Archivos para 22 febrero 2015

SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XIV. Nuestras experiencias afectan la visión de la deuda pública

XIV.- Nuestras experiencias afectan la visión de la deuda pública

22.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

El largo y tumultuoso período de la historia de la deuda pública, de apacibles rentistas de los siglos XVIII y XIX, a la expropiación por la inflación en el siglo XX, ha marcado profundamente las memorias y las representaciones colectivas, hasta tal grado que las teorías económicas son dependientes de las experiencias históricas vividas por sus formuladores. Todos tenemos en mente el rechazo actual del pueblo alemán y de sus dirigentes a políticas que no controlen de modo férreo la inflación, por la marca que dejó en ellos la inflación desbocada que vivieron hace un siglo.

En efecto, David Ricardo formuló en 1817 la hipótesis conocida hoy bajo el nombre de “equivalencia ricardiana”, según la cual se sugiere que el déficit fiscal no afecta a la demanda agregada. La argumentación en que se basa la teoría es que, en su caso, el gobierno puede financiar su gasto mediante los impuestos cobrados a los contribuyentes hoy, o lo puede hacer mediante la emisión de deuda pública. Si elige la segunda opción, llegará un momento en el futuro en el que tendrá que pagar la deuda subiendo los impuestos por encima de lo que estos se ubicarían en ese futuro. La elección, por lo tanto, es entre pagar impuestos hoy o pagar impuestos mañana. La Wikipedia pone un ejemplo en el que el gobierno decide financiar un gasto adicional a través de déficit, esto es, mediante cobrar impuestos mañana. Pues bien, para este caso, Ricardo argumentaba que aunque los ciudadanos tienen más dinero hoy, ellos se darían cuenta que tendrían que pagar impuestos mayores en el futuro y, por lo tanto, ahorrarán un dinero adicional para poder pagar los impuestos futuros. Este mayor ahorro por parte de los consumidores compensaría exactamente el gasto adicional del gobierno, de modo tal que la demanda agregada permanecerá sin modificar. Según mi opinión esto es pura imaginación: las decisiones de la mayoría de los individuos dependen mucho más de la situación real actual que de sus propias formulaciones y presupuestos para el futuro.

En el momento en el que Ricardo escribía, la deuda pública británica se acercaba al 200 % del PIB, aunque esto no parece que hubiera disminuido la inversión privada ni la acumulación de capital, el fenómeno de crowding out (o desplazamiento) no se había producido y el incremento del endeudamiento público parece que fue financiado por un aumento del ahorro privado. Piketty dice que esto no significa que esta sea una ley universal que se cumpla en todo tiempo y en todo lugar, pues todo depende de la prosperidad del grupo social del que se trate (en este caso de una minoría de británicos que tenían suficientes medios para generar el ahorro suplementario requerido).

Por otra parte, cuando Keynes escribía en 1936 respecto de la “eutanasia de los rentistas” estaba, él mismo, profundamente marcado por lo que observaba a su alrededor (la crisis de 1929 y sus consecuencias): el mundo de los rentistas de antes de la Primera Guerra mundial estaba a punto de hundirse y no existía ninguna otra solución políticamente aceptable que permitiera superar la crisis económica y presupuestaria en curso. Keynes sabía bien que la inflación, que el Reino Unido no aceptó sino a contra corriente, era la manera más simple de reducir el peso del endeudamiento público y de los patrimonios que venían del pasado, aunque no fuera la más justa. Era, en realidad, una redistribución de la riqueza, tanto como lo es una reforma agraria o una revolución.

Pero el capitalismo no ha sido ni lo es en todas partes igual. Por ejemplo, en Francia, por su historia, se aceptado durante la mitad del siglo pasado el capitalismo, pero sin capitalistas, élites económicas sobre las que pesaban sospechas fundadas de colaboracionismo con los ocupantes alemanes. Durante los Treinta Gloriosos (años después de la Segunda Guerra mundial) de crecimiento, Francia vivió un capitalismo de Estado en el cual los propietarios privados cesaron de controlar las empresas más grandes, pero a partir de los años 1980-1990 de nuevo la propiedad pública cae a niveles mucho más débiles, hasta tal grado que al principio de los años 2010, la propiedad privada está cerca de los seis años de ingresos nacionales, es decir, veinte veces más que el patrimonio público.

Y en Francia, como en, casi, todo el mundo, el movimiento de privatización, desregulación y liberalización de la economía y de los mercados financieros con sus flujos de capitales, comienza después de las revoluciones conservadoras en los Estados Unidos y en el Reino Unido a partir de los años 1980, que casi coinciden con la caída de los modelos estatistas soviético y chino, cada vez más evidente, lo que lleva a estos gigantes a poner en marcha a principio de los 1980 una liberalización gradual de su sistema económico, con la introducción de nuevas formas de propiedad privada de las empresas.

De modo que, finalmente, el patrimonio público neto ha caído a niveles muy bajos. Tanto es así que la mayor parte de los países, han transformado en el siglo XX, en dos ocasiones, en direcciones opuestas, sin haber comprendido muy bien por qué, la estructura de su patrimonio nacional.

Aunque el capital ha sido más estable en Estados Unidos que en Europa, lo dicho ha sido cierto, tanto de nuestra vieja Europa como del Nuevo Mundo, con algunas particularidades en este último, por el capital negrero (esclavos). De modo que queda volver sobre nuestros pasos para entender mejor la relación capital/ingresos, y su estructura, en el largo plazo, cosa que haremos en sucesivos escritos.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XIII. Sobre la deuda pública

XIII.- Sobre la deuda pública

15.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Supongamos un gobierno que acumula déficits del orden del 5 % de PIB cada año, durante 20 años, por ejemplo, para pagar una masa salarial importante en las fuerzas armadas o para invertir en armamento para las mismas: al cabo de 20 años la deuda pública suplementaria así acumulada será igual al 100 % de PIB.

Si suponemos que el gobierno no busca devolver el principal y se contenta con pagar cada año los intereses, entonces, si el tipo de interés es del 5 %, necesitará cada año pagar el 5% del PIB a los poseedores de la deuda pública suplementaria, y esto, hasta la noche de los tiempos, según plantea Piketty.

Y una cosa semejante es lo que le pasó al Reino Unido en el siglo XIX, pues durante un siglo, de 1815 a 1914, el presupuesto británico estaba sistemáticamente en superávit primario muy importante, es decir, que los impuestos recaudados sobrepasaban sistemáticamente los gastos, con un superávit de varios puntos del PIB, superior, por ejemplo, a todos los gastos de educación, a lo largo de este período. Pero este excedente permitía solamente financiar los intereses pagados a los poseedores de deuda pública, pero sin repagar el principal: la deuda pública británica nominal quedó estable alrededor de mil millones de libras esterlinas durante todo este período.

Fue, final y únicamente, el crecimiento de la producción interior y de los ingresos nacionales británicos (cerca del 2,5 % por año entre 1815 y 1914) lo que permitió, al fin de un siglo de penitencia, reducir fuertemente el endeudamiento público, expresado en un porcentaje de los ingresos nacionales.

¿A quién beneficia, entonces, la deuda pública?

Para Piketty esta experiencia histórica es fundamental por varias razones. En principio permite comprender por qué los socialistas del siglo XIX, comenzando por Marx, desconfiaban de la deuda pública, y la veían como un instrumento al servicio de la acumulación de capital privado.

Además, en esta época, la deuda pública pagaba un alto precio no sólo en el Reino Unido sino en todos los demás países, incluida, particularmente, Francia. El endeudamiento público en Francia aumenta fuertemente desde 1815-1816 para financiar el pago de los ejércitos de ocupación, de nuevo en 1825 para financiar los famosos “mil millones de los emigrados” pagado a los aristócratas exilados durante la Revolución francesa, para compensarles por las redistribuciones de tierras realizadas en su ausencia. El total de la deuda equivale ya en esos momentos al 30 % de los ingresos anuales nacionales. Después de la guerra franco-prusiana en 1870-1871 el estado francés se tiene que endeudar de nuevo para pagar una transferencia a Alemania equivalente aproximadamente al 30 % de sus ingresos anuales nacionales. Al final, en 1914 la deuda pública se encuentra a un nivel más elevado en Francia que en el Reino Unido: entorno al 70 – 80 % de los ingresos nacionales, de modo que el Estado distribuye cada año en intereses el equivalente al 2 – 3% de los ingresos nacionales (o sea, más que el presupuesto de Educación nacional de la época) y estos intereses permiten vivir a un grupo social muy sustancial.

Pero en el siglo XX se desarrolla una visión totalmente diferente de la deuda pública, fundada sobre la convicción de que el endeudamiento podría, al contrario, ser un instrumento al servicio de una política de gasto pública y de redistribución de la riqueza en favor de las clases sociales más modestas.

La diferencia entre las dos visiones es muy simple, dice Piketty: en el siglo XIX la deuda se pagaba a un precio muy alto, lo que era una ventaja para los prestamistas y actuaba en refuerzo de los patrimonio privados; por el contrario en el siglo XX, la deuda se diluía en la inflación y se amortizaba o devolvía en moneda “falsa” (en el sentido de que tenía mucho menor poder adquisitivo).

Hay que hacer notar, según Piketty, que esta redistribución por medio de la inflación ha sido mucho más fuerte en Francia que en el Reino Unido, pues en Francia, entre 1913 y 1950 la tasa de inflación media ha sido de más de un 13 % anual, es decir, una multiplicación de los precios por 100. La consecuencia para el Estado francés es que, a pesar de una fuerte deuda pública inicial (cerca del 80 % de los ingresos nacionales en 1913) y de déficits muy elevados durante el período 1913-1950, en particular durante los años de guerra, la deuda pública francesa se encuentra en 1950 a un nivel relativamente bajo (cerca del 30 % de los ingresos nacionales), casi igual que en 1815. En particular, los enormes déficits de la Liberación fueron casi inmediatamente anulados por una inflación superior al 50 % anual durante los cuatro años de 1945-1948. Así que se saldan las cuentas del pasado, y se comienza a reconstruir el país con una deuda pública pequeña.

En el Reino Unido las cosas se hicieron, según Piketty, de forma diferente, mucho más lentamente y con menos ardor. Entre 1913 y 1950, la tasa de inflación media sobrepasa apenas el 3 % anual, es decir una multiplicación por tres (más de treinta veces menos que en Francia), y aunque esto representa un expoliación no despreciable para los rentistas británicos, inimaginable en el siglo XIX hasta la Primera Guerra mundial, no obstante es claramente insuficiente para impedir la enorme acumulación de déficits públicos durante los dos conflictos mundiales, pues el Reino Unido, se movilizó al completo para financiar el esfuerzo de guerra, incluso rehusando el recurso a imprimir billetes, hasta tal grado que el país se encuentra en 1950 con una deuda pública colosal, superior al 200 % del PIB, mucho más elevada que en 1815.

Hará falta esperar a la inflación de los años 1950-1960 (más del 4 % anual) y sobre todo a la de los años 1970 (cerca del 15 % anual) para que la deuda británica caiga a un nivel del orden del 50 % del PIB.

Expuestos por Piketty, los hechos, con relación al Reino Unido y a Francia, de estos dos últimos siglos XIX y XX, hay que reconocer que este mecanismo de redistribución por medio de la inflación es extremadamente poderoso y ha jugado un papel histórico esencial en los dos países, especialmente durante el siglo XX, pero este mecanismo no puede funcionar de modo sostenido, pues desde el momento en que la inflación deviene permanente, los prestamistas exigen una tasa de interés nominal más elevada, y el alza de los precios no tiene los efectos indicados. Y ello, sin contar que una inflación elevada tiende a acelerarse por sí misma sin cesar (una vez el proceso está lanzado, es difícil de pararlo) y puede producir efectos difíciles de controlar (unos grupos sociales ven sus ingresos grandemente revalorizados, y otros mucho menos). Recordemos los años 1970, un decenio marcado en los países ricos por una mezcla de inflación elevada, de incremento del desempleo y de una relativa estancación económica (la “estanflación”), a partir de los cuales, se desarrolló entre los economistas un nuevo consenso en favor de una inflación débil.

De modo que, de nuevo, preguntamos: ¿a quién beneficia, la deuda pública? Intentaremos llegar a una respuesta entendible en una próxima ocasión.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XII. Las metamorfosis del capital

XII.- Las metamorfosis del capital

8.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Para estudiar las transformaciones de la estructura del capital, Piketty hace referencia a los datos del Reino Unido y de Francia, encontrando que ambos países han seguido evoluciones muy semejantes. Tanto en el Reino Unido como en Francia el valor total del capital nacional se sitúa en torno a los seis-siete años de ingresos nacionales durante los siglos XVIII y XIX hasta 1914. Inmediatamente después de esta fecha se hunde brutalmente a causa de la Primera Guerra mundial, hasta, tal punto, que el capital nacional no alcanza más de dos-tres años de ingresos nacionales durante los años 1950. Desde esta última fecha no ha parado de aumentar y en los años 2010 ha alcanzado la cifra de antes de la Primera Guerra mundial.

Pero el que se haya alcanzado una relación capital/ingresos semejantes a la que se observara para los siglos XVIII y XIX no debe hacernos olvidar las profundas transformaciones en la composición de dicho capital, de modo que los activos implicados en el capital en el siglo XXI no tienen mucho que ver con los del siglo XVIII. Efectivamente las tierras agrícolas han sido reemplazadas progresivamente por  los activos inmobiliarios, y por el capital profesional y financiero invertido en las empresas y las administraciones, aunque el valor global del mismo, medido en años de ingresos nacionales, sea el mismo que el de aquella época.

Recordemos que el capital nacional se puede descomponer en capital interior y capital extranjero neto. El capital interior mide el valor de las existencias de capital (inmuebles, empresas, etc.) implantado sobre el territorio del país considerado. Por su parte el capital extranjero neto, o activos extranjeros netos, mide la posición patrimonial del país considerado respecto del resto del mundo, es decir, es la diferencia entre los activos poseídos por los residente del país en el resto del mundo y los activos poseídos por el resto del mundo en el país considerado, incluidos, en su caso, bajo forma de títulos de deuda pública.

Por otra parte, el capital interior se puede descomponer en tres categorías: tierras agrícolas, viviendas (casas e inmuebles de apartamentos, incluido el valor de los terrenos que ocupan), y otro capital interior, que incluye los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, incluidos los terrenos que ocupan, equipos, máquinas ordenadores, marcas, etc.) valorados como todos los otros activos a valor de mercado. Es quiere decir que:

Capital nacional = tierras agrícolas + alojamientos + otro capital interior + capital extranjero neto.

Pues bien, se constata según la gráfica 3.2 para Francia que las tierras agrícolas representaban al principio del siglo XVIII entre 4 y 5 años de ingresos nacionales, es decir, cerca de 2/3 del capital nacional. Pero tres siglos más tarde las tierras agrícolas valen menos del 10 % de los ingresos nacionales en Francia, así como también en el Reino Unido.

2015.02.08 Piketty G3.2

 

 

Traducción: Gráfica 3.2. El capital en Francia, 1700-2010

Cuadro interior: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Eje vertical: Valor del capital nacional en % de los ingresos nacionales

Pie: Lectura: el capital nacional vale cerca de 7 años de ingresos nacionales en Francia en 1910 (incluida la parte colocada en el extranjero)

Se observa, por otra parte, que la zona oscura correspondiente al valor de las tierras agrícolas se ha hundido completamente, aunque dicho hundimiento ha sido compensado por el incremento del valor de las viviendas que era de apenas un año en el siglo XVIII y en el XXI pasa de tres años.

Como se observa también el valor de los capitales netos poseídos en el extranjero se ha quedado en un valor, incluso negativo.

Todo esto significa que dado que los ingresos nacionales promedios son del orden de 30.000 euros por año y por habitante, tanto en Francia como en el Reino Unido, el capital nacional se establece entorno a los seis años, es decir, 6 veces 30.000, o sea en torno a 180.000 euros por habitante; capital que se distribuye casi en dos partes iguales, de media, cada habitante posee unos 90.000 euros de capital vivienda (que utiliza para sí o para arrendar) y otros 90.000 euros en otras formas de capital interior (principalmente inversiones en empresas). Aquí y ahora el valor de las tierras es casi imperceptible, unos pocos miles de euros por habitante, como máximo.

La metamorfosis ha llevado a la riqueza a la siguiente estructura que muestra la Tabla 3.1.

Traducción: Tabla 3.1: Riqueza pública y riqueza privada en Francia en 2012

2015.02.08 Piketty T3.1.

Títulos en cuadros superiores: Valor del capital, en % de los ingresos nacionales, Valor del capital en % del capital nacional

Títulos columna de la izquierda: Capital nacional (Capital pública + capital privado); Capital público (patrimonio público neto: diferencia entre activos y deudas detentados por el Estado y las otras administraciones públicas); Capital privado (patrimonio privado neto: diferencia entre activos y deudas detentados por los individuos privados [hogares])

Descripción de los % Actifs = Activos; Dettes = Deudas

Pie:

Lectura: en 2012, el valor total del capital nacional en Francia era igual a 605 % de los ingresos nacionales (6,05 años de ingresos nacionales), de los cuales 31 % para el capital público (5% del total)y 574 % para el capital privado (95 % del total). Fuentes: ver Piketty

Recordatorio: los ingresos nacionales son igual al producto interior bruto (PIB), disminuidos por la depreciación del capital y aumentado por los ingresos netos recibidos del extranjero; al final, los ingresos nacionales son igual a casi el 90% del PIB en Francia.

Como se ve en el cuadro anterior el valor del capital público es mínimo, no porque no tenga valor absoluto (aunque también pequeño en relación al capital privado) sino porque se compensa por la deuda pública. Esto nos lleva a plantear el caso del Reino Unido que es a la vez el país que ha conocido los más altos niveles de deuda público y que jamás ha entrado en banca rota, es decir, nunca ha impagado su deuda. Esto explica por otra parte que si no se incumple de una forma o de otra, sea directamente por la repudiación pura y simple, el impago, sea indirectamente por una inflación masiva, el desendeudamiento puede tomar un largo tiempo para reembolsar una deuda pública importante, lo que permite a los prestamistas tomar como rendimiento una parte importante del PIB, impidiendo las inversiones en el país, pues sencillamente una parte del presupuesto va a pagar los intereses de la deuda.

Es por eso que Karl Marx y sus seguidores consideraron que la deuda pública era un instrumento al servicio de la acumulación de capital privado. Pero en el siglo XX la visión fue totalmente diferente, fundada sobre la convicción que el endeudamiento podría, al contrario, ser un instrumento al servicio de una política de gasto público y de redistribución social en favor de los más modestos.

La diferencia entre las dos visiones es muy simple, dice Piketty: en el siglo XIX la deuda se pagaba a un tipo alto, lo que era en beneficio de los prestamistas y actuaba en refuerzo de los patrimonios privados; pero en el siglo XX la deuda ha estado ahogada en la inflación y repagada en moneda “falsa” por la alta inflación, lo que ha permitido de facto financiar los déficits por aquellos que habían prestado sus patrimonio a Estado, sin tener que aumentar los impuestos. Esta es la visión “progresista” de la deuda pública que continúa impregnando los espíritus en este principio del siglo XXI.

Entonces ¿qué?, la deuda pública ¿es nociva o virtuosa? No contestaremos con afirmación clara en uno u otro sentido pero la semana que viene consideraremos lo que David Ricardo, Keynes y otros estudiaron y manifestaron al respecto.

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. XI. La inflación y la forma del capital

XI.- La inflación y la forma del capital

1.02.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Se podría pensar que la inflación es un fenómeno puramente monetario, respecto del cual no deberíamos preocuparnos, en la lectura de la investigación hecha por Piketty y su equipo, plasmada en su libro El Capital en el siglo XXI. De hecho toda la información, tablas, gráficas, que Piketty incluye como datos en su libro, dice, está libre de la tasa de inflación, es decir, que corresponde al crecimiento “real”.

Pero, en realidad, la cuestión de la inflación juega un papel central en su investigación, porque el crecimiento se caracteriza siempre por la aparición de nuevos bienes y servicios y por enormes movimientos de los precios relativos, tantos que es muy difícil de resumir por una cifra única. En efecto, para un mismo crecimiento nominal de un 3% anual, se puede considerar que el crecimiento real es del 1%, si se estima que el incremento de los precios es del 2%.

Los movimientos de los precios relativos pueden jugar un papel más decisivo aun, en el marco de la teoría de Ricardo y de su principio de rareza: si ciertos precios, tales como los de la tierra, los inmuebles o, incluso, el petróleo, toman valores extremos durante periodos prolongados, esto puede afectar durablemente el reparto de las riquezas en beneficio de los detentadores iniciales de estos recursos raros.

Dejaremos para el futuro hablar más profundamente de la inflación, es decir, del alza generalizada de todos los precios, pues puede igualmente jugar un papel fundamental en la dinámica del reparto de las riquezas. En particular, ha sido la inflación la que, esencialmente, ha permitido a los países ricos desembarazarse de su deuda pública después de la II Guerra mundial. La inflación ha engendrado, igualmente, toda suerte de redistribuciones entre los grupos sociales en el curso del siglo XX, de forma caótica y poco controlada.

Por el contrario la sociedad patrimonial que se desvaneció en los siglos XVIII y XIX es indisociable de la más grande estabilidad monetaria que caracterizó este largo período. En efecto, Piketty indica que el primer hecho central que conviene recordar es que la inflación es, en su mayor parte, una invención del siglo XX, pues a lo largo de los siglos precedentes y hasta la Primera Guerra mundial, la inflación era nula o casi nula.

Ciertamente los precios podían subir, o quizás bajar, con motivo de determinadas circunstancias, buenas o malas cosechas, modas u otras causas, pero estos movimientos al alza o a la baja, acaban por compensarse. Esto es lo que demuestran las series estadísticas de precios sobre largos periodos de las que dispone Piketty. Las inflaciones que se observan son del orden del 0,2 al 0,3% anual e incluso en algunos periodos negativas del orden -0,2 % anual. Y ello es cierto en el Reino Unido, en Estados Unidos, así como en Francia. Todo esto cambia a partir de 1914, como se ve en la gráfica 2.6

2015.02.01 Piketty G2.6

Traducción:

Gráfica 2.6. La inflación desde la Revolución industrial

Eje vertical: Tasa de inflación (índice de los precios al consumo)

Cuadro: Francia, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido

Pie de gráfica: Lectura: La inflación en los países ricos fue nula en los siglos XVIII-XIX, elevada en el siglo XX, y es desde 1990 del orden del 2% anual. Fuentes y series: Ver Piketty

Aunque una inflación media entorno al 2 % anual, para esta época, se caracteriza por un movimiento de retorno a la inflación cero, igual a la de antes de la Primera Guerra mundial, no hay que olvidar que una inflación del 2% anual es muy diferente de una inflación cero. De hecho si se le suma a la inflación del 2% un crecimiento real del 1-2% anual, significa que todos los importes –producción, ingresos, salarios- tienden a progresar del orden del 3-4% anual en números nominales.

La inflación como ha quedado dicho tiene su efecto en la deuda, tanto en la deuda privada como en la deuda pública. Esto es algo en lo que incidiremos más adelante.

Ahora, será interesante ver cómo ha ido cambiando la forma del capital, porque a lo largo de estos dos siglos ha habido una importante metamorfosis del mismo. Veamos cómo ha cambiado, por ejemplo, en el Reino Unido en la gráfica 3.1.

2015.02.01 Piketty G3.1

 

Traducción:

Gráfica 3.1. El capital en el Reino Unido, 1700-2010

Eje vertical: Valor del capital nacional, en % de los ingresos nacionales.

Cuadro: Capital extranjero neto, Otro capital interior, Viviendas, Tierras agrícolas

Pie de gráfica: Lectura: el capital nacional vale alrededor de 7 años de ingresos nacionales en el Reino Unido en 1700 / de los que 4 son en tierras agrícolas.

Por no añadir la misma gráfica para Francia se ha de decir que la relación capital/ingresos ha seguido evoluciones extremadamente próximas en los dos países, con una relativa estabilidad en el siglo XVIII y en el XIX, un enorme shock en el inicio del siglo XX y, de nuevo, un importante incremento, desde la mitad del siglo XX hasta el día de hoy.

Queda muy clara, no obstante, la disminución de la importancia de las tierras agrícolas y el incremento de otro capital interior, categoría ésta que comprende los capitales utilizados por las empresas y las administraciones (inmuebles, edificios de uso profesional, equipos, máquinas, ordenadores, marcas, etc., valorados a precios de mercado). Se observa la importancia hasta el año 1910 de los capitales extranjeros (es decir, el valor de los poseído por los ciudadanos del Reino Unido en el extranjero) y su caída hasta el punto que el valor neto es negativo en 2010.

Se ha citado en la gráfica el “capital “nacional” como un orden de magnitud que lo medimos en porcentaje de los ingresos anuales. En la gráfica anterior se muestra que el capital nacional del Reino Unido es del orden del 550% de los ingresos anuales, es decir, 5,5 años de ingresos anuales. Esto es muy semejante a los datos de Francia y también a los de España.

Pero, para seguir adelante con nuestro análisis en base a las investigaciones de Piketty, tenemos que poner sobre la mesa la cuestión de la deuda pública y, más generalmente, la cuestión de la distribución del capital nacional entre capital público y capital privado. Cosa que haremos en el futuro.

 

 

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