Archivos para 14 agosto 2012

Actividades económicas estafatorias

Actividades económicas estafatorias

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho. 14.08.2012

Un enfoque adecuado para la actividad económica y empresarial es prestar los servicios que el público demanda, hacerlo con calidad y buen precio; es decir, competir. Siguiendo en ese mismo camino, la actividad de dar a conocer al gran público las ventajas de los bienes y servicios que ofreces y hacerlo de modo que consigas marca y satisfacción para el cliente es lo óptimo; es decir, con buenas campañas de comunicación y publicidad. Y todavía, si me apuras, tratar de crear en el gran público la necesidad de obtener o disfrutar de tu producto o servicio, también es un enfoque adecuado; es decir, saber crear la necesidad. Evidentemente todo ello sin engaños ni abusos.

Los que han colaborado conmigo durante lustros saben que siempre me he quejado que algunas actividades económicas que nos prestaban servicios o vendían bienes, parecía que estaban montadas sobre la base del engaño, es decir, que los posibles beneficios venían, no de tener un costo menor que el precio que se hacía pagar al cliente, sino de que al cliente se le hurtara parte de la prestación comprometida.

Este era el caso de la compra y mantenimiento posterior de las fotocopiadoras. Comprabas al contado o con pago aplazado una fotocopiadora que tenía unas determinadas características técnicas que permitían que pudiera prestar el servicio que precisabas tanto en cuanto a calidad, velocidad como número de unidades (copias) que ibas a hacer, por ejemplo, al mes. Al mismo tiempo firmabas un contrato de mantenimiento por un largo periodo de tiempo (en general 5 años) que te aseguraba que por un pago comprometido, que se iba actualizando, tenías asegurado el pleno servicio de la máquina, incluyendo en dicho precio la sustitución de los elementos que iban a ir envejeciendo, con un tiempo de respuesta establecido. En unos casos se incluía la tinta o tóner, en otros no, pero en todos los elementos que se consumían por el uso: tambor y otras piezas de la máquina. ¿Cuál era el problema? Que durante un tiempo inicial la máquina iba perfectamente, pero pasado dicho tiempo, habiendo razonablemente sido usada se precisaba que el servicio técnico estuviera presente, el cual cumplía su cometido casi siempre; en otros momentos tardaba un poco más de lo comprometido, pero ese no era el problema sino el hecho de que no se sustituían las piezas usadas que fallaban porque aquí es dónde radicaba el negocio: en no cumplir el compromiso de estar siempre la máquina como casi nueva. Las piezas caras no se sustituían (ese era el beneficio adicional que conseguía el incumplidor) y la máquina fallaba y fallaba, más y más. El contrato de mantenimiento, que era algo así como un periodo de garantía pagado, no se cumplía en sus propios términos hasta el grado que, no interesando demandar el incumplimiento, te hartabas y comprabas otra máquina, de otra marca, para ver si esta marca y el nuevo servicio técnico sí cumplía.

Algo semejante ocurría con las compañías de seguros. El negocio consistía no en buenos estudios actuariales, estadísticos, mantenidos al día, por ramas de actividades humanas, por rangos de edades, buenos productos, contratos entre compañías que comportaran la redistribución del riesgo, es decir, el reaseguro, sino, sencillamente, en dos cosas: la letra pequeña, casi ilegible, al menos para el gran público, que excluía situaciones conexas, obviar de riesgo; y tener un buen departamento jurídico, propio o externo contratado. El negocio consiste en que dada la ocurrencia del siniestro este no se incluya entre lo asegurado o pueda ser fácilmente discutida su inclusión, así como también discutir el valor de reposición. La mayor parte de la gente común si le dicen que no se incluye desiste de demandar: negocio para la compañía; o si le dicen que el importe de la indemnización es menor de lo esperado, pensando en el costo de una demanda y la inseguridad de conseguir los objetivos de indemnización, claudica en un acuerdo de un importe mucho menor. Ese es el negocio, ese es el engaño, la letra pequeña y el no cumplir de inicio, en todo o en parte, con la obligación de indemnizar.

Estoy seguro que al lector se le ocurrirán más actividades estafatorias, engañadoras o engañosas, semejantes a las indicadas.

No exactamente igual pero parecido es el caso de la actividad financiera o bancaria. ¿Preciso dar explicaciones? Probablemente no, pues el engaño es el que ha llevado a la crisis financiera y económica actual. Tipos de interés exagerados para prestatarios que no podían pagar pero cuya hipoteca se podía empaquetar mediante instrumentos fuera de control administrativo y jurídico para engañar a un inversor que, engañado por las agencias de rating creía que eran crédito con triple A, y eso era lo que le contaban las entidades financieras que comerciaban con estos instrumentos estructurados de nombres rimbombantes.

El que me lee quizás crea que con lo que digo me estoy refiriendo a las entidades financieras de USA y del UK. Efectivamente es así, aunque aquí también vendieron esos productos. No obstante, aquí en España hemos visto pedir hasta perdón público por las actividades llevadas a cabo para con los pequeños ahorradores a los que de modo engañoso se les hurtaba información no señalándoles el hecho de no tener liquidez el producto que se les vendía, llámese preferentes o subordinadas. También aquí hemos visto cambiar de oficina bancaria a centenares y centenares de empleados para que no tengan que hacer frente mirando a los ojos de los miles y miles de ahorradores que ahora se sientes estafados, aunque dichos empleados sólo estuvieran haciendo lo que les indicaban sus superiores. Pero ¿acaso el empleado que pesa en una balanza trucada y lo sabe, es menos culpable que el empresario que la ha trucado?

Habría que hacer una reflexión en cuanto a productividad, a rendimiento, a trabajo duro para conseguir que las empresas tengan beneficios: eso, en la mayor parte de las veces depende de los empleados. Pero parece que en algunas actividades económicas, en su propio DNA, está el engaño, porque de otro modo, no son rentables.

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En la prima de riesgo se esconden abusos

En la prima de riesgo se esconden abusos

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho. 14.08.2012

De unos años a esta parte ¿a quién no le preocupa la prima de riesgo?, pero ¿por qué preocupa, qué es, por qué es tan importante?

Hay que saber que el mercado de deuda primario consiste en las subastas de bonos o instrumentos de deuda soberana por parte de los Estados, por unos importes nominales y a unos vencimientos o plazos de devolución. A estas subastas acuden entidades y particulares a comprar dichos instrumentos pujando por subir los tipos de interés mientras que el Estado se esfuerza por no subirlos mediante no querer vender más instrumentos, es decir, no cubrir el importe previsto o hacerlo a menor ritmo, puesto que cuanta más demanda de dinero por parte del Estado mayor precio (interés) pedirá el prestamista.

Hay que aclarar, adicionalmente, que el mercado secundario es el mercado en el que entidades y particulares se desprenden de los bonos anticipadamente a su vencimiento, por cualquier razón estratégica, financiera o económica que tengan. El mercado secundario es muy importante porque permite tener la posibilidad de tener  liquidez al tenedor de los títulos. Sin dicha posibilidad los títulos serían más difíciles de colocar en las subastas, puesto que las circunstancias de las entidades y personas inversoras cambian con el paso del tiempo y puede llegar el caso de que no puedan esperar al vencimiento para recobrar la liquidez del dinero en efectivo.

Iniciemos este tema diciendo que la prima de riesgo es la diferencia de tipo de interés que se exige en el mercado secundario a los bonos o instrumentos de deuda de un país, en este caso de la zona euro, respecto del país que menos interés se le exige. Pero, claro, si el bono ya ha sido emitido a un tipo nominal el cual no va a cambiar, la forma de conseguir un tipo de interés adicional, una prima, es mediante comprar con descuento respecto del nominal. Hechos los cálculos, esto nos lleva a la prima de riesgo.

Lo segundo que hay que decir es que incluso en el mismo país se exige un prima por recomprar los instrumentos de deuda antes de su vencimiento, porque ¿qué beneficio tiene el que da liquidez mediante la compra de deuda cuyo tenedor es otro, si lo hace por el mismo precio (de lo que resulta el mismo tipo de interés)?, le sería menos complejo comprar directamente deuda en el mercado primario, es decir, directamente al Estado que la emite, salvo que el plazo para el vencimiento no se le acomode y el interés no esté al mayor tipo posible.

La idea de un índice que mostrara el diferencial entre los Estados, en sí, es buena, pero el problema de la prima de riesgo es que se convierte en un índice de referencia y, al igual que otros índices, su ponderación no es adecuada.

¿Qué quiero decir con ponderación?, muy sencillo. Supongamos que una entidad se deshace por necesidad imperiosa de Letras del Tesoro que vencen de aquí a un año, reduciendo 2 puntos porcentuales el nominal, lo que llevará a que el comprador tenga como retribución el tipo de interés, pongamos el 5 % anual, más los 2 puntos indicados, en total un 7 %; mientras que para los números del vendedor tendrá que restar los 2 puntos indicados de descuento y repartirlos entre la duración de la vida de la inversión. Digo que no es lo mismo que el importe total de dichas Letras del Tesoro sea 100 millones de euros que si fueran 5.000 o 15.000 millones de euros. Pues bien, esta ponderación, no se efectúa adecuadamente; el efecto que tiene aun siendo el mismo diferencial de 2 puntos porcentuales, no es el mismo como se ve a continuación:

Importe                                   Prima adicional pagada         Liquidez obtenida

2 puntos porcentuales

100.000.000                                     2.000.000                          98.000.000

5.000.000.000                               100.000.000                    4.900.000.000

15.000.000.000                               300.000.000                 14.700.000.000

Aquí, como se ha visto, entra el volumen de deuda que ha cambiado de manos y no puede ser que un pequeño movimiento relativo, de deuda, afecte tanto las nuevas operaciones a cruzar como, incluso, el listón o meta para las subastas en el primer mercado.

Bloomberg planteó un índice que podría ser utilizado mediante la manipulación por volumen para cambiar el precio de los capitales, es decir los intereses que tenían que pagar, de las deudas soberanas. Aun dando por supuesto que no exista dicha manipulación por volumen, la situación de prevalencia de las agencias de rating, de las agencias de información económica y de las propias entidades financieras permite especular sobre información insuficiente y no fiable contra las deudas soberanas, contra inversores y contra terceros.

¿Acaso es digno de confianza un índice, el de la prima de riesgo española, que se basa en un volumen diario de operaciones de unos 300 millones de euros? Evidentemente NO, y ello teniendo presente que la deuda total española en circulación es de más de 800.000 millones de euros, y la posibilidad, ganas o deseos de cruce de operaciones semanales está entre 10.000 y 15.000 millones.

A pesar de la falta de exactitud y de ciencia tanto en el cálculo como en el enfoque del índice de la prima de riesgo, que nos ocupa, el mercado financiero en el que incluyo las agencias de rating, las de información económica (medios de comunicación) y las entidades financieras actúan insensatamente fuera de ecuanimidad porque tienen intereses creados y tratan, en todo momento, de perjudicar los intereses de terceros (incluidos los Estados) manipulando el mercado.

Los intereses creados de los Fondos soberanos de países de la zona euro y de otras zonas monetarias impides que se haya iniciado tanto un movimiento claro de solución para el problema de las agencias de rating como para la financiación de las deudas soberanas teniendo en cuenta los parámetros fundamentales de los países y no los ataques especulativos basados en datos, sesgados, manipulados y difundidos por quienes ganan con hacerlo.

Habría que ir pensando en cambiar las cosas. Esto no debe seguir así. Es abusivo. No es de recibo que la actividad financiera, fundamentalmente, sea una actividad estafatoria, es decir, de engaño.

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