Archivos para 27 agosto 2011

Los estados fallidos

Ya sé que no es el momento de hablar de ello. La crisis económica, el no tener para uno mismo, hace que uno se olvide de los demás.

Y si no, mirad lo del 0,7 % del PIB para Ayuda oficial al desarrollo (AOD). Ni se habla de ello. Los responsables de Cooperación y Desarrollo de la Unión Europea, se comprometieron en mayo del 2005 a elevar la Ayuda Oficial al Desarrollo hasta el 0,56% del PIB comunitario en el año 2010 con el objetivo de alcanzar la cifra del 0,7% en el año 2015. Esto hubiese supuesto destinar al desarrollo 20.000 millones de euros más al año a partir de 2010. Sin embargo el objetivo del 0,7 que fijó la ONU hace 35 años, sólo lo están cumpliendo cuatro países: Dinamarca, Luxemburgo, Holanda y Suecia.

Por eso, hablar de los Estados fallidos quizá no sea el momento. Pero como consecuencia de las revueltas populares de Túnez, Egipto, Libia, Siria y … las que probablemente vendrán, me interesa sacar a colación el tema de los Estados fallidos.

Son Estados fallidos, no hay duda, estados como Somalia, por ejemplo, u otros lugares en donde el monopolio del uso legítimo de la fuerza dentro de sus fronteras no está en manos del Estado, sino en las de los señores de la guerra o los grupos paramilitares.

Aunque el término también se emplea para referirse a otro tipo de Estados en donde hay altas tasas o registros de criminalidad, corrupción política, mercado informal, ineficiencia judicial, interferencia en la política de poderes fácticos con presupuesto y poder político, muy superiores al del Gobierno.

Por otra parte algunos consideran que el concepto no es del todo claro y es manipulable políticamente.

No obstante el centro de estudios estadounidense Fund for Peace emite anualmente el Índice de Estados Fallidos (Failed States Index) que se publica en la revista Foreign Policy. Clasifica a los países basándose en doce factores, como la presión demográfica creciente, movimientos masivos de refugiados y desplazados internos; descontento grupal y búsqueda de venganza, huida crónica y constante de población; desarrollo desigual entre grupos; crisis económica aguda o grave; criminalización y deslegitimación del Estado; deterioro progresivo de los servicios públicos; violación extendida de los Derechos Humanos; aparato de seguridad que supone un ‘Estado dentro del Estado’; ascenso de élites faccionalizadas e intervención, de otros Estados o factores externos.

En el año 2010 fueron incluidos 177 Estados, de estos 37 fueron catalogados como “en alerta”, 92 “en peligro”, 35 como “moderados”, 13 como “sustentable”. Los peores 10 son lo que alisto a continuación:

1. Somalia
2. Chad
3. Sudán
4. Zimbabue
5. Rep. Dem. del Congo
6. Afganistán
7. Irak
8. República Centroafricana
9. Guinea
10. Pakistán

¿A dónde me lleva esto? A lanzar lo que, incluso para mí, parece una peregrina idea, pues imaginad lo que se podría hacer con los 22,47 millones de parados de Europa, la mayoría de los cuales han tenido algún tipo de prestación contributiva y ahora, quizás, tienen ayudas a cargo de los Presupuestos generales de su Estado.

En lugar de incentivar el venir al primer mundo, habría que incentivar el ir al tercer mundo a ayudar bajo el paraguas de la ONU a organizar el Estado para que dejara de ser fallido, incluyendo fuerzas del orden, funcionarios de todo tipo, pero sobre todo, ayudar a la prestación de los servicios básicos, entre ellos los de sanidad y educación.

No todos valdríamos, lo sé. Pero muchos estarían encantados de hacerlo, de hecho lo están y van altruistamente mediante colaborar o trabajar con alguna ONG.

Pero lo que digo es algo mucho mayor. Lo que sugiero es que hay que enviar Altos dirigentes para organizar y planificar el país, su economía, su vertebración social y territorial; Altos funcionarios para aconsejar a esos Altos dirigentes; Empleados de a pie que hagan el trabajo; y Fuerzas de seguridad que tengan a su cargo el mantenimiento del orden para que los demás trabajen. Algo así como una Administración temporal bajo el paraguas de la ONU. Incorporando, poco a poco, a los autóctonos que hayan aprendido (no a robar sino a gestionar bien la cosa pública) y posteriormente, en un acto trascendente, de legítima satisfacción moral mundial, ceder el control total.

Esto es un sueño, pero dejadme soñar. No parece serio lo que he dicho. Pero ¿por qué no?

Estamos manteniendo a gente que no tiene otra cosa para comer que lo que compran con las ayudas gubernamentales que reciben después de haber agotado la prestación por desempleo. Muchos de esos y otros, especialmente los jóvenes, estarían dispuestos a poderse ganar la vida en una país extraño, durante un tiempo, aprendiendo bien uno o dos idiomas, el inglés como idioma franco y el del propio país, aprovechando el que son JASPs, es decir, jóvenes aunque suficientemente preparados, poniéndose como reto histórico haber contribuido al éxito de un Estado previamente fallido.

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¿Una gobernanza económica europea?

Se habla que Alemania no está por la labor de apoyar la creación de eurobonos porque la financiación de su controlado déficit le costaría alrededor de 42.000 millones de euros anuales más, es decir, que el costo de su financiación se elevaría, pues en lugar de que todos los países consiguieran financiarse al tipo de Alemania, lo que ocurriría sería un aumento promediado o ponderado del tipo mínimo que es el que le aplican los inversores a ella.

Por otra parte la “locomotora” no está dispuesta a que los Fondos estructurales sirvan para financiar los déficits de países que no equilibran sus presupuestos y no hacen políticas económicas, financieras y fiscales ordenadas.

Y si, finalmente, acepta un sistema de financiación común será con muchas condiciones: además de lo ya indicado, el que se tengan políticas fiscales coordinadas.

Pero esto último es tanto casi como ignorar la realidad. Los países de la Unión Europea son diferentes, unidos pero diversos, sí, algunos somos periféricos y tenemos más sol, más calor y costumbres que tardaremos tiempo en estandarizar con la UE, al menos hasta la tercera generación, lo que quiere decir otros 30 años, al menos.

Tenemos actividades y áreas económicas que tradicionalmente tinen un peso específico mayor en un lugar que en otro e, incluso, en algún país no existen. El sector primario (la agricultura y la ganadería), el secundario (la industria) y el terciario (los servicios) están mas desarrollados en un país que en otro. Es por eso que me pregunto cómo se pueden coordinar políticas fiscales, si éstas dependen de la economía, tanto los tipos impositivos como los propios impuestos y la importancia de los mismos dentro de la cesta impositiva. Salvo que se quiera uniformizar, cosa que no creo.

¿Acaso la gobernanza económica que se pretende es poner seriedad en las políticas económicas, financieras y fiscales, que falta hace? O pudiera ser que se pretenda que los políticos no vendan la piel del oso a los votantes porque ni son cazadores los que la venden, ni hay oso, ni tiene interés alguno para los posibles compradores y, más bien, hay muchos problemas si se se usan como abrigo. Traducido, que no se puede tener un estado del bienestar que atrae a los sufrientes ciudadanos de países con estado fracasado, o con gobiernos que se preocupan de perpertuarse en el poder como clase política en lugar de hacer algo por su pueblo. Y no se puede tener porque no se puede soportar, porque no hay suficientes trabajadores en la economía real para generar la riqueza que sostenga a los que viven de los impuestos, los funcionarios; a los inmigrantes con plenos derechos en asistencia sanitaria y educación; a los turistas de la salud que vienen a ser intervenidos quirúrgicamente y a que les implanten prótesis; porque tienen la posibilidad de tomar “café” porque algunos creyeron que había para todos.

Quizá la cuestión estriba en que hay que trabajar más, ahorrar, invertir en la economía real para producir más, en lugar de vivir del Estado, del cuento y de la especulación, inmobiliaria o financiera.

Pero como no estoy seguro, esperemos acontecimientos que nos lo aclaren.

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¿Puede fracasar la zona euro?

 

Notaréis que hablo del fracaso de la zona euro, no del euro en sí, porque lo que quiero introducir para debate es el posible fracaso de la economía en la zona euro.

No es que el resto de la UE se encuentre libre de problemas, ni tampoco lo está el resto del mundo, incluidos a la cabeza tanto USA como Japón y China.

Pero de lo que se trata es de reflexionar sobre si la zona euro será capaz de mantenerse unida con una misma moneda, a pesar de que tener una misma moneda parece perjudicar a los países con economías menos potentes, sobre todo, porque el ritmo de actividad económica no es la misma y las políticas económicas de los países no están en consonancia con las actuaciones del Banco Central Europeo por su ucronía; tanto vale decirlo de Jean Claude Trichet como de los ministros de Economía de cada país. En efecto el índice de crecimiento económico no es el mismo en Alemania que en España y otros estados periféricos.

Siendo esto así, quiero decir que al tener cedida la soberanía sobre la moneda al euro, al Banco Central Europeo, es este quien diseña las políticas monetarias que afectan exclusivamente a la estabilidad, es decir a la inflación; y los estados continúan con su soberanía sobre las políticas económicas para las cuales no se dispone del instrumento, de la herramienta, de la política monetaria, la cual no sólo se puede y es bueno utilizar para controlar la inflación sino también para estimular la economía y para corregir las desigualdades que a lo largo del tiempo aparecen como consecuencia de la diversidad de idiosincrasia, entre los países de la Unión, a la hora de hacer trabajo duro y de ahorrar o de vivir del crédito más allá de sus posibilidades reales, de la diversidad de intereses y de las debilidades y fortalezas debidas a la geografía humana y territorial.

En efecto, las economías no están concertadas, no hay una política económica común que podría corregir las desigualdades y los desequilibrios mediante el estímulo compensatorio de políticas de crecimiento económico regional equilibrado.

Y contra los errores de la política económica tampoco se dispone en cada país de la solución drástica de las devaluaciones.

Es por eso que se oyen voces sobre la posibilidad de que alguno de los países de la zona euro se salga de dicha moneda o, incluso de que sea Alemania y algún otro país el que se salga. Ahora va a resultar que los que tenían razón eran los ingleses al no haber querido entrar en la moneda única.

Si ese fuera el caso, evidentemente, la zona euro fracasaría.

En el caso de que fuera Alemania la que se saliera de la zona euro volviendo a su moneda, el “marco”, ésta habría que reevaluarla con respecto al cambio fijo del momento en el que se pasó al euro. Si fueran otros países los que se salieran serían estos, cada uno, los que tendrían que devaluar su propia moneda.

Parece que la primera sea una solución mejor. Alemania está muy por encima de Francia, Italia, de nosotros mismos, España y de todos los demás países de la zona euro, tanto por su población, su PIB, como por sus capacidades. Pero si fuera ella la que se saliera dejaría una zona euro fuera de lugar con una mayoría de países poco disciplinados, malgastadores, poco productivos; esto sería peor que la zona euro actual.

Así que otra solución sería que cada uno de los que no puedan aguantar se salga. Pero ¿les saldrían las cuentas? Algunos expertos dicen que no, que la salida del euro es peor que mantenerse en el euro y soportar las tensiones.

En lo que todos sí parece que están de acuerdo es en coordinar las políticas económicas como solución. Esto se puede hacer de forma complicada, manteniendo bastante o parte de la soberanía sobre la economía; o de forma más sencilla, creando un Súper Ministerio de Economía y Finanzas europeo del que los Ministerios de cada país serían un apéndice (reduciéndolos al tamaño adecuado según las necesidades) que responderían ante el Súper Ministerio de Economía europeo y ante el Consejo Europeo y no ante el gobierno de la nación.

No tengo las ideas claras. Lo que sí sé es que así no se puede continuar, es una situación contra natura. El Banco Central europeo tomando decisiones que perjudican las decisiones económicas de los Ministerios de Economía de algunos países. De modo que hay que darle más facultades al Banco Central Europeo, cual la Fed americana, para que no sea responsable sólo de la estabilidad monetaria, sino también del crecimiento económico;  y hay que crear un Súper Ministerio de Economía Europeo para concertar políticas económicas congruentes a nivel europeo teniendo en cuenta la geografía humana y económica de cada región europea.

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Las redes sociales y los políticos

 

Me supongo que el que me lee tiene abierto algún perfil en alguna de las redes sociales más extendidas y, o bien porque lo solicita uno mismo, o porque se lo solicitan, uno se hace “amigo” de algún político. Pero no os equivoquéis, ni él es vuestro amigo, ni vosotros lo sois de él.

Los perfiles de los políticos de los partidos mayoritarios presentan pocas ideas, algunos dicen alguna cosa, pegan algún link o vínculo, fotos de actos de partido o de instituciones de las que forman parte, hacen referencia a elementos culturales (libros, cine, ciencia), pero la mayoría sólo hacen amigos que no les sirven de nada puesto que no les dicen absolutamente nada. Por supuesto para el amigo tampoco le sirve de nada, salvo el autoengaño de considerar que un político es su amigo.

¿Por qué presentan los políticos pocas ideas en sus perfiles y muros? Bueno, ya sabéis que “por la boca muere el pez” y tienen miedo de que no expresándose de forma absolutamente exacta se malinterpreten sus palabras  y sus electores en potencia puedan quedar desengañados y no les voten ni a ellos ni a sus partidos a quienes se deben (así me lo han reconocido algunos de ellos). Además es que, sometidos al escrutinio público, las palabras de los políticos siempre son imperfectas (lo sean o no intrínsecamente, como las de cualquiera otra persona) y siempre serán criticadas por unos o por otros. Ese es el caso cuando aparecen mensajes que parecen personales, escritos por ellos mismos, pegados al muro, que quedan a la vista de todos, como públicos, y poco después, arrepentidos del error de haberlos colgado, se hacen desaparecer.

Así que la única utilidad de las redes sociales para el político de a pie de un partido mayoritario, es poder decir que tiene “tantos” miles de “amigos” a los que les llegara un mensaje si algún día el partido les indica que hay que emitirlo.

Por otra parte, en realidad, más que estar en contacto con un político, los que sois sus “amigos” estáis conectados a un falso avatar gestionado, en la mayor parte de los casos, por un gestor de redes sociales, del que el político se ha desentendido.

Evidentemente lo dicho no es cierto del caso de los políticos de los partidos minoritarios que en un exceso de darse a conocer, de dar a conocer cómo son y piensan, porque, además tienen mucha más ideología que alimenta a las minorías más fundamentalistas, y porque tienen menos que perder, abanderan ideas una y otra vez, repetitivas hasta la saciedad o plantean críticas (incluso con razón) que les pueden hacer ganar puntos en la opinión pública.

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