El déficit asimétrico. Un producto del ingenio para hacernos creer que todos cumplen

Federico Rivas. Doctor en Derecho

31.07.2013

Nos argumentan que el déficit asimétrico, es decir un déficit diferenciado para cada Comunidad Autónoma, es la solución para cada una de ellas con el propósito de cumplir el objetivo de déficit, lo que además comporta hacer una potente consolidación fiscal y, en su caso, los recortes de gasto correspondientes.

Montoro es un hombre bien preparado, De Guindos otro tanto. Y no digamos menos de su equipo de asesores, ayudantes y funcionarios de carrera en los Ministerios que dirigen.

A quien se le haya ocurrido la idea, individuo o equipo, hay que hacerle la “ola” porque tiene enjundia la cosa. El déficit asimétrico pudiera, incluso, tratarse de una solución psicológica para el malparado estado mental (psicológico) de España.

En efecto, está claro que determinadas Comunidades Autónomas, que podrían ser citadas por nombre (no es el caso aquí) desbarraron más que otras, gastando (algunas creían que lo gastaban para conseguir poner a sus capitales en el mapa del mundo: ejemplo, la nuestra) y malgastando; haciendo inversiones necesarias y no necesarias, útiles e inútiles, y no pensando previamente en la capacidad de pago del endeudamiento en el que entraban para hacer dichas inversiones y gastos.

De modo que cuando llega el momento de despertar a la realidad, cuando se cierran los mercados internacionales a la necesidad de más y más endeudamiento, tanto del Estado central como del periférico , la situación de cada Comunidad Autónoma es como es. Unas por un endeudamiento más bajo, con posibilidades de recuperación del equilibrio fiscal a más corto plazo porque, acostumbradas a gastar menos, las reducciones de gasto son menores y, además, porque habiéndose endeudado menos, la carga de intereses es menor. En otras la situación es completamente diferente: gestores de lo público manirrotos que pensaban que nunca había que devolver el dinero (permitidme esta licencia verbal), acostumbrados a un alto nivel de gasto, con una deuda acumulada muy alta y, por tanto, con una carga financiera por intereses muy pesada.

Si a todas las Comunidades Autónomas se les autoriza el mismo déficit, unas tendrán más problemas en cumplirlo que otras. Unas entrarán en una senda de depresión, de la que difícilmente saldrán, pues precisan mucho más tiempo para la recuperación (por reducción) de los niveles adecuados de gasto, para el equilibrio fiscal y para no incrementar desbocadamente el desempleo con EREs masivos en el empleo público (arma esta la más eficaz contra el gasto). Podrían incluso entrar en el camino de una espiral en dirección hacia el centro, hasta hacer implosión.

Si, por el contrario, se les da más tiempo, es decir, se les permite un importe más elevado de déficit, es posible que con el tiempo adicional y con, por supuesto, cambios drásticos en los patrones de gasto e inversión, con una elevación de impuestos y un mejor control de la eficiencia del gasto, el caballo de su situación se controle y de andar desbocado, pase al galope, y de ahí al trote y finalmente al paso, momento en que todo se pueda controlar.

Y aquí estamos que a algún “lumbrera” se le ocurre esa lógica solución del déficit asimétrico, que no pretende molestar a nadie, ni tratar a unos mejor o peor que a otros, sino todo lo contrario, que las previsiones de déficit de cada Comunidad Autónoma se cumplan en la mayor medida posible. Puesto el déficit para algunas en un porcentaje mayor, es porque para esas, de ningún modo se iba a cumplir otro menor.

Así todos contentos. Cada Comunidad cumplirá su parte, o casi, los mercados internacionales, los organismos de la UE y, hasta nosotros mismos, no creeremos que tenemos controladas las cosas porque la realidad del déficit será más semejante a la previsión de déficit, para cada caso concreto.

Escribo estas líneas porque me he sorprendido de que hasta la fecha nadie lo diga por su nombre. Eso de “asimétrico” es un eufemismo que queda muy bien y no tiene nada de ingeniería ni de ingenio, sino de hacernos trampas en el solitario.

Pero, claro, a lo mejor nos creemos que cumplimos, que somos serios, que tenemos políticos serios que se toman con responsabilidad sus funciones y consiguen encaminar las cosas hacia la buena senda. En una palabra: una cura psicológica, porque creemos que estamos cumpliendo.

Pero no lo digo peyorativamente, porque la economía es una ciencia que se basa casi exclusivamente en la confianza de los individuos consumidores, confianza que les permite comprar porque piensan que las cosas van a ir mejor en el futuro, y ese consumo inicia el camino hacia el exterior en la espiral virtuosa del crecimiento económico.

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