Las primeras investigaciones sobre la moral en grupos humanos aislados

 

Inicialmente hay que decir que uno de los obstáculos más importantes que se oponían al estudio de la moralidad o de los conceptos morales en los pueblos más atrasados que conservaban o conservan los conceptos más antiguos, estribaba en la dificultad de encontrar equivalentes entre las palabras empleadas por ellos para expresar sus emociones y sentimientos morales y las correspondientes del mundo occidental. No obstante, no hay duda, entre los sociólogos, de que por muy bajo que sea el nivel anímico o emocional, todo hombre puede experimentar siempre determinadas emociones morales y reaccionar contra las infracciones de las normas éticas concretadas en las costumbres.

 

A principios del siglo XX se dudaba en cuanto a si tales emociones han conducido a los que integran las comunidades sociales que ocupaban los primeros peldaños de la evolución social, a aquel estado de generalización y abstracción, que implica la idea del concepto moral. De los estudios realizados por misiones científicas durante el siglo XIX se habían sacado conclusiones de que aunque, entre los Fueguinos o los californianos Karok, había palabras para designar lo “bueno”, éstas, no se utilizaban sin concretar en alguien o algo, de modo que no habían llegado al concepto universal abstracto de “bondad”[1].

También a principios del siglo XX se decía que “de los estudios modernos realizados por la etnología y por la sociología, es preciso deducir que el sentimiento de justicia, base de toda moralidad, se encuentra, aunque en forma rudimentaria, en las razas humanas más atrasadas.”[2]

De un estudio de la cuestión, llegamos a la conclusión de que la moral de los pueblos se concreta en las costumbres. La moralidad se ha manifestado en la historia mediante acciones o comportamientos repetidos colectivamente, y mediante sanciones colectivas contra los que violan las normas de conducta consideradas indispensables para la conservación de la sociedad y de la identidad del grupo, y por sentimientos y conceptos que, relacionados y combinados entre sí, constituyen las doctrinas.

 

La moral comienza con la costumbre, con el uso colectivo, que presenta una sanción interna y está revestida de otra externa representada por la aprobación o desaprobación social; se trata de prácticas que interesan al bienestar de todo el grupo, a su conservación. Aunque, en último extremo (dirán los creyentes) deban referirse a aquellos supremos principios de justicia grabados por Dios en el corazón de todos los hombres. Por lo cual aparecen patentes las relaciones entre la moral y la religión y la sumisión de aquella a ésta[3]. Contrario a este punto de vista de creyente, Montaigne y muchos otros hoy, indican que las leyes de la conciencia en lugar de proceder de la naturaleza interna de los individuos, diseñada por Dios, se originan en la costumbre[4].

El papel de la costumbre en la vida moral de los pueblos, para distinguir lo bueno de lo malo, o lo justo de lo injusto, es importantísimo[5].  En realidad “las costumbres de los pueblos constituyen preceptos verdaderos”[6].


[1] Hyades. Mission scientifique de Cap Horn. Vol. VII p.251. Paris 1891; Mariner. Natives of the Tonga Islands. Vol. II p 147 s. Londres 1817, según las citas de Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana Espasa Calpe. Madrid – Barcelona. Moral, Vol. 36, p. 885.

[2] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana Espasa Calpe. Madrid – Barcelona. Moral, Vol. 36, p. 885.

[3] Según la lectura de la carta a los Romanos 2:12-15 que según la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Watchtower Bible and Tract Society, New York, 1987, dice “12 Por ejemplo, todos los que hayan pecado sin ley, también perecerán sin ley; pero todos los que hayan pecado bajo ley serán juzgados por ley. 13 Porque los oidores de ley no son los justos ante Dios, sino que a los hacedores de ley se declarará justos. 14 Porque siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para sí mismos. 15 Son los mismísimos que demuestran que la sustancia de la ley está escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos y, entre sus propios pensamientos, están siendo acusados o hasta excusados.”

[4] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana Espasa Calpe. Madrid – Barcelona. Moral, Vol. 36, p. 886. Montaigne, Vol. 36, p. 337, 338.

[5] Fisson y Howitt. Kamilaroi and Kurnai, p. 256. Melbourne. Cuenta Howitt que en cierta ocasión, hablando con un joven australiano de los alimentos prohibidos durante la iniciación, le dijo lo siguiente: “Pero si estuvieras hambriento, ¿no podrías coger una zorra mochilera (animal tabú) y comértela sin que se enteraran los ancianos de la tribu?” “No” contestó el indígena “eso sería una mala acción”, no dando otras razones que el estar prohibido por la costumbre”, según la cita de Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana Espasa Calpe. Madrid – Barcelona. Moral, Vol. 36, p. 886.

[6] Cicerón. Sobre los deberes (De officis), Alianza Editorial, Madrid, 2001, capítulo I, párrafo 41.

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