El sentido de justicia como igualdad, equilibrio y estimación de valor

Véase en “La génesis de la justicia: entre la naturaleza y la cultura” http://www.tirant.com/editorial/libro/la-genesis-de-la-justicia-9788498766639

Generalmente, cuando se habla de justicia, se trata de significar la idea que debe inspirar al Derecho, una idea perteneciente al campo de la ética. Al menos eso es lo que piensa Emil Brunner al decir que ‘cuando hoy hablamos de lo justo y de lo injusto, pensamos en algo mucho más limitado que cuando simplemente distinguimos entre lo bueno y lo malo. Pensamos en una idea que debe inspirar al Derecho positivo, que debe regir los ordenamientos mundanales o terrenos. Pensamos en la justicia terrena que debe regir las relaciones interhumanas externas, y que quiera dar a cada cual ‘lo suyo’, y no nos referimos a la ‘justicia de la fe cristiana’, la cual es una ‘justicia mejor’, la cual no resiste al mal, no retribuye necesariamente, y según la cual, quien recibe una bofetada en una mejilla presenta la otra mejilla’.

Se trata del hecho de que la misma palabra, justicia, ha sido empleada para designar dos ideas diferentes, aunque ambas pertenezcan al área de la ética. Hemos hablado de ‘dar a cada uno lo suyo’, pero ¿cómo saber qué es lo suyo? Pues lo justo es dar su derecho. Pero definir cuál o qué es, o pueda ser, su derecho ¿quién lo hace? Su ‘derecho’ ¿se consigue con lucha, con el recurso a la violencia, si fuera necesario? O, más bien, ¿se otorga, más o menos, como consecuencia de la presión? También hemos señalado a una medida de equivalencia para valorar lo suyo; porque el sentido de igualdad que destila la justicia no es ‘identidad’, por lo que es preciso valorar lo desigual, para intercambiarlo. Roscoe Pound decía que la justicia es la reglamentación que logre la menor fricción en las relaciones. Esto nos lleva al problema de la valoración, de la Estimativa jurídica, porque la idea formal de la justicia implica medidas materiales de valor, y ésta, es la dificultad más grande.

Efectivamente, la igualdad de valor que proclama la justicia es una idea que nos lleva a pensar en cuáles puedan ser los criterios de medida de dicha valoración, se trata de medir y, si de medir, hacerlo lo más exactamente posible o al menos en estimación. Se trata de medir lo que se da y lo que se recibe, pero dicha medición no puede hacerse con absoluta y plena identidad, pues, no se trata de recibir lo mismo, lo idéntico, sino alguna cosa diferente, que, en algún modo corresponda a lo que se entrega, que lo compense desde algún punto de vista. Es decir, se trata de recibir, no lo mismo, sino algo equivalente, de igual valor.

Pero para medir la magnitud de valor de una cosa, y para dar inteligiblemente la medida de dicho valor, hace falta una unidad de medida, de modo que hace falta una metodología para igualar, homogeneizar, y estimar cosas desiguales. Esto nos lleva a afirmar que el centro de gravedad de la cuestión se desplaza. Tenemos que profundizar no sólo en la justicia, como idea de igualdad, sino como metodología de medida o criterio de estimación. De modo que tenemos que plantearnos cuál deba ser, el criterio para establecer la equivalencia; saber de qué medida nos hemos de servir para determinar la igualdad.

Un camino para encontrar la solución para este problema es aplicar un sistema de medición económica, un sistema monetario o de valor económico; aunque será bueno no olvidar que además del valor económico hay otros criterios de valor tales como el valor social, la estimación ética o política. Pero sólo estamos en el camino, pues ¿qué es lo que hay que valorar? ¿la utilidad objetiva o la subjetiva? Y si la una o la otra ¿la final o la marginal? Si hablamos de trabajo habrá que decidir si es el necesario para la producción actual, en tiempo presente, de otro objeto igual o el que se hubiese precisado para la producción, en su momento, en tiempo pasado, de lo mismo; y aún así, habría que tener presente también la calidad, además de la cantidad.

Así que la cuestión se complica, se hace difícil. Por eso, según Recaséns el punto principal no consiste en descubrir que la justicia exige igualdad o proporcionalidad, sino en averiguar cuáles sean los criterios de valor que deban ser tenidos en cuenta para promover la equivalencia o la armonía entre los términos de una relación jurídica. Con lo que con la idea de justicia se nos abre una puerta a un paisaje filosófico muy amplio, profundo, rico y complicado, mucho más de lo que podríamos habernos imaginado: es el paisaje que se nos ofrece en el campo de la valoración jurídica.

Cuáles sean los valores que importan al derecho, es la tarea que se nos ofrece en primer lugar, pues no todos los valores determinan un deber ser para el Derecho. En efecto, valores como la dignidad ética de la persona individual, la libertad, la seguridad, la paz social, la solidaridad, la utilidad común en sus múltiples formas; valores como son la cultura, la prosperidad económica, la sanidad y otros muchos, constituyen puntos de vista normativos para el Derecho y con ello para hacer justicia.

Está claro que valores como la bondad, la santidad o el amor no son relevantes para el Derecho, pero, ¿y la pureza de intención? Lo cierto es que la mayor parte de las relaciones jurídicas no se ven afectadas por el mismo . ¿Entonces es que los valores éticos, todos ellos, no son suficientemente relevantes para el Derecho? Efectivamente muchos de ellos sí que crean un ‘deber ser’ para las normas jurídicas. Ahora bien, el problema, de nuevo, se traslada a la valoración, pues los valores, redundantemente, también tendrán que valorarse. En efecto, el problema crucial de la Filosofía Política y de la Estimativa Jurídica, no consiste en definir qué es o debe entenderse por justicia, es decir, el valor formal de justicia, sino en averiguar la prelación de los valores según la cual se debe establecer la equivalencia y la proporcionalidad en las relaciones interhumanas y en las relaciones entre la persona individual y el Estado. Algunos de esos valores han sido incorporados en las costumbres, en el derecho y sirven de base al concepto de justicia. Otros se han mantenido en privado, o en grupos pequeños, es decir, no se han generalizado.

Lo primero que deberemos resolver será saber cuáles son los valores que pueden y deben venir a colación para la ordenación jurídica, y en qué caso deberán ser determinantes los unos o los otros. Probablemente tengan que intervenir valores de tipo ético tales como los que tienen que ver con los principios de la dignidad, de la libertad y de la igualdad. Además también se deberán tener en cuenta otros valores intelectuales, técnicos, económicos, utilitarios, estéticos; o la promoción por parte del Estado de la educación, la sanidad, la prosperidad económica; pero tendremos que determinar desde qué punto de vista, y de qué manera puedan ser tomados como criterios inspiradores de las normas jurídicas.

Con lo dicho se podría resumir que hay que hacer una estimación jurídica. Aunque al hacerlo no nos planteamos un panorama distinto de la realidad cultural occidental , lo mismo habría que hacer desde otros puntos de vista culturales o de civilización, por no decir religiosos. Algunas de las determinaciones que nos planteamos a continuación, pudieran no ser aplicables en contextos culturales no occidentales.

  1. Hay que determinar los valores básicos que deben inspirar al Derecho. De esa investigación y reflexión, lo propio es que concluyamos que son los que proceden del derecho romano y de la ideología, religión, o cultura judeocristiana que se condensan en la cultura occidental. Hay que mirar, como si dijéramos, nuestro propio ombligo, para decidir los valores que vayan a dar lugar a normas ideales de carácter general. Entre éstos probablemente concluiremos que deberán figurar la dignidad moral del hombre, la libertad como esfera de autonomía, y el principio de igualdad ante el Derecho.
  2. Habrá que decidir qué otros valores entre los de carácter económico, científico, técnico, pedagógico, estético pueden y deben ser utilizados en inspirar la elaboración del Derecho con respecto a conseguir el mayor grado en el ‘estado del bienestar’.
  3. Hay que determinar qué valores no deben ser incluidos, pues aun siendo importantes no pueden ni deben ser transcritos en normas jurídicas por su grado de generalización o por estar basados en ideologías o creencias subjetivas, o de aplicación y uso completamente individual. Valores como la santidad, o la fe religiosa que deben quedar en el campo subjetivo, personal y de conciencia, pues sólo pueden tener su cumplimiento por libre decisión de la persona como individuo, en el caso de que tuvieran base real cierta.
  4. También habrá que buscar las leyes o reglas de la relación, combinación, inferencia e interferencia de valoraciones que confluyen en las relaciones sociales.
  5. Finalmente deberemos estudiar las leyes de realización, o ejecución en la praxis de los valores jurídicos.

Esta es la tarea –esbozada por Luís Recaséns Siches – que entra de lleno en la Estimativa Jurídica y que está íntimamente relacionada con el concepto o noción en que haya devenido, en un momento histórico, la idea de Justicia, un sentido que ha llegado a abarcar el de igualdad, equilibrio, y su valor o estimación.

Puesto que constantemente está en formación, está encorsetado en el tiempo, el concepto de justicia es temporal, no está cerrado, no está definido. Está abierto, se forma, se gesta día a día, con el devenir social, con el cambio de gustos, de costumbres, con el aparecimiento de necesidades, de nuevos conflictos. El significado del término justicia se amplía, cambia, madura, se complementa con el tiempo.

De modo que partiendo de una equivocada idea de origen divino de la justicia alcanzamos un desarrollo de reflexiones sobre lo justo completamente humano; que deriva de nuestra propia naturaleza y cultura, cosa que probaremos más adelante.

  1. #1 por casque audio sans fil el 5 mayo, 2013 - 4:14

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