Archivos para 31 mayo 2015

INMIGRACIÓN E INTEGRACIÓN

Inmigración e integración

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

31.05.2015

 

 

Aunque como consecuencia de la crisis económica la inmigración a nuestro país ha descendido, ciertamente, a causa de las crisis humanitarias producto de las guerras en oriente medio, la inmigración, el asilo y el salvamento marítimo están en primera línea de actualidad.

Las islas italianas se ven “invadidas” literalmente por miles y miles de inmigrantes. Les toca el corazón a los italianos y también a todo el mundo, especialmente al sur de Europa, pero también toca y afecta a la forma de vida de los receptores, la cual cambia en esos lugares.

Este es un tema grave. Hay que ayudar a las pobres gentes emigrantes. Hay que ayudar a Italia, pero parece que a las instituciones europeas, con mayor peso específico hacia el norte del continente, el problema les parece lejano. Hay que despertar a las instituciones. Hay que hacer políticas más dirigidas a los ciudadanos y sus problemas, tanto como a la economía y su crisis.

Las migraciones son el resultado de problemas pero, a su vez, también los provocan y los que provocan suelen ser más graves cuando se ven desde el punto de vista del país receptor en lugar del país emisor.

La emigración es una solución para la problemática de los países de origen. Estados fallidos, gobiernos incompetentes o corruptos, economías empobrecidas, países subdesarrollados, injusticias inveteradas y políticos que lo único que quieren es asegurarse sus privilegios, conseguir limpiezas étnicas mediante expulsión o genocidios, resuelven sus problemas permitiendo o forzando que sus conciudadanos marchen a otros lugares. De ese modo los gobiernos no tienen que preocuparse de que las políticas sean las adecuadas para generar una economía que permitiendo trabajo para todos, consiga la justa redistribución de la renta y la prestación de los servicios estatales necesarios.

Pero si la inmigración es lo suficiente importante en cantidad, ésta se ve por los habitantes autóctonos del país receptor como una invasión, asalto, conquista o colonización. Los autóctonos tienen miedo de que su país cambie, pues lo que forma el país, en realidad, es la geografía humana. Tienen miedo de que el cambio en el país resulte en pérdida para ellos, pues la economía estaba previamente ajustada, quizás, con éxito; las costumbres eran homogéneas, había una personalidad de país, una cultura, una lengua que identificaba, que daba carta de naturaleza a la pertenencia al mismo.

Y está claro que con una inmigración masiva la economía cambia. Aumenta la fuerza laboral, la oferta de solicitantes de empleo, que si es cubierta llevará a una economía más activa, pues, consiguiendo trabajo los inmigrantes se convertirán, casi de inmediato, en un mercado para todo producto que se produzca en el país. De ahí la pujanza de las economías en crecimiento. Pero al mismo tiempo hay que ajustar la prestación de servicios por parte del Estado. Se disparan las necesidades sanitarias, de educación, transporte así como de seguridad.

Es una obviedad decir que en los países que son o han sido dictaduras comunistas los valores del esfuerzo, la honestidad u honradez difícilmente se han practicado allí como tales. El robar a las empresas del estado, la vagancia en el trabajo es el único estímulo posible. ¿Para qué trabajar más si el que trabaja menos gana lo mismo que yo? La igualación que tenía como meta su ideología se produce hacia abajo, y cuanto más abajo mejor se consigue. Se distribuye la pobreza, eso sí, con mucha justicia.

Muchas de las personas que han crecido y han sido educadas en esas culturas han venido a países como el nuestro. Hay choque, por tanto, de valores, entre mano floja y esfuerzo, entre pagar los impuestos y la economía sumergida o defraudadora, entre cumplir las normas o evadirlas e incumplirlas.

Otros proceden de países con culturas que no han avanzado, en los últimos mil años, desde lo que nosotros conocemos como “edad media”, que les hace muy difícil la adaptación a los países de destino. Los valores de cohesión familiar y social difieren, las vestimentas extrañas, el consumo reducido, las normas de limpieza y la alimentación son diferentes. Es razonable que la solución para ellos, en lugar de mezclarse y adoptar las costumbres, cultura, lengua y formas del grupo humano anfitrión, sean los guetos, juntarse con otros iguales: es la forma de asirse de algo firme.

No hace mucho subimos mi esposa y yo a un taxi en Barcelona y el conductor, muy amable, nos escuchó hablar en “valencià” y, aunque me parecía magrebí (no le veía bien la cara), nos dijo que él sabía “parlar una miqueta en català”. Le pregunté de dónde era y me dijo que era de Pakistán. Se me quejó amargamente de que los gobernantes de su país no consiguen generar un nivel de vida adecuado; que aunque alguna vez va a su tierra, cuando vuelve y oye hablar y ve la tierra de acogida ya se siente como en su casa. Me dijo que su esfuerzo es el integrarse con la sociedad de acogida. Todo lo dijo él, yo sólo escuchaba, aunque sí que le añadí que estaba muy bien lo que decía, pero que, de todos modos, no debería perder u olvidar sus raíces.

Probablemente sería musulmán, no se lo pregunté, pero él, como el apóstol Pablo, se hacía “judío con los judíos y gentil con los gentiles”, es decir se integraba en la sociedad de acogida.

Sí, esa es la solución. Cuantos más idiomas mejor, no hay que perder su propio idioma. Está muy bien volver con la mente a su tierra, a sus raíces. Pero la integración en la sociedad de acogida, con su idioma, sus valores y costumbres es la solución.

Los grupos humanos cambian con el tiempo. Aun sin inmigrantes cambiamos como país y como sociedad. Pero el que los inmigrantes formen guetos no funciona y la multiculturalidad tampoco, pues ambas cosas son falta de integración. Que hay que respetar la diferencia y a otros, no hay duda; pero no hay que incentivar ni apoyar la invasión cultural; dicho desde el punto de vista del ciudadano del país de acogida. Y desde el punto de vista del inmigrante, en lugar de intentar obviar, olvidar o negar la cultura de acogida, lo que hay que hacer es integrarse en ella y esperar a que se vayan asimilando las aportaciones propias, de los inmigrantes, en dicha cultura de acogida.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXVI. Cómo contrarrestar la injusta distribución de los ingresos, del capital y las riquezas

XXVI.- Cómo contrarrestar la injusta distribución de los ingresos, del capital y de las riquezas

25.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Hay que repensar muchas cosas pero la primera es el impuesto progresivo sobre los ingresos.

Un impuesto sobre los ingresos mucho más progresivo, más tramos altos y con tipos más elevados, especialmente los marginales.

Ello implica más redistribución y más progresividad fiscal, y no es una cuestión técnica sino eminentemente política y filosófica, sin duda, la primera entre todas. Sin impuesto no puede existir destino común ni capacidad colectiva para actuar. Siempre ha sido así. Pero desde la Revolución americana, hace dos siglos, que nació de la voluntad de los sujetos de tomar en sus manos sus propios impuestos y su propio destino, los contextos han cambiado y las fuentes sobre las que se puede basar la tributación también, pero, en realidad, se trata de hacer de modo que los ciudadanos puedan escoger soberana y democráticamente las fuentes que desean consagrar a sus proyectos en común: formación, educación, sanidad, pensiones de jubilación, desigualdades, empleo, desarrollo sostenible, etc.

Los lectores tendrán alguna idea sobre los impuestos, distinguiendo entre impuestos sobre los ingresos (flujos de ingresos provenientes del trabajo y rentas del capital), los impuestos sobre el capital (sobre los valores de los inmuebles [IBI], sucesiones, donaciones y sobre el Patrimonio) y los impuestos sobre el consumo (sobre el valor añadido, bebidas, tabaco, hidrocarburos y otros) también llamados indirectos. Hay que añadir las cotizaciones para la Seguridad Social, una forma especial de impuesto sobre las rentas del trabajo.

Un impuesto se denomina proporcional cuando su tipo impositivo es igual para todos, y progresivo cuando su tipo es más elevado para los más ricos (ingresos, capital o consumo más elevados) y más bajo para los más modestos.

Pues bien, a pesar de la progresión de las tablas de los tipos impositivos, lo cierto es que, por optimización fiscal o por evasión los impuestos suelen ser proporcionales o, incluso, regresivos (paga más quien menos tiene). La progresividad y si es real mejor es un elemento necesario para el Estado social y ha jugado un importante papel en la transformación y el desarrollo de la estructura de las desigualdades en el siglo XX y constituye una institución central para asegurar la viabilidad en el siglo XXI.

Si se examina la historia de la progresividad fiscal durante el siglo pasado, es sorprendente constatar que han sido los países anglosajones los que han inventado el impuesto confiscatorio (elevadísimo) sobre los ingresos y los patrimonios que se juzgan muy elevados. De hecho, a principios del siglo XX, por los ingresos o las sucesiones se tributa en una porción del valor a tipos del 70 al 80 %. Para resumir, los tipos en Alemania y Francia fueron estables en torno al 50 – 60 % entre 1930-2010, mientras que los americanos y británicos pasaron del 80-90 % durante los años 1930-1980, al 30 – 40 % en los años 1980-2010. Los países anglosajones han jugado al yo-yo con sus ricos desde los años 1930, mientras que la Europa continental de la que Alemania y Francia son ejemplos relativamente representativos y Japón han sido muy estables en su actitud respecto de los grandes ingresos.

De modo que la cuestión es repensar la tasa marginal superior del impuesto progresivo sobre los ingresos, de modo que sea más progresivo, tasa o tipo marginal, que según Piketty debería ser superior al 80 % en los países desarrollados, para ser aplicado a las rentas observadas a nivel del 1 % o del 0,5 % de las personas con ingresos más elevados. Es decir, aplicado a niveles de 500.000 dólares o 1 millón de dólares de remuneración anual. Aunque dicho tipo marginal se aplique no va a dar más que poca recaudación, pero cumpliría su objetivo de limitar drásticamente este tipo de remuneraciones tan elevadas. También habría que aplicar, según Piketty, tipos del orden del 50 – 60 % en remuneración por encima de 200.000 dólares anuales.

Un impuesto progresivo mundial sobre el capital.

Para regular el capitalismo patrimonial globalizado del siglo XXI no es suficiente con repensar el modelo fiscal y social del siglo XX y adaptarlo al mundo actual, aunque una reactualización social-demócrata y fiscal-liberal, sea verdaderamente indispensable.

Para que la democracia puede retomar el control del capitalismo financiero globalizado de este nuevo siglo, hace falta inventar herramientas, dice Piketty, nuevas, adaptadas a los desafíos de hoy y, para él, la herramienta mejor sería un impuesto mundial y progresivo sobre el capital, acompañado de una transparencia financiera internacional muy grande. Es una institución que permitiría evitar la espiral desigualitaria sin fin y regular eficazmente la inquietante dinámica de la concentración mundial de patrimonios.

Aunque reconoce que en el estado actual de cooperación internacional, es una utopía, dice que es una utopía útil por varias razones. Aunque se no lleve a cabo en un plazo breve, es bueno tenerlo en mente a fin de evaluar mejor lo que permiten o no otras soluciones alternativas.

Es necesario profundizar a nivel mundial en la transparencia financiera, y la transmisión de información es inseparable de la reflexión sobre el impuesto ideal sobre el capital.

Para fijar ideas sobre las que debatir, Piketty sugiere varios baremos:

  • Una tasa del 0% para patrimonios inferiores a 1 millón de euros; 1% entre 1 y 5 millones; y el 2% para patrimonios superiores a 5 millones de euros.
  • O mucho más progresivo, con el 5 o del 10 % para fortunas más allá de 1.000 millones de euros.
  • O se pueden encontrar ventajas de tener una tasa mínima sobre los patrimonios modestos y medios, por ejemplo del 0,1 % por debajo de 200.000 euros y el 0,5 % entre 200.000 y 1.000.000 de euros.

Aunque hay que discutirlo, la cuestión que aquí se impone es tener un impuesto progresivo anual sobre el patrimonio global pero, sobre todo, hacer tributar más fuertemente a los patrimonios más importantes, teniendo en cuenta la totalidad de los activos, inmobiliarios, financieros o profesionales, sin excepción. El objetivo es conseguir transparencia democrática y financiera, y la solución es simple y fácil mediante transmisiones automáticas de informaciones bancarias a nivel internacional de modo que se puedan incluir entre los datos fiscales a las Agencia Estatales Tributarias los activos detentados en bancos situados en el extranjero.

La utilidad de este impuesto nos lleva a una lógica contributiva, en el sentido de que los ingresos son en la práctica un concepto que no está bien definido para calcular la capacidad contributiva de los titulares de fortunas importantes, por los rendimientos implícitos o ingresos no declarados que se quedan por el camino; mientras que con este impuesto se dispondría de un elemento de cálculo no controvertido, como es la titularidad de los bienes, independientemente de los ingresos que se declaren que producen los mismos. También nos lleva a una lógica incitativa, en la que, por estímulo del impuesto, se provocaría que los detentadores de patrimonios trataran de conseguir el mayor rendimiento posible en lugar de dejarlas venir.

Ciertamente que pueden haber otras regulaciones de sustitución, como el proteccionismo y el control de capitales. Y también otras cuestiones tales como la redistribución de la renta del petróleo o la redistribución por medio de la inmigración, para las que también el impuesto sobre el capital o las regulaciones de sustitución intentan dar solución.

La deuda pública.

Algunos países desarrollados tienen deudas públicas muy elevadas, las cuales es conveniente reducir, y no hay modo de hacerlo más allá de implementar políticas que combinen sabiamente la inflación, la austeridad y el impuesto sobre el capital. Sí, un impuesto excepcional sobre el capital, pero también la inflación puede jugar un papel útil; de hecho, ha sido de este modo como se han reabsorbido la mayor parte de las deudas públicas más importantes. En cambio, una cura prolongada de austeridad es para Piketty, tanto en términos de justicia como de eficacia la peor solución. Entonces, ¿qué hacer para reducir la deuda pública a cero?

Una primera solución podría ser privatizar todos los activos públicos, porque el patrimonio público europeo, prácticamente, es cero, lo que quiere decir que los activos públicos se compensan con la deuda pública, pero entonces habría que pagar alquileres por todos los bienes que utiliza el estado (escuelas, hospitales, oficinas gubernamentales) los gastos de arrendamientos aumentarían y disminuirían los gastos por intereses.

El impuesto extraordinario sobre el capital privado es la solución más justa y más eficaz, según Piketty. Un impuesto proporcional del 15 % sobre todos los patrimonios privados aportaría casi un año de ingresos nacionales (o PIB) y permitiría el reembolso inmediato de todas las deudas públicas, y el Estado quedaría con todos sus activos pero con una deuda cero. La ventaja del impuesto excepcional es que permite organizar las cosas del modo en que cada uno contribuye al esfuerzo solicitado y se evitan las quiebras bancarias. Además no es necesario reducir la deuda pública totalmente de golpe, sino en sucesivas ocasiones.

Pero también la inflación podría tener su papel. Una inflación del 5 % anual (en lugar del 2 % de meta actual) en 5 años reduciría el valor de la deuda pública en un 15 % del PIB. Esta es una solución tentadora que ha sido usada a lo largo de la historia. No obstante, la inflación no es más que un sustitutivo muy imperfecto del impuesto progresivo sobre el capital y puede comportar un cierto número de efectos secundario poco atractivos, entre ellos, el descontrol de la tasa, es decir que la inflación se “embale”.

Es necesario debate supranacional.

No parece que a las instituciones financieras supranacionales les hayan hecho mucho efecto las conclusiones de Piketty. Que yo sepa, ninguna de ellas ha hablado sobre ello. Que esto haya sido así y que hayan dado la callada por respuesta, no es ni muy científico, ni profesional, ni transparente. Hace falta debate. Cierto es que estamos, aunque diga Rajoy que ya ha sucedido, saliendo de la crisis y quizás no sea el momento. Pero, por lo que me imagino, saldremos de la crisis y el gran capital, los poderes fácticos, enfocarán el discurrir económico hacia otros derroteros más centrados en el presente inmediato que en repensar la situación presente y emprender reformas estructurales a fondo.

Insisto en que el libro de Piketty es un hito histórico. Lo es poner a disposición del gran público su reflexión, la cual considero mucho más importante que otros hitos de otros economistas anteriores, Keynes, Hayek, Stiglitz o Krugman, aunque no le hayan dado el Nobel de economía (todavía).

Sugerencias para                    Tipos impositivos                Sobre importe bases en €

Impuesto sobre los ingresos: + progresivo, con tipos marginales + altos Tasa marginal del 80 %Tipos del orden del 50-60% > 500.000 a 1.000.000> 200.000 a 500.000
Impuesto progresivo mundial sobre el capital 0        %1        %

2        %

0 – 1.000.000> 1.000.000 – 5.000.000

> 5.000.000

Reducir la deuda pública Impuesto extraordinario sobre el capital del 15 % Valor patrimonio privado
Debate en las instituciones

 

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¿Votaremos como siempre?

¿Votaremos como siempre?

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

21.05.2015

 

¡Castellón de la Plana!, ciudad liberal por excelencia, casi autárquica; con orgullo de su cultura, de su capitalidad cultural: En la provincia de Castellón se habla más y mejor la lengua propia, el valenciano (nuestra forma de decir catalán). Con iniciativa para la industria: es la provincia con mayor producción cerámica; para la exportación: véase nuestro mirar a Europa y al mundo desde el siglo XIX, e incluso antes, con su producción naranjera, vitivinícola (vino Carlón) y la suministradora de toda la cordelería, maromas y jarcias para todas las marinas de guerra del mundo.

¿Y qué quiero decir con eso? Pues que cometemos un error ya que tanto la capital como la provincia de Castellón se conforman consigo mismas. Pero para los que deciden en Madrid como capital de España, o en Valencia como capital de la Comunitat Valenciana, es, ciertamente, la gran olvidada. Siempre nos han hecho llegar tarde a todas las cosas: a las infraestructuras modernas, a las rondas, a las autovías, al aeropuerto, al AVE, al Corredor mediterráneo.

El dinero que había, o que no había pero que se dispuso, se gastó para las obras faraónicas del Metro, de la Ciutat de les Arts i les Ciències, de l’Oceanogràfic, la nueva terminal del Aeropuerto de Manises, de la Fórmula 1, todo ello de Valencia; o de la Ciudad de la Luz (estudios de cine), del parque temático Terra Mítica, la nueva terminal del aeropuerto de Alicante el Altet, inaugurada y, por supuesto, en funcionamiento desde 2011. Y un largo sinfín de muchas cosas más.

La reivindicación a favor de que las administraciones se pongan al día en inversiones, infraestructuras y apoyo al desarrollo económico ha sido la bandera. Pero gobernando o no el mismo partido en la Comunidad autónoma o en el Estado, lo cierto es que la bandera de la reivindicación de los dos mayoritarios sólo ha sido eso, una reivindicación, una excusa para volver a prometer que se conseguirían las cosas necesarias; al final una reivindicación eterna, porque nunca se concedía lo reivindicado.

¿Pasará ahora lo mismo? Por eso habría que meditar muy mucho a quien damos nuestro voto, ¿a los que siempre se olvidan de nosotros? ¿a los nuevos que no sabemos cómo van a gobernar; que dicen que pueden, o que son ciudadanos como nosotros?

Las preguntas son pertinentes porque algunos piensan que gobernar es gastar dónde hay más votos en juego. Pero eso no es gobernar, sino comprar, mantener cautivos a los ciudadanos que reciben, y ser injustos con los ciudadanos de los pequeños territorios que nunca reciben.

Y todo ello porque parece que los, aproximadamente, 400.000 votos que son los que pueden ejercer el derecho de sufragio del total de, aproximadamente, 600.000 habitantes de la provincia no tienen suficiente importancia ni para unos ni para otros, sobre todo porque el vuelco hacia una parte u otra no va mucho más allá de 60.000 votos. Veremos en esta ocasión.

Alguien puede sacar como consecuencia que dado que nunca hemos conseguido que se acuerden de nosotros y, probablemente, nunca se acordarán, habría que hacer una reflexión profunda si son los partidos mayoritarios los que, de verdad, aunque manden allá, en Valencia, o más allá, en Madrid, pueden acordarse de nosotros. Y yo digo que no estamos para aguantar otra legislatura autonómica ni, en breve, otra legislatura de elecciones generales, ignorándonos. A la vista de todo lo dicho, pensemos muy bien quién está, qué partido está, más capacitado para luchar, defender y tener presentes las necesidades de las comarcas y de la capital de Castellón, y quién creemos que, verdaderamente, lo hará y se dejará la piel en ello: a ese votémosle.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXV. Las desigualdades mundiales en el siglo XXI

XXV.- Las desigualdades mundiales en el siglo XXI

17.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

¿Hay alguien en las instituciones europeas o americanas que hable de ellas, de las desigualdades? Si los hay, su voz no se oye suficientemente fuerte porque se ahoga entre otros murmullos militares, políticos o económicos. Sólo en las Universidades se oyen algunas voces.

Desigualdades en los rendimientos del capital a causa de la mejor colocación en términos de tipos de rendimiento de las grandes fortunas (del orden del 6 – 7 % anual) frente a los capitales de los pequeños ahorradores (del orden del 4 % anual y hoy, mucho menos). No obstante en tanto que el crecimiento económico (que envuelve tanto el crecimiento del PIB como de la población) sea elevado, la desigualdad r > g (tipo de rendimiento mayor que crecimiento) se verá controlada y el crecimiento de los grandes patrimonios permanecerá relativamente moderado en términos relativos.

Desde los años 1980 los patrimonios a nivel mundial han progresado de media un poco más rápido que los ingresos y los patrimonios más elevados han progresado mucho más rápido que la media de los patrimonios como se ve en la tabla siguiente 12.1. En efecto los patrimonios de los más ricos han progresado del 6 al 7 % anual, contra el 2,1 % anual para el patrimonio medio mundial y el 1,4 % anual para los ingresos medios mundiales (datos netos de inflación calculada al 2,3 % anual de 1987 a 2013).

2015.05.17 Piketty T12.1

 

Traducción:

Tabla 12.1. La tasa de crecimiento de los patrimonios mundiales más elevados, 1987-2013

Tasa de crecimiento real medio anual (después de la deducción de la inflación). Período 1987-2013

Los cien millonésimos más ricos (alrededor de 30 personas adultas sobre 3 millardos en los años 1980, 45 personas sobre 4,5 millardos en los años 2010)

Los veinte millonésimos más ricos (alrededor de 150 personas adultas sobre 3 millardos en los años 1980, 225 personas sobre 4,5 millardos en los años 2010)

Patrimonio medio mundial por habitante adulto

Ingresos medios mundiales por habitante adulto

Población adulta mundial

PIB mundial

 

Nada hay que discutir del argumento en favor de una sociedad de emprendedores con sus innovaciones e invenciones que hacen fortuna. El problema es que la desigualdad r > g incrementada con la desigualdad de los rendimientos en función de la talla del capital inicial y las economías de escala, conduce a menudo a una concentración excesiva y perenne del patrimonio: aunque las fortunas estén justificadas al inicio, se multiplican y se perpetúan, quizás, más allá de todo límite y de toda justificación racional posible en términos de utilidad social y puede conducir, potencialmente, a una dinámica mundial de acumulación y reparto de los patrimonios hacia trayectorias explosivas y espirales desigualitarias fuera de todo control.

Y de esto hablamos en relación al rendimiento de los fondos soberanos en los que se mezcla el capital y la política, que nos hacen formularnos la pregunta si acaso los fondos del petróleo, o los fondos soberanos como el de la China, van a llegar a poseer el mundo. Piketty afirma que la renta petrolera puede, efectivamente, en cierta medida, permitir comprar el resto del planeta y vivir seguidamente de las rentas del capital correspondiente; lo mismo que si la China continúa su tasa de ahorro del 20 % de sus ingresos nacionales hasta 2100 mientras que Europa y América sólo ahorran el 10 %, una parte importante del Viejo Continente y del Nuevo mundo será poseída por los fondos chinos.

Las desigualdades sobre las que estamos reflexionando quedan, en parte, suavizadas por el Estado social o el Estado del Bienestar. La crisis de 2008 cuya causa, en parte, está en la desregulación, en la falta de Estado, está siendo controlada gracias a políticas pragmáticas que, no obstante, no proveen una respuesta duradera a los problemas estructurales que la han causado.

El retorno del Estado que se predica es proceder a la modernización y evitar el desmantelamiento del Estado del Bienestar. La redistribución moderna no consiste, según Piketty, en transferir riquezas de los ricos hacia los pobres o, al menos, no hacerlo de modo tan explícito; más bien consiste en financiar los servicios públicos y conseguir fuentes de ingresos más o menos iguales para todos, especialmente en las áreas de la educación, la sanidad y las pensiones de jubilación. En este último caso, el principio de igualdad se expresa por una casi proporcionalidad al salario obtenido durante la vida activa. En los otros casos se expresa en un verdadero igualitario acceso.

De modo que Piketty señala que hay que modernizar el Estado social, y no desmantelarlo. Si el acceso a las instituciones educativas, por el costo para los padres, es dificultoso, no se permite la movilidad social. De hecho la correlación intergeneracional de los diplomas y de los ingresos del trabajo no va a la baja, sino que se mantiene. La desigualdad de acceso también parece que se repite con relación a la cumbre de la jerarquía económica, especialmente en Estados Unidos y con respecto de las afamadas universidades privadas.

En cuanto al futuro de las pensiones de jubilación hay que tener presente que actualmente se basan sobre el principio de reparto: las cotizaciones sobre los salarios son inmediatamente utilizadas para pagar las pensiones de los jubilados. Ninguna suma es invertida, sino que todo es inmediatamente utilizado, a diferencia de los sistemas de capitalización. En estos sistemas de reparto que se fundan sobre el principio de solidaridad entre las generaciones la tasa de rendimiento es, por definición, igual a la tasa de crecimiento de la economía. Así todas las generaciones están atadas las unas a las otras, la presente a la próxima.

Cuando se pensó en este sistema, las circunstancias eran las ideales, crecimiento demográfico, crecimiento económico, pero la reducción de la tasa de crecimiento en torno al 1,5 % nos hace pensar que este sistema debe ser reemplazado lo más rápidamente posible por sistemas fundados sobre el principio de capitalización, de modo que las cotizaciones deben invertirse y no revertirse hasta la jubilación del que las ha originado.

Pero ¿cómo hacer el cambio? ¿Cómo financiar entre tanto las necesidades sociales que son la razón de ser del Estado?

Finalizaremos esta serie de artículos económicos con el próximo en el que vamos a dejar que Piketty plantee sus propuestas sobre el impuesto progresivo sobre los ingresos repensando el tipo marginal superior así como sobre un impuesto mundial sobre el capital y una posible solución al exagerado nivel de la deuda pública.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXIV. Herencia y mérito visto a largo plazo

XXIV.- Herencia y mérito vistos a largo plazo

10.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

Aunque como hemos visto en artículos anteriores la importancia global del capital actualmente no es muy diferente de lo que lo fue en el siglo XVIII y solamente ha cambiado su forma, pues el capital en terreno rústico ha cambiado a capital inmobiliario, industrial y financiero; aunque sabemos, igualmente, que la concentración de los patrimonios es sensiblemente menos extrema que hace un siglo y que en el curso de siglos pasados, ciertamente permanece muy fuerte, pues la mitad más pobre no posee nada, aunque haya una clase media patrimonial que posee entre un cuarto y un tercio del total de los patrimonios.

Por otra parte los movimientos comparados del rendimiento del capital (r) y de la tasa de crecimiento (g), según Piketty, así como el distanciamiento entre “r” y “g”, permiten entender una parte importante de las evoluciones y, en particular, la lógica acumulativa que explica las muy fuertes concentraciones patrimoniales observadas en la historia.

Pero lo que mejor explica esta lógica acumulativa es el estudio de la evolución a largo plazo de la importancia relativa de la herencia y del ahorro en la formación de los patrimonios, que nos lleva a la conclusión de que, dado que la tasa de rendimiento del capital es fuertemente y durablemente más elevada que la tasa de crecimiento de la economía, es casi inevitable que la herencia, es decir los patrimonios que vienen del pasado, dominen el ahorro, es decir, sean los que más ahorro generan y se conviertan también en los mayores patrimonios que salen del presente. La desigualdad r > g significa, de algún modo, que el pasado tiende a devorar el futuro; las riquezas que vienen del pasado progresan mecánicamente más rápidas, sin trabajar, que las riquezas producidas por el trabajo (a partir de las cuales es posible el ahorro).

¿A dónde lleva la evolución del flujo sucesorio a largo plazo? Piketty señala que dicho flujo representó para Francia en el siglo XIX del 20 al 25 % de los ingresos nacionales hasta que a partir de 1914 fue bajando y llegó al 5 % en 1950, remontando al 15 % en 2010. ¿Cómo evolucionará el flujo sucesorio en el siglo XXI? Piketty contesta que el punto esencial es que, para una estructura dada de comportamientos de ahorro, este proceso acumulativo es tanto más rápido y desigualitario como la tasa de rendimiento del capital es elevada y la tasa de crecimiento es débil.

De hecho, el crecimiento tan fuerte de los años 1950-1970 explica la relativa lentitud de la remontada de la relación M (= valor de la riqueza media a la muerte (partido entre) / valor de la riqueza media de los vivos). Al contrario la reducción del crecimiento explica el envejecimiento de los patrimonios y el retorno de la importancia de la herencia observados desde los años 1980. Intuitivamente, dice Piketty, cuando el crecimiento es fuerte, por ejemplo cuando los salarios aumentan un 5 % anual es más fácil a las generaciones jóvenes acumular patrimonios y competir con los más mayores, pero cuando el crecimiento salarial se reduce hasta un 1 – 2 % anual, los jóvenes activos están casi que inevitablemente dominados por los de más edad cuyo patrimonio progresa al ritmo del rendimiento del capital.

El problema es siempre la tasa de crecimiento, pues para cualquier tipo de comportamiento de ahorro, con un crecimiento económico débil (comparado con el rendimiento del capital), la elevación de la relación M equilibra casi exactamente la baja tendencial de la tasa de mortalidad “m”, tanto que el producto M x m, no depende de la esperanza de vida, sino, más bien, está determinado por la duración de una generación. El resultado es que en una sociedad que envejece, se hereda más tarde, pero se heredan montantes más elevados (al menos para los que heredan), tanto, que la importancia global de la herencia permanece sin cambio.

Es necesario hablar también del hecho de que las creencias meritocráticas más vivas son las que a menudo se ponen delante para justificar las muy fuertes desigualdades salariales, y tanto más fuertes sean, aparecen tanto más justificadas que las desigualdades que se originan de la herencia. Pero la justificación de las desigualdades se fundamenta, según Piketty, en varios malentendidos.

Aunque es evidente que un título académico juega un papel más importante hoy que en el siglo XVIII, eso no implica, necesariamente, que la sociedad haya devenido más meritocrática. En particular esto no implica que la parte de los ingresos nacionales que va al trabajo haya aumentado verdaderamente y, evidentemente, tampoco que cada uno haya tenido acceso a las mismas oportunidades para alcanzar los diferentes niveles de cualificación. De hecho Piketty afirma que la transmisión de un capital humano es siempre menos automática y mecánica que la de un capital inmobiliario o financiero, a pesar de que se pensaba que con el capital humano (la cualificación, la educación académica) se hubiese llegado al fin de la herencia y a la emergencia de una sociedad un poco más justa.

La gráfica 11.11 nos muestra qué proporción de una generación recibe en herencia el equivalente de una vida de trabajo. En los próximos años casi un sexto de la población, cada año, recibirá en herencia un valor mayor que lo que la mitad de la población gana con su trabajo a lo largo de toda una vida, lo que no impedirá a esa sexta parte de la población estudiar, adquirir diplomas y títulos y trabajar para ganar todavía más con su trabajo que será mejor pagado que lo es el de la mitad de la población.

Es perturbador, porque esta forma de desigualdad tiene y va a tener una amplitud inédita en la historia y es difícil de explicar con palabras y más difícil todavía de corregir políticamente, pues se trata de una desigualdad ordinaria, que opondrá a grandes segmentos de la población y a  una élite, con el resto de la población.

 

2015.05.10 Piketty G11.11

Traducción

Título: ¿Qué proporción de una generación recibe en herencia el equivalente de una vida de trabajo?

Eje vertical: Fracción de cada generación implicada

Cuadro: Parte de cada generación que recibe en herencia, al menos, el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de una vida por los 50 % de los empleos peor pagados (en función del año de nacimiento)

Lectura: En el seno de las generaciones nacidas hacia 1970-1980, 12 – 14% de las personas reciben en herencia el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de toda su vida por los 50 % menos bien pagados. Fuentes y series: ver Piketty.

 

A la vista de la tabla entendemos que en el seno de las generaciones nacidas hacia 1970-1980, 12 – 14% de las personas reciben en herencia el equivalente de los ingresos del trabajo recibidos en el curso de toda su vida por los 50 % peor pagados, y afirmamos, que lo cierto es, que el fin de la herencia no ha tenido lugar, aunque, eso sí, el reparto del capital heredado ha cambiado. Esto es lo que ha llegado a ser diferente. Hemos pasado, según los datos que Piketty aporta, de una sociedad con un pequeño número de grandes rentistas a una sociedad con un número mucho más grande de rentistas más pequeños: una sociedad de pequeños rentistas.

Pero Piketty afirma que el rentista es enemigo de la democracia cuando señala que nada garantiza que el modo en que van a continuar estando repartidas las herencias, es decir el reparto del capital heredado, no alcanzará los niveles desigualitarios del pasado y razona que nuestras sociedades democráticas se apoyan sobre un visión meritocrática del mundo, una creencia en una sociedad en la que las desigualdades estarían más fundadas sobre el mérito y el trabajo que sobre la filiación y la herencia, creencia y esperanza que juegan un papel central en la sociedad moderna.

Las desigualdades deberían ser justas y útiles a todos, según el artículo primero de la Declaración de 1789. La igualdad proclamada de los derechos del ciudadano contrasta con la desigualdad bien real de las condiciones de vida y para salir de esta contradicción es vital hacer de modo que las desigualdades sociales  se deriven de principios racionales y universales y no de contingencias arbitrarias.

Sin duda, el retorno de la importancia de la herencia va a ser un fenómeno europeo y después mundial. ¿Cómo nos enfrentaremos a lo que significa? Veremos qué sugiere Piketty, la semana que viene.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XXIII.- Desigualdades en los ingresos del trabajo y en la propiedad del capital

XXIII.- Desigualdades en los ingresos del trabajo  y en la propiedad del capital

03.05.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Piketty se pregunta si las desigualdades de los ingresos salariales del trabajo de los empleados es una carrera entre la educación y la tecnología. Y se lo pregunta porque duda que así sea, pues esta teoría no permite explicarlo todo.

La teoría se basa sobre dos hipótesis. La primera es que el salario de un asalariado dado es igual a su productividad marginal, es decir, a su contribución individual a la producción de la empresa o administración en la cual trabaja. La segunda es que esta productividad depende, ante todo de su cualificación y de la situación de la oferta y de la demanda de cualificaciones en la sociedad considerada.

Aunque a Piketty esta teoría le parece pueril dice que tiene el mérito de poner el acento sobre dos fuerzas que juegan de hecho un papel fundamental en la determinación de las desigualdades de los salarios, incluso en el marco de las teorías más sofisticadas y menos pueriles: la oferta y la demanda de cualificaciones. En la práctica la oferta de las cualificaciones depende del estado del sistema educativo: cuántas personas han podido  tener acceso a una o a otra carrera, cuál es la calidad de estas formaciones, en qué medida han sido completadas por experiencias profesionales adecuadas.

Obviamente vemos que la respuesta a estas preguntas depende de múltiples fuerzas. El sistema educativo depende de las políticas públicas que se hayan seguido, de criterios de selección, del modo de financiación del sistema y del costo de los estudios para los alumnos y sus familias. O más todavía. De las posibilidades de formación a lo largo de la vida profesional, pues las nuevas tecnologías y su progreso dependen del ritmo de las invenciones, de su puesta en marcha y de una renovación permanente del conocimiento.

En Occidente muy apegados al papel central de la escuela y de la formación en el proceso de promoción social, el discurso teórico sobre estas cuestiones y sobre la meritocracia contrasta con la realidad de los orígenes sociales que permiten, o no, acceder a los canales de formación más prestigiosos, por ello este modelo teórico tiene unos límites muy claros y el papel de las instituciones es básico. Se ha visto que el crecimiento moderno ha estado caracterizado por un desarrollo considerable de la parte de las actividades educativas, culturales y médicas en las riquezas producidas y en la estructura del empleo. Por depender de todos los factores indicados, las desigualdades continúan y para evitarlas se han tratado de imponer tablas salariales y salarios mínimos.

A la vista de la historia de los últimos cincuenta años se confirma que invertir en la formación y las cualificaciones es la mejor forma de aumentar los salarios y de reducir las desigualdades salariales: en efecto, la educación y la tecnología son las fuerzas determinantes. Pero, ¿y la explosión extraordinaria de las desigualdades americanas? Piketty afirma que la subida de los “súper cuadros dirigentes” es un fenómeno anglosajón y especialmente se ha dado en el sector financiero: esa es la explicación de la progresión de las desigualdades en los últimos decenios.

También afirma Piketty que las desigualdades en los países emergentes son más débiles y que la idea de la productividad marginal para la fijación de las retribuciones es una ilusión, sobre todo al compararla con el aumento desorbitado de las retribuciones de los cuadros dirigentes (especialmente americanos) cuya base de productividad objetiva es, en modo alguno, imposible de explicar y se convierte en un argumento pueril. Son ellos mismos, mayoritariamente, los que se fijan las retribuciones; son ellos los que tienen funciones no duplicables, que puedan estar en el mercado.

En cuanto a la desigualdad de la propiedad del capital, más bien de la híper concentración patrimonial, hay que decir que los hechos quedan patentes en la gráfica 10.6 en la que se ve que en el año 2010 el decil superior (el 10 % superior) posee en Estados Unidos el 70 % y en Europa poco más del 60 % del patrimonio total, y el percentil superior (1 % superior) posee en Estados Unidos poco más del 30 % y en Europa poco más del 20 %. Ciertamente el punto álgido que marca la máxima desigualdad patrimonial está en el año 1910, y se corrige hacia abajo después de la I y II Guerra mundial, retomándose la senda de la desigualdad.

2015.05.03 Piketty G10.6

Traducción:

La desigualdad patrimonial: Europa y Estados Unidos, 1810-2010

Eje vertical: parte del decil o percentil superior en el patrimonio total.

Cuadro: Parte del decil superior: Europa

Parte del decil superior: Estados Unidos

Parte del percentil superior: Europa

Parte del percentil superior: Estados Unidos

Lectura: Hasta mediados del siglo XX, las desigualdades patrimoniales eran más fuerte en Europa que en los Estados Unidos.

Fuentes y series: Ver Piketty.

 

La mecánica de la divergencia patrimonial se explica por la tasa de interés y el crecimiento a lo largo de la historia. Interés que ha estado entre poco más del 6 % y poco menos del 3 % anual, y crecimiento que ha oscilado en torno a poco más del 1 % anual. De aquí se desprende que la tasa de rendimiento es y ha sido históricamente superior a la tasa de crecimiento, no tanto como una necesidad lógica absoluta sino como una realidad histórica incontestable. No obstante alguien encontrará como explicación la cuestión de la preferencia por el presente.

A estas grandes diferencias trataron de poner coto tanto el “Code civil” francés como la ilusión de la Revolución francesa, la continuidad de las desigualdades se explicó por Pareto en los años 1890-1910, a quien los fascistas le dieron mucha atención.

Si las cosas parece que sean así, ¿cómo es que todavía no se han reconstituido las grandes desigualdades de la “belle époque”? Parece que los elementos de la explicación son el tiempo, los cambios en la estructura impositiva y el crecimiento. Pero Piketty advierte que existe un fuerte riesgo de resurgimiento de las desigualdades patrimoniales por lo que hay que estudiar más directamente la dinámica de la herencia, y después la dinámica mundial en los patrimonios. Pero una conclusión le parece ya clara: Sería ilusorio imaginar que exista en la estructura de crecimiento moderna, o en las leyes de la economía de mercado, fuerzas de convergencia que guíen naturalmente a una reducción de las desigualdades patrimonial o a una armoniosa estabilización.

 

 

 

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