La ejecución de los presupuestos

LA EJECUCIÓN DE LOS PRESUPUESTOS

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

20170626

 

 

La importancia que se da a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado viene dada por el hecho de que son la hoja de ruta para la gestión de la economía del país.

Si se aumenta el presupuesto, este es expansivo con lo que conlleva mayor actividad económica, quizás también mayor redistribución de rentas lo que beneficia a los menos poderosos económicamente. Este presupuesto expansivo, además puede conllevar un déficit con lo que el estímulo económico, para el caso de no tener problemas en la consecución de la financiación de la deuda que se emitirá, es doble.

Lo contrario, un presupuesto menor y también un superávit, si se puede conseguir, lleva, obviamente a una contracción de la actividad económica que, en algunos momentos puede ser necesaria al objeto de evitar una burbuja y para y reduciendo la deuda soberana.

Creo que hasta aquí todo esto es entendible, pero lo que no lo es para mí es el engaño en el que los gestores económicos de los Gobiernos (del Estado y de las CCAA o de otros entes provinciales o municipales) nos quieren hacer caer: me refiero a la falta de ejecución presupuestaria.

Me admiro que este tema escape a la crítica, que debiera ser furibunda, aunque, en efecto, he leído recientemente en diversos medios de comunicación las quejas de nuestro territorio por la falta de ejecución presupuestaria de parte del Estado. Lo mismo leí hace algo más de tiempo respecto de la Generalitat Valenciana. El asunto es que no se presupuesta con justicia para nuestra Comunitat y, para colmo, lo poco que se presupuesta no se ejecuta en su totalidad.

 

Montoro y Rajoy han usado de engaño, una vez más, con el incumplimiento presupuestario

Esta es una estrategia absolutamente deleznable que consiste en no llevar a cabo en su totalidad la ejecución el presupuesto, o hacerlo tarde, es decir, no licitar diligentemente o no llevar a cabo el gasto que debe servir para la activación económica y del mercado laboral. El gobernante queda bien poniendo partidas en los presupuestos que, luego, nunca se ejecutan. En una palabra, miente.

Siempre se pueden encontrar y dar excusas para no cumplir los presupuestos:

  • que los ingresos no han sido los esperados, o en el tiempo esperado
  • que ha habido problemas técnicos con proyectos, con plazos de exposición pública u otros requisitos legales
  • que ha habido necesidad de llevar a cabo modificaciones presupuestarias y dedicar las partidas a otros menesteres

Se callan bocas incluyendo en los presupuestos partidas para actuaciones que se sabe no se van a llevar a cabo porque no se tiene la voluntad de hacerlo o porque no hay tiempo material para cumplir los requisitos técnicos o jurídicos necesarios, o para la efectiva ejecución material.

En efecto, hay partidas en los presupuestos que se repiten para el mismo objeto durante años, pero nunca se ejecutan. O partidas cuyos importes nunca se alcanzan. Son promesas que no se cumplen y que van a servir para que se dediquen a otros menesteres, o haya, en su caso, superávit que después sirve como un aval de buena gestión, cuando, en realidad, es todo lo contrario. Superávits ficticios que mediante el buen trato que el ente da a los medios de comunicación sirven para cualificar de buenos gestores a los políticos que hacen estas trampas.

 

Consentimiento culpable de los órganos supervisores

Estas no prácticas de buenos gestores, sino al contrario, corruptelas que los organismos supervisores permiten, consienten, no atajan, aunque estén más o menos conscientes de ellas (incluyo también a los organismos de la UE). Me atrevería a decir que son prácticas, incluso, corruptas, porque sin transparencia, ni debate, ni veracidad, no se puede decir que se esté gobernando democrática y correctamente.

 

Lo importante no es el presupuesto sino los datos de su ejecución

¿Dónde estarían las empresas que inventaran (uso ex profeso la palabra inventar) presupuestos voluntariosos de vender mucho, de conseguir costos muy bajos y, con ello, conseguir buenos resultados, pero todo fuera un ejercicio de presuponer que las cosas iban a ser así? Pre (antes de), suponer (imaginación). Eso es un pre-supuesto, un supuesto, una imaginación puesta por escrito.

No, al contrario, las empresas se guían por las Cuentas Anuales, es decir por lo resultados efectivamente conseguidos. Y se felicita y se premia a directivos (y en pocos casos a otros trabajadores) por los buenos resultados, NO por las buenas IMAGINACIONES = presupuestos.

De ahí la extrañeza que no alcance a la opinión pública el debate del cierre de cuentas, que es lo importante.

Por otra parte, ya sabemos que la mayor parte del presupuesto se va en gasto corriente que difícilmente se puede evitar (pensiones, sanidad, educación, intereses de la deuda y algo más), mientras que las partidas que pueden representar un acicate o estímulo económico, una inversión sostenible y rentable, son las menores en los presupuestos. De ahí las quejas de los científicos españoles (y de otros sectores) a los que no se les dedican suficientes esfuerzos en fondos presupuestarios, a pesar de que son (casi siempre) muy rentables para el futuro.

 

Consecuencias de estas estrategias

Estas prácticas conllevan un engaño, en toda regla, al ciudadano. Pero, además, como quiera que la práctica de los analistas (sobre todos políticos, de los diversos partidos) es estudiar, comparar y hacer previsiones de los efectos del presupuesto, pero no conoce la verdadera intención de los que van a ejecutar los presupuestos, pierden completamente su tiempo, pues los estudios que han formulado, en base a datos irreales, dan resultados y efectos que se caen como castillos en el aire. Y además de todo ello están también los vaivenes económicos que se escapan al control de todos.

Debemos presionar a los gestores económicos en todos los ámbitos territoriales para que den cuentas de su gestión en base a la Contabilidad real, no a la presupuestaria. Y que el debate se centre en cómo distribuir entre los territorios de forma justa en el importe y en el tiempo, la parte de los presupuestos que corresponde a inversiones, así como al mismo nivel de servicios.

Si se hiciera así, aquí, en la Comunitat Valenciana estaríamos mucho mejor, tanto a nivel autonómico, como provincial y local.

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Los españoles somos caraduras

Los españoles somos caraduras

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Artículo publicado en el Periódico Mediterráneo el 04.06.2017

Según Javier Elzo, reputado sociólogo, uno de cada cinco españoles es “un caradura de toda la vida”. En su día se señaló que según una encuesta del canal Fox:

  • El 83,1 % miente al decir que están enfermo para saltarse el trabajo.
  • El 67,5 % se ha ido alguna vez de un bar sin pagar.
  • El 26,3 % consume productos en los supermercados sin abonarlos.

Si estos datos son exactos estamos ante una dura realidad. Me avergüenzo de que así sea. Me parece increíble que los españoles tengamos tanta “jeta”.

¿Nos hemos planteado alguna vez la fuerza y el valor de la honestidad; o la maldad y el daño que produce la corrupción? ¿Queremos ser dignos de confianza o ser desleales y mentirosos?

España cayó a su peor clasificación de la historia en el “índice de percepción de la corrupción” que realiza Transparencia Internacional (TI) cuando se colocó en el puesto 41 de 176 países con una nota de 58 puntos sobre 100 posibles (100 sin corrupción, 0 totalmente corruptos), puntos que ya alcanzó en 2015 y repitió en 2016.

Los autores del informe también dijeron que “hemos alcanzado el récord histórico de corrupción comparativamente”, donde España también se hunde en la comparación con el resto de países que componen la UE. “Estamos entrando en un pelotón de países que se han acercado peligrosamente a la corrupción sistémica muy recientemente, como Georgia o la República Checa”, apostillaron, advirtiendo que “es el momento de reaccionar”.

Pero no es ese el caso, pues de entre una lista de 176 países estudiados, en 2004 estuvimos en el puesto 23, posteriormente España en 2008 estuvo en el puesto 28 y ha pasado por cada año posterior hasta 2016 rebajando su posición en el ránking. Estuvo en el 32 en 2009, 30 en 2010, 31 en 2011, 30 en 2012, 40 en 2013, 37 en 2014, 36 en 2015 y 41 en 2016.

En cambio, Nueva Zelanda está en el puesto nº 1 casi desde tiempo inmemorial, aunque el puesto más abajo que ha estado ha sido en el 4º.

Verdaderamente no nos podemos comparar con los “buenos”, estamos demasiado abajo, pero ciertamente a algún tonto, a mí no, le quedará el consuelo de que no somos el pelotón de los “torpes” malísimos, que le parecerá estupendo.

Yo, por mi parte, veo que la única reacción que hemos tenido ha sido la de nuestro asombro más y más desanimador cuando semana tras semana observamos nuevas noticias de corrupción, de engaños, de trampas, de defraudación de personas y organizaciones que debieran ser nuestro modelo y dechado, nuestra reserva moral. Organizaciones quasi “criminales” que se excusan unas a otras (en una sesión del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, de donde ha salido un vídeo editado por el PP) indicando y lanzando contra el contrario la lista de cuántos de sus políticos han sido condenados por unos u otros delitos.

No estoy tratando de moralizar, ni de hablar de las bondades de la religión. Lo que digo es que en nuestra cultura judeo-cristiana el valor de la verdad, la honestidad y el esfuerzo ha llevado a occidente al estado del bienestar, a un lugar elevado de desarrollo y de justicia. Otras culturas que priman la trampa, el engaño, el regateo, el timo, ya veis dónde están.

No quiero decir que aquí no haya tramposos como el Lazarillo de Tormes.

Lo que digo es que aquí está mal visto: uno no debe mentir, cometer delitos, ni engañar ni estafar, pues si lo haces y te descubren has perdido toda la credibilidad, además de la sanción, penal en su caso, o de retirarte la amistad y el extrañamiento (nadie quiere estar, ni hacer negocios con un tramposo), nadie quiere jugar el juego de la vida con los deshonestos.

Y lo que digo también, es que, allá: la mentira, el engaño, la trampa y la estafa, les parece un signo que identifica al despierto, al listo; de modo que se valora.

¿Queremos ser un país tercermundista? ¡Pues evitémoslo! y quitemos todas las manzanas podridas de nuestras organizaciones, aunque nos quedemos sin manzanas ni organizaciones que siempre podremos sustituir por nuevas y compuestas por mejores personas, porque peor será que el “allá” se convierta en “aquí” y también nos parezca que es de listos, engañar, mentir, estafar y toda clase de abusos contra otros.

De modo que apliquemos el ejemplo y tengamos en alta estima los valores de la honestidad, la veracidad, el esfuerzo; e inculquémoslos en nuestros hijos y nietos. Con ello nos iremos elevando, como nación, en la lista de Transparencia Internacional mundial.

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Los acentos y el aprendizaje incorrecto del idioma

Los acentos y el aprendizaje incorrecto del idioma

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

2017.05.14 Publicado en el Periódico Mediterráneo de hoy

 

En su día, Artur Mas, el que fue President del Govern de Catalunya tuvo que quedar bien envainándose el comentario en el que afirmó que los adolescentes catalanes salen de sus estudios conociendo el castellano tan bien como cualquiera de Salamanca, Valladolid y por supuesto de Andalucía o Canarias, que por cierto a algunos de ellos ni se les entiende (más o menos así lo dijo).

Para algunos esta afirmación no fue de buen gusto porque no es políticamente correcta, es ofensiva para andaluces y canarios, pues se ha hablado contra el acento de los andaluces y canarios; incluso ha tenido “efetos” (por efectos) en los gallegos, como dicen estos cuando hablan en castellano.

Pero del acento, en el Diccionario de la RAE se dice[i], entre otras cosas, que va sobre la vocal de la sílaba que se quiere enfatizar dando a entender que, en la práctica es una cuestión más de vocales que de consonantes, que es una cuestión de particularidades fonéticas basadas más en las vocales. Todos notamos la diferencia en la vocalización, pues algunos de los idiomas peninsulares no tienen sólo 5 vocales sino muchas más, y el castellano hablado por algunos ciudadanos españoles que sólo tienen como propio ese idioma, lo hablan comiéndose las “s” o las “r”, y pronuncian las “s” (especialmente finales) como “j” y la doble “l” como “y” griega o como una “l” (ele) simple.

Los respondones quizás no notan que el castellano estándar no es, precisamente, el que hablan la mayoría de los andaluces, canarios, y deja mucho que desear en algunos casos el que hablan los gallegos, extremeños, madrileños y otros. Lo que hay que enfocar es la cuestión sobre la enseñanza del idioma en la escuela. No puede ser que se salga de la escuela hablando andaluz o canario, lo que no quita que en casa lo hagan. El problema consiste en que no pueden, no saben, hablar el idioma con la pronunciación estándar de España. Eso es un fracaso de la educación pública.

En efecto, el hecho es que cuando las consonantes dejan de pronunciarse, o se pronuncian de otro modo, el lenguaje hablado cambia hasta tal grado que se convierte en ininteligible, en otro idioma.

No me hagáis recordaros la diferencia entre el inglés escrito y el hablado, y no lo digo al nivel de quien no conoce dicho idioma, sino al nivel de quien sabe que puede, por mucho que busque, no encontrar norma alguna por la que un mismo signo, unas veces se pronuncia de un modo y otras de otro. Esa es la razón de que en USA haya tantos concursos de deletreo, para ellos se precisa memorizar (tal cual el chino) los signos, uno a uno, para saber escribir correctamente la palabra. No así en el castellano de un hablante estándar, que oyendo hablar sabe escribir. Igual ocurre en catalán, o en alemán dos de los idiomas en donde la pronunciación, la prosodia, está, con pocas reglas, claramente establecida.

Pues bien, si algún padre de niños andaluces o canarios se siente ofendido, lo hacen sin causa, porque, en efecto, el idioma que desde pequeños aprenden sus hijos no es el castellano estándar. Se comen consonantes y otras las pronuncian de distinta manera, solo falta un poco de tiempo para que el modo en que hablan (como lo hacen los argentinos con la y griega, la doble ele, ll, y la jota, j, así como con la conjugación de los verbos), haga que se convierta en otro idioma.

Ozé, zaca er zaco de la za para que ze ceque ar zo, es un ejemplo jocoso de ceceo. En cuanto al seseo, este es general, aunque no sea lo que más perjudica al entendimiento, porque casi es normativo.

La distinción entre el singular y el plural es la apertura mayor y alargamiento de la vocal final, porque la s final se la comen: là càsàa, por las casas, la r (erre) por la l (ele).

Decir estas cosas no es ofensivo. Lo ofensivo es que habiendo aprendido el idioma, de los padres y por la calle, que se habla así, en las escuelas no se consiga que hablen el estándar admitido y continúen no sólo seseando (pronunciando las c delante de e,i; las z delante de todas las vocales como s) sino pronunciando la doble ele, ll, como y griega, y, [chiquiyo] en el interior de la palabra y como ele, l, al final de ella, [Sabadel]); así como el dígrafo ch como sh inglés; la ele, l, como la ere, r; y muchísimos más.

No, no es ofensivo decir que los maestros que enseñan a los niños en dichos territorios, los cuales, probablemente, la mayoría de ellos, son también de los mismos territorios, no tienen éxito en enseñar a hablar correctamente el idioma estándar, porque ellos mismos tampoco lo saben hablar. Y ese no es el caso de los catalanes, mallorquines, valencianos y, por supuesto, de los castellanos.

Nada que decir que en casa hablen dialectalmente su andaluz o canario, pero de la escuela deben salir hablando, leyendo y escribiendo el idioma estándar. Y todos vemos que ministros y ex presidentes de gobierno y otras altas instancias hablan dialectalmente. ¿Cómo queremos que hablen inglés si ni su propio idioma lo conocen, no a la perfección, sino suficientemente?, e, insisto, nada que objetar que lo hablen a su manera dialectalmente en su círculo, pero deberían saber el estándar.

Y, por cierto, lo dicho aquí de los andaluces o canarios aplica a muchos más de otras autonomías de España cercanas a la andaluza, así como a muchos hispanohablantes de América (he dicho a muchos, no a todos)

[i] ACENTO (Del lat. accentus, calco del gr. προσῳδία).

  1. m. Relieve que en la pronunciación se da a una sílaba de la palabra, distinguiéndola de las demás por una mayor intensidad o por un tono más alto.
  2. m. Tilde, rayita oblicua que en la ortografía española vigente baja de derecha a izquierda de quien escribe o lee. Se usa para indicar en determinados casos la mayor fuerza espiratoria de la sílaba cuya vocal la lleva, p. ej., cámara, símbolo, útil, allá, salió; y también para distinguir una palabra o forma de otra escrita con iguales letras, p. ej., sólo, adverbio, frente a solo, adjetivo; o con ambos fines a la vez, p. ej., tomó frente a tomo; él, pronombre personal, frente a el, artículo.
  3. m. Modulación de la voz, entonación.
  4. m. Conjunto de las particularidades fonéticas, rítmicas y melódicas que caracterizan el habla de un país, región, ciudad, etc.

 

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Los estados fallidos

Los estados fallidos.

Artículo publicado en el Periódico Mediterráneo

Frederic M. Rivas Garcia. Doctor en Derecho

2017.04.29

Ya sé que no es el momento de hablar de ello. La crisis económica, que todavía perdura, el no tener para uno mismo, hace que uno se olvide de los demás, pero estamos en una época del año en que se habla mucho del amor fraterno, absolutamente necesario para cooperar y tener éxito como humanos.

Sí, nos olvidamos de los demás, y si no, mirad lo del 0,7 % del PIB para Ayuda oficial al desarrollo (AOD). Ni se habla de ello. Los responsables de Cooperación y Desarrollo de la Unión Europea, se comprometieron en mayo del 2005 a elevar la Ayuda Oficial al Desarrollo hasta el 0,56% del PIB comunitario en el año 2010 con el objetivo de alcanzar la cifra del 0,7% en el año 2015. Esto hubiese supuesto destinar al desarrollo 20.000 millones de euros más al año a partir de 2010. Sin embargo, el objetivo del 0,7 que fijó la ONU hace 35 años, sólo lo han cumplido en algún momento cuatro países: Dinamarca, Luxemburgo, Holanda y Suecia.

Por eso, hablar de los Estados fallidos quizá no sea el momento. Pero como consecuencia de las revueltas populares de Túnez, Egipto, Libia, Siria y … las que probablemente podrían llegar a venir, me interesa sacar a colación el tema de los Estados fallidos.

Son Estados fallidos, no hay duda, estados como Somalia, por ejemplo, u otros lugares en donde el monopolio del uso legítimo de la fuerza dentro de sus fronteras no está en manos del Estado, sino en las de los señores de la guerra o los grupos paramilitares.

Aunque el término también se emplea para referirse a otro tipo de Estados en donde hay altas tasas o registros de criminalidad, corrupción política, mercado informal, ineficiencia judicial, interferencia en la política de poderes fácticos con presupuesto y poder político, muy superiores al del Gobierno.

Por otra parte algunos consideran que el concepto no es del todo claro y es manipulable políticamente.

No obstante el centro de estudios estadounidense Fund for Peace emite anualmente el Índice de Estados Fallidos (Failed States Index) que se publica en la revista Foreign Policy. Clasifica a los países basándose en doce factores, como la presión demográfica creciente, movimientos masivos de refugiados y desplazados internos; descontento grupal y búsqueda de venganza, huida crónica y constante de población; desarrollo desigual entre grupos; crisis económica aguda o grave; criminalización y deslegitimación del Estado; deterioro progresivo de los servicios públicos; violación extendida de los Derechos Humanos; aparato de seguridad que supone un ‘Estado dentro del Estado’; ascenso de élites faccionalizadas e intervención, de otros Estados o factores externos.

En el año 2010 fueron incluidos 177 Estados, de estos 37 fueron catalogados como “en alerta”, 92 “en peligro”, 35 como “moderados”, 13 como “sustentable”. Los peores 10 son lo que alisto a continuación:

  1. Somalia
    2. Chad
    3. Sudán
    4. Zimbabue
    5. Rep. Dem. del Congo
    6. Afganistán
    7. Irak
    8. República Centroafricana
    9. Guinea
    10. Pakistán

¿A dónde me lleva esto? A lanzar lo que, incluso para mí, parece una peregrina idea, pues imaginad lo que se podría hacer con los 20,90 millones de parados de la Europa de los 28 estados a finales de 2016, la mayoría de los cuales han tenido algún tipo de prestación contributiva y ahora, quizás, tienen ayudas a cargo de los Presupuestos generales de su Estado.

En lugar de incentivar el venir al primer mundo, habría que incentivar el ir al tercer mundo a ayudar bajo el paraguas de la ONU a organizar el Estado para que dejara de ser fallido, incluyendo fuerzas del orden, funcionarios de todo tipo, pero sobre todo, ayudar a la prestación de los servicios básicos, entre ellos los de sanidad y educación.

No todos valdríamos, lo sé. Pero muchos estarían encantados de hacerlo, de hecho lo están y van altruistamente mediante colaborar o trabajar con alguna ONG.

Pero lo que digo es algo mucho mayor. Lo que sugiero es que hay que enviar Altos dirigentes para organizar y planificar el país, su economía, su vertebración social y territorial; Altos funcionarios para aconsejar a esos Altos dirigentes; Empleados de a pie que hagan el trabajo; y Fuerzas de seguridad que tengan a su cargo el mantenimiento del orden para que los demás trabajen. Algo así como una Administración temporal bajo el paraguas de la ONU. Incorporando, poco a poco, a los autóctonos que hayan aprendido (no a robar sino a gestionar bien la cosa pública) y posteriormente, en un acto trascendente, de legítima satisfacción moral mundial, ceder el control total.

Esto es un sueño, pero dejadme soñar. No parece serio lo que he dicho. Pero ¿por qué no?

Estamos manteniendo a gente que no tiene otra cosa para comer que lo que compran con las ayudas gubernamentales que reciben después de haber agotado la prestación por desempleo. Muchos de esos y otros, especialmente los jóvenes, estarían dispuestos a poderse ganar la vida en un país extraño, durante un tiempo, aprendiendo bien uno o dos idiomas, el inglés como idioma franco y el del propio país, aprovechando el que son JASPs, es decir, jóvenes aunque suficientemente preparados, poniéndose como reto histórico haber contribuido al éxito de un Estado previamente fallido.

 

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Bicicletas y circulación en la ciudad

BICICLETAS Y CIRCULACIÓN EN LA CIUDAD
Frederic Rivas. Doctor en Derecho
2017.02.25
¿Quién no se ha tropezado conduciendo un vehículo con ciclistas que van en dirección prohibida, o caminando por la acera con bicicletas que las invaden?

Hay riesgo en ello. Por eso es conveniente hacer un poco de docencia sobre la circulación de este elemento tan querido y aconsejado, tanto para la salud como para una economía de transporte sostenible.

Las bicicletas son vehículos, y deben circular por la calzada con el resto de vehículos, o por las vías especialmente creadas para ellas. En ningún caso deben circular por las aceras ni por los pasos peatonales para cruzar las calzadas.

El Ayuntamiento de Castellón, España, dispone de los datos de los golpes y accidentes que han provocado las bicicletas que no circulan de acuerdo con la normativa. Los viandantes, nosotros los peatones, no estamos nada de cómodos con ver lo que está pasando.

Excelentes son las bicicletas, pero cuando van por la calzada general o por la habilitada expresamente para ellas. Todo lo que no sea esto, es incumplimiento de normas que se tolera.

Las normas del Reglamento de Circulación de España, aplicables a las bicicletas indican que:

Artículo 121.- Circulación por zonas peatonales.
5. La circulación de toda clase de vehículos en ningún caso deberá efectuarse por las aceras y demás zonas peatonales.

Artículo 122.- Circulación por la calzada o arcén.
5. La circulación por el arcén o por la calzada se hará con prudencia, sin entorpecer innecesariamente la circulación, y aproximándose cuanto sea posible al borde exterior de aquéllos. Salvo en el caso de que formen un cortejo, deberán marchar unos tras otros si la seguridad de la circulación así lo requiere, especialmente en casos de poca visibilidad o de gran densidad de circulación de vehículos.

Si estas son las normas ¿por qué hacen dejación de funciones los agentes de movilidad, o por qué no se toman medidas por parte de la Concejalía de Seguridad y Movilidad o, incluso, por parte de la Alcaldesa (en Castellón, España)? ¿Acaso ya se está pensando en las próximas elecciones? Ciertamente hacer dejación de funciones pudiera llegar a ser constitutiva de delito.

Es necesario siempre hacer docencia, cosa que, salvo error, no hace la web municipal cuando habla de BiciCas y el préstamo de bicicletas. Ese sería un buen sitio para informar a todos los que se dan de alta para usar el servicio de por dónde deben circular. Es curioso ver que dichos usuarios toman la bicicleta de los lugares de aparcamiento y control, que se hallan en zonas peatonales y desde allí, por encima de la acera marchan a sus destinos. En realidad, con este diseño lo que se está haciendo es estimular la circulación por la acera. Todas las zonas de aparcamiento de BiciCas debería conducir, señalizadamente (total es cuestión de pintar la acera) e inmediatamente a la calzada de vehículos (salvo que por allí pase un carril bici).

Sugiero que la web municipal, además de hacerse autobombo (cosa que sirve para nada a los ciudadanos) en el apartado de Movilidad, debería hacer brevemente docencia respecto de la circulación tanto de bicicletas como de peatones. Frases como “circula por la calzada o por el carril bici”, “no circules subido a la bici por los pasos de cebra”, “circula por tu derecha o por el arcén”.

Confío que las autoridades tanto de la Policía Local, de Movilidad o Políticas se conciencien de la necesidad de no actuar con lenidad en esta materia y de no lenificar nuestras normas de circulación (que las mismas busquen en el diccionario).

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Gobernando Europa

GOBERNANDO EUROPA

2017.02.02

Publicado en el Periódico Mediterráneo

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

 

Alemania no estaba ni está por la labor de apoyar la creación de eurobonos porque la financiación de su controlado déficit se elevaría, pues en lugar de que todos los países consiguieran financiarse al tipo de Alemania, lo que ocurriría sería un aumento promediado o ponderado del tipo mínimo que es el que le aplican los inversores a ella.

Por otra parte, la “locomotora” no está dispuesta a que los Fondos estructurales sirvan para financiar los déficits de países que no equilibran sus presupuestos y no hacen políticas económicas, financieras y fiscales ordenadas.

Cuando estalló la crisis USA se apresuró con una política monetarista a poner dinero en circulación. Allí estuvo Keynes. Pero aquí estuvo Hayek; aunque sí pero no, pues el BCE no iba a financiar los déficits de los estados, pero sí; no iba a comprar deuda pública en las subastas del mercado primario, pero sí que lo hizo en el mercado secundario, así que los bancos de los estados deficitarios quedaban bien con el gobierno de turno comprando la deuda emitida (dejando de financiar a la economía real, a la empresarial) y poco después se desembarazaban de ella en el mercado secundario, en donde la compraba el BCE.

Y bien, aunque no se iba a monetizar la deuda pública en Europa, lo cierto es que no sólo se ha monetizado (en la parte necesaria) la deuda pública sino también se compran por el BCE títulos de deuda de empresas.

Así que en Europa todo es un sí, pero no. Un sí con un sistema democrático con el Parlamento Europeo, pero un no, por los poderes mermados del mismo y el sistema oligárquico del Consejo como de la Comisión. Es un quiero y no puedo.

Y ahora, los ciudadanos de algunos países (de casi todos) están desencantados. Una Europa que está a expensas de los referéndums de turno, sea en el UK o en Italia, o de las dificultades en el equilibrio de los gobiernos.

Para adelantar en mayor Unión Europea será preciso aceptar, no solo un sistema de financiación común sino muchas otras cosas más. Por ejemplo, para la gobernanza económica y fiscal de Europa es preciso que los países de la zona euro tengan políticas fiscales coordinadas.

Pero esto último es tanto casi como ignorar la realidad. Los países de la Unión Europea son diferentes, unidos pero diversos.

Algunos somos periféricos y tenemos más sol, más calor y costumbres que tardaremos tiempo en estandarizar con la UE, al menos hasta la tercera generación, lo que quiere decir otros 30 años, al menos. Tenemos actividades y áreas económicas que tradicionalmente tienen un peso específico mayor en un lugar que en otro e, incluso, en algún país no existen. El sector primario (la agricultura y la ganadería), el secundario (la industria) y el terciario (los servicios) están mas desarrollados en un país que en otro.

Es razonable preguntarse cómo se pueden coordinar políticas fiscales, si éstas dependen de la economía, tanto los tipos impositivos como los propios impuestos y la importancia de los mismos dentro de la cesta impositiva. Salvo que se quiera uniformizar, cosa que no creo.

¿Acaso la gobernanza económica que se pretende es poner seriedad en las políticas económicas, financieras y fiscales, que falta hace? O pudiera ser que se pretenda que los políticos no vendan la piel del oso a los votantes porque ni son cazadores los que la venden, ni hay oso, ni tiene interés alguno para los posibles compradores y, más bien, hay muchos problemas si se usan como abrigo.

Traducido, que no se puede tener un estado del bienestar que atrae y deja entrar a los sufrientes ciudadanos de países con estado fracasado o en guerra, o con gobiernos que se preocupan de perpetuarse en el poder como clase política en lugar de hacer algo por su pueblo. Y no se puede tener porque no se puede soportar, porque no hay suficientes trabajadores en la economía real para generar la riqueza que sostenga a los que viven de los impuestos, los funcionarios; a los inmigrantes con plenos derechos en asistencia sanitaria y educación; a los turistas de la salud que vienen a ser intervenidos quirúrgicamente y a que les implanten prótesis; porque tienen la posibilidad de tomar “café” porque algunos creyeron que había para todos.

Y mientras tanto, en un país o en otro, y en un momento presente o cercano, están las perspectivas de nuevas elecciones y, claro, hay que ser más contundente y decir lo contrario de lo que se hace, para poder ganar votos, aunque después se siga con lo de siempre. O prometer no elevar los impuestos, incluso bajarlos, o cuando después se tienen que subir, como ya sabían los que formulaban las falsas promesas. Aunque siempre se tiene la manida excusa de la falta de, o inexacta información, o de que las circunstancias son otras.

¿Parece que estoy un poco desmoralizado? Es lo que estamos todos, pero quizá la cuestión estriba en que hay que trabajar duro y más, ahorrar, invertir en la economía real para producir más, en lugar de vivir del Estado, del cuento, de la especulación, de aspirar a ser funcionario y de la falta de moralidad en la declaración, liquidación y pago de los impuestos. Y si quienes gestionan las finanzas públicas no lo hacen bien, cambiémoslos. El voto es el poder de los ciudadanos.

Pero como no estoy seguro, esperemos acontecimientos que nos lo aclaren.

 

 

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¿Por qué nos discriminan?

Por qué nos discriminan

28.12.2016

Frederic Rivas García. Doctor en Derecho

 

El director de este medio José Luis Valencia hablaba el pasado día 18 de diciembre de “La discriminación castellonense” haciendo referencia a una retahíla de deudas para con nosotros que lastran la economía, y manifestaba que la objetivación de la discriminación histórica valenciana, y castellonense en particular, en infraestructuras no es un argumento político, es económico. Y no le falta razón.

Vicent Soler, el Conseller de Hacienda y Modelo Productivo hablaba el mismo día en otro medio de que los “doscientos años de invisibilidad política no se curan en un santiamén”, y ello me recordaba el interesante artículo del profesor Vicent Baydal en el Blog Vent de Cabylia titulado “Els valencians, infrafinançats des de fa segles?“ en el que sostiene (http://www.ventdcabylia.com/2016/08/els-valencians-infrafinancats-des-de-fa.html) la secular infrafinanciación, en el sentido de que salía más dinero que entraba en inversiones e infraestructuras, de modo que el dinero de los valencianos servía para financiar a la corte o al Estado.

Vivo toda mi vida en Castellón, nací en un pueblo de la provincia, en Soneja, y desde la edad de dos años vivo en la ciudad de mis amores: un pueblo grande (lo era antes) ahora ya casi una capital suficientemente grande (para nosotros que la hemos conocido pequeña y en la que casi sabíamos quienes eran todos los vecinos) pues tiene 171 669 habitantes según datos de 2015. Pero la provincia entera sólo tiene 582.327 habitantes.

Castellón, ciudad liberal por excelencia, casi autárquica; con orgullo de su cultura, de su capitalidad cultural: aquí se habla más y mejorar la lengua propia, el valenciano (nuestra forma de decir catalán). Con iniciativa para la industria: es la provincia con mayor producción cerámica; para la exportación: véase nuestro mirar a Europa y al mundo desde el siglo XIX, e incluso antes, con su producción naranjera, vitivinícola (vino Carlón) y la suministradora de toda la cordelería, maromas y jarcias para todas las marinas de guerra del mundo.

¿Y qué quiere decir eso? Pues que Castellón se conforma consigo misma. Pero, ciertamente es la gran olvidada. Siempre nos han hecho llegar tarde a todas las cosas: a las infraestructuras modernas, a las rondas, a las autovías, al aeropuerto, al AVE, al Corredor mediterráneo.

El dinero que había, o que no había pero que se dispuso, se gastó para las obras faraónicas del Metro, de la Ciutat de les Arts i les Ciències, de l’Oceanogràfic, la nueva terminal del Aeropuerto de Manises, de la Fórmula 1, todo ello de Valencia; o de la Ciudad de la Luz (estudios de cine), del parque temático Terra Mítica, la nueva terminal del aeropuerto de Alicante el Altet, inaugurada y, por supuesto, en funcionamiento desde 2011. Y un largo sinfín de muchas cosas más.

Todo el tiempo que en Castellón ha gobernado el Partido Popular la reivindicación a favor de que se pongan al día en inversiones, infraestructuras y apoyo al desarrollo económico ha sido la bandera. Pero no gobernando o sí el mismo partido en la Comunidad autónoma o en el Estado, lo cierto es que la bandera de la reivindicación sólo ha sido eso, una reivindicación, una excusa para volver a prometer que se conseguirían las cosas necesarias, al final una reivindicación eterna porque nunca se conseguía lo reivindicado.

Lo curioso es que esa misma bandera reivindicativa la han usado los dos partidos mayoritarios, cuando han gobernado en la ciudad o no, cuando hacían campaña para las elecciones autonómicas o estatales. Pero Castellón siempre quedaba olvidada, sus infraestructuras si comenzaban, se dilataban en el tiempo durante varias legislaturas. Estímulos, dinamización económica: ninguna.

De entre los 582.327 habitantes, el 20 de diciembre de 2015, este medio decía, que “417.190 electores de Castellón eligen a sus representantes entre quince partidos” y éstos, digo yo, son pocos y no tienen suficiente importancia ni para unos ni para otros, pues sólo votaron 296.225, con una abstención del 26,20 %, de modo que los votos computables fueron al PP 106.566 con el 35,73 %, a PODEMOS-COMPROMÍS-EUPV 71.860 con el 24,09 %, al PSOE 65.911 con el 22,10 %, y a C’S 43.994 con el 14,75 %; el resto hasta el 100 % fueron pequeñas formaciones. Hay que señalar además que de entre de esos, cada partido mayoritario ya tiene los votantes de siempre, con lo que el vuelco hacia una parte u otra no va mucho más allá de 20.000 votos entre todos ellos (60.000 antes de la llegada de PODEMOS).

¿Para qué preocuparse, pues, por esos 20.000 o 60.000 votos?

Alguien puede sacar como consecuencia que, dado que nunca hemos conseguido que se acuerden de nosotros y, probablemente, nunca se acordarán, habría que hacer una reflexión profunda si son los partidos estatales mayoritarios los que, de verdad, aunque manden allá, en Valencia, o más allá, en Madrid, pueden acordarse de nosotros, porque finalmente escuchen a nuestros representantes elegidos (dentro de esos partidos) que sí se preocupan por su circunscripción. Pero este es otro tema que habría que estudiar separadamente.

Además, el hecho de que el BLOC se haya presentado en coalición electoral en COMPROMÍS (BLOC, INICIATIVA, VERDS) y, a su vez, conjuntamente con EUPV, ha difuminado completamente la posibilidad de que alguna organización política se identifique y se preocupe verdaderamente de nuestra tierra, más allá de promesas falsas electorales. Queda a salvo de este comentario el buen trabajo de Joan Baldoví y algún otro en el Congreso y en el Senado.

Aunque haya castellonenses en el gobierno de la Comunitat, la pobre financiación, mejor dicho, la infrafinanciación, impide que, en su caso, puedan hacer que Castellón y provincia no quede relegada como siempre. Todavía no ha llegado la hora, aunque parece que está claro que no llegará nunca, porque aquí no hay graneros de votos como en Andalucía, Castilla y Galicia.

De modo que esta es mi opinión de por qué nos discriminan. Pero ¿hay solución? Lo veremos.

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