¿Es la justicia el dictado de la divinidad?

Cuando un asunto ha sido suficientemente debatido y finalmente se obtienen conclusiones dispares y contrarias, o no se obtienen conclusiones (aunque sean una tras otra) que permitan ir avanzando y edificando, nos hace pensar que, o bien el planteamiento es erróneo, falta información (o investigación), o no tiene resolución.

Si nos centramos en la etimología de las palabras “costumbre” y “moral”, y en los descubrimientos de los últimos años en estudios antropológicos y biológicos, no tenemos otro remedio que reconocer que el “montaje” que nos hemos hecho los humanos interiorizando lo que, meramente, eran repeticiones de actos, de comportamientos, de pensamientos o ideas que devinieron modos de pensar; ha servido para que, después de haberlo hecho todo mucho más complejo, parezca “algo importante”, parezca algo que proviene de una referencia exterior a nosotros mismos, incluso algo sagrado.

A la vista de ello, hay que decir que la Moral, lo que entendemos hoy por Moral, (escala de valores con relación a la bondad del comportamiento según el derecho, según se cree, natural o según las normas dadas, según se cree, por Dios) no ha tenido ningún papel histórico en el Derecho[1], y no es arbitrario el decirlo, pues lo que queremos decir es que, la Moral, en mayúscula, es una construcción posterior. La moral, aquí puesta en minúscula, sí que ha tenido papel, pues ésta la hemos identificado con la costumbre. Por lo dicho queda claro que, al contrario, ha sido el Derecho, entendido aquí como normas establecidas[2] cuyo incumplimiento se sanciona, derivadas inicialmente de la costumbre, el que ha tenido influencia en la Moral[3], es su fuente.

El hecho de que el Derecho sea la fuente de la Moral nos lleva a reconocer el papel preponderante de la Costumbre en los albores de la civilización, como fuente del Derecho. También nos lleva a no despreciar otro hecho importante, el del proceso de abstracción seguido por la costumbre, hasta convertirse en lo que hoy denominamos Moral. Es decir, la Costumbre deviene Derecho[4] por una parte, y por otra, se interioriza, se sacraliza, y deviene Moral. Después de ese proceso de abstracción, de interiorización, la Costumbre, que ya ha devenido Moral, tiene su papel como motivadora de comportamientos, como coartadora de libertades, como controladora de conductas, como factor de cohesión de grupos humanos, y dotada de la autoridad que le da el tiempo, con la lejanía de su principio, los que dominan (patriarcas, padres, sacerdotes, reyes o maestros) la hacen aparecer, intencionada o ignorantemente (pues aparenta algo superior[5]), como dada por Dios; es la mejor explicación que encuentran y la que mejor resultado da para inculcarla en las nuevas generaciones y que la guarden, lo que asegura el statu quo de los dominantes, padres, mayores o poderosos.

Por lo tanto, lo cierto, según el que postula esta Tesis, finalmente, es que, en realidad, no hay dictado de lo espiritual sobre lo práctico, aunque parezca lo contrario. La Moral, en su inicio (sólo moral, o costumbre), no fue nada espiritual, sino algo práctico; hoy la Moral es el resultado de procesos de abstracción y de interiorización de las costumbres, y de las sanciones propuestas para su incumplimiento. La Moral no tiene nada de sagrado, sino que es totalmente profana, pero con el proceso de culturización pesa como una losa sobre la conciencia de los individuos.

Como escribió Wolfe[6] “¿Por qué darle más vueltas al Dios, a la Libertad y a la inmortalidad de Kant cuando es sólo una cuestión de tiempo que la neurociencia, seguramente a través del diagnóstico por la imagen del cerebro[7], revele el mecanismo físico real que crea esas construcciones mentales, esas ilusiones?” para mi construcciones culturales.

Quizás la cuestión podría haberla enfocado desde el punto de vista de un franco planteamiento en cuanto a la existencia de Dios. El “Dios ha muerto” de Nietzsche en boca de Zaratustra, que copiaron y siguieron filósofos más recientes, y que Heidegger explica dándole la importancia que merece, pues, aunque dicha por alguien que se volvió loco, tiene su enjundia; esa afirmación “Dios ha muerto”, es como negar la posibilidad del supuesto de que una noción de justicia pueda provenir de algo o alguien externo a los propios humanos.

En efecto si no hay nadie que nos haya implantado en nuestra mente, espíritu o alma, algo que deba ser nombrado con el término “moral” que incluya el concepto de justicia, no es necesario decir majaderías[8] como las del súper-hombre, o el hombre convertido en Dios, para reconocer que, llanamente, han sido las comunidades humanas las que han ido formando, con sus costumbres que, sencillamente, eran reglas de juego en las relaciones sociales, el concepto de lo que es justo, recto y apropiado. Era imprescindible saber lo que se esperaba de uno, y lo que uno esperaba del otro; era imprescindible para jugar el juego de la reciprocación (reciprocidad), de la colaboración, saber las reglas del juego por las que se regiría el otro (las mismas por las que se debiera regir uno) que permitirían la colaboración y el altruismo para bien mutuo.

Quizás habría que enfocarlo del mismo modo que Isaac Asimov, el cual manifestó: “Soy ateo, y punto. Me tomó mucho tiempo decirlo. He sido ateo por años y años, pero de alguna manera sentía que era intelectualmente poco respetable decir que uno era ateo, porque asumía un conocimiento que no tenía. De alguna manera era mejor decir que uno era humanista o agnóstico. Finalmente decidí que soy una criatura de emoción además de razón. Emocionalmente soy ateo. No tengo evidencia para probar que Dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo.” [9]

Si alguien no desea perder el tiempo, según él, habrá que profundizar en otro pozo, el de las ciencias más experimentales, para llegar a las conclusiones que he llegado en este trabajo, concluyendo que la idea de justicia no tiene su fuente en la divinidad, no tiene su fuente en la revelación. Esto no quiere decir que los textos sagrados que se postulan revelación de Dios, o la tradición que se postula mantenimiento de la información que originalmente dio Dios, a través de la oralidad, no hayan sido fuente de la idea de justicia, pues, teniendo un origen verdaderamente humano, que se postula divino, aunque realmente sea mítico, esa fuente humana informa su contenido y se convierte en un concepto completamente cultural y variable con el tiempo, aunque haya sido revestido en su origen de todo el sacramental, mistificación[10] y ritualismo, para darle el mayor poder posible.

 


[1] Por lo tanto inexistente, como tal, si no existe tal dación de normas por Dios o ningún derecho natural intraconstruido. El que los legisladores morales dijeran que hablaran en nombre de Dios no nos asegura ni la existencia de ese Dios ni que verdaderamente hablaran en su nombre.

[2] Que incluyen, necesariamente, una escala de valores; al menos, la de sus redactores o promulgadores.

[3] Esa construcción posterior.

[4] Porque el guardarla es lo derecho, lo recto, lo justo, lo que cuadra justamente con lo que el grupo espera del individuo; eso es justeza, es decir, justicia..

[5] Cabría aquí relacionar lo dicho con la invención en el pensamiento humano del Ser Superior, del Creador, como explicación de lo inexplicable y como referente psicológico al que agarrarse ante las imposibilidades humanas. Pero eso es tema que merecería toda una Tesis.

[6] Wolfe, Tom. Hooking Up, Picador, 2000, New York, 2000, p 98. También lo cita Ridley, Matt. Qué nos hace humanos, Taurus, Madrid, 2004, p 340.

[7] Quizás por la magnetoencefalografía u otro sistema futuro de imagen y evaluación de la actividad cerebral. Véanse los trabajos de Ortiz Alonso, Tomás. Experto en neurofisiología del Centro de Magnetoencefalografía Pérez Modrego de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Departamento de Psiquiatría y Psicología.

[8] Las de Nietzsche u otros.

[9] Asimov, Isaac. Free Inquiry. Primavera de 1982, vol. 2, nº 2, p. 9.

También en http://www.sullivan-county.com/id3/asimov2.htm

Kurtz: Isaac, how would you describe your own position? Agnostic, atheist, rationalist, humanist?

Asimov: I am an atheist, out and out. It took me a long time to say it. I’ve been an atheist for years and years, but somehow I felt it was intellectually unrespectable to say one was an atheist, because it assumed knowledge that one didn’t have. Somehow it was better to say one was a humanist or an agnostic. I finally decided that I’m a creature of emotion as well as of reason. Emotionally I am an atheist. I don’t have the evidence to prove that God doesn’t exist, but I so strongly suspect he doesn’t that I don’t want to waste my time.

[10] En el sentido de místico u oculto.

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