La aparición de la capacidad para el arte y la religión

Con el desarrollo del lenguaje comienza la fluidez cognitiva y con ella el origen del arte y de la religión. Parece que el inicio de todo ello es el momento en que la mente de los primeros humanos desarrolla la capacidad de crear marcas u objetos de una forma intencionalmente preconcebida y determinada. El proceso cognitivo localizado en el campo de la inteligencia técnica usado para hacer artefactos de piedra parece haber sido suficiente para producir figuritas de un trozo de marfil, aunque inicialmente no hayan sido usadas para los fines indicados.

La segunda capacidad crítica es la comunicación intencional que se halla dentro del campo de la inteligencia social y se manifiesta, sobre todo, en el lenguaje hablado, más allá del lenguaje gesticulado o de la vocalización de donde se fue desarrollando.

Y el tercer elemento de la capacidad para el arte es una habilidad para atribuir significado a los objetos inanimados o marcas. En efecto, la capacidad que se da para atribuir significado a las marcas hechas sin intención por los animales (por ejemplo, descubrimiento y seguimiento de huellas de animales, necesaria para la caza) es simétrica a la capacidad de atribuir significado a los objetos inanimados, a las marcas o dibujos, hechos con intención.

Estos son los tres procesos cognitivos, críticos todos, para hacer arte: concepción mental de una imagen, comunicación intencional y atribución de significado, procesos que se desarrollan a partir de los dominios de la inteligencia técnica, social y de la historia natural. Pero la creación de arte precisa que esos dominios trabajen coordinadamente y estrechamente juntos. De ello llega a resultar una explosión cultural.

Desde el arte, con sus representaciones, pasamos a ver a los humanos como animales y a los animales como humanos, que es lo mismo que decir totemismo y antropomorfismo. El antropomorfismo, incluso hoy, invade completamente nuestras vidas: lo hace cuando atribuimos a nuestras mascotas sentimientos, propósitos e intenciones, en relación con nosotros. Esto pudiera ser aceptable respecto de perros y gatos, pero se dice de todo tipo de mascotas. Por su parte el totemismo es la otra orilla de la relación animal-humano. Recordemos que tanto el antropomorfismo como el totemismo es el producto de la cognición fluida, y se da sólo a partir del momento en que aparece esa fluidez.

El arte se utiliza también como información almacenada, patrones o modelos almacenados que otros posteriormente pueden consultar y repetir: caza, instrumentos, herramientas y armas, así como diversidad de tipos de animales. El arte se utiliza para enviar mensajes, por ejemplo mediante el adorno personal, respecto del estatus de uno, de la afiliación al grupo al que pertenece y también para iniciar relaciones con otros individuos.

Es en este contexto que aparece la religión. Muchos de los nuevos comportamientos tales como las imágenes antropomórficas en las pinturas de las cuevas o las costumbres de enterramientos de individuos, en cuyas tumbas se han encontrado objetos, sugieren que en el Paleolítico superior la gente creía en seres sobrenaturales y en otra vida: es el aparecimiento de la religión, de la noción de religión que, por otra parte, es un concepto universal y que tiene como rasgo común, en todas las religiones, la creencia en seres superiores no físicos.

Pascal Boyer, antropólogo social, nota[1] tres características esenciales en las ideologías religiosas. La primera es que, en muchas sociedades, está asumido que un componente no físico de la persona puede sobrevivir después de la muerte y permanecer como ser, con creencias y deseos. También es asumido frecuentemente que, determinadas personas pueden recibir inspiración directa o mensajes de agencias sobrenaturales, tales como dioses o espíritus. Y, finalmente, se asume que, cumpliendo determinados rituales de un modo exacto se puede traer algún tipo de cambio al mundo natural.

Hay evidencias del paleolítico superior especialmente en cuevas, que muestran que son, sin duda, lugares de culto ritual, en donde hay pinturas que representan a chamanes que se comunican con los seres superiores, así como otras imágenes antropomórficas. También hay evidencias en los enterramientos.

Lo curioso, según Boyer es que las ideologías religiosas violan el conocimiento intuitivo biológico, pues aunque esos seres superiores tienen cuerpos no lo son bajo el ciclo del nacimiento, maduración reproducción y muerte. También violan la física intuitiva pues pasan por los sólidos como fantasmas o simplemente son invisibles. Pero, no obstante, dichos seres tienen la tendencia a conformarse a algún conocimiento intuitivo. Boyer dice que es esta combinación de violación de .. , y de conformidad con … , el conocimiento intuitivo, lo que caracteriza a los seres sobrenaturales en las ideologías religiosas.

Mithen dice[2] que hay una manera alternativa de ver a estos seres superiores: como siendo el producto de una mezcla de conocimientos sobre diferentes tipos de entidades en el mundo real. Las rocas no nacen ni mueren como lo hacen las criaturas vivientes, ni tampoco tienen deseos ni intenciones como sí los tienen los humanos, de modo que esta mezcla de conceptos sólo pudo hacerse después del aparecimiento de la fluidez cognitiva.

Boyer indica que la combinación del conocimiento respecto de los diferentes tipos de entidades explica otra característica de las ideologías religiosas: el hecho de que se cree que algunos individuos tienen un papel especial, por sus poderes de comunicación con los seres sobrenaturales. Señala que esto puede provenir de la diferenciación de los papeles sociales que representan, también producto de la cognición fluida.

Según mi punto de vista la religión aparece después de que la especie humana tiene la capacidad de atribuir intenciones a otros, desde el momento que considera que hay otros parecidos o iguales a uno mismo, con sus capacidades y poderes. Determinados Poderes que se observan, todavía incomprensibles, se antropomorfizan o son atribuidos a seres que no se ven, por el momento; seres que aparentemente se presentan en las visiones y alucinaciones producidas por el consumo de algunas sustancias alucinógenas que, a su vez, dan energía. A partir de aquí la religión o culto de esos Poderes, a quienes se apacigua, se confunde con la formalización de las costumbres, algo así como una fijación de las mismas. Lo que es bueno para el grupo se sacraliza, se entiende que es algo permitido por esos Poderes, por lo tanto su voluntad. La religión se ritualiza como metodología para su fijación, para que perdure, que se consigue cuando se pone por escrito en libros sagrados. A partir de este momento ha llegado ya la fijación absoluta de las costumbres mediante la religión, con sus textos sagrados que son los que las contienen.

Pero el contenido de dichos rituales y, posteriormente, de los textos sagrados está dividido en dos partes fundamentales: Los deberes para con los Poderes o para con el Número Uno[3], y los deberes para con el prójimo, es decir, para con el grupo social, tribu o pueblo; ambos continúan posteriormente dentro de la religión, pero los segundos se formalizan y desarrollan todavía más con el Derecho y la Ley, comenzando una andadura, separada de la religión, que llega hasta la complejidad de los poderes Legislativo y Judicial en la actualidad. Los poderes fácticos, confundidos inicialmente, con las Teocracias o gobiernos de Dios, se separan en dos poderes, el temporal Ejecutivo político y el espiritual como cúpula sacerdotal religiosa.

Pero ¿cómo se produjo el aparecimiento de una mente flexible y fluida?, ¿cómo se interconectaron los módulos de las diversas inteligencias especializadas? Parece que el desarrollo del lenguaje social y un cambio en la naturaleza de la consciencia tuvieron un papel primordial. La característica crítica de esta noción de la accesibilidad fue “traer a la consciencia” del conocimiento lo que ya estaba en la mente humana pero localizado dentro de la “cognición inconsciente”. Un argumento decisivo para apoyar esto es lo que sucede según John Searle[4] en aquellos que han sufrido pequeños daños cerebrales que pueden continuar con su comportamiento rutinario pero sin ninguna consciencia de ello. Escribe: “los pacientes pueden realizar tipos de acciones que les eran habituales, rutinarias y memorizadas…  [aunque] la conducta humana normal consciente tiene un grado de flexibilidad y de creatividad, ésta se halla ausente de…  [estos]…  casos de conductores de vehículos inconscientes, pianistas inconscientes. Una de las ventajas que nos han sido conferidas por la evolución de la consciencia es el mayor grado de flexibilidad, sensibilidad y creatividad que se deriva de ser consciente”[5].

No es que faltara la consciencia en los primeros humanos, lo que sucedía es que estaba limitada a la inteligencia social y, como consecuencia, sus interacciones sociales sí estaban impregnadas de sensibilidad, flexibilidad y creatividad, mientras que adolecían completamente de ellas en otros campos.

Aquellos individuos que estaban capacitados para explotar trozos de conversaciones no sociales tenían una ventaja selectiva pues podían integrar conocimiento que habían atrapado dentro de la inteligencia especializada. Esto era particularmente cierto en el caso de las hembras sexualmente maduras.

En el caso de las más antiguas hembras homo sapiens sapiens, como quiera que el incremento del tamaño del cerebro de los hijos se producía después del nacimiento y dado que los niños dependían (como ahora) fuertemente de los adultos, existía una importante demanda de las madres para que se les facilitara alimento suficiente para el crecimiento del cerebro del infante y, por supuesto, también de su anatomía en general. El problema lo resolvieron las hembras, según Chris Knight[6], al conseguir niveles sin precedente de inversión de energía masculina, mediante la conducta, coordinada o no, de las hembras que forzaba a los machos a proveerles alimento de alta calidad mediante la caza. Un importante elemento de conducta, de acción, de las hembras fue el uso de la atracción sexual y el uso del ocre rojo como un recordatorio de la menstruación.

Mithen es escéptico a la idea apuntada de actuación coordinada de las hembras pero acepta la negociación[7] social entre los sexos, de modo que el alimento y la caza pueden haber sido especialmente valiosos en el leguaje social entre hombres y mujeres.

Otra idea a aportar y a tener en cuenta es la evolución que se produjo hacia el bipedalismo, que permitía la reducción de un 60 por ciento de la radiación solar y también de los gastos energéticos en la locomoción, permitiendo forrajear por largos periodos sin necesidad de agua o alimentos en lugares donde quedaba vacío el nicho ecológico entre otros predadores. La altura alcanzada permitía una percepción distinta y más amplia del entorno, lo que facilitaba una explotación del mismo más eficiente.

Con la fluidez cognitiva, la evolución capitalizó una ventana de oportunidad que había sido creada ciegamente, al producir una mente con múltiples inteligencias especializadas.

Vamos a resumir con Mithen cómo la selección natural, ciegamente[8], escribió el programa informático de la mente:

  • Primero se escribió un borrador del programa en la forma de rutinas separadas que se unían juntas con el propósito, en esos momentos, de que el programa funcionase, de que todas las rutinas trabajasen juntas. Esto es análogo a la construcción, mediante la selección natural, de una inteligencia general para nuestros antecesores, los primeros primates, sin complejidad, pero que funcionaba.
  • El siguiente paso fue añadir complejidad al programa, pero se hizo como lo haría un buen programador, asegurándose de que lo que añade es compatible con el programa inicial, y haciéndolo rutina por rutina. Esto es parecido a las inteligencias especializadas que fueron desarrollándose y probándose separadamente, usando la inteligencia general para mantener el sistema completo funcionando.
  • Finalmente se integraron esas rutinas para realizar las más complejas funciones del programa. Parecido a cómo la selección natural usando el lenguaje y la consciencia permitió la unión y la integración de esas inteligencias separadas.

Con la integración de las inteligencias se abrió el paso al desarrollo de la representación, de la meta representación, del arte y de la religión. Y con el desarrollo de la religión se dio paso al desarrollo de  la especialización de papeles de intermediario (aparecimiento de chamanes, profetas) entre los objetos o seres antropomorfizados, a los que se les habían atribuido poderes sobrehumanos (el sol, la tierra, la lluvia, el rayo; animales poderosos en algún sentido, toro, águila, oso), mediante el uso de la previa inteligencia social, muy desarrollada, se consigue mantener el dominio y la cohesión del grupo. A lo que es bueno para el éxito de las interrelaciones entre el grupo, las costumbres, se les atribuye un origen extrahumano, sobrenatural, pues así son mejor seguidas y observadas y los machos dominantes incrementan su poder en el grupo.

Y continuamos dando pasos para el entendimiento de la aparición  o “génesis” de la justicia.


[1] Boyer, Pascal. The Naturalness of Religious Ideas, A Cognitive Theory of Religion. Berkeley: University of California Press, 1994, según la cita de Mithen, Steven. The prehistory of the Mind, Thames andHudson,London, 1996, p 176.

[2] Mithen, Steven. The prehistory of the Mind, Thames andHudson,London, 1996, p 176 y siguientes.

[3] La diferencia entre las culturas orientales y la judeocristiana (posteriormente también la musulmana) es la del politeísmo y el monoteísmo, respectivamente, que todavía perdura y que son formas distintas de enfrentarse a los Poderes, la última pensando que hay Uno que es un Poder de Poderes.

[4] Searle, John. The Rediscovery of the Mind, Cambridge, Mass; London, England, MIT Press, A Bradford Book, 1992. Reimpreso varias veces.

[5] Searle, John. The Rediscovery of the Mind, Cambridge, Mass; London, England, MIT Press, A Bradford Book, 1992, p 108, 109.

[6] Mithen, Steven. The prehistory of the Mind, Thames and Hudson, London, 1996, p 192 citando a Knight, C., C. Power and I. Watts (1995). “The human symbolic revolution: A Darwinian account.” Cambridge Archaeological Journal nº 5, 1995, p (1): 75-114. Knight, Chris. Blood Relations: Menstruation and the Origins of Culture. New Haven and London: Yale University Press. 1995.  Blood Relations: Menstruation and the Origins of Culture. New Haven and London: Yale University Press, 1987.

[7] Apuntan conceptos de compromiso, compensación, valoración, justicia.

[8] Dawkins, Richard. The Blind Watchmaker. Penguin Books, London, 1991. El relojero ciego fue una memorable frase de Richard Dawkins.

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