SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XIX. La sustitución capital-trabajo

XIX.- La sustitución capital-trabajo

05.04.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

En nuestro discurso mental es necesario que precisemos algunos puntos, pues no es lo mismo hablar del rendimiento del capital inmobiliario que de otro tipo de capital nominal, hablamos de activos reales y de activos nominales. El capital en dinero, es un capital cuyo valor (nominal) no varía por la inflación, pues cuando uno ingresa 10.000 euros en una cuenta corriente, una libreta de ahorros u otra inversión a plazo, por ejemplo, los 10.000 euros no valen lo mismo 10 años después; su valor depende de la tasa de inflación. Quizás uno pueda comprar la mitad de cosas diez años después, por lo que el valor de los 10.000 euros hay que dividirlo entre 2, lo que conlleva un rendimiento negativo de – 50 % en diez años, que puede o no ser compensado por los intereses obtenidos en el curso de dicho periodo.

Obviamente esto es totalmente diferente para los activos reales, pues el precio de los bienes inmobiliarios, lo mismo que los precios de las acciones o participaciones de las empresas o de las inversiones en productos financieros y fondos de inversión cuyo objeto es invertir en los mercados en la Bolsa, progresan generalmente, al menos, tan rápido como el índice de precios al consumo.

Esto no significa negar los efectos reales de la inflación sobre los patrimonios, sus rendimientos y su reparto, pues aunque hemos visto que la inflación jugó un papel central para reducir las deudas de los países ricos poco después de las guerras del siglo XX, no debemos olvidar que si la inflación se prolonga en el tiempo a niveles elevados, los unos y los otros buscan protegerse invirtiendo en activos reales. No obstante todo deja pensar que los patrimonios más importantes son los que se han indexado mejor y los más diversificados a largo plazo, y que los patrimonios modestos que se concentran en cuentas corrientes y en libretas de ahorro, son los más perjudicados siempre.

En una situación ideal de concurrencia pura y perfecta (lo que nunca se da) del mercado de capital y del mercado del trabajo, la tasa del rendimiento del capital debería ser exactamente igual a la “productividad marginal” del capital, es decir, a la contribución de una unidad de capital suplementaria al proceso de producción considerado. En modelos de cálculo más realistas, aunque mucho más complejos, la tasa de rendimiento del capital depende igualmente del poder de negociación y de las relaciones de fuerza entre los unos y los otros, y puede ser más elevada o más baja que la productividad marginal del capital.

Pero no hay que olvidar que la tasa de rendimiento del capital queda determinada, especialmente, por las fuerzas de la tecnología (pues, como pregunta Piketty, ¿a quién sirve el capital, si no?) y por la abundancia del stock de capital (ya sabéis, demasiado capital, mata el capital).

Aunque teóricamente se puede imaginar una sociedad en la que la relación B = capital/ingresos sea nula y dónde, en su caso, la parte del capital en los ingresos nacionales a = r x B sería también nula, ciertamente en todas las civilizaciones han desarrollado un estado de cosas totalmente distinto, pues el capital ha tenido su función importante. Esto ha sido ha sido porque el capital ha cumplido dos papeles económicos muy importante: de una parte para alojarse, es decir, para producir servicios para alojarse, cuyo valor se ha calculado por el valor del arrendamiento de las viviendas; y de otra parte como factor de producción para producir otros bienes y servicios, como tierras agrícolas, útiles, edificios, máquinas e, incluso, para comprar (invertir en) las semillas a utilizar para sembrar y conseguir la próxima cosecha.

Un mercado de capitales al que se le puede denominar “perfecto” sería el que permitiera a cada unidad de capital ir a invertirse en el mejor uso posible y obtener la productividad marginal máxima disponible en la economía y, en lo posible, en el marco de una cartera de inversión perfectamente diversificada (de modo que se beneficie sin ningún riesgo del rendimiento medio de la economía) y, todo ello, con los costes de intermediación mínimos. Pero, en la práctica, las instituciones financieras y los mercados de las Bolsas, están generalmente muy alejados de este ideal de perfección y se caracterizan por una inestabilidad crónica, olas especulativas y burbujas que se repiten.

Pero a pesar de ello tenemos que reconocer que las instituciones y sistemas de intermediación financiera han jugado un papel central e irremplazable en la historia del desarrollo económico.

La noción de productividad marginal está ligada íntimamente a la cuestión de saber si está justificado y es útil para la sociedad que los poseedores del capital reciban esta productividad marginal como remuneración de su título de propiedad (y de sus ahorros pasados, o bien de los de sus ancestros) sin que ningún nuevo trabajo sea aportado. Esta es una cuestión central sobre la que habría que insistir, pero que ahora, en nuestra economía libre de mercado no se discute.

Independientemente de cuales sean las instituciones o las reglas que organicen la participación capital-trabajo, es lógico y fácil, entender que la productividad marginal del capital disminuye a medida que el stock de capital aumenta. En particular la cuestión central es determinar con qué amplitud el rendimiento medio del capital “r” (suponiendo que sea igual a la productividad marginal del capital) disminuye cuando la relación Capital/Ingresos, es decir B, aumenta.

Se pueden producir dos casos. Si el rendimiento del capital “r” baja más que proporcionalmente cuando la relación capital/ingresos B aumenta, esto significa que la parte de los ingresos del capital en los ingresos nacionales a=r x B disminuye cuando B aumenta. Dicho de otro modo, la disminución del rendimiento del capital hace más que compensar el aumento de la relación capital/ingresos. A la inversa, si el rendimiento “r” cae menos que proporcionalmente cuando la relación aumenta, esto significa que la parte del capital a = r x B aumenta cuando B aumenta. En este caso el movimiento del rendimiento tiene simplemente por efecto amortiguar y moderar la evolución de la parte del capital por comparación a la de la relación capital/ingresos. De los datos que usa Piketty parece ser que es este segundo caso el que ha ocurrido: la parte del capital “a” ha seguido la misma evolución general en forma de curva de “u” que la relación capital/ingresos B.

El título de este articulo habla de la sustitución capital-trabajo que es una “función de producción”, es decir, una formulación matemática que permite resumir de modo sintético el estado de las tecnologías posibles en una sociedad dada, y una función de producción se caracteriza especialmente por una elasticidad de sustitución entre capital y trabajo, concepto que mide la facilidad con la cual es posible sustituir o reemplazar el trabajo por el capital, para producir bienes y servicios solicitados.

Cuando la elasticidad de sustitución es nula, corresponde a una función de producción a coeficientes totalmente fijos. Pero por lo que nos interesa a nosotros es si la elasticidad de sustitución entre trabajo y capital es inferior o superior a uno, porque si la elasticidad está comprendida entre cero y uno, un aumento de la relación capital/ingresos B conduce a una baja tan fuerte de la productividad marginal del capital que la parte del capital en los ingresos disminuye, es decir a = r x B (suponiendo que el tipo de rendimiento del capital sea determinada por su productividad marginal). Si, por el contrario, la elasticidad es superior a uno, un aumento de la relación capital/ingresos B conduce, al contrario, a una baja limitada de la productividad marginal del capital, tanto que si la parte del capital a= r x B aumenta (suponiendo siempre una igualdad entre rendimiento del capital y productividad marginal). En el caso de una elasticidad exactamente igual a uno, los dos efectos se compensan perfectamente: el rendimiento del capital “r” baja en las mismas proporciones que la relación capital/ingresos B, tan bien, que el producto a= r x B queda sin cambio alguno.

Entonces ¿cuál será la sustitución capital-trabajo en el siglo XXI? Piketty indica que dicha elasticidad será superior a uno y aunque reconoce que es muy difícil de prever hasta qué punto la elasticidad de sustitución capital-trabajo será superior a uno, sobre la base de datos históricos, se puede estimar una elasticidad comprendida entre 1,3 y 1,6.

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