Archivos para 30 enero 2015

Como pueden prestar los bancos bajo un patrón oro – Jesús Huerta de Soto

Interesante entrevista

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. X. Reflexiones sobre crecimiento

X.- Reflexiones sobre crecimiento

25.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Aunque resumir el crecimiento de una sociedad a largo plazo por una cifra única es en gran parte una ilusión estadística el punto que para Piketty le parece más importante y sobre el que quiere incidir es que un ritmo de crecimiento de la producción por habitante del orden de 1 % por año, es en realidad, extremadamente rápido, mucho más rápido de lo que uno se pueda imaginar.

Pongámonos a hacer números contando a partir de la magnitud de una generación. Sobre 30 años, un crecimiento de un 1% por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 35%. Un crecimiento del 1,5 % por año corresponde a un crecimiento acumulado de más del 50 %. Lo que, en la práctica, implica transformaciones considerables de los modos de vida y de los empleos.

Concretamente el crecimiento de la producción por habitante ha sido de apenas 1%-1,5% anual en el curso de los 30 últimos años en Europa, en América del Norte y en el Japón, y nuestras vidas han sido plenamente transformadas. En efecto al principio de los años 1980 no existía ni internet ni teléfonos móviles, los transportes aéreos eran inaccesibles para la mayor parte, la mayor parte de las tecnologías médicas punta que están disponibles hoy no existían y los estudios superiores no los podían cursar más que una minoría de la población. En el dominio de las comunicaciones, de los transportes, de la salud y de la educación, los cambios han sido profundos. Estos cambios han afectado profundamente también a la estructura del empleo. Sí, el que la producción por habitante haya progresado alrededor del 35%-50% en el período de 30 años, significa que una fracción muy grande de la producción que se realiza hoy, entre un cuarto y un tercio de los oficios y de las tareas realizadas hoy no existía hace treinta años.

Si comparamos la situación actual con la de las sociedades del paso cuando el crecimiento era casi nulo, o bien de apenas 0,1% anual, como en el siglo XVIII, es una diferencia considerable. Estas sociedades se reproducían idénticamente cada generación, la estructura de los oficios era la misma, la de la propiedad igual. En cambio una sociedad en la cual el crecimiento es de un 1% anual, como es el caso en los países más avanzados desde el principio del siglo XIX, es una sociedad que se renueva profundamente y permanentemente. Esto entraña consecuencias importantes para la estructura de las desigualdades sociales y para la dinámica del reparto de las riquezas. En efecto, el crecimiento puede crear nuevas formas de desigualdades, por ejemplo grandes fortunas se puede construir muy rápidamente en los nuevos sectores de actividad, aunque ello hace que las desigualdades venidas del pasado consecuentemente lleguen a ser menos importantes y la herencia, menos determinante.

Quizás algún lector le parezca que un crecimiento del 1 o del 1,5% es poco importante si miramos lo que los países emergentes han estado consiguiendo en algunos momentos, incluso lo que la propia España ha conseguido durante los últimos dieciocho años según el INE, pero no hay que olvidar que la transformación de España ha sido alucinante. También hay que poner sobre la mesa de estudio el que con un crecimiento débil se pueda provocar una desilusión respecto a conseguir un orden social más justo. Pero el crecimiento, según Piketty, no es lo único en lo que hay que basar la confianza para satisfacer esta esperanza democrática y meritocrática, sino que ésta también se debe apoyar sobre instituciones específicas y no solamente sobre las fuerzas del progreso técnico y del mercado.

Crecimiento en volumen
(Base 2010)
Año Tasa anual (en %)
2013 (A) -1,2
2012 (P) -2,1
2011 (P) -0,6
2010 (P) 0,0
2009 -3,6
2008 1,1
2007 3,8
2006 4,2
2005 3,7
2004 3,2
2003 3,2
2002 2,9
2001 4,0
2000 5,3
1999 4,5
1998 4,3
1997 3,7
1996 2,7

(A) Avance

(P) Provisional

(PE) Primera Estimación

En el curso de los últimos tres siglos el crecimiento mundial habrá atravesado una curva en campana de una amplitud considerable. Sea que se trate del crecimiento de la población, o de la producción por habitante, el ritmo de crecimiento se ha acelerado progresivamente durante los últimos tres siglos y que parece que va a volver a niveles mucho más débiles durante el curso de este siglo XXI.

Si comparamos las dos curvas en campana   (crecimiento de la población y crecimiento de la producción) observamos que en el crecimiento de la población el alza comenzó más pronto y la bajada ha comenzado también más pronto. El ritmo de progresión de la población mundial consiguió su zénit durante los años 1950-1970, con más de un 2% anual y no ha cesado de descender desde entonces.

En cuanto al crecimiento de la producción por habitante ha tardado mucho más despegar pues no ha llegado a ser una realidad hasta el siglo XX. El crecimiento de la producción mundial por habitante ha sobrepasado el 2% anual entre 1950 y 1990, gracias, especialmente, a haber alcanzado Europa al frente económico mundial, y de nuevo entre 1990 y 2012, en este caso al alcance de Asia, especialmente de China en donde el crecimiento ha sobrepasado el 9% anual entre 1990 y 2012 (un nivel jamás observado en la historia.

¿Qué pasará después de 2012? En la gráfica siguiente Piketty da su perspectiva.

2015.01.25 Piketty G2.4

 

Según Piketty en el gráfico 2.4 se muestra una previsión “mediana” pero optimista, pues ha supuesto para los países más ricos (Europa occidental, América del Norte y Japón) un crecimiento del 1,2% anual desde 2012 a 2100 (es decir, un nivel sensiblemente más elevado que el que prevén un gran número de economistas) y por los países pobres y emergentes una continuación suave del proceso de convergencia, con un crecimiento del 5% anual desde 2012 a 2030 y del 4% de 2030 a 2050. Si esto se llega a conseguir quiere decir que el nivel de producción por habitante habrá alcanzado desde 2050, casi en todo lugar, el nivel de los países más ricos, sea en China, en Europa del Este, en América del Sur, en África del Norte o en el Oriente Medio. A partir de este momento el reparto de la producción mundial se aproximaría a la de la población.

En este escenario medio optimista el crecimiento mundial de la producción por habitante sobrepasaría ligeramente el 2,5% anual entre 2012 y 2030, así como entre 2030 y 2050, para caer por debajo del 1,5% después de 2050 dirigiéndose al 1,2% durante el último tercio del siglo.

Pero vamos a tener que hablar de la cuestión de la inflación. Es lo que haremos en el próximo artículo.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. IX. Las etapas del crecimiento económico

Las etapas del crecimiento económico

18.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

La progresión económica sobre el conjunto del período 1700-2012 es exactamente del mismo orden que el crecimiento de la población: 0,8 % anual, de media, es decir, multiplicada por 10 en tres siglos. Los ingresos medios a nivel mundial son actualmente de 760 euros por mes y por habitante; en 1700, eran inferiores a los 70 euros por mes, es decir, al mismo nivel que en los países más pobres del África subsahariana de 2012.

En Europa occidental, en América del Norte o en el Japón, los ingresos medios han pasado de apenas más de 100 euros por mes y habitante en 1700 a más de 2500 euros por mes en 2012, es decir una multiplicación por más de 20. Aunque en realidad la progresión de la productividad, de la producción por hora trabajada, ha sido más elevada aún, pues la duración media del trabajo por habitante ha disminuido mucho, dado que todas las sociedades desarrolladas han dedicado, a medida que se enriquecían, menos tiempo al trabajo y más al tiempo libre (menos jornada de trabajo, más vacaciones, etc.) y, concretamente, esta evolución se ha realizado casi toda ella en el siglo XX.

Aunque, para entender el significado de este incremento es necesario compararlo con los niveles de precios de los diferentes bienes y servicios en vigor en cada momento.

El esquema general es el que distingue los bienes industriales (la industria), para los cuales el incremento de la productividad ha sido mucho más rápida que la media de la economía, tanto que sus precios han disminuido en relación con la media de los precios; los bienes para alimentación (la agricultura y ganadería), para los cuales la progresión de la productividad ha sido continua y determinante durante un muy largo período, pero menos rápida que la de los bienes industriales, tanto que sus precios han evolucionado casi como la media de los precios; y finalmente los servicios, para los cuales el crecimiento de la productividad, generalmente, ha sido relativamente débil, o incluso nula, y para los cuales los precios han aumentado más rápido que la media de los precios.

Pero hay que notar que en todo esto hay una gran diversidad de situaciones en el interior de cada sector económico. Además los modos de vida y las estructuras de los presupuestos familiares se han ido modificando radicalmente, y la progresión del poder de compra varía tanto, siguiendo la de los bienes considerados, que la cuestión de establecer una cifra media no tiene mucho sentido, pues el resultado depende de las ponderaciones escogidas y de las medidas de la calidad, difícil de establecer puesto que la comparación se hace a través de varios siglos.

Ello no obstante, no pone en duda la realidad del crecimiento, pues está claro que las condiciones materiales de la existencia se han mejorado de modo espectacular desde la revolución industrial, permitiendo a los habitantes del planeta alimentarse, vestirse, desplazarse, informarse, cuidarse, y otras cosas más, mucho mejor.

El caso de los servicios merece mención especial, pues en este sector la productividad ha aumentado muchísimo menos, dicho de otro modo, en el que el poder adquisitivo, expresado en servicios, es en el que menos ha aumentado. El ejemplo que pone Piketty es el de un corte pelo que necesita casi igual tiempo de trabajo que al principio del siglo XX, tanto es así que el precio de un peluquero ha sido multiplicado por el mismo coeficiente que el salarios de los peluqueros, el cual ha progresado al mismo ritmo que el salario medio y que los ingresos medios (en una primera aproximación).

Las etapas o cambios en el reparto de la fuerza de trabajo en los tres sectores de la actividad económica, en que se divide tradicionalmente, ha sido la que se indica en la tabla 2.4 en la que se dan los datos para el empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, para el período 1800-2012

2015.01.18 Piketty T2.4

Traducción: El empleo por sectores de actividad en Francia y en los Estados Unidos, 1800-2012, (en % del empleo total), Agricultura, Industria, Servicios. Lectura: en 2012, la agricultura representó 3 % del empleo total en Francia, contra el 21 % para la industria y el 76 % para los servicios. La construcción -7% del empleo en Francia en 2012, así como en los Estados Unidos- ha sido incluida en la industria. Fuentes: ver Piketty.

Hay que darse cuenta de que la división tradicional de los tres sectores, primario (agricultura, ganadería), secundario (industria) y terciario (servicios) con el actual reparto del nivel de empleo en cada uno de sus senos, no tiene sentido, puesto que, precisamente, el enorme agregado servicios, en el cual radica la mayor parte de la mejora de las condiciones de vida, representa el 80 % de la fuerza laboral. Por lo tanto será interesante conocer cómo se subdivide este bloque, y Piketty informa que los servicios de sanidad y educación representan el 20 % del empleo en los países desarrollados, y que todo le hace pensar que esta proporción va a continuar incrementándose, dada cuenta del continuo progreso de la medicina y del desarrollo de la enseñanza superior. Los empleos del sector comercio, hostelería, restauración, ocio y turismo, en típica progresión, también representan un 20 % de la fuerza laboral, incluso en algunos países el 25 %. Por otra parte, los servicios a las empresas (consejo, contabilidad, diseño, informática) junto con los servicios financieros e inmobiliarios (APIs, seguros y bancos), junto con los transportes, se acercan a otro 20 % del empleo total. Si, además, tenemos en cuenta los servicios estatales (administración general, justicia, fuerzas y cuerpos de seguridad, fuerzas armadas, etc.) que están cerca del 10 % del empleo total en la mayor parte de los países, se llega a los 70-80 % anunciados en las estadísticas oficiales.

Si además vemos la gráfica 2.5 a continuación

2015.01.18 Piketty G2.5

Traducción: Gráfico 2.5. La tasa de crecimiento de la producción mundial total desde la Antigüedad hasta 2100. Vertical: Tasa de crecimiento de la producción total. Globos: Tasas de crecimiento observadas, Previsiones (escenario central). Pie de gráfica, Lectura: la tasa de crecimiento de la producción mundial ha sobrepasado el 4 % de 1950ª 1990. Si el proceso de convergencia continúa pasará a estar por debajo del 2 % de aquí a 2050. Fuentes y series: ver Piketty.

Nos podemos preguntar, ¿es esto el fin del crecimiento? La cuestión es que aunque diversos países y continentes han tenido crecimientos muy importantes, lo cierto es que en cuanto a crecimiento económico no proveniente del demográfico, en la historia no se halla ningún caso, de ningún país, que estando en la frontera tecnológica mundial, haya superado el 1,5 % de crecimiento duradero.

No cree Piketty que el crecimiento en el futuro supere el 1,5 % anual en los países ricos, más bien estará entre el 0,5 y el 1,2 %, aunque ello dependerá del ritmo de innovaciones a venir, así como de la fecundidad de las mujeres y el crecimiento poblacional.

¿Acaso un crecimiento, por ejemplo, del 1 % anual, sostenido en los años, no tiene su importancia? Esto es algo que veremos en artículos posteriores.

 

 

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. VIII. El crecimiento demográfico (¿o no?)

VIII.- El crecimiento demográfico (¿o no?)

11.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

A la vista del devenir histórico y sin que ello presuponga una interpretación materialista de la historia, sino la constatación de unos hechos, en la economía capitalista, sólo hay dos grados de libertad: estos son el crecimiento y el ahorro.

Puesto que, como ha quedado dicho en artículos anteriores, la experiencia histórica sugiere que el principal mecanismo que permite la convergencia es la difusión de los conocimientos, tanto a nivel internacional como doméstico, ya tenemos claro que los países pobres han alcanzado y están alcanzando a los ricos, en la medida en que llegan a alcanzar el mismo nivel de saber tecnológico, de cualificaciones, de educación (véase China, India, Corea y otros) y no, en modo alguno, mediante la inversión de los ricos en los países pobres; dicho de otro modo, y no siendo los países pobres propiedad de los más ricos.

Ante esto, tenemos que pararnos a investigar profundamente el papel de crecimiento para conseguir la convergencia.

Pero cuando hablamos de crecimiento está envuelto tanto el crecimiento de la producción como el demográfico, siendo éste último más importante, incluso, que el primero.

En cuanto al crecimiento demográfico, según los datos disponibles, tanto históricos como la proyección hasta el año 2100, el escenario que se presenta, después de haber vivido el que suscribe el período de mayor incremento de la población en el mundo, no está claro.

El gráfico 2.2., nos muestra, tanto los datos históricos, como las previsiones de la ONU para el presente siglo XXI.

 

2015.01.11 Piketty G2.2

 

Traducción

Título: Gráfica 2.2. La tasa de crecimiento de la población mundial desde la Antigüedad hasta 2100

Eje vertical: Tasa de crecimiento de la población mundial

Globos: Tasas de crecimientos observadas. Previsiones ONU (escenario central)

Pie de gráfica: Lectura: La tasa de crecimiento de la población mundial ha sobrepasado el 1 % por año desde 1950 a 2012 y debería volver hacia el 0 % de aquí al fin del siglo XXI. Fuentes y series: Ver Piketty

De este gráfico se desprende que acabamos de salir de un proceso de aceleración indefinida  del ritmo de crecimiento demográfico. Entre los años 70 y 90 del siglo pasado, la población mundial se incrementó a más de 1,8 % anual, casi tanto como el récord histórico absoluto observado entre los años 50 y 70 del mismo siglo, al 1,9 %.

También se desprende que el crecimiento demográfico del planeta ha discurrido a través de una curva en forma de campana durante el periodo que va desde el año 1700 hasta hoy y, según la previsión, hasta el año 2100. Es necesario precisar que el débil crecimiento demográfico previsto para la segunda mitad del siglo XXI (0,2 % entre 2050 y 2100) se debe completamente al continente africano con un incremento del 1 % anual, mientras que América se estanca al 0,0 % y disminuye al -0,1 % en Europa y, todavía más al -0,2 % en Asia.

¿Vamos, pues, a llegar a un crecimiento demográfico negativo? Aunque estas previsiones de la ONU son relativamente inciertas, francamente hay que reconocer que pequeñísimas variaciones en el número de hijos que unos y otros deciden tener, pueden entrañar considerables efectos a nivel de una sociedad entera. Y la historia demuestra que la elección de la tasa de fecundidad depende, a la vez, de consideraciones culturales, económicas, psicológicas e íntimas, dependientes de los objetivos de vida que los individuos se fijan para sí mismos; pero también pueden depender de las condiciones materiales que los diferentes países decidan poner en marcha, o no, para conciliar la vida familiar y la profesional (escuelas, parvularios, igualdad de sexos, etc.) cuestión que según Piketty será una parte importante de los debates políticos públicos durante el siglo XXI.

Piketty hace una reflexión sobre la situación de Europa y América en los años 1780, cuando los países de Europa occidental alcanzaban ya más de 100 millones de habitantes, mientras que América del Norte apenas alcanzaba los 3 millones. ¿Quién iba a pensar que se iba a alcanzar un equilibrio?

En efecto al principio de los años 2010 Europa occidental sobrepasa escasamente los 410 millones, contra 350 millones de América del Norte. Casi nos han alcanzado, proceso que según las previsiones de las Naciones Unidas finalizará de aquí a los años 2050, cuando Europa occidental alcanzará difícilmente los 430 millones contra más de 450 millones que alcanzará, sobradamente, América del Norte.

Y este alcance desde los años 1780 no se explica solamente por la tasa de inmigración, sino por unas tasas de fecundidad que han sido mucho más altas en América del Norte a pesar de la inexistencia de políticas familiares.

¿Acaso lo puede explicar una mayor fe en el futuro, un optimismo propio del Nuevo Mundo, una más fuerte propensión a proyectarse uno mismo y sus hijos, en un mundo en crecimiento perpetuo? Tratándose de cuestiones complejas no hay que excluir a priori ninguna explicación psicológica.

Pero, atención, nada está escrito por anticipado, dice Piketty, pues el crecimiento demográfico americano no cesa de declinar y si los flujos migratorios en dirección a la Unión Europea continúan aumentando, y la tasa de fecundidad aumenta, o si la diferencia de esperanza de vida entre Europa y América se torna en la otra dirección, todo puede cambiar. Las previsiones de la ONU no son certezas.

La complejidad de las selecciones individuales, de las estrategias de desarrollo y de las psicologías nacionales, tanto como de los resortes íntimos y de las voluntades de poder, hacen que nadie pueda prever lo que serán los desenvolvimientos demográficos en el siglo XXI.

La tasa de fecundidad alemana, italiana, española y polaca ha bajado de 1,5 hijos por mujer durante los años 2000 y, solamente, el aumento de la esperanza de vida, junto con los fuertes flujos migratorios ha permitido evitar una rápida caída de la población.

Piketty indica que la hipótesis más probable para la tasa de progresión de la población mundial durante los próximos siglos será muy por debajo del 0,8 % actual; de hecho, la previsión oficial está entre 0,1 % y 0,2 % anual, cosa que a Piketty le parece plausible; y en cuanto al crecimiento demográfico de cada país que tiene consecuencias para el desarrollo y la potencia comparada con otras naciones, no solamente tiene estos efectos sino que tiene también implicaciones muy importantes para la estructura de las desigualdades, pues un crecimiento demográfico fuerte tiende a desarrollar un rol igualador, pues disminuye la importancia de los patrimonios que vienen del pasado, es decir de la herencia, y cada generación debe, de algún modo, construirse por ella misma. En efecto, pone Piketty, un ejemplo extremo: si cada pareja tuviera 10 hijos no habría que tener en cuenta la herencia, pues todo sería dividido por 10 a cada generación; en una sociedad así el peso de la herencia queda totalmente reducido y para cada uno, en la mayor parte de los casos, es mejor y más realista confiar en su propio trabajo y en su propio ahorro. Y lo mismo aplica en países donde la población se renueve constantemente por la inmigración, donde la mayor parte de los inmigrantes llegan sin patrimonio importante; aunque este fenómeno implica otras consecuencias pues no se puede comparar totalmente a cuando el dinamismo proviene principalmente del incremento natural de la población, es decir, de la natalidad.

La conclusión sería que en la situación actual, el crecimiento de la población, que aunque es débil, tiene a largo plazo su importancia, y el crecimiento económico, son la fuente de la igualación de los destinos de los pueblos.

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Pedagogía de la disidencia

Excelente artículo

neurociencia neurocultura

a new begining

Anthony Stevens y  John Price son dos psicólogos evolucionistas que en el año 2000 escribieron un libro -para mi de culto- que ofrece una explicación evolucionista de los trastornos mentales tal y como los contemplamos hoy.

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SOBRE EL REPARTO DEL CAPITAL Y LAS RIQUEZAS. VII. El reparto del capital y las riquezas

 

VII.- El reparto del capital y las riquezas

04.01.2015

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Recientemente se ha publicado en castellano el libro que estoy glosando en la sección desde “Mi punto de vista” todos los domingos del Diario LEVANTE EMV de Castellón, España. Pues bien, ahora que el libro El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty ya está en español y está al alcance de cualquier lector, será interesante volver sobre nuestros pasos y hacer una recapitulación de lo dicho en los artículos anteriores sobre las fuerzas de convergencia, divergencia y los conceptos que usamos, así como la primera y segunda leyes fundamentales del capitalismo. En el futuro resumiremos y aclararemos el problema del reparto mundial de los ingresos que es todavía más desigual que la producción, así como lo dicho sobre el crecimiento.

Comenzamos diciendo que Piketty considera, en cuanto a las fuerzas de convergencia y divergencia en economía, que la principal fuerza de CONVERGENCIA es el proceso de difusión de los conocimiento y de inversión en cualificación y formación, señalando que el juego de la oferta y la demanda, así como la movilidad del capital y del trabajo, pueden igualmente actuar de algún modo en este sentido. Se trata de un proceso de difusión de los conocimientos y de participar en el saber –público por excelencia-, y no de un mecanismo de mercado, por lo tanto es muy necesaria la inversión adecuada en la formación, porque de otro modo se puede impedir a grupos sociales enteros beneficiarse del crecimiento económico.

Por el contrario, la principal fuerza de DIVERGENCIA es la desigualdad fundamental entre los tipos de interés, o renta, percibidos por el capital, y el crecimiento económico. En notación matemática r > g, en donde r = tasa de rendimiento del capital y g = tasa de crecimiento de los ingresos y la producción. De ello se colige que de acuerdo con las estadísticas estudiadas que en la sociedades de crecimiento débil, los patrimonios que vienen del pasado toman, naturalmente, una importancia desproporcionada, pues necesidad de un débil flujo de ahorro nuevo para incrementarse continua y sustancialmente.

En su línea argumental Piketty pasa a explicar que el ingreso nacional = producción interior + ingresos netos recibidos del extranjero. El ingreso nacional está compuesto  de los ingresos del capital y de los ingresos del trabajo por lo tanto ingreso nacional = ingresos del capital + ingresos del trabajo.

Llegados aquí plantea la igualdad  patrimonio nacional = capital nacional en el sentido práctico, intercambiables, pues aunque el término capital se puede considerar que son las formas de patrimonio acumulado por el hombre (edificios, máquinas, equipos y otros) y el término patrimonio excluiría esos conceptos y quedaría para la tierra y los recursos naturales, los cuales la especie humana ha heredado sin haber tenido necesidad de acumularlos. Y define el patrimonio o capital nacional como el valor total estimado a precios de mercado de todo lo que poseen los residentes y el gobierno de un país dado en un momento concreto y que potencialmente puede ser intercambiado en el mercado.

Pues bien ese patrimonio nacional = capital nacional mirado desde un punto de vista está compuesto de patrimonio privado + patrimonio público y mirado desde otro punto de vista está compuesto de capital interior + capital extranjero neto

Con estos conceptos claros Piketty explica la primera ley fundamental del capitalismo que relaciona las nociones de capital/ingresos, es decir el importe acumulado que corresponde a las riquezas poseídas en un momento dado del tiempo, o capital, dividido entre el flujo anual de los ingresos. A este ratio capital/ingresos le denominamos B.

De los datos estudiados por Piketty se deduce que el promedio de este ratio para los países desarrollados es B=6, o lo que es lo mismo B=600%, es decir, el capital acumulado, de promedio, vale lo mismo que los ingresos de 6 años. Y nos lleva a explicar con la primera ley fundamental del capitalismo que los ingresos de capital dentro de los ingresos nacionales α, es igual a la tasa de rendimiento medio del capital r, multiplicada por el ratio capital/ingresos, es decir, B. Simplificándolo, escribiéndolo en notación matemática a=r x B. Lo que significa que si B=600% y la tasa de rendimiento r fuera 5%, los ingresos del capital, a, serían 30%.

Hemos visto que esta primera ley fundamental del capitalismo no nos da la determinación concreta de los tres términos de la igualdad a=r x B, lo que nos lleva a la segunda ley fundamental del capitalismo, según la cual la relación B=capital/ingresos es tanto más elevada cuanto más elevada es su tasa de ahorro y cuanto más débil es su tasa de crecimiento.

Esto nos lleva a la afirmación de que aunque hay tres términos en la ecuación, sólo hay dos grados de libertad: crecimiento  y ahorro.

Probablemente a estas alturas los lectores hayan comprendido la preocupación, tanto de la Cancillería alemana con Angela Merkel, el BCE (Banco Central Europeo) con Mario Draghi y la FED (Reserva Federal americana) con Janet Yellen, así como de todos nosotros con respecto a los estímulos al crecimiento, mediante créditos de dinero fácil que podrían estimular también la inflación, y con respecto a preservar y estimular el ahorro mediante evitar la inflación.

 

 

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