Archivos para 22 mayo 2011

El drama del desempleo

 

Estaba ayer, día de la reflexión prevista en la legislación electoral española respecto de las elecciones locales y autonómicas en la mayor parte de España, metido en Facebook y compartiendo comentarios como estos:

  • ¿!Qué!, estáis reflexionando? yo sí, en que tenemos que trabajar más todos para ganarnos la vida, tener dinero para gastarlo, aunque sea menos que antes y así salir de la crisis.
  • Continúo reflexionando que si gasto un poco más, aumentará la demanda, si aumenta la demanda, para equilibrarla, aumentará la oferta, que es lo mismo que decir que aumentará la producción y, claro está, para producir se necesita mano de obra. ¡Oh, que bien! ya sé cómo acabar con el desempleo. Adelante pues, gastemos, gastemos lo poco de que podamos disponer más allá de sobrevivir.
  • No creáis que me equivoco ni que es broma. Algunos de nosotros hemos hecho eso. Hemos ido a comprar. Políticos incluidos. Y si no os lo creéis mirad el “estado” de mis amigos.
  • Como dice Nassim Nicholas Taleb en su libro El cisne negro, “lo que determina el sino de una teoría en la ciencia social es el contagio, no su validez”. Y esto es válido para el Movimiento 15 M, para la moda, para el voto en democracia o para el problema de los tipos de interés de la Deuda Soberana.
  • Vale, pues. Contagiémonos de las ganas de gastar, de consumir, para que aumentando la demanda aumente el trabajo para todos. El ‘sino’ de esta teoría además del contagio es su validez universal. No hay crecimiento en el conformismo, en la autosuficiencia; sólo hay crecimiento económico con el consumo y con la confianza de que se continuará consumiendo.

Como respuesta a mis comentarios Yago Ramos dijo: Realmente la solución Keynesiana sería el aumento del consumo, pero desde que estamos en la Unión Europea, ya no es tan sencillo: http://www.youtube.com/watch?v=mk6vgZGdar8 de modo que procedí a visualizar el enlace que me gustó; y poco después añadió: Y aquí continúa explicando la injerencia China en todo esto: http://www.youtube.com/watch?v=LLjFrZMNU2A&feature=related . ¡Excelentes lecciones ambas, que me encantaron!

De modo que continué reflexionando, y ¡mucho que lo hice!

Me puse a pensar en el drama que representa para todo el mundo el paro, el desempleo. Los proyectos de vida se vienen abajo: si me iba a comprar una casa, los muebles o un coche; si estaba proyectando unas vacaciones, cortas o largas; si me iba a casar; todo, todo se viene abajo pues no voy a poder contar con los ingresos previstos, una parte de los cuales iba a destinar a dichos proyectos. Hasta los gastos corrientes, el mantenimiento de mi vida tal cual era hasta hoy queda modificado: no voy a ir una vez a la semana al restaurante a comer o cenar con mi pareja y con los amigos; me va a ser muy difícil continuar cumpliendo con las obligaciones asumidas, los pagos periódicos de operaciones económicas previas. Voy a incumplir, yo que era tan serio, formal y cumplidor.

Observaréis que cuando eso pasa, independientemente de la causa inmediata para la decisión de reducción de plantilla, la actividad económica en general se reduce. Construcción, fabricación de muebles, de vehículos, hostelería y turismo, todo se ve afectado a la baja. La propia vida de uno cambia, ya no hay nuevas parejas que deseen convivir juntas y lo puedan hacer. Y los compromisos se incumplen pues no se pagan los plazos como estaban acordados, y las entidades financieras se resienten, el índice de morosidad de sus clientes aumenta y les es más difícil conseguir buenos resultados y nuevas fuentes de financiación para continuar sustentando el flujo de efectivo y crédito que precisa la actividad económica. De modo que se ha entrado en recorrer un camino en espiral hacia dentro, hacia la contracción, hacia la IMPLOSIÓN del sistema.

Si nos quedáramos sin trabajo, estimado lector, cosa que ha sucedido a casi 5 millones de personas en España, nuestra vida se vendría abajo. Y si esos parados representan el 20 % de la población activa quiere decir que, o una quinta parte de toda la población (pues de los parados dependían personas no activas) vive a costa de las otras 4/5 partes, o la estamos echando a la calle literal, a la mendicidad.

Me diréis que algo tendrán para ir tirando hasta que de nuevo encuentren empleo. En algunos casos así será. Lo que no es seguro es que les llegue hasta que la economía comience a crecer y se les incluya de nuevo en alguna plantilla.

También me diréis que en muchos casos hay picaresca, que muchos parados continúan trabajando haciendo “chapuzas”, que cobran, en un mundo de economía sumergida, compatibilizando con las prestaciones sociales que reciben.

Que es un drama todo el mundo lo sabemos. Lo que no sabe todo el mundo, y si lo supieron no lo recuerdan, es que:

  • No se puede gastar largo tiempo más que lo que se gana.
  • La mejor política social es el pleno empleo.
  • Para el pleno empleo se necesita tener una actitud de responsabilidad, de esfuerzo, de ahorro, especialmente de ahorro de gasto por parte del Estado,  pero también de CONSUMO.
  • No son ni han sido los gobiernos los que han tirado de la economía, sino los consumidores, y estos lo han hecho cuando han tenido un mínimo de CONFIANZA en el futuro.
  • Los gobiernos, incluso los supranacionales, lo único que pueden hacer es afinar y suavizar las relaciones de los intervinientes en la economía real mediante políticas fiscales, de gasto e inversión, así como financieras y de tipos de interés.
  • Pero los verdaderos ACTORES de la ECONOMÍA somos los consumidores.

Como actores, pongámonos a caminar en sentido contrario. Los que continúan teniendo empleo es necesario que dediquen de sus recursos, un poco más que ayer pero menos que mañana, al consumo. Si eso lo hacen las 4/5 partes de la población, estoy seguro que nos meteremos en el camino de una espiral en dirección hacia afuera, hacia la EXPANSIÓN, lo cual producirá incremento del consumo, por tanto de la demanda, por tanto de la producción, por tanto de la ocupación, por tanto de la riqueza, por tanto, de nuevo,  mayor incremento del consumo, de la demanda, de la producción, de la ocupación y de la riqueza, y así sucesivamente.

Pero si la cosa es tan fácil ¿por qué no se ha hecho ya?, si la receta es tan sencilla ¿por qué no se ha aplicado ya? Respuesta: porque no nos lo han dicho, ni repetido, como ahora hago yo; y si nos lo hubiesen dicho, quizás no hubiésemos hecho caso, porque ni tú ni yo hemos tenido la mínima confianza en el futuro, a pesar de que nos jugábamos poco, pues sólo se pide incrementar un poco (aunque sea muy poco) el consumo, aquellos que lo pueden hacer (funcionarios, pensionistas, trabajadores con empleo todavía), no dejar de ahorrar (que también es necesario) aunque nos hemos ido al extremo ahorrando más que nunca.

Que esto son recetas keynesianas, como me dijo Yago Ramos, estoy de acuerdo, pero ¿acaso es malo que lo sean? La prescripción de recetas varía con el tiempo y con la enfermedad. Así también las recetas económicas. Keynes fue bueno desde 1945 a 1973 y ¿después malo? No, lo que pasó es que después ocurrieron cosas como las diversas crisis de la energía que sin que, verdaderamente interviniera el mercado libremente se cambiaron las reglas del juego mediante la situación geopolítica y militar, y se incrementaron los precios de la energía. No está mal aplicar otras recetas para otras enfermedades así que Keynes, Hayek, Friedman o Samuelson hay que aplicarlos cuando toca.

Si todo el mundo leyera lo que he escrito estoy seguro que la mayor parte de las personas me haría caso y en el caso de los que pudieran, aunque fuera poco importe, aumentarían sus consumos en los bares, restaurantes, hoteles, vacaciones, comercios, bienes de consumo de menor valor; que llevaría, posteriormente, con el aumento del empleo, a aumentar la inversión y el consumo en bienes de mayor valor. Seguro que funcionaría.

La cuestión es, si estamos en un círculo estancados o estamos en una espiral (se ha demostrado que sólo la espiral funciona en la economía). El problema es confundir la dirección de la espiral, si vamos hacia adentro, hacia la contracción, o si vamos hacia fuera, hacia la expansión. Otro problema distinto, cuando ya estás en la espiral expansiva, es que las autoridades económicas permitan que el índice en que se aparta del círculo la espiral, yendo hacia la expansión, sea exagerado: si hacia adentro vamos a la contracción y hacia la implosión, hacia fuera vamos a la expansión, que si nos descuidamos, nos lleva a la explosión.

Este es el caso de la presente crisis. Las autoridades financieras no quisieron mirar al futuro y no vieron en la expansión sin fin del crédito la explosión en el horizonte, a pesar de saber de los inventos y mentiras que se vendían por parte de las entidades financieras, con tal que cobrar suculentas comisiones y conseguir rendimientos.

A modo de conclusión sólo me resta repetir que tenemos que gastar lo poco de que podamos disponer más allá de sobrevivir. Si como dice Nassim Nicholas Taleb en su libro EL CISNE NEGRO, “lo que determina el sino de una teoría en la ciencia social es el contagio, no su validez”, contagiémonos de las ganas de gastar, de consumir, para que aumentando la demanda aumente el trabajo para todos. El ‘sino’ de esta teoría además del contagio es su validez universal. No hay crecimiento en el conformismo, en la autosuficiencia, en la autarquía; sólo hay crecimiento económico con el consumo, y con la confianza de que se continuará consumiendo; y esto es una cuestión de voluntad.

Anuncios

1 comentario

Orígenes y evolución de los instintos humanos. El egoísmo es la base del altruismo y el autosacrificio es virtud.

Véase en “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura” http://www.tirant.com/editorial/libro/la-genesis-de-la-justicia-9788498766639

La antropología social da cuenta de la evolución de los instintos humanos y de la cooperación; profundizando un poco más, entendemos los orígenes del comportamiento altruista y de la virtud. ¿Cómo puede ser que el esfuerzo a favor de otros tenga éxito evolutivo? ¿acaso la cooperación, el sacrificio, en definitiva la virtud beneficia el éxito del grupo humano en lugar del del individuo?

Es sorprendente[1] el hecho que el registro fósil muestre que a partir de un determinado momento el tamaño del cerebro humano haya ido en disminución. Hace 50.000 años el cerebro de las mujeres era de 1.468 cc y el de los hombres de 1.567 cc por término medio, mientras que actualmente es de 1.210 y 1.248 respectivamente. Hay que decir también que en los últimos 15.000 años ha habido un acortamiento del cuerpo que según Ridley[2] ha acompañado a los asentamientos humanos en grupos. Esas disminuciones parecen excesivas por lo que, según indica Ridley, esto pudiera sugerir que haya habido un amansamiento de la especie. Dice “cuando los seres humanos se hicieron sedentarios y empezaron a vivir en asentamientos permanentes no pudieron seguir soportando la conducta antisocial y comenzaron a expulsar, encarcelar y ejecutar[3] a los individuos especialmente difíciles”. Esto pudo haber comportado que las personas más agresivas, impulsivas o antisociales, en definitiva las de cerebro más grande y más maduras desde un punto de vista de desarrollo físico[4] fueran extinguiéndose y pasando el resto, a sus descendientes, mayores capacidades sociales de convivencia.

Por otra parte, prima facie parece que el comportamiento altruista, la ayuda mutua, sea contrario a la lucha por la existencia, por la supervivencia; parece, por lo tanto, que el comportamiento egoísta puede ayudar a tener mayor éxito en ello. Y esto es así porque en la naturaleza, vemos a primera vista una guerra de cada uno contra todos. Pero hay que reconocer que, como veremos en este capítulo, los animales que han tenido mayor éxito evolutivo parecen ser los mayormente cooperativos. Es algo así como que, cuanta mayor cooperación haya, mayor retribución todos reciben.

La cooperación nos lleva a la consideración de ‘virtud’, que es un término moral, al menos, según los filósofos. Con Matt Ridley[5] definimos la virtud, principalmente, como el comportamiento pro-social, y vicio como la conducta anti-social. La virtud nos adentra en campos de pensamiento morales y religiosos, que nos pueden dirigir hacia la Revelación. Pero, ¿pudieran los instintos hiper-sociales ser la causa de la virtud, en lugar de la Revelación? Efectivamente y, para razonarlo, a partir de aquí, nos vamos a adentrar en el estudio de la causa biológica de la virtud.

La sociedad, o lo que es lo mismo, el convivir en sociedad, no es un invento del razonamiento humano, sino que llegó a existir, por evolución, como parte de nuestra naturaleza, por lo que el comportamiento es muy semejante en todos los humanos, de cualquier cultura, en temas tales como familia, ritos, negocios o pactos, amor, jerarquía, amistad, envidia o celos, lealtad al grupo o traición y superstición.

 El egoísmo es la base del altruismo. El autosacrificio como virtud.

Al pensar en los millones de células que forman el cuerpo de los animales o de nuestro propio cuerpo, nos vienen a la mente las abejas, las hormigas y las termitas, que representan el triunfo de la empresa colectiva. Los individuos mueren, se sacrifican, pero la colonia es, prácticamente, inmortal. También podríamos pensar en los zooides que por algún tiempo se consideraron animales individuales, cuando lo cierto es que, a pesar de que como colonias tienen algo parecido a órganos de un cuerpo, en realidad se derivan de un pequeño organismo multicelular, que no puede vivir por sí solo, pues dependen de la colonia, como mi brazo depende de mi estómago.

¿Por qué las células se juntaron para formar cuerpos?: para colaborar. Equipos de genes formaron cromosomas; equipos de cromosomas formaron genomas; equipos de genomas formaron células; equipos de células formaron células complejas; células complejas formaron equipos para formar cuerpos; y finalmente equipos de cuerpos formaron colonias.

Parece que nuestra aseveración de que esto se llevó a cabo para colaborar, porque era económicamente rentable, en términos de energía vital o en otros, esté en contradicción con la aseveración de Richard Dawkins en el título de su libro “El gen egoísta”. Dawkins afirmó que los individuos no pueden hacer cosas para el bien de su grupo, o de sus familias, o para ellos mismos, pues sólo hacen cosas en beneficio de sus propios genes porque las cosas vivientes (cuerpos vivientes) están diseñadas para hacer cosas que permitan aprovechar al máximo las posibilidades de que sus genes o las copias de sus genes, sobrevivan y se repliquen. Como ha dicho Kropotkin[6] “las termitas y las hormigas han renunciado a la guerra Hobbesiana”[7], pero Ridley indica que esa renuncia la han hecho como individuos, y añade que “sus genes no lo han hecho”[8] y esto no está en contradicción, porque, como Hamilton indica, el altruismo es precisamente el enfoque del egoísmo genético, porque el fin del egoísmo es el interés genético y, a veces el egoísmo de los genes usa el altruismo de los individuos para conseguir sus objetivos.

De repente el altruismo de los individuos puede ser comprendido. La perspectiva genética repite hoy el viejo argumento de los motivos, pero lo resuelve, pues las hormigas altruistas lo son, solamente, porque sus genes son completamente egoístas; da lo mismo el que un hombre salve a su compañero porque persigue la gloria, que el que lo haga porque persigue lo bueno.

Francis Hutcheson, maestro de Adam Smith, según señala Ridley argüía que la benevolencia que está motivada por la vanidad o el interés propio, no es benevolencia. Más recientemente Amartya Sen[9], haciendo eco a Kant señala que “si el saber de la tortura de otros le hace sufrir, eso es un caso de simpatía… Se puede argumentar que el comportamiento basado en la simpatía es, en un importante sentido, egoísta, porque uno se complace con el placer de otros y se compadece de los dolores de otros y se puede ayudar con la acción simpatética a ir tras la propia utilidad”. Como dice Ridley[10] en otras palabras, “cuantos más sinceros sentimientos tenga por las dificultades de la gente, más egoístamente estará usted siendo al aliviarles de sus problemas”.

Pongamos el ejemplo del feto, la matriz y la propia madre. Según los biólogos acostumbraban a decir, este era un ejemplo de relación completamente armoniosa porque parece que el embarazo es un esfuerzo cooperativo. ¿Pero es realmente así? A finales de 1993, Haig[11]publicó evidencia que contradecía ese punto de vista: encontró que de todos los modos posibles, el feto y su esclava la placenta, actúan más como sutiles parásitos internos, que como amigos, intentando afirmar sus intereses sobre los de la madre, como lo demuestra, por ejemplo, la producción de la hormona lactógena placentaria (hPL) que suprime o bloquea el efecto de la insulina producida en cantidades, más y más grandes, por la madre, a fin de que el feto venza en la batalla por el azúcar de la sangre.

Pero puesto que existen, tanto la selección[12] entre los genes de un mismo individuo, como la selección entre individuos dentro del mismo grupo y también la selección entre grupos; el altruismo, se puede ver desde un nivel más superior, el de los individuos seres humanos, o el de los grupos humanos; lo que nos lleva al pluralismo que, según Elliott Sober y David S. Wilson[13], quiere decir que existen una multitud de causas de cambio evolutivo, que pueden producirse, y se producen, en combinaciones diferentes. La teoría de la selección en varios niveles – indican – proporciona el comienzo de un sistema unificado. En el caso de los seres humanos – señalan – y quizá de otras especies, recalca la importancia de la cultura[14], además de la de los genes, y demuestra cómo han podido evolucionar comportamientos que sólo se comprenden en el contexto del sistema cultural que los sostiene. Comportamientos cuyo fundamento está en la costumbre y el sentido de que son lo justo.

Concuerdo con Sober y Wilson en el resumen que hacen de que el parentesco genealógico aparece como uno de los muchos factores que pueden influir en los componentes fundamentales de la selección natural. Ahí están la variación fenotípica, la heredabilidad y las consecuencias de aptitud. Las tres tienen consecuencia y es, precisamente, la distribución aleatoria de los genes en los individuos, que proporciona la materia prima que se necesita para que evolucionen las adaptaciones al nivel de individuos, del mismo modo que la distribución, también al azar, de los individuos en grupos, suministra otra materia prima similar para las adaptaciones a nivel de grupos.

Existen, no obstante, mecanismos de distribución no aleatorios que permiten la evolución de un intenso altruismo entre individuos sin parentesco. Ahí están los grupos sociales dentro de los cuales el altruismo es fuerte[15], de modo que la selección de grupos, aunque no haya sido la única fuerza para la evolución humana, ha sido una fuerza muy poderosa.

Pero el comportamiento humano está provocado por motivos distintos, algunos muy remotos. El egoísmo del individuo que se comporta altruistamente en el ámbito de grupo; la obtención de placer y la huida del dolor como objetivo remoto del comportamiento; o la mezcla de altruismo remoto y egoísmo remoto; todas son ideas cuyo estudio tiene cabida. También las emociones de empatía (ante el dolor ajeno), la lealtad como una ayuda a la supervivencia, o la tendencia al altruismo en contextos y ante personas concretas.

Las normas sociales[16] que dan premios e imponen fuertes castigos[17] hacen que los grupos evolucionen de un modo distinto. Los premios pueden ser la integración, el compañerismo con los líderes, la adhesión a la elite; los castigos pueden ser el ostracismo, el extrañamiento o exclusión, o el propio castigo físico. De modo que, como indican Sober y Wilson[18], la selección natural basada en la variación cultural ha producido adaptaciones que no tienen nada que ver con los genes. Grupos genéticamente idénticos pueden diferenciarse mucho al nivel fenotípico – dicen – debido a mecanismos culturales, y estas diferencias pueden heredarse, en el único sentido que importa, por lo que se refiere al proceso de la selección natural. Por lo tanto, tenemos que admitir, con Sober y Wilson, que la capacidad humana para establecer culturas, pone en marcha un proceso evolutivo en el que se da la apertura de la vía para una compleja estructura de fenotipos, que mejoran la organización funcional al nivel de los grupos.

El hecho es que las sociedades evolucionan por sus culturas[19] hasta alcanzar distintas configuraciones estables en términos internos. Si estos equilibrios se diferencian en sus consecuencias para la aptitud del grupo, entonces aparece la selección cultural de grupos. Si no existen diferencias, las culturas presentan una variación neutra, pero se produce la deriva aleatoria. No hay duda que la cultura, desempeña un papel vital en el proceso evolutivo.

La cultura[20] viene, se nutre, de la información que llega a disponer el grupo y de las costumbres[21], de lo que se suele hacer dentro del grupo cultural, de los actos o comportamientos que se suelen repetir dentro de ese grupo, que hay que cuidar y mantener.


[1] Porque por mucho tiempo sucedió lo contrario, es decir, el tamaño del cerebro fue aumentando.

[2] Ridley, Matt., Qué nos hace humanos, Taurus, Madrid, 2004, p 47.

[3] La sociabilidad se convierte en necesidad. La costumbre apoya esa necesidad y se plantean sanciones a los transgresores de esas normas. Es justo exigir el cumplimiento de la costumbre y es justo castigar al incumplidor.

[4] Wrangham, R. W., Pilbeam, D., y Hare, B. Convergent paedomorphism in bonobos, domesticated animal, and humans: The role of selection for reduced aggression (inédito) según cita de Ridley, Matt. Qué nos hace humanos, Taurus, Madrid, 2004, p 47.

[5] Ridley, Matt. The Origins of Virtue, Human Instincts and the Evolution of Cooperation, Penguin. Books,New York, 1998, p 6.

[6] Kropotkin, Peter. Mutual Aid: A Factor in Evolution, Allen Lane, London 1972.

[7] “The ants and termites have renounced the “Hobbesian war,” and they are the better for it”. http://dwardmac.pitzer.edu/anarchist_archives/kropotkin/mutaidch1.html

[8] Hamilton, W. D. “The genetical evolution of social behaviour”. I, II Journal of Theoretical Biology 71-52:1962, según la cita de Ridley, Matt. The Origins of Virtue, Human Instincts and the Evolution of Cooperation, Penguin Books, New York, 1998, p 19.

[9] Sen, Amartya K.. “Rational fools: a critique of the behavioural foundations of economic theory”. Philosophy and Public affairs, 6:317-44, summer 1977. Reprinted in H. Harris, ed., Scientific Models and Man: The Herbert Spencer Lectures 1976 (Oxford: Clarendon Press, 1979); F. Hahn and M. Hollis, eds. Philosophy and Economic Theory (Oxford University Press, 1979); also in Jane Mansbridge, ed., Beyond Self-Interest (Chicago: University of Chicago Press, 1990).

[10] Ridley, Matt. The Origins of Virtue, Human Instincts and the Evolution of Cooperation, Penguin Books, New York, 1998, p 21.

[11] Haig, David.  “Genetic conflicts in human pregnancy”. Quarterly Review of Biology, 68:495-531; 1993, según la cita de Ridley, Matt. The Origins of Virtue, Human Instincts and the Evolution of Cooperation, Penguin Books, New York, 1998, p 23.

[12] “La selección natural aparece cuando los genes sobreviven y se reproducen diferencialmente dentro de un único individuo, cuando los individuos sobreviven y se reproducen diferencialmente dentro de un único grupo, y cuando los grupos sobreviven y se reproducen diferencialmente dentro de una población global” es la definición de Sober, Elliot y Wilson, David Sloan. El comportamiento altruista, Evolución y psicología, primera edición, Siglo Veintiuno de España Editores, Madrid, 2004, 69.

[13] Sober, Elliot y Wilson, David Sloan. El comportamiento altruista, Evolución y psicología, primera edición, Siglo Veintiuno de España Editores, Madrid, 2004, 294, 295.

[14] La cultura nos lleva a la acumulación de información y el uso de la misma mediante costumbres.

[15] Grupos familiares, familia extendida, tribu y otros.

[16] Costumbres.

[17] De acuerdo con la justicia. De modo que se crea costumbre al obligar a aplicarla costumbre. Así la costumbre de presionar para que se mantenga la costumbre, es justicia, y hace evolucionar la especie humana y la propia justicia, el concepto de justicia.

[18] Sober, Elliot y Wilson, David Sloan. El comportamiento altruista, Evolución y psicología, primera edición, Siglo Veintiuno de España Editores, Madrid, 2004, p 299.

[19]  Acumulación de información y costumbres que se cultiva y se mantiene por el grupo social.

[20] Cultura es lo que se cuida, se alimenta para que crezca, especialmente de las facultades humanas y de los grupos.

[21] Costumbre, del latín consuetudinem, es la manera de obrar establecida por un largo uso o adquirida por repetición de actos o comportamientos de la misma especie.

, ,

11 comentarios

Howard Gardner, premio Príncipe de Asturias 2011

En el enlace https://federicorivas.wordpress.com/2011/04/16/la-estructura-de-la-mente-y-la-generacion-del-concepto-de-justicia/ al artículo “La estructura de la mente y la generación del concepto de justicia”  publicado por mí el pasado 16.04.2011, cito en varias ocasiones los excelentes trabajos y teorías de Howard Gardner.

Me encanta haber utilizado los trabajos del mismo como bases para mi estudio de la Génesis de la Justicia: entre la naturaleza y la cultura. Os emplazo para que leáis mi artículo, así como mi libro.

,

1 comentario

El modo de adquirir el conocimiento

Ahora permitidme dirigir nuestra atención hacia el modo de adquirir conocimiento, pues el conocimiento, la razón y la lógica, son cosas que condicionan la moralidad y el sentido de justicia. La teoría del conocimiento, es decir, cómo adquiere nuestro cerebro la información, cómo pasa ésta a nuestra mente; la teoría de la toma de decisiones, sea mediante la razón o mediante la presión de las emociones; la lógica que interviene y cómo ello produce costumbre y, en su caso, condiciona la moralidad, es una reflexión que nos ayudará a fijar más en nuestra mente el carácter cultural, antropológico y biológico de nuestras evaluaciones morales o jurídicas.

 La Teoría del Conocimiento Objetivo de Karl Popper es una respuesta crítica del conocimiento subjetivo y un avance más en el camino del método científico, por la cualidad crítica del sistema de aprehensión del conocimiento que plantea, que nos debe ayudar a entender la génesis del concepto de justicia.

 Discurre Popper que desde Descartes, Hobbes, Locke y su escuela, en la que hay que contar no sólo a David Hume, sino también a Thomas Reid, la teoría del conocimiento humano ha sido en gran medida subjetivista. El conocimiento humano se consideraba como un tipo especialmente seguro de creencia humana, y el conocimiento científico como un tipo especialmente seguro de conocimiento.

 Pero no se puede – según Popper – afirmar  o asegurar lo verdadero, aunque sí se puede afirmar lo falso, y se debe preferir aquello que no ha sido probada su falsedad, de modo que tenemos que considerar todas las leyes o teorías como hipótesis o conjeturas, es decir, como suposiciones[1] aunque, aceptando el principio del empirismo, un tanto débil, – reconoce – que sólo la experiencia puede ayudarnos a decidir sobre la verdad o falsedad de los enunciados fácticos, por lo que podemos, al menos, determinar la falsedad de las teorías[2]. Esto conduce a la distinción exclusivamente lógica entre hipótesis que han sido refutadas y otras que no lo han sido, y a la preferencia por éstas últimas, dado que son objetos teóricamente más interesantes para ulteriores contrastaciones. De modo que, el asunto se centra en la preferencia entre teorías, que es un modo de búsqueda de la verdad.

Plantea un método de discusión crítica en relación a cuando surge un problema de preferencia entre conjuntos de teorías rivales. Aquí, el teórico se interesa por la verdad, pero también debe interesarse por la falsedad, pues descubrir que un enunciado es falso es descubrir que su negación es verdadera. En efecto, descubrir dónde falla una teoría, además de suministrar información interesante plantea un nuevo problema importante para una nueva teoría explicativa. Toda teoría nueva no sólo tiene que tener éxito donde lo tenía la teoría anterior refutada, sino que debería tener éxito también donde ésta fallaba.

Por otra parte, entre las teorías rivales puede haber, en un momento determinado t, más de una sin refutar, con lo que no sabremos cuál debemos preferir. Pero si eso sucede, el teórico debe continuar tratando de diseñar experimentos cruciales entre ellas que puedan falsar y eliminar algunas de las teorías rivales. Esto sería algo así como decir que hay que descubrir la teoría más contrastable[3] para someterla a nuevas contrastaciones. Ésta debe ser la que posea el mayor contenido informativo[4] y el mayor poder explicativo. Por lo tanto, la mejor de las teorías que compitan en un momento determinado será la que haya pasado todas las contrastaciones, la mejor contrastada[5].

Esto es un método crítico, un método de ensayo y supresión de errores semejante a la selección natural en la evolución, de proponer teorías y someterlas a las contrastaciones más rigurosas que podamos diseñar, un método que nos puede llevar a señalar la teoría verdadera por eliminación de las competidoras. Pero nada nos asegura que podamos progresar hacia teorías mejores.

Lo dicho pertenece a la lógica deductiva. Pero al aplicarla nos podemos enfrentar a problemas reales, prácticos que, cuando surgen, deseamos resolver por medio de la aplicación de la lógica, lo que conduce a las reglas metodológicas[6], a reglas de discusión crítica; y estas reglas están sometidas al objetivo general de la discusión racional que consiste en acercarse a la verdad lo más posible.

Dado que la inacción es un tipo de acción, y que entre teorías rivales hay que hablar de elección racional, tenemos que plantearnos ¿de qué teoría podemos fiarnos y qué teoría hemos de preferir? Popper responde[7] “fiarnos de ninguna” y “debemos preferir la teoría mejor contrastada como base de acción. En otras palabras, no hay ‘confianza absoluta’, pero puesto que hemos de elegir, será ‘racional’ elegir la teoría mejor contrastada”, la que a la luz de la discusión crítica parece la mejor[8].

Una vez establecido lo dicho, Popper afirma[9] que ninguna teoría del conocimiento puede explicar por qué tienen éxito nuestros intentos de explicar las cosas. Rechaza la inducción, la formación de una creencia por repetición[10], diciendo que es un mito, porque, primero en animales y niños, luego en adultos, observó – dice – la necesidad inmensamente poderosa de regularidades. Señala que cuando Kant dijo que nuestro intelecto impone sus leyes a la naturaleza estaba en lo cierto porque[11] “existe una necesidad general de que el mundo se conforme a nuestras expectativas[12], aunque hay muchas otras necesidades más específicas como son la necesidad de respuesta social regular[13] o la necesidad de aprender un lenguaje con reglas para los enunciados descriptivos (o de otro tipo)”. Señala que “en primer lugar” “las expectativas pueden surgir sin, o antes de, la repetición y, en segundo lugar” “no podían surgir de otra manera, puesto que la repetición presupone la similitud, que a su vez presupone un punto de vista –una teoría o una expectativa”.

Un modo de resumir lo que plantea Popper es decir que existe el conocimiento en sentido subjetivo que consta de disposiciones y expectativas, pero que también hay el conocimiento en sentido objetivo, conocimiento humano, que consta de expectativas formuladas lingüísticamente sometidas a discusión crítica, escritos que se agrupan en libros y estos en bibliotecas, sencillamente cultura.

La teoría del sentido común no es capaz de ver la diferencia entre los dos puntos anteriores y tiene un gran alcance. El conocimiento en sentido subjetivo aumenta o se ajusta mejor mediante el método darwinista de mutaciones seguidas de supresión de organismos. Por el contrario, el conocimiento objetivo puede aumentar y cambiar mediante la eliminación (muerte) de las conjeturas lingüísticamente formuladas: el portador puede sobrevivir – incluso puede eliminar sus propias conjeturas, si es una persona autocrítica, pues las teorías formuladas lingüísticamente se pueden discutir críticamente.

La teoría de la tabula rasa no es exacta y es pre darwinista. Está claro –según Popper – que toda persona que entienda algo de biología ha de tener claro el carácter innato de la mayoría de nuestras disposiciones, sea en el sentido de que hemos nacido con ellas (por ejemplo, la disposición a respirar, succionar, etc.) o en el sentido de que, en el proceso de maduración, el desarrollo de la disposición se ve solicitado por el medio (por ejemplo, la disposición a aprender un lenguaje).[14]

Todo conocimiento subjetivo es disposicional, pero no es una disposición de tipo asociativo (o del tipo del reflejo condicionado), ni hay asociaciones ni reflejos condicionados, sino que todos los reflejos son incondicionados; los supuestos reflejos ‘condicionados’ son el resultado de modificaciones que eliminan total o parcialmente los comienzos falsos, es decir, los errores en el proceso de ensayo y error.

Partiendo del realismo científico, está muy claro que no sobreviviremos si nuestras acciones y reacciones están mal ajustadas al medio. Puesto que las ‘creencias’ están íntimamente ligadas a las expectativas y a la disposición a actuar, podemos decir que nuestras creencias más prácticas están próximas a la verdad en la medida en que sobrevivimos[15]. Eso es lo mismo que decir que los organismos sólo pueden sobrevivir si producen mutaciones, algunas de las cuales constituyen ajustes a los cambios que se avecinan, permitiendo así la mutabilidad.[16] El método de ensayo y supresión de errores que lleva a todo esto no es un método empírico, sino que pertenece a la lógica de la situación.[17]

Según Popper en cada estadio de la evolución de la vida hemos de suponer la existencia de algún conocimiento bajo la forma de disposiciones y expectativas[18], de modo que el aumento del conocimiento consiste en la modificación del conocimiento previo. Él lo dice así: “Todo conocimiento adquirido, todo aprendizaje, consta de modificaciones (posiblemente de rechazos) de cierto tipo de conocimiento o disposición que ya se poseía previamente y, en última instancia, consta de disposiciones innatas”[19], de donde se sigue que “todo aumento de conocimiento consiste en el perfeccionamiento del conocimiento existente que se modifica con vistas a una mayor aproximación a la verdad”, incluso las observaciones están todas relacionadas con un conjunto de situaciones típicas, de regularidades, entre las que decidir y señala “creo que podemos afirmar aún más: todos los órganos sensoriales incorporan genéticamente teorías anticipatorias” hasta el punto que según sea el animal, éste reacciona de manera distinta a un número de situaciones típicas en vista de las cuales su estructura está dotada de mecanismos dispuestos y configurados en ella. Lo que quiere decir, pues, es que “lo que se puede asimilar (y a lo que se puede reaccionar) como input relevante, y lo que se ignora como irrelevante, depende completamente de la estructura innata (el ‘programa’) del organismo”. Indica también que “nuestras observaciones son tremendamente complejas y no siempre fiables, a pesar de que constituyan procesos de descifrado asombrosamente excelentes de las señales que nos llegan del medio” y rechaza de plano la teoría de la tabula rasa, aparentemente para algunos libre de presupuestos, pues dice que “se desintegra totalmente. En su lugar, hemos de erigir una teoría del conocimiento en la que el sujeto cognoscente, el observador, desempeñe un papel importante aunque muy restringido”.[20]

Haciendo referencia a Hume plantea Popper el problema de la inducción[21], al que se refiere indicando que consta de dos elementos: El problema de justificar la validez de la pretensión de haber establecido con certeza (o con probabilidad, por lo menos) la verdad de una regla o generalización (o al menos su verdad probable) a partir de elementos de juicio singulares; y la tesis de que la inducción está ligada a la repetición (y que la repetición está ligada a su vez al refuerzo de las asociaciones). Hume resolvió los problemas planteados de dos modos. “dijo que la inducción no era en absoluto válida como inferencia. No hay ni rastro de argumento lógico que apoye la inferencia de una generalización a partir de enunciados relativos al pasado (tales como repeticiones pasadas de algunos ‘elementos de juicio’)”, y “dijo también que a pesar de su carencia de validez lógica, la inducción desempeñaba una parte indispensable en la vida práctica. Vivimos confiando en repeticiones. La asociación reforzada mediante la repetición es el mecanismo fundamental de nuestro intelecto mediante el que vivimos y actuamos”.

“Por tanto, hay aquí una paradoja. Ni siquiera nuestro intelecto funciona racionalmente. El hábito[22], racionalmente indefendible, es la fuerza fundamental que guía nuestro pensamiento y nuestras acciones.”

Esto hizo que Hume, uno de los pensadores más razonables de todos los tiempos – dice Popper – abandonase el racionalismo y considerase al hombre no como dotado de razón, sino como un producto del hábito ciego[23].

¿Cómo resuelve Popper la paradoja? Dice que “actuamos basándonos no en repetición o hábito, sino en nuestras teorías mejor contrastadas que, como hemos visto, son las que se ven apoyadas por buenas razones racionales, naturalmente, poseemos buenas razones para creer no que son verdaderas, sino que son las más válidas desde el punto de vista de la búsqueda de la verdad o verosimilitud – las mejores entre las teorías rivales, las mejores aproximaciones a la verdad.”

Afirmar que poseemos una inclinación irracional a dejarnos impresionar por el hábito y la repetición[24] – que es lo que dice Hume – es muy distinto de afirmar que disponemos de un impulso que nos lleva a ingeniar hipótesis audaces que hemos de corregir si no queremos perecer – que es lo que dice Popper – que, además, es mucho mejor que perezcan nuestras hipótesis, cuando se prueban no exactas del todo, o casi totalmente inexactas, que no que perezcamos nosotros por ellas[25].

En nuestra reflexión sobre el sistema de toma de decisiones de nuestra mente nos será ilustrativo ver cómo los valores – entre ellos la justicia – pudieran ser evaluados. Para ello me refiero al intento de racionalizar la toma de decisiones y de entender lo que ocurre en los mercados para lo que Von Neuman planteó la teoría de los juegos. Se trataba de estudiar sobre la base de qué se llevaba a cabo la toma de decisiones. Von Neuman planteó su estudio sobre juegos cooperativos, aquellos cuya suma es > cero. Posteriormente Nash va más allá y se centra en los juegos no cooperativos, es decir, cuando la suma es = cero.

 Pero la toma de decisiones, incluso de lo que parezca ser justo, no es como la teoría de juegos. Aquí no se trata del cálculo, más o menos exacto, de las fuerzas de los mercados, del cálculo de los intereses contrapuestos, sean de los mercados nacionales o internacionales, no cooperativos, sino que, más bien, se trata de un asunto de confianza. La economía no se basa en el comercio, no se trata de vender lo que quizás me quieran comprar, o comprar lo que quizás yo después podré vender, sino que se trata de crear estructuras que fabriquen, que produzcan. Pero con respecto a esas estructuras, sólo habrá quienes decidan invertir para crearlas, si se da el caso de que se tenga algún tipo de seguridad, de que en el futuro pueden funcionar, produciendo y colocando en el mercado la producción; algún tipo de confianza de que puede ser interesante por la posibilidad de sacar beneficios: es la expectativa.

De modo que en el comienzo de nuestra reflexión reconstitutiva de las fuerzas que mueven la acción humana, en realidad, estamos en la producción, y no en la distribución, es decir, el comercio, y aquí la teoría de los juegos de Nash no es lo básico. Más bien se trata de una cuestión de confianza, y la confianza depende de las expectativas subjetivas que las personas individuales o los grupos puedan tener.

 Concluimos aquí que, la toma de decisiones no es completa y exclusivamente racional, sino que depende de una valoración, en el sentido que la valoración se realiza en virtud de expectativas, de confianza en el futuro, de resultados de determinadas acciones o comportamiento.

 De modo que la justicia puede ser entendida, también, como un método de valoración de las relaciones interpersonales o intergrupales; también depende de las emociones, sentimientos y de la testosterona, progesterona, dopamina, cortisol, es decir, también de segregación de neurotransmisores, generadores de los sentimientos y emociones o provocados por ellas.

Las decisiones tienen un alto componente situacional, de humor, de cómo nos hemos levantado, de cuánta tensión hemos acumulado o cómo estamos de aliviados; en todos los sentidos, completamente emocional. Es interesante señalar el alto porcentaje de cortisol en sangre de los machos dominantes[26] cuya función casi exclusivamente se concreta en el coito con las hembras que controlan, su carácter violento e irascible y su nula capacidad de concentración o de mantener la atención. Esto afecta a la toma de decisiones.

Es cierto que el dominio de la retórica y de la manipulación; el engaño mediante el sofisma, especialmente con la política y el poder que confiere; y la situación psicológica del grupo o del individuo; todos tienen que ver con la toma de decisiones. Pero el indagar en estos asuntos haría que nuestro trabajo se hiciera exageradamente prolijo y se perdiera de vista el objetivo. Dejamos, por tanto, para otros el razonar y profundizar en ellos.


[1] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001 p 22.

[2] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001 p 25.

[3] Supuestamente, esta tesis debe ser de ese tipo. Al menos, me he esforzado para ello.

[4] En efecto, esta tesis tiene un mayor contenido informativo que cualquiera otra que tenga como fuente únicamente un desarrollo explicativo mental y filosófico.

[5] Por lo que invito al lector y al Tribunal que me juzga a contrastarla, a falsearla.

[6] Los individuos de la especie humana que mejor aplicaron la lógica e hicieron un mejor acopio de reglas metodológicas, tuvieron ventaja para reproducirse y perdurar.

[7] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001 p 32.

[8] Confío que usando de esta metodología el lector ante quien presento mi Tesis la prefiera a otras que, aunque muy antiguas, no están tan bien contrastadas con los hechos.

[9] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001 p 33, 34.

[10] Concuerdo que la repetición no es prueba de nada. Pero lo repetición, la regularidad, al menos, nos invita a la investigación de las causas de los hechos repetidos, porque nos da la oportunidad de poderlo hacer. No se puede falsear, ni contrastar, la teoría del Big Bang de Stephen Hawking, porque no podemos reproducirla situación. De modo que la repetición no debería ser la base de una creencia o teoría, pero la repetición investigada, estudiada, comprobada y reflexionada puede ser la oportunidad de concebir una buena teoría.

[11] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001, p 34.

[12] Lo que me lleva a recordar la discusión que tuve con el director de mi Tesis que insistía en que primero se debe investigar, obtener información y luego se sacan las conclusiones, en lugar de primero tener una intuición que se fija transcribiéndola y después corroborarla contrastándola con la realidad, sometiéndola ala crítica. Evidentemente Popper no está de acuerdo con él.

[13] Que se incorpora en costumbres.

[14] Es interesante notar cómo coincide Popper con lo que hemos desarrollado en capítulos precedentes.

[15] De ahí el riesgo de aceptar grandes cambios.

[16] Todo esto nos hace pensar en la génesis del concepto de justicia a través de la historia. Acaso las costumbres se han ido adaptando tan bien a las necesidades de los grupos humanos que los han hecho perdurar. De otro modo no conoceríamos dichas costumbres pues sus portadores habrían desaparecido y las ideas o conceptos de moral, ética o de justicia habría desaparecido, aunque no provengan de divinidad ninguna.

[17] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001 p 73.

[18] Esto está de acuerdo con lo dicho por Mithen según hemos reflexionado anteriormente.

[19] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001 p 75.

[20] Popper, Karl R. Conocimiento objetivo, cuarta edición, Tecnos, 2001 p 76.

[21] Hume, David. A Treatise of Human Nature, edited Norton, Oxford University Press,Oxford, 2005, p 64.

[22] La repetición, la costumbre.

[23] Lo que hay que tener en cuenta al haberse descubierto la grandísima importancia de los neurotransmisores, de las hormonas, de las emociones y sentimientos, en lugar de la razón, en la toma de decisiones. Véase Damasio, Antonio R. El error de Descartes, Editorial Crítica 2003.

[24] Hume, David. A Treatise of Human Nature, edited Norton, Oxford University Press,Oxford, 2005, 100, 104, 173

[25] Levítico 18:5 “Y tienen que guardar mis estatutos y mis decisiones judiciales, los cuales, si el hombre los hace, entonces tendrá que vivir por medio de ellos. Yo soy Jehová.” Aquí la interpretación judía del texto es “Que si el hombre los practica vivirá por ellos” (Moseh Ben Maimon, Epístola sobre la conversión forzosa, Cinco epístolas de Maimónides, Ediciones Riopiedras, Barcelona, 1988, p. 70), en el sentido de que deben ser una ayuda para la vida, no la causa que haga que uno muera, lo que permite, según el criterio de Maimónides, renegar de la creencia para salvar la vida.

[26] Válido también para los humanos.

,

Deja un comentario

La aparición de la capacidad para el arte y la religión

Con el desarrollo del lenguaje comienza la fluidez cognitiva y con ella el origen del arte y de la religión. Parece que el inicio de todo ello es el momento en que la mente de los primeros humanos desarrolla la capacidad de crear marcas u objetos de una forma intencionalmente preconcebida y determinada. El proceso cognitivo localizado en el campo de la inteligencia técnica usado para hacer artefactos de piedra parece haber sido suficiente para producir figuritas de un trozo de marfil, aunque inicialmente no hayan sido usadas para los fines indicados.

La segunda capacidad crítica es la comunicación intencional que se halla dentro del campo de la inteligencia social y se manifiesta, sobre todo, en el lenguaje hablado, más allá del lenguaje gesticulado o de la vocalización de donde se fue desarrollando.

Y el tercer elemento de la capacidad para el arte es una habilidad para atribuir significado a los objetos inanimados o marcas. En efecto, la capacidad que se da para atribuir significado a las marcas hechas sin intención por los animales (por ejemplo, descubrimiento y seguimiento de huellas de animales, necesaria para la caza) es simétrica a la capacidad de atribuir significado a los objetos inanimados, a las marcas o dibujos, hechos con intención.

Estos son los tres procesos cognitivos, críticos todos, para hacer arte: concepción mental de una imagen, comunicación intencional y atribución de significado, procesos que se desarrollan a partir de los dominios de la inteligencia técnica, social y de la historia natural. Pero la creación de arte precisa que esos dominios trabajen coordinadamente y estrechamente juntos. De ello llega a resultar una explosión cultural.

Desde el arte, con sus representaciones, pasamos a ver a los humanos como animales y a los animales como humanos, que es lo mismo que decir totemismo y antropomorfismo. El antropomorfismo, incluso hoy, invade completamente nuestras vidas: lo hace cuando atribuimos a nuestras mascotas sentimientos, propósitos e intenciones, en relación con nosotros. Esto pudiera ser aceptable respecto de perros y gatos, pero se dice de todo tipo de mascotas. Por su parte el totemismo es la otra orilla de la relación animal-humano. Recordemos que tanto el antropomorfismo como el totemismo es el producto de la cognición fluida, y se da sólo a partir del momento en que aparece esa fluidez.

El arte se utiliza también como información almacenada, patrones o modelos almacenados que otros posteriormente pueden consultar y repetir: caza, instrumentos, herramientas y armas, así como diversidad de tipos de animales. El arte se utiliza para enviar mensajes, por ejemplo mediante el adorno personal, respecto del estatus de uno, de la afiliación al grupo al que pertenece y también para iniciar relaciones con otros individuos.

Es en este contexto que aparece la religión. Muchos de los nuevos comportamientos tales como las imágenes antropomórficas en las pinturas de las cuevas o las costumbres de enterramientos de individuos, en cuyas tumbas se han encontrado objetos, sugieren que en el Paleolítico superior la gente creía en seres sobrenaturales y en otra vida: es el aparecimiento de la religión, de la noción de religión que, por otra parte, es un concepto universal y que tiene como rasgo común, en todas las religiones, la creencia en seres superiores no físicos.

Pascal Boyer, antropólogo social, nota[1] tres características esenciales en las ideologías religiosas. La primera es que, en muchas sociedades, está asumido que un componente no físico de la persona puede sobrevivir después de la muerte y permanecer como ser, con creencias y deseos. También es asumido frecuentemente que, determinadas personas pueden recibir inspiración directa o mensajes de agencias sobrenaturales, tales como dioses o espíritus. Y, finalmente, se asume que, cumpliendo determinados rituales de un modo exacto se puede traer algún tipo de cambio al mundo natural.

Hay evidencias del paleolítico superior especialmente en cuevas, que muestran que son, sin duda, lugares de culto ritual, en donde hay pinturas que representan a chamanes que se comunican con los seres superiores, así como otras imágenes antropomórficas. También hay evidencias en los enterramientos.

Lo curioso, según Boyer es que las ideologías religiosas violan el conocimiento intuitivo biológico, pues aunque esos seres superiores tienen cuerpos no lo son bajo el ciclo del nacimiento, maduración reproducción y muerte. También violan la física intuitiva pues pasan por los sólidos como fantasmas o simplemente son invisibles. Pero, no obstante, dichos seres tienen la tendencia a conformarse a algún conocimiento intuitivo. Boyer dice que es esta combinación de violación de .. , y de conformidad con … , el conocimiento intuitivo, lo que caracteriza a los seres sobrenaturales en las ideologías religiosas.

Mithen dice[2] que hay una manera alternativa de ver a estos seres superiores: como siendo el producto de una mezcla de conocimientos sobre diferentes tipos de entidades en el mundo real. Las rocas no nacen ni mueren como lo hacen las criaturas vivientes, ni tampoco tienen deseos ni intenciones como sí los tienen los humanos, de modo que esta mezcla de conceptos sólo pudo hacerse después del aparecimiento de la fluidez cognitiva.

Boyer indica que la combinación del conocimiento respecto de los diferentes tipos de entidades explica otra característica de las ideologías religiosas: el hecho de que se cree que algunos individuos tienen un papel especial, por sus poderes de comunicación con los seres sobrenaturales. Señala que esto puede provenir de la diferenciación de los papeles sociales que representan, también producto de la cognición fluida.

Según mi punto de vista la religión aparece después de que la especie humana tiene la capacidad de atribuir intenciones a otros, desde el momento que considera que hay otros parecidos o iguales a uno mismo, con sus capacidades y poderes. Determinados Poderes que se observan, todavía incomprensibles, se antropomorfizan o son atribuidos a seres que no se ven, por el momento; seres que aparentemente se presentan en las visiones y alucinaciones producidas por el consumo de algunas sustancias alucinógenas que, a su vez, dan energía. A partir de aquí la religión o culto de esos Poderes, a quienes se apacigua, se confunde con la formalización de las costumbres, algo así como una fijación de las mismas. Lo que es bueno para el grupo se sacraliza, se entiende que es algo permitido por esos Poderes, por lo tanto su voluntad. La religión se ritualiza como metodología para su fijación, para que perdure, que se consigue cuando se pone por escrito en libros sagrados. A partir de este momento ha llegado ya la fijación absoluta de las costumbres mediante la religión, con sus textos sagrados que son los que las contienen.

Pero el contenido de dichos rituales y, posteriormente, de los textos sagrados está dividido en dos partes fundamentales: Los deberes para con los Poderes o para con el Número Uno[3], y los deberes para con el prójimo, es decir, para con el grupo social, tribu o pueblo; ambos continúan posteriormente dentro de la religión, pero los segundos se formalizan y desarrollan todavía más con el Derecho y la Ley, comenzando una andadura, separada de la religión, que llega hasta la complejidad de los poderes Legislativo y Judicial en la actualidad. Los poderes fácticos, confundidos inicialmente, con las Teocracias o gobiernos de Dios, se separan en dos poderes, el temporal Ejecutivo político y el espiritual como cúpula sacerdotal religiosa.

Pero ¿cómo se produjo el aparecimiento de una mente flexible y fluida?, ¿cómo se interconectaron los módulos de las diversas inteligencias especializadas? Parece que el desarrollo del lenguaje social y un cambio en la naturaleza de la consciencia tuvieron un papel primordial. La característica crítica de esta noción de la accesibilidad fue “traer a la consciencia” del conocimiento lo que ya estaba en la mente humana pero localizado dentro de la “cognición inconsciente”. Un argumento decisivo para apoyar esto es lo que sucede según John Searle[4] en aquellos que han sufrido pequeños daños cerebrales que pueden continuar con su comportamiento rutinario pero sin ninguna consciencia de ello. Escribe: “los pacientes pueden realizar tipos de acciones que les eran habituales, rutinarias y memorizadas…  [aunque] la conducta humana normal consciente tiene un grado de flexibilidad y de creatividad, ésta se halla ausente de…  [estos]…  casos de conductores de vehículos inconscientes, pianistas inconscientes. Una de las ventajas que nos han sido conferidas por la evolución de la consciencia es el mayor grado de flexibilidad, sensibilidad y creatividad que se deriva de ser consciente”[5].

No es que faltara la consciencia en los primeros humanos, lo que sucedía es que estaba limitada a la inteligencia social y, como consecuencia, sus interacciones sociales sí estaban impregnadas de sensibilidad, flexibilidad y creatividad, mientras que adolecían completamente de ellas en otros campos.

Aquellos individuos que estaban capacitados para explotar trozos de conversaciones no sociales tenían una ventaja selectiva pues podían integrar conocimiento que habían atrapado dentro de la inteligencia especializada. Esto era particularmente cierto en el caso de las hembras sexualmente maduras.

En el caso de las más antiguas hembras homo sapiens sapiens, como quiera que el incremento del tamaño del cerebro de los hijos se producía después del nacimiento y dado que los niños dependían (como ahora) fuertemente de los adultos, existía una importante demanda de las madres para que se les facilitara alimento suficiente para el crecimiento del cerebro del infante y, por supuesto, también de su anatomía en general. El problema lo resolvieron las hembras, según Chris Knight[6], al conseguir niveles sin precedente de inversión de energía masculina, mediante la conducta, coordinada o no, de las hembras que forzaba a los machos a proveerles alimento de alta calidad mediante la caza. Un importante elemento de conducta, de acción, de las hembras fue el uso de la atracción sexual y el uso del ocre rojo como un recordatorio de la menstruación.

Mithen es escéptico a la idea apuntada de actuación coordinada de las hembras pero acepta la negociación[7] social entre los sexos, de modo que el alimento y la caza pueden haber sido especialmente valiosos en el leguaje social entre hombres y mujeres.

Otra idea a aportar y a tener en cuenta es la evolución que se produjo hacia el bipedalismo, que permitía la reducción de un 60 por ciento de la radiación solar y también de los gastos energéticos en la locomoción, permitiendo forrajear por largos periodos sin necesidad de agua o alimentos en lugares donde quedaba vacío el nicho ecológico entre otros predadores. La altura alcanzada permitía una percepción distinta y más amplia del entorno, lo que facilitaba una explotación del mismo más eficiente.

Con la fluidez cognitiva, la evolución capitalizó una ventana de oportunidad que había sido creada ciegamente, al producir una mente con múltiples inteligencias especializadas.

Vamos a resumir con Mithen cómo la selección natural, ciegamente[8], escribió el programa informático de la mente:

  • Primero se escribió un borrador del programa en la forma de rutinas separadas que se unían juntas con el propósito, en esos momentos, de que el programa funcionase, de que todas las rutinas trabajasen juntas. Esto es análogo a la construcción, mediante la selección natural, de una inteligencia general para nuestros antecesores, los primeros primates, sin complejidad, pero que funcionaba.
  • El siguiente paso fue añadir complejidad al programa, pero se hizo como lo haría un buen programador, asegurándose de que lo que añade es compatible con el programa inicial, y haciéndolo rutina por rutina. Esto es parecido a las inteligencias especializadas que fueron desarrollándose y probándose separadamente, usando la inteligencia general para mantener el sistema completo funcionando.
  • Finalmente se integraron esas rutinas para realizar las más complejas funciones del programa. Parecido a cómo la selección natural usando el lenguaje y la consciencia permitió la unión y la integración de esas inteligencias separadas.

Con la integración de las inteligencias se abrió el paso al desarrollo de la representación, de la meta representación, del arte y de la religión. Y con el desarrollo de la religión se dio paso al desarrollo de  la especialización de papeles de intermediario (aparecimiento de chamanes, profetas) entre los objetos o seres antropomorfizados, a los que se les habían atribuido poderes sobrehumanos (el sol, la tierra, la lluvia, el rayo; animales poderosos en algún sentido, toro, águila, oso), mediante el uso de la previa inteligencia social, muy desarrollada, se consigue mantener el dominio y la cohesión del grupo. A lo que es bueno para el éxito de las interrelaciones entre el grupo, las costumbres, se les atribuye un origen extrahumano, sobrenatural, pues así son mejor seguidas y observadas y los machos dominantes incrementan su poder en el grupo.

Y continuamos dando pasos para el entendimiento de la aparición  o “génesis” de la justicia.


[1] Boyer, Pascal. The Naturalness of Religious Ideas, A Cognitive Theory of Religion. Berkeley: University of California Press, 1994, según la cita de Mithen, Steven. The prehistory of the Mind, Thames andHudson,London, 1996, p 176.

[2] Mithen, Steven. The prehistory of the Mind, Thames andHudson,London, 1996, p 176 y siguientes.

[3] La diferencia entre las culturas orientales y la judeocristiana (posteriormente también la musulmana) es la del politeísmo y el monoteísmo, respectivamente, que todavía perdura y que son formas distintas de enfrentarse a los Poderes, la última pensando que hay Uno que es un Poder de Poderes.

[4] Searle, John. The Rediscovery of the Mind, Cambridge, Mass; London, England, MIT Press, A Bradford Book, 1992. Reimpreso varias veces.

[5] Searle, John. The Rediscovery of the Mind, Cambridge, Mass; London, England, MIT Press, A Bradford Book, 1992, p 108, 109.

[6] Mithen, Steven. The prehistory of the Mind, Thames and Hudson, London, 1996, p 192 citando a Knight, C., C. Power and I. Watts (1995). “The human symbolic revolution: A Darwinian account.” Cambridge Archaeological Journal nº 5, 1995, p (1): 75-114. Knight, Chris. Blood Relations: Menstruation and the Origins of Culture. New Haven and London: Yale University Press. 1995.  Blood Relations: Menstruation and the Origins of Culture. New Haven and London: Yale University Press, 1987.

[7] Apuntan conceptos de compromiso, compensación, valoración, justicia.

[8] Dawkins, Richard. The Blind Watchmaker. Penguin Books, London, 1991. El relojero ciego fue una memorable frase de Richard Dawkins.

, ,

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: