La defraudación fiscal es un mal moral

La afirmación del título es, se podría decir, una certeza moral, aunque en una época como la actual no sólo es imprescindible mantenerla en vigor sino potenciarla.

La fiscalidad es la forma moderna de participar en el costo de mantener la cosa común. En la antigüedad se hacían trabajos para el grupo humano o tribu, y para el lugar de asentamiento o población en la que se vivía. Todavía recuerdo que una forma de servicio a la comunidad, en mi pueblo, consistía en participar en arreglar los caminos. Por otra parte, a todos nos es fácil entender la necesidad de participar en hacer dichos trabajos comunitarios: es para el bien común, para nuestro bien.

Pero en una comunidad de humanos siempre hay alguno que, en lugar de aceptar lo que el grupo ha establecido como costumbre o norma, trata de evadir su responsabilidad mediante dejar de hacer su parte. Es algo así como hacerse el listo.

A algunos grupos étnicos, sociales o que profesan determinada religión, practicar la trampa, la mentira y el engaño con éxito, les parece un signo de ser sabios, de ser listos. De ahí los engaños en los precios de venta a los turistas, de ahí la práctica del regateo, rebajando hasta la cuarta parte el precio que se pide y finalmente acordando transacción por no más de 1/3 de lo inicialmente solicitado, porque, de otro modo, te han timado.

Aunque a algunos les parezca que esto es una práctica cultural y graciosa, ciertamente es la práctica del engaño. Y de hecho en ese tipo de culturas el que consigue engañar pasa por listo y se le alaba. En nuestra cultura, no es que todos sean honestos, pero el que consigue engañar, aunque es un tramposo de éxito, trata de ocultarlo porque está mal visto y hay una sanción moral, e incluso legal, para dicha forma de comportamiento.

En efecto uno se siente engañado por haber pagado más precio del razonable o haber recibido un artículo que aparentaba una calidad que no tenía, y se siente mal y considera que el vendedor es un estafador y en nuestra cultura occidental incluso se le puede perseguir penalmente; así el Estado, el ente “cosa común”, la “res pública”, se siente engañada por los defraudadores, por los que no pagan sus impuestos, por los que declaran falsedades ocultando la veracidad de sus relaciones económicas sujetas a imposición. Y también en este caso se persigue a los defraudadores, incluso penalmente, aunque sin mucho éxito.

Por eso el éxito de conseguir que todos los ciudadanos participen en la cosa pública, y no se excusen de hacer su personal aportación, que en el siglo XXI se plasma en pagar sus impuestos, consiste en que todos consideremos que la defraudación fiscal es un mal moral. Y hablo de moral en el sentido más humano del término, de acuerdo al contenido de mi tesis doctoral publicada como “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura” en la editorial Tirant Lo Blanch en noviembre de 2009.

Si defraudamos, siempre estamos produciendo un mal moral, un mal al grupo humano en el que convivimos. Al final se detectará nuestra trampa y se nos excluirá. Somos alguien con quien no interesa convivir, pues los demás participan, se esfuerzan y dan su parte a la comunidad, mientras que nosotros vivimos, en parte, de ella.

Y hoy más que nunca, en una situación de crisis económica y financiera como no ha habido nunca antes, es imprescindible que participemos en hacer cosas por la comunidad pagando nuestros impuestos. ¡Ya está bien de hacer chapuzas que no se declaran!, ¡ya está bien de preguntar ¿lo quiere con IVA o sin IVA?!

Y todo ello porque la defraudación fiscal es un mal moral.

Emitir más euros y ponerlos en circulación, he aquí la solución

Probablemente no sea edificante, pero hay que decir que la inyección de efectivo, imprimir más billetes y acuñar más monedas, aunque puede llevar a inflación, es la solución. Y hay que decirlo y repetirlo; pero a algunos, aquellos que tratan de dar a la economía financiera una apariencia de seguridad, ciencia y derechos plenamente firmes, les parecerá no edificante lo que estoy haciendo. ¿Por qué? porque creen que es un tema que no debería tratarse en público, ante no iniciados, pues la pérdida de confianza en las instituciones emisoras (y en la propia moneda) que ello representaría produciría daño. Algo así como el tratar de la financiación de los partidos políticos que es un tema tabú, que nadie se atreve a tratarlo y a zanjarlo.

El título de este artículo no quiere decir que se deban o puedan imprimir billetes y acuñar monedas sin control. El control lo lleva el Banco emisor, es decir los Bancos Nacionales de cada país en la Zona Euro y el propio Banco Central Europeo. Todos los billetes que se imprimen y las monedas que se acuñan entran, controladamente, en la existencias del BCE. Esta moneda puede quedar almacenada en las arcas de la entidad BCE (que incluye los Bancos Nacionales), pero también se puede poner en circulación para sustituir moneda deteriorada o para ampliar el volumen de masa monetaria en circulación.

Si se pone en circulación, en el caso de que el saldo de la moneda emitida y puesta en circulación, descontada la moneda retirada de la circulación, sea mayor que el incremento del PIB de la zona monetaria (en nuestro caso la Zona Euro) podría llevar a inflación, porque la entera masa monetaria es representativa de toda la riqueza de la Zona Euro; si dada una riqueza se añaden unidades monetarias para representarla, estas unidades monetarias tendrán menor valor.

Como quiera que la inflación es dañina para el ahorro pues las unidades monetarias que ahorras pierden valor, esto lleva a tasas de interés alto que compensan esa pérdida de valor; de otro modo los ahorradores deciden no ahorrar y tienden, más bien, a consumir o mantener en bienes no líquidos su aumento de riqueza. Esto pone ociosos medios financieros que se podrían emplear para aumentar la riqueza del país a través de la economía y el uso del crédito; quedando masa monetaria en manos de Bancos y siendo necesario reducir la que está en circulación. Decía que, como quiera que la inflación es dañina para el ahorro y la economía, una de las principales funciones del Banco Central Europeo es mantener el equilibrio adecuado de la masa monetaria en circulación para que no se produzca inflación y para que los tipos de interés no se eleven.

El problema está en que, como consecuencia de la quiebra de muchos Bancos y entidades financieras no reguladas, la masa monetaria se ha reducido. Para entenderlo, aquí hay que introducir un concepto nuevo, que es el “dinero bancario”. Me explico: Voy a un banco y abro una cuenta corriente con 10.000 euros, lo que me convierte en un cliente de su Pasivo y me dan un talonario de cheques; en realidad sólo preciso una pequeña cantidad de dicho saldo para ser utilizada por mí, pongamos por ejemplo 300 euros. Pues bien, el Banco, teniendo presente la normativa vigente en un momento dado, tiene que mantener un coeficiente de caja, por si acaso yo voy a sacar mis euros; tengamos presente que yo no soy su único cliente, con lo que hay que tener en cuenta el factor de simultaneidad, por lo que no tiene que tener en caja mis 9.700 euros, sino muy pocos, y puede prestar el resto a otro cliente, en este caso un cliente del Activo. Al dinero que le prestan al cliente del Activo le pasa lo mismo que a mi dinero, que no se precisa disponer de él de inmediato, así que le conceden un crédito de 10.000 euros de los que el cliente también dispone de momento, sólo, de 300, como yo. Y así sucesivamente casi hasta el infinito; bueno, no tanto, pero sí, al menos, 30 veces.

Dicho esto, añado que el dinero bancario asciende a la multiplicación, o apalancamiento, del pasivo de los Bancos que prestan, por un coeficiente 30. Mis 10.000 euros multiplicados por 30 generan 300.000 euros de dinero bancario, que es como si hubiera masa monetaria en circulación.

Como decía anteriormente, ese dinero bancario se ha reducido por las quiebras bancarias y porque la desconfianza entre los bancos impide financiarse entre ellos mismos y por lo tanto no se prestan. Esto ha producido un efecto tal como el que hubiese producido si la FED, el BCE, el Banco de Suiza, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón, hubiesen comenzado a retirar de la circulación papel moneda y moneda metálica constantemente, drenando la liquidez del sistema.

Por eso vino la deflación, lo contrario de la inflación, cada vez la unidad monetaria vale más, por eso se rebajan sueldos y se rebajan, si no todos, algunos precios. La riqueza total, se representa por la masa monetaria total y como esta es menor, cada unidad puede valer más.

He tratado de explicar las cosas del modo más sencillo posible, de modo que los iniciados no me hagáis del todo caso. Pero las cosas son más o menos así, aunque no exactamente así.

De forma que como ha habido esa reducción de dinero en circulación (el dinero bancario), es necesario que se sustituya por dinero común (papel moneda y moneda metálica). De ahí la reciente decisión anunciada por los más importante Bancos Centrales del mundo de puesta en circulación coordinada de dinero. De ahí la inyección de dólares americanos en el sistema por parte de la Reserva Federal Americana (FED); de ahí la compra en el mercado secundario de Deuda Soberana por parte del BCE,  la cual tiene que tener liquidez (que se obtiene en el mercado secundario, cuando uno no quiere mantener dicha deuda en su poder por precisar de efectivo) porque de otro modo en las subastas efectuadas por los Estados (o primer mercado), no encontraríamos a nadie que quisiera comprarla. De hecho, esto, además, sirve para que la prima de riesgo no se dispare, precisamente porque no hay liquidez en dicha Deuda, y el que la quiere comprar lo hace, si saca más tipo de interés que el tipo nominal de cuando se emitió la Deuda.

Por eso, SÍ, hay que emitir más moneda y ponerla en circulación. Esta es una decisión mucho más política que económico- financiera. Es algo que USA hace tiempo que está haciendo.

El consumo cayó exageradamente cuando se inició la crisis financiera y no exclusivamente como consecuencia de la curva descendente del ciclo económico lógico, que hubiese menor. El consumo y la inversión responsable cayó por la falta de crédito. Y no tendría que haber caído tanto si hubiese habido crédito, haciendo con ello la curva descendente más suave. Pero las comisiones (ingresos para directivos y firmas financieras) y la ingeniería financiera, léase engaño, produjo la desconfianza de todos para con todos, léase no tener ni dar crédito. Y el dinero en circulación se redujo, léase papel moneda, moneda metálica y dinero bancario; por lo que no hay liquidez. Así que añádase liquidez al sistema y encontremos la solución.