La asistencia hospitalaria, médica y farmacéutica

El estado del bienestar y los recortes de derechos

La asistencia hospitalaria, médica y farmacéutica

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

29.04.2012

Argumentaba recientemente que la Seguridad Social funciona porque se nutre de primas pagadas por el asegurado y/o por el tomador del seguro (trabajador y empresario), como un seguro cualquiera, y porque también el asegurador, en este caso, el Estado, paga los siniestros.

Entre los siniestros hoy vamos a ocuparnos de la asistencia hospitalaria, médica y farmacéutica, y uso esta terminología para que nos entendamos, porque alguien ha hecho estrategia desglosando de “sanitaria” a “farmacéutica”, como si no estuviera incluida, cosa que creo errónea, pero es la que utilizan políticos y periodistas.

La asistencia hospitalaria es un área muy concreta en la que, difícilmente el enfermo incide con su voluntad de posible abuso; si acaso en los servicios de Urgencias, de los que hablaremos enseguida. La vocación de los involucrados, la buena gestión y el control lo hacen todo para evitar hurtos, abusos o mala utilización de medios y material, al objeto de conseguir la eficiencia en el gasto. Por otra parte, hoy, nadie duda de la necesidad de que el Estado facilite el acceso a dicha asistencia hospitalaria (gestionada de una manera u otra, de la que se puede probar su mejor eficiencia) y no hago referencia a total o parcial, porque aquí en España damos por asumido el estado del bienestar y, por tanto, se exige total. La responsabilidad está totalmente en una gestión adecuada del centro hospitalario, por lo tanto en los gestores  y nada o casi nada recae en el ámbito del paciente.

Respecto de la asistencia médica, es decir, los actos médicos de consulta al paciente, de primeras pruebas (auscultación, revisión etc.) y evaluación, hay que decir cosas tanto de los pacientes como de los profesionales médicos y otros. Ciertamente el médico de cabecera es el consejero tranquilizador y el que para, con la primera actuación médica, la pérdida de tiempo, en su caso, de una actuación especialista u hospitalaria que son mucho más gravosas económicamente; también es el que añade calidad profesional y humana en el acto médico, pues conoce al paciente de mucho tiempo y por tanto tiene una visión de conjunto del mismo. Hay que traer a colación el hecho de que las mujeres van mucho más al médico que los hombres, habrá por tanto que animar a evitar los excesos, en su caso, de las mujeres y también el defecto de no ir al médico los hombres, pues retrasar la atención médica es hacer que la enfermedad progrese y sea de más difícil, o no exista ya, solución. Creo, por tanto, que también aquí la responsabilidad principal para evitar el abuso y ser eficientes en el gasto, está en el médico de cabecera.

Con relación a los servicios de Urgencias hay varios problemas totalmente distintos: acudir a Urgencias porque no hay servicios de cabecera; porque se precisen de servicios especializados y pruebas de las que no se pueden disponer con urgencia en el centro de salud de cabecera; o porque es una urgencia vital. La detección de usos inadecuados del servicio por parte de los pacientes es responsabilidad de los profesionales médicos y otros. La solución de tener servicios adecuados de diversos tipos para evitar el que se usen los que no corresponden es responsabilidad de los gestores de la Sanidad pública. Verdaderamente hay asegurados y pacientes que abusan, habrá que evitarlo no prestándoles el servicio que no es necesario y que puede esperar; con eso se correrá la voz y se corregirá el abuso. Como queda dicho salvo una concienciación como pacientes de que no tenemos que abusar, la responsabilidad principal está, en este caso de los servicios de Urgencias, en los profesionales médicos que atienden el servicio y en los gestores y responsables del mismo.

Hablemos de la asistencia farmacéutica. Los pacientes, especialmente los mayores, por falta de conocimiento, de formación o por la propia pérdida de criterio a causa de la edad, piensan que lo caro es lo mejor, que (tener) más es mejor, que “mejor que sobre que falte” y tienen la tendencia a abusar. Pero ahí están los médicos, especialmente de cabecera, que debieran evitarlo pensando que lo que se prescribe de más (tanto en el hecho de prescribir lo no necesario, como en la cantidad prescrita) lo pagamos todos y no le sacamos utilidad; debemos desechar el pensamiento de que “lo que es de todos (la Sanidad, el Estado) no es de nadie” para cuidar de evitar el abuso en la asistencia farmacéutica. De modo que más allá de la formación a la ciudadanía y a su concienciación de que no se puede malgastar en medicamentos que después se tiran a la basura o que, en exceso son dañinos, la responsabilidad está en la clase médica, de nuevo.

Quizás a los médicos no les parezcan adecuadas estas conclusiones, pero son las que se sacan desde el punto de vista de la gestión eficiente y de los pacientes, que reconocemos que precisamos se nos vaya, no sólo informando sino también formando. Sobre todo los gestores de la Sanidad, pública y privada (estos últimos lo saben bien porque afecta directamente a los resultados de su compañía) deben estar muy al tanto de la eficiencia en el gasto, de la corrección de excesos y de la calidad del servicio.

Dicho esto queda claro que la responsabilidad es de los gestores de la Sanidad como controladores de los profesionales sanitarios y de la gestión eficiente con de calidad; de los Protocolos de funcionamiento de los Centros Hospitalarios o Médicos y de los  Directores Médicos y de Gestión que deberían ser cambiados si no tienen éxito.

¿Es la corrección de abusos, la evitación de excesos, el perseguir la meta de la eficiencia en el gasto, un recorte de derechos? No.

Con el enfoque del que inicialmente venimos, si los gestores de la Sanidad no consiguen pagar los costos con las primas que se acumulan, tienen necesidad de tomar dinero de otras partes: del capital de las compañías privadas [eso son las pérdidas] (en el caso de la Sanidad privada), abocándolas a la quiebra, o de los Presupuestos Generales del Estado (en el caso de la Sanidad pública) para compensar el déficit que se produzca.

Continúa quedando pendiente de reflexión el enfoque de Estado Asistencial por la idea de que si la Seguridad Social la sostiene el Estado es una forma de redistribución de la renta. También tratar la prestación por desempleo, las subvenciones fraudulentas en temas de empleo, y la defraudación que cometen los que hacen chapuzas en la economía sumergida al mismo tiempo que cobrar la prestación.

Pero, estamos viendo hasta ahora que, en todo caso, son los gestores los que deben ser diligentes para evitar abusos que comprometen el sistema. Son los gestores lo que pueden probar otros sistemas de gestión (ejemplo, el privado que pretende llevar a cabo la Comunidad Valenciana) para evitar los problemas de gestión en los que estamos inmersos, aunque algo dependa, como hemos dicho, de los asegurados y pacientes.

De nuevo me pregunto si racionalizar el sistema, evitar el abuso y hacer eficiente el gasto es recortar derechos, como algunos dicen. Los derechos y su recorte es un tema al que, os aseguro, le dedicaré otra reflexión.

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  1. #1 por Ramón el 29 abril, 2012 - 12:08

    Siguiendo con esta línea argumental, lo cortes, no quita lo valiente.

    El sistema sanitario español, considerado de los mejores del mundo, es universal y gratuito. Pero no seamos tan listos, y no hagamos de algo bueno, algo desdichado, por l picaresca de todos sus gestores y usuarios. Lo público, es parte de cada uno de nosotros, y esos nosotros, donde recientemente estamos viendo, que muchos de los responsables gestores han hecho muchas actuaciones fuera de lo que es una responsabilidad coherente, dan por bueno, con sus actos, la picaresca, la relajación y el abuso de algo común, llevando su coste a niveles, fuera de los límites de justos y necesarios.
    Los derechos son los mismos, pero variando en cierto sentido la línea argunmantel, llamo a la administración pública, para que realmente sea ADMINISTRACIÓN. llamo a los gestores públicos, para que sean realmente GESTORES, llamo a los profesionales públicos, para que sean ténica y administrativamente RESPONSABLES. Llamo a los servicios auxiliares píbulicos, para que también piensen no en solo si cobra o no cobran, sino si lo que están aportando al usuario final, es correcto, o un abuso, creando un sistema de RESPONSABILIDAD global. Llamo a los dirigentes políticos, para que piensen, sin requieren de la gestión privada para que hagan lo que no hace la gestión pública, y que como en el caso de los asesores, si de fuera te tienen que asesorar, para que eres concejal o diputado, etc, o gestor de unos recursos y bienes. Llamo a las autoridades públicas, para que analicen en su foro interno, el porque la ciudadanía utiliza la picaresca en lo público, el ejemplo de sus servicios, y que si los ahorros que ellos ahora van a obtener, para las arcas generales, no creen que vienen contraprestadas, por un beneficio a percibir por el gestor privado después de su inversión y trabajo, y si todos esos capitales,no podrán generarse y ahorrarse, por las entidades públicas, para y por tener un servicio público, una gestión publica EFICAZ.

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