Cómo me siento

Mis sentimientos en tiempos de la pandemia 2020

20200323

Frederic Rivas. PhD.

Es una sensación extraña. Estoy tranquilo, aunque soy una persona con mucho riesgo pues acabo de cumplir 76 años. Tengo una extraña paz o tranquilidad. La verdad, es que no sé cómo me siento. Y hablar de mis sentimientos sin saber cómo me siento es una contradicción. Pero voy a intentarlo.

Y siento…

  • Unos aplausos desde los balcones, una canción, unos saludos entre cuerpos de seguridad del estado, excesivos “listos” que hablan y critican en las redes sociales creyendo, me parece sinceramente, que hacen un servicio; y otros dando información, incluso médica, que ellos creen que es esencial para la salud de aquellos a quienes se dirigen.
  • Políticos de partidos, o que dirigen el estado, que no dan la talla, otros de las comunidades autónomas todavía peores.
  • Científicos que no saben por qué mueren tantos en España a diferencia de Alemania, por ejemplo. Datos estadísticos que me confunden, porque dar el número absoluto de infectados o muertos o en las UCI o curados sin dar el número relativo respecto al total de la población del área de que se informa, es engañar.
  • Instrucciones que vienen en el boletín oficial del estado o en los de las comunidades autónomas e infinidad de publicaciones en las redes sociales de otros, sin saber muy bien si existen esos otros, empleados o funcionarios, o son fake news.
  • Periódicos publicando anuncios oficiales. Los gobiernos de los diversos organismos del estado, al rebufo de la necesidad de informar a la población someten a su dictadura ¿ideológica? ¡qué va!, de los intereses personales de los que deciden a los medios de comunicación. ¿No será eso perseguible penalmente? Páginas y páginas enteras, especiales y más. Mientras que se callan en dichos medios a los periodistas, Jeremías de las catástrofes y de la crítica, obviamente de sesgo político más hacia la derecha.
  • El abuso del presidente del gobierno de la televisión. Está siendo prolijo, extenso, excesivo y aburrido. Está aprovechando los medios para sus intereses políticos personales.

Ahora yo soy uno de los críticos, de modo que me tengo que criticar a mí mismo. Pero lo cierto es que, aunque la crítica desanime y ahora es bueno estar unidos, peor es estar unidos en la mentira o en el error que estar desanimado.

He empezado diciendo que no sé cómo me siento, pero de salud, de momento, me siento bien, psicológica y emocionalmente es de lo que tengo dudas.

Quizás vosotros me ayudéis con vuestros comentarios a identificar cómo me siento o, al menos, a saber cómo os sentís vosotros.

Rebus sic stantibus

REBUS SIC STANTIBUS

Federico Rivas García

Doctor en Derecho

20200120

No me las doy de conocer el latín, pero me viene bien la locución que significa “estando las cosas así” para hacer la reflexión que comparto, y es que yo soy usuario del transporte público y recuerdo cuando, hace unos cinco años, en el TRAM mientras hacía el trayecto desde el Grau al centro de la ciudad, veía y oía personas con sus dramas, con sus “papeles” para ser presentados en la correspondiente oficina del “paro”.

Con el desempleo, los proyectos de vida se vienen abajo. Los gastos más nimios y corrientes se resienten, el mantenimiento de la vida de uno, tal cual era hasta hoy, queda modificado y los compromisos se incumplen, pues no se pagan los plazos como estaban acordados, las entidades financieras se resienten, el índice de morosidad de sus clientes aumenta y les es más difícil conseguir resultados y nuevas fuentes de financiación para continuar sustentando el flujo de efectivo y crédito que precisa la actividad económica. De modo que se ha entrado en recorrer un camino en espiral hacia adentro, hacia la contracción, hacia la IMPLOSIÓN del sistema.

Si nos quedáramos sin trabajo, estimado lector, cosa que sucedió a casi 5 millones de personas en España (muchos de los cuales todavía lo están), nuestra vida se vendría abajo. Y si esos parados representan el 20 % de la población activa quiere decir que, o 1/5 parte de toda la población (pues de los parados dependían personas no activas) vive a costa de las otras 4/5 partes, o la estamos echando a la calle literal, a la mendicidad.

Me diréis que algo tendrán para ir tirando hasta que de nuevo encuentren empleo. En algunos casos así será. Lo que no es seguro es que les llegue hasta que se les incluya de nuevo en alguna plantilla.

También me diréis que en muchos casos hay picaresca, que muchos parados continúan trabajando haciendo “chapuzas”, en un mundo de economía sumergida, compatibilizándolas con las prestaciones sociales que reciben.

Que es un drama, todo el mundo lo sabemos. Lo que no sabe todo el mundo, y si lo supieron no lo recuerdan, es que:

  • No se puede gastar largo tiempo más que lo que se gana.
  • La mejor política social es el pleno empleo.
  • Para el pleno empleo se necesita tener una actitud de responsabilidad, de esfuerzo, de ahorro, especialmente de ahorro de gasto por parte del Estado,  pero también de CONSUMO.
  • No son ni han sido los gobiernos los que han tirado de la economía, sino los consumidores, y estos lo han hecho cuando han tenido un mínimo de CONFIANZA en el futuro.
  • Los gobiernos, incluso los supranacionales, lo único que pueden hacer es afinar y suavizar las relaciones de los intervinientes en la economía real mediante políticas fiscales, de gasto e inversión, así como financieras y de tipos de interés.
  • Pero los verdaderos ACTORES de la ECONOMÍA somos los consumidores.
  • Y añado que la crispación nos hace dudar del futuro.

Esto es pertinente decirlo ahora, según están las cosas, en que, unos se rasgan las vestiduras por el pacto de gobierno entre PSOE y UNIDAS PODEMOS, otros entienden que una ministra dice (aunque no lo dijo) que los hijos son del Estado y contestan que sus hijos son de los padres, y como cualquier persona racional entiende, los hijos ni son propiedad de los padres ni del Estado, sino que son objeto de sus propios derechos que se formulan, en un Estado de Derecho, mediante leyes que aplican a padres y a gobiernos.

Es una lástima, estando las cosas así, que el Reino Unido se marche de la Unión Europea, pero, sus gobiernos, nunca creyeron mucho en ella y siempre se creyeron especiales, y así se mantuvieron con su cheque británico. Pues bien, que les vaya “bonito” y mejor a nosotros que nos quedamos, porque la cooperación funciona mejor que cualquier otra cosa, y Europa, no es más que eso, la cooperación entre países que creen en la democracia y quieren caminar juntos.

Y al hilo de esto por lo mucho que he leído de vascos ilustres parece que los habitantes de ese territorio tienen claro que caminar juntos en España les va bien, mejor que separados, porque, en efecto, tienen mayor financiación que la que tendrían si se independizaran.

¿Y por qué esto no lo ven en Catalunya? Por lo que he dicho en este medio, porque es la economía, la “pela”. No están (y yo tampoco lo estoy) de acuerdo en que de modo indefinido se nos haga pagar para otros.

Ya di recetas que no sé si alguien se pondrá a estudiar. Copiemos de Alemania, un país federal y bien, pero que muy bien, unido.

No nos desanimemos, continuemos trabajando duro, aunque haya expertos “trepas” que quieren “vivir” de la política, en lugar de “servir” a los ciudadanos. Aunque haya grupos, partidos, gente que tenga otra opinión, otra ideología, distinta de la nuestra, sigamos cooperando. Como los españoles de siempre están teniendo pocos hijos, tendremos que acostumbrarnos a que los nuevos españoles, morenos, café con leche o negros, estén a nuestro lado, convivan con nosotros y tengan los mismos sueños de futuro que nosotros. Los debemos aceptar con sus ropas, sus olores y sus costumbres.

Como actores, pongámonos a caminar en sentido de mejorar la cooperación entre todos. Con confianza mantengámonos en el camino de una espiral en dirección hacia afuera, hacia la EXPANSIÓN, lo cual producirá incremento del consumo, por tanto, de la demanda, por tanto, de la producción, por tanto, de la ocupación, por tanto, de la riqueza, por tanto, de los sueldos de los trabajadores, por tanto, de nuevo, mayor incremento del consumo, de la demanda, de la producción, de la ocupación y de la riqueza, y así sucesivamente.

Que esto son recetas keynesianas, estoy de acuerdo, pero ¿acaso es malo que lo sean? La prescripción de recetas varía con el tiempo y con la enfermedad. Así también las recetas económicas. Keynes fue bueno desde 1945 a 1973 y ¿después malo? No, lo que pasó es que después ocurrieron cosas como las diversas crisis de la energía que sin que, verdaderamente, interviniera el mercado libremente, se cambiaron las reglas del juego mediante acciones geopolíticas y militares que incrementaron los precios de la energía. No está mal aplicar otras recetas para otras enfermedades, así que Keynes, Hayek, Friedman o Samuelson hay que aplicarlos cuando toca.

La cuestión es, si estamos en un círculo estancados o estamos en una espiral (se ha demostrado que sólo la espiral funciona en economía). El problema es confundir la dirección de la espiral, si vamos hacia adentro, hacia la contracción, o si vamos hacia afuera, hacia la expansión. Otro problema distinto, cuando ya estás en la espiral expansiva, es que las autoridades económicas permitan que el índice de separación en que se aparta del círculo la espiral, yendo hacia la expansión, sea exagerado: si hacia adentro vamos a la contracción y hacia la implosión; si hacia afuera vamos a la expansión, que si nos descuidamos, nos lleva a la explosión.

Este es el caso de la crisis que parece estamos dejando atrás. Las autoridades financieras no quisieron mirar al futuro y no vieron en la expansión exagerada y sin fin del crédito la explosión en el horizonte, a pesar de saber de los inventos y de las mentiras que se vendían como “productos” por parte de las entidades financieras, con tal de cobrar suculentas comisiones y conseguir rendimientos.

Si como dice Nassim Nicholas Taleb en su libro “El cisne negro”, “lo que determina el sino de una teoría en la ciencia social es el contagio, no su validez”, contagiémonos de las ganas de gastar, de consumir, para que aumentando la demanda aumente el trabajo para todos. El ‘sino’ de esta teoría además del contagio es su validez universal. No hay crecimiento en el conformismo, en la autosuficiencia, en la autarquía, en la independencia; sólo hay crecimiento económico con la confianza en el futuro que alimenta el consumo, y con la confianza de que se continuará consumiendo; y esto es una cuestión de voluntad.

Rebus sic stantibus, dejemos de emponzoñar la vida pública, la vida política, con la confrontación, crispación y desautorización del contrario y aprendamos a dialogar y a llegar a soluciones comunes. Sí, hablemos.

Alguien tenía que decirlo

20191222

Frederic M. Rivas Garcia

Respecto del desencuentro de una gran cantidad de catalanes con España, lo han dicho antes que yo, pero yo también lo he dicho y ahora lo repito para que se enteren los nacionalistas españolistas (castellanos o españoles, que da igual): “es la economía, idiotas”.

¿Puede un pueblo o, para no ser étnico, puede un territorio estar pagando sin límite de importe, sin límite de objetivos y por tiempo indefinido el desarrollo o el mantenimiento de otro pueblo o de otro territorio?

Y si alguien me discute con alguna razón de que Catalunya, la Comunitat Valenciana y las Islas Baleares no han estado pagando, a causa del legítimo derecho de cada gobierno de España de hacer de su capa un sayo liándose la manta al cuello, de derivar fondos, sin ley que lo controle o ampare, ni estrategia, presupuesto a largo plazo, límite y objetivos económicos claros, hacia territorios propicios para que le mantuvieran en el poder con sus votos… Digo que si alguien me lo discute, sería tan fácil como hacer la prueba, aunque fuera mental o matemática, virtual, de cambiar las correspondientes leyes para que cada Comunidad Autónoma pudiera tanto recaudar como gastar según su propio criterio (aunque con reglas comunes para que hubiera un solo mercado en toda España), aportando a las arcas del Estado la prorrata por población y superficie del importe correctamente distribuido, por los servicios comunes del Estado más el importe de un porcentaje de la recaudación en relación a su PIB para la solidaridad entre territorios, recibiendo, los que estuvieran un 5 % de PIB per cápita debajo de la media, y pagando los que estuvieran ese mismo % por encima de la media. Y, obviamente, los porcentajes, sería un tema por estudiar y establecer por ley.

Más o menos, eso es lo que tiene el País Vasco y Navarra, y eso es lo que querrían todos los habitantes de territorios que quieren gobiernos autonómicos que sean capaces de desarrollar económicamente su ámbito, mejorar los servicios y aumentar la riqueza y, en su caso que les hagan despegar económicamente en lugar de vivir de la subvención ajena, llámese esta PER, EREs fraudulentos, prestación por desempleo, renta mínima o universal, inversiones en infraestructuras o de cualquier otro modo.

Pero todo esto a algunos les da miedo. A otros, como a mí, nos estimula y nos da esperanza de que algún día, con la ciencia como base, se hará algo así como lo que sugirió Thomas Piketty en su libro “El capital en el siglo XXI” (2013), que expliqué en el año 2015, en un diario de Prensa Ibérica, al tratar del tema “Cómo contrarrestar la injusta distribución de los ingresos, del capital y de las riquezas”, en el que decía que hay que repensar muchas cosas, pero la primera es…

  1. Un impuesto progresivo sobre los ingresos, mucho más progresivo, más tramos altos y con tipos más elevados, especialmente los marginales; lo que implica más redistribución y más progresividad fiscal.
  2. Un impuesto progresivo mundial sobre el capital.
  3. Reducir la deuda pública mediante, como primera solución, privatizar todos los activos públicos, porque el patrimonio público europeo, prácticamente, es cero, lo que quiere decir que los activos públicos se compensan con la deuda pública, pero entonces habría que pagar alquileres por todos los bienes que utiliza el estado (escuelas, hospitales, oficinas gubernamentales) los gastos de arrendamientos aumentarían y disminuirían los gastos por intereses. Por todo ello según Piketty es mejor un impuesto extraordinario (una única vez) sobre el capital privado pues es la solución más justa y eficaz, dado que si dicho impuesto fuese proporcional y del 15 % sobre todos los patrimonios privados aportaría casi un año de ingresos nacionales (o PIB) y permitiría el reembolso inmediato de todas las deudas públicas, y el Estado quedaría con todos sus activos, pero con una deuda cero. La ventaja del impuesto excepcional es que permite organizar las cosas del modo en que cada uno contribuye al esfuerzo solicitado y se evitan las quiebras bancarias. Además, no es necesario reducir la deuda pública totalmente de golpe, sino en sucesivas ocasiones.
  4. Y hacer que la inflación haga un su papel. Una inflación del 5 % anual (en lugar del 2 % de meta actual) en 5 años reduciría el valor de la deuda pública en un 15 % del PIB. Esta es una solución tentadora que ha sido usada a lo largo de la historia. No obstante, la inflación no es más que un sustitutivo muy imperfecto del impuesto progresivo sobre el capital y puede comportar un cierto número de efectos secundario poco atractivos, entre ellos, el descontrol de la tasa, es decir que la inflación se “embale”.
  5. O como lo que ahora acaba de sugerir en su último libro publicado en noviembre 2019 “Capital e ideología” (Deusto), una herencia universal de unos 120.000 € pagada por los multimillonarios, que se recibiría por los jóvenes a los 25 años con un sistema fiscal altamente progresivo que provocaría la circulación permanente de la riqueza, que les permitiría adquirir una vivienda o iniciar un negocio.

Piketty hace referencia a Catalunya y comenta que en un estado de cosas como el que defiende ni a Catalunya ni a ningún otro territorio, probablemente, le interesaría salirse del entorno actual.

Me gustaría que esta vez no se perdiera la oportunidad de hacer un debate, porque es necesario un debate supranacional y no parece que a las instituciones financieras supranacionales les hayan hecho mucho efecto las conclusiones de Piketty a pesar de ser un docto economista. Que yo sepa, ninguna de ellas ha hablado sobre ello durante los 6 años desde la publicación de su libro hasta ahora. Confío que los partidos y sus intelectuales bien formados hagan el esfuerzo, esta vez, de debatir a nivel europeo lo que dice en su nuevo libro “Capital e ideología”, porque si no lo hacen, peor futuro les auguro a los actuales detentadores del poder sea en Europa, España o en nuestras Comunidades Autónomas, porque “idiotas, es la economía”.

Los PGE

LOS PGE

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho.

Publicado en el Periódico Mediterráneo del 22 de septiembre de 2019

Me supongo que a alguno le habrá tenido que pensar o buscar lo que quiero decir con los PGE, que aclaro diciendo que son, los Presupuestos Generales del Estado, el instrumento más importante para hacer política en favor (o no tanto, o en contra) de los ciudadanos.

Recuerdo que, durante la mayor parte de la dictadura de Franco, los ingresos tributarios (estatales o locales) servían para mantener a los que estaban en el poder en su statu quo y para pagar a quienes los mantenían y a quienes recaudaban. Esa era su única función, desgraciadamente.

De modo que vino la alegría cuando, llegado un determinado momento se vio que dichos ingresos tributarios también servían para mejorar las ciudades, no sólo mantener carreteras sino hacer nuevas y proyectar inversiones en infraestructuras que han ido cambiando el país. No olvidamos, no obstante, que algunas de dichas infraestructuras no se hicieron a cargo de los PGE sino mediante concesiones a largo plazo, algunas de las cuales, después de varias prórrogas están próximas a vencer; otras, ahí estaba la deuda pública para permitirnos disfrutar inmediatamente de inversiones que no podíamos permitirnos. Pero, de cualquier modo, han sido los impuestos los que han pagado el capital de la inversión y sus intereses; o han sido los algunos de los ciudadanos de algunas Comunidades Autónomas los que han pagado con el precio del uso de las mismas, el capital invertido, las reparaciones y mantenimiento, así como el beneficio que los grandes inversores han conseguido.

Pero, hablando de presupuestos, la importancia que se da a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado viene dada por el hecho de que son la hoja de ruta para la gestión de la economía del país.

Si se aumenta el presupuesto, este es expansivo con lo que conlleva mayor actividad económica, quizás también mayor redistribución de rentas lo que beneficia a los menos poderosos económicamente. Este presupuesto expansivo, además puede conllevar un déficit con lo que el estímulo económico, para el caso de no tener problemas en la consecución de la financiación de la deuda que se emitirá, es doble.

Lo contrario, un presupuesto menor y también un superávit, si se puede conseguir, lleva, obviamente a una contracción de la actividad económica que, en algunos momentos puede ser necesaria al objeto de evitar una burbuja y para ir reduciendo la deuda soberana.

Esto es entendible.

Javier Lasarte, catedrático emérito de Derecho Financiero y Tributario, recientemente ha escrito sobre la necesidad de “un nuevo pacto presupuestario entre los poderes ejecutivo y legislativo concebido y vigilado por el buen Derecho, como corresponde a una democracia”. Está hablando de una nueva Ley General Presupuestaria, que debería desarrollar el contenido del artículo 31.2 de la Constitución Española que contiene principios “indeterminados” -dice Lasarte- de asignación equitativa, eficiencia y economía, así como “las declaraciones de buena voluntad” de la Ley General Presupuestaria, haciendo hincapié en los artículos 26 y 27.

Ciertamente hace falta lo que indica el profesor y mucho más, porque, a pesar de haber tenido ocasiones ni el TC ni otros han dedicado excesivo esfuerzo en mejorar por la vía de la jurisprudencia el abuso de derecho que significa que los territorios en los que se articula la España de las Autonomías no tengan una financiación equitativa, o que las asignaciones de inversiones a los territorios no se hagan de acuerdo con los principios de eficiencia y economía; más bien al contrario, se hacen para disponer de graneros de votantes que puedan perpetuar a las familias políticas en el poder para continuar haciendo trizas las principios de nuestra Constitución.

Si los ingresos no pueden presupuestarse con exactitud porque su recaudación depende de la actividad económica esperada, que puede ser cambiante, ondulante, durante el ejercicio económico por la temporalidad de las propias actividades, además puede quedar incentivada o lastrada por elementos de inseguridad o de estímulo extraños al país, pues la economía internacional afecta a la nacional. Decía yo, que si los ingresos no pueden presupuestarse con exactitud los gastos sí. Los gastos son autorización de gasto al gobierno. Y el gobierno por incapacidad administrativa, por estrategia, por desidia, por interés partidista o por otras circunstancias no ejecuta el gasto; es decir, nos engaña diciendo que el dinero que recaude, más la deuda pública que emita, que tenía que ir al gasto autorizado (gasto necesario para el sostenimiento de los servicios, el estado del bienestar, la incentivación de la actividad económica, o la realización de necesarias inversiones) va en el grado que quiere y con el ritmo que quiere a lo que le interesa al Presidente de turno y a su partido.

Y una vez que podríamos haber disfrutado del debate de las prioridades del gasto y de las inversiones en un gobierno sostenido por un programa (no electoral) sino de gobierno, o por una negociación semana a semana y mes a mes, los acostumbrados a gobernar (demasiado por decreto) no admiten a socios en el gobierno, o son incapaces de concitar la cooperación de otros actores políticos para, día a día, hacer el camino de la democracia, que no significa otra cosa que escuchar la voz de otros.

En su día critiqué que Montoro y Rajoy hubieran usado de engaño con el incumplimiento presupuestario que es una estrategia absolutamente deleznable que consiste en no llevar a cabo en su totalidad la ejecución el presupuesto. Y claro, siempre se pueden encontrar y dar excusas para no cumplir los presupuestos:

  • que los ingresos no han sido los esperados, o en el tiempo esperado
  • que ha habido problemas técnicos con proyectos, con plazos de exposición pública u otros requisitos legales
  • que ha habido necesidad de llevar a cabo modificaciones presupuestarias y dedicar las partidas a otros menesteres

Se callan bocas incluyendo en los presupuestos partidas para actuaciones que se sabe no se van a llevar a cabo porque no se tiene la voluntad de hacerlo o porque no hay tiempo material para cumplir los requisitos técnicos o jurídicos necesarios, o para la efectiva ejecución material. En efecto, hay partidas en los presupuestos que se repiten para el mismo objeto durante años, pero nunca se ejecutan. O partidas cuyos importes nunca se alcanzan. Son promesas que no se cumplen y que van a servir para que se dediquen a otros menesteres.

El profesor Lasarte quiere que las cosas estén mucho más claras en la ley, que sean más explícitas. Cualquiera de nosotros también, pero mientras tanto hay un consentimiento culpable de los órganos supervisores que permiten, consienten y no atajan, aunque estén más o menos conscientes de prácticas corruptas, porque sin transparencia, ni debate, ni veracidad, no se puede decir que se esté gobernando democrática y correctamente.

¿Por qué ahora hablar de esto? Primero porque no tenemos presupuestos, sólo los prorrogados que no han tenido en cuenta la situación actual económica a nivel estatal o global; segundo porque la incapacidad de formar gobierno es muestra de la poca vocación de servicio a la cosa común, más bien del egoísmo para servir al interés personal y partidista; y tercero porque lo importante no es el presupuesto, sino los datos de su ejecución, y para controlar y asegurar esto último se precisa un cambio de legislación como muy bien el profesor Lasarte reclama.

La suma importancia del conocimiento

La suma importancia del conocimiento

Frederic Rivas Garcia. Doctor en Derecho

20190729 Publicado en el Periódico Mediterráneo del 29 de julio de 2019

Casi no podemos ni imaginar cómo vamos a cambiar como especie, una especie que ha sido capaz de establecer una civilización en este planeta. Pero es curioso que todo aquello a lo que podemos llamar ciencia, en realidad tiene poco más de cuatro siglos de antigüedad, de los cuales han sido los dos últimos siglos los que han producido una aceleración tan grande del conocimiento científico que puede decirse sin temor a equivocarnos que, dependiendo de la disciplina, lo hemos ido doblando cada una o dos décadas.

Pero ¿es tan importante la ciencia que tenemos que dejar de lado las humanidades? No, porque éstas son la historia natural de la cultura (que incluye la ciencia) y nuestro patrimonio más preciado.

Pensemos por un momento en el proceso de extensión a todo el planeta de la ciencia y de la alta tecnología, muy beneficioso para todos por su generalización de modo que sea en Europa o en el país más remoto de África o Asia dispondrán, como ya se puede ver, de la misma ciencia y tecnología. El único inconveniente que retrasa dicha generalización es el costo. Pero como hemos visto dispositivos inteligentes los tiene cualquier persona en cualquier lugar. Esto hará que la ciencia y la tecnología llegarán a ser las mismas en cualquier parte de la Tierra.

En cambio, lo que seguirá evolucionando y diversificando casi infinitamente son las humanidades, porque los humanos somos únicos, los grupos somos únicos, la forma de enfrentarnos a la vida de cada uno es distinta porque nuestra identidad es única.

No obstante, estamos viviendo una homogeneización de las poblaciones del mundo debido a la creciente emigración y el matrimonio interracial. Hay y todavía aumentará la redistribución de genes de Homo sapiens. En efecto la variación genética entre poblaciones va en declive, mientras que la variación genética dentro de poblaciones está aumentando y, por ello, la variación genética de la especie en su integridad también va aumentando.

La ciencia podrá encauzar la evolución de la diversidad. ¿Queremos que se aumente la frecuencia entre la población de atributos apetecibles o deseamos mantener con vida y con éxito reproductivo individuos con atributos no deseables? ¿Dejaremos que las cosas sigan su curso y nos engañaremos, o no, pensando que todo va a salir bien, quizás confiando que los robots suplirán las incapacidades o discapacidades de los individuos de nuestras poblaciones?

Obviamente como dice Edward O. Wilson “nuestro deber sagrado” es “preservar la naturaleza humana biológica”.

Entre los elementos más necesarios para que surjan formas más complejas de organización social se halla la cooperación, quiero decir, niveles elevados de cooperación. Los actos altruistas fomentan la organización social. El grado de cooperación y altruismo más elevado, señala Wilson, es el de la eusocialidad, en la cual algunos miembros de la colonia renuncian a su reproducción personal, en parte o totalmente, con tal de incrementar la reproducción de la casta “real” o de los mejores miembros de la colonia.

Sabemos que los grupos compiten unos con otros, tanto entrando en conflicto, como en eficiencia relativa a la hora de conseguir los recursos necesarios. Los miembros egoístas prosperan dentro de sus grupos, pero los grupos formados por altruistas se sobreponen a los grupos formados por egoístas. Es fácil probar matemáticamente que es mejor que muchos tengan o consigan, algo más, que el que pocos tengan o consigan, muchísimo más.

Con estas reflexiones no puedo evitar que mi mente vaya a la situación política mundial y española. Así, para hacer un ejercicio de pensamiento, sustituyamos “grupos” por naciones o países y pensemos en los EEUU que quiere Donald Trump o en la Rusia de Putin. Ahora, sustituyamos “grupos” por partidos políticos y pensemos en el egoísmo manifiesto tanto entre ellos como entre los que los forman, sus afiliados que se postulan, el interés de la mayoría de los cuales no es el servicio público, sino el medrar en el beneficio propio (legal o ilegalmente). La profesión de político es deleznable, la vocación de político es admirable. Pero ¿cuántos hay de un tipo o del otro?

Una manera de evitarlo es ir mejorando la cooperación. Nada de luchas fratricidas para conseguir que el líder os ponga en la lista (para las próximas elecciones), nada de formar parte del coro de cantantes o de los que baten palmas, que aceptan, apoyan e, incluso, alaban los dictados (de dictador) del equipo líder. Mucho mejor es tener debate, confrontación, diálogo con respeto y toma de decisión mayoritaria y, sobre todo, cooperación y altruismo. No se trata de medrar el individuo, sino de conseguir lo mejor para el “grupo”.

¿Cómo hacerlo? SOLUCIÓN: listas abiertas; modificación de las circunscripciones electorales (distritos electorales) como subdivisión territorial para elegir miembros a los cuerpos legislativos nacionales o de Comunidad Autónoma; circunscripciones uninominales o plurinominales (según mi opinión mejor uninominales). Con eso se cumpliría el derecho constitucional tanto de elegir como de ser elegible, cosa esta última que en ningún caso se cumple por la dificultad del sistema partidista falto de democracia interna.

Esto funciona en países cuyo pedigrí democrático es, o debería ser, un ejemplo para España. Pero ¿se atreverá algún partido a promover un cambio en la dirección señalada?

Contesto con palabras de Wilson en el sentido de que la mejor forma de ilustrar el origen de la condición humana es a través de la interacción social producto de la selección natural: las tendencias hereditarias a comunicarnos, reconocer (a los individuos no cooperadores y extrañarlos), evaluar, cooperar, competir, establecer vínculos afectivos y, a partir de todas ellas, el inmenso y cálido placer de pertenecer a un grupo particular, que tendrá mayor éxito porque está compuesto de reciprocadores, es decir, cooperadores, con la mayor inteligencia social, mejorada gracias a la selección grupal. Eso es lo que hizo del Homo sapiens la primera especie totalmente dominante de la Tierra.

Todo esto es conocimiento, es ciencia.

¿Seremos capaces los españoles de planteárnoslo con seriedad? ¿Serán dignos de nosotros los políticos que pretenden gobernar, o ya gobiernan, en nuestro país, para bien de este grupo particular, de este proyecto de vida en común, denominado España?

Las humanidades

LAS HUMANIDADES

20190623

Federico Rivas Garcia. Doctor en Derecho

Publicado en el Periódico Mediterráneo

Es obvio para todos nosotros que la mayor parte de la creatividad humana se produce en el natural conflicto entre el ámbito individual y el ámbito grupal, que afortunadamente ayuda a la selección natural; conflicto inevitable y necesario, como dice Edward O. Wilson.

En este sentido lo que se quiere indicar es la unidad de la misma base en que se asientan las ciencias y las humanidades y, en particular, al hecho de que las leyes físicas de causa y efecto son capaces de justificar ambas. Cuando la cultura occidental abrazó esta proposición hace 3 o 4 siglos la denominó Ilustración y se resumía en la idea de que los seres humanos podemos conocer por sí solos todo lo que hace falta conocer y que podemos comprender, y a partir de aquí, esa comprensión nos ayuda a gozar de la capacidad de decidir más sabiamente que nunca.

Pero, curiosamente, en cuanto a pensamiento creativo, las fases tempranas del mismo no surgen de la especialización, pues los científicos más competentes, como dice Wilson son los que piensan como poetas, a veces con sus fantasías, y trabajan como contables. Esto lleva a que los científicos, en realidad, usan escasas palabras de doble o más sentidos, tanto en la introducción como en la discusión subsiguiente de una proposición con datos, y lo hacen para aclarar algún concepto técnico, pero nunca para despertar emociones. Se trata de dar datos demostrables, una lógica estricta que contrasta con lo que sucede en la poesía u otras artes creativas que son, exactamente, lo contrario.

Los estudios humanísticos y estas artes, a veces estremecedoras, por lo inquisitivas, se fijan una y otra vez en los mismos temas, arquetipos y emociones. Pero a los lectores nos da igual pues somos adictos al antropocentrismo y víctimas de una fascinación hacia nosotros mismos sin cura. Novelas, películas, conciertos, obras de teatro, eventos deportivos o cotilleos, que se piensan para que se despierte en nosotros una o todas las emociones posibles del espectro pequeño del que gozamos como homo sapiens.

Y eso es muy distinto de la noción del continuo, o de los exoplanetas de la galaxia que forman un continuo. U otro continuo, la diversidad de la vida en la biosfera terrestre. O el continuo que la ciencia ha cartografiado más relevante para las humanidades: los sentidos.

En el homo sapiens la vista se fija en una porción de energía infinitesimal pues está entre cuatrocientos y setecientos nanómetros del espectro electromagnético; el resto del espectro que completa el universo comprende desde los rayos gamma (un trillón de veces más cortos que el segmento visual humano) hasta las ondas de radio (un trillón de veces más largas). Otros animales cuentas con sus propias porciones de continuo.

Aunque creemos instintivamente que podemos oír casi todos los sonidos (bueno, yo no tanto, ya estoy un poco sordo), en realidad nuestra especie está programada para detectar solamente entre 20.000 y 25.000 Hz, que son ciclos de aire comprimido por segundo. Pero por encima de esa gama los murciélagos lanzan pulsaciones al aire nocturnos y se sirven de los ecos para esquivar obstáculos y cazar insectos en vuelo; por debajo de la gama humana los elefantes murmullan mensajes complejos. En realidad, estamos de paseo por la naturaleza como un sordo por las calles de Barcelona, percibimos poquísimas vibraciones y somos incompetentes para interpretar casi nada.

En cuanto al olfato nuestro, es de los más pobres entre toda la población de organismos vivos de la tierra; menos mal que tenemos perros adiestrados que siguen pistas de personas individuales, detectan leves rastros de explosivos, drogas u otros productos peligrosos.

Cierto es que hemos inventado herramientas, aparatos que nos permiten detectar lo que nuestro cuerpo no detectaría en modo alguno. El empuje científico indica dónde buscar fenómenos previamente inesperados y cómo “percibir la totalidad de la realidad mediante una red mensurable de explicaciones de causa-efecto” en palabras de Wilson. Después de conocer la ubicación de cada fenómeno en los continuos relevantes, que son la variable de cada sistema, hemos descubierto la composición química de la superficie de Marte, podemos predecir condiciones en lo infinitesimal y lo casi infinito gracias a la teoría de la gran unificación, podemos ver cómo fluye la sangre y cómo se iluminan las neuronas y otras células del cerebro cuando piensa conscientemente. Probablemente en breve podremos explicar completamente la materia oscura del universo, el origen de la vida en la Tierra, la base física de la conciencia humana en los cambios de humor u opinión y muchas más cosas, porque lo invisible se ve, y lo extremadamente pequeño se pesa.

Entonces ¿desde dónde entran las humanidades en la visión? En todas partes, pues la ciencia y la tecnología ponen a las claras la condición humana con más precisión, tanto en la tierra como en la inmensidad del cosmos. Nuestra especie ha sido la ganadora en la lotería genética que nos permitió avanzar a trompicones a través del laberinto evolutivo, y no sabemos por qué, pues los pequeños fragmentos de continuos que conocemos, aunque los festejemos, tienen infinidad de combinaciones y por sí solos no indagan en los orígenes de nuestras características fundamentales: nuestros instintos autoritarios, nuestra inteligencia moderada, nuestra sabiduría peligrosamente limitada e, incluso, el orgullo de nuestra ciencia. Y personajes que no han podido, por su edad, o su falta de formación, o su falta de experiencia, gestionar, gobernar y enfocar su propia vida con éxito, ahora, tras unas elecciones tratan de gobernarnos y hacer lo mejor que pueden para la sociedad, aunque ese no sea el caso de todos.

Concluyo que, en este sentido, sólo vamos a tener éxito si copiamos lo que ha tenido éxito para otros, es decir lo que han hecho otros países. ¿Será tan grande el orgullo, el sentido supremacista o la ideología que no les deje hacerlo?

Examen de conciencia

Examen de conciencia

20190523

Federico Rivas. Doctor en Derecho

 

Después de los resultados de las elecciones generales no sé si alguien habrá dudado del por qué de los resultados en cuanto al partido principal derrotado, como tampoco sé si dudó del por qué respecto del principal partido derrotado en las últimas elecciones andaluzas. Por si acaso, me atrevo a decir, que la gente estamos hartos de que gobiernen partidos que han hecho de la falta de escrúpulos, la corrupción, el enchufismo, las puertas giratorias, el amiguismo o nepotismo, la financiación ilegal, el uso irregular o fraudulento de caudales públicos, el enriquecimiento de algunos de los capitostes, los sobres y la falta de ética, cuando no la expresa comisión de delitos, su forma de comportamiento.

Pero, aunque lo dicho se refiere a los políticos y a los partidos, es necesario tener presente que nuestra propia forma de vida como ciudadanos y de conseguir el sustento también debe estar bajo el escrutinio cuidadoso de la conciencia y ética de todos los ciudadanos. Aunque los que se dedican a la actividad política deberían ser dechados, ejemplos de honestidad y de servicio a la comunidad, no se puede esperar que los políticos no reflejen lo que la propia sociedad es, deficiente.

Me refiero a las muchas cosas en las que como ciudadanos tenemos que mejorar: la honestidad en la declaración y pago de nuestros impuestos, el trabajo sincero y el buen rendimiento que le debemos a quien nos contrata y paga, el conseguir nuestros ingresos mediante el trabajo duro y no el engaño y la trampa.

Y todo esto lo digo por lo que se ha dicho en los medios de comunicación del gran negocio que era para algunos el difundir el secesionismo. Aunque yo añado el gran negocio que ha sido para otros el difundir lo contrario. Unos y otros creando estado de opinión con informaciones sesgadas, exageradas, manipuladas y faltas de veracidad. Algún día estas prácticas podrían llegar a los tribunales. Son gastos necesarios sólo para quienes defienden la idea de quienes los pagan con dinero público.

También lo digo por el hecho de que he conocido por los datos del CIS que los valencianos somos los que mejor aguantamos, aceptamos o digerimos la corrupción, pues señalamos los casos de fraude o corrupción con un índice de los más bajos de España (Navarra 44,9 %, Comunidad Valenciana 28,7%).

Esta idea que desarrollo de la imperiosa necesidad de mejorar y acertar que tenemos, se manifiesta incluso en las más altas instancias, porque según Tom Burns, Isabel II nunca habría abroncado a los escoceses como el Rey a los independentistas. Burns es algo pesimista respecto a la realidad actual española.

Por otra parte, también da que pensar y acaso ¿no es de vergüenza la brecha salarial entre los mejor y los peor pagados? Según datos de los últimos años que manejo es de 10 veces, es decir un 1000 % en la Comunidad Valenciana, es un síntoma el que los ricos valencianos se hayan disparado un 30 % mientras los pobres han aumentado un 11,6 %.

Después del examen de conciencia debería venir la purificación, es decir, la catarsis. Pero ¿se ha hecho lo uno y lo otro, o al menos lo primero? Mis lectores pueden responderse.

Ese mismo examen de conciencia lo debe hacer la parte más débil de la sociedad, la que casi sólo cuenta con su trabajo, porque no es adecuado que vuelvan a dispararse las incapacidades temporales (IT) por enfermedad. La reducción de las mismas durante el tiempo duro de crisis manifestó que, hasta cierto grado, determinadas IT lo eran para conseguir mayor comodidad y se estuvo dispuesto a no tenerla a fin de evitar que las empresas no contaran con los trabajadores con los que ya no podían contar por su IT. Vuelve a darse la práctica de entrar a trabajar para a los pocos días darse de baja por IT. Eso daña a la colectividad entera de trabajadores, a los diligentes y a los negligentes y vagos, a los competentes y los no tan competentes.

Veremos si ahora después de la drástica reducción de ingresos legales que tendrá algún partido por los resultados electorales o de los gastos excesivos que pudieran haber tenido (ilegalmente) algunos partidos sin alcanzar la meta esperada de escaños en el Congreso que los cubriese llegan a alguna quiebra técnica como en el 2011 terminaron 17 partidos tras las elecciones. Y ni que decir tiene la importancia de que las entidades financieras que no están dando, o no está llegando, financiación suficiente para la economía real tengan que dotar deteriorando créditos, en su caso, que difícilmente van a cobrar. Y todo ello por la falta de iniciativa de todos los partidos de llegar a legislar una adecuada financiación para los mismos, como en otra ocasión me he extendido en explicar.

Sí, por todo esto y por mucho más que no cabe aquí, es preciso hacer un examen, un escrutinio cuidadoso que nos anime a detectar los fallos, las corruptelas, la corrupción y los delitos, para conseguir mejorar mediante una catarsis, en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra sociedad. He dicho catarsis política porque vivimos en la ‘polis’, en la ciudad, en sociedad.

Que los nuevos legisladores revisen sus metas y se dediquen en cuerpo y alma a tomar iniciativas que deben someter a los más sabios en cada rama, de la sociedad, para que, finalmente, las conclusiones se debatan y se legisle más sabiamente. No se debe gobernar por Decreto ni plantear iniciativas legislativas con urgencia. La legislación se debe, previamente, someter a escrutinio público, no sólo del parlamento; dando tiempo suficiente para aportaciones, ideas, mejores redacciones pues un país con leyes sencillas y claras mejora su capacidad de desarrollo y crecimiento consiguiendo mayor competitividad en el mundo actual globalizado.

Llega la hora de la decisión política

Llega la hora de la decisión política

20190422

Federico Rivas. Doctor en Derecho.

 

Hay alguno que ha dicho “hoy he querido estar junto a nuestros policías y guardias civiles defendiendo lo que es de justicia: que no cobren menos que mossos y ertzainas. Ha sido una manifestación histórica. La gran mayoría de españoles estamos con ellos. Muchas gracias por vuestro ejemplo”.

Otros, o los mismos, también están apoyando la manifestación de “La España vaciada”. Y no hablo de otras para no ser prolijo, pero reflexiono y me pregunto ¿quién no quiere más y mejor? ¿es, por tanto, correcto, que a un estado democrático de derecho lo convirtamos en un estado de pancarta y manifestación? ¿para qué están las urnas? ¿para qué están los programas electorales? Pero a los que verdaderamente critico son, precisamente, a los líderes y partidos que se apuntan a las mismas, para la foto, perjudicando a los manifestantes respecto de la seriedad y credibilidad del problema que están sacando a la luz con sus legítimas manifestaciones.

Y sobre todo, peor es hacerlo con los que se envuelven en la bandera de nuestra querida patria España; me refiero, claramente, a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado que incluyen también las autonómicas.

Los manifestantes que se manifiesten, pero los políticos que hablen en el congreso y en el senado de los problemas que sacan a la luz las manifestaciones, y que legislen o dicten las correspondientes disposiciones legales para su resolución. Y si algún político quiere ir a una manifestación (no estoy por quitarles ese derecho) que lo haga a título absolutamente personal, escondido, como uno más, en la multitud y, si posible le es, que se camufle en lo posible.

Por otra parte, leemos de “El fin del derecho penal (réquiem por él)” respecto de la recentísima reforma del Código Penal en cuanto al régimen de la imprudencia en los delitos de lesiones y homicidios con independencia de que se hayan producido o no con motivo de accidentes de circulación, que según el respetado y admirado catedrático de derecho penal de la Universitat de València, Dr. D. Javier Boix, revienta el artículo 9-3 de nuestra Constitución, al desaparecer cualquier seguridad jurídica por vulneración del principio de legalidad, por una ausencia total de vacatio legis y por una remisión en bloque al derecho administrativo para determinar lo que sea imprudencia menos grave. Ello permite, según mi criterio, que por disposiciones administrativas el gobierno de turno decida, en cualquier momento, qué es y qué no es punible penalmente. Como dice el profesor no debería ser “que haya conductas amenazadas con penas que los ciudadanos desconozcan”. Me remito a su reflexión.

Estamos en campaña electoral, ahora es cuando deberían sernos dados a conocer los programas electorales, mejor por escrito, y peor “petando” auditorios que se escogen según los asistentes esperados, especialmente teniendo en cuenta los que siempre se desplazan en autobuses de una parte a otra de España, aunque lo que se diga en dichos actos y en los debates en televisión también puede servir para hacernos una idea de lo que pretende hacer el postulante.

Pero cosas como que la depuradora de Castellón huele a mierda y ese olor lo sentimos en la garganta casi sólido, quizás no lo diga nadie ni ahora ni para las elecciones municipales, y mucho menos cómo arreglarlo (obviamente exigiendo el cumplimiento a quien la gestiona). Y que un 25 % de los mayores de 30 años aún vive con sus padres tampoco. Menos hablarán de la endogamia en la universidad y cómo evitarla para que los talentos no se marchen afuera y hagan docencia e investigación aquí, que es dónde (entre ellos, sus padres y el estado) se ha pagado su excelente formación.

Y qué decir de la reforma constitucional, no por causa de la crisis del estado con Catalunya, sino por las muchas cosas que quedan pendientes de desarrollar. No es aceptable que después de 40 años haya tantas y tantas cosas en la Constitución que siendo mandamientos que impone dicha norma fundamental, no se hayan convertido en realidades y continúen siendo formulaciones de deseos. De los deseos no se vive.

Y ¿quién es responsable? Son responsables los sucesivos parlamentos constituidos desde su promulgación. Los políticos que los formaban y especialmente, por aquello de que los que se mueven no salen en la foto ni en las nuevas listas electorales (a causa de la falta de democracia interna de los partidos), los partidos que no han incluido en sus programas electorales, ni han intentado con coaliciones, acuerdos o ganas de mejorar el estado, su desarrollo.

Otra cosa. No está mal llegar a ser rico, pero el que el 1 % de los españoles más ricos posea el 25 % de la riqueza del país, habla mal de la redistribución de la riqueza que se hace vía sistema fiscal, prestación de servicios o inversiones. ¿Alguien hablará de ello? Me contestaréis que lo hará la izquierda, pero lo tendrían que hacer todos los partidos para dar credibilidad al problema y no permitir que sólo unos pocos alcen esa bandera reivindicativa. Se precisa una reforma fiscal que incentive la empresa, es decir al emprendedor, y que el tipo medio real aplicable en el Impuesto sobre Sociedades sea para todos igual. Digo el tipo medio real. También una ley que obligue al gobierno a financiar o realizar en todas las Comunidades autónomas los servicios y las inversiones en la misma proporción. Como algunos dicen ya está bien de “ofrendar nuevas glorias a España”. La solidaridad interterritorial debe tener un límite fija por ley para que ningún partido o gobierno la use para sacar provecho partidista y mantenerse en el poder usando la idea de que todos quieren más, pero se los doy a quienes me interesan.

En los partidos ha habido cambio de personas, nuevos equipos, pero el lastre del descrédito político por los múltiples y continuos casos de corrupción va a ser muy difícil de dejarlo. Los partidos nuevos que no han gobernado, falta saber qué harán sus miembros cuando gobiernen.

Lo que sí es cierto es que hay poca vocación de servicio a la comunidad y mucho egoísmo para ocupar puestos en la política personas sin experiencia, sin iniciativa, sin suficiente inteligencia, aunque ahora ya formados (incluso universitariamente), que no pueden convertirse en políticos que sean líderes genuinos de los que, los ciudadanos de la nación y el estado se enamoren y vayan tras el proyecto de éxito llamado España, con sus amadas naciones que también son Españas, en busca de un pasado y presente asumido, y un futuro mejor como miembros de la Unión Europea que nos apasiona.

Reflexionemos si nos interesa votar a los lejanos o a los cercanos, a los que tienen proyecto de estado o a los que tienen proyecto de Comunidad Autónoma, a la izquierda, a los que se dicen (demasiados) de centro o a la derecha, o incluso a los que se escapan del plano por ambas bandas.

Mucha suerte y que sean escogidos los mejores: los honestos, los más inteligentes, los menos egoístas, los más trabajadores. Esos pueden hacer mejores a nuestras Españas.

Las finazas de los partidos políticos

Las finanzas de los partidos políticos

03.03.2019

Federico M. Rivas García. Doctor en Derecho

 

Ante la próxima campaña electoral en España los partidos tienen mucho que hacer: seminarios, congresos, primarias (algunos), cursos, mesas redondas… todo para chupar cámara y llenar titulares y páginas en los medios de comunicación. Todo eso conlleva muchos gastos. Ahora es el momento de la recaudación, ahora es el momento en que se precisa toda la ayuda económica posible. ¿Cómo la van a conseguir?

Allá por 2006 dije y está recogida en mi blog bajo el título ‘La financiación de los partidos políticos’ una frase larga y suficiente descriptiva. “¡Qué miedo tratarlo! nadie dice nada, y mientras tanto cada uno de los partidos se la monta como puede y, al cabo de los años, antes de prescribir, se descubren sus delitos y trampas, no sólo para financiar ilegalmente partidos sino porque algunos de los administradores del dinero de los mismos han “untado” también su personal y particular tostada.”

Ciertamente dichas palabras continúan siendo actuales. Los casos que en estos momentos están en los tribunales nos dan mucho en qué pensar, y es necesario que nos planteemos las alternativas a una correcta financiación de los partidos políticos, en lugar de aprovechar la ocasión (que no digo que no haya que hacerlo) sólo para lanzar dardos envenenados al contrincante político, aunque todos tengan, ciertamente, mucho que callar.

Veremos cómo sigue la cosa, y si, como siempre, el intercambio de acusaciones entre los partidos, sean el PP y el PSOE, Ciudadanos o Vox, Podemos o los soberanistas, será algo así como: ‘eso lo serás tú’, o ‘tú más que yo’, y ‘en tu partido pasó aquello’ y ‘en el tuyo lo otro’; o ‘quién esté libre de culpa que tire la primera piedra’; o ‘además de la civil o penal hay que exigir responsabilidades políticas’.

Aunque la mayor parte de los políticos actuales son personas que se han integrado en el “aparato” desde jóvenes, no han trabajado en la economía real y no han tenido responsabilidades salvo la de conseguir desde el partido un puesto en el “pesebre” en tanto en cuanto hacen de “clac” y corean a sus líderes difícilmente elegidos democráticamente en el partido, ciertamente NO puedo pensar que todos sean deshonestos, pero no comprendo cómo ningún partido entra a fondo en el meollo del problema: la financiación de los partidos políticos. No lo hacen el PP ni el PSOE, pero tampoco Ciudadanos, IU, Podemos ni los nacionalistas en sus diversas sensibilidades de izquierda o derecha. Todos quieren que las cosas continúen como hasta ahora, no quieren, creo, hacer nada porque, quizás los ciudadanos corrientes nos enteraríamos de cosas que, desde siempre del advenimiento de la democracia, les parece que son sólo para iniciados, por el escándalo moral que sería su pleno conocimiento por la ciudadanía. Oscurantismo, falta de transparencia que lleva a falta de honestidad, incluso a delincuencia. Pero son ellos los que lo quieren así, porque no se atreven a abrir la “caja de Pandora” que representa promulgar una legislación clara y transparente.

Si se cambiara la legislación y se permitiera la financiación casi libre de los partidos, me digo a mí mismo: ¿y qué si las empresas, algunas, o individuos poderosamente ricos, financiaran a los partidos?, ¿acaso no financia el Estado también a los mismos, y a los sindicatos, y a la Iglesia Católica? El problema no es la financiación, el problema es la falta de transparencia en cuanto al origen, o al importe de las aportaciones; el problema es no conocer quién les apoya, para poder estar ojo avizor para evitar el abuso, porque si el ejercicio que hacen los “grupos de presión” o “lobbies” en muchos países está perfectamente aceptado y es parte del funcionamiento de la democracia, el ejercicio de apoyar económicamente en las campañas electorales y en otro momento a los partidos también. Y está claro que tiene que ser así porque no hay institución de participación ciudadana que se financie con las cuotas de sus asociados; ni sindicatos, ni partidos políticos, ni asociaciones patronales, ni mucho menos la Iglesia Católica.

La cuestión es cómo ejercer el control financiero de esas aportaciones que debieran ser todas ellas transparentes, como sugiero. Una vía sencilla es la de permitir la deducción como gasto del importe donado en la Base Imponible del Impuesto sobre Sociedades o del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, además de otorgar algún tipo de desgravación, como cuando se aporta a Fundaciones. Sería una forma de controlar los ingresos de los partidos, y el incentivo de considerarlo gasto y además base de una desgravación, es tan poderoso que, probablemente, todos lo declararían. Pero, por si acaso, algún partido todavía aceptara donaciones no transparentes, legislar que cuando se probara que el mismo lo había hecho, el partido debería quedar suspendido o incluso disuelto, además de la inhabilitación, las penas o responsabilidades civiles, penales o fiscales, tanto para el propio partido como para los individuos que formaban la cúpula directiva del mismo. Con esto se arreglaría para siempre y de raíz el problema.

Esto también evitaría que pasara lo que ha estado pasando hasta ahora, que los importes que se entregan a los partidos los recojan personas, que, a menudo, recaudan para sí mismas total o parcialmente, en lugar de hacerlo para el partido que representan.

Claro está que, esto evitaría el enriquecimiento de los arribistas, que saben poco de la cosa pública, pero saben mucho de beneficiarse de militar en un partido, por las prebendas y oportunidades que les ofrece. Evitaría también que personas sin escrúpulos se dediquen a la política porque no tienen otra cosa mejor a la que dedicarse, puesto que en ella no se precisan dura ‘oposición técnica’, test de inteligencia, capacitación, experiencia ni ninguna otra cualidad de eficiencia, sino simplemente obediencia, para esperar con paciencia el momento de cada una de aprovechar las circunstancias para beneficiarse personalmente, legal o ilegalmente.

Si no se entra de lleno a legislar en este sentido, nos vemos abocados, probablemente, a una plena desafección del ciudadano respecto de la clase política que, desembocará, por necesidad, en una gran crisis que produzca una catarsis o limpieza de la clase política: ni incompetentes, ni sólo obedientes, sino personas de probada experiencia, capacitación y reconocido prestigio, serían el material del que se deberían nutrir los partidos y, en ese caso, sus retribuciones deberían estar a la altura adecuada, pero no más; como dicen los empresarios ‘a precio de mercado’.

Esa catarsis debiera venir también por el cambio de una nueva legislación electoral de modo que sean los ciudadanos los que elijan a las personas, militen o no en partidos. Que cualquier ciudadano pueda postularse como candidato, dentro o fuera de partidos, en cada circunscripción. Esas personas elegidas en cada circunscripción deberían ser las que debieran responder ante sus electores y no ante sus partidos. Es decir, listas abiertas. Lo que no quita la aplicación de algún tipo de ponderación para añadir estabilidad y evitar disgregación que impidiera la gobernanza, pero sin dejar de atender a las minorías.

Esa catarsis debería venir también por un cambio legislativo para que el Senado fuera un lugar excelente y mejorado, para tratar de que los territorios resulten verdaderamente representados, que sean personas y no siglas de un partido las que primen, y permitir aquí, en el Senado, el acceso de minorías por medio de rebajar techo electoral de porcentaje de voto. Un lugar útil en donde para evitar el “espectáculo” se pondere la representatividad de sus integrantes en la participación en los debates y en la decisión de aprobación o rechazo como “Cámara de segunda lectura”, mediante el estudio meditado, pero fácilmente copiado si se quiere de países de nuestro entorno, de en lo que resultaría el voto de minorías mayoritarias.

Pero me parece que todas estas cuestiones NO son de interés de los políticos, pues a la mayor parte de ellos les va mejor el “pitufeo”, la financiación irregular y llegar a ser un “corista” para decir sí a un líder cuya elección democrática deja mucho que desear.

Una ministra ha dicho la valentía que se tiene que tener para presentarse a gestionar la “res” pública. Tiene razón: valentía para los competentes, expertos, curtidos y suficientemente entrados en años que se atreven por vocación de servicio; pero de esos hay pocos, porque pocos tienen las circunstancias y se les ofrece la oportunidad. Pero muchos hay que desean entrar en la “carrera política” para vivir de ella y la mayor parte de esos ya sabemos, por estos 40 años de experiencia democrática, cómo son.

 

Funcionamiento democrático de partidos, sindicatos y patronal. Los artículo 6 y 7 de la Constitución

Los artículos 6 y 7 de la Constitución.

Funcionamiento democrático de partidos, sindicatos y patronal

20181223

Federico Rivas García. Doctor en Derecho

 

Quedamos saciados, en su día, de los comentarios de M. Rajoy sobre “diálogo sí, pero dentro de la constitución”, “hablar sí, pero dentro de la ley”. En las redes sociales y en los medios de comunicación también hablan unos y otros de transparencia, de derechos, de respeto a la norma fundamental, de libertad de expresión, del derecho humano de autodeterminación, poniendo en lo más alto del altar de la democracia al ejercicio del derecho de voto en un referéndum, o del derecho de huelga y su regulación para que no impida el derecho al trabajo de otros.

Muchas de estas cosas son tratadas en la Constitución vigente, pero, a falta de mayor regulación, el derecho o la obligación se convierten en una mera disposición de ánimo a hacer cosas mejores y mayores en el futuro, pero que en el presente no se pueden exigir, conseguir o disfrutar. Efectivamente no ha habido legislación que haya mejorado, de acuerdo con la Constitución, la inexistente ley de huelga, cuya regulación es preconstitucional.

Es importante la transparencia y la formación democrática de la opinión y de la voluntad. Por eso, la Constitución en su artículo 6, dice de los partidos políticos que “Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Tengo muchas dudas de que sea democrático el nombramiento por el “aparato” de un líder; también las tengo en cuanto a la formación o redacción por los partidos de las listas electorales; es evidente, por otra parte, que depender de subvenciones estatales y de créditos de la Banca (totalmente opacos, no hay información periódica de concesiones, mantenimiento del riesgo [algo así como un CIRBE de los partidos y sindicatos] y cancelaciones de los mismos) para el funcionamiento hace poco clara la condición democrática, que quedaría mejorada con la transparencia y permitiría decir que se cumple el artículo 9.2 de la Constitución que prevé que se facilite a todos los ciudadanos la participación en la vida política, cosa imposible, salvo que se interprete que la participación en dicha vida sólo sea la del voto gregario, como rebaño, y masivo, no la de la presentación de enfoques, pareceres o soluciones que plantean los que se postularan como candidatos.

Por otra parte, en el artículo 7, dice de los sindicatos y asociaciones empresariales exactamente las mismas palabras. Pero quién ha visto campañas entre afiliados (que paguen su cuota), de abajo hacia arriba, para la formación de una opinión democrática que lleve a la elección libre y democrática de un líder. Los problemas de condicionamientos económicos y financieros son los mismos que para los partidos políticos. Y unas palabras más. Las organizaciones empresariales representan a un número poco elevado de entes en comparación con los sindicatos que representan putativamente a un número muy elevado de personas, a todos los trabajadores. Por lo tanto, respecto de las primeras, lógicamente, es más aceptable la existencia de componendas entre sus afiliados para que las elecciones sean un cuadro sencillo de casi unanimidad; pero eso no se puede decir de los sindicatos, se supone que debe haber muchos afiliados y deben ser muchos los que participen en la formación de la voluntad democrática. Al contrario, no hay muchos afiliados, sino muy pocos, y las componendas se dan en la misma medida que en las patronales, a pesar de que se arrogan la representación de millones y millones de trabajadores cuando, en realidad, solo representan a sus afiliados; y ¿cuántos tienen?

De unos datos de población activa al 3T de 2018 según el INE

Trimestre Activos Ocupados Parados Tasa de
actividad (en %)
Tasa
de paro (en %)
2T 2018 22.834,2 19.344,1 3.490,1 58,80 15,28

 

De 22,83 millones de personas activas los datos de afiliación en España, que es de las más bajas de Europa, no alcanzan al 10 % de los trabajadores de acuerdo con los siguientes datos de EFE referidos a 2017:

Sindicato       número de afiliados

UGT               960.000

CCOO            920.870

CSIF              192.655

USO               117.148

CGT                 85.000

Total           2.275.673

Quizás haya unos cuantos miles más que informen como afiliados otros sindicatos minoritarios que tienen pequeña o nula implantación. Pero, de todos modos, ¿qué representatividad tienen? Y son los que convocan huelgas que pueden llegar, gracias a los piquetes ‘informativos’, a paralizar un país.

El que tiene perspicacia y capacidad, puede entender que hay mucho que mejorar. Que no hemos recorrido en 40 años de Constitución ni una pequeña fracción del camino. A algunos les ha interesado que las cosas se queden a medio acabar.

Actuemos nosotros, los ciudadanos de a pie, los que no hemos sido cómplices a título lucrativos de EREs ilegales, sobres en B y otros tipos de corrupción; actuemos digo, para evitar que se nos hurte el placer de hacer el camino, de recorrerlo del todo. No nos conformemos.

Con una lectura sencilla de los siete primeros artículos de la Constitución de 1978 y la crítica y comentarios que hemos hecho entorno a ella, parecería que la situación es desilusionante para todos nosotros. Y lo es, si dejamos que nos roben el protagonismo. No culpemos a los políticos en los partidos que votamos por lo que hacen mal o por lo que no hacen, sino a nosotros mismos por sostenerlos.

Pero no nos conformemos. El futuro es nuestro y está por escribir. Exijamos leyes que regulen el derecho de huelga, acciones que exijan la representatividad, las prácticas democráticas que permitan que cualquiera tenga la capacidad de postularse como candidato en los partidos y en los sindicatos.

Pero lo que digo a los “aparatos” no les conviene, porque, obviamente, los van a arrinconar y jubilar, si no despedir. Pero sólo haciendo esto habrá una verdadera renovación, una ilusionante tarea y un futuro que se abra brillante para todos los que estamos bajo el amparo de la Constitución.