EL OFICIO DE POLÍTICO

EL OFICIO DE POLÍTICO

Federico Rivas García. Doctor en Derecho. 13.09.2013                     

 

Recientemente leí el artículo “Cuando en el currículum sólo pone ‘político’” de David Lema en el diario El Mundo, que se publica en España, en donde se hacía referencia, al menos, a algunos políticos y se daba la información de su edad y de los años que llevaba en la política.

 

Nombre Estudios finalizados Edad actual Años en la política Edad en primer cargo político Partido
Rosa Díez         —            61 34          27        UPyD
J. A. Durán Lleida  L. Derecho            61 34          27        CiU
Mariano Rajoy  L. Derecho            58 32          26         PP
A. Pérez Rubalcaba  Dr. CC Químicas            62 31          31        PSOE
Cayo Lara        —            61 26          35         IU
Artur Mas  L.CC Económicas            57 26          31         CiU
Mª D. Cospedal  L. Derecho            47 20          27         PP
Óscar López  L. CC Políticas            40 17          23        PSOE
Susana Díez  L. Derecho            38 14          24        PSOE
C. Floriano  L. Derecho            46 20          26         PP
E. Valenciano         —            53 33          20        PSOE
R. Hernando  L. Derecho            52 30          22         PP
J. I. Zoido  L. Derecho            56 13          43         PP

 

Como dice el articulista, estos son dirigentes de todos los colores que desde la cuna han mamado del biberón ideológico.

De entre los que cita, sólo se salva Juan I. Zoido pues cuando entra en política, independientemente de que tuviera bien arraigada o no su ideología o sensibilidad política, lo hace a los 43 años; un hombre hecho y derecho, con experiencia previa profesional suficiente, 20 años de ejercicio de la función jurisdiccional como juez. Probablemente haya muchos otros que se encuentren en una situación semejante a la de él.

Pero, independientemente de lo indicado en el párrafo anterior, la conclusión a la que se llega es que, estamos siendo gobernados y dirigidos los partidos, por gente sin experiencia profesional, ni económica; gente, que no se ha enfrentado en la vida, a tener que conseguir éxito llevando adelante empresas, despachos profesionales, ni siquiera su propia familia, pues el promedio de edad (quitando a Zoido y a Valenciano) a la entrada en política es de 27,18 años, acabados los estudios quienes los acabaron y pocos, probablemente, casados.

Ciertamente, a lo largo de los años de su propia vida, todo el mundo aprende; pero la experiencia (la edad) en la política es imprescindible, pues, aunque hayan aprendido, manejan cosas, problemas y se enfrentan a decisiones que nunca tomaron para sí mismos, ni sufrieron la carga de la responsabilidad de equivocarse y, por tanto, sufrir las consecuencias de sus actos y decisiones en sus propias carnes.

No, esto no es adecuado. Los políticos no deben salir de los cachorros que se acercan a la política mientras estudian, organizados en lo que denominan Nuevas Generaciones o Juventudes. No debería existir el oficio de político. En las tablas del IAE o IAP no existe epígrafe para el ejercicio de tal profesión u oficio.

Quiero comentar también, aunque sin extenderme, la obediencia ciega y el seguidismo de quien quiere medrar y que le pongan en la lista; la manipulación que hacen los partidos, los “aparatos” de los partidos con las listas electorales, por no ser abiertas, daña a los ciudadanos, que votan a obedientes, estirachaquetas o amigos de quienes deciden sobre quién entra en las mismas. ¿Quién puede creer que un nombre metido en la lista, un amigo, un compañero de quien decide y al que le debe completa lealtad, va a ser el mejor representante del votante?

El político debería ser alguien con edad (piénsese en los muchos jubilados que a los 65 años están plenamente formados, con carreras universitarias que han ejercido a lo largo de su vida, con sus éxitos profesionales y empresariales, con la familia plenamente emancipada (hijos y nietos) y con la vocación de servir a su país. Éstos no necesitan medrar, éstos no necesitan competir entre sí, sino que disfrutan de dar lo mejor de sí antes de que su vida se acabe. Con éstos la corrupción no tendría el camino fácil, precisan de poco y lo poco que precisan lo necesitan muy poco.

En lugar de ser una profesión u oficio, la política, mejor dicho, la dedicación a la política de cualquier ciudadano, debe ser una vocación en el pleno sentido de la etimología de la palabra. Vocatio, vocationis, acción de llamar; sólo la 3ª acepción del DRAE indica que, coloquialmente, se refiere a la inclinación a un estado, profesión o carrera (pero sólo coloquialmente, es decir, sin hablar con propiedad); las demás acepciones tienen que ver con un llamamiento. Pues bien si hay llamamiento es que antes no estabas allí, y se te llama, para que aportes lo mejor de ti, algo cuasi religioso, para el bien de otros.

En modo alguno estas ideas van en contra de las capacidades de las generaciones jóvenes, bien preparadas, diligentes y trabajadoras; pero servir a la comunidad es una cosa más seria que conseguir el propio sustento. Así que practique el joven tener éxito en su oficio, profesión o empresa, y entonces estará preparado para hacerse disponible al llamamiento que en el futuro le pueda hacer la comunidad civil para aportar su conocimiento, ciencia y experiencia en beneficio de todos, administrando, gestionando y decidiendo sobre asuntos de grave importancia que afectarán a sus congéneres.

Pero, para que estas ideas se puedan poner en práctica, es preciso que las listas sean abiertas y que, dentro o fuera de los partidos, se puedan presentar quienes, teniendo la experiencia de toda su vida y de su profesión y gestión, tengan la vocación o llamamiento a servir a sus conciudadanos.

Si se hace así ganaremos muchos buenos políticos que se dedicarán a servirnos, no a servirse a sí mismos o a servirse de la política como, demostrado está, por lo que consta en las hemerotecas, hacen casi todos.

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