de las personas que han crecido y han sido educadas en esas culturas han venido a países como el nuestro. Hay choque, por tanto, de valores, entre mano floja y esfuerzo, entre pagar los impuestos y la economía sumergida o defraudadora, entre cumplir las normas o evadirlas e incumplirlas.

Otros proceden de países con culturas que no han avanzado, en los últimos mil años, desde lo que nosotros conocemos como “edad media”, que les hace muy difícil la adaptación a los países de destino. Los valores de cohesión familiar y social difieren, las vestimentas extrañas, el consumo reducido, las normas de limpieza y la alimentación son diferentes. Es razonable que la solución para ellos, en lugar de mezclarse y adoptar las costumbres, cultura, lengua y formas del grupo humano anfitrión, sean los guetos, juntarse con otros iguales: es la forma de asirse de algo firme.

No hace mucho subimos mi esposa y yo a un taxi en Barcelona y el conductor, muy amable, nos escuchó hablar en “valencià” y, aunque me parecía magrebí (no le veía bien la cara), nos dijo que él sabía “parlar una miqueta en català”. Le pregunté de dónde era y me dijo que era de Pakistán. Se me quejó amargamente de que los gobernantes de su país no consiguen generar un nivel de vida adecuado; que aunque alguna vez va a su tierra, cuando vuelve y oye hablar y ve la tierra de acogida ya se siente como en su casa. Me dijo que su esfuerzo es el integrarse con la sociedad de acogida. Todo lo dijo él, yo sólo escuchaba, aunque sí que le añadí que estaba muy bien lo que decía, pero que, de todos modos, no debería perder u olvidar sus raíces.

Probablemente sería musulmán, no se lo pregunté, pero él, como el apóstol Pablo, se hacía “judío con los judíos y gentil con los gentiles”, es decir se integraba en la sociedad de acogida.

Sí, esa es la solución. Cuantos más idiomas mejor, no hay que perder su propio idioma. Está muy bien volver con la mente a su tierra, a sus raíces. Pero la integración en la sociedad de acogida, con su idioma, sus valores y costumbres es la solución.

Los grupos humanos cambian con el tiempo. Aun sin inmigrantes cambiamos como país y como sociedad. Pero el que los inmigrantes formen guetos no funciona y la multiculturalidad tampoco, pues ambas cosas son falta de integración. Que hay que respetar la diferencia y a otros, no hay duda; pero no hay que incentivar ni apoyar la invasión cultural; dicho desde el punto de vista del ciudadano del país de acogida. Y desde el punto de vista del inmigrante, en lugar de intentar obviar, olvidar o negar la cultura de acogida, lo que hay que hacer es integrarse en ella y esperar a que se vayan asimilando las aportaciones propias, de los inmigrantes, en dicha cultura de acogida.

 

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