Los hijos de… y los apellidos

Que nadie se escandalice a causa de lo que cree intuir en el título pues no suelo usar lenguaje soez pero quería llamar la atención a la tendencia que se ve de huir de lo que pueda aparentar mediocridad o que parezca ser como la mayoría o el término medio de los conciudadanos.

Me refiero a los apellidos. Sabéis que el sufijo –ez significa en castellano algo así como “hijo de” y, según dicen, viene de la desinencia del tiempo de los godos “ath” (az) que cambia a “ez”; no sé si alguien ha indagado que pudiera provenir del latín “ex” que se utiliza más como prefijo.

Pues bien, volviendo al tema de los hijos de…, quiero comentar que nadie quiere oír el apellido de los hijos de Pero (Pedro) llamados Pérez y de Rodrigo llamados Rodríguez, en el caso de Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba. Ambos han permitido, sino alentado, no ser identificados por su primer apellido; están felices de que les llamen Zapatero, ZP a uno, y Rubalcaba al otro. Éste incluso sustituye el Pérez por una P.

Pudiera ser un caso de la mal dicha cuestión de “género”, de querer hacer discriminación positiva a favor de las mujeres, de sus madres, en realidad a favor de su abuelo materno; aunque no creo que sea así.

Ciertamente tanto Rodríguez como Pérez son unos apellidos muy comunes, a los cuales ellos hubiesen dignificado (aunque no lo tengo tan claro) por haber alcanzado tan importante posición en el Gobierno de España, pero en lugar de hacer variaciones con el primer y común, por lo extendido, apellido, tales como José Luis Rodríguez Z. o Alfredo Pérez R. han preferido lo contrario. Verdaderamente no creo que haya habido muchos Rodríguez o Pérez que hayan ocupado la posición política y social que ellos ocupan para que pudieran haber sido confundidos.

Tampoco creo que se avergüencen de su apellido pero sí creo que han caído en el error que cayeron algunos de los diputados cuando debatiéndose la posibilidad de que no estuvieran de acuerdo los cónyuges y padres al intentar imponer los apellidos al hijo, se lanzaron ideas peregrinas tales como que el primero debería ser el menos común y otras tonterías más.

En mi caso hay un dicho que dice que quien apellido no tenía García le ponían, y ese es mi segundo apellido, el de mi madre que viene, por tanto, de mi abuelo materno del que estoy sumamente orgulloso, lo mismo que los estoy con el primero que me viene patrilinealmente, al menos, desde el año 1237.

Como hago yo, animo a todos los “hijos de…” a sentirse orgullosos de sus ancestros.

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