Desde la reflexión sobre la inmigración a la filosofía, a la metafísica o a la teología

Javier Company  dice en un comentario a temas de inmigración de este Blog que “Luego me planteo un problema que necesito me ayudes a resolver: ¿no puede haber principios “superiores”, ínsitos en el hombre, no creados por él, que informen constantemente esa justicia humana impidiendo que se desvíe del fin último? ¿no es contradictorio exigir la adaptación del extranjero a lo local (principio cada vez más extendido y aceptado socialmente), cuando esa pretensión puede suponer un principio de no aceptación del otro, del diferente, lo que a su vez tampoco está aceptado por nuestra justicia actual?”

Pues me encanta aceptar el reto de responder, aunque esto nos podría llevar desde la inmigración a la filosofía, a la metafísica o incluso a la teología, pero me pongo a ello.

Principios superiores, ínsitos en el hombre, no creados por él. A esta primera cuestión digo que poder haber unos principios ‘superiores’, ínsitos en el hombre, efectivamente, los puede haber. Porque no es contrario a la lógica que los hubiera. Pero de lo que se trata no es de fantasear, de imaginar todas las posibilidades que no repugnen a nuestra lógica o razón, pues se pudieran imaginar muchas más y nos perderíamos en la dialéctica. Lo que se trata es ver si hay algún hecho, alguna prueba, o algún elemento, que nos induzca, al menos, a pensar, finalmente a creer que los hay. Eso sólo sería una creencia, como efectivamente profesan miles de millones de personas, pero a las creencias (y todos tenemos, y nos las formamos; yo también) no llegamos a través del método científico. Pero de la psicología evolutiva, de la neurociencia, del conocimiento actual del hombre, no se deduce que haya nada intraconstruido en el propio hombre proveniente de “arriba” (supongo que por eso los llama superiores), hablando claro, proveniente de Dios, que informe constantemente la justicia humana y que impida que ésta se desvíe del fin último. Fin último (en el sentido, supongo, de cumplimiento del designio de Dios) que también rechazo. El fin último y único fin del hombre es mantener la vida, sobrevivir y dejar descendientes aptos que también tengan éxito en sobrevivir y en dejar, a su vez, descendientes aptos, y así sucesivamente. Y esto se puede conseguir con la bondad, con el altruismo, con la cooperación y no con la confrontación (véase mi libro).

La adaptación del extranjero a lo local, podría suponer un principio de no aceptación del otro, del diferente. No. Si la justicia, como sostengo en mi tesis, es la adaptación con justeza, con exactitud a las costumbres del grupo en el que estoy y el no hacerlo no es justicia, y por lo tanto comporta estar contra las normas del grupo, está claro que es justo no aceptar las costumbre del otro que viene a nuestro grupo, que chirríen y sean causa de fricciones dentro del grupo. Es injusto que el que viene no se adapte, tan injusto como si uno de nosotros dentro del grupo nos apartamos de la costumbre, de la moral y no practicamos lo que justamente se espera de nosotros. Si como pregunta Javier Company eso podría suponer un principio de no aceptación del otro, digo que no es tanto del otro, como de todos, incluidos los del grupo que se apartan de la recta senda: nuestras costumbres, que han funcionado, que nos han permitido sobrevivir y tener éxito en dejar descendientes aptos, que forman un grupo que tiene éxito, y que se convierten en costumbres inveteradas por el tiempo transcurrido, y la costumbre es la moral, y de ambas el derecho y la justicia.

 

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  1. #1 por Abraxas el 2 febrero, 2011 - 22:51

    Con respecto a lo que dices sobre los principios innatos en el hombre, puedo asegurar que lo que propones no es ni más ni menos que la base de la política de santo Tomás de Aquino. Este beato proponía que el hombre posee unas leyes naturales que no ha aprendido, sino que conoce desde que nace y son tales como su tendencia a conservar la vida, a preservar la especie y a vivir en sociedad. El método científico como prueba de esto no es algo que se deba tomar en cuenta ya que a veces es el razonamiento lo que nos da las respuestas y no una maquinita que hace ecuaciones y averigua las cosas por nosotros. También estoy en desacuerdo contigo sobre que el fin úiltimo es cumplir la segunda ley natural, procrear y punto. El hombre debe alcanzar la felicidad por encima de todo (como bien decían los filósofos de la antigua Grecia), y esta felicidad se puede alcanzar por diversos caminos que no han de ser explícitamente la procreación.
    En cuanto al tema sobre el extranjero que acepta la cultura del sitio al que va, no creo que la justicia tenga tanto que ver al respecto como lo pueden tener el sentido de que vivimos en un mundo multicultural y , por tanto, tenemos que adaptarnos a este hecho y no atacar al inmigrante con racismo, con odio, ni con desprecio para que vuelva por donde ha venido ya que su cultura es fuente de saber, de conocimiento de costumbres que no conocemos: de “sociedad global”. El que un grupo no acepte al “nuevo” por ser diferente ( ya sea en su apariencia exterior como en sus costumbres o su ideología) se trata de un problema que tiene el ser humano desde siempre, el miedo a lo desconocido. Veo tu gran interés por la progenie y no me parece mal, pero en este caso creo que es mayor la problemática ante el inmigrante que plantean los adultos que las pobres criaturas que están por venir.

    • #2 por Frederic Rivas el 5 febrero, 2011 - 17:28

      Gracias por tu aportación Abraxas ¿? a la que quisiera añadir que, efectivamente, algo de inteligencia social se hereda gracias al cableado neuronal de nuestros padres (lo que tu llamas leyes naturales) y estoy de acuerdo contigo (no he dicho lo contrario en ningún sitio, creo) en que no es exacto que el fin último es, como dices “procear y punto”, pues tengo muchas dudas en cuanto a que haya algún fin, por eso habría que plantearse si la vida tiene algún fin más allá de ella misma, es decir, de mantenerla y pasarla a los hijos. También concuerdo contigo en que el hombre busca la felicidad, la cual la encuentra casi exclusivamente en el momento o periodo de satisfacer las necesidades físicas y mentales, y no solo mediante el sexo.
      En cuanto a que los inmigrantes tienen y traen su cultura y sus costumbres es obvio; y que conocerlas amplía el conocimiento; también que hay muchas, muchísimas culturas; y que es bueno, correcto, valorarlas y respetarlas. Pero no es menos cierto que las gentes se agrupan y que los grupos en tanto sean homogéneos perduran y tienen éxito económico y social.
      Por eso es imprescindible que el inmigrante se adapte, acepte y se integre en la cultura, en el grupo o en el país al que llega para que sea aceptado. Los guetos no han tenido éxito en ninguna época histórica, pues los grupos tienden a extenderse. El ciclo vital grupal es la ampliación o extensión mediante integrar cultural y socialmente a los diferentes, además de su propio crecimiento vegetativo. Los guetos son la división.
      De moco que, respeto, conocimiento, pero el “nuevo” (como tú dices) se tiene que integrar dejar de ser nuevo, para no ser extraño.

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